jueves, 10 de marzo de 2011

La llamada de la tierra

¿No son los vampiros un poco pomposos, como dandies totalmente anacrónicos, muy convencidos de sus superioridad moral y, la mayoría de las veces, atrapados por un conflicto metafísico entre la participación del Mal Absoluto (al que encarnan o creen encarnar) y la resistencia a ese destino?
¿No hay, en los vampiros, un no se qué de trascendentalismo (que se refleja en sus rostros pálidos y sus sempiternos humores de malcojidos) que los aleja de toda simpatía posible?
Es como si los vampiros hubieran sido capturados por lo peor de lo peor de la ideología higienista del siglo XIX (de la cual son la contraparte exacta, siempre asociados con la peste, la destrucción y la locura: Renfield) y, transformados en un principio trascendental, ya no pueden siquiera tener conciencia de lo que son: monstruos fuera de todo orden y registro (incluso y, sobre todo, el moral). Bram Stoker fue un escritor mediocre que supo capturar una figura inquietante y ponerla a funcionar como metáfora del mal social (las transformaciones nocturnas, la tisis). Un director de cine excecrable como Francis Ford Coppola retomó ese mismo impulso e hizo del vampiro un despechado de amor, una víctima y un victimario del contagio. Herzog, siempre tan admirable, estetizó al Nosferatu hasta el colmo de lo "bonitillo" (señalaba Enrique Pezzoni).
Últimamente, los vampiros se han vuelto tan intolerables que no pueden aparecer sino en compañía de licántropos (y su devenir manada), así en las sagas masturbatorias destinadas a adolescentes del campo norteamericano (Twilight, True Blood) como en Being Human, esa delicadeza donde el vampiro está siempre malhumorado y al borde del colapso nervioso y el asesinato, mientras los "perros" son simpáticos, graciosos y tienen los habituales problemas de su especie (el garche violento y el embarazo no deseado).
El vampiro, irritante, se mide siempre con las fuerzas más profundas de lo demoníaco. Dan ganas de decirle: "che, bajá un cambio".
Por fortuna, hay gente capaz de señalar eso y mucho más. Faye Jackson se casó con un rumano, lo que la llevó a visitar esas tierras liminares de la vampirología y a familiarizarse con sus leyendas y su folklore. Comprendió de inmediato las patrañas que implicaban las mistificaciones británico-norteamericanas sobre los vampiros y se decidió a escribir una historia que, llevada a la pantalla, se llama Strigoi.
En la mitología rumana, el strigoi (plural y singular son idénticos) sale de su tumba por las noches para aterrorizar a los aldeanos. Una strigoaicǎ (femenino) es una bruja.
La etimología latina es strix (una pequeña ave vampírica) que da en italiano strega (palabra que designó en las antiguas fábulas populares a a un pájaro nocturno que se alimentaba de sangre de bebés y, por extensión, a una bruja) y en rumano a striga (chillar). En castellano, nos queda la estridencia, de la cual Strigoi está totalmente exenta.
La película de Faye Jackson dice, además, que hay Strigoi viu (plural: Strigoi vii), nacidos strigoi y Strigoi mort (plural: Strigoi morţi) que son aquéllos que se transforman después de una muerte violenta. A ambos los domina un apetito insaciable.
La trama es así: el héroe (al que todos le dicen pussy, sin parar, en el sentido de "maricón") vuelve al pueblo miserable del que ha salido para irse a Italia. Se llama, por esas ironías del destino, Vlad, como aquel príncipe siniestro que inspiró la leyenda negra del vampiro. En total, no parece haber más de doce habitantes, incluyendo al rico, al cura, al alcalde y al policía. Como se avergüenza de su regreso sin gloria, Vlad va a vivir a lo de su abuelo, que está medio loco y no cesa de quejarse de los gitanos y los comunistas.
Hay un debate sobre tierras y catastros, que involucra a Don Tedesco, el ricachón del lugar, a quien los lugareños han dado muerte al comienzo de la película.
Fatalmente, Don Tedesco volverá de su tumba cada noche, junto con su esposa, que se come todo lo que encuentra e incluso algún que otro cuello. Una y otra vez, los lugareños asesinan a Don Tedesco, que sigue volviendo cada vez más enojado y descompuesto.
Vlad no entiende ni quiere entender lo que está pasando y se dedica a reconstruir la trama de los registros de propiedad de las tierras, incautadas por los comunistas en su momento, recuperadas y vendidas más tarde (o, sencillamente, apropiadas). Cada día se despierta más cansado y con el cuerpo cubierto de pústulas. Una noche, se despierta sobresaltado: es su abuelo quien le chupa la sangre por la noche. "¡No me chupes más mi sangre!", le dice. El viejo le contesta: "Es mía, yo te la di".
Los strigoi de Strigoi son más bien patéticos. Vlad los trata como a niños caprichosos o como a enfermos recalcitrantes. Ninguna metafísica en el asunto. Son cosas que pasan y con las que hay que acostumbrarse a vivir, como los comunistas y los gitanos con los que los viejos fantasean.
El film de Faye Jackson es de producción inglesa, pero ella, totalmente exterior a las bobadas precedentes, quiso que lo interpretaran actores rumanos en inglés. Hablan con acento (lo que confunde un poco), pero no queda nada mal en una película que se dice exterior a todos los lenguajes pero, en particular, a todos los estereotipos.
El protagonista, Catalin Paraschiv, es tan adorable como en su momento lo fue
Petrişor Nicolae Ruge, y Strigoi es (por lo menos, si no más) un hito cinematográfico.

4 comentarios:

Juan Manuel López Baio dijo...

Gracias por la recomendación. Me imagino que esta capaz ya la conocés. No se aleja tanto del estereotipo del vampiro como tal, pero si de ciertos lugares comunes del relato, yo creo. A mí me encantó:

http://en.wikipedia.org/wiki/Let_the_Right_One_In_(film)

federico carugo dijo...

Conspicuo Daniel: Debe estar muy aburrido para mirar toda esa filmografía patética y adolescente...Pero no se preocupe: dentro de 11 días su vida cambiará, dará otro giro: otro giro que lo remonta a la intensificación de la alienación, al tener que tratar con todos esos pequeños insolentes mocosos; la misma rutina, la misma alienación que el año pasado; o que el ante año y el año anterior. Como una curva griseasea pesada y asfixiante. Tan eterna como una noche negra, tan mortal y fugaz como la luz del día...:P

Linkillo dijo...

Cuántas equivocaciones juntas: ninguna rutina, ninguna alienación, ninguna curva pesada y asfixiante, niguna filmografía patética y adolescente. Debe de ser el calor...

Anónimo dijo...

Lo que contás de Strigoi me copa pero la crítica a los vampiros me parece que la hacés con las mismas herramientas con que se forjan las historias de vampiros hoy.

Lo que un vampiro representa es: Inmortalidad, juventud inmaculada, dinero o poder (obtenidos por la inmortalidad), vida nocturna y el erotismo de morder el cuello.
Si te muerde un zombie gritas, si te muerde una vampira cerrás los ojitos como si fueras un bambi.

Los vampiros mas modernos incorporan buena pilcha, superpoderes, y un look androjino por donde se permeabiliza lo gay.

Algunos pueden volar, pueden percibir mejor con ciertos sentidos, pueden estar como presentes a la distancia.
Incluso, en muchos casos, representan la cultura e inteligencia.
Y también son amos, esclavizan a personas.

Se le permite de todo a un vampiro, desde superheroe hasta estrella de rock. En cambio un licantropo no pasa de un animal peludo. si te persigue uno le chiflás, agarrás una ramita y la tirás bien lejos. Cuando vuelve le acariciás la cabeza y te bancás que te babee.


Entonces es inevitable que un personaje con tantos artilugios, los vampiros, capten la atención de espectadores.

Me parece que de alguna manera inferís que el producto, la película, define a la materia prima, los personajes y la historia. Y no es así.

Sabés que la mayoría de las películas, buenas o malas, son el producto de empresas que buscan rentabilidad. Sabés que los adolescentes son un buen segmento para conseguir dinero.
El adolescente está hormonado. No le pidas sesos o corazón, es pura piel.

Hay una película de los años ochenta de vampiros. Recuerdo muy poco, pero mucho del miedo. Iban en carruaje a una fiesta en un castillo. Primero paran en una taberna (nieve, mucha nieve). Creo que los protagonistas eran un viejito y el joven ayudante. el pibe, como no era otra, se calienta con una vampira. Y el viejo va a matar a los vampiros, con algunas herramientas ingeniosas.

No me acuerdo el nombre pero creo probable que la hayas visto. Recuerdo unas ventosas que le ponían a uno, mucho ajo, una fiesta en el salón y el susto del viejo y el pibe cuando ven que nadie de la fiesta se refleja en los espejos. Vestidos de época.

Lo que quiero decir es que la basura netamente comercial usa la historia que sea para asegurarse una rentabilidad. El vampirismo es un tema que permite desarrollar diferentes estilos de narración y que permite capatar de forma inmediata a muchos lectores.

Además, esa película de Coppola (casualmente lo escuché esta semana) fue realizada completamente con trucos ópticos sin CGI como una forma de homenaje al cine clásico.

Entiendo que te irrite el vampiro cheto y la trolita flogger -me resultan insoportables- pero ellos son la versión metrosexual del vampirismo, y se puede escribir muchísimo con unos colmillos ensangrentados.

Si la película que estás mirando está orientada a adolescentes y vos no lo sos, tu error es criticarla como adulto.

PD: Por dios, no me gusta crepúsculo. Que se entienda.