sábado, 17 de diciembre de 2011

El pequeño fascista que todos llevamos dentro

Martín Kohan escribe (y un estremecimiento nos recorre la espalda) en su columna de hoy en Perfil:

Hay veces en que el Estado sabe más que las propias personas, inclusive sobre ellas mismas, aun sobre sus propios intereses. Y está obligado a garantizar ciertos derechos más allá de lo que las víctimas quieran.

Tan, pero taaaaan, mal planteado.

(anterior)

6 comentarios:

haptu dijo...

se fue a la mierda tu amigo!!!!!!!!!!!!!!!

Esteban S dijo...

¿Mal planteado? A lo mejor, pero se agradecería que señales donde te parece que falla: ¿No estás de acuerdo con la posibilidad de advenimiento en estos casos? ¿No estás de acuerdo en que la víctima no siempre sabe que es lo mejor para ella y para los demás? ¿Te parece una barbaridad que haya sugerido que ella tuvo algún grado de libertad al pedir el advenimiento? ¿Qué debería hacer el Estado y que deberíamos pensar nosotros para no ser "fascistas"?

Anónimo dijo...

¿Quién puede saber que es lo mejor para uno, en general? Cuando se trata de decisiones todos somos víctimas. He ahí la puerta que abre el fascismo.

_Hernán dijo...

Es el estado el que otorgó el advenimiento. Es el estado el que mantiene esa figura en el código.

No importa cuánto sabe el estado sino cómo actua o deja de actuar.

El estado es una nube en el cielo y la justicia es la sombra o la tormenta que se desprende de esta.

pupi dijo...

como todo fascista es también un romántico...

DANILLO dijo...

No creo descabellado lo que plantea Martín Kohan. El tema es polémico, por lo que se pueden encontrar argumentos que habiliten -con toda justicia- a pararse de uno u otro lado del mostrador.
La cuestión de fondo es la relación entre el Estado (esa maraña de instituciones) y las personas que componen una sociedad. En tanto nuestros hábitos más elementales como individuos (la alimentación, el transporte, la educación, el esparcimiento) están inoxorablemente condicionados a las prácticas políticas que propician las instituciones, haciendo una analogía, podemos ubicar al estado en un rol cercano -cercano, no idéntico- al paterno.
Desde esta perspectiva se puede llegar a entender -y compartir- la postura de Kohan, cuando dice que "el estado muchas veces sabe más sobre los intereses de los individuos que los propios individuos"
Haciendo una lectura mas fina del tema en cuestión, habría que entrar en un campo más concreto: el del derecho penal y la teoría de la pena. Cuál es la finalidad de la pena? Si entendemos la pena sólo como forma "racional" que tiene el aparato del estado de castigar un delito en representación de la víctima, entonces no tendía sentido ese proceder cuando es la propia víctima la que está otorgando el perdón. Pero esa no es la única forma de entender la acción punitiva del aparato coercitivo estatal. La pena no sólo busca castigar al culpable de un delito de forma tal que sustituya la sed de venganza de quien sufre el delito (y de este forma se intente una reparación del mismo), sino que -también- busca proteger a potenciales víctimas del mismo (es decir, al conjunto de la sociedad). Desde este punto de vista vuelve a tener sentido la frase de Martín Kohan. Si tuviéramo garantías de que, puesto en libertd, el violador sólo hubiera lesionado a su "ex" víctima, entonces podemos decir que la cabe a esta última la total libertad de decidir si lo perdona o no. Pero... quien decide por el resto? Se puede debatir que el estado intervenga sobre la voluntad de una persona; no se puede discutir, en cambio, que el Estado debe velar por la seguridad no ya de uno, sino de todos.