martes, 30 de diciembre de 2014

Callen al idiota

Aníbal Ibarra: "No mandé a funcionarios de menor rango a dar la cara, hablé yo".

lunes, 29 de diciembre de 2014

Pop latino

Hoy cumple años mi marido, Sebastián Freire. Le regalo un viaje a Puelto Lico, en el próximo mes de mayo y, para entusiasmarlo, le adjunto esta foto que me mandó Federico Carugo, de cuya veracidad dudo, pero a quién le importa (lo que yo digo, a quién le importa lo que yo hago). 



El testaferro


Por Daniel Link para eñe



Se me pide que mencione algún libro del 2014 sobre el que quiera escribir unas palabras. Elijo En ausencia de guerra de Edgardo Cozarinsky porque me consta la poca atención que la novela ha recibido en los medios de Buenos Aires. No sé por qué no se ha reseñado esa novela, pero yo personalmente la encuentro mucho más fría que cualquiera de las anteriores, en las que Cozarinsky había conseguido un delicadísimo equilibrio entre lo personal y lo apersonal, entre la memoria que puede atribuirse a un personaje literario (la propia memoria) y la memoria pública.

Leo con atención las sutiles variaciones literarias que Cozarinsky ensaya en cada una de sus novelas. En la penúltima, Dinero para fantasmas, me había impresionado el alargamiento inesperado del fraseo de su prosa, mediante la inclusión de inhabituales subordinadas y parentéticas, lo que confirmó la extraordinaria vitalidad de su literatura, que no se conforma con ensayar una receta sino que se pone en riesgo con cada una de sus entregas.

En ausencia de guerra también experimenta, pero esta vez ensayando un tipo de correlación entre universos (argentino-argelino: la lucha armada de los años setenta en nuestro país, la guerra civil argelina posterior a su independencia, etc.) donde lo que no tiene lugar es precisamente el espacio que habitualmente Cozarinsky se reservaba para si o sus dobles novelescos: el que une mundos distantes o el que se sostiene en el abismo que separa mundos. Sin el personaje y narrador de En ausencia de guerra, en cambio, esa correlación se sostendría de todos modos.

Lo primero que aparece es una carta encontrada en un libro en una librería de usados cualquiera. Casualmente, la amiga que firmó esa carta le legará al narrador una historia que pone entre signos de interrogación la epicidad de los grupos guerrilleros de los años setenta y una confesión terrible de alguien que, cuando fue parte de esos grupos, mató a dos de sus compañeros “para mostrarme fuerte y valiente”, y que luego fingió un secuestro para hacerse de una pequeña fortuna.

Paralelamente, la tibia fantasía heterosexual en la que el narrador se ve envuelto lo conduce a una historia de venganzas cruzadas al estilo de Extraños en un tren (la novela de Patricia Highsmith en la que dos desconocidos entablan un pacto siniestro para matar y quedar impunes): la partenaire sexual del narrador cree haber matado a Henry Kissinger, cuando en realidad la víctima accidental fue un artista de variedades de la televisión.
Si, como quiere Cozarinsky, "Los cuentos no se inventan, se heredan", tal vez lo que se guarda en esa caja de seguridad suiza no sea propiamente un testimonio de un pasado como herencia maldita, sino un principio de composición novelesca que, por primera vez, Cozarinsky pone en escena: al tacharse a si mismo del relato, éste se vuelve apenas el rastro helado de una ausencia y la historia pasa de la tragedia a un vaudeville que, como nuestro presente absoluto, incluye héroes falsos, testaferros y secretos suizos. 
 

domingo, 28 de diciembre de 2014

El fin del arte

El arte, ¿es algo más que un producto de lujo?

El papel cada vez mayor que  juegan en el arte contemporáneo los grandes grupos financieros ligados a la industria del lujo suscita menos debate que el jugado por las tiranías petroleras. En contraste con la inclinación tradicional del mundo del arte hacia las posturas “radicales” y los discursos contestatarios, artistas, intelectuales y críticos de arte parecieran hoy paralizados por el miedo a una fuga de capitales; como si expresar el mínimo disentimiento los pudiera exponer a represalias que afectarían sus bolsillos. En este medio, en general vocinglero —y que ha sabido a veces ser contestatario— reina la omertà en cuanto de financiación se trata.  Al manifestar sospechas sobre el altruismo de tal o cual patrón (en el sentido de “mecenas”), la respuesta general suele ser que no hay auto-engaño, pero tampoco alternativa: la famosa TINA (There Is No Alternative1).  De este modo,  el desentendimiento del Estado, empobrecido por una crisis en la que los mismos grandes grupos financieros han jugado un rol importante, habría condenado al mundo del arte y la cultura a mendigarle a los ricos.
No nos erigimos en modelos de virtud. En el mundo de la cultura, ¿quién no ha participado de una u otra forma en las manifestaciones de una fundación privada? Pero cuando las fortunas más importantes de Francia rivalizan para intervenir de forma masiva en la producción artística, los argumentos clásicos a favor de este tipo de financiación nos parecen débiles e hipócritas.
Durante las manifestaciones artísticas “patrocinadas” de esta forma, se insiste siempre en la separación impermeable entre la actividad comercial del sponsor y la actividad cultural de la fundación que lleva su nombre. De hecho, hubo un tiempo en el que los grandes mecenas apoyaban a las artes sin tener protagonismo.  Se contentaban con una mención en tipografía de cuerpo 8 al calce de una segunda de forros, con una placa dorada en la esquina de un edificio, con unas palabras de agradecimiento como preámbulo. Pero nuestra época es una de anuncios estrepitosos, de fiestas faraónicas y publicidad gigante. Ya no se le da carte blanche a un artista para quedar en la sombra: se le comisiona la decoración de una boutique en los Champs-Élysées o la puesta en escena de la inauguración de una sucursal en Tokio. La tienda de bolsos de mano está separada de la galería por un delgado muro, las obras se mezclan con los accesorios que a su vez son presentados en pedestales y acompañadas de una cédula. A partir de ahora, las boutiques de lujo, se pretenden como prototipo de un mundo en el que la mercancía sería arte porque el arte es mercancía. En este mundo todo sería arte porque todo es mercancía. Montándoles pasarelas de oro, los nuevos dueños del mercado del arte han sabido corromper a los expertos y curadores más reputados, contribuyendo así al empobrecimiento intelectual de nuestras instituciones públicas. Esto no les proporciona de ninguna manera los medios para favorecer una idea del arte como tal, puesto que el patrón interviene sin cesar en las transacciones en las que tienen gran interés.
Tampoco hay impermeabilidad entre los negocios y las cosas del arte, no hay, de hecho, ni inocencia, ni altruismo en las ayudas que dichas personas dispensan. Sus empleados tienen siempre el cuidado de recordarnos que el mecenazgo es una antigua y noble tradición. Sin remontar hasta Romain Mécène –delicado amigo de los poetas— citan a Laurent de Médicis, Jacques Doucet o Peggy Guggenheim, de los que los señores Pinault y Arnault serían dignos sucesores.  Aún si se tratará de esos gentiles amateurs ilustrados que nos pintan las secciones culturales de los diarios y no de los negociantes sin escrúpulos que nos revela la sección económica, la contabilidad habla por sí misma.
La esencia del verdadero mecenazgo es la dádiva, el gasto ineficiente o, para hablar como Georges Bataille, “improductivo”. Los verdaderos mecenas pierden dinero, es solo por ello que merecen un reconocimiento colectivo. Ni el señor Pinault ni el señor Arnault pierden un céntimo en las artes. No solo desgravan una parte de las ganancias que no se encuentran ya en algún paraíso fiscal y adquieren para sí mismos —con mayor ganancia— salas de subastas, sino que desvían fondos públicos (como en la reciente exposición, tan apropiadamente llamada À double tour, en la Conciergerie2) para eventos que solo aspiran a elevar la cotización de los artistas en los que  — temporalmente— han decidido apostar. Destiemplan el mercado apropiándose de todos los eslabones de su cadena, buscando hacer y deshacer glorias. En una palabra: especulan con la colaboración activa de grandes instituciones públicas que intercambian favores por tesorería. Poseedores ya de las fortunas más importantes de Francia, se enriquecen aún más por medio del arte. Los que se presentan ante nosotros como nobles mecenas son en realidad especuladores. ¿Quién no lo sabe? Pero ¿quién lo dice?
Un argumento aún más frágil a favor de este modo de financiación para el arte llama al respeto del espíritu empresarial y a la consideración de los intereses industriales de Francia.  ¿No debemos reconocimiento a estas joyas de la corona CAC 403 por la ayuda que aportan a la creación? Basta sin embargo una ojeada a la historia de grupos financieros como los de los hermanos enemigos Kering-Pinault y LVHM-Arnault para entender que ya no se trata, y esto desde hace tiempo, de grupos industriales. Su política es clara y estrictamente financiera y solo la lógica del lucro determina qué empresas adquieren o abandonan. Esto lo han aprendido a la mala más de mil mujeres despedidas recientemente después de haber consagrado su vida profesional a La Redoute4.  Hoy, la gran empresa ha perdido su fábrica contra el Just-in-Time5 ; ha extraviado su producción industrial en la jungla asiática. A su política de caja registradora y de evasión fiscal los intereses nacionales le importan poco, como lo prueba el reciente ardid del señor Arnault en Bélgica6. Es la política en sí misma —obsesionada con los dividendos y ganancias a corto plazo— la que ha provocado la mayor crisis económica de los últimos cincuenta años, la que ha puesto de rodillas a naciones enteras y ha arrojado a la miseria y a la desesperación a millones de nuestros vecinos europeos.
Pero qué importa la inmoralidad del capitalismo encarnado en estos nuevos príncipes, nos dicen. Las manifestaciones artísticas no tienen ninguna consecuencia para ellos, que se mueven en otra escala. Este argumento cínico choca contra la evidencia de la orquestación mediática, puesto que la nueva cultura empresarial cree en “El Evento” como en un nuevo Dios. Las finanzas y la comunicación han remplazado a la instalación industrial y al equipo de ventas. Y es que el arte, bueno o malo, favorece el acontecimiento: “El Evento”, a menudo para su desgracia, algunas veces a su pesar. El arte fluctúa como el dinero y este movimiento puede incluso devenir en valor bursátil. Para una sociedad que se sueña rápida, adaptada a los flujos, el arte se ajusta al perfil de objeto del deseo y ofrece así a los nuevos consorcios financieros una vitrina ideal. Pueden esgrimirlo como su proyecto existencial. Y para que esta simbiosis neoliberal sea viable, basta con que el arte se deje absorber, que los artistas renuncien a toda autonomía. No es entonces sorprendente que el academicismo de hoy sea de diseño:  chic y plano, de shock y fotogénico, se embala fácilmente en el white cube del museo, se desembala igual de fácil en las profundas mazmorras de los castillos de naipes del mundo de las finanzas. Los museos privados de nuestros multimillonarios son los palacios industriales de hoy.
¿Podemos seguir creyendo que la apropiación de nuestro trabajo y el aval de nuestra presencia son solamente un elemento omisible en sus estrategias? Algunos de entre nosotros se dicen no solo de izquierda, sino marxistas, incluso revolucionarios. ¿Se quedan satisfechos ante tal evasión? ¿El poder aplastante del enemigo hace de él un amigo?  En estos tiempos de desempleo masivo, de pauperización de las profesiones intelectuales, de desmantelamiento de los sistemas de protección social y de cobardía gubernamental, los artistas, escritores, filósofos, curadores y críticos: ¿no tenemos nada mejor que hacer que ayudar a estos colosos financieros a recuperar la reputación pérdida? ¿Que contribuir, por poco que sea, a la imagen de su marca? En todo caso, nos parece urgente —en el momento justo en que para la inauguración de una fundación riquísima, su arquitecto (Frank Gehry) es celebrado en el Centre Georges Pompidou7— exigir que las instituciones públicas dejen de servir a los intereses de los grandes grupos privados acomodándose a sus elecciones artísticas. No pretendemos dar lecciones de moral. Queremos simplemente abrir un debate que ya no puede esperar y explicar por qué no vemos ningún motivo de celebración en la inauguración de la Fundación Louis Vuitton para el arte contemporáneo.

Pierre Alferi, escritor.
Giorgio Agamben, filósofo.
Madeleine Aktypi, escritor.
Jean-Christophe Bailly, escritor.
Jérôme Bel, coreógrafo.
Christian Bernard, director del Museo de arte moderno y contemporáneo (Mamco) de Ginebra.
Robert Cahen, artista.
Fanny de Chaillé, coreógrafa.
Jean-Paul Curnier, filósofo.
Pauline Curnier-Jardin, artista.
Sylvain Courtoux, escritor.
François Cusset, escritor.
Frédéric Danos, artista.
Georges Didi-Huberman, historiador de arte.
Suzanne Doppelt, escritor.
Stéphanie Éligert, escritor.
Dominique Figarella, artista.
Alexander García Düttmann, filósofo.
Christophe Hanna, escritor.
Lina Hentgen, artista.
Gaëlle Hippolyte, artista.
Manuel Joseph, escritor.
Jacques Julien, artista.
Suzanne Lafont, artista.
Xavier LeRoy, coreógrafo.
Philippe Mangeot, miembro de la redacción de Vacarme.
Christian Milovanoff, artista.

Marie José Mondzain, filósofo.
Jean-Luc Nancy, filósofo.
Catherine Perret, filósofo.
Olivier Peyricot, diseñador.
Paul Pouvreau, artista.
Paul Sztulman, crítico.
Antoine Thirion, crítico.
Jean-Luc Verna, artista.
Christophe Wavelet, crítico.

Carta publicada el 20 de octubre del 2014 en la revista informativa Mediapart.

Notas de la traductora
(1) «No hay alternativa»: eslogan, atribuido a Margaret Thatcher, utilizado en los años 80 para significar la necesidad y beneficios del libre mercado empresarial, el capitalismo y la mundialización y el inevitable fracaso de cualquier otra orientación.
(2) Referencia a la exposición de obras de la colección privada de François Pinault en la Conciergerie, edificio histórico de París.
(3) Índice bursátil basado en las 40 empresas de capitalización de valores más significativas de Francia.
(4) Empresa perteneciente al hijo de Pinault que recientemente suprimió 1178 puestos de trabajo.
(5) Método japonés de organización para las fábricas que pretende aumentar la productividad y “eliminar el desperdicio”.
(6) Quien solicitó la nacionalidad belga en 2012, arrepintiéndose al poco tiempo ante la presión de la opinión pública(las cargas fiscales belgas son mucho más ligeras que las francesas). 
(7) La inauguración de la fundación privada de Arnault coincide con una retrospectiva a su arquitecto en un museo público.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Trenes vigilados


Por Daniel Link para Perfil

Me enojé un poco con Flor. No mucho, pero lo suficiente como para que piense un poco en lo que está haciendo. No se puede jugar a dos puntas: uno tiene sus sentimientos y no es justo quedar como idiota. Las promesas son las promesas.
Yo esperaba con ansias la inauguración de la estación de tren Aeroparque, anunciada para este fin de año. La de Ciudad Universitaria también, pero sobre todo la de Aeroparque (en cambio, la estación Panamericana, cerca de Pilar, me importa más bien poco, aunque conozco muchas personas que van a obtener un gran beneficio con ella). Flor sabe que, para mí, Ciudad Universitaria debe integrarse al sistema de subterráneos de Buenos Aires (una línea nueva, bajo Federico Lacroze, con combinaciones a los dos ramales de trenes de la línea C, el subte D, el subte B y los trenes de Chacarita; y después, hasta el Cid Campeador). Pero bueno, tampoco está mal su plan, y es más barato que el mío. Lo de Aeroparque era el regalo que me había prometido y yo hasta me había comprado zapatos nuevos para el primer viaje.
Pero no voy a ir a ninguna inauguración. No sé quién le llenó la cabeza con ideas raras, pero para el caso es lo mismo, me da bronca y punto. Yo no me opongo al tren a Mar del Plata, y hasta me hace ilusión usarlo alguna vez. Pero ver a Flor ahí sonriendo, feliz con una idea que no fue mía... Sí, soy celoso. Y no soy de los que se suben a cualquier tren. Entiendo el impacto popular, veraniego y electoral del asunto. Pero los sentimientos son los sentimientos y las promesas hay que cumplirlas.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Hasta la victoria, woof!

por Daniel Link para Soy

Se fue el 2014, como un suspiro. El 2015 será mejor, porque es impar, pero tampoco es que éste haya estado tan mal. Si tuviera que que caracterizarlo, diría que fue un año de migración para los espíritus sensibles: teniendo en cuenta los gigantescos progresos que la sociedad civil LGTBI realizó en los últimos años, arrancándole a un Estado histérico (deseoso de agradar a toda costa) leyes fundamentales para nosotrxs, era cantado que todo se volvería Q (de queer: “rara, como encendida”).
Lo raro vino de la mano de una masiva agitación en favor de los derechos de los animales. Yo mismo he firmado durante este año decenas de peticiones para que cancelen las riñas de gallos en tal provincia, las carreras de galgos en tal otra y para que cierren zoológicos y circos con animales. Este mismo suplemento desplazó sus reportajes fotográficos de lo puramente estilístico a la convivencia con animales entendiendo que toda biopolítica comienza por casa y que no hay casa sin mascota.
Algunos pensarán que la defensa de la integridad de la vida animal es un acto frívolo. Yo no estoy tan seguro y miro con distraída simpatía la causa animal, sobre todo porque es la más rara, la menos exclusiva (no se choca con ninguna otra, ni siquiera la revolución), la que puede arrastrar a todos y a cualquiera.
Una vez que se universalizaron ciertos derechos de las personas (sin que esto implique que hayan desaparecido el heterosexismo, la transfobia, el pánico homosexual y demás desviaciones de pensamiento que ninguna ley conseguirá nunca modificar), nos volcamos a defender a aquellos a los que miramos con la intriga de quien se mira al espejo para adivinar quién es. Un animal maltratado, pareciera, abre la puerta para el maltrato a las personas, para la discriminación y las fantasías de exterminio, porque es precisamente en ese punto de articulación entre lo humano y lo animal donde se juega la suerte de cualquier forma de vida entendida como una singularidad en riesgo (Hitler decía que había que había que matar a los judíos como piojos).






sábado, 20 de diciembre de 2014

Cómo se cuenta


Por Daniel Link para Perfil



Acabo de terminar con un atracón de How I Met Your Mother (2005-2014), la sitcom que, durante nueve temporadas, superó por todo lo alto a su antecedente Friends (1994–2004) y puede competir por el primer lugar en su género con Seinfeld (1989–1998). Yo nunca la había visto antes, y las maratones de Sony me hicieron darme cuenta del tamaño de mi ignorancia. Bajé todas las temporadas y las fui mirando completamente cautivado no tanto por el universo amistoso-sentimental de la pandilla de cinco amigos blancos sino por la audacia narrativa con la que los guionistas enfrentaron cada uno de los episodios.

La voz en off de Ted Mosby (Josh Radnor) cuenta a sus hijos adolescentes cómo conoció a su madre. El presente de la narración es el año 2030, pero el relato se remonta hasta 2005, cuando los cinco amigos constituyen un módulo narrativo cuyas articulaciones variarán de temporada en temporada. La madre de los hijos de Ted ocupa tan poco lugar en esa historia que los adolescentes (varón y mujer) terminarán dándose cuenta de que el asunto es una excusa para decir otra cosa.

Como en Las mil y una noches, la narración incluye otros relatos y éstos otros, y así hasta el infinito. Por ejemplo: Ted Mosby cuenta un episodio particular de su vida sentimental, a propósito del cual recuerda una cena desencaminada entre Robin Scherbatsky (Cobie Smulders) y Marshall Eriksen (Jason Segel), en la que el segundo le cuenta a la primera una conversación que tuvo con Barney Stinson (Neil Patrick Harris), que incluye la “Leyenda de la sirena”, contada por Barney y que motiva el enojo anacrónico, hasta el final del relato, de Lily Aldrin (Alyson Hannigan). Cada bloque del episodio trae una versión aproximada de lo que se dijo en alguna de esas instancias y sus efectos (sabemos que el relato no vale sólo por lo que dice sino sobre todo por lo que hace).

La serie hace uso de los recursos narrativos que Lost impuso en la televisión, lo que queda claro en el homenaje de la última temporada con la aparición de Jorge García (Hugo), quien repite los números 4 8 15 16 23 42, cuando le piden que diga una secuencia de números al azar.

Sin embargo, nada hay de azaroso en How I Met Your Mother, sino una calculada meditación de los procesos narrativos. Violentas restrospecciones, alguna que otra prospección, sistemas de cajas chinas, desdoblamientos de personajes (el personaje “actual” discutiendo con una versión “previa” y una versión “posterior”) convierten a la serie en un producto cultísimo (“J'accuse…!”, es un latiguillo repetido por los personajes a lo largo de los 208 episodios) que interroga sistemáticamente los modos de existencia del relato.

How to Get Away with Murder (2014) es otro extraordinario ejercicio narrativo protagonizado por la abogada penalista Annalise Keating (Viola Davis), su equipo de trabajo, su marido, su amante y cinco alumnos que compiten por su predilección. Además de su trabajo en la corte, Annalise enseña en una universidad de Filadelfia las artes necesarias para hacer zafar de las acusaciones de asesinato a sus defendidos. El asunto dejará de ser meramente académico porque habrá un asesinato verdadero que involucrará a todos los personajes de la serie. Annalise sufre casi todo el tiempo (especialmente cuando la actriz, soberbia, se quita el maquillaje y la peluca para quedar desnuda ante su propia verdad en el espejo).

La narración usa como presente una determinada noche en la que los estudiantes univertivos que ocupan cada uno de los capítulos, cada uno de los cuales desarrolla la perspectiva de uno de los personajes, lo que modifica lo que sabíamos previamente.

El modelo narrativo de How to Get Away with Murder es un poco más vanguardista que el de How I Met Your Mother, pero los dos son igualmente complejos: entre Las mil y una sitarios encienden una fogata. Todo el cuento vendrá, pues, en flashes retrospecnoches y La piedra lunar de Wilkie Collins o El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell se juega el destino de la narración y de la experiencia que asociamos con ese ritual que vuelve a nosotros desde el fondo de los tiempos, contar el cuento. No nos importa tanto la verdad del asunto sino el goce de su retroceso infinito a través del laberinto narrativo.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Orfebrería dérmica


por Daniel Link para Soy

Hace un tiempo, mientras realizaba mis rutinas en un gimnasio de la calle Pasco, me asaltó una pregunta que no tenía que ver, en este caso particular, con los debates sobre las llagas de Cristo, el universalismo paulino, la circuncisión de los judíos o las marcas biopolíticas (la de los apestados o los locos), aunque involucre todas esas dimensiones de interrogación. La pregunta que me hice ante el espejo del gimnasio fue: ¿qué es un cuerpo marcado? Estuve años meditando en el asunto, porque a las marcas propias del trabajo muscular, que se imponen como una epidermis o un traje artificial sobre el cuerpo dado, se superponían a veces otras marcas, las de los tatuajes, no tanto la inscripción del mundo sobre el cuerpo, sino una ex-cripción: una episteme entera impresa que sale del cuerpo como un hálito, o un cuerpo, como quiere Jean-Luc Nancy, ex-crito:
 

De un cuerpo no hay nada que descifrar — salvo esto, que la cifra de un cuerpo es ese mismo cuerpo, no cifrado, extenso. La visión de los cuerpos no penetra en nada invisible: es cómplice de lo visible, de la ostensión y de la extensión que lo visible es. Complicidad, consentimiento: el que ve comparece con lo que ve. Así se disciernen, según la medida infinitamente finita de una justa claridad.

Un escorpión, unas manos en posición de rezo, una tela de araña, una sirena, una serpiente, una mujer de aspecto étnico.... diseñan un escándalo barroco, un cuerpo puesto en posición de complicidad y consentimiento. Cito a Severo Sarduy (Ensayos generales sobre el Barroco, etc.), de una vez y para siempre:  


La tortura y el tatuaje pertenecen a ese mismo registro del desmembramiento de la fragmentacion facticia. Con el dolor o con la tinta se delimita una parte del cuerpo, y, a fuerza de "trabajo", se la separa de la imagen del cuerpo como totalidad. El miembro cifrado o torturado, marcado por la singularidad, remite a otro: el maternal y falico del que todo el resto del cuerpo, convertido en un objeto insensible, en un cuerpo-cero, se ha expulsado, desterrado.

Sólo el fragmento cubierto por el tatuaje -iniciales, anclas y corazones vienen siempre a inscribirse, como por casualidad, sobre los bíceps, los musculos más erectiles-, realzado por la tinta minuciosa, o sometido a la torsion, al dolor, tiene acceso al endurecimiento, a la ereccion notoria, a golpear con su tension. El resto no merece mas que pudor: flaccidez y aburrimiento.


El tatuaje sirve para desmentir la ilusión antropomórfica, el engaño de un cuerpo íntegro, con organos, la ilusión de sus gestos: el acceso a la representacion. Sarduy precisa:
 

Orfebrería dermica, incision de un jeroglífico letal: vestigio del demembramiento nocturno, de la cerernonia sádica, la preparación del doble infernal. Presentacion o materialización -como se dice en brujería de un fetiche, en el sentido etimologico del termino: del portugués fetiço, lo hecho, el hacer que se ve. 
 
Los tatuajes son la marca de lo hecho: el cuerpo hecho, manufacturado, como negación del cuerpo natural, pero también la apertura hacia el cuerpo "historizado" (como se dice "historizada" de una fachada muy ornamentada), hacia las sucesivas capas de Tiempo que constituyen un cuerpo y que transforman la pregunta originaria en otra: "¿Cuándo nace un cuerpo?". Para saberlo, hay que examinar sus marcas. 

En todo caso, si el cuerpo fuera Deo Donante o Deo Volente, el cuerpo de factum, el fetiche, el postizo de las marcas de ex-critura, vendría a desmentir esa premisa, al estar inscripto como una marca de orfebrería epidérmica sobre un cuerpo que nació sin ella, inmaculado. ¿No es lo inmaculado de un cuerpo lo que lo arroja del mundo, hacia lo alto, su compromiso con la trascendencia y con el cielo? Herido, fetichizado, hechizado, el cuerpo tatuado dice una verdad que al mismo tiempo desmiente: es un cuerpo que, por marcado, establece consigo mismo una relación paradojal: dice lo histórico y al mismo tiempo lo niega, o dice que la historia no es sino la persistencia del Pasado, a través de unas marcas en el cuerpo, en el presente. La historia no es lo que ya pasó, sino lo que sigue sucediendo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Basta de pirotecnia

Marcos Goldschmidt pide, vía change.org, que se prohíba el uso de la pirotecnia. Lo apoyamos.
 

lunes, 15 de diciembre de 2014

5x1




sábado, 13 de diciembre de 2014

Agua brava


Por Daniel Link para Perfil



Pensaba debatir con Rafael Spregelburd sus últimas consideraciones sobre el cilantro y el gusto a culo, pero una cosa lleva a la otra y según mi calendario personal esta semana me toca referirme a las políticas municipales o provinciales o, en su defecto, a algún aspecto de lo que sucede en el vasto y ajeno mundo.

Para lo segundo, podría referirme al inminente comienzo de la obra del Canal de Nicaragua, que ya se ha convertido en uno de los casos de corrupción más sonados de laregión.

Pero me da pereza, así que elijo dirigirme al Sr. Scioli, quien estuvo el fin de semana pasado almorzando (o comiendo, no lo recuerdo, porque mi mamá graba los programas y los ve a cualquier hora) con la Sra. Legrand, haciendo campaña para su precandidatura presidencial. Presentaba, parece (porque no me quedé mirando el tape maternal), un libro de fotografías.

Se me ocurrió que podríamos mandarle al Sr. Scioli las fotos del pantano en que se ha convertido nuestro barrio suburbano después de las penúltimas lluvias, a ver si logramos conmoverlo y conseguimos el asfalto. O mejor todavía, el agua corriente, porque el agua de pozo con la que nos abastecemos está contaminada (cosa que hemos notado por los violentos cólicos y los episodios de colitis que sufrimos cada fin de semana que nos instalamos en nuestra casita del conurbano) y, aunque no la bebamos desde 2009, cuando hubo denuncias por exceso de arsénico en las napas, la usamos para lavar las verduras de las ensaladas o para hacer el café de la mañana. Al rato de la ingesta ya se nos va la vida, y no siempre recordamos que debemos tomar las precauciones a las que vivir en condiciones sanitarias deficientes nos obligan.

Como el Sr. Scioli se declaró atento a las necesidades de los bonaerenses, confío en su sensibilidad para que nos ponga agua corriente. Los niños vecinos, que no toman agua mineral por razones económicas, la deben pasar peor que nosotros.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Restos de vida

Lo feo de mudarse son las partes de uno que van quedando en la vereda. De la cuarta bolsa de consorcio repleta de papeles, esto fue lo que no tuvo la aceptación de los recicladores amateurs del barrio:



sábado, 6 de diciembre de 2014

Subsidio al ser


Por Cristina Fernández Link para Perfil

¡Qué tarada soy, cómo me arrepiento de mi pereza! Recordarán que cuando salió la Ley de Identidad de Género (promovida por la Dra. Litarda, una activa activista que dio la vuelta al mundo gracias al artículo de la “autopercepción”) yo titubee en el momento de cambiar mi nombre por el de una mujer de mucho predicamento (Irma Roy, habría elegido en otras épocas, pero por entonces me pareció bien pasar a llamarme Cristina Fernández Link). Mis amigos y mi familia me convencieron de que el tramiterío iba a ser abrumador y desistí de cambiar mi nombre.
Ahora, resulta que hay dos proyectos de ley para subsidiar a las personas trans de más de cuarenta años con un estipendio mensual de ocho mil pesos (ajustables según el precio de la nafta). ¡Ocho mil pesos! Mucho más que la jubilación y la pensión sumadas que cobra mi madre después de haber trabajado durante toda su vida y de haber cuidado a su marido hasta la muerte... La mitad de lo que yo gano como profesora regular con dedicación exclusiva de la Universidad de Buenos Aires. ¡Casi lo mismo que cobran las becarias doctorales del CONICET! Y yo, por pereza, ¡me pierdo estos pingües beneficios de la afirmative action y la discriminación positiva!
Si ahora iniciara los trámites para el cambio de nombre, todo el mundo me acusaría, con razón, de oportunista. No sé por qué me hace esto la Litarda, que en sus declaraciones habla de vidas “desterritorializadas” en un sentido completamente inadecuado a esa categoría que yo manejo prácticamente desde la cuna (hace décadas que doy cátedra sobre “desterritorializaciones”, he evaluado tesis sobre “desterritorialización”). Propongo que se universalicen los beneficios del proyecto de ley y se subsidie (o se den pensiones graciables) a todas las víctimas de la heteronormatividad, con independencia de la cuestión de género. ¡Quiero ocho mil pesos al menos como víctima probada del kirchnerismo!

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Y pensar que Benjamin se interesaba por esto...




Des-aster


Si me dicen que es Renée Zellweger, me lo creo.


martes, 2 de diciembre de 2014

La raza maldita

Contra la cultura escénica

por Fishel Szlajen para Infobae

Seis son algunos de los más impactantes sucesos legislativos de los últimos años que consolidan la creciente cultura de la simulación en contraste con la realidad. A saber:
1) La ley de "matrimonio igualitario" atribuye a la relación amorosa y sexuada entre dos personas del mismo género la institución matrimonial, cuando históricamente ésta surgió por motivos de herencia y sucesión patrimonial, teniendo la función de estructurar la sociedad constituyendo su base raigal y de desarrollo, y en consecuencia reglada estatalmente mediante el casamiento civil, como un acto de interés nacional y público. El matrimonium siempre tuvo una base biológica refiriendo al género femenino significando matris/matreum-monium/muniens "cuidado o protección de la madre o mujer, mater-matrix (madre, matriz)", y donde la estructura elemental de parentesco madre-padre nunca fue por la orientación sexual de las personas sino por sus distinciones antropológicas. Por ello, el matrimonio no es la legalización de un vínculo sexual o amoroso, perteneciendo éste al dominio privado. En el judaísmo, el precepto de unión marital se impone como exclusiva entre hombre y mujer (Gén. 2:24, TB, San.58a), adicionando la clara y terminante prohibición de toda relación homosexual masculina (Lev. 18:22 y 20:13), detallando ambas talmúdicamente y codificadas legalmente. Éste es el revolucionario concepto de la sexualidad en el judaísmo, no como un juego de roles y poder en función de los deseos y pulsiones individuales, tal como en numerosas y pretéritas sociedades paganas, sino como una actividad reglada y relacionada al género. Así, alejándose de la sociedad de sexualidad intercambiable, la Torá comanda que la mishpajá (familia) acorde a su raíz shifjá (sierva), a partir de la relación hombre-mujer, no sólo sea la voluntad divina en cuanto a su constitución sino que la sirva dando lugar al desarrollo tribal, social, popular y nacional. No obstante hoy se atribuye el matrimonio a personas del mismo género simulando una relación y función individual y social que no se le ajusta, aparentando ser del mismo tenor.
2) Análoga simulación acontece con la ley de "identidad de género" cuando éste no es el rol sexual del individuo ni la construcción socio-cultural del estándar masculino y femenino, sino que es la propia diferencia biológica manifiesta en el ADN de cada sujeto. Ninguna intervención quirúrgica genital ni tratamiento hormonal cambia el género codificado en el ADN, permaneciendo éste inmutable. Luego, aquí no hay identidad de género sino de apariencia o externalidad genital, i.e. transgenitalidad, o bien un trasvestismo, prohibido desde el Deut. 22:5 y TB, Nazir 59a.
3) Una ficción similar acontece en la pretendida equivalencia entre discriminación y restricción, donde la primera refiere al injusto trato por motivos étnicos, religiosos, políticos, de género o ideológico, malogrando la satisfacción de los mismos derechos; mientras que la segunda es la propia condición de la ley y su fundamento, la cual por ejemplo impide contraer matrimonio a menores de edad, indocumentados o sin divorcio vincular, y no por ello discriminando a todo el que no cumpla con dichas imposiciones.
4) La petición para despenalizar el aborto a demanda nuevamente manifiesta esta cultura escénica, simulando que el ser humano en su etapa prenatal no es tal, omitiendo que el cigoto es una vida humana diferente a la de su madre desarrollándose dentro de su vientre; un ser humano dentro de otro (Gén. 9:6 y TB, San.57b), el cual si bien no es antropomórfico, de no violentarlo desde fuera necesariamente lo será sin otra posibilidad, siendo dicha necesidad lo que hace que en el judaísmo desde el momento de la concepción exista un ser humano actual y no en potencia, con independencia de su estatus jurídico de persona. Esto comprobado por la bibliografía embrionaria, biológica molecular y genética, donde desde el cigoto cuyo ADN es distinto al de sus progenitores, y hasta la ancianidad y muerte hay una continuidad de vida sin un punto de inflexión objetivo en la categoría de humano, donde el cigoto es su primer fenotipo genotípicamente igual hasta la vejez, sin que un bebe sea menos ser humano que un anciano. Pero hoy, dado que dicho ser humano transcurre por naturaleza sus primeros meses de vida dentro del cuerpo de su madre, se lo pretende considerar un mero apéndice prescindible y por ello peticionando un supuesto derecho a manipularlo arbitrariamente, cuando realmente es un ser humano vivo diferente de su madre.
5) Misma ficción es manifiesta en la ley de "muerte digna", no sólo errando en el concepto y uso de "digno", sino sobre todo simulando que sólo la acción y no la omisión conlleva responsabilidad moral, cuando sabido es que ante la relevancia para provocar, acelerar, desatender o no impedir un evento, en este caso la prematura muerte del paciente, todas son pasibles de responsabilidad y sanción. Esto es, ya desde la Torá y no sólo restringido a ella, tanto la acción como la omisión, ante el conocimiento, alternativas y medios, conllevan responsabilidad moral cuando son relevantes para la ocurrencia del suceso (Lev. 19:16 y Deut. 22:8). Caso contrario, no debería haber responsabilidad por omitir alimentar al hijo, por suprimir insulina a un diabético o por abandono de persona, cuando dichas omisiones resultan en las respectivas muertes. Dicha Ley no sólo simula la ausencia de responsabilidad moral del omitente quien consciente e intencionalmente acelera la muerte del paciente, sino que también supone al médico como funcionario y cómplice de los deseos suicidas del paciente, transgrediendo los derechos del profesional violando su juramento hipocrático; haciendo del hospital un asilo para el suicidio asistido cuando en verdad es un ámbito para el diagnóstico y tratamiento.
6) El proyecto de "despenalización de drogas" patentiza la ficción donde el abandono es libertad o derecho individual, y que una sociedad casi anómica es la de un ciudadano con conciencia cívica, enmascarando así la corrupción e ineficiencia de la función pública despenalizando lo otrora prohibido para automáticamente eximir de responsabilidad a los involucrados en las diferentes áreas de competencia simulando la solución del problema. Así, en lugar de promover y eficientizar las políticas de salud pública para asistencia y prevención de adicciones, alejando al ciudadano de drogas y alcohol, se lo abandona a su impulsos en una sociedad donde ni siquiera se aplica la ley vigente y aumenta el nivel de automovilistas alcoholizados más el delito asociado al consumo de sustancias psicoactivas. Este abandono del ciudadano a sus deseos simula hoy ser libertad, a diferencia de cuando Ds libera al pueblo judío de la esclavitud en Egipto no para abandonarlo a sus pulsiones en el desierto sino para darles la Ley rigiéndose por ella, individual y nacionalmente. Más, así como en el Deut. 21:18-21 se penaliza al "descarriado y rebelde" definido como quien roba al padre para comprar y engullir carne y vino rigiéndose por sus pulsiones, despenalizar/permitir las drogas y más aún en el actual estado de la sociedad, es promover sustancias que estimulan voluptuosidades mucho mayores a la gula, exacerbando e incitando aún más la animalidad a la cual difícilmente uno puede sobreponerse, transgrediendo y aun delinquiendo en mayor medida.
Concluyendo, lo subyacente a esta cultura de la apariencia es la más peligrosa ficción, la de la ley como instrumento legitimador de pasiones personales a expensas del prójimo y de la sociedad y su consecuente degradación, cuando en realidad la Ley oficia de restricción habilitante reduciendo la animalidad impulsiva y desiderativa para permitir la humanidad promoviendo el mutuo bienestar, un individuo y ciudadano virtuoso más una sociedad de calidad. El judaísmo, fundado en la Ley a partir del pacto entre Ds y el pueblo de Israel, urge así al Pacto Social a que retorne a su fuente. 


lunes, 1 de diciembre de 2014

Dame 30




Llegó San Nicolás!!!