miércoles, 7 de julio de 2010

Isidoro Cañones, personaje trágico

por Jorge Baron Biza*



"Como todos los prototipos argentinos, su vida es una tragedia y el telón de fondo la tristeza." Observa a "Don Fierro", su compañero de publicación, saca las conclusiones del caso y se defiende como puede.
Con un pie en las "buenas familias", sus penurias económicas lo llevan a frecuentes incursiones por la trastienda de la sociedad. Ya tenemos un contraste, ya la tragedia. Lo enrolaron en una clase que no disculpa el menor desfallecimiento económico. Todos llegaron a esa crema de manera dudosa; no hay argumentos de fondo, salvo el dinero, que los aglutine. La burguesía menor o el proletariado no lo aceptarían pues únicamente conciben y desean el ascenso social. Le queda el lumpen, suma de seres desarraigados que no hacen cuestiones de principios. Pero no es una categoría que haga feliz a sus integrantes.

Huérfano desde siempre, no conoce el amor. "Es inmune a todo lo que no ha nacido en él. Es el hijo primero de nadie que tiene que prolongarlo todo." Sin madre o hermanos, tampoco puede permitirse el lujo de un romance en serio. Evita cuidadosamente encontrarse con mujeres que no estén en el juego que él acepta resignadamente. Sería su fin. Nadie lo querría ni lo aguantaría enamorado; no corre peligros en este aspecto, su contorno le brinda pocas oportunidades de terminar en esa forma.

Como el Hombre de Corrientes y Esmeralda "su ideal más tenaz es no tenerlo", está solo pero no espera. El gaucho era vago, el malevo se tiraba en la catrera al menor contratiempo; ambos se consolaban en la altanería y la amistad. Isidoro es ocioso como ellos; como todos los argentinos también es orgulloso, pero no le quedan amigos. La amistad cumplió su ciclo en el país: primero Cruz, jugándose la vida y acompañando hasta la muerte a Fierro; luego el personaje de los tangos, esporádicamente encontrado en un boliche y con el cual mejor no intimar porque ha empezado a tener la mala costumbre de alzarse con la mina; finalmente nuestro amigo Cañones solo.

No es un epicúreo. Sus conquistas amorosas se ven siempre furstradas por la aparición de algún amigo o detalle perteneciente a la otra cara de su vida falsa. Otros vicios tampoco le causan placer; los frecuenta hasta el aturdimiento. Si juega, no para hasta quedar dormido sobre el tapete o hasta perder el último centavo; si bebe, busca la inconsciencia. Estas constumbres, que difícilmente hagan feliz a nadie, lo han dejado flaco, pálido, extenuado. Más que un artero inmoral nos parece un desconcertado amoral.
Como al gaucho, como al malevo, lo extrañaremos cuando desaparezca. Sin pensar que hayamos tenido algo que ver con sus desgracias, por supuesto. Sin creer que también al próximo tipo que el tiempo y el país nos deparen se lo pueda reconocer en citas de Scalabrini o Macedonio.

*Elijo, de los muchos textos deliciosos recopilados por Martín Albornoz en
Por dentro todo está permitido (Buenos Aires, Caja Negra/ CCEBA, 2010, ISBN 978-987-1622-03-0, 208 págs.) de Jorge Baron Biza, este retrato de Isidoro Cañones al que sé mucho más personal de lo que a simple vista parece.



Un agradecimiento a Martín Albornoz y a todos los que hicieron posible este libro, imprescindible para quienes, como yo, consideran que El desierto y su semilla es una de las mejores novelas argentinas de todos los tiempos.


12 comentarios:

Laura Vazquez dijo...

Fabuloso. Coincidencia: http://lauravazquezhutnik.blogspot.com/2010/07/patoruzito-caratula.html

Un saludo.

Diego B. dijo...

Me encantó este abordaje. Siempre me inquietó bastante la alternanacia Isidorito - Isidoro, como si ya todo él hubiera estado contenido en el niño. Además, pienso en Isidoro como una especie de figura de pasaje, porque él está en las tres grandes tiras de Quinterno. En Patoruzu, el cacique y Upa lo llaman siempre "padrino", creo que nunca se lo llama "isidoro" en la tira principal. Pero todo esto lo digo sin haber vuelto a leer las series desde la nebulosa niñez.

goolian dijo...

"El desierto y su semilla" es sin duda una de las mejores novelas argentinas.
Pero también una de las más duras y terribles, sino la más.
Siempre pensé, y no sé si el autor lo pensó; que el rostro carcomido por el ácido de la madre es en realidad la sociedad argentina.
Carcomida por dictaduras y violencia durante todo el siglo XX.
Pero lástima que Jorge, amigo personal de mi padre, no pudiera corroborarlo ahora, ya que desafió a Newton pagandolo caro.

Don Munir M dijo...

Qué palabreja "abordaje", feísima, reminiscencia corsaria de comentador compulsivo, precoz, infantil.

¡Aguante Christian!

insomne dijo...

chan! anatomia de una sociedad.... o de su idiosincrasia...................reflexiones posibles: tratemos de cambiar y ser mejores en el dia a dia!
saludos

Barulo Total dijo...

Va a estar "bueno" cuando desaparezca.

Diego B. dijo...

Sí, es verdad, Munir. La próxima vez que quiera comentar algo te lo paso antes, así me das tu ok.
beso

Don Munir M dijo...

Ocá!!!!!!!!!!!!!!!

Don Munir M dijo...

Y bueh... el "me encantó/me inquietó" da vahído ...
Mirá lo pensé mejor, ni me consultés la próxima.

Atte.

Otro

Diego B. dijo...

Vos en cambio das balidos, Munir.
Beso.

Anónimo dijo...

Facilonga

Anónimo dijo...

Mañanera & campestre resusultaste.
Monsignora.

Bacci Bacci Bacci Bacci Bacci Bacci Bacci Bacci Bacci Bacci

Campagnola

"Munir", pour toi et al.