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La pedagogía es un hecho repetido, porque se funda en la repetición. Pero la repetición, lo sabemos por Nietzsche, lo sabemos Kierkegaard (antes incluso que por los posestructuralistas) nunca es el retorno de lo mismo. Repetir el Quijote, lo supo Pierre Menard, es producir lo nuevo.
Las pequeñas variaciones de la carrera que inventamos empiezan a dejar sus marcas. El repetido latín empieza a resonar en nuestro presente político. En las conferencias que les llevamos a las alumnas (para que aprendan un registro más bien anquilosado) escuchan la circulación de las palabras que oyeron en las clases de teorías literarias.
Pero además, no nos conformamos con la repetición ritual de los conocimientos. Los mandamos al mundo. Les regalamos entradas para la Feria del Libro (como estudiantes, no las necesitan, pero sí para llevar a sus padres, madres, amantes que no estudian), les conseguimos entradas gratuitas para que vayan al teatro a ver Pundonor. Les llevamos a Albertina Carri para que conversen con ella sobre los sentidos de la desaparición y de la letra materna.
No nos satisface una pedagogía sedentaria (que es como una pedagogía de la senectud) sino una pedagogía del movimiento. Todo se está moviendo y tienen que sostenerse en el mundo sin marearse. Y tienen que conocer las tretas del débil, de la supervivencia).
En los primeros parciales, nos sorprendieron las cortísimas respuestas a cada consigna. Diez líneas, como mucho. Rarísimo. Les preguntamos por qué. Nos dijeron que en una materia les habían recomendado contestar con precisión y economía, con pocas palabras. Les dijimos que era como jugar con fuego o como pararse al borde de un abismo y hamacarse irresponsablemente. Lo mejor es escribir mucho y cualquier cosa, para marear a la profesora y que no sepa bien lo que está leyendo (y si no le gusta, que tome una prueba de opción múltiple). Poner al tumulto del lado propio. «Ganar las fuerzas de la embriaguez para el servicio a la revolución» (como había propuesto Benjamin en relación con el superrealismo).
Les estamos preparando para un mundo totalmente nuevo y totalmente hostil, con gemelos digitales y sociedades anónimas y radicalmente impersonales (constituidas por robots con personería jurídica). ¿Se puede contestar a eso con pocas palabras?
Necesitamos una marea de discurso, de discurso nuevo, aún en su repetición y tienen que ser esas jóvenes las que encuentren las palabras adecuadas en los libros, en las conversaciones, en la calle y en los acontecimientos funerarios de masa.
Necesitamos, también, salarios dignos y condiciones de trabajo estables. Pero eso es otro hilo de pensamiento
Ahora estamos preparando, entre todas, dos proyectos para el segundo semestre: un Club de Lectura (fuera de la universidad, los sábados) y una revista de Letras, cuyo título, tal vez, lo diga todo:
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