Por Daniel Link para Perfil
¿Qué son las humanidades? ¿Y tú me lo preguntas?
Blanchot comenta en “La muerte contenta”, uno de los texto incluidos en De Kafka a Kafka, un fragmento de sus Diarios. Dice: “Todo ese pasaje se podría resumir: sólo se puede escribir si se permanece dueño de sí mismo ante la muerte, si con ella se han establecido relaciones de soberanía”. No se escribe para tratar de sobrevivir a la muerte, dice Blanchot, sino todo lo contrario. Por eso, para Kafka “escribir es ponerse fuera de la vida”. Cuando algo realmente pasa (como la muerte), Kafka pierde interés; ya había estado en ese lugar.
(No pongas esa cara de estreñido, es decir de libertario iletrado, que todavía no llegamos al punto)
Hace unos días, mi nieta Juana se aprestaba a una visita a mi casa y un niño de seis años que la acompañaba preguntó: “¿Va a estar la bisabuela de Juani?”. Le contestaron que sí, que mi mamá iba a estar. “A mi lo que me llama la atención es todos los años que tiene”, agregó el niño (Mi mamá va a cumplir 91 años en mayo). Juana dijo: “Si, ojalá que llegue hasta los 100”. Pero el niño objetó: “Bueno, más o menos, porque si vive tanto capaz le duele todo. Y si le duele todo es mejor que se vaya al cielo”. Mi nieta se sintió obligada a desplegar sabiduría topográfica y dijo: “Sí, o abajo de la tierra. Si se muere contenta se va al cielo, y si no abajo de la tierra”. El niño aceptó la enseñanza: “uy, espero morirme contento, voy a tratar”, “Sí, yo también” aclaró Juana. Y el niño cerró la conversación diciendo: “espero morirme en una cena o algo así, algo divertido”.
Como se ve, haber leído a Blanchot sirve para entender las conversaciones infantiles. Mi nieta Juana es Blanchot, piensa como él. El niño es más materialista, piensa en las condiciones materiales de existencia (como quien dijera: “panza llena, corazón contento”). Pero los dos coinciden en el momento en que enfrentan la idea de la muerte, que lejos de atemorizarlos, les plantea formas de vivir: soberanía sobre si, hambre cero.
Para llegar a morir contento, los dos lo saben, hay que llevar vidas adecuadas al cielo y, por supuesto, leer los libros que alimentan nuestra dicha.