sábado, 2 de mayo de 2026

Diario de un profesor

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Enrique, en quien pienso cada día, diseñó una carrera universitaria de Letras. ¿Cómo no iba yo a hacer lo mismo, siguiendo sus pasos, estando a su sombra?

La carrera de Letras que diseñamos tiene como antecedente una larga experiencia pedagógica, que nunca se dejó aplastar por los imperativos burocrácticos de la Institución. Inventar, inventar. "O inventamos, o erramos". "La imaginación al poder".

Yo he dado clases. Yo he pensado en la formación literaria, en la formación humanística. Yo escribo, yo leo, yo enseño, yo edité, yo juego con las inteligencias artificiales. El plan de la carrera que diseñamos tiene incrustados pedazos de mi vida. 

Sin quererlo, como el arquero zen, dimos en el blanco. Propusimos una licenciatura en un área geográfica donde no había ninguna y donde pululan los profesorados, con ese equívoco tan escolástico de que una cosa es el saber en sí y otra cosa es el saber aplicado a la pedagogía, como si la única razón de ser del saber no fuera el don, pasarlo a otro, a otra, dejarlo que lo lleven lejos, a donde uno no ha podido llegar.

El plan se armó en una hora, en dos, fue instantáneo, estaba allí, esperando que alguien lo desovillara. Luego hubo que armar rondas de consultas. Nos dijeron: esto sí, esto no. Nos recomendaron, nos sugirieron. El plan se fue modificando. Después llegó el turno no de los escolásticos sino de los burócratas, la adaptación de una idea, una emoción, un sentimiento, una hipótesis de futuro (para la patria, para la humanidad) a las planillas de cálculo, a las dimensiones manejables de las horas y de los créditos. El plan siguió cambiando, pero nunca perdió su potencia. Era (es) como una persona que se prueba diferentes maquillajes, que no tiene prejuicios vestimentarios, que le da lo mismo tal prenda o tal otra porque, como sabemos por Simón Rodríguez, la situación pedagógica nos pone al desnudo.

¿Qué tiene nuestra carrera que no tiene ninguna otra en el mundo? Tiene incrustado un programa de edición, un programa de humanidades digitales, un programa de pedagogía y un programa de prácticas de escritura (escupo al piso cada vez que escucho decir "escritura creativa").

Pero todavía más, supone una fiesta permanente alrededor de los objetos que se van presentando. Voy a las clases que no doy yo, porque la clase sigue siendo "el lugar de todos los intercambios". Me vuelve loco estar en un aula y no poder hablar. Así que hablo. Y me vuelvo todavía más loca cuando escucho las intervenciones cortantes como un cuchillo nuevo, agudas como una nota de castrato, de las estudiantes. 

¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Por qué nos acompañan? ¿Qué quieren?

En una clase de teoría literaria, están examinando la noción de "legibilidad". Un escritor publicado interviene diciendo que él ha leído una tesis sobre Artaud, en francés (aclara) y que allí se hablaba de "lisibilité". Todas nos cagamos de risa, por diferentes razones pero sobre todo porque: ¿qué umbral de discusión supone esa intervención en una universidad del conurbano? Yo me río más, porque conozco la francofilia de quien dicta la materia y me doy cuenta de que, por vías casi mágicas, el escritor publicado dio en la tecla, en la clave del curso.

Otro chico, muy joven, que ocupa las primeras filas con esa típica ansiedad del reconocimiento (que por supuesto le daremos siempre) pregunta: "¿Y qué pasa en el caso de una lengua que no entiende nadie?" Desde mi lugar, le digo: "eso es muy lindo" y en la pausa me le acerco y le digo: "En relación con lo que dijiste, ¿cuál es esa lengua, que en realidad existe, que nadie puede entender?". Piensa, titubea, me dice: "no sé". "La lengua de Dios", le digo. Me contesta: "claro, Borges".

Mi carrera es lo más.

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1 comentario:

  1. Ay qué belleza por favor. Qué LINDO todo lo que contás. Sos lindo, estás metido en una empresa bellísima, lindos los estudiantes, linda la pregunta, lindo el remate. Lindísimas tus fichitas tan prolijitas que mostraste en otro post. Toda una carrera de Letras para terminar diciendo qué lindo, cómo me gusta. Pero en serio, me pone muy conenta, así "hello Kitty" como suena. El país sigue yéndose por el tobogán pero ESTO sigue siendo cada vez mejor. Sé que es muchísimo trabajo, pero que lo disfruten. Te quiero.

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