lunes, 17 de octubre de 2011

Una que sepamos todos

La temporada televisiva comenzó, en el otoño boreal, sin penas ni glorias.
Digo mal: con muchas penas y apenas una gloria.
Innumerables capítulos de chatarrería se habían acumulado en nuestras bandejas de entrada, mientras nos dedicábamos a saborear delicias turcas y a recuperar pasaportes extraviados (sé que debo el relato). Afortunadamente, la mayoría de esas producciones no resisten ni un primer episodio sin ensombrecernos (sin arrojarnos a los brazos de Morfeo). No comentaré Terra Nova, porque ofende a la inteligencia en tan alto grado que no merece aparecer en estas páginas (cuando manifesté mi protesta en el edificio inteligente de la calle Honduras me contestaron, con ese cinismo típico de los programadores: "en México midió bien").
En cuanto a
Person of Interest... La serie combina las lecturas más idiotas de Minority Report (el relato, la película), la pelotudísima Wanted (2008) y la serie británica Paradox (que no duró más que una temporada, y con razón). Una máquina, ideada por Harold Finch, regurgita números de seguridad social (es decir, personas) que se verán involucradas en casos de asesinato (como víctimas o perpetradores). John Reeese será el encargado de descubrir la trama e impedir la fatalidad. Cero interés, cero inteligencia, salvo por la presencia de Michael Emerson (el recordado Ben de Lost) en el papel de Finch que, como no tiene ningún atractivo, él ha enriquecido con una parálisis parcial. En ese universo, mejor sería que los acontecimientos siguieran su curso y murieran todos.
Fringe y Dexter volvieron por todo lo alto. La primera no se puede contar porque no se entiende nada (hay dos Olivias en escena, interactuando, pero ninguna es la que conocíamos, porque... es que... lo que pasó fue que... en todo caso: la Olivia rubia ahora lleva el pelo levemente desarreglado). La vocación para el disparate de esta gente no tiene límites. Dexter Morgan, este año, se enfrenta no sólo con un asesino serial, sino también con el padre de ese asesino y, más en general, con el catolicismo en sus versiones más apocalípticas.
Y la gloria: me habían dicho (sí, la programadora estrella) que American Horror Story no estaba buena. Vimos, sin embargo, los dos primeros capítulos en trance. Por supuesto, es un catálogo de clichés del género (la niña down, los gemelos diabólicos en la primera escena; la casa embrujada, el bebé de Demonio; fantasmas, brujas, adolescentes psicóticos y vírgenes suicidas; asesinos seriales y sus emuladores, hombres poseídos con cáncer de cerebro, sótanos encantados...).



La producción, de la que poco podía esperarse porque es "de los creadores de Nip-Tuck y de Glee" es verdaderamente escalofriante, pero no lo es no tanto por sus temas sino por el diseño de imagen, el montaje y la velocidad narrativa. Modernísima, American Horror Story parece proponerse destronar a Twin Peaks de su histórico sillón: es mucho más oscura y, al mismo tiempo, mucho más mainstream y más experimental que su antecesora. Es tanto lo que sucede en el primer capítulo y tan pocos son los momentos de catálisis que uno se pregunta cómo harán los guionistas para sostener el desarrollo. El segundo capítulo responde esa pregunta: con todo.
Los parlamentos son abrumadoramente inteligentes, el diseño de caracteres es impecable y en ambos rubros descolla, como era de esperarse, Jessica Lange como la vecina siniestra (repite, me dicen, el papel que le valió el Oscar en 1994, pero mucho más borderline, más desatada). En capítulos futuros aparecerá Zachary Quinto (viudo moral, pobrecito), en el rol del antiguo dueño y restaurador de la casa losangelina maldita que van a habitar los protagonistas de la serie.
Mientras tanto, Dylan McDermott brilla sin competencia en el rol de un psiquiatra un poco desquiciado, adúltero y con una irrefrenable predilección (que le agradecemos) a andar desnudo por la casa y a masturbarse frente a las ventanas abiertas.











Hasta ahora (reacio como soy al salto tecnológico) lo venía dudando, pero creo que American Horror Story (que ya arrasó en los ratings y se llevará todos los premios) merece el proyector de alta definición que nos debíamos.


7 comentarios:

Eu dijo...

No, no...no entendiste nada. Nunca dije que American Horror Story no era buena. Su apuesta estética me parece brillante ya desde la apertura. No sólo está buena la fotografía sino también la cámara. Más allá de esa valoración objetiva, lo que a mí me pasa con la serie es personal. Me molesta un poco ese cinismo forzado (que también veíamos en Nip/Tuck), porque si bien todos somos algo desequilibrados Ryan Murphy se empecina en mostrarnos que todos somos exageradamente freakies. Vi solamente el primer episodio, y lo primero que me pregunté fue cómo sería el desarrollo de los siguientes, porque ahí está la clave. En el primero nos muestran o nos dicen mucho, y lo esencial es ver si esa exhibición no interrumpe la atención que podamos mantener en los próximos episodios.
Me parece que es una apuesta más que interesante teniendo en cuenta todo lo que hay dando vueltas.

Ahora quiero ver Grimm, porque todavía no pude ver nada.

Saludos!

Eu dijo...

Ahora me dejaste con unas ganas terribles de ver el segundo episodio...

Linkillo dijo...

Ahí te lo cuelgo

Eu dijo...

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Pablo Bulcheski dijo...

Lo último que leí sobre AHS es que los americanos se desacostumbraron de lo "raro" a raíz del aluvión de series cerebrales y del tipo "explica tu propio misterio". Razón por la cual Murphy aprovechó el nicho y nos va a dar razones del horror que la razón desconoce hasta hartarnos.
Se agradecen las screencaps de McDermott, pero mi humilde opinión dice que la verdadera estrella de la serie es Connie Britton, que, como actriz, no es ni tan tan ni muy muy pero no puedo dejar de prestarle toda mi atención cada vez que aparece en una escena.

Montano dijo...

AMO ESTE BLOG LA VDD

Montano dijo...

amo este bloe sobre todo como describes American horror story