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sábado, 18 de julio de 2026

Corran la bola

Por Daniel Link para Perfil

En las cafeterías de aeroparque el domingo 12 de julio, los muchachos ya ensayaban el éxito del mundial pasado, “Corran la bola”. La chica que los acompañaba se reía y me dijo: “es más fuerte que ellos”, refiriéndose a sus compañeros. Del “Cometrabas” que la letra mienta podría decirse lo mismo, pero no es en eso en lo que quería detenerme.

Me pareció prematuro el ensayo, porque faltaba todavía jugarse el partido contra Inglaterra, y aunque allí es seguro el ya incorporado a la memoria de la especie, “El que no salta es un inglés”, faltaba una pieza singular, un poco injuriosa como debe de ser, para cantar en la cancha. “Quiero volver a robarle un gol al ladrón” es simpática, pero pretende saltarse toda la tecnología actual, que aplica el panoptismo a cualquier roce corporal antirreglamentario.

En todo caso, quería detenerme precisamente en eso: la centralidad del canto en los partidos que juega Argentina en cualquier lugar del mundo. Creo que fue el partido de Noruega contra Inglaterra el más áspero auditivamente: sonaba como un gruñido constante, sin variación, que era imposible asignar a un bando u otro, pero eso sucedió en casi todos los enfrentamientos, salvo en los que participaba Argentina, acompañada siempre por unos cánticos que, si bien ininteligibles a través de la pantalla, eran variados, imponentes y muy reconocibles en su afiliación. Argentina es un paisaje sonoro, entre otras cosas, y por eso el poema fundacional de su cultura, el Martín Fierro, tiene al canto como su tema obsesivo (en sus dos tonos principales: el lamento y el desafío).

Gabriel Giorgi, en su extraordinario libro Parar la oreja, ha decidido explorar la actual transformación del paisaje sonoro argentino en relación con mutaciones políticas de profundo alcance. Sea. Pero la precondición de esa intervención decisiva es la existencia de una sonoridad reconocible en sus tonos, sus mordacidades, sus esperanzas y sus rencores.

Si fuera un certamen de canto, como los olímpicos, es evidente que España se volvería a su casa con la cola entre las patas. De un modo o de otro, su “Soy español, la la la” va a sonar mañana como una elegía identitaria.

 

sábado, 6 de septiembre de 2025

Apocalipsis

Dice La Nación: "En septiembre del año pasado, Israel hizo explotar miles de beepers y radios portátiles de forma simultánea en zonas bajo control de Hezbollah en el Líbano y Siria, con un saldo devastador de 42 muertos (incluyendo civiles y niños) y más de 3000 heridos". 

Más, acá

 

sábado, 2 de agosto de 2025

Criollismo revisitado

Por Daniel Link para Perfil

Estoy en una esquina de la ciudad de Lima. Leo los nombres de las calles: San Martín y Sáenz Peña.

He leído, en otros carteles, Sucre, Bolívar, Junín y Ayacucho. Son los hitos (héroes y batallas) de la independencia de las repúblicas sudamericanas.

En esta esquina en particular coinciden el Libertador de América (San Martín) con “el argentino cuya voz en el Congreso panamericano opuso al slang fanfarrón de Monroe una alta fórmula de grandeza continental (“América para la Humanidad”), y demostró en su propia casa al piel roja que hay quienes velan en nuestras repúblicas por la asechanza de la boca del bárbaro” (para citar a Rubén Darío). Son nombres que intervinieron decisivamente en la formación de las sociedades criollas durante el siglo XIX, durante la independencia y después.

Pienso que las toponimias urbanas son una entrada privilegiada para el aprendizaje de la historia. Toda niña debería conocer el significado de los nombres de las calles por las que circula y, tal vez, deducir de la frecuencia de aparición de esos nombres, el tratamiento historiográfico que esos nombres han recibido.

Todo eso vuelve a Lima una ciudad profundamente familiar para nosotras porque, como señaló Borges en Evaristo Carriego, “La independencia de América fue, en buena parte, una empresa argentina; hombres argentinos pelearon en lejanas batallas del continente, en Maipú, en Ayacucho, en Junín”. La verdad del enunciado podría discutirse, pero no su entonación, que es criollista. Hay un impulso imaginario hacia lo criollo que tiñe el continente y que arrastra consigo los nombres de los próceres y los acontecimientos de los que participaron (batallas o reuniones diplomáticas).

Ahora estoy en otra esquina de Lima, para elegir el último almuerzo en la ciudad. En dos lugares nos dicen “no, no servimos comida criolla”. El desprecio globalizante hacia lo criollo nos sorprende, pero en el tercer lugar hicimos rancho: causas, ceviches, pisco sour y suspiros limeños. En el aeropuerto, como es fiesta patria, han organizado unos números danzantes: los bailarines se entregan al valsecito criollo. Y eso nos conmueve.

 

lunes, 31 de marzo de 2025

De La Paz a Roma, sin escalas

Gracias, Los olvidados, por la fineza....

 

 

miércoles, 12 de marzo de 2025

La Mascletà de hoy

 



sábado, 14 de diciembre de 2024

La nueva universidad

Por Daniel Link para Perfil

En una asamblea universitaria (a la que creo que fui convocado como “sobreviviente”) se lanzan premoniciones agoreras sobre el futuro de la universidad. La culpa de todo es de Milei, se dice.

Alguien, sentado en un silloncito de los que yo no pude disfrutar porque llegué tarde, se siente en “la primera línea de combate”.

Harto de la unánime melancolía, pido la palabra y retomo lo que alguien dijo casi al comienzo y que pasó inadvertido: el alumnado actual constituye un nuevo sujeto pedagógico.

Digo que, en efecto, habría que pensar a partir de ahí y, sobre todo, a partir de los procesos que arrojan como resultado un sujeto ya constituido, es decir, pensar la universidad como espacio constituyente de subjetividades y de relaciones intersubjetivas.

Digo que la Universidad (en todas partes) recibió dos golpes fatales (porque el cartero llama dos veces). El primero fue el ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) instaurado durante la pandemia, que destruyó lo más esencial, lo más formador del universo universitario: la reunión, el pensamiento común, la discusión y precisamente, esto que estamos haciendo, una asamblea.

El tan fatigado cuerpo a cuerpo de la antigua pedagogía murió de golpe y en su lugar se impuso la “creación de contenidos” y la clase virtual. Como todos saben, esas experiencias deceptivas sobrevivieron a la pandemia y ahora se identifica la “presencialidad” pedagógica con la “sincronicidad”: basta que dos personas simulen estar conectadas al mismo servidor a la misma hora para que eso se considere una clase. Una clase muerta, habría que decir, porque la divisa que yo sostuve durante toda mi carrera universitaria (“la clase es el lugar de todos los intercambios”) no se sostiene en esas experiencias vicarias. El segundo golpe (ahora mortal) que recibió la Universidad (en todas partes) fue la masificación de las Inteligencias Artificiales Generales (el General Intellect marxiano). Independientemente de la valoración que yo haga de esas inteligencias (cuyo modelo de pensamiento, de razonamiento y de juicio me resultan, por lo general, despreciables) constituyen herramientas que interfieren y compiten con los procesos de aprendizaje tal y como los concebíamos hasta hace apenas tres años.

¿Qué enseñar, y para qué? Para quién, ya lo sabemos: es un nuevo sujeto que, como sujeto político, se constituye alrededor de las interpelaciones mileinaristas. Y como sujeto pedagógico, hereda del ASPO expectativas y resquemores que encuentran en la IA su justo destino.

Entonces, me pregunté en alta voz (mi intervención fue más tartamuda y más corta, claro), ¿estamos dispuestas a pensar nuestra propia subjetividad en este contexto en el que, en cinco años y con tres golpes netos, la Universidad perdió sus anteriores condiciones de existencia (pero no su prestigio)?

Es cierto que las nuevas derechas (en Alemania, en Argentina, etc.) recortan presupuestos en cultura. En nuestra patria, incluso, presupuestos en investigación que hasta los países más admirados por el actual ejecutivo han respetado. Ya que tanto roban de The West Wing, recuerden que allí se impugnan los fondos del NEA, National Endowement for the Arts, pero no los del NEH, National Endowement for the Humanities. No es que esté bien discutir algunos presupuestos y otros no. Es que hay espacios que nadie se atreve a impugnar, ni siquiera con la coartada de que los fondos públicos no alcanzan para todo. Incluso teniendo en cuenta esa situación (bastante falsa), las humanidades públicas reciben generoso financiamiento porque se supone que allí se analizan precisamente los cambios y las tensiones en las relaciones intersubjetivas.

Ahora bien, las nuevas ultraderechas hoy están y mañana pueden no estar. En todo caso, son también el efecto de la emergencia de nuevos sujetos.

La Universidad (cualquiera sea) tiene que establecerse como el espacio en el que se garantiza no sólo la formación de ciudadanía, sino el análisis de las nuevas subjetividades que exigen de la Universidad, sus profesores e investigadores, respuestas nuevas. No para adecuarse a una demanda, sino para mostrar los efectos de las transformaciones epistémicas, subjetivas y políticas que nos constituyen. Yo sé que muchas de nosotras estamos dispuestas a aceptar el desafío que, sin embargo, requiere de respuestas colectivas. Es decir, de más asambleas.


sábado, 30 de noviembre de 2024

Arte inerte

por Daniel Link para Perfil

Está terminando la Bienal de Venecia, tal vez la peor de la que se tenga memoria. Por supuesto, los debates sobre sus contenidos fueron puramente ideológicos: mentar la extranjería, como hizo el comisario general Adriano Pedrosa al elegir el lema de esta Bienal, ¿es una política inclusiva o excluyente?

El asunto puede ser interesante pero palidece ante una fatal evidencia: la mediocridad apabullante de la selección oficial en Arsenale, una de las dos sedes de la Bienal, que incluso llegaba a opacar algunos de los extraordinarios envíos que podían admirarse en los Giardini.

Los enemigos de la politización del arte aplaudirán mis palabras pero les advierto que es poco lo que podrán aprovechar de ellas. La Bienal pasada (The Milk of Dream, curada por Cecilia Alemani), igualmente tensionada en relación con políticas de la visibilidad y la equidad, mostró una selección soberbia de piezas de arte: abrían ante nuestros ojos mundos que estaba ahí pero no habíamos sabido ver o que se nos habían escamoteado. L'art pour l'art es una consigna política que el Siglo XX demostró insostenible al poner en contacto indiscernible el arte con la vida.

No es, por lo tanto, lo político del arte a lo que hay que achacar el estrepitoso fracaso de esta bienal 2024, sino al haber provocado que en el pasaje de una categoría (“arte”) a otras categorías (“Sur Global”, “indígenas” , “personas queer”) la experiencia de lo viviente quedara asfixiada en un puñado de etiquetas sin sentido.

Lo que se vio en Venecia este año fue un “arte inerte” e impolítico: no sólo fuera de la política sino, sobre todo, incapaz de suscitar la menor emoción.

Sirva como ejemplo el de una señora argentina (es difícil decir su nombre, que oscila entre la líquida lateral y la vibrante múltiple, según quién lo pronuncie) con una obra que constaba de acuarelas y papeles escritos y dibujados al mismo tiempo con pereza imaginativa y con obediencia al mandato recibido. La “obra”, en su trivialidad, fue ¡premiada! No tanto por su calidad sino por el carácter “queer” o “trans” de la persona que la produjo.

Dentro de poco estarán premiando “la intención del artista” o su grupo familiar, lo que sería la mayor traición a las batallas estéticas del Siglo XX.


sábado, 19 de octubre de 2024

Roma eterna

Por Daniel Link para Perfil

En una escala aeronáutica, empiezo a ver una película promocionada como “surrealista y de suspenso”, para comprobar la degradación del nombre de la vanguardia más longeva del siglo XX.

La premisa de la película es de una estupidez pasmosa. Cuenta una reunión de viejos compañeros de colegio o de universidad con motivo del casamiento de uno de ellos. Invitan al “resentido” de entonces, que se presenta con un juego grupal que ha desarrollado en su compañía de software: mediante un sencillo dispositivo, las personas pueden cambiar de cuerpo. Los amigos, no se entiende bien por qué deficiencia mental, se someten con algarabía al intercambio de cuerpos (ojo, tampoco se trata de ponerse cachondos: las chicas con las chicas y los chicos con los chicos). Las muertes, como era de prever, se desencadenan. Pero me detengo en lo primero que les impresiona: verse desde fuera.

El asunto es interesante desde el punto de vista existencial: mirar a los padres es verse a uno mismo desde fuera (porque, inevitablemente, seremos atraídos hacia esos modelos de comportamiento), etc... Pero también sucede cuando se viaja y se experimenta lo mismo.

Estar en Roma es como ver la identidad rioplatense fuera de uno.

Es como un espejo deformante, porque se ve en su total pureza aquello que hemos adaptado, disuelto, mezclado, precipitado, pero que sigue en el fondo, haciéndose notar.

Por ejemplo la intensidad italiana, que después de un par de semanas se vuelve un tanto agobiante (“si no hay trauma, no hay amor”, repiten los intelectuales y los artistas italianos un poco en broma y bastante en serio), queda disuelta en el bullicio hispánico, el ensimismamiento indígena y el humor judío y juntos producen un ambiente estilístico y una tonalidad afectiva muy diferente de los excesos operísticos romanos.

Por otro lado, ¿tienen los romanos la chance de verse desde fuera (de si)? Probablemente no, dado que han sido desde siempre el centro del mundo, y tal vez por eso cultivan la diferencia mínima: allí todo es napolitano, calabrés, siciliano, veneciano, florentino, milanés.

Habrá que estar en el norte, pienso, para poder ver a Roma desde fuera, para encontrar lo romano levemente descolocado, brillando en soledad. 

 

miércoles, 11 de septiembre de 2024

sábado, 22 de junio de 2024

Aquí, América latina

Por Daniel Link para Perfil

El barco rebotaba contra la superficie del mal según el ritmo de las olas. El agua se pulverizaba en el aire, cuya humedad apenas si se modificaba por el embate de la máquina acuática: era un aire denso, cargado de potenciales de vida. A nuestra derecha se veía el resultado de un combate colosal entre monstruos o de un ataque de cólera sobrenatural. La piedra aparecía desgarrada por unas uñas gigantescas: cicatrices de estratos blancos sobre piedra negra, que brotó líquida como magma de un suelo agujereado por pataleos histéricos y golpes de puño. El granito, una vez enduercido, fue arrojado con furia de cualquier manera, creando crestas de piedra desacomodada, rasgaduras, pozos, cada tanto un resplandor de advertencia provocado por un yacimiento de mica o de biotita.

Sobre esos majestuosos destrozos, que nos hacían sentir la pequeñez de nuestra existencia y la brevedad de nuestros intervalos vitales, los siglos fueron depositando una mísera cantidad de polvo, tierra, semillas y cagadas de pájaros.

A lo lejos, la piedra contorsionada con violencia aparecía mal cubierta por una capita verde que apenas si alcanzaba a tapar la vergüenza de un combate colosal entre fuerzas antagónicas.

Aquí y allá sobresalía la piedra negra, todavía inexpugnable, donde las plantas y las flores se aferraban a un suelo superficial, siempre en peligro de deslizarse hacia el mar, ávido por devorarlo todo, hasta las rocas metamórficas que alguna vez le arrancaron del fondo.

Cada tanto, el tormento pétreo daba paso a una bahía donde, algunas veces, una playa se adivinaba. Era fácil imaginar allí a los tairona tallando sus bastones de piedra y preparando sus canoas, con las que quemarían la avanzada colonial de Santa Marta varias veces.

Pero las miserables luchas humanas empalidecían ante la brutalidad de las fuerzas naturales, a las cuales los hermosos kogui, descendientes de los tairona, rinden homenaje.

Nuestra aventura había comenzado exactamente al término del Saka Juso: fortalecimiento de las relaciones con el territorio y reparación de las redes energéticas. Íbamos a lo mismo. En el Cabo San Juan nos retiramos a una playa poco concurrida y, desnudos, invocamos a los diosecillos de nuestro propio Paraíso.






sábado, 4 de mayo de 2024

La realidad imita al arte

por Daniel Link para Perfil

Cuando Puan apareció en Amazon Prime ya no tenía sentido resistirme a la película y decidí mirarla. No es una gran película, pero no es mala y tiene un costado para mí muy conmovedor: quiere “discutir ideas”.

En cuanto me di cuenta de que las ideas que Puan estaba proponiendo discutir eran exactamente las mismas que yo estoy proponiendo en mi curso actual ¡en Puan!, entré en un estado rarísmo, al mismo tiempo de pánico y de éxtasis.

Hay una titularidad vacante por fallecimiento y se la disputan dos aspirantes: uno que sigue al pie de la letra la teoría del Estado (hobbesiana) de aquel con quien ha trabajado treinta años o cosa así y otro, recién llegado (y muy pelotudo, cosa que quedará expuesta hacia el final), que abraza más bien la causa spinoziana.

Esa oposición entre Hobbes y Spinoza es el presupuesto del libro Gramática de la multitud de Paolo Virno, con el que yo comencé mi curso de este año y todas las actividades previas.

Lo que plantea Virno es que Hobbes postula una idea de “pueblo” solidaria con el Estado, sin la cual el Estado no puede “pastorear”. Spinoza habría optado, más bien, por la “multitud”, noción destituyente que, en aquel momento, perdió el debate y sólo pudo renacer a finales del Siglo XX de la mano de Toni Negri y otros autonomistas italianos.

Puan, la película de escrita y dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat, tiene un final que es para mí, su mayor defecto (es como un Deus ex machina, nada en la trama permite preverlo). Sorprende, sin embargo, su potencia anticipatoria: la Universidad cerrada y en cesación de pagos.

Nosotras empezamos a focalizar nuestra atención en las “ideas de pueblo” hacia mediados de 2022, pero todo fue más o menos “interno” hasta que nos otorgaron subsidios para sendos proyectos de investigación a comienzos de 2023.

Ignoro cuánto tiempo lleva producir una película como Puan (extraordinariamente actuada, salvo por Leonardo Sbaraglia), pero a juzgar por la cantidad de sellos que se leen al principio, deben haber demorado bastante en conseguir la plata. Estábamos pensando, como Benjamín y María, en una salida. El tiempo dirá si hay posibilidad de acuerdo entre nuestras perspectivas, pero, hay que decirlo: yo te saludo, Puan.


sábado, 24 de febrero de 2024

Todo pasa y todo queda

Por Daniel Link para Perfil

Mar del Plata cumplió años. La historia de la ciudad puede pensarse en fases, la primera de las cuales concluye con la fundación oficial por parte de Patricio Peralta Ramos el 10 de febrero de 1874, en una estancia de su propiedad, a partir de una misión jesuítica denominada Nuestra Señora del Pilar de Puelches, que más tarde recibió el nombre de “Puerto de la Laguna de los Padres”.

En 1519, Magallanes había visitado las playas de Punta Mogotes, a las que denominó “Punta de Arenas Gordas”. Francis Drake se atrevió a llamar Cape Lobos al hoy Cabo Corrientes por razones obvias y Juan de Garay habló de una “muy galana costa” cuando la visitó en 1581 (el nombre quedó coo designante de uno de los hoteles finos del balneario).

La misión jesuítica de 1746 llegó a albergar a cerca de quinientas personas, desperdigadas por los tehuelches del cacique Cangapol. En 1856 aumentó la población a causa del incremento de las relaciones comerciales con Brasil. El portugués José Coelho de Meyrelles instaló el primer saladero a orillas de la desembocadura del arroyo Las Chacras (por Punta Iglesias).

En 1877, inicio de la segunda fase, Pedro Luro se puso al frente del saladero y desarrolló la agricultura, construyó un muelle e instaló un molino harinero. En 1886 llegó el ferrocarril. Ya había hotelería, porque la oligarquía provincial acompañaba sus envíos cárnicos al saladero cada tanto, pero el turismo se generalizó a partir de entonces (de 1888 es el primer “Reglamento de Baños”). El 19 de julio de 1907 la legislatura aprobó el proyecto que declaró ciudad a Mar del Plata. Para entonces, todos los patricios tenían ya sus terrenos y sus casas. Los Mitre, los Anchorena, los Bunge, los Peralta Ramos, los Ocampo. Replicaron, sin imaginación, los nombres del tablero porteño (aunque en otro orden).

En la fase siguiente, el peronismo desembarcó con sus proyectos de turismo para todos y todas. La construcción de los hoteles sindicales domina la transformación urbana.

La fase actual ya no es ni burguesa ni obrera. Su nombre se nos escapa. Predominan los condominios y las playas privadas hacia el sur de la ciudad (en los alrededores del Faro), que se llevan bien con el estilo de vida neoliberal (posclasista). Pero hay un resto que también nos interpela.

Amancio Williams y su esposa Delfina María Teresa Gálvez Bunge formaban parte de una rama progresista de la burguesía argentina. El padre de Amancio había comprado unos terrenos forestados por Matilde de Anchorena que habían pertenecido previamente a Emilio Mitre (nótense los apellidos), con la intención de hacerse una casa fuera del eje turístico de la ciudad. Alberto Williams le encargó a su hijo un proyecto que éste, inspirado por las ideas de Le Corbusier (con quien había trabajado en la famosa Casa Curutchet de La Plata), inscribió en el más puro modernismo.

Casi todo el mundo lo sabe: la casa adopta la morfología de una casa chorizo típicamente criolla, erigida sobre un puente de hormigón sobre el arroyo Las Chacras. El conjunto ha llamado la atención de historiadores de la arquitectura y del arte por el modo en que la pureza constructiva se inscribe en un ambiente “natural” (Matilde plantó robles y no árboles nativos, por cierto). El arroyo, que hoy está entubado, será replicado artificialmente para que se recupere el efecto de Blancanieves meets Astroboy.

La casa, de proporciones exquisitas y una acústica perfecta (Alberto era músico), fue vendida y luego abandonada en 1977. Vandalizada, podía visitarse a partir del cambio de siglo como un emblema del odio que la inteligencia puede suscitar. Luego, a partir de 2018 comienzan las tareas de restauración que continuaron hasta hace unas semanas, cuando la casa fue oficialmente abierta al público como Casa Museo bajo una felicísima gestión de la Municipalidad de General Pueyrredón.

Cada quien verá lo que quiera en ese dechado de virtudes que es la Casa sobre el arroyo. Yo eligo las connotaciones acuáticas: la casa es como un barco, que atraviesa los tiempos. O también políticas: otra cosa es posible, más allá del populismo (de izquierda o de derecha) que arrastró a Mar del Plata a un desgarramiento feroz.

Hoy el barco parece a la deriva, pero la misma existencia en concreto de una idea más allá del resentimiento nos salva del pesimismo existencial. Los males pasan, la inteligencia queda.

sábado, 17 de febrero de 2024

Capitalismo y esquizofrenia

Por Daniel Link para Perfil

El problema es que nos pidan que aceptemos todo ciegamente, sin explicaciones. Sobre todo en un contexto de contradicciones agudísimas que no soportan el menor análisis. Los libertaristas, en su ignorancia, pueden aplaudir al mismo tiempo el abrazo a fuego de las ideas más individualistas y, al mismo tiempo, la identificación con la causa del Pueblo de Dios (el pueblo judío) que, como cualquier persona medianamente culta sabe, es una causa colectiva. No es posible, ni lógica ni éticamente, exaltar el mérito individual, la fortuna personal, el propio deseo, la liberación total de las energías del yo en nombre del Pueblo; y tampoco se puede identificarse con quienes dan forma a un Pueblo y lo establecen como patrón de medida de una moral en nombre de los individuos. Las religiones en general niegan la libertad individual, a la que ponen (en el mejor de los casos) como un asunto de libre albedrío, y lo hacen porque abrazan dogmas según los cuales hay pre-destinación, premios y castigos que se aplican uniformemente, es decir: colectivamente. En esos contextos mitológicos, uno puede decidir “libremente” pero debe atenerse a las consecuencias, que están ya fijadas de antemano. La exclusión es la operación principal de los pueblos (religiosos).

No se entiende la necesidad de tales cachiruladas argumentativas que no hacen sino opacar la relación con al verdad de quienes sostienen discursos públicos y terminan enredándose en laberintos de arena. La Sra. Pat(ética) Bullrich cree conveniente adaptar para Argentina el modelo de seguridad de El Salvador. Desde allá le contestan que nada que ver, son dos dimensiones muy distintas.

El Poder Ejecutivo envía al Congreso una Ley-Cachivache, que va perdiendo retazos por el camino. Luego se sabe que lo único que le importaba al Gobierno era el control de los fondos fiduciarios. ¡Haberlo dicho! ¿Quién podría negarse a una gestión transparente de esos mamarrachos presupuestarios?

Una ley sencilla que explicara claramente qué se pretende hacer con ellos habría bastado para convencer a tirios y troyanos. En vez de eso se elige la vía demente, el double bind (dos mandatos contradictorios imposibles de cumplir al mismo tiempo), y el sadismo paranoico.

sábado, 27 de enero de 2024

Barthes y la burguesía

por Daniel Link para Perfil

Roland Barthes echaba, literalmente, humo: Me refiero al altísimo estante de mi biblioteca, donde están ordenados sus libros (muy cerca de Brecht, por razones obvias). Al costado de ese estante hay una de esas cajas de electricidad donde se cruzan todos los cables. En ese nudo se produjo un calentamiento que pronto devino en chispas y derretimientos que, fotografiados, parecían fantasmas de fetos (no sé si esa figura cae dentro del progresismo o no).

Hubo que llamar a un electricista. El dictamen fue severísimo. La línea montante de la electricidad que pasaba por esa caja debía cambiarse, desde el sótano hasta el cuarto piso que habitamos. Sea. Vino un electricista que descubrió que no se sabía bien por dónde subía esa línea, porque en el lugar previsto había una puerta que había obligado al desvío, figura que Barthes analizó con fruición.

Para encontrar el recorrido, se encaprichó con picar las paredes, levantar el piso de madera y picar también la base de cemento. Yo atiné a proponer que, en lugar de semejante capricho demolitivo, ¿por qué no probaban ver si pasaba por el tercer piso? Dijo que no, no, no. Y siguió rompiendo (mi estudio, las pelotas, las paredes).

Decidimos prescindir de sus servicios, en favor de dos electricistas de una imaginación poderosa. Dijeron que, efectivamente, la línea pasaba por el departamento de abajo. No es frecuente que así sea.

Ebrio de alegría, les expliqué lo que él no necesitaba saber pero yo sí necesitaba decir. El edificio donde vivo era propiedad de una familia de la alta burguesía de provincias, que lo usaba en sus viajes a Buenos Aires, lo que explica la morfología de cada unidad: son departamentos de un dormitorio, con dependencias de servicio, y arriba hay dos departamentos agregados con una proliferación disparatada de placares donde se guardaba la ropa blanca de todas las unidades y donde vivía el personal doméstico permanente.

Las señoras viajaban con sus damas de compañía. Los señores con sus mayordomos. Del resto se encargaban los locales.

Termino mi recorrido histórico con este veredicto: “es un estilo de vida para nosotras inconcebible”. Me han escuchado con una paciencia que sólo se ve recompensada cuando introduzco un pormenor específico: por eso, el edificio es prácticamente una unidad de vivienda única y las líneas montantes de electricidad suben todas juntas.

Ellos, con su poderosa intuición, habían llegado a la misma conclusión que yo, que sostengo una fascinación barthesiana por la historia de la burguesía.

jueves, 11 de enero de 2024

viernes, 5 de enero de 2024

Ingenio con pelucas, el doble estandar de Macri y los radicales ya tienen Whatsapp

por Ignacio Zuleta para Clarín

 
El desafío del Presidente por consolidar gobernabilidad. Pichetto en su rol de árbitro, Villarruel pidiendo pista y el peronismo a la captura del gabinete de Milei.


Primera misión, aferrarse al sillón

El Gobierno intentará comenzar el año con algo más que anuncios. Los primeros días de la presidencia Milei se agotan en el lanzamiento de dos exocets -el DNU y la ley ómnibus- que han rebotado en el casco del Congreso. El debate desde esta semana es filtrar las iniciativas que son necesarias para gobernar, de las que acompañan como maquillaje para honrar las consignas del cambio que se usaron durante la campaña. El primer objetivo de esta andanada es buscar gobernabilidad. Asegurarla es la principal meta de los gobiernos débiles.

Mauricio Macri, cuando hace balances de su gestión, pondera por sobre todo el haber entregado el gobierno en término después de su derrota de 2019. Cristina de Kirchner siempre creyó que el peronismo perdería las elecciones de 2023. Pero cuando le preguntaban cuál era su objetivo, confesaba: "Tenemos que llegar, porque si no llegamos, no volvemos nunca más. Si llegamos, en una de esas alguna vez volvemos".

Hay una leyenda que dice que estas marchas y contramarchas obedecen a razones programáticas. Que el peronismo limitará los impulsos reformistas de Milei, y que éste contará con el apoyo de un sector del Cambiemos macrista. Es una presunción usual en política creer que lo programático está por encima de la gobernabilidad. Los gobiernos del tipo Milei llegan por las banderas que alzan. Pero desde el momento en que se sientan en el gobierno, tienen que dedicar todos sus esfuerzos a mantenerse en gobierno, cueste lo que cueste y con el programa que sea. ¿O alguien cree que Macri quería terminar su gobierno con cepo y amarrado al mástil del FMI? Un gobierno no devalúa ni pone cepo porque quiere: se lo pone la realidad.


Todo depende del bloque bisagra

La gestión de la gobernabilidad justifica detalles de cortesía que, en otro contexto, serían fruslerías. Entre esos detalles cuenta la atención que comenzaron a prestarle desde el oficialismo al nuevo bloque de los 23 diputados que preside Miguel Pichetto. Consta, aunque sin que nadie cuente mucho más, que Mauricio Macri, Martín Menem y Guillermo Francos se ocuparon de llamarlo en las vísperas de la noche vieja para desearle las albricias del año nuevo.

El equipo que integran, entre otros, Nicolás Massot, Emilio Monzó, Maxi Ferraro (i.e. Elisa Carrió), Ricardo López Murphy, Florencio Randazzo, está en el centro del juego, porque con ese número puede hacer ganar o perder al oficialismo o a la oposición, según se vuelque para un lado o para otro.

El bloque ha adelantado que no le va a hacer la vida imposible al Gobierno, pero que pondrá todos los proyectos en una zaranda para promover la aprobación de las iniciativas de orden económico y fiscal, que son prioritarias, y diferenciarlas de frente a las de índole decorativa, como la tontería de imponerles a los jueces el uso de la toga. Esta iniciativa despierta el ingenio popular. ¿No querrá el "Peluca" -como lo llaman a Milei- que también los magistrados usen peluca?

El DNU y la ley ómnibus son una creación de ociosos talleres literarios de una universidad privada amiga del macrismo y del mileísmo, y de un grupo de estudios de abogados pagados por empresarios también amigos. Cuando se cuente esta trama se conocerá cómo el despotismo ilustrado heredado del sistema virreinal y borbónico sigue tan vivo como cuando Cristina de Kirchner se inspiraba en los mastiquines que le aportaban politólogos de la otra universidad privada.


El doble estándar de Macri

Esta bancada se diferencia expresamente del seguidismo que le pide Macri al PRO. Entiende que el futuro de él y de su partido dependen de que a Milei no le vaya mal. Tampoco le gusta a Macri la gravitación que ha tomado ese bloque de 23 con Massot y Monzó, hoy lejos de sus afectos.

Macri dice en público lo mismo que dice en privado, pero la nueva realidad de Milei lo fuerza al doble estándar. En público, alza la voz diciendo que éste no es su gobierno y que su tarea con Milei ya se agotó en el apoyo para el balotaje. Pero no lo suelta, en el afán de acercarle elencos y, discretamente, vuelve a hablar con el nuevo presidente. Este doble juego debilita más el interés que pudo tener Milei de acercarse al macrismo, cuando el peronismo le ofrece sus números en el Congreso. La relación se disuelve como un terrón de azúcar a medida que Milei acelera su acercamiento al peronismo que le captura, día a día, más cargos en el gabinete.


El poder está en el Congreso

Pichetto en este rol es uno de los árbitros que le ha salido al Gobierno, que querría descartar el debate con políticos. Juega un papel equivalente al de Juan Carlos Romero en el Senado. El ex auditor apeló al término "desdramatizar" para apaciguar el debate sobre el DNU y la ley ómnibus. Ese vocablo lo inauguró durante la transición española el entonces premier Adolfo Suárez para quitarle morbo a la legalización del Partido Comunista de España.

El bloque de las 23 estrellas le presentará al Gobierno el pliego de lo que van a aprobar, cómo y cuándo. Es una respuesta paciente a la agresividad que ha mostrado Milei ante el Congreso, al que insulta para que se le encuadre. El poder está del lado de los legisladores, que toman estos embates de Milei como gestos de debilidad buscando construir el poder que no tiene, para una gestión que todavía no comienza.

Esta semana se sentará en el cargo Omar de Marchi, el secretario de enlace entre el Ejecutivo y el Congreso. El ex diputado del PRO arma una agenda con jefes de bloque para atenderlos y escuchar los términos de una negociación sobre estos dos misiles que, en palabras de Pichetto, parecen querer derrumbar un edifico para construir una prefabricada.


Los radicales ya tienen Whatsapp

Los expertos de la Fundación Alem, cuya autoridad política ejerce el exministro Jesús Rodríguez, hacen el mismo trabajo de zaranda de proyectos para inspirar a senadores y diputados radicales. El año radical cerró el viernes con una reunión por zoom de la cúpula del partido -Martín Lousteau, Luis Naidenoff, Inés Brizuela- con los jefes de bloques -Rodrigo de Loredo y Eduardo Vischi- y cuatro de los cinco gobernadores del partido -Carlos Sadir (Jujuy), Alfredo Cornejo (Mendoza), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Leandro Zdero (Chaco)-. Gustavo Valdés (Corrientes) estaba en otra cosa.

Esa mesa discutió sobre qué aprobarle y qué no al Gobierno. Resolvieron una metodología básica: desacoplar el juego legislativo -a cargo de los jefes de bloque- del juego de los gobernadores. Tienen intereses, fuerzas y objetivos de distinta naturaleza. Admitieron la dificultad de unificar las posiciones, para que el partido no pierda identidad ante el público.

Se esforzarán para lograrlo y el método mágico fue abrir una cuenta de whatsapp para concentrar en ese chat las inquietudes que tienen en común. Nada puede arrancar en este mundo sin antes crear un grupo de whatsapp. Contrario sensu, todo muere cuando el grupo se cierra o languidece. El radicalismo digiere el trauma de pasar de ser el eje de la oposición entre 2019 y 2023 en Diputados, a sincerarse como lo que es: una confederación de partidos provinciales que en el Congreso conforma una tercera minoría.


La fácil: sacar Boleta Única

El Gobierno le pidió al bloque de los 39 senadores que se integró para controlar la Cámara, que el próximo 11 de enero sesione para aprobar la reforma electoral que impone el uso de la Boleta Única. En Diputados el proyecto logró 132 votos, apenas 3 por encima del número necesario (mayoría especial de la mitad más uno de la cámara).

Habrá un forcejeo para tener por lo menos 37 votos sobre los 72 del Senado. Sería un triunfo, el primero, para mostrarle al público que algo funciona en la nueva gestión, más allá de las gacetillas y de las vocerías amigas y militantes al atardecer en los canales de cable.

Victoria Villarruel les pidió a los senadores de ese entendimiento de "Los 39” que este miércoles se le dé dictamen al proyecto. Sería una muestra de eficiencia -o no- y también de la capacidad de respuesta que puede tener el peronismo, que tiene 33 senadores y que fue desalojado de todos los cargos de conducción de la Cámara. Ni el cristinismo extremo llegó a tanto. En el período 2019-2023, el peronismo tuvo todas las Secretarías de la Cámara, pero le dejó a Cambiemos la Prosecretaría Parlamentaria que ejerció Juan Pedro Tunessi. Esta vez ni eso le han dejado al peronismo. No es gratis cerrarle los caminos al peronismo sin cederle nada a los 33.

Los 39 admiten que el entendimiento fue sólo para desalojar al peronismo de la casa -dejarlo sin cargos de conducción- pero que ese acuerdo va a tener que renegociarse ante cada proyecto.


Villarruel pide pista

Abrir el año encendiendo la luz en el Senado traslada la procedencia hacia Villarruel, que admite en concilios privadísimos que se entera de las ocurrencias de su gobierno después de que salen en los diarios –no es la única que se queja de eso. Le viene bien algún anabólico que le ayude a sumar algún poder. La elección del puntano Bartolomé Abdala como presidente provisional fue un calvario por escalas.

La tarea liminar de sacar al cristinismo de la casa -así bautizó a la operación uno de los fogoneros- fue la obra del senador por Salta, Juan Carlos Romero, del exsenador por el PRO Humberto Schiavoni y, en alguna medida, del correntino Carlos "Camau" Espínola. La prensa oficial atribuye este cierre al ingenio de la vicepresidenta, que fue beneficiaria más que gestora del acuerdo.

Hay interesados en alzar la gravitación de la vicepresidenta para ponerla en conflicto con Milei, casi por una tendencia física de posicionar a los vices contra sus presidentes. Este envión es responsabilidad de peces de aguas profundas -servicios de información- que retocan su retrato día a día para ponerla en el centro del escenario.

Corre la misma suerte de Karina Milei, a quien el periodismo tumbero construye como una figura esclarecida, potente y vigorosa, que controla todo. Sobredimensionan su importancia como comisaria del hermano presidente. Una fantasía que le va a costar ser perseguida, como en las películas de Hitchcock, por delitos que no cometió. Es el costo de estar todo el día en el escenario de una comedia ajena.


La tercera vuelta electoral

Los Estados Generales –un expediente de los monarcas del ancien régime francés- que pretende abrir Milei con el DNU y la ley ómnibus, incluyen una agenda que va desde la sastrería de los jueces, hasta la reforma electoral para liquidar a las minorías en la representación política. Busca lanzar centenares de proyectos que interpelan en forma transversal a todas las tribus políticas, de manera de que los protagonistas tengan una oportunidad de expresarse en apoyo o en rechazo de sus iniciativas y así construir las mayorías que no tiene.

Es lanzar una tercera vuelta electoral, que le permita construir un gobierno que aún no arrancó, y que refleje más el resultado del balotaje que el de la primera vuelta. Este intento de segundo balotaje le hace incurrir en alardes de rutina, cuando desafía -"Que me intenten voltear. Vamos a ver si la gente los deja"-. Se lo decía Néstor Kirchner en 2003 a los senadores peronistas que no querían avanzar en el juicio a la Corte Suprema. O salir al balcón para saludar con el puño en alto a una plaza vacía. Son reacciones instintivas de quien necesita, para gobernar, construir un poder que no tiene. Desordenar para volver a ordenar y salir hacia adelante.

 

martes, 21 de noviembre de 2023

sábado, 28 de octubre de 2023

Los nuevos monstruos

Por Daniel Link para Perfil

Sobre el cuero apolillado de un animal extinto que supo reinar en la América del Sur, los dos monstruos que habían sobrevivido al combate, Decadencia y Catástrofe, se miraban con odio. Entre ellos yacía inerme el cuerpo hediondo de Mediocridad y, por encima de sus cabezas, piaban con terror Productividad y Trabajo, encerradas cada una de esas bestias famélicas en jaulas de oro diminutas.

Mediocridad no había tenido ni la fuerza ni la imaginación para luchar contra dos enemigos tan imprevistamente fuertes que, ahora, chapaleaban en sangre, mientras recuperaban el aliento. Asintieron al unísono antes de lanzarse sobre el cadáver de Mediocridad. Decadencia arrancó un costado de la bestia muerta y se lo tragó de un solo bocado. Catástrofe se entretuvo con la cabeza, a la que dejó en sus puros huesos, antes de abalanzarse sobre las entrañas todavía palpitantes.

Los chasquidos de la carne desgarrada se mezclaban con los gruñidos de satisfacción.

Repuestos y ensangrentados, los monstruos se miraron: estaban dispuestos a matar nuevamente, después de haber tomado de Mediocridad la mejor parte.

Catástrofe hacía retumbar sus pezuñas sobre el cuero inane que delimitaba el espacio de combate. Inflaba sus belfos de animal joven. Ya no le importaba nada.

Ahíto también de Mediocridad, Decadencia se aprestaba a un nuevo asalto cuya estrategia todavía no había decidido. ¿Lanzaría nuevamente sobre su némesis su baba cáustica para luego sorberla nuevamente, junto con los fluídos enemigos?

La luz de la alborada aumentaba el brillo de Decadencia y de Catástrofe. De lejos, no parecían monstruos. Pero lo eran.

sábado, 21 de octubre de 2023

Pueblo en guerra

Por Daniel Link para Perfil

Siempre que hay guerra hay un pueblo en guerra. A propósito de los estremecedores acontecimientos de Medio Oriente, Ignacio Echevarría nos regala esta cita del general retirado Effi Eitam, jefe del Partido Nacional Religioso, del que se apartó para unirse al Likud en 2009 y miembro de la Knéset de 2003 a 2009. Eitam sostuvo que el derecho exclusivo del pueblo judío a la Tierra de Israel se funda en la creencia en un Señor del Mundo. Y agregó: “Cristianos y musulmanes comparten esa fe, pero no forman un pueblo. Nosotros sí; nuestra singularidad está en que somos los únicos del mundo que hablamos con Dios en cuanto pueblo”.

Esa relación entre Pueblo y Dios me interesa desde hace meses en relación con un curso al que llamé “Ideas de pueblo”. Ahora se vuelve atrozmente real.

Hay una distancia entre el pueblo singular y unos pueblos plurales. Pero además, esa distancia queda reforzada porque “el pueblo” es determinado mientras que “unos pueblos” son indeterminados (tienen artículo indetermindo).

Los problemas de los deslizamientos del singular al plural y de lo determinado a lo indeterminado, forman parte también de la teología cristiana. Leo una intervención de Lucia Gera (“Pueblo, religión del pueblo e Iglesia”), en la Semana organizada por la CELAM sobre religiosidad popular en América Latina, del 20 al 26 de agosto de 1976 en Bogotá. Gera fue uno de los más importantes teólogos latinoamericanos, que tuvo un rol decisivo en la propuesta de la “Teología del pueblo” (muy diferente de la teología de la liberación), cuya influencia en el Papa Francisco ha sido subrayada últimamente.

Gera escribe este título interno: “Iglesia y pueblo (pueblos) de América latina. La pastoral popular”. Resuelve la tensión entre singular y plural a golpe de paréntesis. El "pueblo de Dios" incluiría el plural "pueblos" para atender a las particularidades históricas y culturales de cada uno (y en particular el pueblo argentino, hoy y mañana más necesitado que ningún otro de la asistencia sobrenatural). De esa pluralización en la unidad, se deriva una pastoral novedosa orientada al pueblo en función de las peculiaridades locales, sus ideas políticas, sus limitaciones, o sus carencias.

“Pueblo” es un colectivo. Uno (yo) no puede ser pueblo: pueblo se hace con otros y otras. Hacer pueblo supone un amuchamiento y, de algún modo, la pérdida de si (del self) en una “identidad” de clase superior (en el sentido de más amplia).

El pueblo, dice Gera, es unario, es un sujeto único (y totalizante). “El pueblo es una pluralidad de individuos, una multitud reducida a unidad: unificada y (relativamente) totalizada”.

El pueblo se autosustenta y autodetermina.

Tanto en el caso del Pueblo de Israel como en el caso del Pueblo cristiano, hay que realizar una cantidad de operaciones muy complejas para sostener una idea de pueblo, sobre todo si se hace intervenir esa fantasía ridícula y totalitaria, la idea de Dios.

En un libro que tuvo una gran influencia entre nosotras, Gramática de la multitud , Paolo Virno opone a Hobbes y Spinoza, cada uno de ellos asociado con la defensa de un nombre: “pueblo” (Hobbes) vs. “multitud” (Spinoza). Esos “conceptos en lucha” fueron, según Virno, decisivos en la fundación de los Estados centralizados modernos, en la guerras religiosas, en las controversias teórico-filosóficas del siglo XVII. “Pueblo”, dice Virno, fue el término triunfante y “Multitud” el término derrotado.

¿Qué diferencias hay entre “pueblo” y “multitud”? Para Spinoza, la multitud representa una pluralidad que persiste como tal en la escena pública, en la acción colectiva, en la atención de los asuntos comunes, sin converger en un Uno. La multitud es la forma de existencia política y social de los muchos en tanto muchos: forma permanente, no episódica ni intersticial. Para Spinoza, la multitud es el soporte de las libertades civiles. Hobbes detesta a la multitud (como cuerpo y como concepto), en la que percibe el mayor peligro para el "supremo imperio", es decir, para el monopolio de las decisiones políticas por parte del Estado.

Siguiendo ese razonamiento, no habría que aceptar que los Estados se entreguen al goce bélico y realicen sus fantasías de exterminio en nombre de algún pueblo (éste o aquel). Mejor hablar con los vecinos, antes que con esa idea oscura llamada Dios.