sábado, 13 de junio de 2026

¿Triunfan los bárbaros?

Por Daniel Link para Perfil

La realidad (un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo) te alcanza y te lleva por delante, lo quieras o no. El asunto es cómo vas a reaccionar.

Murió el Indio Solari, lo que desencadenó una de las más intensas manifestaciones de religiosidad popular de las que se tenga memoria. A esa muerte, el gobierno contestó negando para sus funerales el lugar de privilegio que el cantante se merecía, alegando no sé qué razones de seguridad (las mismas estupideces que te dicen para que apagues el celular en el avión). Y los odiadores que siguen al gobierno se dieron incluso el lujo de celebrar esa muerte en los comentarios a repetición que evacuaron en las notas periodísticas.

Yo nunca seguí a los Redondos, y ni siquiera me sé un tema completo. Nada de ese universo, yo pensaba, se relacionaba conmigo y pensaba callar respetuosamente hasta que el diputado Paulón propuso un homenaje impensado (¿pero acaso lo impensado no es lo que moviliza al pensamiento?): declarar el 5 de junio como día de la cultura ricotera y el pogo. En el cuerpo del proyecto de ley cita a las autoridades. No la Real Academia, que sabe todo sobre la muñeira pero nada sobre el pogo, sino el Diccionario Latinoamericano (DILE) que creamos en UNTREF hace diez años y que incluye esa definición (y otras tantas esenciales).

Por supuesto, los odiadores se lanzaron también contra el proyecto de ley, abogando por la desaparición total y definitiva de la cultura ricotera, asociada sin miramientos desde su perspectiva retardada con la droga, el alcohol y el peronismo.

El proyecto de ley cita la definición de “Pogo” propuesta para el DILE (bajo la dirección, desde sus primeros días, de alguien que no es ricotero ni peronista, como yo). En un diccionario de uso del español, los términos los definen los propios usuarios, como corresponde, incluso desde la perspectiva de cualquier espíritu “anarcolibertario”.

Pero advertidos los odiadores de la existencia de una herramienta de cultura se sacaron la máscara de la libertad y mostraron su cara de exterminio realizando ciberataques coordinados que paralizaron el sitio.

viernes, 12 de junio de 2026

Doña disparate y Bambuco

 

"Billy Elliot es un musical sobre la identidad, sobre no claudicar sobre lo que uno es, lo que uno siente. Este protagonista no entrega ese fuego: es frío. Billy es un varón que, precisamente, lo que busca la obra es confrontar su masculinidad con el recurrente prejuicio y la cursilería de que "el ballet es para mariquitas", como se escucha en escena. Entonces Billy al menos debe verse mucho más masculino que Michael, el amigo que está descubriendo al vestirse de mujer su orientación sexual."

¡Tiene razón el crítico de las cavernas (platónicas)!  Por eso mismo, ya le envié a Rubén Szuchmacher un adminículo indispensable que, me dijeron cuando consulté, viene ya con lubricante....

¡Niños argentinos, a medirse!


 

lunes, 8 de junio de 2026

Diario de un profesor

(anterior)

La pedagogía es un hecho repetido, porque se funda en la repetición. Pero la repetición, lo sabemos por Nietzsche, lo sabemos Kierkegaard (antes incluso que por los posestructuralistas) nunca es el retorno de lo mismo. Repetir el Quijote, lo supo Pierre Menard, es producir lo nuevo.

Las pequeñas variaciones de la carrera que inventamos empiezan a dejar sus marcas. El repetido latín empieza a resonar en nuestro presente político. En las conferencias que les llevamos a las alumnas (para que aprendan un registro más bien anquilosado) escuchan la circulación de las palabras que oyeron en las clases de teorías literarias. 

Pero además, no nos conformamos con la repetición ritual de los conocimientos. Los mandamos al mundo. Les regalamos entradas para la Feria del Libro (como estudiantes, no las necesitan, pero sí para llevar a sus padres, madres, amantes que no estudian), les conseguimos entradas gratuitas para que vayan al teatro a ver Pundonor.  Les llevamos a Albertina Carri para que conversen con ella sobre los sentidos de la desaparición y de la letra materna. 

No nos satisface una pedagogía sedentaria (que es como una pedagogía de la senectud) sino una pedagogía del movimiento. Todo se está moviendo y tienen que sostenerse en el mundo sin marearse. Y tienen que conocer las tretas del débil, de la supervivencia).

En los primeros parciales, nos sorprendieron las cortísimas respuestas a cada consigna. Diez líneas, como mucho. Rarísimo. Les preguntamos por qué. Nos dijeron que en una materia les habían recomendado contestar con precisión y economía, con pocas palabras. Les dijimos que era como jugar con fuego o como pararse al borde de un abismo y hamacarse irresponsablemente. Lo mejor es escribir mucho y cualquier cosa, para marear a la profesora y que no sepa bien lo que está leyendo (y si no le gusta, que tome una prueba de opción múltiple). Poner al tumulto del lado propio. «Ganar las fuerzas de la embriaguez para el servicio a la revolución» (como había propuesto Benjamin en relación con el superrealismo).

Les estamos preparando para un mundo totalmente nuevo y totalmente hostil, con gemelos digitales y sociedades anónimas y radicalmente impersonales (constituidas por robots con personería jurídica). ¿Se puede contestar a eso con pocas palabras?

Necesitamos una marea de discurso, de discurso nuevo, aún en su repetición y tienen que ser esas jóvenes las que encuentren las palabras adecuadas en los libros, en las conversaciones, en la calle y en los acontecimientos funerarios de masa. 

Necesitamos, también, salarios dignos y condiciones de trabajo estables. Pero eso es otro hilo de pensamiento

Ahora estamos preparando, entre todas, dos proyectos para el segundo semestre: un Club de Lectura (fuera de la universidad, los sábados) y una revista de Letras, cuyo título, tal vez, lo diga todo:

 


 

 (siguiente)

 

sábado, 6 de junio de 2026

Descansa en paz

Por Daniel Link para Perfil

El 9 de marzo de 2026 el Equipo Argentino de Antropología Forense emitió un informe según el cual los restos esqueletales denominados LTZB-S2-11-015 habían sido identificados como partes del cuerpo de Fernando Risso, mi primo hermano, secuestrado el 24 de marzo de 1976 de la Casa de Gobierno de Córdoba, donde trabajaba. Junto con los suyos, se identificaron los restos de otras dieciseis personas, cuyos huesos fueron a parar a una fosa común en Loma del Torito. La noticia fue profusamente comentada por los diarios, que dieron la nómina de los dieciseis nombres, excluyendo el de mi primo, por decisión de la familia.

Basándose en ese informe, el Juzgado Federal de Córdoba Número 3 emitió el 2 de junio de 2026 una resolución declarativa fechando el acontecimiento de la muerte de Fernando el 24 de marzo de 1976, a falta de mejores elementos de datación.

El asunto puso en estado de alerta a la familia. Cuando comenté el suceso con mi mamá (96 años) me preguntó: ¿y qué se gana?

Yo me armé de paciencia e intenté explicarle el significado de ese hallazgo en términos trágicos (enterrar y honrar a un muerto), en términos históricos (la desparición de Fernando no fue una fantasía: “estará en España”, se dijo, de muchos tantas veces), en términos jurídicos (habiendo cadáver, hay delito, y por lo tanto proceso), pero creo que no tuve éxito.

Además, he conversado del asunto a propósito de la película No matar (2026) de Juan Villegas y del debate que suscitó, como legitimadora de los discursos negacionistas y dobledemonizadores.

No he visto la película de Villegas, pero todas sus premisas me resultan de una ligereza paradójicamente abrumadora. Parece no entender la herida abierta que las desapariciones han dejado en la conciencia común y que es muy diferente de la que supone cualquier asesinato. En el primer caso, el juicio (ético, jurídico) queda suspendido; en el otro, está escrito con todas las letras. Las víctimas no son equivalentes.

Pero el negacionismo es un vicio conceptual difícil de erradicar, tanto en el seno mismo de las familias como en el discurso público. Pero hay que hacerlo, por ellos y por nosotros.