viernes, 31 de diciembre de 2004

Una nueva noche fría

Voces solo voces como ecos
como atroces chistes sin gracia
hace mucho tiempo escucho voces
y ni una palabra.

Y mis ojos maltratados
se refugian en la nada
y se cansan de ver
un monton de caras y ni una mirada.

Una nueva noche fria
en el barrio los presos
se llenan los bolsillos
las calles son nuestras
aunque el tiempo diga lo contrario

Y los sueños no soñados
ya se amargan la garganta
y se callan
y eso casi siempre o siempre les encanta.

Van quedando pocas sonrisas,
prisioneros de esta carcel de tiza
se apagó el sentido
se encendió un silencio de misa.

Menos horas en la vida
más respuestas a una causa perdida
de por qué los sentimientos
vuelven con el día.

Solo como un pajaro que vuela en la noche
libre de vos pero no de mí
vacio como el sueño de una gorra lleno de nada,
sin saber donde ir.

Duro como muerto en su tumba
que murio de miedo
por el valor de vivir.

Las nubes no son de algodones,
y las depresiones son maldiciones.
Te va distrayendo, te enrosca, te lleva y te come.
Te lastima y no perdona, y en algun lugar te roba la cara,
la sonrisa, la esperanza, la fe en las personas.

Solo como un pajaro que vuela en la noche
libre de vos pero no de mí
vacio como el sueño de una gorra lleno de nada,
sin saber donde ir.
Duro como muerto en su tumba
que murio de miedo
por el valor de vivir.

® Callejeros

Comunicado de prensa

Ibarra es responsable
En Once hubo un asesinato

La tragedia vivida en el boliche de Once, con su lamentable saldo de centenares de muertos y heridos, podía haberse evitado. Sólo era necesario que la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires hubiese implementado los controles de seguridad necesarios, acordes a un evento de más 5000 personas.

Aníbal Ibarra ha dicho que la Municipalidad había realizado todos los controles correspondientes y que la responsabilidad de la tragedia recae únicamente en los dueños del local. Pero la realidad desmiente los dichos del Intendente de la Ciudad de Buenos Aires.

El público presente superaba la capacidad del local. Testigos presenciales señalaron que en el recital había más de 6000 personas cuando la capacidad del local tenía un tope de 4000. Las puertas de emergencia del local estaban cerradas con alambre y candados, dejando abiertas sólo pequeñas puertas de salida, incapaces de evacuar rápidamente al público presente. Funcionaba en el local una guardería para los chicos y había una gran presencia de menores, violando la legislación vigente. Por último, se permitió en un local cerrado y con las puertas de emergencia cerradas el ingreso de pirotecnia y bengalas, que fueron las que desencadenaron el incendio.

Cuando Aníbal Ibarra declara que el local tenía la autorización correspondiente se acusa a si mismo. ¿Cómo puede ser que se haya autorizado el funcionamiento de un local con guarderías clandestinas, con puertas de seguridad cerradas con candados? ¿Cómo puede ser que dada la envergadura del evento no se hagan presentes en el lugar inspectores de la municipalidad para controlar que el ingreso de público no supere la capacidad del local, la presencia de menores, el funcionamiento de los mecanismos elementales de seguridad?

El relato de los hechos deja en claro que existe una complicidad entre el gobierno municipal y los dueños del local, cuya única finalidad es incrementar sus ganancias a costa de la vida de miles y miles de jóvenes.

Nuevamente la juventud es la principal víctima de un régimen corrupto y asesino.

Luego de más de 6 años de gobierno Aníbal Ibarra se demuestra incapaz de custodiar la seguridad más elemental que reclama la vida de la juventud. Tiene que renunciar.

El Partido Obrero exige el juicio y castigo a los responsables de la tragedia, tanto de los dueños del local, ligados al aparato justicialista de San Martín, como de los funcionarios municipales responsables de controlar la seguridad del local. Desde ya nos ponemos a disposición para realizar una movilización general, necesaria para evitar que prospere la cadena de encubrimientos que dejará este brutal crimen impune.

PARTIDO OBRERO 31/12/04
La última ola (new wave, Los Callejeros, Chabán) atacó también Plaza Once, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Cerca de 200 muertos. 700 heridos.

Recuerdos del cosmobolitismo (o los riesgos de ir a bailar en lugares cerrados)

Recuerdos del cosmobolitismo

POR DANIEL LINK

(publicado en Radar, suplemento de ocios y estilos de Página/12, el 27 de mayo de 2001, subrayados agregados el 31.12.2004)

Cerró Morocco. Tenemos derecho a ponernos sentimentales sobre todo porque el sentimiento que, como se dice, nos embarga, no es tanto la melancolía -por la pérdida de uno de los pocos locales danzantes de Buenos Aires donde siempre (léase: siempre) reinó la felicidad- sino lisa, y llanamente, el miedo. La última noche de Morocco (el pasado sábado 19) terminó con gases lacrimógenos, patrulleros, ambulancias, obreros trabajando, travestis con los tacos rotos y el maquillaje corrido, mujeres cincuentonas descompuestas, níveas adolescentes y jóvenes de ojos glaucos con las miradas irisadas de frustración y calles cortadas. Paradojas argentinas: nunca hasta esa noche pudo verse tanta gente haciendo cola para entrar a Morocco, aun después de que los despavoridos bailarines hubieron abandonado el sótano donde se produjo el atentado. Nadie quería dejar su lugar en esa cola absurda (a esa altura de la noche y de los acontecimientos), como si el anuncio de que cerraba ese "parque temático de la modernidad" hubiera servido para recordar a tanta gente que ésa era la última noche de una época.Y si hacía falta que algo sucediera para que ese baile de clausura no se pareciera a una liquidación de fin de temporada o al mero fracaso de un quiosquito -pero que no haya en Buenos Aires mercado para sostener algo como Morocco es ya una señal de alarma sobre los tiempos que se avecinan-, eso (lo que siempre temimos que pudiera suceder pero que nunca, nunca había sucedido) pasó: gas lacrimógeno en un sótano atestado de personas bailando, travestis atravesadas en las escaleras, la calle Hipólito Yrigoyen destripada como por efecto de una bomba neutrónica: una escenografía de distopía futurista. En noviembre de 2000, Morocco había cumplido siete años, a lo largo de los cuales impuso un estilo en la noche de Buenos Aires. Mientras en el piso de arriba se sucedían con frenesí el tango, el merengue, la salsa y la cumbia como una invitación al tacto, al olfato y al gusto, abajo sonaban -en una de las más hermosas pistas de baile, con el techo abarrotado de pequeñas bolas de espejo- todas las variedades de música electrónica: Romina Cohn, Dany Nijensohn, Dr. Trincado, Carla Tintoré y Diego Ro-k volvieron célebre en el mundo entero la pista de Morocco, al tiempo que ellos mismos crecían hasta convertirse en los mejores DJs argentinos. Entre los extranjeros que amenizaron las veladas de Morocco se pueden nombrar a Herbert, los Pan Sonic, Michael Mayer, Laurent Garnier, DJ Hell, Eric d Clark y Angel Molina, pero seguramente la lista es mucho más larga. Recitales de Charly, Fito, Leo, Flor de Piedra o Antonio Ríos, la Revista de Morocco, La moribunda de Urdapilleta y Tortonese, charlas de Escohotado sobre consumo de drogas, shows de transformistas, tragos con complejos vitamínicos, fiestas "ideológicas" de Agencia de Viajes: todo cabía en la imaginación de Diana Ruibal, superviviente de la "Primera Junta" de Morocco, integrada en aquellos primeros tiempos -cuando las paredes de la discoteca estaban engalanadas por una colección de banderines de los diferentes clubes de fútbol argentinos, colgada por Sergio Lacroix, y el restaurante-salsódromo era una creación de Sergio De Loof- también por Alaska y otros socios. Hacia las dos y media de la mañana de ese domingo infausto, Romina Cohn pasó uno de sus mejores sets. Después fue el turno de Trincado, que arrancó con un viejo tema de All That Jazz, "After You've Gone", y siguió con una batería capaz de conmover (si hubiera hecho falta) a las piedras. Trincado sabe hacer bailar como pocos en el mundo, pero tuvo que competir con ese humo que él no había programado y cuyo olor picante y nauseabundo la mayoría reconoció de inmediato. Entonces, por primera vez en la historia, la gente abandonó la pista de Trincado. Afuera, en la calle cortada, los obreros no dejaron de trabajar ni levantaron las vallas. Los patrulleros y las ambulancias entraban a contramano por Hipólito Yrigoyen porque en la esquina de Tacuarí una mezcladora les vedaba el paso. Los tacos altos y las pelucas rubias se mezclaron con los uniformes, pasó un señor en bicicleta, vestido con shorts y buzo de lamé plateado, y los que todavía esperaban algo de la noche iban y venían como si algo los llamara a una esquina u otra. Y todavía seguía llegando gente. Morocco se parecía mucho a una Argentina utópica (a una nave lanzada hacia el futuro del mundo), donde todas las tribus podían encontrar su lugar en el mundo y donde las más exquisitas cruzas y figuras híbridas podían darse cita. En Morocco (con Morocco), uno podía sentirse seguro, interpelado, feliz, cosmobolita (el cosmopolitismo tercermundista al que podemos aspirar). Pero con esa fiesta de clausura, la utopía ya había sido cancelada. Lo que vendrá (y que ya se anuncia en las tapas de las revistas) no necesita de Morocco ni de disfraces exóticos ni de cohabitaciones aberrantes. Lo que vendrá abomina de las mezclas, la diferencia, la intensidad y la tolerancia. Y a ese porvenir -que es la causa retrospectiva de que Morocco cierre como si se tratara de un culto herético, clandestino y al margen de la Ley-, cómo no tenerle miedo. A las cuatro y media de la mañana, entre Tacuarí y la 9 de Julio, una topadora llenaba de tierra las zanjas en Hipólito Yrigoyen. Estaban enterrando una época.

jueves, 30 de diciembre de 2004

Anoche...

velada encantadora. Para festejar el cumpleaños de S., comimos en la Costanera Sur. Después, en grupo, pasamos por La Marshall y milongueamos un rato. Terminamos, los poco que supimos mantenernos en pie, jugando a los dados en La Academia. Gané, claro que sí: una generala servida de 5, en el momento decisivo.

miércoles, 29 de diciembre de 2004

Indecoroso

Hace un tiempo, como puede leerse aquí, Mme. Oswalda me retó por haber posado indecorosamente con una estatua. Miles de manos, sin embargo, anduvieron sobando las partes de Giulietta en Verona y de Victor Noir en París y la mojigata nunca dijo nada...

Sociales

Una revista de cultura que presume de fina (y cuyo nombre callaré para evitar represalias posteriores) me envía una salutación de fin de año completamente indelicada: en el jpg urdido por una mente destemplada se agradece a lectores, amigos y anunciantes por igual. ¿Según qué criterio caben en la misma bolsa los amigos, los lectores y los anunciantes? Francamente, hay que ser careta y tarambana (y tener mala conciencia y una concepción de las intervenciones culturales completamente obediente de las reglas de la mercadotecnia) para cometer un error semejante. Bastaba con diseñar dos mensajes distintos y enviarlos a diferentes listas. Suelo contestar todos los mensajes (¡Gracias! ¡Igualmente!), porque no me cuesta nada, pero a éste directamente lo borré sin miramientos. ¡Qué gentuza!

Perfiles

Los diarios anuncian la muerte de Susan Sontag, a los 71 años. Ninguno consideró necesario gastar un centavo en una buena foto (por ejemplo ésta, de Annie Lebovitz) y nadie se quedó sin dormir para escribir un obituario que se saliera de lo meramente protocolar. En La Nación la recuerda Luisa Valenzuela. En Página/12 , también (además de Graciela Speranza, Graciela Gliemmo y Tomás Abraham), en Clarín , Márgara Averbach.


Tsunami

No hay que subestimar los poderes de la naturaleza, pero no son los más aterradores. Cien mil muertos, dicen. La mayoría de ellos, no nos engañemos, porque vivían en condiciones miserables. Hoy, en la tele, el testimonio de un argentino que estaba en un Resort polinesio. La ola llegó hasta el segundo piso, pero ellos ya estaban en el tercero (la mujer incluso tuvo tiempo de agarrar la cartera y él de buscar los pasaportes en la caja de seguridad de la habitación). Mucho más grave que el furor de Gea es el escándalo de la desigualdad. Sin ir más lejos, yo tengo el clima completamente controlado con el weather channel. El mundo es triste, cada vez más, y nadie parece querer hacer nada para cambiarlo.

martes, 28 de diciembre de 2004

Para acabar de una vez por todas con Word

por Richard Stallman

¿No es odioso recibir documentos de Word en mensajes de correo electrónico? Los archivos adjuntos en formato Word son molestos, pero, peor que eso, impiden que la gente se pase al software libre. Quizás podamos detener esta práctica mediante un sencillo esfuerzo colectivo. Todo lo que debemos hacer es pedirle a cada persona que nos envía un archivo en Word, que reconsidere esa manera de hacer las cosas.
La mayoría de los usuarios de computadoras utiliza Microsoft Word. Eso es desafortunado para ellos, ya que Word es software privativo, niega a sus usuarios la libertad de estudiarlo, cambiarlo, copiarlo y redistribuirlo. Y como Microsoft modifica el formato con cada nueva versión, sus usuarios están encerrados en un sistema que los insta a comprar cada actualización, ya sea que necesiten un cambio o no. Hasta pueden encontrarse conque, dentro de varios años, los documentos que están escribiendo este año ya no podrán ser leídos con la versión que utilicen entonces.
Pero nos duele, también, cuando suponen que usamos Word y nos envían (o nos exigen que les enviemos) documentos en formato Word. Algunas personas publican documentos en formato Word. Algunas organizaciones sólo aceptan archivos en formato Word: alguien que conozco no pudo presentarse a un trabajo porque las solicitudes tenían que ser archivos de Word. Hasta los gobiernos a veces imponen el uso del formato Word al público, lo cual es verdaderamente ultrajante.
Para nosotros, usuarios de sistemas operativos libres, recibir documentos de Word es una contrariedad. Pero el peor impacto de enviar formato Word recae sobre la gente que podría pasarse a sistemas libres: ellos dudan porque sienten que deberán tener un Word disponible para leer los archivos Word que reciban. La práctica de usar el formato secreto Word para intercambio coarta el crecimiento de nuestra comunidad y la diseminación de la libertad. Si bien notamos la molestia ocasional de recibir un documento de Word, este daño continuo y persistente a nuestra comunidad usualmente no nos llama la atención. Pero ocurre todo el tiempo.
Muchos usuarios de GNU que reciben documentos de Word buscan el modo de vérselas con ellos. Puedes arreglártelas para descubrir el texto ASCII, algo ofuscado, examinando el archivo. Ahora hay software libre capaz de leer cierto subconjunto de documentos de Word. El formato es secreto y no ha sido enteramente decodificado; en tanto Microsoft siga cambiando el formato, no podremos esperar que estos programas sean perfectos.
Si crees que el documento que recibiste es un evento aislado, es natural intentar solucionar el problema por tu cuenta. Pero cuando lo reconoces como una instancia de una práctica sistemática perniciosa, necesitas un abordaje diferente. Arreglártelas para leer el archivo es tratar un síntoma de una enfermedad crónica. Para curar la enfermedad, debemos convencer a las personas de que no envíen o publiquen documentos de Word.
Durante alrededor de un año, acostumbré responder a los archivos adjuntos de Word con un mensaje amable explicando por qué la práctica de enviar archivos de Word es algo malo, y pidiéndole a la persona que me reenvíe el material en un formato no secreto. Esto es mucho menos trabajoso que intentar leer el ofuscado texto ASCII en el archivo Word. Y encuentro que la gente usualmente entiende la cuestión, y muchos dicen que no volverán a enviar archivos de Word a otros.
Si todos hacemos esto, lograremos un efecto mucho mayor. La gente que ignora un pedido amable puede modificar su práctica cuando reciba múltiples pedidos amables de varias personas. Podemos ser capaces de dar al "no envíe formato Word" el estatus de netiquette, si comenzamos a exponer la cuestión sistemáticamente a cada uno que nos envía archivos de Word.
Para que este esfuerzo sea eficiente, probablemente querrás elaborar una respuesta enlatada que puedas enviar rápidamente cada vez que sea necesario. He incluido dos ejemplos: la versión que estuve usando recientemente, seguida de una nueva versión que enseña a un usuario de Word cómo convertir a otros formatos útiles.
Puedes usar estas respuestas literalmente si quieres, o puedes personalizarlas o escribir las tuyas propias. Sobre todo construye una respuesta acorde a tus ideas y a tu personalidad (si las respuestas son personales y no todas iguales, eso hará que la campaña sea más efectiva).
Estas respuestas están destinadas a individuos que envían archivos de Word. Cuando encuentras una organización que impone el uso del formato Word, eso exige un tipo diferente de respuesta; ahí puedes alzar cuestiones de justicia que no se aplicarían en un caso de accionar individual.
Dado el tamaño de nuestra comunidad, con sólo pedir, podemos hacer la diferencia.

Usted envió el archivo adjunto en formato Microsoft Word, un formato privativo y secreto, por lo que yo no puedo leerlo. Si Usted me envía el texto puro, HTML o PDF, entonces yo podré leerlo.
Enviar a la gente documentos en formato Word tiene efectos perniciosos, porque esta práctica los insta a utilizar software de Microsoft. En efecto, Usted se convierte en un sostén del monopolio de Microsoft. Este problema específico es un gran obstáculo a la adopción más amplia de GNU/Linux. ¿Podría, por favor, reconsiderar el uso del formato Word en la comunicación con otras personas?


Usted ha enviado el archivo adjunto en formato Microsoft Word, un formato privativo y secreto, por lo que me resulta difícil de leer. Si Usted me envía texto puro, HTML o PDF, entonces podré leerlo.
Distribuir documentos en formato Word es malo para Usted y para otros. Usted no puede asegurarse de que se verán igual si alguien utiliza otra versión de Word; hasta puede resultar imposible abrirlos.
Recibir archivos adjuntos en Word es malo para Usted porque pueden acarrear virus (ver http://www.symantec.com/avcenter/venc/data/acro.html). Enviar archivos adjuntos en Word es malo para Usted porque un documento de Word normalmente contiene información oculta acerca del autor, permitiendo que sean espiadas las actividades del autor (acaso las de Usted). Texto que Usted creyó haber borrado puede permanecer embarazosamente presente. Ver http://www.microsystems.com/Shares_Well.htm para más información.
Pero sobre todo, enviar documentos de Word a las personas las insta a utilizar software de Microsoft y ayuda a negarles cualquier otra opción. In efecto, Usted se convierte en un sostén del monopolio Microsoft. Esta presión es un gran obstáculo contra la adopción más amplia de software libre. ¿Podría, por favor, reconsiderar el uso del formato Word en la comunicación con otras personas?

Convertir el archivo a HTML es simple. Abra el documento, haga click en Archivo, después en Guardar como, y, en la opción Guardar como tipo, en la parte inferior de la ventana, elija Documento HTML o Página Web. Después elija Guardar. Entonces Usted puede adjuntar el nuevo documento HTML en vez de su documento Word. Note que Word cambia de manera inconsistente (los nombres de los ítems en sus menús pueden ser ligeramente diferentes, por favor intente con ellos).
Convertir a texto puro es casi lo mismo (en vez de Documento HTML, elija Sólo texto o Documento de texto en la opción Guardar como tipo).


Este es otro enfoque, sugerido por Bob Chassell. Requiere editarlo para el ejemplo específico, y supone que tienes un modo de extraer los contenidos y ver cuánto pesan.

Estoy intrigado. ¿Por qué has elegido enviarme 876.377 bytes en tu último mensaje cuando el contenido es de sólo 27.133 bytes?
Me has enviado cinco archivos en el formato no estándar, inflado, .doc que es un secreto de Microsoft, en lugar del formato internacional, público y más eficiente, el texto puro.
Microsoft puede (y lo hizo recientemente en Kenia y Brasil) hacer que la policía local fuerce el cumplimiento de leyes que prohiben a los estudiantes estudiar el código, prohiben a los emprendedores iniciar nuevas compañías, y prohiben a los profesionales ofrecer sus servicios. Por favor, no les des tu apoyo.


Copyright © 2002 Richard M. Stallman
El copiado exacto y la distribución de este artículo completo se autorizan sin cargo, en cualquier medio, siempre que la nota del copyright y esta nota se conserven.

Verano del 59



Ella, una de las mujeres más lindas de la historia del cine, una belleza pesada que ha conocido todos los excesos, está sentada en un bar de mala muerte en una playa seguramente latinoamericana, como si estuviera en alguna piazza esperando su capuchino, perdida, ignorante de lo que sucede, sin saber la profundidad moral de su hundimiento. La acompaña un hombre. O mejor dicho: ella acompaña a un hombre. Su trabajo es acompañarlo y -lo sabremos al final de la truculenta pieza de Tennessee Williams Súbitamente el último verano- servirle de pantalla para sus cacerías homosexuales. Presa como está de una vida falsa, ella no ve las manos de la miseria, pidiendo (reclamando) detrás de una alambrada. Elige no mirar esos cuerpos deshechos de rencor, pero no puede no oírlos gritar, aunque no los comprenda. Hay una tensión en su cara y en la mano apoyada sobre su pecho y esa tensión expresa como ningún otro signo los dramas de la conciencia que el Arte del siglo xx utilizó como motor. De algún modo, ella comienza a comprender el papel que juega en la tragedia de ese hombre, hasta dónde sería capaz él de llegar para satisfacer sus apetitos y el valor de un par de monedas en un país subdesarrollado. Lo que ninguno de los dos ha calculado -es 1959, y Súbitamente el último verano comparte estrellato fotográfico con el ascendente Fidel Castro- es el furor de esos cuerpos al borde de la humanidad, fuera de cuadro. Esos que terminarán por matar al hombre a pedradas y devorarán sus restos, en un acto que relaciona canibalismo, lucha de clases y deseo tan melodramáticamente como ninguno de los herederos de la imaginación barroca y el extraño sentido del humor de Tennessee Williams -Almodóvar, Fassbinder- se hubieran atrevido a postular. La tragedia envuelve a esa mujer atrapada en una red de mentiras ajenas. El pecado de todos los personajes involucrados en el drama es precisamente la frivolidad: haber quedado presos en un sistema de convenciones ajenas, de los otros. Sólo un milagro (la verdad) salvará a la bella de la cárcel o la lobotomía. A los otros, no los salva ni Castro.

Un poema viejo

Bahía Blanca

Este poema integra el ciclo Psicopatologías. Durante tres fines de semana coordiné en Bahía Blanca un taller para poetas. Uno de los ejercicios que propuse a los participantes fue que escribieran un poema que se llamara "Bahía Blanca". Ésta es mi propia respuesta a esa consigna. Robé, de sus versiones, algunas imágenes recurrentes.

Para Pamela

La última vez, antes de ahora,
Fue en Berlín.
Perdoname Pablo, fue en Berlín.
Íbamos
vos y yo,
Muertos de frío y de desesperanza
Por las calles de Kreuzberg,
Ansiando un vino tinto, una emoción argentina,
El íntimo cuchillo en la garganta.
Y oímos, detrás de una cortina espesa de mugre
-empezaba el año noventa y tres, y fue en Berlín-
La presentación de Sonia (o Isabel, o Sandra, o a lo mejor Susana)
Que iba a cantar para un grupo de
Ensimismados borrachos alemanes y turcos
Canciones del otro lado del Atlántico,
El nuestro,
La zamba de la esperanza
Que no teníamos entonces ni tenemos ahora.

Muertos de frío entramos, esperamos, escuchamos
La trama tramposa del los mohines impostados
Y vimos el maquillaje enfático,
La estupidez de los borrachos alemanes y turcos,
El espectáculo muerto de hambre,
Apenas sostenido por un exotismo alimentado
A fuerza de alcohol, desesperanza y frío.

Hacernos invitar a su hotelucho fue fácil.
Miraste cómo hacía lo que yo quería,
Lo que estaba mandado que yo hiciera
Con Sonia (Isabel, Sandra, o Susana).
Me hiciste prometer que nunca más,
Pablo
(¡perdoname, perdoname!).
Fue la última vez,
Antes de Bahía Blanca,
En un hotelito siniestro de Kreuzberg
Que me embriagaba sólo con el olor a gas lacrimógeno
Y el ruido de sirenas policiales
Que entraba por la ventana de doble vidrio,
Cerrada como estaba.
Isabel, o Sandra, o Sonia, apenas se quejó.
No sé si fue feliz.
La dejamos desnuda, abierta en dos,
Sobre la cama.
Y te prometí que nunca más, Pablo,
Nunca más.
"La cadena", ordenaste, "tiene que cortarse".

Pero ocho años después de Hamburgo,
Praga, Berlín, Madrid, Asunción y Bogotá,
Llegué a Bahía Blanca solo
Con una misión secreta
Que el Ministerio de Aguas
me había encomendado.
"Bahía Blanca se pudre por dentro", me dijeron.
"Fijate cómo resolverlo", me ordenaron.
Y vine a esta ciudad que se pudre por dentro.
Y el destino y el frío, y la desesperanza
Me pusieron delante de otra cortina espesa de mugre,
Estupidez, maquillaje enfático, alcohol,
Tramas tramposas, aburrimiento y frío.
Entré con mi cajita del vicio
En el bolsillo interior de la campera:
Droga, guante de látex,
Hilo de nylon,
Banditas elásticas,
El cortaplumas suizo que me regalaste.
¡Perdoname, perdoname!
"La cadena
Tiene
Que cortarse".

Pamela habló, bailó, fingió cantar.
Excitó la parte sepultada de mí
Después de Kreuzberg, Praga, Berlín y Bogotá.
Fue fácil que me invitara
A su departamento siniestro
Que me embriagó con su olor a cloro industrial y pis de gato.
Respondió a mis reclamos eróticos.
Excité su deseo de aventuras
(para ella, yo era un exótico extranjero
venido del otro lado del Atlántico).
No sé si era feliz.
Ronronee en su oído,
Con mi mejor voz,
Palpando la cajita del vicio
En el bolsillo interior de mi campera.
"Vas a ser mi puta",
"Voy a hacerte todo lo que quiero,
lo que estoy mandado a hacerte,
lo que nadie te hizo".
Sus lentillas de colores
Quedaron sobre la mesa.
Mientras las drogas empezaban a afectarnos
Pamela se desnudaba para mí.
"Así, putita".
Casi toda desnuda, me ofreció sus glúteos
Podridos por dentro,
Con ese olor a cloro industrial y pis de gato
Que me afiebró de entrada
Y que yo estaba obligado a resolver.
Su vocabulario era tan limitado
Como el de Kreuzberg, Hamburgo o Bogotá.
Le expliqué lo que era "perineo".
Busqué su perineo, lo acaricie,
Le prometí la lengua,
El goce inaudito,
Toda la zamba de la esperanza
Que ansiaba que alguien le ofreciera.

Pamela se acostó boca abajo,
Ofreciéndome sus glúteos enfáticos,
Su estupidez, su trama tramposa.
Le dije que no.
"Date vuelta putita, quiero verte la cara".
El hilo de nylon en sus muñecas,
El cortaplumas suizo en mis manos de látex
Enguantadas.
"Ahora voy a desnudarme"
Ronronee en su oído espeso de mugre
Y podrido por dentro.
Su excitación apenas toleraba
(¡Perdoname, Pablo,
Perdoname!)
las aspiraciones a las que la sometía.
"Pamela,
voy a hacerte lo que nunca
nadie te hizo".
Até sus testículos almendrados
con una banda elástica.
Tres vueltas y la circulación sanguínea se detuvo.
"Vas a ser mi puta"
Mientras lubricaba con su saliva y mis dedos de látex
Su escaso vocabulario, su estupidez, su perineo.

La ablación de testículos es un juego de niños.
Una incisión en el escroto,
Un corte rápido en los conductos espermáticos.
Tu cortaplumas suizo, Pablo, ¡perdoname!,
Hizo todo el trabajo por mí.
Pamela casi disfrutaba.
Se asustó cuando le mostré lo que le había cortado,
Esas almendritas podridas por dentro
Que hubiera preferido no cargar a lo ancho del mundo.
"Y ahora voy a trabajar tu perineo"
Ronronee en su oído mientras ponía contra su boca
El algodón empapado de drogas.
El cortaplumas suizo trazó una raya de sangre.
Seguí cortando, tallé los labios mayores
Con la piel ensangrentada de su perineo.
Seguí cortando detrás del cuerpo cavernoso:
Músculos, carne, Pamela, mi amor,
Le hice todo lo que estaba llamado a resolver.
No perdió la conciencia ni el vocabulario limitado.
Pálida, se desangraba.
Yo no podía más de excitación, estaba en riesgo.
Una gota invisible de esperma hubiera bastado
Para el examen de ADN.
"Pamela, mi puta"
Ronronee en su oído
"Vas a morir como una mujer que sangra ritualmente".
La sangre de su perineo empapaba la cama.
Sus piernas exhaustas se abrían como una bahía.
Su maquillaje enfático corría
En hilos de lágrimas de cloro industrial.
El último tajo hizo volar su arteria por el aire
Y un chorro de sangre dibujó
En la pared miserable de su cuarto
Un Jackson Pollock.

Me vestí y salí en silencio.
Pamela iba a morirse de ritual, sin sangre, una hora después.
Para la ciudad que se pudría por dentro,
Yo era un extranjero del otro lado del Atlántico.
Y había traicionado una promesa.
¡Perdón, Pablo, perdón!
Ansiaba la patria,
El íntimo cuchillo en la garganta,
Y una orden confusa me obligó a olvidarme
De Kreuzberg, Bogotá
Y el reclamo que había aceptado de tu boca:
La cadena tenía que cortarse.
Pero ahora sigue, y va a seguir.
Me voy de esta ciudad que se pudre por dentro.
Mi informe va a decir:
"Bahía Blanca se pudre por dentro.
Busqué en sus profundidades las razones del
Olor a cloro industrial y pis de gato.
Pero a decir verdad,
No pude averiguar la causa".
Fuera de informe: el frío que sentí,
Y la desesperanza,
Y la cajita del vicio.
Perdón, Pablo, perdón.
Ando, furtivo, por Recife.
Salí a caminar con la cajita del vicio
En el bolsillo interior de la campera.
Tarareo, sí, la zamba de la esperanza.
La cadena tendría que cortarse.

Bahía Blanca, agosto de 2001

lunes, 27 de diciembre de 2004

Citaciones

En Cómo se escribe una tesis, Umberto Eco incluye un apartado sobre "Cómo evitar ser explotado por el director de tesis". Le faltó agregar un apartado sobre "Cómo evitar ser explotado por el tesista". Leo un informe de investigación de uno de mis tutelados. Hay párrafos enteros que sólo pueden salir de mis clases publicadas. Leo un artículo de otro, del cual podría decir lo mismo (no, miento: aquí incluso aparecen párrafos que he publicado en diarios y revistas). En ninguno de los dos casos, por supuesto, aparezco citado.
Lo único que me importa es la indelicadeza del gesto porque, por otro lado, soy de los que repiten cada tanto la frase "Qué importa quién habla". Y además no es tampoco agradable andar controlando la fidelidad de las interpretaciones ni el centimetraje que se nos dedica. Cuando yo era joven, me parece (o mistifico), me interesaba sobre todo indicar con los nombres propios que citaba la tradición crítica en la cual quería inscribirme (o pensaba, temerariamente, que podía inscribirme). Parece que hoy no: lo que importa son los protocolos burocráticos de la investigación y quedar bien con los evaluadores...
Por eso me resulta siempre paradójico que tanto en la carrera docente como en la de investigación insistan con la importancia de la "formación de recursos humanos". No hace falta el tutelaje de uno para que anden llevando nuestra palabra lejos, bien lejos (y aún contra nuestra voluntad: eso es el Rapto y eso también es el Don), como siempre quisimos que sucediera.

Absurdo

Según el Manifiesto comunista, la modernidad habría "ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta". Desde una perspectiva teórica e ideológica bien diferente, Max Weber llamó Entzauberung a ese proceso de desencantamiento del mundo: el triunfo de la racionalidad formal o instrumental, que organiza las acciones sociales con arreglo a fines, supone la pérdida de valores.
Abrevando en ambas tradiciones, la Escuela de Frankfurt no hizo sino plantear un análisis de las nuevas realidades históricas derivadas de ese progresivo triunfo del cálculo: el autoritarismo, la transformación de los conflictos sociales en las sociedades altamente industrializadas, la cultura de masas.
Las sucesivas transformaciones culturales que dieron forma al siglo XX no hicieron sino potenciar la necesidad de integrar al examen crítico de las transformaciones culturales (se trate de la subjetividad política, el universo del trabajo, el ocio, los modos de relación social o las tecnologías de la reproducción) con una teoría del valor: la ontología del presente no puede, sin riesgo, autonomizarse de una axiología.
La aceleración de la historia hacia fines del siglo XX y las violentas transformaciones que marcaron el pasaje de una época a otra volvieron imprescindible la elaboración de una teoría axiológica coherente y lo suficientemente amplia como para poner en conexión la múltiple expresión de los valores. La relación que guardan los valores con problemas globales (con el mercado, con la tolerancia política, con el desarrollo de la ciencia, etc.) no ha dejado de ser interrogada por los investigadores de las últimas generaciones (en la línea inaugurada por Marx o en la estela de Weber).
En todo caso, hoy se ha vuelto imposible sostener el reduccionismo que desvinculaba los procesos de modernización tecnológica de los contenidos de naturaleza originariamente social, analítico-social o económico-crítica. Una modernización centrada en una lógica puramente tecnológica, que piense que ha alcanzado el final de la metamorfosis de las formas sociales, a través de la economía de mercado o de las formas actuales de democracia, se descalifica a sí misma.
Como ha señalado Robert Kurz (Marx Lesen. Frankfurt, Eichborn, 2001), la aparente racionalidad de la modernidad sólo representa, en cierto modo, la racionalidad interior de un sistema absurdo objetivado: una especie de creencia secularizada en cosas que se manifiesta en el generalizado sistema de producción de mercancías, de sus crisis y sus consecuencias destructivas para el ser humano y la naturaleza. En la autonomización de esferas propia de la modernidad, la lógica del dinero se opone a los seres humanos, a su propia sociabilidad, al mundo entero de los valores, como un poder extraño y exterior.
El escándalo actual consiste en que esa fantasmagórica y destructiva autonomización de las cosas muertas tomó la forma de la obviedad axiomática. Y ese escándalo se duplicó en las agudas crisis institucionales que esa autonomización desencadenó (como el "caso argentino" no hizo sino plantear dramáticamente).

domingo, 26 de diciembre de 2004

Social & Familiar

Escribo sólo para decir que sobreviví a otra navidad. Lo que no significa demasiado, porque lo peor será el "balance de fin de año". Ahora empiezo a arrepentirme de no haber programado vacaciones. Otra vez será...

viernes, 24 de diciembre de 2004

Social & Familiar

En un rato salgo a buscar a los chicos para ir a la quinta, donde pasaremos la nochebuena. Parece que va a ser una noche tormentosa. Y mañana amenaza estar igual. Habrá que olvidar los planes de abrir la pileta, poner las luces en el parque e instalar las hamacas y reposeras. En el campo, pero como si no lo estuviéramos... Por supuesto, si verdaderamente llueve todo lo que está previsto (en este momento un viento endemoniado arrastra objetos por las calles y se escuchan portazos y gritos entre la algarabía y el pánico) ni sentido tiene plantearse salir a fiesta alguna de todas las que habrá más tarde. Ayer, S. hizo la cola para comprar el pan dulce de Plaza Mayor. Yo no hubiera sido capaz de tanta tenacidad navideña.

Otra vista desde el balcón. Fotos: Sebastián Freire

Tita Merello asomada a la ventana del rincón de los secretos.
Cocina y vista parcial del rincón de los secretos.
Algunas imágenes de Mar del Plata: vista desde el balcón

jueves, 23 de diciembre de 2004

Pasoliniana

Carta a Franco Farolfi de julio de 1940: "no sé cómo vestirme ni cómo pensar dentro de mí, ni cómo comportarme con los otros; las horas, los sucesos y los hábitos, cosas que querría destruir, vuelven a atraparme en su movimiento".

Carta a Franco Farolfi del invierno de 1941: "he visto un film nórdico: Laila, que une cualidades maravillosas a defectos irremediables. El director es un poeta que no sabe usar la cámara; intuye secuencias bellísimas, y a veces las realiza. El montaje es torpe. En conjunto, el film me ha turbado mucho y ha abierto nuevos pliegues en mi fantasía (sueño con renos, deshielos, fiordos, bramidos de lobos y la vida folklórica de jovencitos que en primavera se adornan con collares y, vestidos con pieles, cantan con voz dulcísima chapoteando con los pies en el luciente fango)".

Carta a Franco Farolfi del otoño de 1941: "En cuanto a las muchachas, las cosas iban maravillosamente con cierta Merina, dactilógrafa, con una rarísima melena rubia natural; esbelta; de buena familia. Cultivé hacia ella una pequeña pasión".

Primer libro (Poesías a Casarsa) en 1943

Carta a Franco Farolfi de la primavera de 1943: "La única filosofía de la que me siento muy próximo es el existencialismo, con su poético (y otra vez muy próximo a mí) concepto de `angustia´y su identificación existencia-filosofía"

Carta a Franco Farolfi del 22 de agosto de 1945: "Confiar un secreto pone en riesgo sobre todo a aquel a quien se lo ha confiado. Si no fuese así, no tendría yo temor en hablar claramente de la podredumbre que he heredado de mis antepasados"

Furor poeticus (en carta a Sergio Maldini del 6 de junio de 1947)

Carta a Franco Farolfi de septiembre de 1948: "para mí ha terminado el período de la vida en la que uno cree que es sabio por haber superado la crisis y satisfecho ciertas terribles necesidades (sexuales) de la adolescencia y la primera juventud. Estoy dispuesto a volver a intentar rehacer mis ilusiones y deseos; soy, definitivamente, un pequeño Villon o un pequeño Rimbaud". "Quizá me mantenga muy parecido al Pier Paolo de aquellos tiempos (siendo mi caso clínico el infantilismo)".

Carta a Gianfranco Contini del 7 de julio de 1949: "Hace tiempo, leí en un diario suizo una columna de Benda que me llenó de remordimiento: allí se decía, en efecto `desde un punto de vista muy pesimista´ que los hombres escriben cartas solamente para pedir, que no existe una correspondencia `pura´"

Carta a Silvana Mauri del 10 de febrero de 1950: "Mi vida futura no será la vida de un profesor universitario: ahora sobre mí se encuentra el signo de Rimbaud o de Campana o de Wilde, lo quiera o no lo quiera, lo acepten los demás o no. Es algo incómodo, chocante, inadmisible, pero es así".

Carta a Silvana Mauri del 11 de febrero de 1950: "Las novelas que estoy escribiendo son tres. No te asustes. En estos meses no he hecho más que escribir, incluso diez horas por día (...) En cambio, aquí estoy, incapaz de escribir aunque sea un período claro. Pero espero que mi astenia sea pasajera".

Carta a Silvana Mauri del 6 de marzo de 1950: "Como temías, realmente tu silencio me había espantado, pero me echaba la culpa a mí mismo por la imprudencia de enfermo con que te había escrito esas cartas".

En carta a Luigi Ciceri del 13 de enero de 1953, Pasolini es ya un estructuralista.
Obsesión numerológica: "Además, sobre la distribución general [del libro] (un poco maníaca, te repito), ten en cuenta que se trata de cuatro secciones, con cuatro poesías cada una".

Carta a Luigi Ciceri del 29 de enero de 1953: "Al `sufrir´ demasiado por estos problemas [la desaparición del friulano], se corre el riesgo de poner en juego no ya un sentimiento, sino un sentimentalismo, es decir, un vicio: el vicio en que se funda todo conservadurismo".

Carta a Carlo Bertocchi del 17 de noviembre de 1954: "Para mí, en este momento las palabras de Cristo: `Ama a tu prójimo como a ti mismo´ significan `Haz reformas estructurales´".

Carta a Livio Garzanti del 2 de julio de 1955: A propósito de Ragazzi di vita: "De todas maneras, usted buscaba un slogan, ¿verdad? Cecchi nos regalaba uno muy lindo (se entiende que sin quererlo) y, me parece, eficaz comercialmente: El Corazón en negro, que, con la firma de Emilio Cecchi, funcionaría a las mil maravillas"

Carta a Massimo Ferretti del 13 de enero de 1958 [1959]: "yo me enamoro exclusivamente de muchachos de menos de veinte años, y muy ingenuos, diría que sólo del pueblo (ingenuos desde el punto de vista cultural, no erótico): es necesario que haya una diferencia, ¿no? La mía es una diferencia social, cultural (no tanto de edad, en tanto yo me mantengo `fijo´ en la adolescencia, además del período del complejo edípico: caí bajo la cruz dos veces, y desde la segunda ya no me levanté más). En todo caso, todo ello tiene una importancia maravillosa para mí: es un hecho privado. Una vida extemadamente libre y disipada no ha desgastado mi inocencia ni siquiera un milímetro: soy realmente virgen y muchacho desde ese punto de vista".

En carta a Edoardo Bruno de 1959 habla de su obra (a caballo entre el guión de cine y la novela) como un "verdadero monstrum de las nuevas letras".

Carta a Luciano Anceschi de enero de 1960: "el cinematógrafo plantea procesos de sintaxis narrativa que desde hace tiempo la literatura no se autoplanteaba".

Bitácora

(Está bien, bitácora es una palabra adecuada. Anoto, pues, en mi bitácora:) las 55 páginas del apartado "Juventud" han quedado a la espera de una segunda revisión. Mientras tanto, avancé en el prólogo del epistolario del Amadísimo. Diego hizo un trabajo excelente y debería estar a la altura de las circunstancias. Ya fiché todas las frases del pequeño Rimbaud, a quien le deberemos para siempre ese ?verdadero monstrum de las nuevas letras? que él sabía que estaba haciendo. El texto se llama (nunca puedo empezar a escribir sin tener el nombre... asido entre sinapsis, al menos, así que el hallazgo me tranquiliza): "Corazón en negro".

Diario de un televidente

Hace un rato, después de todo el día encerrado, bajé a comprar cigarrillos en el quiosco de la esquina. Había un móvil de Canal 13, uno de Crónica y uno de Canal 26. Aparentemente a la vuelta vive la chica a quien, hoy en el subte, dieron una pastilla (¿de qué tipo, con qué excusa? son las preguntas que me atormentan), la durmieron y le robaron su hijo/a (algo de eso escuché en la tele sin prestarle demasiada atención). Inmediatamente pedí fotógrafo para que el momento quedara registrado. No siempre la esquina de la casa de uno es la estrella del momento.
G. me recrimina no poder escribir comentarios en mi blog. P. me recrimina el diseño y me instiga a actualizarlo (además, me da lecciones de netiquette y netmarqueting invalorables para un curioso impertinente, un entusiasta silvestre como yo).

Diario de un televidente

Recién, en los noticieros del mediodía, pasaban fragmentos del discurso en la Rioja del tirano prófugo. En un momento dijo algo así como: "en cinco años desde 1999, en estos lustro... lustrosos... lutosos años..." Se ve que le habían escrito luctuosos (palabra severa, que ni yo me atrevería a usar) y él confundió con el lustro que estaba mentando. La pesadilla se repite, pero esta vez los medios editan en su contra. Veremos qué pasa.
From: MS
To: DL
Sent: Wednesday, December 22, 2004 1:44 PM
Subject: Re: Invitación

pd: queé bueno lo del rincón de los secretos. van aquí fotos de algunos de los de mi balcón que no estaban cuando vos te enamorarste del (ex)alicaído: si les gustan como a mí, puedo prepararles brotes cuando sea la ocasión, en mayo.

miércoles, 22 de diciembre de 2004

Reseña

El pintor de la vida moderna

Yo era una chica moderna
César Aira
Interzona
Buenos Aires, 2004
128 págs.

Por Daniel Link Yo era una chica moderna es una de las obras maestras que César Aira nos entrega cada tanto (las anteriores fueron Cumpleaños y El tilo; de muy inferior resultado, al menos para mí, son esos ejercicios a la ?disneylandia? que se llaman Mil gotas y La princesa primavera, la primera publicada en Buenos Aires y la segunda en México, ambas durante 2004, de acuerdo con el aceleradísimo régimen de edición al que Aira nos tiene acostumbrados).
Hay que hacer un poco de historia para comprender cabalmente la densidad literaria de Yo era una chica moderna (lo que podría llamarse ?densidad existencial? saltará a la vista de cualquier lector más o menos sensible y tiene que ver con las posibilidades de la amistad, el amor, la familia y la diversión en las ciudades contemporáneas). Por ejemplo: lo que en el contexto de la literatura argentina llamamos Bustos Domecq es el encuentro de dos fuerzas estéticas diferenciales: Borges y Bioy Casares, por un lado, como representantes de la literatura ?culta? argentina y el arte pop (o ?neodadaísmo?, como preferiría decir el mismo Aira) por el otro.
Yo era una chica moderna también podría describirse como el choque entre dos flujos de energía: César Aira, por un lado; Belleza y Felicidad, por el otro. La tapa del libro está ilustrada con un acrílico de Fernanda Laguna (?Vos y yo?, 2000), fundadora de la galería Belleza y Felicidad y animadora infatigable de la escena plástica argentina; pero además B & F aparecen en la parábola que un comisario pronuncia frente a la discoteca ?más chica del mundo?, en una de las tantas vueltas de la peripecia loca que Aira ha imaginado en este libro fascinante y necesario: ?La Belleza y la Felicidad, como diría el comisario Cipolleti? (cuyo nombre, como tantos otros en el libro, prácticamente se sobreimprime al de otro personaje realmente existente: Rafael Cipollini, crítico de arte y coeditor de la revista de artes visuales ramona).
No se trata de un ejercicio de identificación mimética o narcisista (hacia los que Aira, por otro lado, es completamente desafecto), sino de un ejercicio simultáneo de identificación y distancia. Porque César Aira, con toda la importancia que tiene para las nuevas generaciones de escritores argentinos, es exterior al núcleo más duro de B & F. En todo caso, llega a él con una estética ya formada, que le permite explorar lo más reconocible de esa estética para ponerlo, después, en otra parte. Yo era una chica moderna puede leerse como un homenaje a Fernanda Laguna, Cecilia Pavón y Gabriela Bejerman; pero también puede leerse como una sátira de esas primeras personas a las que ellas nos acostumbraron. O, en todo caso, es como si Aira dijera en qué dirección habría que disparar los cañones montados por B & F.
Sangre de amor correspondido de Manuel Puig fue leída siempre como un ?experimento fallido? precisamente porque Puig no pudo convencer a sus lectores de que sus diálogos no eran inventados (como se sabe, fueron grabados y luego traducidos). En otras palabras, una falla que afecta a la distancia que permanece entre autor y personaje. Como si Puig no hubiera alcanzado a vaciar del todo la categoría del autor, como se proponía hacerlo desde la primera de sus novelas.
Por el contrario, Yo era una chica moderna, que podría haber fracasado en el mismo terreno, triunfa precisamente por el exacto equilibrio que se plantea entre la voz de Aira y la voz de B & F. Si muchos creerán estar leyendo en Yo era una chica moderna una transcripción (o a lo sumo una parodia) de la voz de Fernanda Laguna (o cualquiera de nuestras ?chicas modernas?), lo cierto es que la novelita aparece dominada por un complicado juego de identificaciones y distancias. Salvo por el uso de la palabra ?pibe? (que viene por completo de otra época y otro registro), todo lector puede pensar que el primer capítulo de Yo era una chica moderna es, entre otras cosas, un ejercicio perfecto de escucha y de mímesis literaria (?Yo era una chica moderna, que salía mucho. Salía para mantenerme al tanto de lo que pasaba, y además porque me gustaba?). Pero la frase con la que se inicia el segundo capítulo (?Lo que nos había extraviando a Lila y a mí esa noche era la extensión sin accidentes del aburrimiento?) es ya otra cosa: lo que señala el límite lingüístico de B & F o, para decirlo de otro modo, la combustión que provoca el choque entre dos fuerzas estéticas sino antagónicas, por lo menos diferentes: ese enunciado excede por completo (por su sintaxis, por su significado) lo que B & F ha producido literariamente.
Además, lo que propone Yo era una chica moderna es algo así como una teoría del campo estético en una ciudad como Buenos Aires: de allí los anacronismos deliberados que hacen coincidir el comienzo del siglo XXI con los años sesenta del siglo pasado: casi como si se tratara de subrayar continuidades y rupturas o de interrogar por qué Buenos Aires sigue siendo una de las grandes capitales artísticas del mundo. No es Aira el primero en hacerse esa pregunta, pero lo que sí es seguro es que su enigmática presencia entre nosotros es una de las claves para explicar ese fondo permanente de imaginación que nos salva de todas las melancolías: sin su obra y la de pocos otros (pienso en Arturo Carrera, por ejemplo), nos aburriríamos mortalmente.
En la obra de Aira abundan las referencias a nuestra realidad más inmediata, tratados como pormenores lacónicos de larga proyección semántica: cartoneros, ?viejos putos?, albañiles, las últimas novedades del posestructuralismo. En Yo era una chica moderna aparecen, como si nada, las ?empresas privatizadas? en una de las cuales la narradora trabaja. No hace falta decir mucho más (Aira lo sabe), porque en relación con eso ya está todo dicho y es el Estado, en todo caso, el que debe pronunciar palabras más o menos graves en relación con esas empresas, nunca el arte.
En el fondo hay un gesto balzaciano en el proyecto de Aira: contarlo todo, no dejar nada sin relato o sin explicación, porque, como termina diciendo Yo era una chica moderna: ?Hay que mirar para adelante, y seguir intentándolo. Las cosas sólo salen bien por casualidad?. Es lo que hace de esta pequeña obra maestra algo bien distinto de ese texto monumental y al mismo tiempo sombrío que fue Cumpleaños, donde parecía plantearse un camino sin salida posible. Diferencias de humores, pero también diferencias de contexto. Y diferencias en el uso de la primera persona.
Aira ha usado muchas veces la primera persona narrativa, pero no siempre el procedimiento significa lo mismo: en Cumpleaños (su novela milenarista), tiende a identificar totalmente al narrador con lo poco que sabemos sobre su figura pública. En Yo era una chica moderna, por el contrario, el procedimiento se acerca más al de Cómo me hice monja: única garantía de la ficción más pura y más delirante.
Por supuesto, todo puede ser una alegoría sobre cualquier cosa porque Aira gusta mucho de las alegorías. Uno de sus últimos libros, La princesa primavera, utiliza el mecanismo formal de la alegoría para exponer una teoría sobre la traducción y la literatura chatarra (y no mucho más). Los dos payasos, recientemente reeditada, como han señalado muchos lectores, es una alegoría de su relación con Osvaldo Lamborghini: órdenes mudas, obediencia ciega y mucha desinteligencia. En Yo era una chica moderna, Lamborghini también aparece, esta vez apenas maquillado bajo el nombre Osvaldo Lapergáudegui, para contar una historia que funciona como parodia del naturalismo sentimental (lo mismo que tanto se ha dicho del magistral texto ?El niño proletario?).
Tensión, entonces, entre la voz del autor y la voz del personaje-narrador. Tensión en relación con la primera persona. Pero también tensión entre la alegoría y el naturalismo (esas dos plagas de la literatura argentina). En esas tensiones se instala César Aira (y en este libro lo hace con gran comodidad) para regalarnos un episodio más de la vida moderna.

Lecturas

Sólo la miopía necia e insolente de nuestros suplementos y revistas puede explicar el tibio recibimiento que ha recibido el libro de Gabriela Bejerman, Presente perfecto. Muchos son los fragmentos que podrían citarse. Elijo éste, que me provoca particular envidia:
"En un jarrón de vidrio amarillo, donde continuaba resonando el agua, tulipanes balncos. Rebeca llevaba ese perfume por toda la casa, cumpliendo, a la vez, tareas simples. El plumero era un alegre conversador esta mañana; el mate, su mejor amigo, y los insectos que vivían en sus plantas, un barrio entero dispuesto a entretenerla con intraducibles conversaciones" (pág. 85)

martes, 21 de diciembre de 2004

Fiestas

Fin de semana en Mar del Plata, ciudad cada día más encantadora para mi sensibilidad provinciana. Armamos, en lo que llamamos "El rincón de los secretos" (el antiguo lavadero del departamento) un jardín de cactus, pero habrá que ver qué resulta del experimento (por suerte, una noche de buena fortuna frente a las máquinas tragamonedas del casino central, recuperé los dineros invertidos en tal sentido). Anoche fuimos a comer a la parrilla del museo De la Cárcova. Hoy, día dedicado a la familia (regalos navideños, provisiones para la mesa del 24, esas cosas lindas de la vida...). A la tarde, escuchando Schönberg (y, como siempre, no entendiendo nada). Mucha correspondencia que atender. Proyectos para enero:
* Una fiesta.
* Una competencia de asadores con C. A. No confío demasiado en la ecuanimidad de R., con lo cual sería bueno contar con un (seguramente sabio en estas lides) jurado como M.
* El libro del que he venido hablando, otro más pequeño que se cruzó en el camino, y la puesta en marcha de mi colección.
* Una ida a la milonga.
* Mandarle el dvd de La niña santa a S.M. (en verdad, esto debería hacerlo antes de fin de año).


lunes, 20 de diciembre de 2004

De regreso

Mar del Plata-Buenos Aires: 3 horas. Allá, trabajamos alocadamente (como siempre) y salimos a comer por las noches. Al volver, encontré un mensaje de Guillermo Piro invitándome a una reunión de bloggers el próximo septiembre. Acepté a regañadientes, sabiendo que no sé dónde voy a estar el próximo septiembre y que los compromisos a largo plazo, a la larga, son los que me dan mayores dolores de cabeza. Pero, en fin... la carne es débil.

Feliz navidad y próspero año nuevo

Diario de un televidente

El jueves a la noche, en la hermosa terraza de Bárbara, hicimos el ranquin de los más bizarros diálogos de la televisión de este año. Nos gustó particularmente éste: programa de Mirtha Legrand. Elenco (nuevo, me dicen) de Los machos en la mesa. Mirtha le pregunta a un actor: "¿Es verdad que usted es sordo?". Desconcertado, el hombre le contesta que sí, que sufre de no se qué deficiencia acústica. Minutos después, Mirtha dice: "Vamos al corte" y repite, mirando a este actor hipoacúsico: "Vamos al corte". Sus compañeros de elenco empiezan a gritarle y a hacerle señas: "Corte", "Cooor-te". El sordo, fastidiado (con razón), le dice a quien tenía al lado, Carlos Carlín Calvo: "A vos te tienen que cortar la carne, y nadie dice nada". Mirtha, alarmada, aclara: "Estamos en el aire".
Fue una bella velada

jueves, 16 de diciembre de 2004

Hoy...

...con resaca. Mañana, a Mar del Plata. Le mandé a Leonora las primeras 55 páginas en borrador (mal escritas, sin las notas): algo es algo. Esta mañana no pararon de tocar timbre para entregarme libros. Me tienta llevarme la narrativa completa de Juanjo Hernández, pero sé que va a ser distractivo. Hoy armaré el equipaje, de todos modos y ahí se sabrá qué va y qué no.

martes, 14 de diciembre de 2004

Obituario de Karol Wojtyla

Obituario de Karol Wojtila

Por Fernando Vallejo

(publicado por la revista SoHo en la sección Obituarios anticipados)

Pasó por esta vida mintiendo y predicando su mentira. Como el fundador de su religión inicua, no tuvo una palabra de amor por los animales. Ni una sola vez levantó su voz para defender a las ballenas que sus congéneres matan con aropones, ni a las focas que exterminan a garrotazos, ni a las vacas que acuchillan en los mataderos como acuchillan a los marranos en las fincas de Colombia la asesina y la borracha para celebrar en las navidades la venida al mundo del Niño Dios.
No le dio el alma para sentir el dolor de su otro prójimo, el más humilde y más abandonado. En un planeta superpoblado, cuyos ríos son cloacas y cuyo mar se está muriendo, se opuso al control natal. Viajó por África negra devastada por el sida predicando contra el uso del condón y a América vino a lo mismo, arrogándose por todas partes el título de defensor de los que aún no han nacido como si ellos se lo hubieran dado desde su nada.
¡A dónde no fue! A Bosnia, Suiza, Rusia, Guatemala, México, viajando en jet privado, recibido por la gentuza del poder y la chusma novelera, llevando a todas partes su mascarada innoble. A Colombia no podía faltar, el país más católico de la Tierra. Aquí estuvo, aquí lo vimos, aquí lo oímos, aquí nos vino el manirroto a repartir sus bendiciones. ¿Cuántos nacieron, a la sombra de su prédica, después de su visita? Millones. Millones destinados al horror que su palabra mentirosa llamó "el banquete de la vida". ¿A cuántos niños colombianos nacidos con su bendición acogió en el Vaticano? A cuántos salvó de acabar como sicarios al servicio de los paramilitares, el narcotráfico, la guerrilla? ¿A cuántos? ¿A cuántos? ¿Y a cuántos niños africanos con sida?
Sucedía a un papa bondadoso que reinó pocos días y que murió en circunstancias extrañas, acaso asesinado en una conjura palaciega por la Curia tenebrosa y con la complicidad de Dios. Pronto se reveló como el que era, vástago de la estirpe de los impíos, la de Pío Nono, Pío Décimo, Pío Doce y la alimaña tonsurada de Pablo Sexto de almita ponzoñosa. De ellos heredó los palacios, las obras de arte, la púrpura, el oro, los baldaquines, la Guardia Suiza, el puño firme para gobernar, la verdad infalible. Manos solícitas de monjas, curas, obispos y cardenales lo atendían, lacayos de mucha o de poca monta. De cuanto granuja hay con poder se hizo recibir o los recibió en sus palacios vaticanos. Para ellos sí estuvieron siempre abiertas las puertas de la ciudadela mas no para los desposeídos de la Tierra que por él nacieron.
Pastor de su inmensa grey, el rebaño con garras, se creía dueño de la verdad y la conciencia moral del mundo. A Cuba fue a cohonestar con su presencia los crímenes del tirano y a fotografiarse con él. Tal para cual. Se necesitaban ambos para legitimar cada quien su vileza con la del otro. ¿Y los treinta y cinco años que el carcelero de Cuba persiguió a su Iglesia? ¡Se le olvidaron! Por todo el planeta paseó el espectáculo de su vanidad de pavorreal, chapuceando idiomas como si le quemaran las plumas del trasero las lenguas de fuego del Espíritu Santo. En los primeros años de su pontificado y sus primeros viajes no bien bajaba del avión se arrodillaba a lo Pablo VI en la pista del aeropuerto a besar el suelo como conquistador que toma, con el culo al aire y a los cuatro vientos mientras suena la fanfarria, posesión de la tierra. Le quedaron faltando el genocida de Saddam Hussein y el hampón de Libia pero ya los tenía en la mira. Al terrorista de Arafat lo recibió en el Vaticano, cuyas puertas estuvieron siempre abiertas de par en par para los detentadores del poder, de la calaña que fueran.
Cómplice con su silencio de las escuelas terroristas coránicas, de los ayatolas asesinos de Irán y de toda la ralea musulmana, los cortejaba con sus falsedades de jesuita y sinuosidades de Maquiavelo. Siervo de los poderosos, se las daba de paradigma de la independencia moral. Enfermo de vanidad, su fatuidad lo movía a querer ser siempre el centro de la atención de todos. Nada sabía pero se creía dueño de la verdad. Sostenida por los menesterosos de este mundo la pompa de su Iglesia limosnera le echaba incienso y el lobo disfrazado de cordero lo aspiraba.
La pederastía de sus curas y obispos de Boston y de Chicago le drenó las arcas de sus diócesis más lucrativas y le hizo perder muchas ovejas de su rebaño norteamericano, ¡pero qué importa, le quedaba México! Canonizador manirroto con tal de que lo vieran, devaluó hasta la santidad. En sus solos años de pontificado canonizó a más que sus 264 predecesores juntos en dos milenios de historia de la Iglesia. País que le diera limosnas, país que premiaba con un santo. Varios centenares de beatificados le tocaron a México, mina de oro. Cansado de bendecir, al final le dio a pedir perdón, y hasta a Galileo le tocaron sus lloriqueos porque la Tierra al final de cuentas siempre sí resultó girando alrededor del Sol. A su sucesor le queda la tarea de pedirles perdón a los homosexuales, que le quedaron faltando. Era homofóbico rabioso. Babeaba y temblequeaba sin pudor mientras hacía teatro y hablaba con voz tartufa.
Sigue el entierro, el show televisivo, la última mascarada, la farsa póstuma, convertido el pavorreal en cadáver protagónico. Sigue el cónclave, un cónclave amañado de cardenales títeres a quienes él nombró y a quienes seguirá manipulando, por unos días, desde ultratumba. Sigue el ascenso al trono del sucesor, quien continuará su política de canonizar a lo manirroto y quien, pasado un tiempo prudente, a su vez lo canonizará. Entonces la santidad se habrá convertido por derecho propio en sinónimo de la infamia.

Social & Familiar

Esta noche: Tomás, Eugenia y su novio. Mañana: Anselmo y la novia, Pía y el novio. El jueves: a lo de Bárbara. Como mañana comeremos gazpacho, me conviene prepararlo ya para esta noche. De todos modos, se interrumpen mis planes de escritura. Quería mandarle a Leonora el apartado "Jóvenes" a más tardar el viernes, así el fin de semana (en Mar del Plata) me dedico al prólogo para el epistolario del Amadísimo, que debo entregar antes de fin de año (con las fiestas en el medio). Nuevos compromisos: jurado en los concursos de Literatura Alemana, jurado en el Premio de Ensayo de la Fundación Espigas. Le escribo (inútilmente) a María pidiéndole unos datos.

lunes, 13 de diciembre de 2004

El éxtasis de la comunicación

Los blogs no son sólo un método para expresar sus opiniones en Internet, sino también una forma de conocer otros puntos de vista y entrar en contacto con personas que comparten sus ideas.
La opción Comentarios de Blogger permite a los usuarios de todo el mundo que visitan su sitio expresar su opinión sobre la información que usted comparte en su blog. Puede decidir si desea recibir o no comentarios sobre cada entrada (y borrar todo lo que no le guste).
Los grupos de blogs pueden ser excelentes herramientas de comunicación para equipos reducidos, familias u otros colectivos. Confiera a su grupo un espacio propio en Internet donde compartir noticias, vínculos e ideas.

El regreso

Recién, no sé por qué, me acordé del blog. Creo que fue porque estuve mirando el fotolog de gabyvex. Hace dos meses que no voy al diario. Tampoco salgo demasiado. Los fines de semana voy al campo o, raras veces, a Mar del Plata. Escribo Clases, mi próximo libro. Voy por la página 40. Además: el prólogo para el epistolario del Amadísimo y un posfacio para la edición norteamericana de El asesino de Lady Di (Die, Di, Die) y las lecturas necesarias para mi curso Gramática de la imaginación del año que viene. Bien mirado, no es un verano cualquiera el que se avecina.

sábado, 3 de abril de 2004

Ayer...

... recibí ejemplares de La ansiedad (novela trash). Hoy, los chicos de Flatus Vocis me hicieron una larga entrevista. El domingo, voy al programa de Guillermo Saavedra. Todo muy bien, pero en el fondo, "preferiría no hacerlo". Como decía el maestro, ¡qué importa quién habla!.
Espero noticias para ver si me voy a México a fin de mes. De aquí a entonces, voy a vivir torturado por haber publicado.

jueves, 11 de marzo de 2004

Padre nuestro que estás en los cielos

Foucault murió en 1984 (¡atención, cazadores de efemérides!) y, desde entonces, su pensamiento no ha hecho sino ganar en intensidad y en complejidad. Hay ya corrientes de “foucaultianos de derecha” opuestas a los auténticos “foucaultianos de izquierda”. En nombre de Foucault, por ejemplo, se pretendió durante los años noventa ¡desmantelar el sistema de previsión social y de salud en Francia! Políticos y “pensadores” de derecha lo reivindican para atacar a la izquierda tradicional, que lo critica precisamente por permitir semejantes manoseos. Pero no se trata aquí de debatir la actualidad, la potencia y la coherencia de sus ideas sino de constatar la adhesión pasional que su figura y sus palabras siguen suscitando a ambos lados del Atlántico.
El San Foucault (para una hagiografía gay) de David Halperin (reeditado ahora por El Cuenco de Plata a partir de una coedición anterior de Cuadernos del litoral y las ediciones de la École lacanienne de psuychanalyse, Edelp) es bien notable en ese punto: allí el autor no sólo coquetea con todas las identificaciones imaginarias posibles (Michel Foucault c’est moi) sino que postula a Foucault como santo patrono de una causa: la causa queer, la causa de los raros. Es un uso “norteamericano” de Foucault, y sería sólo un episodio penoso (de identificación narcisista, de cólera, de voluntarismo político, de abuso teórico) si la realidad no viniera a gritarnos en la cara hasta qué punto el libro de Halperin sigue siendo extremadamente actual y necesario (y con él sus identificaciones, su rabia, su voluntad política, etcétera).
En San Francisco, ayer nomás, el consentimiento de las autoridades de la ciudad al casamiento gay ha desatado las iras de la derecha provincial (el ciborg austríaco que gobierna California) y nacional (el presidente que, ciego a los avatares de la historia, pretende impulsar una reforma constitucional para evitar que personas del mismo sexo puedan llamarse “esposos”). Lo que está en juego, puede comprenderlo cualquiera, no es meramente simbólico sino material, y es precisamente eso que en la San Francisco latinoamericana (léase Buenos Aires) los legisladores se cuidaron muy bien de guardar: el derecho a la herencia y a la paternidad. La payasada llamada “Ley de Unión Civil”, entre nosotros, excluye puntualmente la posibilidad de que el viudo o la viuda del mismo sexo que su cónyuge muerto cobre la pensión que sí le correspondería por ley, de haber aceptado las mieles de la heteronormatividad. De adopción, por cierto, ni hablar. Más vivos que los norteamericanos, como es sabido, los argentinos nos salvamos de ese modo un debate jurídico a esta altura insoslayable sobre la universalidad de los vínculos conyugales y la forma legal de la familia. Y todos contentos.
No hay dudas de que la hipocresía política y la homofobia que reinan entre nosotros necesitaban de un sacudón como el que, de la mano del padrecito Foucault, Halperin viene a darle. La primera parte del libro examina la “política queer de Michel Foucault” a partir, sobre todo, de algunos textos marginales de su obra y entrevistas sobre la sexualidad. La segunda parte confronta las tres grandes biografías de Foucault, el parco relato Michel Foucault (1989) de Didier Eribon, el completísimo Las vidas de Michel Foucault (1993) de David Macey y la biografía gótica (y fatalmente heterosexista, como las crónicas de esos sedicentes periodistas héteros que se meten en los cines porno para describir “antropológicamente” las prácticas que allí se desarrollan) La pasión de Michel Foucault (1993) de James Miller, a partir de la paradoja de ponerse hablar de la “vida” de un “autor” que no se cansó de proclamar “la muerte del autor”. Foucault (el mito), de todos modos, bien vale una traición semejante.
Durante junio del 2000, bajo la dirección de Didier Eribon (uno de los tres biógrafos, autor además del monumental Reflexiones sobre la cuestión gay), se desarrolló en el Centro George Pompidou un coloquio sobre “El infrecuentable Michel Foucault. Renovación del pensamiento crítico”. Las exposiciones de ese coloquio, firmadas por Eribon, Halperin, Paul Veyne y Pierre Bourdieu, entre otros, acaban de ser publicadas en nuestro país con el mismo título del coloquio en coedición de Letra Viva y Edelp. El volumen no escatima las referencias elogiosas al San Foucault, lo que (una vez más) demuestra su pertinencia.
Para Didier Eribon, Foucault ha resistido y resiste todas las maniobras de neutralización de su pensamiento que se han venido dando desde su muerte. “El libro de David Halperin –escribe– nos ofrece un ejemplo magistral de la manera en que Foucault nutre y fecunda hoy en día el pensamiento intelectual y el compromiso político.”
Jean Allouch razona que “la santidad de Foucault que indica Halperin nombrando a Foucault fucking saint no es la del fiel devoto que se prosterna delante de una estatua, deseando tocarla, incluso besarla, haciéndola mediadora de plegarias dirigidas a un gran Otro supuesto hacedor de la lluvia y del buen tiempo. La relación de Halperin con Foucault no es de devoción. Si a pesar de todo se convoca a la religión, no podría ser más que en la dimensión de la herejía, comenzando por esa herejía frente-a-sí-mismo que Foucault llama pensar, pensar ‘contra sí mismo’. ¿Cómo frecuentar a alguien que piensa contra él mismo? Precisamente lo que nos indica Halperin es que eso no es posible, pero que tampoco está excluido”.
Por su parte, Éric Fassin señala que “el Saint Foucault de David Halperin se entiende por lo tanto menos como el punto de llegada de una canonización que como reacción al martirio del filósofo”.
Foucault se llamaba a sí mismo “archivista”. En un libro luminoso, Deleuze lo reconocía como tal y también como cartógrafo. Veinte años después, ya es (con justicia) el filósofo, el mártir, el santo o el padre de todos nosotros. Y su palabra corre, despavorida, abriendo caminos, siempre adelante de sus exégetas.

San Foucault

Por David Halperin

La emergencia de la política queer tuvo un impacto profundo sobre numerosos militantes homosexuales. Si en los años setenta, durante la época del movimiento por los derechos civiles gays, éstos decían que eran absolutamente similares a los heterosexuales salvo en la cama, al comienzo de los años noventa, en el momento queer, decían que eran totalmente diferentes de los héteros, salvo en la cama.
Esta nueva resistencia a la normalización que definía el movimiento queer me ayudó a comprender por qué Foucault era tan importante para la política radical. En efecto, Foucault mismo se alineó, toda su vida, del lado de los parias. La política gay y lesbiana, en el apogeo de su momento queer, había dejado de aferrarse a la especificidad del deseo homosexual y se había anclado a una relación con todo lo que tenían en común aquellos que la sociedad mayoritaria consideraba como ?anormales?, es decir como queers (en el sentido norteamericano del término, queer quiere decir a la vez enfermo, raro, anormal, marica o puta): las minorías raciales y étnicas, los disidentes sexuales, las madres solteras, las familias no tradicionales, los seropositivos y los enfermos de sida, los prisioneros, los toxicómanos, los indocumentados. El tropismo de Foucault, me parecía, había anticipado ese momento queer: toda su vida había sido atraído por lo que llamaba ?la vida de los hombres infames?. Foucault mismo era queer aún antes de que la palabra tomara ese significado, tanto por la simpatía que había experimentado hacia los locos, los enfermos, los delincuentes y los perversos, como por su comprensión nietzscheana de la homosexualidad como vector de transmutación de los valores sociales.

Liberación o resistencia
La liberación gay parece una fórmula anticuada. Hoy en día, cuando los gays hablan de política en los Estados Unidos, es más probable que toquen temas como supervivencia y resistencia que cambio, reforma o liberación. Este desplazamiento no refleja meramente una desesperación fundamental y, como consecuencia, una disminución de las esperanzas a causa de la situación provocada por el sida y por la intensificación que le ha dado a la homofobia y a la ola reciente de progroms contra los gays (hubo un aumento del 172 % en los actos de violencia reportados contra los gays entre 1988 y 1992), que fueron incitados o aprobados por la Iglesia Católica y el Partido Republicano, entre otras instituciones. El desencanto con la liberación tampoco se reduce a la conciencia creciente de que la vida gay ha producido sus propios regímenes disciplinarios, sus propias técnicas de normalización, bajo la forma de cortes de pelo obligatorios, camisetas, dietas, equipos de cuero, body piercing y ejercicio físico (la rutina diaria en el gimnasio, por ejemplo, ¿es una liberación o un trabajo forzado?). Finalmente, pienso que el desplazamiento de un modelo de liberación refleja una comprensión más profunda de las estructuras discursivas y los sistemas de representación que determinan la producción de significaciones sexuales y manejan las percepciones individuales, a fin de mantener y reproducir los fundamentos del privilegio heterosexista.

El absoluto de la homofobia
Para decirlo de un modo más simple, gradualmente los gays de los Estados Unidos hemos comprendido que lo que debemos enfrentar para sobrevivir en esta era genocida no son sólo los agentes específicos de opresión, como la policía o los agresores de los gays, ni las prohibiciones formales, explícitas, como las leyes contra la sodomía, ni las instituciones hostiles, como la Suprema Corte, sino más bien las estrategias pregnantes y polimorfas de homofobia que modelan los discursos públicos y privados, saturan todo el campo de la representación cultural y, como el poder en la concepción de Foucault, están en todas partes. Los discursos de la homofobia, sin embargo, no pueden ser refutados por medio de argumentos racionales (aunque muchas de las proposiciones individuales que los constituyen sean fácilmente refutables); sólo es posible resistirlos. Sucede esto porque los discursoshomofóbicos no son reducibles a un conjunto de proposiciones con un contenido de verdad determinable que pueda ser analizado racionalmente. Los discursos homofóbicos funcionan más bien como piezas de estrategias más generales y sistemáticas de deslegitimación. Si hay que resistirlos, debemos hacerlo estratégicamente ?es decir, combatiendo una estrategia con otra?.
Los discursos homofóbicos no tienen un contenido proposicional estable. Están compuestos de un número potencialmente infinito de afirmaciones diferentes pero intercambiables, de tal forma que, cuando una afirmación es refutada o descalificada, otra puede sustituirla, incluso con un contenido opuesto a la primera. La historia de las disputas legales sobre si la homosexualidad constituye o no una ?característica innata? es un buen ejemplo de la naturaleza oportunista y proporcionalmente indeterminada de los discursos homofóbicos. (...) En resumen, si la homosexualidad es una característica innata, perdemos nuestros derechos civiles, y si no es una característica innata, perdemos nuestros derechos civiles. ¿Cómo argumentar racionalmente en estos términos?
Los discursos homofóbicos son incoherentes, pero esta característica, lejos de incapacitarlos, los hace más poderosos. De hecho, operan estratégicamente por medio de contradicciones lógicas, las cuales producen una serie de callejones sin salida cuya función es ?de manera incoherente pero efectiva y sistemática? perjudicar la vida de lesbianas y gays.

Problemas en el armario
Lo que Eve Kosofsky Sedgwick ha llamado de manera memorable ?La epistemología del armario? es la mejor ilustración de este fenómeno. Sedgwick ha mostrado que el closet es el lugar de una contradicción imposible: no puedes estar adentro y no puedes estar afuera. No puedes estar adentro, porque nunca estarás seguro de haber logrado mantener tu homosexualidad en secreto; después de todo, uno de los efectos de estar en el closet es que no puedes saber si las personas te tratan como straight porque los has engañado y no sospechan que eres gay, o porque te siguen el juego y gozan del privilegio epistemológico que les confiere tu ignorancia de que ellos lo saben. Pero si nunca puedes estar en el closet, tampoco puedes estar afuera, porque aquellos que alguna vez gozaron del privilegio epistemológico de saber que no sabes lo que ellos saben, se niegan a renunciar a tal privilegio e insisten en construir tu sexualidad como un secreto al que tienen un acceso especial, un secreto que se descubre ante su mirada lúcida y superior. De esta manera, ellos logran consolidar su pretensión de una inteligencia superior sobre cuestiones sexuales que es no sólo distinta del conocimiento sino también su opuesto, es decir, una forma de ignorancia, en la medida en que oculta al conocimiento la naturaleza política de su interés en preservar la epistemología del closet y en mantener la construcción epistemológica de la heterosexualidad como un hecho obvio que puede ser conocido universalmente sin ostentaciones, y una forma de vida personal que puede ser protegida como algo privado sin constituir una verdad secreta.
El closet es el lugar de una contradicción imposible, no obstante, porque cuando sales, es al mismo tiempo demasiado pronto y demasiado tarde. Puedes pensar que es demasiado pronto por la frecuencia con que la afirmación de tu homosexualidad es recibida con un gesto de impaciencia, que puede tomar una forma agresiva ??¿Por qué tienes que refregarnos esto en la cara??? o, en círculos más refinados, la forma sublimemente urbana del aburrimiento y la indiferencia fingidos: ?¿Por qué pensaste que podría interesarnos un hecho tan insignificante y trivial?? (por supuesto, se los dijiste no porque pensaras que podría interesarles, aunque de hecho estén interesados, sino porque no querías que ellos pensaran que eras straight). Sin embargo, cuando sales del closet, ya es también demasiado tarde, porque si hubieras sido honesto, habrías salido antes.

Escupan sobre Hegel
El binarismo heterosexual/ homosexual es una producción homofóbica, así como el binarismo hombre/ mujer es una producción sexista. En ambos casos hay dos términos, el primero de los cuales no está marcado y no es problematizado ?designa ?la categoría a la cual se supone que todo el mundo pertenece? (a menos que alguien sea marcado específicamente como diferente)?, mientras que el segundo está marcado y es problematizado: designa una categoría de personas que se diferencian en algo de las personas normales, no marcadas. El término marcado (o queer) funciona no como un medio para denominar una clase de personas real o determinada sino para delimitar y definir, por negación y oposición, el término no marcado. El término ?homosexualidad? no describe una cosa singular y estable, sino que funciona como un espacio sin contenido determinado que puede ser llenado con un conjunto de predicados lógicamente contradictorios y mutuamente incompatibles, cuya conjunción imposible no se refiere tanto a un fenómeno paradójico del mundo como a los límites que marca el término opuesto, ?heterosexualidad?, porque homosexualidad y heterosexualidad no representan un par verdadero, dos contrarios con mutuas referencias, sino una oposición jerárquica en la que la heterosexualidad se define implícitamente constituyéndose como la negación de la homosexualidad. La heterosexualidad se define a sí misma sin problematizarse, se eleva como un término no marcado y privilegiado, denigrando y problematizando la homosexualidad. La homosexualidad, entonces, le da a la heterosexualidad su realidad sustancial y le permite adquirir su status por incomparecencia, como una falta de diferencia o una ausencia de anormalidad. A pesar de que el término no marcado proclama algún tipo de precedencia o prioridad sobre el término marcado, la misma lógica del suplemento exige que aquél dependa de éste: el término no marcado necesita del marcado para engendrarse a sí mismo como tal.
En ese sentido, el término marcado resulta ser estructural y lógicamente anterior al no marcado. En el caso de la heterosexualidad y la homosexualidad, la prioridad del término marcado sobre el no marcado es no sólo estructural o lógica sino también histórica: la invención del término y del concepto de homosexualidad precedió por algunos años al de heterosexualidad ?que fue originariamente el nombre de una perversión (lo que ahora llamamos bisexualidad)? y sólo de forma gradual fue ocupando su lugar familiar como el polo opuesto de la homosexualidad. ?Homosexual?, como ?mujer?, no es un nombre que se refiera a una ?especie natural?: es una construcción, homofóbica y discursiva, que pasa a ser desconocida como un objeto bajo un régimen epistemológico conocido como realismo. Esto no quiere decir que la homosexualidad sea irreal. Por el contrario, las construcciones son muy reales. Las personas viven por ellas, después de todo, y hoy en día, cada vez más, mueren por ellas. No se puede pedir nada más real que eso. Pero si la homosexualidad es una realidad, ésta es construida, una realidad social y no natural. El mundo social contiene muchas realidades que no existen por naturaleza.
El ?homosexual?, entonces, no es el nombre de una clase natural sino una proyección, un núcleo de descarga pública conceptual y semiótica para todo tipo de nociones mutuamente incompatibles y lógicamente contradictorias. Estas nociones contradictorias no sólo sirven para definir al opuesto binario de la homosexualidad por (y como una) incomparecencia, también ponen en juego una serie de callejones sin salida que son opresivos únicamente para aquellos que caen dentro de la descripción de ?homosexual? y cuyas operaciones son sostenidas por prácticas discursivas e institucionales profundamente enraizadas en la sociedad. Como construcción del discurso homofóbico, ?el homosexual? es en efecto una criatura contradictoria e imposible. Pues es al mismo tiempo: 1) un inadaptado social, 2) un monstruo raro antinatural, 3) un ser que representa un fracaso de la moral y 4) un perverso sexual. Es imposible que una persona, bajo un sistema ético post-kantiano al menos, sea todas estas cosas al mismo tiempo ?por ejemplo, que sea a la vez enfermo y culpable de su enfermedad?. Igual, no importa demasiado: tales atributos pueden ser mutuamente incompatibles en términos lógicos, pero se vuelven compatibles en la práctica, es decir, en términos políticos. No sólo no se cancelan mutuamente en la práctica, sino que se refuerzan unos a otros y trabajan juntos para producir siempre el mismo efecto: a saber, la denigración del ?homosexual?.

viernes, 5 de marzo de 2004

Otro tema

Uno de los estudiantes de carolin, un negro de alabama, muy muy tímido, contó en clase que un día estaba en la sala de computadoras de Yale, sólo para estudiantes, con otros estudiantes negros y un blanco los denunció. Vino la policía, los sacó, nadie les creyó que eran de allá. También contó que cuando hay fiestas, los celadores de los dormitorios donde viven los estudiantes dejan entrar a medianoche a los blancos, pero no a los negros. Es muy raro. Si uno tiene las costumbres civilizadas de la pampa, donde uno le mira a los ojos a la gente, los negros se sorprenden porque los blancos no los miran y viceversa. y una amiga de Carolin adoptó una chiquita de Paraguay, de ojos verdes y tez canela, claro, de padre alemán y madre guaraní, y en el colegio en Nueva York la tratan como si fuera negra, porque no habla castellano y por ende no es latina, con lo cual la niña adoptó esa identidad y los gestos de sus amigos negros.

miércoles, 25 de febrero de 2004

Comunicado

Periodismo por Periodistas

Comunicado de prensa

Periodismo por periodistas, integrado por profesionales de distintos medios de comunicación de la Argentina, nos vemos en la obligación de denunciar el nombramiento del cuestionado periodista Carlos Polimeni, ex jefe de
espectáculos del diario Pagina/12, como director del medio "Ciudad Abierta", órgano de difusión de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Dicho nombramiento sucede luego de que el periodista fuera denunciado por sus propios compañeros de trabajo ante las autoridades de la empresa
Página/12, por malversación de fondos cuando se descubrió que durante los diez años que trabajó en la empresa facturaba notas que escribían diversos colaboradores del diario a nombre de su ex esposa (quien no es periodista y jamás escribió para dicha publicación). De esta manera, el dinero de innumerables colaboraciones iban a parar a sus bolsillos, con el consiguiente perjuicio para todos sus colegas que no percibían dichos pagos.
Mediante una carta, prestigiosos periodistas que integran la redacción del diario hicieron conocer a la dirección del mismo el repudio por este hecho de corrupción, pidiendo que se lo apartara de sus funciones. A raiz del mismo, la dirección del diario decidió separar del cargo a Polimeni. Sin embargo, pocos meses después, y luego de que Polimeni fuera denunciado públicamente por éste y otros hechos, es designado para dirigir este medio que pertenece al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que se financia con fondos públicos y que se edita mediante un acuerdo con Pagina/12, quien también es el encargado de distribuirlo con su edición del jueves.
Todo indica que esta medida es una suerte de compensación que por algún extraño motivo han decidido darle a Polimeni tanto la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires -actualmente a cargo de Gustavo
López- como los directivos del diario Página/12.
Por tales motivos, repudiamos la designación de Carlos Polimeni en un cargo público. Queremos un periodismo hecho por periodistas en serio.

periodismoporperiodistas@yahoo.com.ar