En el prólogo a El teatro y su doble, Artaud alude a esa contiguidad que debiéramos sostener entre la vida y el teatro. La desplaza, creo, a la cultura, dice que protesta contra una idea de la cultura como inconcebible panteón, y su idolatría, y protesta contra una idea de la cultura (teatro para él, según creo) separada de la vida. "Si el teatro fue creado para que nuestras represiones cobren vida, esa especie de atroz poesía expresada en actos extraños que alteran los hechos de la vida demuestra que la intensidad de la vida sigue intacta, que bastaría con dirigirla mejor" (Artaud).
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