domingo, 6 de agosto de 2006

Inuit

por Ariel Schettini*

*publicado originalmente en Damas chinas, revista de literatura, 1: Desplazamientos (México: agosto de 2006). Aparece junto con Celeste. Dirije Damas chinas Mario Bellatin.

UNO

El primer hombre que visitó el polo sur en 1911 fue Roald Amundsen, que murió en el polo norte, perdido, tratando de rescatar un navío.

Aparentemente era un hombre competitivo. Quería ir al polo norte pero como otro llegó antes, se fue al polo sur. Después volvió al polo norte y murió.

Su nombre siempre se me confunde con el de Arne Saknussem, que es el escritor del criptograma que conduce a los protagonistas de Viaje al Centro de la tierra a la boca del volcán por la que se llega al centro de la tierra. Arne Saknussem era un alquimista del siglo XVI cuyo texto escrito en runas es descifrado por el sobrino del profesor Lidenbrock, jefe de la expedición de Verne. De acuerdo con el mismo Verne sería el primer hombre en haber llegado al Centro de la tierra.

Roald Amundsen, de todos modos, está sepultado bajo la nieve eterna del polo norte.

Su muerte se me confunde con la de Robert Walser que también quedó sepultado bajo la nieve, el día de navidad de 1956, en Herisau.

Walser escribió, un poema premonitorio de su muerte, llamado Nieve.

Nieva que nevará, la tierra se repliega/ en un lamento blanco, allá a lo lejos./ Vacila bajo el cielo el hervidero/ de copos en un ay, nieve, la nieve./ Ofrenda de una calma y de una amplitud inédita,/ me ablanda el mundo blanco de la nieve./ Mi ansiedad diminuta se agiganta/ y en lágrimas se ahoga lo más hondo.

Más allá de que es inútil preguntarse, para quienes no saben hablar el inuktitut cómo se traduce ese poema a la lengua de los Inuit, está claro que se trata de un poema en el que el poeta trata de integrarse a la ecología del paisaje invernal y de mostrar su empatía con el sistema natural de producción de nieve: el hombre pequeño se agigante como una nube de ansiedad y cuando hierve, llora. Así como la nieve "repliega a la tierra", digamos, acaso porque la oculta, las lágrimas del hombre, menos que permitirle expresarse, y exteriorizar su angustia, lo sumergen en una depresión aún más profunda que la que experimentaba antes de llorar.

El poema tiene todos los rasgos del poema clásico: el espíritu humano reproduciendo las condiciones del clima, el hombre produciendo su propio "universo" psicológico como si fuera un mundo real y, finalmente, el poeta, construyendo un espacio sentimental para la experimentación como si se tratara de un paisaje con su clima propio (la música de las esferas vuelve al poema "cosmos"). Bien sé que rotular de "clásico" a un poema, es también condenarlo a que pierda irremediablemente su magia.

Más del poema, no sé. Y no sé tampoco si me servirá mucho para cuando esté en la nieve, y llegue a la tierra de los Inuit.

A Walser, de todos modos, le sirvió para epitafio. Quien lo nombra a Walser, nombra su muerte y el poema como un evento casual y mágico. De esos que andan resonando en el saber popular y que son un símbolo de una cosa que no se sabe bien qué es.

Su cuerpo fue encontrado bajo una capa de nieve la Navidad del año 1956, cuando salió a dar su rutinario paseo desde el hospital psiquiátrico donde vivió los últimos 23 años de su vida, y a donde había sido internado porque, de acuerdo con su propia confesión, tenía delirios auditivos.

Los Inuit, a su vez, cuando llegan a viejos y se dan cuenta que son una carga para sus familia, simplemente se detienen a esperar la muerte.

Eso lo vi en la película Salvajes inocentes con el mexicano Anthony Quinn haciendo del esquimal Inuk y la japonesa Yoko Tani haciendo de Asiak. La que se detiene es la madre de Asiak, pero mucho antes ocurre la escena más escalofriante.

Anthony Quinn (Inuk, que es el singular de Inuit y que significa, entonces, el hombre real) le ofrece a un visitante a Asiak para que "ría" con ella y como el señor se niega, Anthony Quinn lo mata. Negarse a "reír" con las mujeres Inuit es una grave ofensa a la generosidad del pueblo, de modo que el que no quiera reír con ellas, debe tratar de no conocer a ningún Inuk cuando llega a sus tierras. A partir de esa negación a la risa, ajuste de cuentas y muerte del forastero, la película es un largo escapar de las autoridades que persiguen a Inuk.

La película es claramente una metáfora de la incomprensión de las culturas y la persecución y exterminio de la cultura Inuit.

DOS

La muerte de Walser ocurrió en uno de sus afamados paseos a los que el autor les dedicó un libro. Walser era un hombre muy Outdoorsy, al igual que la cultura Inuit.

El paseo, tal es el título del libro, es una descripción de uno de sus paseos. En ella, el autor trata de exponer la filosofía del paseo. De hecho lo hizo en muchos libros más, no solamente en éste. Casi no hay libro de Walser que no tenga una referencia al paseo y su método.

Se trata de una caminata con propósito indefinido que debe sostenerse a un ritmo regular ininterrumpidamente durante un período de tiempo vago.

El paseo Walser (así lo llamaremos de aquí en más) tiene como condición la de practicarse en día y horario laborable. Los verdaderos paseos se hacen cuando los demás trabajan, porque reproducen físicamente el modo gimnástico de la producción de ideas: a tontas y a locas.

El paseo Walser exige ser mero testigo de las anécdotas (de allí su asociación con la literatura) sin que se aproveche nada excepto las ideas, sin que nada se convierta en cosa, objetivo o acontecimiento? no se puede comprar nada en el camino, no se puede ayudar a nadie, no se puede hacer nada que saque al paseante de su estado de concentración en eso, el paseo. Cualquier cosa que tenga un propósito que no sea el paseo mismo, convierte al hecho en el enemigo del paseo.

Un diálogo casual con un extraño que se cruza durante el paseo, que supere la cuestión de lo evidente (el clima, el paisaje que rodea la conversación, el -buen- estado de salud de los interlocutores), es sumamente destructivo para el paseo. Lo podría aniquilar cualquier mención a la filosofía, o a las ideas o a las opiniones sobre política, incluso a las convicciones religiosas.

Debe llevarse a cabo en espacios ya previamente conocidos por el paseante. La novedad es dañina.

Aunque el paseo Walser también tiene su fuerza; no es pura pasividad cóncava de los sentidos... también puede volver trivial el ser más monstruoso que lo aceche en la mitad del camino... o la noticia más espeluznante...

Es posible que el paseador llegue a casa y cuando trate de cosechar lo que quedó de aprovechable del paseo y con satisfacción se dé cuenta de que no hay nada, se diga a sí mismo: "Ah... claro... también apareció el gigante..." como al pasar o puede decir a su esposa inquisitiva " nada... apenas me crucé con un par de ladrones que me asaltaron y me robaron todo lo que tenía. Incluso la alianza de este matrimonio." El paseo puede encontrar esa fuerza disolutiva dentro de sí... todo en el paseo se sumerge en un pozo abismal de nulidad.

Lo único que contradice al paseo es el viaje. El viaje se opone al paseo como la vida a la muerte: el viaje es aprovechamiento y negocio, trabajo y cansancio.

El paseo Walser es repetición y reducción a cero.

"Quizá se hayan dado repeticiones aquí y allá. Pero he de confesar que veo la Naturaleza y la vida humana como una serie tan hermosa como encantadora de repeticiones, y además quisiera confesar que contemplo esa misma manifestación como belleza y como bendición."

Por eso las flores que el paseante puede recoger en el camino, se transforman En documentos letales de que ella se fue.. no paseó: viajó.

El clima ideal para el paseo es con cielo diáfano.. bajo la nieve, o por un sendero, pero jamás bajo la lluvia. El clima debe ser tan benigno como las ideas que florecen durante el paseo.

TRES

Por esas necesidades repentinas de enciclopedia que hostigan a los poetas, tuve que indagar cuáles eran exactamente, los numerosos nombres que tenía la nieve en el lenguaje de los esquimales.

Recordé que me habían contado que existían una cantidad variable, de acuerdo con la bibliografía de nombres para la nieve, en el idioma de los esquimales. Recuerdo el número 47 como cifra máxima para la cantidad de nombres.

Aparte de negar a Platón y su teoría de las ideas o a Aristóteles y la relación entre sustancia y accidente, el conocimiento de esa peculiaridad de la lengua, tiene varios usos prácticos: sirve para demostrar las relaciones complejas entre le lenguaje y el medio donde este se utiliza; y por lo tanto la especularidad asociativa entre el lenguaje y paisaje; sirve para mostrar que las traducciones siempre deben contemplar el problema del valor lingüístico de una palabra nunca será suficiente decir nieve, entonces al traducir del esquimal, porque hay 47 palabras para "nieve".

Sirve para que sepamos, en fin, que la relación entre el lenguaje y la realidad es estrecha.

Si tienen tantas palabras para nieve, no deben tener muchas cosas más. Por eso a los alumnos de estudios universitarios, les da una felicidad atroz, tener ese dato: porque ya saben, digamos, casi todo lo que hay que saber en ese idioma, sea el que fuere? que hablan los esquimales. Aprender casi toda una lengua en una sola clase de lingüística, no es poco, lo poco es la lengua aprendida.

Como todas las cosas que dan felicidad, todos sabemos que ese ejemplo que tanto placer provoca, es un dato falso.

El nombre "esquimal" es un insulto para el pueblo que nombra, el de los Inuit, que significa en algoquinés "devoradores de carne cruda":

Los Inuit no tienen mil palabras para la nieve.. tienen las que tienen, igual que en todas las lenguas porque la nieve existe en todos los tipos para todas las lenguas...

La palabras no son máquinas fotográficas; son más parecidas, en todo caso, a los dioses (existen aún para quienes no creen en ellos y existen sin necesidad de una prueba física de la existencia de la referencia). No necesité hablar el inuktitut para saberlo, sino hacer un cálculo simple. Si hay 47 palabras para definir nieve quiere decir que no hay una palabra que pueda usarse para decir ?nieve? de donde no hay posibilidad de traducir la palabra "nieve" del inuktitut a ninguna lengua. Es decir que en inuktitut no existe la nieve.

Si esto fuera verdad, entonces los Inuit no pueden nombrar a la nieve. Para ellos no es un dios, es un tabú. Todos la ven pero no existe.

Nieve de distintos tipos hay en todas las lenguas, porque también hay dioses de distintos tipos en todas las lenguas. Y la gente lleva sus dioses a la lengua a la que llegue y se quedan ahí para siempre.

Pero a donde yo quería legar no llegué jamás.

Cuatro

Lo que yo quería saber es quién dijo que la nieve tenía tantas definiciones en la lengua de los Inuit. Pero, aparentemente, nadie lo dijo. Jamás encontré a ese etnógrafo. El conocimiento pertenece al saber popular. Es algo que está entre la verdad y la magia una intuición inestable que se evapora en el momento en el que se sabe. Busqué en manuales de lingüística las definiciones, alguna palabra y no la encontré: pero encontré esta cita de Saussure que me sirve para dar el tema por disuelto:

...ni siquiera de la palabra que significa "sol" se puede fijar inmediatamente el valor si no se considera lo que la rodea; lenguas hay en las que es imposible decir "sentarse al sol".


5 comentarios:

El capitán frío dijo...

Hay mucho de mentira en el texto de Esquetini. Yo tengo la posta.

Anónimo dijo...

Lo de los esquimales viene de un antropólogo, Franz Boas, y un inspector de seguros que tenía tendencias academicistas, Lee Whorf.

Parece que Boas comentó que los esquimales decían nieve de unas 4 maneras distintas y Whorf se tomó una licencia hiperbólica comentando que había 7 y dejando lugar a algunas más. De ahí en adelante fue puro efecto avalancha.

Hay un artículo que traza toda la historia y está resumido en "The Great Eskimo Vocabulary Hoax" de Geoffrey Pullum.

Todo esto no me lo inventé, sino que lo saqué de The Language Instinct de Steven Pinker, libro informativo aunque la premisa no es de mi absoluta predilección.

Y eso del sol lo sacaste de Derrida, quizás, aunque es totalmente improbable haya idiomas en los que no se puede decir 'sentarse al sol'. Digo, para que te informes.

Quique Figueroa dijo...

Hans Ruesch tiene un par de novelas alucinantes sobre los esquimales: Iglús en la noche y El país de las sombras largas.
Ambas logran trasladar al lector a ese mágico territorio con costumbres tan extrañas para nosotros.
Y la cantidad de tonalidades de color de nieve que los esquimales son capaces de distinguir [cerca de 20], hablan del modus vivendi que tienen.
Ruesch los retrata como seres duros, a la vez que inocentes. Un autor a tener en cuenta, puede escribir desde los tuaregs [La gran sed], hasta los inuits.

Oh, girl... dijo...

Anónimo no puede decir que está informando si dice "es totalmente improbable"... o sea, o lo sabés y lo afirmás, mejor callate la boca.

El Titán dijo...

No se de que hablan pero suena trascendente...
(en un mundo sin viento)
http://latitanomaquia.blog.terra.com.ar