Una mujer fantasea con la muerte de su hijo (sabe que es objeto de la fantasía simétrica: el hijo imagina que ella se muere, para heredarla y sacarse de encima los agobios de una vejez asfixiante). La mujer, sin embargo, va sobreviviendo a diferentes catástrofes, hasta que para cualquiera se vuelve evidente que, como se dice, va a "enterrar a todos". Se entrega, entonces, al "temor" de que a su hijo le pase algo. Y no cesa de decírselo por la vía de la maternidad (cuidate, abrigate, ¿fuiste al médico?, ¿no estarás fumando mucho?) o, directamente, la amenaza: si te pasa algo, me muero. El hijo, impaciente, le contesta: Si llegara a "pasarme algo", poco va a importarme, después, lo que a vos te pase. Así que, mejor, morite antes y yo me dedico a hacer el duelo.
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