sábado, 5 de marzo de 2011

Ejercicio de poder

Por Daniel Link para Perfil


Ya no recuerdo cuál fue la última novela de Mario Vargas Llosa que leí pero tal vez fuera La guerra del fin del mundo (1981). Antes, La tía Julia y el escribidor (1977) le había valido la censura de al menos un gobierno provincial en Argentina, porque se interpretó que los dichos puestos en boca del personaje Pedro Camacho, un guionista desquiciado, ofendían al ser nacional. Treinta y cinco años después, pareciera, el novelista sigue siendo irritante y ahora se lo acusa de haberse “ensañado de modo muy particular con nuestro país y nuestra sociedad” (cito una solicitada poco elegante y muy falaz que circuló en estos días).

El Sr. Vargas Llosa no necesita de nuestra defensa. Hace unos meses ganó un Premio Nobel que no le habríamos concedido no tanto por razones políticas (que, de todos modos habrían ocupado algún párrafo de nuestro dictamen) sino por el irremediable adocenamiento de su literatura que (me lo dicen personas de confianza, y por eso les creo) ha perdido toda capacidad de sorprender. Sucede siempre cuando un escritor asume dogmáticamente el lugar en que se encuentra y abandona lo más noble de la literatura y el arte: ponerse en riesgo, todo el tiempo.

Tampoco necesita la Fundación El Libro (organizadora de la Feria de referencia) de nuestras críticas, que no hemos cesado de manifestar a lo largo de su historia, sin que eso modificara un ápice las contradicciones que la arrastran lejos de la literatura y del libro, hacia las pantanosas aguas del show business y el entretenimiento de las masas que la visitan y que, mayoritariamente, buscan en ella lo mismo que en la televisión, los parques temáticos y los juegos de salón: pasar el rato, alrededor de un objeto cada vez más fetichizado (y por eso mismo más odioso), el Libro.

La carta sobre estos asuntos enviada por el Director de la Biblioteca Nacional, el Sr. Horacio González, al presidente de la Cámara del Libro, el Sr. Carlos de Santos, es muy justa y, al mismo tiempo, muy fuera de lugar (desencaminada en su destinatario, en principio, pero también en su alcance, como se verá).

Como queda claro, no comparto todos sus términos. Me parece que separar al Vargas Llosa “literato” del Vargas Llosa “político”, considerando al primero “el gran escritor que todos festejamos” y al segundo, “el militante que no ceja ni un segundo en atacar a los gobiernos populares de la región” es un error que no estamos acostumbrados a reconocer en la siempre compleja prosa del Sr. González, a quien más de una vez hemos citado como bibliografía de referencia. No festejo al Vargas Llosa literato precisamente porque sus opiniones políticas (de una medianía y una mediocridad abrumadora: Vargas Llosa no es más que un liberal) me resultan antipáticas. Toda ilusión de autonomismo, en ese punto, me parece que conduce a debates estériles.

Eso no invalida el interés de una carta que, en rigor, tiene por objeto discutir antes una política curatorial (la de la Feria) que las cualidades éticas o estéticas de un escritor en particular. Es en relación con ese objetivo que convendría meditar en las palabras del Sr. González, más o menos justas en la evaluación de la figura pública de Vargas Llosa (a nadie puede importarle demasiado ese punto), fuera de lugar como intervención política.

Una y otra vez hemos visto la misma operación: no me gusta lo que piensa Tal (la Feria del Libro, Vargas Llosa, Mirtha Legrand) y por eso prefiero que no se lo escuche, porque su pensamiento ofende nuestras convicciones, confunde a la opinión pública (siempre propensa a dejarse engañar por los poderosos) y, sobre todo, perturba la marcha de la Historia.

En este caso: no me gusta la política curatorial de la Feria del Libro (un evento privado y exitosísimo hasta la náusea) y, por lo tanto, trataré de torcerla. Más valdría, pienso, crear (sobre todo cuando se tienen las herramientas conceptuales y logísticas para hacerlo) un espacio discursivo diferencial que debatiera con la Feria del Libro. El FILBA (sobre el cual podrían formularse varias objeciones) es otra institución privada que, en algún sentido, vino a debatir una hegemonía mal o bien ganada.

Pero pareciera que, desconfiando de las propias capacidades organizativas e incluso imaginarias, se prefiere destruir el espacio que se presume amenazante (¿alguien puede creer que la Feria del Libro puede torcer los destinos políticos de la Argentina?) antes que crear uno nuevo. Lo que se pretendía una manifestación de fuerza se revela como una debilidad constitutiva.

Hay que agradecerle, pues, al Sr. González la valentía de su carta: diseña un horizonte que es necesario debatir.

18 comentarios:

Gabriel Palumbo dijo...

Me parece un aporte muy sensato al debate que se armado sobre el asunto. Con el agradecimiento por la respuesta de la nota anterior, quisiera solamente decir que me parece que HG y Carta Abierta, con sus modos y sus formas de enunciar y ejercer la voz política, sobre todo en este último episodio, reabren un antiguo debate sobre el papel de la acción intelectual. Se ha escrito demasiado y francamente aburre un poco, pero creo que si se lo despoja de estridencias y de moralizaciones es un punto que todavía tiene cosas para dar.

Schubert dijo...

Decís que Vargas Llosa (según tus fuentes), que la literatura de Vargas LLosa, perdió la capacidad de sorprender. Sin embargo, ya que nunca lo leí ¿recomendás esos títulos mencionados? ¿O, incluso así, antes de ser este tipo aburrido y liberal, no era nada que valiera la pena leer?

La Rana René dijo...

Con respecto a la separación "literatura"/posiciones ideológicas, ¿no valdría lo mismo para Céline, por tomar un ejemplo que hace poco causó revuelo en Francia? A Céline, el antisemita, sí lo leemos con interés, ¿entonces?
"No festejo al Vargas Llosa literato precisamente porque sus opiniones políticas (de una medianía y una mediocridad abrumadora: Vargas Llosa no es más que un liberal) me resultan antipáticas".
Es probable que hayas querido decir otra cosa y yo me haya quedado afuera, porque es un tema ya muy trillado como entender que no podrías interesarte por un autor cuyas opiniones te resultaran antipáticas.
¡Saludos!

Linkillo dijo...

René, no entiendo la pregunta: Céline no es Vargas Llosa, no hay medianía en Céline...
Schubert: no sé si hoy puede (re)leerse sin fastidio Conversación en la catedral, con su vanguardismo abrumador. O si La guerra del fin del mundo no nos resultaría irremediablemente tediosa. Para mí, mejor es ni intentarlo...

La Rana René dijo...

Perdón, Daniel. Creo que no lo dije bien antes. Yo entendí que no festejabas a Vargas Llosa como escritor porque sus posiciones ideológicas te resultaban antipáticas. Entonces (siendo muy burdo al caracterizar a Céline como un mero antisemita) me pregunté por qué lo leemos y lo festejamos a éste siendo que tuvo posiciones tan repudiables o más que VL.
Es, claro, una pregunta muy tonta: ¿podemos leer y valorar la obra de un cretino? Es lo pasa con el Turco Asís, en otra proporción: alguien intragable "políticamente" pero cuya obra quizá merezca menos desprecio.
Es sólo que me pareció rara la imposibilidad de separar la producción literaria de un tipo de sus intervenciones en el campo de la polémica política. Digo, es la misma eterna perorata que algunos tienen todavía (¡todavía!) con Borges: "no lo leo porque era gorila y apoyó a Pinochet y bla bla bla...".
Perdón por la simpleza de la duda y los ejemplos.
¡Saludos!

Linkillo dijo...

René: no es sólo una cuestión de "adhesiones políticas" lo que nos separa de Borges. Naturalmente, se trata de un prosista de primera línea. Pero un escritor que afirma que "los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres" (y que, además, declara admirable esa sentencia) merece, por lo menos, nuestra sospecha.
Lo que quiero decir es que la literatura es una experiencia del mundo y, como tal, está asociada con nombres propios. La experiencia de mundo borgeana, en todo caso, no me resulta interesante (más que con fines analíticos y pedagógicos, para lo cual es sumamente útil). Creo que el mismo Borges lo señalaba cuando decía que no podemos concebir la literatura de Lucrecio sin pensar en Lucrecio, en la existencia llamada Lucrecio.
Céline puede resultarnos abrumador por muchas razones, entre las cuales algunas de ellas tendrán que ver con lo que pensaba del mundo y otras (en mi caso, es lo que pongo en primer término), una especie de saturación sintáctica que cansa, el agobio de la protesta. Pero Céline, más allá de eso, es interesante (incluso como antisemita, si es que realmente lo fue: él siempre lo negó. Se defendía diciendo que si a él le hubieran encargado eliminar a todos los judíos, no habría fallado). Dejemos de lado a Céline, porque no le tengo una gran simpatía. Fijate en Pound, que fue abiertamente funcionario del fascismo. Ahora bien, no es "a pesar de eso" que Pound es un poeta enorme, sino precisamente por eso. El problema de la evaluación no es de Pound: él tenía ideas muy claras (muy radicales) sobre la plutocracia. El problema es de quienes lo leemos y, para hacerlo, tenemos que tachar la mitad de lo que dice. Eso, para mí, se llama mala conciencia.
No creo que sea posible participar del universo (de la experiencia) de un escritor, si no compartimos sus juicios (sino todos, la mayoría de ellos).
Lo que a mí me resulta intragable de Vargas Llosa no es que sea un radical de derecha (o como quieras llamarlo) sino que es un editorialista liberal de cualquier diario latinoamericano. ¿Con esas ideas pobres se puede hacer literatura? Creo que no.
Las más repudiables no son las posiciones que yo no comparto (por ejemplo, las de Pound o las de Céline) sino las que no me obligan a pensar en nada: la medianía, lo que es "tan cierto que no sirve para nada". La literatura debería ser riesgo. Ese riesgo no puede fundarse en lugares comunes de discurso, sean éstos de derecha o de izquierda (en este punto, el vómito de los estereotipos es todavía mayor)...
En fin, salvar la literatura en contra de los hombres... ¿Para qué hacerlo? Mejor la destrucción, el fuego.

Linkillo dijo...

Ah, y finalmente: lo menos importante de esta discusión es Vargas Llosa....

Schubert dijo...

Claro, la actividad que nos ocupa se torna mucho más interesante (digo, ponernos a pensar cómo se está haciendo literatura, con qué objeto). Yo, justamente, te preguntaba si valía la pena leerlo a Vargas Llosa, porque pensé que en sus primeras obras, esta experiencia literaria pegaba en el lector y proponia nuevos ejercicios intelectuales, cosas nuevas por repensar. Pero, tranquilo, me quedo con el consejo de ni siquiera intentarlo.


Gracias!


PD: Dato curioso, contás la anecdota de Celine y eso no me hace dudar que fue antisemita. Digo, si un tipo dice "Si me hubieran encargado a mí los hubiese exterminado en 3 días." hay duda? Bah, ahora que lo pienso, tampoco está afirmandolo. En fin, gran blog.

federico carugo dijo...

¿Y si lo tomamos con un poco de humor?
http://www.perfil.com/contenidos/2011/03/04/noticia_0035.html

Anónimo dijo...

Entiendo que Horacio Gonzalez es alguien que puede presentar un libro, con la escritora sentada a su derecha, y decir cualquier sanata sin haberlo leído.

Entiendo que Vargas Llosa se apropia de historias reales para escribir ficciones. Y en estas procura mostrar a los monstruos como monstruos para luego atacar verbalmente con el mismo odio y preopotencia de estos.

Entiendo que Dostoievsky destiló, sin ninguna justificación, frases antisemitas y recistas en sus novelas.

Entiendo que Obama es nobel de la paz, y que Vargas Llosa es nobel de literatura.

Lo que no entiendo es cómo Horacio Gonzalez defiende sus ideas. ¿Exculpándose por la sanata frente a un autor argentino? ¿Cacareando para mostrar de qué lado de la vereda se encuentra?

Yo leo a Vargas Llosa aunque lo considero un escritor carente de magia, al tío Dosto aunque me sorprenda con una frase discriminatoria, y probablemente leería a Horacio Gonzalez.

Espero ver algún día equipos de escritores presentandose, juntos, en las ferias. Pero dudo que eso pase porque la escritura se alimenta del egoísmo y la soberbia. Y es por eso que existe esta discusión.


Pero ya está hecho. Iba a llegar como un rey con corona y ahora llegará como un martir ofendido. Ahora, cuando llegue, fumenseló.

Anónimo dijo...

“Sería un terrible escamoteo que yo no hablara de mis posiciones y mis ideas cuando me querían prohibir que lo hiciera”

fumenselón

claudia gilman dijo...

Mc Luhan se sorprende comprobando que hay "gente culta" (así los llama) que ya no desea comprender el mundo. Sólo quiere saber si una cosa es buena o es mala. A cuarenta años de diagnosticado el fenómeno lo vemos proliferando en juicios y opiniones que nadie pide pero por escrito.
Jules Guesde calificó de revolucionaria la carta que Zola envía a Faure a favor de Dreyfus (en la que acepta a someterse a los tribunales por ese acto totalmente inédito) porque por lo visto arriesgaba el pellejo.
¿Nadie tiene nada mejor que hacer que cacarear?

culandrillo dijo...

qué apolillado todo. darle bola a vargas llosa, a la feria del libro, al rol del intelectual. festejo el artikel de link y la risk lit!

federico carugo dijo...

Al final tenía razón Kohan:"¿Qué les pasa? ¿No les sale? Es cuestión de practicar un poco. Prueben conmigo, hagan el intento: ¡Bienvenido, Mario, a la Argentina!"

pd: ¿Vieron que prolifero hablar mal de otros o "sacarle el cuero"? Es un placer...¡¡¡es catártico!!!

Claudia: me encantó tú comentario.

Anónimo dijo...

Creo que la cuestión no pasa por Varguitas, sino por la Feria del Libro, por su existencia y su consenso social. Ese espacio de supuestos "valores culturales", creado con otros fines y desvirtuado luego por el negocio y el mercado editorial, es curiosamente solventado (en un alto porcentaje, por los estados nacional, provincial, municipal, y por universidades nacionales. Sin ellos, que aportan y financian la mayoría de las "actividades", debates, conferencias, etc etc (al menos, las no rentables), no cerrarían los números.
El Estado debería tener un Plan B.

Anónimo dijo...

¿Pero cómo? ¿Vos no eras el profesor que empezaba la clase tirando la estética de Lukacs a la basura?

Anónimo dijo...

ay! claudia!

siempre irrumpiendo en el gallinero!

claudia gilman dijo...

Anónimo: no cacaree nombre ajeno como si conociera a quien menta. No soy yo la que señale su confusión entre blog y gallinero. Si quiere poner huevos y lo dejan, siéntase libre. Con Claudias no, anónimo.