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sábado, 2 de mayo de 2026

Dicen que....

por Diego Bentivegna para FB 


Hoy bajamos por Paraná derecho y fuimos de nuevo a la costa al humedal, a la reserva, a la nostalgia del verano. Y nos llevamos el libro de poema de Daniel, que se acaba de publicar en estos días.
Acá pongo la foto de las páginas de un poema de Daniel que me encanta, "Villaguay", con los ecos de los ríos que desembocan, de una manera u otra manera, en el agua del estuario, del río mar del que nunca podemos del todo separarnos.
Recuerdo, le decía en un mensaje a Daniel, el momento en que salió la primera edición del libro, publicado por Belleza y Felicidad. Era el 2000. Era la Casa de la Poesía, la antigua casa de Carriego, sobre la calle Honduras, a la que esa época íbamos todo el tiempo. Era la voz de Cucurto mientras lo presentaba.
En el textito que abre el libro, Daniel ubica la poesía en un lugar que dialoga con la muerte. Ahí dice algo muy lindo: dice que las muertes "son sucesivas y microscópicas". Por eso, creo, no hay nada de fúnebre en ese lugar, porque la muerte no es más que ese punto en el que la vida toma distancia de sí misma. Donde se vuelve relativa, precaria, abierta a la voces que no están.
El libro tiene unas notas al pie en las que Daniel va ensartando momentos de sus vidas, así, en plural: del tiempo en que fue escribiendo los poemas que integran las diferentes secciones. Son notas que van armando una biografía fragmentaria, como es, en el fondo, toda biografía, y que va tejiendo un pequeño retículo de nombres, que es la red, la tela, en la que se incuba la poesía y donde ella, de un modo u otro, persiste.
 
(Gracias Diego, y lo mismo que te dije allá: "Qué buen lector. Si hubiera buen poeta....")
 

 (¡en cualquier momento se agota!)
 
 

miércoles, 8 de abril de 2026

Preguntan si....

Entrevista de Marcos Vidable para La voz 

“Leer bien es relacionar lugares lejanos”. La frase aparece en Clases, en un trabajo dedicado a La inmensa soledad de Frédéric Pajak, pero bien podría residir entre las páginas de La lectura: una vida… . Ambos títulos, reeditados en los últimos meses, pertenecen a Daniel Link.

Clases. Literatura y disidencia fue publicado hace veinte años y ahora reaparece con un nuevo prólogo y dos textos que no estaban en la edición original. Este “mapa de lo contemporáneo” fue la primera pieza de una trilogía (de la que también forman parte Fantasmas y Suturas) que abordó distintas manifestaciones artísticas, sobre todo del siglo pasado, tan problemático y febril.

−Los artistas del siglo 20 trabajaron con la experimentación frente al avance de los dispositivos de clasificación. ¿El arte del siglo 21 busca consolidar diversas identidades?

(el texto completo, acá. ¡Gracias, Marcos!)

sábado, 7 de febrero de 2026

Querido diario: El regreso de febrero

Por Daniel Link para Perfil

25. Apareció la ranita célibe. Diminuta. El problema es que Rita, la perra, también la vio. Y le pareció pertinente cazarla. Traté de que se olvidara de ella, pero al atardecer siguiente, ya no la escuchamos croar. Por fortuna, una puesta de sol después, volvió a escuchársela, desde otro lugar, con un croar más atemperado.

26. El último fin de semana en Mar del Plata fue un poco terrorífico, por la cantidad de gente. Evitamos el centro y nos fuimos a almorzar a Laguna Brava. De ahí a Chapadmalal, nos hizo atravesar los campos y conocer los alrededores de Batán, donde la infame prisión sigue en pie. A la vuelta, el mapa eligió hacernos conocer el Pilar marplatense, que queda detrás de Alfar, donde hay una cantidad enorme de barrios cerrados, anchas avenidas con eucaliptos, parques acuáticos y parques aéreos, un supermercado gigante y un shoping en obra de dimensiones colosales. Esos nuevos barrios, que no nos interesan en lo más mínimo, agregan, sin embargo, una capa de complejidad a una de las ciudades más hermosas del mundo.

27. Mi vecina me reprochó que haya intentado desacreditarla diciendo que no regaba. “De todos modos”, me aclaró, “tengo ranitas”. Van a tomar agua a la pileta y quedan ahí despatarradas, hasta que alguien atina a sacarlas con un junta hojas. Tiene todo lo que yo querría: caballos, horizontes despejadísimos, un tilo (el nuestro lo cortamos hace años, porque estaba embichado), ranitas y luciérnagas y todo el silencio del mundo (mientras escribo esto, en la casa de enfrente unos jóvenes juegan a la pelota, lo que les produce una excitación en la garganta que los lleva al grito).

28. Esto yo lo dije pero mejor es repetirlo. No tiene nada que ver con imaginaciones mías sino con una pura lógica: si se baja la edad de imputabilidad también se debe bajar la edad de consentimiento sexual. Es absurdo que se considere que se pueda responsabilizar a una persona por un delito contra la propiedad o contra la vida pero no por su experiencia en los placeres de la carne. Quien puede hacerse cargo de lo más también puede hacerse cargo de lo menos. Cualquier otra solución es aberrante e inmoral.

29. Primer día de trabajo. Mando correos, planifico reuniones. Me equivoco y superpongo cosas. Tengo videoconferencias. Firmo formularios. Hablo con mis abogados. Consigo un subsidio discreto pero significativo para un evento que organizaré en diciembre. Armo el índice del número cero de la revista Contorna, que sacaremos este año. La sección de reseñas se llamará “Contorni”. No me da el tiempo para Duolingo, ese hobbie placentero.

sábado, 10 de enero de 2026

Querido diario (2): Fragmentos veraniegos

Por Daniel Link para Perfil

7. La “seguridad” ha sido siempre una coartada odiosa. “Por su seguridad” hacemos esto o prohibimos aquello. Pero “nuestra seguridad” es una amenaza todavía más intolerable, porque justifica violaciones de las condiciones de vida de quienes quedan fuera del “nosotros”. La seguridad de unos se convierte lisa y llanamente en la aniquilación de otros. Eso es la política después de Gaza. Y a esa cristalización de falsas certezas hay que oponerse.

8. Leo Cine vivo de Albertina Carri. No es una mera recopilación de textos. Es un libro muy orgánico, que desarrolla un pensamiento y que usa piezas viejas reescritas y reensambladas ahora para dar cuenta de un pensamiento. Un pensamiento sobre cine, claro, pero también sobre la vida, porque ambas cosas no pueden pensarse por separado. Albertina continúa la pista propuesta por Manuel Puig: no es tanto que el inconsciente esté articulado como un lenguaje (hipótesis decisiva pero un tanto trivial de Lacan) sino que está articulado como el lenguaje cinematográfico.

9. A Mar del Plata cada tanto se la lleva el viento. Huimos a tiempo de la sudestada y nos volvimos al campo nuestro, bonaerense y pobre como una araña. Encontramos los pastos quemados por un sol de una agresividad pretérita, como de formación del sistema solar. Me puse a regar como un bombero desesperado, aún sabiendo que el agua no repararía lo incinerado. Ya crecerán nuevas gramas, agradecidas por mi atención aquífera. Los pajaritos, todavía agobiados, vienen a bañarse y a sacar gusanos gordos de la tierra blanda. Lo importante no es tanto lo que nos pasa sino de qué lado nos colocamos: del lado del cuidado, de la reparación, de la atención a lo otro o del lado de la amenaza, la hostilidad, la destrucción del ambiente (ecológico o estilístico) en el que vivimos.

10. La Rabia de Pasolini es un texto decisivo porque desmiente cualquier ilusión “progresiva” en relación con su obra que, ya desde el comienzo (La Rabia es su tercera película, de 1963), oscila entre el documento y la ficción, entre la apropiación y la creación, entre lo personal y lo apersonal, (Pasolini afirma que no filmó ni una sola imagen para esa película, extraída de un archivo de 90.000 metros de pelpcula preexistente), entre el furor y el erotismo. El texto, que acompañó su tercera película, aparece ahora en una impecable edición de el cuenco de plata, al cuidado de Diego Bentivegna. Diego no sólo traduce bellamente el largo comentario poético que funcionó como banda sonora, sino que lo sitúa con una precisión y un alcance de perspectiva que exceden largamente la competencia del erudito: es un libro hecho por un poeta para otro poeta. Por supuesto, hace juego con su Queda un cuerpo. Clases y apuntes sobre Pier Paolo Pasolini que yo tuve el privilegio de leer en su versión manuscrita. Ahí Diego desarrolla la noción de lo “informe”, que tan bien le cabe, también, a La rabia.

11. El verano sigue con sus extrañas circunvalaciones. Las sigo, sin pensar demasiado.

 

domingo, 21 de diciembre de 2025

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo...

 

¡Gracias, Hinde, por una conversación tan estimulante!

 

viernes, 14 de noviembre de 2025

viernes, 5 de septiembre de 2025

sábado, 16 de agosto de 2025

Rituales de escritura

por Daniel Link para Perfil

Me hice el vivo. Me vine a Buenos Aires un sábado, sin computadora portátil, que quedó en mi casa suburbana. “Me voy a arreglar con el teléfono”, me dije. Pero no fue así, me di cuenta de que yo casi no uso el teléfono. Hasta el programa de mensajería lo manejo desde la computadora.

El lunes por la mañana, al borde ya de la desesperación, me metí en una computadora de escritorio ajena. Para qué.

No pude cargar el whatsapp para escritorio porque la máquina tenía el sistema operativo desactualizado (y no aceptaba ya ninguna versión posterior, a pesar de que no tiene tantos años de edad: obsolescencia planificada). Tuve que usar el mensajero en su versión para navegadores. Por supuesto, yo no uso cualquier navegador, sino uno de código abierto. La computadora no tenía ningún programa bloqueador de publicidades ni tampoco removedores de paywalls (que permiten leer páginas archivadas en internet sin necesidad de iniciar sesión). Se los instalé.

Tampoco tenía ningún programa de código abierto para escribir. Le instalé el Apache Open Office, que uso sin disturbios ni grandes incompatibilidades desde hace décadas. Luego lo tuve que configurar con la tipografía que uso.

Cuando terminé con todo me di cuenta de que me faltaban las claves, así que tuve que buscarlas en la versión para celulares de mi navegador predilecto y transferirlas.

Listo para escribir, no pude hacerlo porque ya tenía que salir a cumplir con otro compromiso.

Recordé una reflexión analógica de Roland Barthes, que había descubierto que sus escritorios (en su departamento parisino y en su casa de verano) eran réplicas uno del otro. Él no podía trabajar sin los pinceles en tal lugar, los lápices en tal otro, los libros esenciales a mano, la silla orientada en tal dirección.

El escritorio (analógico o digital) es una metáfora de una disposición más bien anímica que espacial hacia la escritura. Y, siendo un ritual tan delicado, es casi seguro que el oficio de escribir encontrará innumerables obstáculos maniáticos que impedirán su realización.

Es reconfortante, en ese punto, lo poco que ha cambiado todo. Así como el copista medieval armaba su scriptorium y lo defendía como parte esencial de su existencia, así el ciberpunk debe disponer sus conexiones en un orden específico para poder funcionar.

Aún presuponiendo la profesionalización del escritor, su práctica sigue sosteniendo cierto misterio (cierta mistificación, si se quiere) precisamente porque se funda en el deseo que, como se sabe, no piensa.

 

 

 

jueves, 14 de agosto de 2025

Gracias, Diego

Un buen entrevistador hace hablar hasta al más necio..... 

sábado, 21 de junio de 2025

En el corazón de junio

Por Daniel Link para Perfil

Las últimas declaraciones de la Sra. Cristina Kirchner ratificaron que es la política más importante de América latina en el Siglo XXI. Cristina se limitó a subrayar un par de hechos históricos indiscutibles: los bombardeos a Plaza de Mayo y los fusilamientos de José León Suárez como datos inequívocos de un odio visceral que no ha cesado en los últimos setenta años.

No hace falta ser peronista (yo no lo soy) para ser consciente de la atrocidad que esos dos acontecimientos representan y que, sumados a la represión de la Dictadura, constituyen la trinidad de la ferocidad imperdonable. Me limito sólo a las “heridas abiertas”, porque a esa nómina del fracaso como país habría que sumar también la Patagonia Trágica, la Campaña del Desierto y el genocidio Selknam.

Ante semejantes acontecimientos, los griteríos actuales de la derecha triunfante parecen meros cacareos de gallinaceos en celo. Y sin embargo...Las señales televisivas han dado muestras de un goce ante la condena de la Sra. Kirchner que hielan la sangre.

Yo soy de los que piensan que la Sra. Kirchner se equivocó: en algunos casos con sus políticas desencaminadas (en educación, me toca muy de cerca), en otros con sus decisiones caprichosas (la unción del Sr. Fernández como candidato a presidente) e incluso en no haber sabido desbaratar el sistema de corrupción que heredó de su marido (“vas a ir preso”, parece que le gritó alguna vez, sin imaginar que ella ocuparía ese lugar terrible).

Pero nada de eso es comparable con las salvajadas cometidas por el liberalismo (cuando fue gobierno constitucional o de facto). El día que los responsables de tanta aniquilación estén dispuestos a declarar que han exterminado, y que lo han hecho con ferocidad, se podrán discutir con calma los futuros posibles de este país que hoy parece imposible.

En cuanto a la Sra. de Kirchner, soy de los que respetan a quien cae después de haber peleado con uñas y dientes. Vivo a una cuadra de donde está el departamento que será su prisión domiciliaria. Pero vivo también en el conurbano, donde su prédica irá perdiendo influencia poco a poco.

No me preocupan tanto ni el barro en el que vivo en uno de esos domicilios ni el escándalo festivo de un acompañamiento que no ha disminuido con los días, en el otro.

Incluso, creo que habría que crear el movimiento de artistas “Salvemos a Cristina” para evitarle la condena adicional de tener que mirar televisión sin pausa. Hay que llevarle el cine, el arte, la poesía, la música y el teatro a la esquina de su casa, para que desde su palco penitenciario pueda descansar de las miserias de este mundo en el que ella no acertó a intervenir en la medida de sus posibilidades, pero que otros arruinaron y arruinarán definitivamente.

La destrucción irreversible de la red de ferrocarriles que llevó adelante el Sr. Menem en su momento y la destrucción actual del sistema de investigación en Argentina son apenas dos muestras de políticas cuyo daño excede las generaciones. Seamos conscientes, salvemos lo que se pueda.

jueves, 27 de marzo de 2025

Tutte le strade portano a Puan

por Daniel Link*


Sono grato a EXIT Media Distribuzione per l'invito a partecipare al lancio di Puan a Roma. Devo giustificare la mia presenza su questo palco? Penso di sì.

Sto tenendo un corso all'Università di Roma Tre. Insieme ai dottorandi che mi accompagnano in questo corso, abbiamo deciso di cimentarci nell'utopia linguistica di capirci non in una lingua comune, ma parlando ciascuno la propria lingua. Finora ha funzionato bene, ma Federico ha pensato che sarebbe stato meglio passare alla lingua italiana. Ho accettato con piacere la proposta perché sto leggendo questo testo in italiano (uscito da un programma di intelligenza artificiale) con un accento terribile. È quello che a Buenos Aires chiamano “cocoliche”.
Mi scuso per aver rovinato l'italiano in questo modo, ma mi permette di fare l'esperienza delle "lingue a contatto", che, credo, dovrebbe essere l'orizzonte di tutti: tutte le lingue sono gerghi e tutti i popoli sono bande.

Vengo da Buenos Aires (anche se non ci sono nato) e dall'Università di Buenos Aires (dove però non mi sono formato). Ho insegnato alla Facoltà di Filosofia e Lettere per molti anni, trentaquattro dei quali come titolare della cattedra di Letteratura del Novecento (una materia di filologia comparata).

Il libro che racconta la mia formazione alla lettura è stato pubblicato da Gallimard a Parigi nel 2022 e quest'anno la casa editrice napoletana Cronopio pubblicherà la mia ultima lezione tenuta in quella cattedra. Posso dire che, per il mondo, Puan sono io.

La Facoltà di Filosofia e Lettere, negli anni, ha cambiato varie sedi. Negli anni Sessanta, si trovava nel microcentro di Buenos Aires, in via Viamonte, uno dei centri dell’avanguardia artistica argentina, dove artisti, scrittori e poeti erano soliti incontrarsi. In seguito, si trasferì in via Independencia, vicino a una stazione ferroviaria, nel quartiere di Once. Poi, durante la ripresa democratica, si spostò in via Marcelo T. de Alvear e, infine, si trasferì nell'edificio attuale, una ex fabbrica di tabacco ristrutturata, che si trova, precisamente, in via Puan.

Forse a causa di questa tendenza alla migrazione costante, la facoltà è sempre stata identificata con la strada in cui si trovava: Viamonte, Independencia, Marcelo T. e, ora, Puan. Sono quindi un “puaner”, se non per nascita, per scelta.

La sede è orribile (l'hanno vista nel film). Era stata progettata per una popolazione studentesca molto più piccola, ma poi hanno iniziato ad aggiungere aule ovunque, con il risultato di un labirinto impraticabile che molti non conoscono nemmeno. Una volta, in uno degli ascensori (che non funzionano quasi mai) ho incontrato una famiglia (madre, figlia e figlio) che tornava dalla spesa e saliva al quinto piano (l'ultimo). Si sospetta (la voce gira da tempo) che abitino in qualche angolo tra l'Istituto di Studi Orientali e il Centro di Studi di Genere. Ma non lo sapremo mai con certezza.

I corsi che vi si insegnano sono ovvi: Lettere (moderne e classiche), che è stata la mia materia di insegnamento, e Filosofia, in primis (perché è nel nome dell'istituzione) ma anche Storia, Scienze dell'educazione, insomma: le discipline umanistiche che, come racconta bene il film Puan, stanno vivendo in Argentina, ma ovunque nel mondo, un momento critico.

Fino dal ritorno della democrazia, nel ottantatré, la filosofia analitica di origine anglosassone fu quella dominante negli studi filosofici. In seguito, le derive epistemologiche e politiche hanno reso la filosofia europea continentale il paradigma egemonico. Questa situazione perdura tuttora, anche se iniziano a manifestarsi alcune crepe decoloniali.

I nomi "filosofia" e "filosofo" sono interamente europei. Quando si parla di America, si dice “il pensatore colombiano” o “il intellettuale argentino”. Non so se si tratti di una riserva europea o se sia dovuta alla nostra ripugnanza a giocare con i giocattoli dei ricchi. Se qualcuno si presentasse come “filosofo argentino”, sarebbe immediatamente sospettato di impostura. La "teoria", invece, è più democratica. Posso dire di essere un "teorico" della letteratura, il mio ambito di lavoro è la "teoria" e lo dico con una certa legittimità.
Ho rimandato la visione del film
Puan perché, essendo cresciuto e invecchiato in quell'istituto, non mi sembrava il caso di vedere riprodotte sullo schermo le miserie che conosco così bene.

Ma quando il film è apparso sul catalogo di Amazon Prime Video, non ho più resistito e ho deciso di vederlo. Non è un film che entrerà nelle liste dei “migliori film di sempre”, ma non è neanche un brutto film e ha anche un lato molto toccante per me: vuole “discutere di idee”, cosa a cui il cinema sembra aver rinunciato.

Molto presto mi sono reso conto che le idee che Puan si proponeva di discutere erano esattamente le stesse che avevo proposto nel mio ultimo corso a Puan, l'anno scorso! Sono così entrato in uno strano stato di panico e di estasi, allo stesso tempo.

La trama ruota intorno a una cattedra vacante a causa di un decesso (mi hanno detto che questo episodio deriva da un fatto reale) e vede due aspiranti professori ordinari contendersi la cattedra: il primo segue alla lettera la teoria (hobbesiana) dello Stato dell'uomo con cui ha lavorato per circa trent'anni; il secondo, nuovo arrivato (un vero e proprio stronzo, come vedrete alla fine del film) abbraccia invece la causa spinoziana piuttosto che quella hobbesiana.

Questa contrapposizione tra Hobbes e Spinoza è il presupposto del libro di Paolo Virno Grammatica della moltitudine; libro su cui ho discusso a lungo nel corso dell’anno scorso, così come negli anni precedenti.

Il punto di vista di Virno è che Hobbes postula un'idea di “popolo” solidale con lo Stato, senza il quale lo Stato non può “pascere”. Spinoza avrebbe piuttosto optato per la “moltitudine”, una nozione destituente che, all'epoca, perse il dibattito e fu ripresa solo alla fine del XX secolo da Toni Negri e altri pensatore italiani.

Forse, senza saperlo, stavo pensando insieme a María Alché e Benjamín Naishtat, che hanno scritto e diretto il film, ad una via d'uscita dalle impasse della storia. Appena ho finito il film, mi sono detto: "Ciao, Puan. Ti saluto".

Voglio commentare solo due momenti del film. Il primo è molto affascinante: il protagonista si reca a fare omaggio al defunto collega, ordinario di Filosofia Politica, e incontra una persona che, per la morfologia del corpo, scambia per una cameriera sconosciuta, ma che in realtà è una professoressa boliviana in Filosofia che gli fa un invito accademico che lui esiterà ad accettare. Per rendere più comprensibile l'equivoco, è come se qualcuno incontrasse Gayatri Spivak e la scambiasse per un'impiegata di un "Bangla". È precisamente su un equivoco come questo che si basa la profonda ironia del film rispetto alla "filosofia" coltivata nella facoltà.

Il secondo momento che voglio commentare è il finale, che ho odiato appena l'ho visto perché mi è sembrato una sorta di Deus ex machina: nulla di quanto previsto nella trama lo faceva presupporre. Poi, me ne sono innamorato per la sua forza anticipatrice: l'università chiusa e in default.

Non è che il film abbia poteri di “chiaroveggenza”, ma ha colto qualcosa che era già nell'aria e che anche il governo ultra-liberista che attualmente governa il Paese aveva previsto: l'istruzione umanistica è in crisi. Questo è dovuto in parte alla radicale trasformazione dell'orizzonte culturale (ormai totalmente digitalizzato) e in parte all'odio per le prospettive critiche coltivate nei centri di dissidenza che sono le facoltà umanistiche di tutto il mondo.

Harvard è un'istituzione odiosa, ma si sa che è ormai sul punto di scomparire proprio a causa dell'assalto della destra reazionaria che governa gli Stati Uniti. Il mio rapporto con Roma Tre è stato turbolento a causa della recente riforma della legge finanziaria che ha comportato un taglio del venti per cento del suo bilancio.

Cosa fare, da dove cominciare? Queste due famose domande ci tornano in mente in questo momento di crisi. Spero che abbiate delle risposte.

*Agradecimiento especial a Daniele Balicco y Camilla Cattarulla

miércoles, 12 de marzo de 2025

Alegoría de la política

por Giorgio Agamben para Quodlibet

Todos estamos en el infierno, pero algunas personas parecen pensar que no hay nada más que hacer aquí que estudiar y describir minuciosamente a los demonios, su horrible aspecto, su feroz comportamiento, sus traicioneras tramas. Tal vez se engañan de este modo pensando que pueden escapar del infierno y no se dan cuenta de que lo que les ocupa por completo no es sino el peor de los castigos que los demonios han ideado para atormentarles. Como el campesino de la parábola kafkiana, se limitan a contar las pulgas en la solapa del guardián. Ni que decir tiene que tampoco los que están en el infierno pasan su tiempo describiendo a los ángeles del cielo: también éste es un castigo, menos cruel en apariencia, pero no menos odioso que el otro. 

La verdadera política se encuentra entre estos dos castigos. Comienza por saber dónde estamos y que no podemos escapar tan fácilmente de la máquina infernal que nos rodea. De demonios y ángeles sabemos todo lo que hay que saber, pero también sabemos que es con una imaginación falaz del paraíso como se construyó el infierno y que a cada consolidación de los muros del Edén corresponde una profundización del abismo de la Gehenna. Del bien sabemos poco y no es un tema en el que podamos profundizar; del mal sólo sabemos que nosotros mismos hemos construido la máquina infernal con la que nos atormentamos. Tal vez nunca haya existido una ciencia del bien y del mal y, en cualquier caso, aquí y ahora no nos interesa. El verdadero conocimiento no es una ciencia, es más bien una salida. Y es posible que esto coincida hoy con una resistencia tenaz, lúcida y rápida en el acto.

8 de marzo de 2025

viernes, 7 de marzo de 2025

Los recortes del día

 

(Si alguien se roba este argumento deberá enfrentarme en la justicia: considérense anoticiados)
 

domingo, 15 de diciembre de 2024

Los recortes del día

 

¿Cuál es la ventaja de extender la adolescencia hasta los 19 años?  ¿Y cómo se lleva esto con los proyectos de baja de la edad de imputabilidad?

sábado, 26 de octubre de 2024

Avifauna bonaerense

Por Daniel Link para Perfil

Almorzaba en la galería de adelante. Las perras dormitaban bajo la mesa, deshechas de calor.

Me quedé observando a un pajarito juntando ramas para su nido. Es una hipótesis, porque agarraba un palito y levantaba vuelo con destino a la copa de algún árbol y después volvía a hacer lo mismo. Debería saber más de pájaros para deducir de ese comportamiento el género y la clase de nido.

Lo que a mí me sorprendió fue que hiciera sus tareas a poco más de un metro de nosotras (las perras y yo), como si no nos temiera.

Al día siguiente de esa escena sucedió otra similar. Yo regaba (en verdad, abandono la manguerita donde pienso que hace falta, mientras sigo escribiendo; cada tanto la corro de lugar). Se había formado un charco y venían unos pajaritos a bañarse. Cuando fui a mover la manguera, los pajaritos colorados y grises se apartaron un poco pero no abandonaron sus juegos acuáticos. Una vez más, parecía que no me temían.

Eso me alegró un poco y me imaginé como aquella vieja loca de Mi pobre angelito, que fungía de percha para las palomas. Detesto a las inmundas palomas, pero por suerte no hay demasiadas acá: habrá aves de rapiña que las espantan.

Tampoco hay loros, esa otra plaga sonora. Tengo amigos con casas en la provincia en cuyos jardines es imposible conversar por el estrépito del lorerío.

Los que yo veo y con los que vivo son pajaritos de esos pequeñitos, elegantes, idiotas (de donde viene la caracterización “cabeza de pajarito”), pero que cantan divino todo el día. Me gustaría, como dije, saber las variedades, porque no es lo mismo un benteveo (no he escuchado trinar a ninguno, todavía) que un cuclillo (aprendí algunos nombres de la Lista actualizada de las aves de la provincia de Buenos Aires).

Una vez, se cayó un nido sabe Dios de dónde. Gaby Bejerman, de visita, se empeñó en salvar al pichoncito de su muerte segura. Por supuesto, cuando se tuvo que ir me lo dejó a mi y pese a mis ignorantes esfuerzos (o precisamente por ellos), a los dos días el pichón había muerto.

Mis pajaritos son criaturas delicadas y frágiles y me pregunto si la progresiva confianza que tienen conmigo no se les volverá en contra, cuando se crucen con uno de esos niños asesinos que gustan de matar aves a cascotazos.

 

sábado, 5 de octubre de 2024

Los secretos del abanico

Por Daniel Link para Perfil

En viaje laboral, me reservo una tarde para ir a uno de mis lugares predilectos de Valencia, la casa de Abanicos Carbonell (fundada en 1810), atendida hoy por Guillermo y Paula Carbonell, cuarta y quinta generación de una familia dedicada a la fabricación de abanicos artesanales. Guillermo es bisnieto del fundador (Arturo Carbonell Rubio) y cuenta: “A mi padre le sucedí yo iniciándome en este artesano trabajo hace mas de 40 años y aprendiendo todos sus secretos”.

Uso los abanicos Carbonell desde hace más de diez años y vuelvo siempre porque mientras yo pueda volver a esta tienda sé que el mundo tiene un centro y un sentido.

Esta vez, después de una tarde plagada de desencuentros, les llevé un abanico con una varilla despegada para que le hicieran el service. Guillermo estaba de mal humor y al principio dijo que no, que la chica se había ido, que volviera otro día, pero después salió Paula, con cola y pincel en la mano y me dijo que ella lo arreglaba.

Ya con el abanico en la mano, comenzó a negar con la cabeza y desplegó ante mí uno de los secretos del abanico. “No es sólo una varilla... Mire aquí, está viciado”….

Pegó la varilla y otra más que ella había descubierto despegada, pero le parecía que ese service no iba a durar porque el abanico “busca el vicio”.

La acompañaba una mujer más joven (¿su hija, la tataranieta del fundador? ¿o una empleada?) que se reía junto con nosotras. Luego entendimos que el vicio adviene cuando el abanico no se abre y cierra por sus pliegues sino por donde se le da la gana: ahí empiezan los problemas, que ya no terminan más.

Por supuesto, compré uno para reemplazar el viciado y les conté que el último que había comprado fue para mi hija, “uno blanco” dije. “De novia”, dijo Paula. Sí, le dije yo. Y le dije más: ya se divorció. 

 

Pues yo llevo ya para 46 años. Son las nuevas generaciones, dijo Paula, que no aguantan nada, y señaló a la que supongo era su hija, otra señora, como si fuera el vivo ejemplo de la disolución del contrato matrimonial (y, por lo tanto, de quién sabe qué vicios).

“Yo aguanté 25 años, que es bastante”, dijo ella muerta de risa. Razón le dimos, desde ya, sobre todo porque el “aguanté” indicaba antipatriarcado silvestre.

Me volví con dos abanicos, uno nuevo y lleno de ilusiones y otro ya muy ahíto de vicios. Paula había insistido en que comprara uno del mismo color del que había llevado, azul, pero yo preferí llevar uno negro porque allí donde hay esperanzas y vicios, es seguro que más tarde o más temprano habrá duelos.


sábado, 31 de agosto de 2024

Microdosis de Bolaño

 por Daniel Gigena para La Nación

“¿A quién le pertenecerá Bolaño, quién se sentirá interpelado por su literatura? ¿A la casta de escritores-estratega? ¿A los cultores del realismo latinoamericano? ¿A aquellos para quienes el lenguaje es solo un vehículo para transmitir ideas de mediano impacto?”, se pregunta en su microdosis crítica el escritor y académico Daniel Link.



 


sábado, 10 de agosto de 2024

La imagen justa

Por Daniel Link para Perfil

La imaginación no es sólo asunto de poetas trasnochadas y de artistas ebrios. Existe algo como la “imaginación pública”, donde se juegan nuestros destinos personales y donde se cocinan los más graves acontecimientos políticos. Los dos grandes paradigmas interpretativos del siglo XX, el freudismo y el marxismo (o si se prefiere: el psicoanálisis y la teoría crítica revolucionaria) pusieron a lo imaginario en su lugar, el lugar de la conciencia falsa, el lugar de las identificaciones narcisistas.

Así, puestos a actuar, lo primero es quitar las capas de falsedad para llegar a lo real tal cual es. Es lo que está sucediendo en Venezuela, donde un régimen agónico acusa a sus enemigos de falsear la realidad (de sostener una conciencia falsa) y prepara un vasto movimiento de depuración.

Hay, además de los dos paradigmas antes mencionados, un libro capital sobre la imaginación, que contiene y supera a ambos: Lo imaginario (1940), donde Jean-Paul Sartre distingue de manera fundamental la imagen y la percepción como dos actitudes irreductibles de la conciencia: ambas se excluyen entre sí porque una conciencia imaginizadora está acompañada del anonadamiento de una conciencia perceptiva. No puedo a la vez "imaginar" y percibir. El segundo punto es que hay una "vida imaginaria" en la que me irrealizo en la convocatoria de las imágenes o en las imágenes que me sobrevienen en un "espasmo de espontaneidad". El tercer punto es que un objeto en imagen se designa como una "falta definida": una pared blanca en imagen es una pared blanca que falta en la percepción. El "no ser ahí" es su cualidad esencial, y lo irreal no es sólo el objeto sino todas las determinaciones de espacio y tiempo a las que está sometido y que participan de esa irrealidad. El cuarto punto es lo que Sartre llama "pobreza esencial" de los objetos en imagen que, a raíz de ello, pueden satisfacer dócilmente sin decepcionar jamás. Quinto punto: la imagen es una nada, condición esencial para que la conciencia pueda imaginizar, es decir, negar lo Real, plantear una tesis de irrealidad. Sexto punto: al postular la imagen, postulo también el mundo como nada, lo anonado, y esto es la posibilidad constitutiva de la libertad. Así, la nada es la materia de la superación del mundo hacia lo Imaginario. Para Sartre el verdadero problema es la libertad, y su tesis es que el hombre imagina porque es trascendentalmente libre.

Pero tal vez convenga desplazar la definición de lo imaginario del ámbito de la libertad (que se ha transformado hoy en una coartada) al ámbito de la potencia para, al mismo tiempo, devolver a la imaginación toda su fuerza presubjetiva: venimos a un mundo ya saturado de imágenes, un mundo que es él mismo una imagen y es en esas tensiones imaginarias donde los sujetos se constituyen como tales. Las imágenes, lo queramos o no, nos preceden en el mundo.

Para cualquiera llega un momento en el cual debe expresar un “Yo puedo” (actuar en relación las guerras en Oriente Medio y en Ucrania, o la descomposición venezolana, a propósito de la pérdida de capacidades lectoescritoras de la infancia argentina, en una situación familiar desesperante, lo que sea), que no refiere a alguna certeza o a una capacidad específica (el poder) sino, más precisamente, a una demanda absoluta. Más allá de todas las facultades, este “Yo puedo” no significa nada, salvo la marca de qué es, para cada uno de nosotros, quizá la más dura y desgarradora experiencia posible: yo puedo sobrevivir, yo puedo salvar, yo puedo convivir, yo puedo superar. Esa es la experiencia (imaginaria) de la potencia.
La potencia no es simplemente no-Ser todavía, simple privación, sino la presencia de una ausencia. Tener una imagen de lo posible significa que hay una privación y lo que nos constituye es tanto la privación como la imagen de lo posible que adviene en y por la privación.
La potencialidad es el modo de existir de la privación. Ser potencial (como lo son, ejemplarmente, las artes) significa ser en la propia falta, estar en relación con la propia incapacidad. La potencia y la imaginación son en si mismas inoperantes, pero puestos a hacer algo mejor es tener por delante una imagen justa y bella. El mandato sartreano que todavía no queremos o no nos atrevemos a cumplir podría sintetizarse como: Devolver a lo imaginario su potencia de futuro.



sábado, 27 de julio de 2024

Sonata para culo y quena

 

Por Daniel Link para Perfil

Entre quenas sobadas y culos de mandril se juega el ambiente estilístico de la imaginación pública argentina. Mucho no se entienden las metáforas esgrimidas: ¿desde cuándo una quena se soba? Creíamos que se la soplaba, y el sobamiento quedaba reservado para el ganso. En cuanto a los culos: ¿enrojecidos a patadas o hay que imaginar algo más sexual? ¿Será el “La tenés adentro” la explicación del trasero rubor? Sería una novedad absoluta.

Y luego los gestos. El más preocupante fue el del Sr. Milei entrando en el salón de las firmas de los pactos de Mayo (en Tucumán) con una paspadura (¿de mandril?) que le impedía caminar humanamente y, sobre todo, usando el bastón de mando como herramienta ortopédica.

En el medio, el affaire sobre la Grandeur de la France, en el que con gran inteligencia la Sra. Villarruel copió los argumentos de la Sra. Meloni cuando acusó a Francia no ya de colonizar sino de explotar a las repúblicas africanas sobre las que guarda derechos de señorío (llegando incluso a imprimir la moneda de 14 países), “haciendo trabajar a niños en las minas”, “extrayendo materias primas”, como el uranio de Nigeria con el que Francia hace funcionar sus plantas nucleares mientras el 90 % de los nigerianos viven sin electricidad.

Las palabras vicepresidenciales causaron tal desazón en el dueto regio que la dama primera (otra no hay) corrió a sobar no se sabe bien qué tarjetero de visitas en lo del embajador, no fuera cosa que desinvitaran a su hermano del palco olímpico, como si el Sr. Macron no supiera distinguir entre el dulce lamentar de dos pastores y una sonata para quena y culo.

Si después de haber dicho el Sr. Macron que los italianos son “vomitivos” y pese a las acusaciones (incontestables) de la Sra. Meloni sigue encontrándose con ella en los foros internacionales, ¿iba a poner el grito en el cielo galo por los dichos mucho menos violentos de quien preside el Senado?

Nada más mersa que esa desesperación del Profesor Neurus y Cachavacha para participar de los lugares imaginados como los más prominentes del planeta, ese aspirar a dominar el mundo .

Mientras nos entretenemos con la mersada argentina, el oro y las divisas (la mesada) se mueven de aquí para allá.

 

sábado, 13 de julio de 2024

Los tres chanchitos

Por Daniel Link para Perfil

El aire se arremolinaba alrededor de su propia psicosis, aullaba entre las ramas de los pinos o quebraba los restos secos de las copas de los árboles caducos.

El viento había llegado de improviso, empujado por las corrientes polkares. Soplaba con antipática persistencia y su ulular ponía nerviosos a los animales y nos erizaba la piel. Las ventanas que daban al sur eran, paradójicamente, las más vulnerables y hubo que bajar las persianas para que el calor del hogar no fuera arrastrado hacia el río.

Las pocas bellotas que quedaban en el roble alarmaban el techo de chapa. Todo crujía en el bosque lindero y los animales expresaban su terror queriendo meterse en la casa, debajo de las camas, en nuestros brazos.

Salimos, en cambio, a asegurar los toldos y nos costaba incluso caminar a la intemperie. El aire estaba sucio, cargado de amenazas y de hojas y semillas venidas de quién sabe dónde (tal vez en primavera un nuevo retoño de árbol o de planta revelara la intriga).

Más arriba, en la atmósfera, capas sucesivas de nubes iban y venían indecisas. Las más bajas, todavía blancas como corderos, apenas si conservaban alguna forma reconocible antes de disolverse y recombinarse en otra figura. Más arriba, unas pinceladas negras se volvían cada vez más densas y se comían la escasa luz solar que todavía llegaba al suelo. Era como una noche trasnochada que había salido de gira y que no podía ya volver a su casa, muy entrado el día.

La excitación eléctrica del aire se nos pegaba al cuerpo y las perras olfateaban estirando el cuello hacia arriba, como queriendo identificar a la bestia que se abalanzaba sobre nosotras resoplando un aliento helado en nuestros cuerpos.

Entramos a la casa, donde los aullidos y silbidos del aire se multiplicaban al entrar por las rendijas. La velocidad disminuida del viento empezaba a depositar una fina capa de tierra sobre todas las superficies de la casa.

Algún huaco que había quedado afuera de los toldos se rompió con gran ruido de fracaso, arrastrado por un aire vengativo, imperdonable.

Si lloviera, pensamos, el aire se calmaría un poco y, con las plumas mojadas le costaría recuperar la loca velocidad que ahora había alcanzado.

En la ciudad auguraban una nevisca, o más bien la deseaban. La nieve se veía como una promesa de alegría colectiva, que desde hacía años se nos escapaba. Pero sabíamos que con un aire tan seco y concentrado en su propia carrera vertiginosa no iba a llover, no iba a nevar, y lo único que nos quedaba era encerrarnos a esperar que pasara lo peor.