domingo, 16 de agosto de 2026
Para recortar y pegar
sábado, 15 de agosto de 2026
Ubi Sunt
Por Daniel Link para Perfil
El responsable del taller de serigrafía se sorprendió por el anacronismo del pedido (¿tan temprano?) y el carácter inverso de la leyenda que debía imprimir en las mil remeras negras de diferentes talles. Para no cometer un error llamó al comitente del encargo para verificar que el "No” que encabezaba la frase estuviera bien colocado.
La persona le confirmó la frase, y le explicó, para tranquilizarlo, que formaba parte de un grupo de intelectuales “del conurbano” que había decidido comenzar a actuar tempranamente en el diseño de la próxima campaña electoral mediante microintervenciones que permitieran orientar la selección de candidatos más allá de las consabidas roscas, contubernios y corruptelas. El (o la) comitente subrayó el papel histórico que los intelectuales tuvieron en los procesos políticos y deploró la reciente pérdida de la capacidad de intervención, la apatía cuando no la complicidad silenciosa, el conformismo y la falta de horizontes políticos que permitieran diseñar un futuro pensado estrictamente en favor de la ciudadanía, en favor del pueblo, en favor del sujeto soberano y no en favor de grupúsculos de millonarios, de candidatos delirando premios nobeles, de cínicos promotores del espionaje barrial, o, directamente, representantes del dinero narco?
El serígrafo no sabía cómo interrumpir la letanía de protestas y reproches que, él sabía, poco tenía que ver con su oficio, pero que debía escuchar por cortesía profesional. ¿Dónde están?, se preguntó la voz en el teléfono que reposaba ahora sobre una mesa de trabajo, puesto en altavoz para beneficio de los demás empleados que, callados, se sentían al mismo tiempo involucrados y distantes, ¿dónde están los Manuel Ugarte, las Carolina Muzzilli, los Scalabrini Ortiz, los Jorge Abelardo Ramos, los Horacio González, las Alcira Argumedo, los Berni, los Walsh, las Ludmer de hoy? ¿En Substack?
Entonces, confirmó de nuevo el serigrafista, ¿la leyenda para las mil remeras es “Yo no voto a Massa”?
Sí, le contestaron, somos un grupo creciente de ciudadanas que no queremos a Massa como candidato a nada. En el taller, aplaudieron.
sábado, 8 de agosto de 2026
Diario de un televidente
Por Daniel Link para Perfil
Las series que estrenan son por lo general mediocres, sonsas, mal contadas, repetidas. Estrenan una seria sobre dos mujeres que huyen al mismo tiempo de la justicia y de la mafia. Una versión abaratadas de Thelma & Louise. Estrenan una serie sobre una androide doméstica. Es una versión despolitizada de Companion. Estrenan versiones que son directamente estiramientos de películas (Cape Fear, Entrevista con el vampiro).
Me refugio en los catálogos. Nunca vi El cuento de la criada. Las premisas son un poco insostenibles y el universo demasiado clausurado. Para un miniserie habría estado bien, pero hay cuatro temporadas por delante. Me duermo irremediablemente a los diez minutos. Están las nuevas Startrek: Brave New World y Starfleet Academy. Las dos son deliciosas, para mí al menos, por razones sentimentales: están hechas con el mismo espíritu de las series que educaron mi infancia en los problemas de la vida y la multiplicidad de lo viviente.
Las series de Apple están por lo general bien, aunque no todas me gusten. Severance, por ejemplo. No la seguí más allá de la primera temporada, pero reconozco su audacia y su rigor narrativo. Eso sí, soy un incondicional de Silo que es, por supuesto, una repetición mejorada de Snowpiercer o El expreso del miedo (película que luego se volvió serie, con los mismos ridículos postulados y alarmantes fallas narrativas).
En Silo ha sucedido una catástrofe y hay 10.000 personas viviendo en una ciudad cilíndrica (tema becketiano), enterrada y sellada. Tiene que ser una sociedad autosustentable y, por supuesto, bastante autoritaria. Nadie sabe bien a ciencia cierta cuándo comenzó ni qué causó la necesidad del silo, pero se sabe que el aire afuera está envenenado. Cada tanto, una conducta no tolerada vale el castigo (el honor, se dice) de salir a limpiar el vidrio por el que se ve el paisaje desolado. Nadie vuelve a entrar.
Pero la sociedad de Silo es porosa: hay gente que sospecha, movimientos de resistencia, partidos...Y hay, sobre todo, una heroína. No nos engañemos, el punto de mayor atracción de la serie no es sólo narrativo o visual sino que reposa en su estrella, Rebecca Ferguson, la actriz sueca que no para de enamorarnnos. De su prehistoria en Suecia conviene recordar que protagonizó un musical de tango y que hizo cine-arte. Saltó al mundo con La reina blanca, y ya nada la detuvo. En Silo, la complejidad de su actuación es tal que obliga a pasar por alto algunas licencias de guion (por ejemplo, la existencia de mascotas, perros y gatos, en un universo tan precario y tan al borde de su desmoronamiento).
La belleza de Rebecca Ferguson es, por supuesto, una repetición de la de Ingrid Bergman. A diferencia de ella, la mediocridad del tiempo audiovisual que le toca vivir todavía no le dio su Casablanca. Mientras tanto, nos regala pesadillas distópicas que cada vez se parecen más a nuestra realidad, porque la extinción, el autoritarismo asesino y la ciencia generada por inteligencia artificial están a la vuelta del camino.
martes, 4 de agosto de 2026
En gateras
Varias inscripciones abiertas..., gramscianamente hablando....
1. Cursos de grado
2. Club de lectura
sábado, 1 de agosto de 2026
Puntos fulcro
por Daniel Link para Perfil
El punto-fulcro es el punto de apoyo alrededor del cual pivotea una palanca (las articulaciones funcionan son puntos fulcros del cuerpo). Es lo que permite que se ejerza una determinada fuerza y, por lo tanto, el punto de riesgo del sistema. Podemos aplicar esa noción a.... los relatos.
Steven Spielberg, por ejemplo, es un buen narrador, hasta cierto punto. Basta con localizar los puntos fulcro donde la resistencia de la materia desbarata el relato para darse cuenta de su medianía. Pienso en Disclosure Day, de reciente estreno.
Es una película cuyo tema es la revelación de un secreto, el relato construido alrededor de él y por lo tanto, sobre unidades de información y su relación con la verdad. Empieza con un gran despliegue narratológico, in medias res. Y todo avanza con precisión hasta un cierto punto (fulcro). Ya bien avanzada la película, el personaje desempeñado por Emily Blunt va a conectarse telepáticamente con lo extraterrestre y la están monitoreando médicamente: tiene unos electrodos en la frente y un presurómetro amarrado al brazo sobre su pullover color mostaza. Parecerá un detalle insignificante, pero el diablo está en los detalles. ¿Es que nunca nadie en el gigantesco equipo de filmación de Spielberg se tomó la presión? ¿No saben que el aparato se aplica directamente sobre la piel?
Que el personaje de Emily se duerma con un papelito en la mano con la dirección del hotel donde se esconde (lo que permite que la encuentren mediante telepatía) es otro punto fulcro. Y ya con dos, todo el edificio se viene abajo, el relato se desmorona y empiezan a sucederse las estupideces y los caprichos. Aferrada a un dispositivo, Emily Blunt hace desaparecer a un grupo de personas y dos gigantescos camiones de bomberos, los malos provocan un corte de electricidad en una estación de televisión, que sigue funcionando mágicamente gracias a los poderes de Emily (y sin el delay de la conexión a internet), etc.
Retrospectivamente afecta a lo que ya habíamos visto: la réplica de una casa dentro de un galpón, hasta el más mínimo detalle (“para regresarte a la experiencia de la manera más familiar posible”) no tiene correlato en la presión arterial de Emily Blunt. La persecución asesina de la que es objeto es excesiva (que culmina con ¡un corte eléctrico!). Y lo que habíamos considerado prodigios de economía narrativa tal vez sean en verdad, cortes en una narración de duración inmoderada en relación con la estupidez alarmante de una trama que abusa del capricho y tergiversa su propio impulso hacia la verdad y la narración pura.



.jpeg)

.jpeg)

.jpeg)



%2011.37.21.png)
