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sábado, 19 de septiembre de 2026

La buena letra

por Daniel Link para Perfil

Cuando Gregorio Samsa despertó, se encontró acostado en una cama de Pilates convertido en un gigantesco insecto que movía las patas sin ton ni son. A su alrededor, tres mujeres en la mediana edad (que cada tanto recordaban sus juventudes de fiestas electrónicas), un veinteañero blanco como la nieve y la instructora evitaban mirarlo para que el desagradable espectáculo no les arruinara el día.

Gregorio se dedicaba, desde hacía semanas y años, a atender las indicaciones de sus médicos (es decir, de la sociedad entera, que había delegado en la medicina y sus maquinitas el poder de decir la verdad sobre toda vida). Tomaba sus pastillas contra la presión alta y contra el colesterol elevado, había modificado su dieta (desayunaba sólo mate, para evitar fumar, y medio yoghurt natural mezclado con arándanos) y hacía gimnasia.

Hacia las 11 comía un huevo duro y almorzaba ligero, lo que en los periódicos se llama “comer sano”. Por la noche se contentaba con un sandwich de pan integral, tomate y jamón (o lomo de cerdo).

Un día, la instructora de pilates declaró que el joven blanquísimo y de piernas lampiñas era su mejor alumno. Gregorio imaginó que al comienzo de la clase siguiente (en ese momento el joven no estaba presente) iba a derramar sobre su cuerpo perfecto y sus líneas puras la cantidad de ácido necesaria para convertirlo en una baba humeante. Había descubierto la semilla de su propio desierto. Su punto de no retorno.

Gregorio comprendió que hacer buena letra (aceptar los mandatos sociales) puede soportarse por un tiempo limitado. La olla sigue borboteando por dentro, y lo que antes se vivía con ironía se convierte en un odio cada vez más reconcentrado y sin salida. Entendió cómo se forman los asesinos de masas, y encontró el punto exacto a partir del cual él mismo comenzaría a acopiar armas para eliminar a la mayor cantidad de personas posibles (partidarios de la comida sana, cultores de yoga y de pilates, médicos y laboratoristas, veinteañeros de posición acomodada y piernas impecables, mujeres casadas con melancolía por sus años mozos), gente de bien, en general. Esta vez, la cucaracha iba a llevarse consigo unas cuantas víctimas.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Del ritornello (parte 2)

 por Daniel Link para Perfil

Ya está, ¿qué más quieren? ¿Van a seguir esgrimiendo especificidades históricas? La AfD de Sachsen-Anhalt ganó las elecciones. Ahí tienen a la ultraderecha alemana a punto de hacerse con el poder. Por supuesto, entre las primeras medidas (si es que llega a formar gobierno, lo que es altamente probable) se cuentan: prohibir la exhibición de banderas arcoiris (LGBTQ+) cerca de los edificios escolares locales, desfinanciar los estudios poscoloniales y de género y prohibir a los funcionarios y al personal escolar el uso de lenguaje neutro en cuanto al género (¡pero el alemán tiene género neutro!). En cambio, será obligatorio el izamiento de la bandera alemana y cantar el himno nacional, se ampliará la enseñanza de ruso en las escuelas públicas y se obligará a educar a los niños "con espíritu de amor a la patria y al pueblo alemán" (sea esto lo que fuere). Así dicho todo es medio cachivache, y lo es deliberadamente, para escamotear los rasgos de neofascismo (¿haremos un escándalo por el izamiento de la bandera y por cantar el himno o “Aurora”? No es lo que hemos hecho siempre?).

Pero detengámonos en dos obsesiones de la AfD. La primera la comparte con toda la derecha europea: el migrante como enemigo (su plataforma propone evaluar las solicitudes de asilo en comités centralizados) y el Mediterráneo como fosa común. La otra es más trivial, pero significativa: odian a la Bauhaus (1919-1933), a la que consideran „Ein Irrweg der Moderne“ (“Un extravío de la modernidad”). El nazismo pensó lo mismo y obligó al cierre de la escuela (uno de los movimientos más importantes del Siglo XX) en 1933.

Ese año maldito designa también un libro notable (que el Papa Francisco solía recomendar a todo el mundo), Síndrome 1933 de Siegmund Ginzberg. Allí el historiador descarta identificaciones mecánicas del tipo Trump es Musolini, Milei es Hitler, pero pone el acento en procesos que son estructuralmente homólogos y que, por lo tanto, deberían hacernos temer por su final. Por ejemplo, lo de la Bauhaus, o la “Ley contra la crueldad hacia los animales”, promulgada en abril de 1933 (Hitler había sido nombrado canciller a finales de enero), apenas después del decreto que disponía la expulsión inmediata del Reich a los inmigrantes clandestinos (casi todos judíos). Fue una ley pionera, y la más avanzada del mundo. Mutatis mutandis, Milei promulgó la propia.

Lo que Ginzberg subraya es el debilitamiento, por un lado, de un sistema de valores (que permite anteponer la vida animal a la vida humana) y, por el otro, de las instituciones de la política, que en un ambiente de desquicio total, avala la aparición de comportamientos neofascistas y de fantasías de gobierno y de movilización total (¡la casta, la casta!).

El año pasado publiqué aquí mismo una columna en relación con el centenario de Mi lucha y sus advertencias. Un año después, el Sr. Milei dice que hay “terroristas disfrazados de estudiantes y profesores".

Esto no es todavía el 33, pero si no nos ponemos serios, ya vamos a llegar.

 

sábado, 5 de septiembre de 2026

Nihilismo y paranoia

por Daniel Link para Perfil

Tiene razón mi amigo Giorgio en su columna última. Agamben historiza la noción de nihilismo en tres momentos del Siglo XIX: Stirner, Dostoievsky y Nietzsche. El nihilista es quien «ha fundado su causa en la nada», es decir, un ser en quien la disolución de toda fe y de todos los valores ha alcanzado su forma extrema.

Por supuesto, para Dostoievsky y Nietzsche esa figura es al mismo tiempo una amenaza y una promesa (de transformación, de huida de un suicidio masivo y colectivo). Eso, claro está, podía pensarse en el siglo XIX y en el círculo de las personas más avisadas y con mayor penetración perceptiva. Incluso en el siglo XX el nihilismo encontró en algunos teóricos (atentos a las ideas de las vanguardias históricas) posibilidades revolucionarias (como creía Benjamin, para quien el nihilismo puede convertirse en el fundamento de una nueva política).

Pero luego, como los grandes relatos de emancipación colectiva, los grandes movimientos de protesta y las utopías dichosas, todo eso se disolvió en el nihilismo plano e indiferente con el que lidiamos. Es esta nada cotidiana y normal la que debemos enfrentar.

Sabemos que sólo un loco como el presidente Schreber podría decir lo que escuchamos la semana pasada (en un contexto escolar, en un barrio rodeado por francotiradores desde todas las ventanas y terrazas a su alrededor, en aulas donde las alumnas habían sido amenazadas con la falta de garantía de sus vacantes futuras en la institución si incurrían en “falta de respeto”, en un censo de alumnas mermado por decisión de padres que no querían someter a su prole a presiones semejantes), sólo un loco puede decir algo como “El capitalismo es el orden que Dios pensó”. Alrededor de ese exceso de creencia (y de ignorancia histórica, desde ya) se reúnen los cínicos y los nihilistas, que saben que ese enunciado no sólo es insostenible sino además peligroso pero que deciden abrazar la causa de la nada.

Si, nos dice Agamben,  como sugirió el propio Nietzsche, el nihilismo, plenamente comprendido y entendido como tal, representa la gran oportunidad de la humanidad para escapar de su destino letal debemos preguntarnos: “¿Qué nos impidió fundamentar nuestra causa en la nada y, en lugar de convertirla en nuestra condición habitual, encontrar en ella una salida al destino de Occidente?".

Los que se aprestan a votar a Milei son nihilistas: tienen nada de esperanza o de alegría, nada de solidaridad o de memoria, nada de fe y ningún deseo trascendental. Viven con resignación en la película de Dick Tracy que los tiene de extras.

martes, 1 de septiembre de 2026

Danos hoy nuestra nada cotidiana.

por Giorgio Agamben para Quodlibet

En un libro publicado en Leipzig en octubre de 1844 por Wigand, aparece un tipo de hombre hasta entonces desconocido, uno que parecía inadmisible e inaudito para sus contemporáneos, pero que desde entonces nos resulta perfectamente familiar: el hombre que, como leemos en las primeras y últimas páginas, «ha fundado su causa en la nada», es decir, un ser en quien la disolución de toda fe y de todos los valores ha alcanzado su forma extrema. Sin duda, es el primer e insuperable nihilista, pero cabe señalar que el nihilismo en cuestión se ha convertido hoy en la condición normal de la humanidad. El libro se titula El yo y sus propiedades, del autor Max Stirner.

Dieciocho años después, en la revista «El Mensajero Ruso», Turguénev publicó la novela en la que el tipo nihilista (aquí aparece la palabra), encarnado por el protagonista Bazarov, se define así: «Un nihilista es un hombre que no se somete a ninguna autoridad, que no tiene fe en ningún principio, por muy respetuoso que sea». En Los demonios, publicada en 1873, Dostoievski decide abordar el problema trascendental del nihilismo, en particular a través de la figura de Kirilov. De la negación nihilista de la existencia de Dios, Kirilov extrae una consecuencia radical que absolutiza y subvierte su propio yo. «Si no hay Dios», afirma, «yo soy Dios. [...] Si hay Dios, toda voluntad le pertenece, y no puedo escapar de su voluntad. Si no existe, toda voluntad me pertenece, y me veo obligado a ejercer mi libre albedrío... Me veo obligado a suicidarme porque la máxima expresión de mi libre albedrío es quitarme la vida... Para mí, no hay idea más elevada que la de que Dios no existe... El hombre no ha hecho más que inventar a Dios para vivir sin suicidarse, y este es el sentido de toda la historia del mundo hasta ahora. Yo, solo en la historia universal, por primera vez, no he querido inventar a Dios». Al meditar sobre estas páginas, Nietzsche considera la muerte de Dios como el acontecimiento fundamental de la modernidad: «El mayor acontecimiento reciente —que "Dios ha muerto", que la fe en el Dios cristiano se ha vuelto inaceptable— ya empieza a proyectar sus primeras sombras sobre Europa. [...] Pero, en esencia, puede decirse que el acontecimiento en sí es demasiado grande, demasiado lejano, demasiado ajeno a la capacidad de comprensión de la mayoría de la gente como para que siquiera la mera noticia pueda considerarse ya una realidad».

Tanto para Nietzsche como para Dostoievski, la muerte de Dios y el advenimiento del nihilismo significaban algo tan terrible que los seres humanos jamás podrían aceptarlo sin cuestionar su propia existencia. Por una vez, Nietzsche y Dostoievski no fueron buenos profetas. El nihilismo se ha convertido en la condición normal de la humanidad, pero, a diferencia de Kirilov, el hombre común de hoy parece vivir con la muerte de Dios y el nihilismo sin sufrir ni preocuparse, literalmente como si nada estuviera sucediendo. Es con este nihilismo plano e indiferente con el que lidiamos. Es esta nada cotidiana y normal la que debemos explicar. Y si, como sugirió el propio Nietzsche, el nihilismo, plenamente comprendido y entendido como tal, representa la gran oportunidad de la humanidad para escapar de su destino letal —si, como creía Benjamin, el nihilismo puede convertirse en el método de una nueva política—, entonces la pregunta que debemos hacernos es: "¿Por qué se perdió esta oportunidad? ¿Qué nos impidió fundamentar nuestra causa en la nada y, en lugar de convertirla en nuestra condición habitual, encontrar en ella una salida al destino de Occidente?".

27 de agosto de 2026

sábado, 27 de junio de 2026

Reglas de tránsito

por Daniel Link para Perfil

Manejo un auto porque no me queda más remedio. Nunca lo uso en la ciudad, pero como vivo a cincuenta kilómetros, cada desplazamiento me cuesta un dolor de cabeza (además del combustible para el vehículo, los peajes y las cuotas de seguro, patente y cochera). Supongo que en pocos años más ya no podré manejar pero no quiero ni pensar en ese desenlace.

Mientras tanto, sufro. Sufro la pelotudez de quienes manejan usando el celular (los veo chicos, los veo), sufro la violencia de los conductores de narcisismo herido, que pretenden alcanzar no sé bien qué record en los índices de desagrado del prójimo, sufro el pésimo diseño de las uniones de las autopistas y el estado lamentable de los caminos alternativos (urbanos o semirurales). Sufro las horas pico, que trato de usar en sentido inverso.

Por ejemplo, me organizo para ir a Villa Link (donde funciona mi carrera de Letras) un día a media tarde, cuando ya empiezan a volver los habitantes del suburbio. La felicidad que me provoca ver los atascos en el carril contrario no tiene desperdicio ni arrepentimiento alguno. Cuando salgo de Villa Link, me quedo a dormir en Buenos Aires, a donde llego relajado por el contra tránsito, felicitándome por mi estilo de vida. Al otro día, después de algún trámite matutino o algún turno médico, me vuelvo a mi suburbio, antes de que el malón empiece a rugir. Y hago las compras en el pueblo. Y llego a mi casa, donde las perras y el gato me reclaman mi ausencia.

Como nada nos salva del pelotudo atómico, todos los días hay algún choque por falta de atención o por uso indebido del teléfono celular. Yo no entiendo cómo hay gente que choca en autopistas, pero que las hay, las hay. Y mientras vienen los servicios de emergencia, la policía y no sé que otra patrulla necesaria, el tránsito de paraliza. Sucede sobre todo en horas pico, pero me ha pasado incluso en los horarios que yo elijo para transitar el mundo con tranquilidad y buena música.

En todas las uniones de autopista (Acceso Oeste y General Paz, Dellepiane y Perito Moreno) los atascos son épicos, porque las uniones están mal pensadas, y hechas para la mierda. Los cráneos gobernantes han resuelto el problema que los mismos contratistas y el Estado crearon limitando la velocidad a, por ejemplo, 60 kms. por hora. Es dificílisimo no pasar por la cámara a 65, y quedar deudores de plata y, sobre todo, de puntos de scoring. No entiendo cómo la gente no ha cortado todavía esas uniones en reclamo de una solución que no sea la penalización del inocente.

(siguiente) 

 

sábado, 20 de junio de 2026

Sentido literal y figurado

Por Daniel Link para Perfil

El Mundial está entre nosotros. El acontecimiento deportivo que, se suponía, iba a cubrir con un manto de piedad los más escandalosos casos de corrupción actual, en verdad no ha hecho sino subrayarlos y obligarnos a pensar en sus raíces, que son parte de un largo proceso de desarticulación del sujeto político.

Nos desayunamos (digo: las personas del común, no probablemente los expertos en las lides de balón) de la introducción de un “hydration break” en la mitad de cada tiempo, que desarticula por completo el partido y cambia su intensidad y, por lo tanto, su impacto emocional. Uno se pregunta: ¿nos toman por pelotudos? ¿Acaso alguna vez un jugador cayó deshidratado al campo? ¿No hemos visto a los jugadores, durante décadas, tomar agua al costado de la cancha? Realmente: ¿nos toman por pelotudos? La pausa de tres minutos sirve para meter una tanda completa de más mierda publicitaria, dejando a los telespectadores (y eventuales asistentes) con un sabor más bien amargo en la boca porque, ¿a quién le preguntaron si eso hacía falta?

Por supuesto, quienes primero podrían haber protestado son los jugadores, pero sus representantes habrán abrazado con algarabía la nueva interrupción porque significaba más dólares en sus bolsillos. Un negocio interrumpe la identificación del público con sus jugadores y con el partido entero. Lo que allí sucede desbarata por completo la representatividad como relación y como soporte del discurso (deportivo).

Ahora bien, el “¿nos toman por pelotudos?” debe aplicarse también a la política. ¿A quién se le ocurre que el Mundial podría salvar a Adorni de su propia estupidez? Obviamente a alguien que es capaz de pensar en términos de fragmentación total de la escucha ciudadana y popular. Es decir: a alguien que desprecia a aquellos a quienes dice representar. Son los “mogólicos” de quienes los gobernantes se ríen.

Pero, además, ¿a quién se le ocurre que la corrupción admita alguna defensa, alguna dilación en su condena, la suspensión del castigo correspondiente? Hay allí una falla conceptual profunda que desconecta a los representantes de sus representados, creando una oligarquía política (que la actual gestión ya no puede seguir llamando casta sin que se le caiga la cara de vergüenza) que carece de cualquier fundamento democrático.

Cuando cayó el muro de Berlín, se pusieron a la venta los coquetos pisos que el comunismo alemán había construido en la Karl Marx Allee bajo el lema “palacios para el pueblo” y que fueron habitados, todos ellos, por la oligarquía partidaria. Un hispanoamericanista célebre compró allí, después de la unificación, un penthouse, donde organiza ahora unas fiestas preciosas.

Que eso haya sido posible (la apropiación de un barrio entero por parte de la nomenclatura comunista) fue un antecedente de la pérdida de sentido del PC (que no es un asunto ideológico, desde ya, sino puramente coyuntural).

La corrupción es una consecuencia de la pérdida de relación de la clase política con sus representados: esa es la crisis de representación que atravesamos y que lleva ya más de veinte años. No se fueron todos, y más bien se quedaron. E inventaron palabras bonitas cuyo efecto más triste fue la fragmentación del sujeto político al que se lo interpeló, cada vez, con nombres diferentes hasta que ya nadie supo más quién lo convocaba ni para qué.

Autonomizada de sus obligaciones, la oligarquía política considera que tiene derecho a garantizar su propia existencia a toda costa y sin referencia a los intereses generales de la sociedad (“evadí, como todo el mundo”). 

La política actual opera sobre masas y multitudes desagregadas. No polarizadas, lo que siempre fue una estrategia no sólo legítima sino también inevitable, sino completamente atomizadas. El mismo que dice “gente de bien” con un énfasis casi persecutorio es el que no considera que haya hecho nada indigno de su investidura: sólo se trata de vivir, bajo el signo de Libra.

La obsesión presidencial por la ópera Nabucco es un indicio. Para él la obra habla del pueblo judío (lo que es cierto) y nada más (lo que es falso). Nabucco es una protesta sobre la entonces dominación austríaca sobre Italia (el pueblo judío es una metáfora o la matriz de comprensión de todo pueblo). La “patria bella y perdida” era Italia y “Va pensiero” es una afirmación patriótica contra la tiranía extranjera.

Como el señor presidente ha perdido totalmente la relación con la noción de “pueblo” que Nabucco invoca, no puede leer su argumento más allá de su literalidad. Y como integra la oligarquía política, le parece legítimo que él y sus cómplices de gobierno hagan pingües negocios a espaldas (y con el dinero) de sus representados. Como en el fútbol: ¿nos toman por pelotudos?

 

sábado, 13 de junio de 2026

¿Triunfan los bárbaros?

Por Daniel Link para Perfil

La realidad (un sello de clausura sobre todas las puertas del deseo) te alcanza y te lleva por delante, lo quieras o no. El asunto es cómo vas a reaccionar.

Murió el Indio Solari, lo que desencadenó una de las más intensas manifestaciones de religiosidad popular de las que se tenga memoria. A esa muerte, el gobierno contestó negando para sus funerales el lugar de privilegio que el cantante se merecía, alegando no sé qué razones de seguridad (las mismas estupideces que te dicen para que apagues el celular en el avión). Y los odiadores que siguen al gobierno se dieron incluso el lujo de celebrar esa muerte en los comentarios a repetición que evacuaron en las notas periodísticas.

Yo nunca seguí a los Redondos, y ni siquiera me sé un tema completo. Nada de ese universo, yo pensaba, se relacionaba conmigo y pensaba callar respetuosamente hasta que el diputado Paulón propuso un homenaje impensado (¿pero acaso lo impensado no es lo que moviliza al pensamiento?): declarar el 5 de junio como día de la cultura ricotera y el pogo. En el cuerpo del proyecto de ley cita a las autoridades. No la Real Academia, que sabe todo sobre la muñeira pero nada sobre el pogo, sino el Diccionario Latinoamericano (DILE) que creamos en UNTREF hace diez años y que incluye esa definición (y otras tantas esenciales).

Por supuesto, los odiadores se lanzaron también contra el proyecto de ley, abogando por la desaparición total y definitiva de la cultura ricotera, asociada sin miramientos desde su perspectiva retardada con la droga, el alcohol y el peronismo.

El proyecto de ley cita la definición de “Pogo” propuesta para el DILE (bajo la dirección, desde sus primeros días, de alguien que no es ricotero ni peronista, como yo). En un diccionario de uso del español, los términos los definen los propios usuarios, como corresponde, incluso desde la perspectiva de cualquier espíritu “anarcolibertario”.

Pero advertidos los odiadores de la existencia de una herramienta de cultura se sacaron la máscara de la libertad y mostraron su cara de exterminio realizando ciberataques coordinados que paralizaron el sitio.

sábado, 6 de junio de 2026

Descansa en paz

Por Daniel Link para Perfil

El 9 de marzo de 2026 el Equipo Argentino de Antropología Forense emitió un informe según el cual los restos esqueletales denominados LTZB-S2-11-015 habían sido identificados como partes del cuerpo de Fernando Risso, mi primo hermano, secuestrado el 24 de marzo de 1976 de la Casa de Gobierno de Córdoba, donde trabajaba. Junto con los suyos, se identificaron los restos de otras dieciseis personas, cuyos huesos fueron a parar a una fosa común en Loma del Torito. La noticia fue profusamente comentada por los diarios, que dieron la nómina de los dieciseis nombres, excluyendo el de mi primo, por decisión de la familia.

Basándose en ese informe, el Juzgado Federal de Córdoba Número 3 emitió el 2 de junio de 2026 una resolución declarativa fechando el acontecimiento de la muerte de Fernando el 24 de marzo de 1976, a falta de mejores elementos de datación.

El asunto puso en estado de alerta a la familia. Cuando comenté el suceso con mi mamá (96 años) me preguntó: ¿y qué se gana?

Yo me armé de paciencia e intenté explicarle el significado de ese hallazgo en términos trágicos (enterrar y honrar a un muerto), en términos históricos (la desparición de Fernando no fue una fantasía: “estará en España”, se dijo, de muchos tantas veces), en términos jurídicos (habiendo cadáver, hay delito, y por lo tanto proceso), pero creo que no tuve éxito.

Además, he conversado del asunto a propósito de la película No matar (2026) de Juan Villegas y del debate que suscitó, como legitimadora de los discursos negacionistas y dobledemonizadores.

No he visto la película de Villegas, pero todas sus premisas me resultan de una ligereza paradójicamente abrumadora. Parece no entender la herida abierta que las desapariciones han dejado en la conciencia común y que es muy diferente de la que supone cualquier asesinato. En el primer caso, el juicio (ético, jurídico) queda suspendido; en el otro, está escrito con todas las letras. Las víctimas no son equivalentes.

Pero el negacionismo es un vicio conceptual difícil de erradicar, tanto en el seno mismo de las familias como en el discurso público. Pero hay que hacerlo, por ellos y por nosotros.

sábado, 9 de mayo de 2026

La grieta divina

por Daniel Link (+ DeepSeek) para Perfil

Javier Milei y Victoria Villarruel tienen diferencias políticas de fondo. No se trata de una simple disputa de liderazgo: es la colisión de dos concepciones del bien común, cada una con su promesa de salvación.

Detrás del acuerdo táctico que los une, se esconde una fractura teológica. Milei es un economista seducido por el judaísmo. Estudia la Torá, visita al rabino Axel Wahnish y ve en el Antiguo Testamento un manual de libertad. Para él, Dios es el primer libertario: creó al mundo con reglas claras y luego dejó que el hombre eligiera. De ahí su odio al Estado, al que considera un faraón moderno que esclaviza con impuestos. El mandamiento “no robarás” es, en su prédica, una condena a la presión fiscal. Por eso su política exterior es ferozmente proisraelí. Milei no reza en latín ni en castellano: reza en hebreo antiguo y traduce la política como un pacto entre propietarios libres, no como una comunidad de creyentes.

Villarruel, en cambio, se nutre de un catolicismo preconciliar, cercano a la Fraternidad San Pío X. Rechaza el espíritu ecuménico de Francisco y abraza una visión corporativa donde la Iglesia guía al Estado. La nación tiene un alma, y esa alma es católica. No existe el individuo abstracto del liberalismo: existen la familia, las tradiciones, la patria de los próceres y los militares. Su defensa de la vida desde la concepción y su rechazo al aborto no surgen de un cálculo político, sino de una jerarquía espiritual inquebrantable. Por eso, para Villarruel, el enemigo no es solo el socialismo, sino también el liberalismo que disuelve los lazos comunitarios. Su catolicismo es una trinchera.

Mientras Milei sueña con una Argentina judaico-libertaria donde el único vínculo sagrado es el contrato voluntario, Villarruel imagina una reconquista católica del Estado, con escuelas, leyes y moral confesional. Coinciden en el “frente” contra el kirchnerismo, pero rezan en lenguas distintas. Gobiernan juntos. Pero la fe mueve montañas... y también rompe alianzas. Cuando el poder los empuja a definir el modelo de país, esa grieta divina se abre y, como Cronos, se los come crudos.

 

sábado, 28 de marzo de 2026

Por algo habrá sido

Por Daniel Link para Perfil

Durante la dictadura cívico militar de la cual se conmemoró esta semana su cincuentenario había una frase terrible que circulaba como un mazazo de hierro: “Por algo habrá sido”.

Mi primo hermano Fernando Risso fue secuestrado el 24 de marzo de 1976, en la Casa de Gobierno de la ciudad de Córdoba. Tenía 24 años. Continúa desaparecido. Es muy probable que alguien haya pensado, sobre su secuestro y desaparición que “por algo habrá sido” pero nunca llegamos a saber bien por qué. La frase, que parece suponer que hay causas que justifiquen su secuestro y desaparición, sigue martillando en nuestras conciencias. Yo guardo los libros de Fernando y también algunas de sus fichas de estudio, resúmenes de lectura. Muchas veces miré esos papeles para ver si encontraba allí claves que explicaran su destino. Por supuesto, no encontré nada.

Si alguien pudiera explicarme cuáles son los delitos que Fernando habría cometido podríamos discutir la proporción de su condena (que, por supuesto, no incluye nunca, nunca, la pena de muerte). Pero no, nadie sabe a ciencia cierta qué hizo Fernando. Ese no saber bien por qué se secuestraba a alguien no fue una excepción sino una forma deliberada de instalar el terrorismo de Estado. Las razones podían ser todas y cualquiera. ¿Cómo recuperarse de una operación psicológica semejante?

Por supuesto, recordar hoy esa frase es instalar un abismo de incomprensión que sostiene a la dictadura como lo que fue. ¿En nombre de qué justificar el secuestro, la desaparición, la apropiación de bienes y de recién nacidos? El “por algo habrá sido” es la señal de fracaso contra la que se instala un régimen que buscó la complicidad de la sociedad mediante el terror y que busca hoy la extinción de las responsabilidades penales de los perpetradores, bien delimitadas y bien fundadas en pruebas testimoniales y documentales.

“Por algo habrá sido”, pero ¿exactamente por qué y cómo? ¿No se dan cuenta de que en la medida en que no puedan explicar en cada caso las razones para la aniquilación que se propusieron, nuestras vidas seguirán siendo heridas abiertas? Con vida los llevaron, con vida los queremos.


sábado, 21 de marzo de 2026

¡Qué te metés!

Por Daniel Link para Perfil

El primer viaje de Colón todavía puede sostenerse como una aventura humana sin precedentes. Pero el segundo viaje es ya otra cosa: explotación y exterminio. La armada colombina partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 integrada por 17 naves con entre 1200 y 1500 pasajeros y tripulantes a bordo, con el objetivo (antropológicamente incorrecto) de “explorar” las Antillas, “descubiertas” en el viaje previo.

El 14 de noviembre de 1493, Colón mandó una barcaza de desembarco a la isla de Santa Cruz (hoy Saint Croix), en busca de una fuente de agua dulce. La isla estaba habitada por taínos, caribes (o kalinagos) e igneris (que habían sido asimilados por los taínos).

El grupete colombino desembarcó en una playa preciosa en la desembocadura del río Salado (hoy Salt River's Bay). Se encontraron con unos taínos prisioneros de los caribes y decidieron liberarlos.

De regreso a la nao correspondiente, fueron interceptados por una canoa repleta de caribes justamente indignados (¡qué te metés!) y de la despareja confrontación armada quedaron dos víctimas fatales, una por cada bando. Es, de hecho, el primer enfrentamiento entre el imperio y la resistencia nativa. Con frecuencia se subraya la complicidad de las tribus con los colonizadores, a los que pedían protección contra sus feroces enemigos, pero el enfrentamiento enfrente de la “Playa de las flechas” (así la llamó Colón) pone en perspectiva esas alianzas.

En treinta años, no quedó uno solo de los antiguos habitantes de Santa Cruz, que fue abandonada por los españoles un siglo después, dando paso a una larga serie de ocupaciones, compraventas y luchas por su ocupación (Malta, Francia, Dinamarca). En 1917, fue adquirida por el gobierno de los Estados Unidos, que la conserva como Territorio no incorporado (es decir: sin representación parlamentaria).

Los actuales “crucianos” descienden de un amasijo de nacionalidades, a las que se deben agregar los criollos antillanos de otras islas, los afroadescendientes liberados, los latinos de Puerto Rico y de Dominicana que sostienen una comunidad activa y vibrante.

No alcanzamos a entender del todo el presente pero lo sabemos horrible. Se nos escapan las categorías analíticas que antes podían explicar una sensación, un vínculo, un acontecimiento. Todo se ha vuelto muy confuso.

En 2020, Donald Trump pronunció un frase que parecía salida de su ilimitadísima ignorancia. Se comprometió a "proteger el modo de vida americano que comenzó con Cristóbal Colón". Conviene recordarla, sin embargo, en estos días de avalancha destructiva, como lo que es, un reconocimiento: así como Colón, él se compromete a llevar, en nombre de un modo de vida (casinos, canchas de golf, resorts, renta inmobiliaria) la guerra y la aniquilación a donde se le de la gana y por las razones que le parezcan (aunque sean las más mezquinas).

Los imperios no destruyen lo que no entienden, destruyen lo que odian, simulan entender mal para poder cumplir con su “destino manifiesto” de dominio, o sea: una forma de psicosis.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

Querido diario (8): Próxima parada, década del treinta

Por Daniel Link para Perfil

34. Un documental muestra el apogeo y caída de la ciudad de Tayra Banks: American Next Top Model. Después de 18 años, la institución que financiaba el reality exigió la renuncia de los tres jurados que, junto con ella, sostenían el show. La conjunción de diversos talentos, competencias y habilidades, que hacen que diferentes equipos se reconozcan como instancias sólidas y eficaces se consigue a través de los años y supone un mecanismo lento de articulación y redundancia. Desmantelar esos equipos suele ser fatal porque todas las piezas son igualmente importantes. ¿Por qué Tayra Banks aceptó quedarse, contra toda predicción en contra? ¿Se consideró dueña de “la idea” y, por eso mismo, invulnerable? Sabemos que eso conduce siempre a las peores catástrofes. ¿Qué hacer, en la misma circunstancia?

35. Apogeo y caída de la ciudad de Mahagonny comienza con una huida desesperada. Los bandidos comandados por la Sra. Begbick no pueden continuar adelante. Pero saben que deben continuar, porque los persiguen. Hay que continuar / No se puede continuar. Tampoco se puede volver atrás. Deciden fundar una ciudad, la ciudad del placer y del pecado, Mahagonny, que será el terreno fértil para los brotes de fascismo. Cada vez que queremos advertir el advenimiento de nuevos fascismos se nos corrige terminantemente, como si la forma final de los fascismos históricos europeos fuera el único término de comparación. Pero el fascismo estuvo allí mucho tiempo antes de los campos de exterminio, y creció con el apoyo de un aparato de propaganda formidable, discursos de odio cada vez más desinhibidos y la complicidad de sectores de la población (las iglesias, las industrias).

36. A Heidegger no se le puede achacar complicidad con la Solución Final. Sin embargo, su discurso inaugural como rector de Friburgo (1933-1934), "La autoafirmación de la Universidad alemana", subordinaba a la Universidad al Führerprinzip (principio del líder). En nombre de ese principio Heidegger desprotegió a profesores y alumnos y eliminó de Ser y tiempo (1927), en la segunda edición, la dedicatoria a su maestro, Edmund Husserl, de ascendencia judía.

sábado, 14 de febrero de 2026

Querido diario (7) La tormenta perfecta

Por Daniel Link para Perfil

30. La tormenta de febrero se desató sin anuncio previo. No me refiero sólo a la variación climática sino a la situación que atraviesan las universidades públicas, desfinanciadas hasta el ahogo. Muchas de ellas aceptaron pactar con el gobierno nacional. A cambio de fondos defenderán sus políticas culturales y económicas, sus biopolíticas. O sea: echarán a los docentes e investigadores que tengan una perspectiva crítica sobre el actual gobierno. Basta con ver la lista de las favorecidas en el reparto de prebendas para saber por dónde se cortará el fiambre. Las que no han sido favorecidas por semejante contubernio, han empezado a despedir profesores e investigadores, a posponer contrataciones, a ofrecer condiciones subhumanas de trabajo. Todas las soluciones que yo he propuesto para esta crisis terminal de los espacios universitarios han caído en saco roto: “no es la costumbre”, “no tenemos otra salida”. Un año que iba a ser glorioso, se transforma de repente en la antesala del infierno. ¿Resistiré, resistiremos?

31. Le recomiendo a una amiga una película extraordinaria que se llama The history of sound (2025, Oliver Hermanus). Le aclaro: “Pero si vos ya entraste en el régimen de ver sólo películas que digan las cosas que deben decirse para satisfacer la mala conciencia, no la veas”. Y me contesta: “Para ser sincera, entré un poco en esa”. No llego a entender qué terror lleva a personas inteligentes y sensibles a adoptar un criterio temático y políticamente correcto para mirar películas o leer libros. La historia del sonido está magistralmente actuada y es una historia de amor pura y simple. Pienso que a Roland Barthes le habría gustado.

32. El tercer libro que estoy preparando para este año es la transcripción de unas conversaciones que entablo con dos amigos a propósito de algunas nociones que, ellos dicen, son importantes en mis libros y en mi práctica. Me gusta mucho la idea de sostener conversaciones “eruditas”, un género ya casi inexistente. Veremos qué sale. Me intimada un poco la grabación preliminar en video.

33. Es rarísimo cómo los europeos, pese a sus innumerables desaciertos políticos y su fatal incomprensión del presente, se consideran, pese a todo, el centro de un mundo que, hay que decirlo, si existiera sería totalmente decadente. Como estoy al tanto de las muchas ignorancias que arrastran como bandera, le mando a un amigo europeo parte de las repercusiones del extraordinario show de Bad Bunny del fin de semana pasado. “Supongo que lo habrás visto”, introduzco como chicana (porque estoy seguro de lo contrario). Y concluyo: “Acá no se habla de otra cosa”. Me contesta: “Estoy en Estambul. Acá el mundo ya está mirando únicamente hacia Oriente”. La misma idea de “Oriente” es un poco anacrónica, pero el “mirando únicamente” del “mundo” es directamente ofensiva. Como si hubiera un “mundo verdadero” del cual las americanas no podemos saber nada, al cual no podemos acceder, para el que hacen falta competencias que se nos escapan. Y claro, un “Oriente” misterioso.

 

sábado, 27 de diciembre de 2025

Preguntas desde el borde

Por Daniel Link para Perfil

Me pregunto si el año que viene seguiremos tolerando (no digamos admirando, no digamos gustando de, no digamos envidiando, porque ninguna de esas pasiones jamás han tenido a esa especie como objeto) a los influencers.

La esfera de la opinión pública, en sus formulaciones más clásicas, era formadora de opiniones y por lo tanto, las “influencias” tenían su peso político. Pero hoy todo eso se ha reducido a que una persona (por lo general muy pelotuda) use un producto o una marca a cambio de un monto siempre ridículo de dinero con el presunto objetivo de “influenciar” a alguien para que compre ese producto o adhiera a esa marca.

El asunto es de una vileza extrema, porque es clarísimo que la gente no va a comprarse un perfume, un reloj o un auto porque lo use tal o cual idiota (perdón, quise escribir “influencer”). Lo saben incluso quienes les pagan a los influencers. ¿Por qué continúa ese círculo vicioso de falsedades, inequidades y desconsideración hacia la inteligencia general de las poblaciones? Yo diría que en esas “estrategias” del mercado publicitario lo único que importa es mantener lo más abyecto de la máquina tecno-capitalista en funcionamiento. Me imagino un año en el que la gente directamente bloquee a los influencers y sus recomendaciones, una aurora en la que la gente decida desprenderse del charco de inmundicia que son las redes.

También me pregunto hasta cuándo seremos capaces de soportar que nos humillen nuestros gobernantes. No me refiero sólo al Poder Ejecutivo, sino a la lacra del Poder Legislativo, que borra hoy con el codo lo que ayer sostuvo con algarabía. Esos buitres dispuestos a vender sus “influencias parlamentarias” por una prebenda personal o una cuota de medicina prepaga merecen público escarnio.

Por supuesto, también me pregunto hasta cuándo seguiremos aceptando el delirante sistema de tránsito que estrangula a Buenos Aires. En la Provincia, acaban de descolgarse con una medida ejemplar (un ejemplo de estupidez). En el único tramo del Acceso Oeste donde la velocidad máxima era hasta ahora de 130 km/h (velocidad imposible de alcanzar salvo a altas horas de la madrugada), fue reducida a 110 km/h.

O sea: como la autopista está, como todas las demás vías de circulación, colapsada, la única solución que alguien se le ocurre es disminuir los límites de velocidad, en lugar de pensar cómo arreglar el embrollo, el atasco, el estreñimiento. Que cada quien se arregle. Baste observar lo que sucede cuando dos autopistas se encuentran (la Perito Moreno con la 25 de Mayo, el Acceso Oeste con la General Paz, la Panamericana con el Ramal a Pilar) para darse cuenta de que todos esos cruces o confluencias presentan defectos de diseño que impiden el tránsito (agregando un mínimo de diez minutos de tiempo de viaje y de 50 milímetros de mercurio a la presión sanguínea) de los que nadie se hace cargo. Todo es demente, psicótico y culpabiliza al que conduce el vehículo. ¿A mí me descuentan puntos de mi licencia por exceso de velocidad? ¿Por qué no le descuentan puntos a los que diseñaron las autopistas? ¿Por qué no les descuentan puntos a los pelotudos que chocan (¡en una autopista!) por manejar mirando el celular o sacándose los mocos? Quiero decir: a quien choque en una autopista le deberían retirar para siempre el registro de conducir (en todo caso, una vez determinada la responsabilidad, cosa que las agencias de seguro hacen muy bien y muy rápido). Pero no: mejor descontarle puntos al distraído que se pasó una cámara porque el tráfico fluía y no tiene velocidad crucero en su auto. A los que chocan, nuestra simpatía. A quienes diseñan las autopistas, nuestro agradecimiento. Al gobierno, que no piensa invertir un peso en arreglar el desaguisado vial bonaerense, nuestro voto útil.

Otra intriga para el año venidero. ¿Volverá a existir el peronismo como fuerza? Sigue siendo un sentimiento (incomprensible), pero por ahora con forma de charco de agua estancada, que no desemboca, que no desemboca. Supongo que lo primero que tendrían que hacer los amigos peronistas es un examen de conciencia, un vendaval moral que les permita pensar más allá del clientelismo corrupto que ha dominado su práctica en los últimos lustros o décadas. Charlando con algunos de ellos compruebo que siguen naturalizando el mismo sistema que los llevó al colapso y al desmoronamiento. Sencillamente esperan que les vuelvan a dar plata (no importa de dónde salga) para repartir (irregularmente, desde ya) a los pobres, que somos todas.

Otra pregunta, o deseo (en italiano pregunta se dice domanda): ¿conseguiré vender mi casa del conurbano para irme a vivir a Mar del Plata, que es el destino de los locos que huyen, de los enemistados con el mundo, de los que ya no dan más, de los que quieren encerrarse a escribir?

 


sábado, 13 de diciembre de 2025

Saltar la tapia

Por Daniel Link para Perfil

Hay soluciones clarísimas que nadie quiere tomar por no se sabe bien qué compromisos con la realidad, pero que en todo caso dejan entrever una corriente turbia de corrupción, insensatez y locura de poder.

Pongamos por caso el combate de las drogas, del que tanto se jacta su abanderada la Sra. Bullreich. ¿Qué implica ese combate y a quién beneficia? A la política (incluida la tan ciega Justicia) en primer término, cuya complicidad con la narcoesfera es cada vez más evidente. Y a los narcotraficantes, desde ya, que pueden prescindir de tantos o cuantos kilos incautados, pero cuyo negocio no deja de prosperar al amparo de la casta, sencillamente porque la gente quiere drogarse al grito de ¡libertad, libertad! y, digámoslo de una buena vez, tiene derecho a hacerlo.

¿Cuál sería la mejor solución? Pues despenalizar todo el proceso (fabricación, distribución y consumo) y regularlo de acuerdo con principios de sensatez.

¿A quién beneficiaría una solución semejante? Al consumidor, en primer término, que sabría exactamente qué está consumiendo. Al Estado, que incorporaría la base imponible de una industria muy lucrativa como fuente de financiamiento de sus necesarias políticas. Y finalmente, a toda la ciudadanía, para la que habría no sólo un “Estado (realmente) presente” sino una transparencia de gestión que no se conoce en el país desde hace treinta años. Hoy por hoy, leer los diarios da asco, porque no hay política pública detrás de la cual no se pueda ir el ruido de la corriente turbia de corrupción, narco y juego clandestino. A veces la superficie se desgarra y quedan a la vista, con sus ropas mojadas, los más conspicuos Espertos en articulación de lo público y lo clandestino.

Combatir “el flagelo” no hace sino producir el ambiente del que el flagelo mismo se alimenta: crimen organizado y desprecio por la vida, esclavitud y pobreza extrema. Hacerlo en nombre de la “adicción” (que es una estructura para la cual no hay objeto predeterminado) es políticamente cínico y moralmente hipócrita.
Hay que atreverse a saltar la tapia hecha de cinismo e hipocresía. Del otro lado, a lo mejor, hay un mundo feliz.

 

sábado, 8 de noviembre de 2025

Chicago Girls

Por Daniel Link para Perfil

Vuelvo de Chicago, donde hoy mismo se está desarrollando el congreso “Imaginarios autoritarios” en el mismo lugar (la Universidad de Chicago) donde estudiaron los Chicago Boys, famosos sobre todo por la implementación del modelo económico neoliberal durante la dictadura de Pinochet. “Imaginarios autoritarios” es una acción del proyecto “Un contraimaginario en tiempos autoritarios”, liderado por Judith Butler (UC Berkeley), Shannon Jackson (UC Berkeley), Debarati Sanyal (UC Berkeley), and Denise Ferreira da Silva (New York University), lo que introduce una variable fundamental a la hora de considerar los imaginarios autoritarios: el género.

Más allá de eso, el trabajo de definir las nuevas formas imaginarias en que el autoritarismo se procesa está en marcha y nos involucra directamente. No deja de sorprenderme, por ejemplo, la resistencia militante del periodismo argentino para reconocer rasgos de neofascismo en las ecologías políticas en las que vivimos. “No es lo mismo” no se cansan de decir los aterrados cronistas del presente, que seguramente temen que en algunos años les reprochen no haber sido suficientemente críticos con la marea discursiva fascista que se nos pega al cuerpo.

Doy un ejemplo. En la fila de seguridad del aeropuerto en el que tomé uno de los aviones de regreso (fueron tres), había un cartel que decía: “Autodepórtese”. Estaba en castellano, con lo cual quedaba claro quiénes eran sus destinatarios. La “deportación” (que no es una “repatriación”) es un acto de violencia estatal, aquí apenas mitigado por el prefijo “auto”. Ahora bien, más allá de hablantes de español, ¿quiénes son los destinatarios de esta amenaza autoritaria (“Si no se auto deporta, el ICE seguirá dando prioridad a su expulsión”) y por qué? No pueden ser “criminales”, porque en ese caso no se entiende que el Estado financie el viaje y otorgue un premio de 1000 dólares por familiar. Tampoco puede tratarse de personas que hayan desestabilizado el mercado laboral (ninguna estadística avala esa hipótesis).

La razón es puramente imaginaria: son personas “no blancas”, hispanoparlantes, cuya mera existencia bloquea la ilusión de pureza. Si eso no es fascismo, no sé qué puede serlo.


 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

¡Autodepórtese!

 
Si esto no es fascismo, no sé qué puede serlo... 

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

La tajada de sandía



por Daniel Link para Perfil

La doctrina del “Destino manifiesto”, cuyo nombre se estabiliza recién en 1874, fue formulada en 1630 por el ministro puritano John Cotton, quien sostuvo que “Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos”. La expresión “destino manifiesto” aparece por primera vez en el artículo «Anexión» de John L. O'Sullivan, publicado en la Democratic Review (Nueva York: julio-agosto de 1845). Allí se lee que “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”.

A partir de este supuesto, los Estados Unidos anexaron los territorios de Texas (1845), California (1848) e invadieron México (1846), apropiándose de Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma (2 millones 100 mil kilómetros cuadrados, el 55 % del territorio mexicano de entonces). Estados Unidos intervino militarmente en Nicaragua en 1860 y en 1912, en Honduras en 1903, 1905, 1919 y 1924 para “restablecer el orden”, y en Cuba en 1898, después de haber vencido a las tropas ibéricas.

Particularmente interesante es el episodio de la “tajada de sandía” (cuya intensidad semiótica no puede disimularse). El 15 de abril de 1856 desembarcó en Panamá de un buque procedente de California el estadounidense Jack Oliver. Acompañado de unos amigos, se detuvo en el puesto de frutas de José Manuel Luna en el barrio de La Ciénaga, tomó una tajada de sandía, se la comió y quiso irse sin pagarla (valía un real, equivalente a cinco centavos de dólar de entonces). Reclamado el pago, Oliver insultó y amenazó al puestero a punta de pistola. El vendedor respondió con su puñal. Miguel Abraham (de nacionalidad peruana) arrebató la pistola a Oliver y salió corriendo, perseguido por la muchachada californiana, a los tiros.

El resultado de la batalla entre arrabaleros panameños apoyados por la gendarmería y aventureros norteamericanos fue de 14 norteamericanos y un francés muertos, en un bando, y 2 muertos y media docena de heridos en el otro, y la destrucción de las instalaciones de la Panama Railroad Company. El 18 de julio de 1856, el comisionado estadounidense Amos Corwine recomendó “la ocupación inmediata del istmo de océano a océano por Estados Unidos a menos que Nueva Granada nos convenza de su competencia e inclinación para suministrar adecuada protección y una rápida indemnización”. Ambas cosas sucedieron (indemnización y garantías de seguridad). Lo demás es historia reciente y manifestación de un destino latinoamericano que por fin nos alcanza cabalmente.

sábado, 25 de octubre de 2025

La mala educación

Por Daniel Link para Perfil

Hoy vuelo a los Estados Unidos, de modo que mañana no voy a acudir a las elecciones legislativas. Como mi voto ha sido siempre para la izquierda, no significará nada en la batalla de monstruos de final abierto (King Kong vs. Godzilla, Alien vs Predator, lo que quieran). Estaré atento a las novedades del domingo.

Mientras tanto, no deja de preocuparme mi estancia en el país del Norte, donde arrastrado el Ejecutivo por el delirio de nuestros gobernantes, nos ha hecho blanco móvil del odio del común de los norteamericanos. Mis amigas de Chicago me dicen, a propósito de mi destino final: “En South Bend hablaría con acento caribeño… Ojo que si suenas mexicano - o sencillamente hablas español- te paran y te piden documentos… y si te escuchan argento o venezolano, ¡son los mismos vecinos los que te delatan!”

Es la persistencia del siglo XX: antes, yo imaginaba una experiencia kafkiana en los controles migratorios. Ahora, anticipo una experiencia brechtiana en las ciudades.

Creo que no será para tanto. Después de todo el americano del Midwest no tiene el oído tan entrenado como para identificar argentinos. Llegado el caso, diré que soy uruguayo o paraguayo.

Más grave es dejar el lugar donde se vive pendiente de un hilo, que puede cortarse en nuestra ausencia. Creo que desde 2001 no había una sensación de fragilidad semejante.

Pero esta vez hay que recordar la pareja marxiana tragedia-farsa. Lo de hoy cae del lado de la farsa y despierta la carcajada en todo el mundo. Para nosotras, la vergüenza. Toda la cadena o serie: Libra, Karina, Coimera, Expert, Rescate, Carry Trade, Gobernabilidad, “Libre”, Caputo, Conan nos arrojan del lado del bufón del capitalismo financiero.

Una vez más, Brecht. La ficcional Mahagonny es una ciudad emblema del capitalismo ordenado alrededor de la timba (financiera, diríamos hoy), fundada por prófugos de la justicia. Siempre sostuvimos la equivalencia (pedagógicamente pertinente) entre Mahagonny y Las Vegas. Hoy, en cambio, esa relación parece desactualizada. La mescolanza nunca vista antes entre gobierno y crimen organizado compite con las payasadas y fortunas que se hacen y se transfieren a la sombra de un electorado hambreado, harto de promesas incumplidas y atónito ante la decadencia de la clase política. Ahora parece que vamos a entregar uranio a cambio de un puñado de dólares.

Hubiera querido estar presente en el momento de definitiva disolución de Argentina. Pero los compromisos laborales tienen esos caprichos. Volveré a juntar pedazos. Y a repetir: con una buena educación....

 

martes, 21 de octubre de 2025

Último llamado

Los pasajeros con destino a O'Hare embarcan por puerta 10