sábado, 30 de noviembre de 2013

Todos tus muertos


Por Daniel Link para Perfil

México es un país fascinante y que da miedo, al mismo tiempo. A finales de enero de 2009, el ejército mexicano detuvo en el hotel Baja Season, en Ensenada (Baja California), a Sergio Meza, el "Pozolero" del cartel de los Arellano Félix.
En 1996, Meza había empezado a trabajar para los narcos que operan en la frontera con los Estados Unidos. Teodoro García Simental, su jefe, lo introdujo en lo que sería su trabajo desde entonces hasta su detención: disolver los cadáveres de las víctimas de los narcos en soda caústica y arrojarlos luego a fosas comunes o sumideros en las casas francas de los alrededores de Tijuana. Si bien Meza reconoció haber disuelto más de trescientos cadáveres (algo así, porque no los contó) en soda cáustica (los cadáveres llegaban en pipas de agua, ocho horas de hervor necesitaban, lo más difícil de disolver eran los dientes, se sumergían ristras de ajo en la solución para disimular el olor nauseabundo) invocó su inocencia diciendo que él no secuestró ni mató a nadie, sólo se encargó de los cadáveres.
Aparentemente, la legislación mexicana le daba la razón porque, según sus códigos, “El Pozolero” no había cometido ningún delito grave (apenas una violación de las leyes de inhumaciones y exhumaciones).
En marzo de 2011, la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados publicó una reforma promovida por Jesús Gerardo Cortez Mendoza para modificar el artículo 280 del Código Penal Federal, que aumentaba las penas de 4 a 15 años para delitos de esa índole.
Para un argentino medio, para el cual las figuras de la “desaparición de personas” y la “asociación ilícita” constituyen figuras penales de circulación cotidiana, un titubeo jurídico como ése suena a cuento de hadas o, mejor dicho, a cuento chino. Meza está a punto de recuperar la libertad. El arzobispo de Tijuana declaró que si el arrepentimiento del pozolero era auténtico, el perdón de Dios estaba a su alcance.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Cóctel de camarones en el mercado de Coyoacán



Genealogía

Soy bastante afecto a las genealogías. Y a la televisión, por cierto. Anoche, como no encontraba nada que satisficiera ninguna de esas dos pasiones en mis canales habituales de entretenimiento, me detuve en Encuentro, donde estaban pasando un documental sobre Martin Heidegger, doblado en argentina (las voces sonaban raras, pero me resultaba divertido imaginar a María Pía y sus amigos haciendo esos roles). 
De pronto, en la casa de campo de Heidegger, apareció su hijo Hermann, mostrando donde vivió y trabajó el filósofo más influyente desde Aristóteles (eso decía el documental y creo que es cierto).
Hermann mostraba la fuente que le encantaba escuchar a Martin mientras trabajaba, los caminos por los que caminaba, y abrió la puerta de su estudio. En una muy desprovista biblioteca, en el fondo, se veía una caja de Trivial Pursuit.
Mi marido, que no gusta ni de la filosofía ni de sus exposiciones televisivas me hizo notar el disturbio ("el punctum" podría decirse). "No podés....", musitó.
Le pasé el control remoto, le dí un beso, me di vuelta y cerré los ojos para dormirme, pensando en las distancias abismales que hay entre una generación y otra, entre padre e hijo (un hijo que juega al trivial con su mujer en el estudio donde su padre reiventó la filosofía me pareció una escena más sádica que la señorita Vinteuil besando a sus amantes delante del retrato de su padre), entre la filosofía y la televisión.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Cuestión de códigos

por Horacio Verbitsky para Página/12

La reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación contradice en parte la política de expansión de derechos que reivindica el kirchnerismo y defrauda las expectativas de su base social más fiel. Desde el Poder Ejecutivo se dejó trascender que aún sería posible introducir modificaciones durante el debate del miércoles 27 en el recinto del Senado. Según el anuncio de Capitanich, el tratamiento en la Cámara de Diputados se diferiría para el año próximo, en procura de mayor consenso.

La función social de la propiedad fue reconocida por la Constitución de 1949. Forma parte de la Convención Americana de Derechos Humanos que tiene rango constitucional, de las constituciones de Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y El Salvador y de las de Córdoba, Santa Fe, Chubut, Chaco, La Pampa, Catamarca, Río Negro y San Luis. Fue expurgada del dictamen de mayoría por las advertencias del senador Miguel Pichetto y del diputado Julián Domínguez, quienes evocaron el fantasma de Antonio Cafiero y lo que le sucedió en 1990. 

Tal comparación es disparatada. Aquel proyecto según el cual la actividad económica, la propiedad privada y el capital deben estar al servicio del hombre y cumplir una función social, fue acordado por Cafiero con Raúl Alfonsín y no debía dirimirse por una ley del Congreso, sino en un plebiscito, en el que se votó por Sí o por No un proyecto integral de reforma de la Constitución bonaerense. Siete de cada diez electores no dejaron pasar la oportunidad de castigar con el No al bipartidismo, luego de seis años de Alfonsín y uno de Carlos Menem que desilusionaron a grandes sectores de la sociedad. La derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas. Aún faltaba un año para que la convertibilidad, estabilizara el sistema político. Es necesario conocer bien esta historia para advertir que no se aplica al presente: el gobierno conserva la mayoría en el Congreso y hasta dentro de dos años no habrá nuevas elecciones. 
El dictamen regulariza los modos de vivir de los sectores de altos ingresos, en countries y barrios privados, pero excluye a las de los sectores más pobres y vulnerables, en villas y asentamientos urbanos, y también da la espalda a las maneras en que producen los campesinos, dificultando su acceso a las tierras rurales. La legislación regresiva sancionada por las dictaduras de 1955 y 1976 propició la especulación con la renta urbana, acabó con la oferta de lotes para vivienda popular e hizo que hasta zonas tradicionales de pobres fueran invadidas por los sectores de altos ingresos, mientras los indigentes fueron empujados a lugares cada vez más lejanos, más caros y de inferior calidad. No hay más grave problema social en la Argentina de hoy. 
Este cuadro intolerable afecta a millones de familias, cuyas condiciones desesperantes de existencia son la materia de la que están hechos la inseguridad y el comercio de drogas, los dos fenómenos que más apasionan a las distintas fuerzas políticas, la Iglesia Católica, los medios de comunicación y la Justicia. En una nota enviada a la Comisión Bicameral, los organismos, instituciones académicas, movimientos sociales y legisladores integrantes de la red Habitar Argentina, de la que forma parte el CELS, sostuvieron que no era suficiente con mencionar la función social de la propiedad, y propusieron incluir nuevos instrumentos de adquisición de tierras urbanas y rurales no ocupadas por sus propietarios. 
Para ello recomendaron flexibilizar los requisitos de prueba y disminuir los plazos para lograr la prescripción adquisitiva de la propiedad con fines de vivienda o trabajo productivo, de su extensión actual de diez y veinte años, a sólo tres, siempre que el adquirente no posea otra propiedad. También debería garantizarse el acceso de los habitantes de asentamientos informales a los servicios de agua, saneamiento y electricidad, sin perjuicio de la situación de titularidad del dominio del inmueble. Además reclamaron la regulación de formas de recuperar por el Estado inmuebles abandonados por sus dueños, necesarios para concretar políticas públicas de vivienda social. Esta propuesta fue desatendida y para colmo se suprimió la mera referencia a la función social de la propiedad. Esto era previsible en el Frente Renovador del diputado Sergio Massa, que tiene una relación especial con los desarrolladores inmobiliarios de barrios privados, en uno de los cuales vive, o en la UCR, cuya sensibilidad social se extinguió en 1930. Pero no es admisible que el kirchnerismo se resigne a dejar como legado un Código de perspectiva clasista, que legisle para los sectores de mayores ingresos y menores necesidades, de modo incongruente con el proceso de reparación social y ampliación de derechos que con razón reivindica. 
Si de algo sirve el recuerdo de Cafiero es para saber que un retroceso en esta materia no viene solo. Después de aquel plebiscito, también abandonó la batalla por la progresividad impositiva y terminó por entregar la gobernación a Eduardo Duhalde. El lobby de Pichetto y Domínguez debería explicar también por qué el gobierno nacional quedaría rezagado respecto de la ley bonaerense de acceso justo al hábitat, sancionada por presión del kirchnerismo sobre el gobernador Daniel Scioli, que la resistió todo lo que pudo.

La bendición

Tampoco es menuda la incongruencia del Episcopado católico y su Papa Francisco. El Grupo de Sacerdotes en Opción por los Pobres señaló su dificultad para entender que los obispos hayan reclamado la modificación del artículo 19, “que establece ahora que la persona humana comienza desde la concepción, y no hayan reclamado con el mismo énfasis la inclusión del principio de la función social de la propiedad, tema claramente abordado por la reflexión bíblica, patrística y el magisterio contemporáneo de los papas en la Iglesia católica y de incidencia cotidiana en la vida de los pobres”. 

El Grupo pidió a los legisladores que lo reintroduzcan al discutir el proyecto en el recinto, dando una herramienta al Estado “para garantizar el acceso de los pobres al derecho a la tierra, la vivienda y la dignidad”, de modo que “un instrumento tan importante como el Código Civil no legisle sólo para los que tienen asegurado el derecho a la propiedad sino prioritariamente para aquellos que –de no mediar una regulación del Estado– sufren la precariedad, la indefensión y la imposibilidad de vivir conforme a derecho”. Por lo visto, la declamada Iglesia pobre y para los pobres está más inquieta por la moral sexual que por la moral social. 
La comisión que trabajó este tema bajo la conducción de Aída Kemelmajer, redactó así el artículo 19: “Comienzo de la existencia. La existencia de la persona humana comienza con la concepción en el seno materno. En el caso de técnicas de reproducción humana asistida, comienza con la implantación del embrión en la mujer”. Antes de que el anteproyecto fuera entregado al Poder Ejecutivo, Kemelmajer, Ricardo Lorenzetti y Elena Highton recibieron en la Corte Suprema de Justicia al presidente de la Iglesia Católica, José María “Toté” Arancedo, y a sus asesores legales, Ursula Basset y Nicolas Laferriere, director de Bioética de la Universidad Católica. A su pedido se agregó: “sin perjuicio de lo que prevea la ley especial para la protección del embrión no implantado”. Aún así, seguía claro que el embrión no implantado no es una persona que deba ser regulada en el Código Civil. Cuando el proyecto pasó al Ministerio de Justicia, en consulta con diferentes diputados y senadores se suprimió “en el seno materno”, para quitar un término arcaico y poner el Código a tono con la ley de identidad de género. Pero con el apuro quedó en la segunda oración la palabra “mujer”, que por la misma razón también debería haberse suprimido. Esta semana, la Iglesia pretendió afirmar que el embrión es persona humana, aun no implantado, cosa que el oficialismo rechazó. La noche del miércoles, luego de una comunicación con Roma, Mesié Julien acordó suprimir toda referencia a las técnicas de reproducción humana asistida, de modo que el artículo sólo afirme que la persona existe desde la concepción. 
De aprobarse así, dice una persona del equipo inicial de Kemelmajer, se habrá abandonado una mirada laica del derecho de familia y la definición caso por caso volverá a remitirse a los tribunales, donde el sector más conservador prevalece en el derecho privado. Hace ahora un año, la Corte Interamericana de Derechos Humanos pronunció un fallo categórico en el caso “Artavia Murillo”. 
Costa Rica había prohibido la fertilización in vitro al considerar que implica la “manipulación de personas”. Ante el reclamo de nueve parejas heterosexuales, la Corte Interamericana estableció que recién acontece la concepción cuando el embrión se implanta en el cuerpo de la mujer y que antes no le corresponde la protección del artículo 4.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos. En forma explícita dice que “no es procedente otorgar el estatus de persona al embrión”. Por eso el constitucionalista Gustavo Arballo desdeñó la afirmación de que al que se le cae por error una probeta incurre en aborto como “ingeniosa pero jurídicamente insostenible”. Hace dos meses, durante las últimas jornadas Nacionales de Derecho Civil la Comisión Nº 1 votó por mayoría que “el fallo Artavia Murillo no resulta aplicable a la Argentina”. 
Pero la jurisprudencia de la Corte Suprema argentina dice que los fallos de la Corte Interamericana sí son obligatorios y el artículo 21 del mismo Código Civil seguirá estableciendo, como desde hace siglo y medio, que si el feto “no nace con vida, se considera que la persona nunca existió”. Pero lo que debía ser una simplificación progresista vuelve a la maraña de interpretaciones contrapuestas que dilatan y complican y cuya decisión se remite a árbitros parciales y sesgados.

Débiles y poderosos

La otra gran polémica se refiere a la responsabilidad civil del Estado, por sus actos lícitos o ilícitos. Ninguna de las dos posiciones polarizadas (en el Código o por ley especial; a dirimir en el fuero Civil y Comercial o en el Contencioso Administrativo) se preocupó por incorporar al ámbito civilista los desarrollos del derecho internacional de los derechos humanos. 

Cuando los derechos humanos son violados por responsabilidad del Estado, el Sistema Interamericano exige reparación integral, restablecimiento del derecho violado, indemnización –que puede ser no sólo pecuniaria–, rehabilitación de los daños ocasionados y no repetición de las situaciones que generaron la afectación. Ninguno de estos estándares procura asegurar las ganancias de empresas o actores privados, o indemnizar el lucro cesante. Por el contrario, exigen que el Estado pueda reparar adecuadamente situaciones como el dictado excesivo de prisiones preventivas o el ejercicio abusivo de la fuerza pública, casos que en la actualidad no encuentran una reparación integral, sea por la duración del proceso, por los razonamientos judiciales o por las demoras en ejecutar las sentencias. 
En las modificaciones relacionadas con la protección de la vida privada tampoco se hizo mención a los asuntos de interés público como excepción a la posibilidad de reclamar indemnización. Así, el proyecto no protege la función periodística, en los términos dictados por la Corte Interamericana en el caso Kimel, e incorporado a la legislación interna por decisión de CFK, con la despenalización de calumnias e injurias en esos casos, ya que mantiene la potestad del juez de establecer indemnizaciones que, en última instancia, tienen un efecto disuasorio. 
Tal como ocurrió con el proyecto inicial de reforma del régimen sobre medidas cautelares, se corre el riesgo de que la justa intención de impedir abusos de los poderes fácticos contra el interés general, por falta de discernimiento sobre situaciones disímiles, termine por cerrar los pocos caminos que pueden recorrer los sectores más vulnerables para defender sus escasos derechos. En aquel caso el error fue corregido y esa es la única ley del paquete que hoy tiene plena vigencia.

¡Aplausos, aplausos!

Subir una película a YouTube no es un delito penal, dice la Justicia argentina

La Cámara del Crimen desestimó una demanda que había iniciado Pampa Films contra un grupo de usuarios que puso online la película Un cuento chino en ese sitio.

martes, 26 de noviembre de 2013

Conducta en los velorios


El pasado fin de semana, una muerte cercana nos llevó a reflexiones melancólicas. Mi madre sostiene que los velorios son una crueldad innecesaria y que ella se opone terminantemente a ellos, desde que comprendió el suplicio que significan para los deudos (en efecto, mi padre no fue velado: pero antes, mi hermano sí).
Yo le digo que es imposible generalizar y que mucha gente necesita de esa instancia de exteriorización de la pena. Puesto en el trance de decidir sobre mi propio velorio, yo preferiría que se hiciera uno, con catering (alcohol y bocadillos).
Mi madre dice que a ella no le parece bien y que va a oponerse a tal proyecto. Me sorprende que ella crea que va a sobrevivir a mi propia muerte y le digo: “Vos en mi velorio no vas a estar”.
Ella se sonríe y dice “Quien sabe...”. Entonces decido una disposición testamentaria adicional a las muchas que ya he dejado despedigadas en papeles sueltos. Yo exijo velorio con catering, una vez que me muera. Y si por acaso mi madre está todavía viva para ese entonces, pido que se le prohiba la entrada a mi velorio con catering.
Mis cenizas, ya se sabe, deberán arrojarse al viento desde el Parador del Rey, en Carmona (Andalucía).

La infancia como falta


lunes, 25 de noviembre de 2013

Locus amoenus



sábado, 23 de noviembre de 2013

Cero dark


Por Daniel Link para Perfil



La ausencia de la Sra. Fernández de las pantallas televisivas tuvo un efecto tan devastador como la ausencia del ciclo de Marcelo Tinelli: nadie tenía mucho de qué hablar hasta ayer y nos entretuvimos en episodios menores (lapsus linguae como el del Sr. Durán Barba, boudoudeces).

Pero la Sra. Fernández volvió con todo, igual y radicalmente distinta, en un delicioso video dirigido por Florencia Kirchner (pletórico de inserts) para teleSURTV (lo que explica la presencia del perrito venezolano).

A mi juicio, el video de la Srta. Kirchner debería ser puesto en serie con los “Luxury Moments” del Patio Bullrich (pienso sobre todo en la conversación entre Teresita Anchorena y Clarita Cullen).

Los diarios analizan los cambios de gabinete, yo prefiero detenerme en ese video. Por ejemplo, la directora impuso a la protagonista del corto y de la política nacional (“para algo es cineasta”) un black&white que la libera de los caprichos previos, más propios de una prima donna que de una estrella de las pantallas.

La directora no toleró un olvido de nombre (cortó y cambió el plano para que se notara lo deliberado de su intervención), pero sí toleró un vanguardista fuera de cuadro.

El guion podría haber prescindido de notaciones como “la capocha es la capocha”, “el indio que lo cuidaba” (al perrito bolivariano) o “la canichita”, pero la frase “con el pelo no, que rompemos relaciones con Venezuela” es de tal riqueza de matices que nos hace olvidar de todo lo demás.

El video dirigido por la Srta. Kirchner muestra una transformación experimental de la “capocha” presidencial, que ahora se muestra menos dark, menos obsesionada con la muerte y la destrucción (recuérdese al Sr. Máximo Kirchner en aquel video donde rememoraba a su padre pateando sus juguetes de infancia), más infantil, si se quiere: en todo caso, más juvenil. Un solo reproche puede hacérsele a la Srta. Kirchner: la baja calidad del HD.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cuenta regresiva

Vuelve Doctor Who
con David Tennant y Billie Piper!


jueves, 21 de noviembre de 2013

Cuenta regresiva



Demasiada estrategia...



martes, 19 de noviembre de 2013

Que Dios te tenga en la gloria



Luxury Moments



La madre, la hija y la cámara.

Acción de gracias



sábado, 16 de noviembre de 2013

Millones de moscas...


Por Daniel Link para Perfil

Nunca me interesaron los pensamientos del Sr. Durán Barba (fragmentos de discurso reproducidos ad hoc para justificar sus intervenciones en la mercadotecnia electoral que constituye el centro de sus ocupaciones). Tampoco conocía su voz. Ahora conozco su voz y algunos de sus pensamientos, que me provocan antipatía, empezando por la voz, punto de juntura entre el cuerpo y el lenguaje.
En entrevista a la revista Noticias, impugnando la razón electoralista, el Sr. Durán Barba descalificó la popularidad del Sr. Hugo Chávez (RIP) comparándolo con una figura sombría: “Como Hitler tuvo un enorme nivel de aprobación, lo que no significa que fue un gran gobierno”. Al escándalo del entrevistador, quien observa que ambos líderes no son comparables, el Sr. Durán Barba subraya que “Hitler era un tipo espectacular (risas). Era muy importante en el mundo”. El entrevistador (que elige el lugar de la corrección política) insiste en la inconmensurabilidad de ambos nombres (“no son comparables”), con lo que el señor Durán Barba primero acuerda e inmediatamente disiente: “Incomparables totalmente... Nadie es comparable con nadie... pero... en algunas cosas sí... todos son comparables, y en algunas no...”.
Esa forma de manipular el comparativismo me irrita enormemente y yo hubiera detenido la entrevista para analizar la falacia teórica (o la ausencia de teoría) en un dispositivo argumentativo que es, además, completamente desafortunado por los términos que invoca.
En todo caso, como el entrevistador, escandalizado, no deja pasar la analogía, el Sr. Durán Barba cambia de tertium comparationis: “Bueno, ponele Stalin... era un tipo totalmente popular. Y era un tipo muy fino”.
No es, como se ha dicho, que el Sr. Durán Barba defienda los regímenes autoritarios (y genocidas) de la década del treinta (conocidos como hitlerismo y stalinismo, por el culto desmesurado a la personalidad en el que se apoyaban), sino que impugna que la popularidad sea un índice de democracia (es como si hubiera dicho: “Millones de moscas no pueden equivocarse, coma mierda”, pero su cinismo no alcanza para tanto).
De inteligencia más aguda y penetrante, en El medio es el mensaje, Marshall McLuhan analizó el tipo de espectacularidad y de popularidad propia de Hitler, al observar que el enano bávaro tal vez no hubiera tenido el mismo impacto que tuvo en un ambiente televisivo, por la indisimulable ridiculez de sus gestos. Hitler fue construido, observa McLuhan, por la radio, y hubiera sido destruido por la televisión.
Más allá de las ideas (más allá del contenido), la política supone un cierto componente espectacular (es decir: mediático). Como al asesor del gobierno de la ciudad de Buenos Aires parecen negársele al mismo tiempo las ideas y la fluidez respecto del medio (la grabación es penosa) se deduce que su ambiente técnico ideal debe de ser el susurro en el oído de alguien incapaz de detectar una falacia argumental.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Al fin se supo...



Acá, todos.


martes, 12 de noviembre de 2013

¿Me lo puede repetir?



Amor al mundo



lunes, 11 de noviembre de 2013

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Acaso mueren los ángeles?

video

Giuseppe Campuzano, 1969-2013 from Mario Acha Kutscher on Vimeo.

Paso a paso

La izquierda vuelve a sorprender: gana el PO en Salta

En los comicios legislativos de la capital, se imponía al partido de Juan Manuel Urtubey; en la provincia se implementó el voto electrónico


sábado, 9 de noviembre de 2013

Dicen que

La ciudad y las voces

por Diego Erlan para Ñ. Revista de cultura

En la instalación sonora "En obra", que formó parte de la exposición Buenos Aires realizada en Proa, se podía apreciar un entremado de voces que iban desde Borges a Mujica Láinez, de Piglia a Cucurto y de Copi a Walsh.

“¿Esto hay que prenderlo?”, dijo la mujer al ingresar a tientas en el baldío que construyeron Daniel Link, Elena Donato, Valentín Díaz y Sebastián Freire para “En obra”, la instalación sonora de la exposición Buenos Aires que el sábado cerró en Proa para darle su lugar a la esculturas hiperrealistas de Ron Mueck que llevaron a 300 mil personas en París. La mujer que ingresó a la sala ya estaba sentada a oscuras y envuelta en un entramado de voces que iban de Borges a Mujica Láinez, de Piglia a Cucurto, de Copi a Walsh.Y entonces, la mujer que había entrado justo en un silencio, cerró los ojos y se dejó caer en el imaginario urbano que trazaban esas voces de escritores argentinos sobre la oscuridad del espacio.
Durante casi dos meses, los hacedores de este “work in progress” (“La ciudad está en obra permanente y la marca más evidente de esa construcción incesante son los baldíos de Buenos Aires”, supieron explicar) invitaron a escritores vivos a grabar en el estudio y, al mismo tiempo, recorrieron los archivos sonoros de la Biblioteca Nacional o del Archivo General de la Nación, para rescatar voces de escritores muertos que hablaran de la ciudad, pero también accedieron a ciertos archivos particulares (Arturo Carrera, por ejemplo, guardaba un casete con la voz de Osvaldo Lamborghini leyendo “La Madre Hogarth”, un poema de 1977) para confeccionar este entramado de voces (respiraciones, susurros, puntuaciones rítmicas o temblorosas) que conforma la instalación.
Algunas voces eran reconocibles (la dicción inconfundible de Cortázar, la parsinomia borgiana, el fraseo lleno de tabaco de Fogwill pidiendo por malos poetas) pero otras, tal vez, nunca habían sido escuchadas (el “cadáveres” como punto y aparte de Perlongher en sourraund, con un golpe rítmico que modifica el espacio o la confesión en francés de Copi sobre su relación con el exilio). “La sola cadencia de las voces, la diferencia de acentos, entonaciones y afectos hubiera bastado para dar cuenta de la ciudad tal y como se nos representa: como una síntesis de heterogéneos, como una síntesis disyuntiva de contradicciones”, explicaron los investigadores, quienes no pretendían construir un canon sino que procuraron dar cuenta del amor y del odio, del mito fundacional y de la fuerza utópica, en suma: “de la contradicción constitutiva y de la guerra de las imágenes que constituyen nuestra ecología urbana”.


Guerra de culturas

por Daniel Link para Perfil
 
Llegamos a Puebla (México) el 31 de octubre, la noche de Halloween (contracción de All Hallows’ Eve, “Víspera de Todos los Santos” o Noche de Brujas), esa festividad celta que, con el tiempo, dominó la imaginación masmediática y saltó al mundo sin nada que pudiera contenerla, o casi.
El Samhain celta marcaba el fin del verano y, por consiguiente, el final de la temporada de cosechas y el comienzo de la Estación Oscura. Con la llegada de Samhain, la membrana que separa a este mundo del Más Allá se estrechaba peligrosamente y los espíritus podían atravesarla. El uso de trajes y de máscaras, frecuente desde entonces en todas partes, habría sido un talismán para ahuyentar a los malos espíritus.
El mexicanísimo Día de Muertos es una celebración de origen mesoamericano que honra a los difuntos el 2 de noviembre y que coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.
El Día de Muertos es de origen prehispánico y hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca, pueblos entre los cuales era frecuente conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los fiestas rituales de pasaje entre la vida y la muerte. Las familias y las instituciones honran a sus muertos abriendo altares donde se depositan ofrendas (alimentos y bebidas) en una escenografía donde predominan las flores naranja y púrpura. Este año se celebró el centenario de José Guadalupe Posada, el artista que llevó las “calacas” (calaveras y esqueletos vestidos de gala) a un umbral de indiscernibilidad entre el arte y la política, durante el Porfiriato.
La gente se reúne, disfrazada, en la plaza central (el zócalo) y, si uno no está atento, puede lamentar el aplastamiento de una fiesta popular y tradicional por parte de otra, porque las calacas son cada vez menos y cada vez más los personajes que vienen del gore del cine americano: niños mutilados, licántropos, zombies y otras especies ligadas con el trash industrial.
Los niños llevan consigo una pequeña calabaza de plástico (made in China) con la que interpelan al paseante, pidiendo una donación. Pero basta escucharlos para ver qué triunfa, todavía, en ese escenario de un combate cultural: “¿Coopera con mi calaverita?”, dicen. Y prefieren dinero, contante y sonante, a dulces. A través de ese agujero de la globalización capitalista, la calabaza vuelta calavera, la vida sigue respirando más allá de la muerte.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

sábado, 2 de noviembre de 2013

La maldad

por Daniel Link para Perfil

Hay palabras que resuenan como látigos en los oídos de cualquiera y que, por la violencia que implican, revelan un lugar de enunciación abominable que bien podría caracterizarse como fascista si no fuera el lenguaje mismo el fascista, porque opera discriminando, separando y jerarquizando.
¿Qué significa “ser hijo de”? ¿Qué clase de herencia involucra el nombre del padre y cómo atravesar esa instancia de definición del propio ser y del lenguaje?
Recuerdo la serie Boss (no estoy seguro de que haya sido programada en Argentina) en la que un padre (el alcalde de Chicago), de una maldad metafísica y sobrecogedora, entregaba a su hija (que lo proveía clandestinamente de las drogas que él necesitaba para disimular el progresivo deterioro de su conciencia, efecto de una enfermedad neurológica degenerativa) a los medios de comunicación, a los servicios sociales y a la cárcel para recuperar unos porcentajes de simpatía política.

La misma maldad, podría decirse, que sufrió Sofía Gala (dueña de esa cualidad misteriosa y paralizante de quienes están más allá de las palabras, por su belleza pero, sobre todo, por su ángel) cuando su madre decidió entregarla a la voracidad de los programas de televisión, acusándola de “desubicada” y amenazándola con aplicarle un “correctivo”. Sé que no fueron ésas las palabras que se dijeron, pero son las mismas que correspondería aplicar en este otro caso, con el mismo resultado: lo que traen y llevan esos nombres es la pura maldad, desnuda y a todo dispuesta.