Durante la dictadura cívico militar de
la cual se conmemoró esta semana su cincuentenario había una frase
terrible que circulaba como un mazazo de hierro: “Por algo habrá
sido”.
Mi primo hermano Fernando Risso
fue secuestrado el 24 de
marzo de 1976, en la
Casa de Gobierno de la ciudad de Córdoba. Tenía 24 años. Continúa
desaparecido. Es muy probable que alguien haya pensado, sobre su
secuestro y desaparición que “por algo habrá sido” pero nunca
llegamos a saber bien por qué. La frase, que parece suponer que hay
causas que justifiquen su secuestro y desaparición, sigue
martillando en nuestras conciencias. Yo guardo los libros de Fernando
y también algunas de sus fichas de estudio, resúmenes de lectura.
Muchas veces miré esos papeles para ver si encontraba allí claves
que explicaran su destino. Por supuesto, no encontré nada.
Si
alguien pudiera explicarme cuáles son los delitos que Fernando
habría cometido podríamos discutir la proporción de su condena
(que, por supuesto, no incluye nunca, nunca, la pena de muerte). Pero
no, nadie sabe a ciencia cierta qué hizo Fernando. Ese no saber bien
por qué se secuestraba a alguien no fue una excepción sino una
forma deliberada de instalar el terrorismo de Estado. Las razones
podían ser todas y cualquiera. ¿Cómo recuperarse de una operación
psicológica semejante?
Por
supuesto, recordar hoy esa frase es instalar un abismo de
incomprensión que sostiene a la dictadura como lo que fue. ¿En
nombre de qué justificar el secuestro, la desaparición, la
apropiación de bienes y de recién nacidos? El “por algo habrá
sido” es la señal de fracaso contra la que se instala un régimen
que buscó la complicidad de la sociedad mediante el terror y que
busca hoy la extinción de las responsabilidades penales de los
perpetradores, bien delimitadas y bien fundadas en pruebas
testimoniales y documentales.
“Por
algo habrá sido”, pero ¿exactamente por qué y cómo? ¿No se dan
cuenta de que en la medida en que no puedan explicar en cada caso las
razones para la aniquilación que se propusieron, nuestras vidas
seguirán siendo heridas abiertas? Con vida los llevaron, con vida
los queremos.
Por Daniel Link para Perfil En estos días se están presentando muchos libros sobre Pasolini (el de Eduardo Grüner, el de Diego Bentivegna) como homenaje a cincuenta años de su asesinato. A mí me toco presentar, ayer, el más incómodo. Pasolini sobre el aborto recopila todos los textos que el Amadísimo dedicó al asunto hacia mediados de la década del setenta, traducidos y editados por Guillermo Piro y con una cuidada introducción de Laura Klein.
Subrayemos esto que dice Laura: lo que Pasolini discute no es la interrupción voluntaria del embarazo en si, sino las condiciones para pensar el aborto, es decir: las condiciones para pensar cualquier objeto o relación socialmente significativos. La consigna “mi cuerpo, mi decisión” le fue al Amadísimo (y a nosotras mismas) intolerable porque supone un decisionismo liberal que abstrae a los individuos de los colectivos de los que forman parte.
Más allá de mis malestares personales o mis desacuerdos, el libro va encontrando su lógica a medida que leemos las (a veces disparatadas) contribuciones de Pasolini a un debate mal planteado. El libro no nos interpela (no puede interpelarnos) como un libro sobre la legalización del aborto (discusión ya saldada). Si bien plantea su pertinencia, su necesidad, su regulación, su legalidad, su colocación respecto de la vida y de la muerte, lo que nos toca en las intervenciones del Amadísimo es que nos pregunta cuáles son las condiciones de posibilidad y las herramientas para sostener un pensamiento sobre la interrupción del embarazo.
Pasolini sobre el aborto supone, pues, dos intervenciones mayores: un corte y una sutura. No sabemos bien si los argumentos de Pasolini se corresponden con los “estilos de pensamiento” de la época que habitó (muy distintos de la nuestra). En todo caso, la verdad de los enunciados del Amadísimo deben revisarse de nuevo (es lo que hace Laura Klein impecablemente). En tiempos de Pasolini todavía existía el temor a la sobrepoblación; hoy, en cambio, el tema demográfico dominante es la drástica disminución de la natalidad.
Eso, en cuanto al corte. El punto de sutura, muy delicado y admirable, radica en la noción de reserva conceptual o suspensión, que no permite leer los faltantes, los descuidos, los puntos ciegos y las preguntas sin resolver del pensamiento pasoliniano. El recurso a la reserva o suspensión nos permite encontrar vías alternativas para discutir un pensamiento más allá de la mera identificación imaginaria (Pasolini es misógico / Pasolini es edípico / Pasolini es católico / Pasolini es puto).
Pasolini nos dice que en la interrupción del embarazo resuenan los problemas éticos de la responsabilidad y el consentimiento. Él dice: el problema del aborto es el problema del coito. Se puede inferir que de lo que está hablando es de un coito ejercido sin responsabilidad, sin evaluar las consecuencias que involucra. Fue el argumento principal de Fogwill, quien también se manifestaba contrario al aborto. Es como si Pasolini dijera: estos prefieren abortar antes que ponerse un forro.
Se le ha reprochado a Pasolini su poca referencia a las mujeres. Laura se detiene en este punto. Yo creo que el asunto es estratégico y por eso Pasolini repone al varón y su responsabilidad (en el coito él estaba ahí, insiste). Sabe que, a lo largo de los siglos, se ha atribuido a las mujeres una capacidad seudosoberana de dañar a los embriones, a los niños y al futuro. Han sido identificadas como blancos no solo de la optimización biopolítica, sino también de las medidas de la soberanía legal (y con la precariedad del acceso al aborto fuertemente inmiscuida en ambos extremos).
La ética que interroga la posibilidad del cálculo biopolítico no prescinde de la responsabilidad y del consentimiento y admite que, incluso, puede haber errores (porque una no ha elegido las condiciones en las que debe elegir) y, con certeza, hay pérdidas incalculables (tanto en la “vida” como en la “muerte”).
Pasolini acierta al proponer que el aborto es el gemelo de lo queer porque los dos apelan a una ética que se resiste al cálculo biopolítico. Ahí está, creo, la utilidad de este libro, que repone un pensamiento que ahora podemos reconocer como un instaurador de discursividad.
Asuntos a tener en cuenta en relación con cualquier pensamiento sobre el aborto: cálculo biopolítico, sustentabilidad ambiental, soberanía, control poblacional, derechos reproductivos, subjetividades disidentes e imperialismo. La vida (o la muerte) de la especie, por un lado, la vida (o la muerte) de las comunidades, por el otro. Dicho en dos palabras: biopolítica y tanatopolítica. Las figuras que hay que manipular: la vida potencial, el Niño Imaginario, la Madre Imaginaria, el Padre (siempre, el Padre).
Élida Lois tenía una voz incomparable: con la misma gravedad de la de Olga Orozco, pero sin los rastros de tabaco y alcohol que la poeta necesitó para escribir sus versos.
Además, su habla estaba siempre quebrada por la busca de la palabra justa, el concepto, el remate de la frase. Titubeaba, no porque no supiera lo que quería decir, sino porque respetaba profundamente la relación entre expresión y contenido. No se la tomaba a la ligera.
Por supuesto, eso tuvo consecuencias decisivas en su trabajo. Era una filóloga de raza, que tanto podía hacerle frente a un problema gramático, a una historia de una palabra o a las capas de discurso superpuestas en una obra confrontada con sus originales (ella, mejor que nadie, supo vincular los sustratos ideológicos con los ambientes estilísticos).
Editó, entre otras cosas, el Martín Fierro. Como quien dijera: "les doy esta edición, y no me jodan más". ¿Quién si no ella hubiera podido emprender una tarea semejante?
Élida, querida, te vamos a extrañar, pero por suerte nos quedan tus palabras, tu perspectiva sobre la disciplina, tu posición ante el mundo.
El
próximo 2 de agosto se conmemora el Porrajmos
o Samudaripen (los nombres dados al intento de exterminio de los
pueblos gitanos de Europa durante la Alemania Nazi). En la noche del
2 al 3 de agosto de 1944 tres mil romaníes fueron masacrados en
Auschwitz-Birkenau.
Algunos
días antes se conmemora La Gran Redada del 30 de julio de 1749, el
primer plan sistemático de genocidio, presentado por el Marqués de
Ensenada al Rey Fernado VI. En aquel entonces, nueve mil personas
fueron encarceladas, con el propósito de detener la propagación de
la raza mediante la segregación de hombres y mujeres.
Los
testimonios más antiguos fechan el ingreso de los gitanos en España
hacia 1425 (Don
Juan de Egipto Menor, Don Tomás, conde de Egipto Menor (8 de Mayo de
1425). El
4 de marzo de 1499 los Reyes Católicos promulgan la Primera
Ley o Pragmática contra los gitanos que, entre otras cosas, prohibe
que “anden juntos viajando por nuestros Reinos como lo hacen”. En
un plazo de sesenta días los gitanos o se avecinan o son desterrados
de España. Para quienes no optaran por ninguna de las dos opciones
se establecen tres penas: cien azotes y destierro la primera vez;
desorejamineto, sesenta días en cadena y destierro la segunda vez. Y
por tercera vez, la muerte.
Leída con detenimiento, esa Primera Pragmática revela en dónde radica el problema gitano: ¿a quién sirven si se están mudando todo el tiempo? ¿a quién aportan? El nomadismo y la errancia de los gitanos desestabiliza el sistema de privilegios y de servidumbre. Desde entonces, se dictaron
28 Pragmáticas reales y Decretos del Consejo Asesor de Castilla contra los pueblos gitanos.
Al comienzo del Siglo XX la situación de los roma es crítica en toda Europa. El franquismo vuelve a prohibir hablar en romanó (o romaní), considerada una lengua de delincuentes, la errancia se considera delito y se aplica a los gitanos la Ley de peligrosidad social.
En Alemania, el “Antiziganismus” se remonta también al siglo XVII. En 1899, la policía bávara creó una unidad especial para asuntos romaníes y creó una oficina central para «luchar contra la plaga gitana». En 1909, la misma fuerza sugirió que las personas de etnia romaní debían ser marcadas como el ganado para identificarlos.
Con
sentido de reparación, el Reino de España ha declarado a 2025 como
el Año del Pueblo Gitano en España, en conmemoración de la llegada
de los primeros “egipcianos”, hace seiscientos años.
Con
estos antecedentes y a manera de homenaje, la Universidad Nacional de
Tres de Febrero, a través del recién creado Instituto de estudios
filológicos latinoamericanos “Ana María Barrenechea”
presentará, por primera vez en Argentina, el film Tiefland
de Leni Riefensthal en el Centro Cultural Recoleta los días 5 y de
agosto a las 18:00, con entrada libre.
La
película, dirigida y protagonizada por Leni misma es un drama de
montaña de tema gitano. Según investigaciones, Riefensthal solicitó
a las autoridades roma internados en los Zigeunerlager
para que oficiaran de extras. Al término del rodaje, los devolvieron
a Aschwitz.
Lo primero que hice fue escribir a Andrés Duprat un mensaje que decía
“¡Todo esto es culpa tuya!”. Lo segundo, analizar toda la documentación
que usó Daniel Gigena en relación con el caso judicial Sarlo y que,
pese a sus reiteradas preguntas, el Club de Amigos de Beatriz mantuvo en
reserva. Lo que en principio parecía un mero pliegue de “la realidad
imita al arte”, donde el encargado Melanio copiaba al Eliseo de la serie
El encargado, pronto se reveló más complejo.
Beatriz Sarlo habría escrito sendas voluntades testamentarias
ológrafas, dejando el departamento donde vivía y el cuidado de su gata
al encargado de su edificio, Melanio Meza López. Suena verosímil, ya que
el amor a los gatos era el único rasgo humano de Beatriz.
Del otro lado, el Club de Amigos pidió la restitución de Alberto Sato
(cincuenta años después de la separación) como heredero, para que él
pueda formar un fideicomiso para beneficio del Club de Amigos, que
crearía un Centro Cultural a partir del escaso patrimonio de Beatriz.
Tanto la biblioteca como el archivo de Sarlo estarían en el CeDInCI,
lo que está bien. Si el juicio sucesorio decidiera que no hay herederos
legítimos de Sarlo, su patrimonio pasaría a manos del Estado, lo que
tampoco está tan mal.
En un programa radial, Reinaldo Sietecase entrevistó a Adriana Amante
en su carácter de “albacea” de Beatriz Sarlo (no lo es, como tampoco lo
es Sylvia Saítta, lo que habría sido más verosímil). Melanio organizaba
la vida cotidiana de Beatriz (le hacía las compras y había advertido a
los encargados de la cuadra que guiaran a Beatriz cuando ella no sabía
cómo volver a su casa). Para recuperar la capacidad de fundar un
fideicomiso con la herencia de Beatriz, Amante dice dos cosas
alarmantes: que Beatriz “ya no era la Sarlo de siempre” y que “cuando
una está sola a la noche” puede firmar cualquier cosa.
No se entiende, entonces, que una persona tan supuestamente
disminuida cognitivamente y tan “sola” haya sido dejada a la buena
voluntad de Melanio. Ojalá todo se resuelve en favor de la memoria de
Beatriz y no de un “Nosotros” que se coloca en un lugar tan incómodo y
tan inconsistente.
Después del “Habemus papam” y la
bendición del nuevo pontífice salí lo más rápido que pude de
Piazza San Pietro. Ya era tarde: en la boca del metro la policía
había establecido un cordón y dejaban entrar a las personas de a
tandas. Ya fuera del metro, esperando en la parada del tranvía que
me llevaba a mi casa romana (ocupado casi siempre por migrantes
africanos, bangladesíes y latinoamericanos como yo) escuché a dos
peruanas que conversaban sobre el resultado del cónclave: “es un
peruano”, “estoy muy orgullosa”.
Por supuesto, como se sabría al día
siguiente, habían acertado. León XIV se reconoce como un peruano
nacido en los Estados Unidos, porque uno no es del lugar en el que
nace sino del lugar donde entrega el alma.
El asunto es particularmente sutil en
tiempos de desprecio al migrante y expulsiones masivas. La elección
de Prevost (¡ya teníamos un abate, ahora un Papa!) me pareció
bastante inteligente, teniendo en cuenta la advertencia mafiosa que
le envió al Cónclave el Sr. Trump, disfrazado de Pontífice y con
el dedo adminitorio. ¿Cómo se genera una imagen semejante? Hay que
pedirle a la IA: “cara amenazante”.
Trump no tuvo sino que felicitar al
“compatriota”. Peor asesorado, el Sr. Milei festejó el nombre
elegido por Prevost, que consideró un homenaje a su persona. Alguien
debió decirle que el “seudónimo” del nuevo Papa aniquila el
suyo propio, porque ahora cada vez que alguien diga León, se
referirá al obispo de Roma y no al presidente provisorio de
Argentina.
Lo segundo que consigue León de
entrada es equilibrar los asuntos celestes con los mundanos. Porque
el Trono de Roma necesita tanto un Papa que bregue por la paz, ore
por los desposeídos, clame por la justicia (¿qué otra cosa podría
decir un Papa?) como uno que consiga los millones de dólares para
cubrir el déficit del Estado Vaticano (la generosidad china jugará
ahí un papel decisivo).
Dicen que es Prevost es versado en
matemáticas y filosofía. Lo imagino pitagórico. Confieso que le he
descubierto a León un cierto aire a Palpatine (pero nunca tan
acentuado como el de Ratzinger) por lo que no confío demasiado en él
y sus políticas. De todos modos, me conformo con que nos ahorre las
hipocresías teatrales de Francisco.
Recién, volviendo en el tranvía a casa después de una agotadora jornada en el Vaticano, dos migrantes peruanas trabajadoras domésticas comentaban la elección del papa (decían) peruano y lo orgullosas que se sentían.
Jorge Mario Bergoglio, se sabe, fue profesor de
Literatura durante un cierto período de su vida (“entre 1964 y 1964, con
28 años), cuando ejerció la docencia en el colegio jesuita de Santa Fe,
uno de los más antiguos y prestigiosos del país. De hecho, hay una foto
que retrata al futuro pontífice en los años 70, en el Seminario de San
Miguel. Bergoglio había invitado al autor de El Aleph a charlar directamente con sus alumnos, futuros sacerdotes.
Hace menos de un año, ya en su rol de jefe máximo del catolicismo, Francisco dio a conocer una carta apostólica sobre “el papel de la literatura en la formación”
que, tal vez, es uno de los últimos grandes acontecimientos en los
debates por la enseñanza no solo de la literatura sino, en general, de
las humanidades, como se sabe, hoy fuertemente cuestionadas por los
poderes de turno.
Querido Enzo, sin saberlo, me diste
hace un mes una alegría tremenda. Me escribiste: “Me gusta buscar
cosas antiguas en la red y me encontré con el primer artículo de
este blog.... hoy, veinte años después, sigue activo.
FELICITACIONES!”
Yo venía embriagado con la
presentación de mi libro Clases, al que caracterizaba “bello,
como todo veinteañero”. Y vos venías a recordarme que había otro
veinteañero en mi vida, mi blog Linkillo, cosas mías. Claro
que, en la perspectiva de la historia de la técnica, veinte años es
la edad de las “cosas antiguas”.
Según uno de los contadores de
visitas, Linkillo tuvo hasta finales de marzo pasado 3.200.000
lectores o visitantes (un promedio de 160.000 por año). El contador
anterior, que ya no existe, daba por lo menos un millón más, pero a
quién le importa.
El 20 de enero de 2005 publiqué un
texto cuyo título respondía a la pregunta "¿Por
qué empezaste a llevar un blog?". Y después, el 1º de
febrero de 2005, asocié la forma blog con aquello que había
propuesto Hoffmannstahl en su “Carta de Lord Chandos” de 1902:
una colección de apophthegmata, es decir “cuantos apuntes
particularmente memorables lograse cosechar en el curso de mi trato
con doctos varones e ingeniosas mujeres de nuestra época, o con
gente notable del pueblo y de personas ilustres encontradas durante
mis viajes; a todo ello deseaba enlazar bellas sentencias y
reflexiones de las obras de los clásicos y los italianos, así como
otras galas del espíritu descubiertas en libros, manuscritos y
conversaciones; y en seguida el programa de fiestas y
representaciones especialmente bellos, la descripción de crímenes
raros y casos de delirio”.
El blog, querido Enzo fue mi límite:
nunca quise cruzar la frontera hacia las redes sociales (que detesto
profundamente porque muestran de una manera muy escandalosa la
decadencia de la humanidad).
Bello como todo veinteañero, mi blog
funciona con la lentitud de las cosas viejas. Tiene 629 seguidores,
algo que (en término de redes) es nada. Y sin embargo...
Seguir con mi blog equivale al impulso
de una señorita del siglo XIX, que buscaba razones para no
suicidarse.
Así que gracias, Enzo, porque me
recordaste a ese otro veinteñero que me acompaña por el mundo.
“¿A quién le pertenecerá Bolaño, quién se sentirá interpelado por su literatura? ¿A la casta de escritores-estratega? ¿A los cultores del realismo latinoamericano? ¿A aquellos para quienes el lenguaje es solo un vehículo para transmitir ideas de mediano impacto?”, se pregunta en su microdosis crítica el escritor y académico Daniel Link.
Se
celebra este año el centenario de Fervor de Buenos Aires de
Jorge Borges. Es difícil celebrar algo que casi no existe, salvo
para especialistas. Aquel libro fue luego muy intervenido por los
sucesivos Borges: en
la edición de Losada de los Poemas
(1922-1943),
en los
Poemas
(1923-1953), en
la
Obra poética (1923-1964), en
laObra
poética (1923-1966), en
la
Obra poética (1923-1969), en
las
Obras completas de
1974,
en laObra
poética (1923-1976)
y,
finalmente, en la
Obra poética (1923-1977).
Luego
de examinar las nueve ediciones, Tommaso
Scarano ha concluido en que en la edición de 1974faltan
el 40 % de las líneas originales de
Fervor.
De los versos conservados, casi el 50 % se vio modificado
sustancialmente en alguna de las ediciones sucesivas. Estamos ante un
prodigio: los versos de Fervor
son
los más manoseados de la historia de la literatura e, incluso,
interrogan la identidad metafísica del mismo modo que la Paradoja de
Teseo, que atormentó a Herácito, a Platón, a John Locke.
Según
esa paradoja, si al barco de Teseo se le cambian los remos, y luego
se arreglan las tablas, y se cambian el timón y las velas, etc., ¿es
el barco resultante el mismo o es otro? No sabemos bien cuál libro
celebrar, porque todos son diferentes.
Creo
que esa operación de no dejar el libro en paz era para Borges tan
necesaria como la complementaria: repetir aquí y allá bloques de
texto que se refieren a diferentes cosas. ¿Qué imagen de autor se
puede sostener en esos juegos de repetición y diferencia?
Me
detengo en lo que permanece sin variantes, el nombre del libro. Si
hay que creerle al joven de 1923, “Siempre
fue perseverancia en mi pluma – no sé si venturosa o infausta –
usar de los vocablos según su primordial acepción”. Naveguemos
las etimologías. Del latín fervor
-ōris
proviene
nuestro “hervor”, que figuradamente equivale a la pasión, a la
vehemencia: el fervor.
Hervor
/ Fervor
integra el número de duplicados o dobletes de la lengua castellana
(aproximadamente doscientos). Primordialmente, el “fervor”
remite, pues, al hervidero que, para ser visto como tal, necesita de
una distancia mínima (el barrio, el arrabal). De modo que, en
principio, el nombre “Fervor” es más bien objetivo (es una
propiedad del objeto), mientras que la pasión es subjetiva, está
ligada a una determinada filosofía (Descartes, y su polemista
Spinoza) y, sobre todo, designa al martirologio de Cristo.
Peripatético, Borges se presenta en Fervor
como
un pensador de la calle.
“Hervidero” no es sólo el ruido y el movimiento de un líquido al hervir, sino también el “manantial donde surge el agua con desprendimiento abundante de burbujas gaseosas, que hacen ruido y agitan el líquido” (RAE). O sea que al mirar alrededor, Borges, a punto de volver a Europa, ve una ciudad en ebullición, una ciudad que nace sobre otra que permanece como ruina, ve una ciudad manantial. Y la ve desde el borde, desde el lado de afuera. ¿Cómo no iba a agradecer el momento que le tocó en suerte un poeta hasta entonces malo? Es un poco lo que le pasó a Proust (hasta entonces un narrador mediocre) con el affaire Eulenburg, que precipitó la Recherche. El hervidero que era Buenos Aires por entonces (Borges publica su librito en la misma imprenta de donde salieron la efímera revista Los raros, dirigida por Bartolomé Galíndez y creo que también una revista pornográfica, además del semanario humorístico El pito: o sea, ya hay una loca circulación de discursos) precipita el libro que habla de una Buenos Aires fantasmática que Borges ha conocido apenas dos años antes. El intervalo 1921-1923 le sirve para descubrir no tanto un tema sino para precipitar una escritura, que es al mismo tiempo una intervención sobre el lenguaje y un tono de y para la patria. La fascinación que hoy puede provocarnos Fervor de Buenos Aires tiene que ver, antes que con cualquier “arte poética”, con un pensamiento y con la encarnación de ese pensamiento en sus tiempos (es decir: en las variaciones infinitas que supone el Tiempo).
De todas las versiones me quedo con la de 1969 (apenas posterior al Cordobazo) porque ya entonces los sistemas de clasificación positiva estaban heridos o se desmoronaban y las identidades se desplazaban a lo largo de una serie de repeticiones y diferencias: Campbell, Campbell, Campbell, Campbell. Un Borges pop.
La Cátedra Libre en Estudios Filológicos Latinoamericanos "Pedro Henríquez Ureña" organizó el panel "Filología, teoría, vida" como conmemoración del centenario del Instituto de Filología y Literatuas Hispánicas "Dr. Amado Alonso", donde se dan cita tanto proyectos de investigación folklórica como de literaturas extranjeras. Contó con la presencia de Nora Catelli (“Joyce sin sus signos. Enseñar los clásicos traducidos”), Ottmar Ette (“Filología polilógica y ecología de la convivencia”) y Jean Bessière (“Des théories littéraires à une ontologie mineure de la littérature et à quelques points d'histoire littéraire contemporaine”). Presentó Daniel Link y tradujo Valentín Díaz.
A continuación, las palabras de presentación:
En el corazón de junio
por Daniel Link
Buenas tardes, les agradecemos la
compañía en este día tan especial. Es Bloomsday en el hemisferio
norte, el día del Ulises de Joyce. En el hemisferio sur, sin
embargo, es todavía un “mes más cruel”, porque conmemoramos
además los bombardeos a Plaza de Mayo, por parte de aviadores
sublevados que, como en Guernica, atacaron inadvertidamente una
población civil indefensa.
La semana pasada se celebraron los
exactos cien años del Instituto de Filología y Literaturas
Hispánicas “Dr. Amado Alonso”, al que venimos a rendir nuestro
tributo. Aclaro el plural: represento a la Cátedra Libre de Estudios
Filológicos Latinoamericanos “Pedro Henríquez Ureña”, creada a
instancias de la actual dirección del
Instituto e integrada por Diego
Bentivegna (quien suma al significado de este día el nacimiento de
su primer hijo, Nicanor), Rodrigo Caresani, Valentín Díaz, Daniela
Lauría y Cecilia Magadán como investigadoras docentes y Francisco
Bariffi, Lautaro Paredes e Ignacio Repetto como investigadoras
alumnas.
Para
nosotras es, pues, al mismo tiempo una obligación y una alegría
participar de este homenaje. Nos sentimos parte de esta institución
centenaria, cuya generosidad intelectual merece subrayarse y nos
gusta inscribir lo que hacemos (o lo que pretendemos hacer) en el
horizonte de tensiones que han caracterizado y caracterizarán al
Instituto. Este panel se explica un poco por eso.
Desde
la decisiva gestión de Amado Alonso al frente del Instituto los
temas locales siempre estuvieron muy imbricados con los desarrollos
de las ciencias del lenguaje y del texto en la tradición europea, de
lo que dan cuenta las traducciones de Bally, de Saussure, de Spitzer,
entre tantos otros.
Es
por eso que convocamos a tres personalidades ilustres, cuya relación
con las “literaturas hispánicas” es más bien remota, pero que
han desarrollado pensamientos decisivos respecto de la filología
general y comparada, los lenguajes, los textos, las historias
literarias, los bordes en que lo literario se cruza o se superpone
con lo viviente.
En el acto central de la semana
pasada, la línea final del acto decía “El lenguaje es la casa”.
Me acerqué a la protagonista del
homenaje, la actual directora del Instituto de Filología de la
Universidad de Buenos Aires, Guiomar Ciapuscio y le repetí, pero con
tono de pregunta: “¿El lenguaje es la casa? Qué final
heideggeriano”. “¿Viste?”me contestó conteniendo las
lágrimas.
Más tarde, desmenuzamos esa metáfora
con los demás integrantes de la cátedra. “El lenguaje es la casa
del ser”, había dicho Heidegger, subrayando el hecho de que (no lo
dice de ese modo, pero se deduce de su aforismo) la política es un
asunto de seres hablantes. Estamos pagando cara esa arrogancia,
pienso, mientras los inusitados calores del mes de junio empiezan a
disolverse en el viento helado que viene de una Antártida que se
descongela de a poco.
Para mí, le digo a Diego Bentivegna,
“El lenguaje es una ventana”, porque es el marco desde el cual
miro el mundo. Percibo y actúo en el mundo desde una determinada
posición lingüística. Él me recuerda una operación crítica de
hace algunos años, cuando opuso “el lenguaje como
casa del ser a la poesía como caza de la lengua”.
La relación de caza
respecto de la lengua supone una predación nómade, no un
asentamiento. Al territorio estabilizado del sedentarismo se opone la
persecución y el agenciamiento con la presa (la lengua como presa) y
los territorios. Ningún sedentarismo, sino más bien una deriva
incesante. Es lo que yo, inspirado por él, llamé castrametari
o castrametación (el arte de disponer un
campamento, algo más duradero que el mero acantonamiento, aunque no
tan permanente como una ciudad).
Claro, me dijo Diego
ahora, “yo creo con Wittgenstein que el lenguaje es un ciudad, con
partes en ruinas y partes en construcción”.
La relación de
predación, de deriva o flânerie
urbana necesita de un territorio más amplio, un afuera, una relación
atenta a la respiración, los movimientos y el habla de los otros: no
una mera política de los seres hablantes, sino una política
ambiental, incluso un “animalismo”.
No importa ponerse de
acuerdo (casa, ventana, o ciudad, qué más da). Lo que importa es
que todo esto nos viene de la frecuentación de la filología y sus
transformaciones en esta queridísima institución y afuera de ella.
Reivindicamos nuestra
filología novomundana, porque quiso y supo articular asuntos de
lenguaje con asuntos de territorio: la pluralidad de lenguas y de
pueblos.
Avancemos ahora hacia una
filología queer, una filología de lo sensible, una ecofilología de
los mundos habitables. Seguimos la exigencia que nos dejó Amado
Alonso, cuando escribió: “América
tiene algo que decir sobre la especial iluminación de problemas
lingüísticos ya planteados y puede por su parte proponer otros de
primera importancia. (...) Pero nos creemos en el deber de ser algo
mas que colectores”.
¿Qué es un sujeto de masa? ¿Qué es
un líder de masa? En un libro que se llama como esta columna (Masa
y poder) Elías Canetti propuso definiciones que todavía nos
interpelan.
Un líder de masa es aquel que
establece con aquellos que lidera una relación especular. La
masa se constituye como tal en el espejo del soberano. Esa relación
cae, para Canetti (que escribe después de la catástrofe nazi), en
el territorio de la ficción paranoica.
No habría, pues,
un pensamiento al cual una multitud adhiere, sino que el líder de
masas comprende los pensamientos y sentimientos de la masa y los
expresa.
De
allí que importe el análisis discursivo que acompaña la aparición
de un líder carismático, no tanto para dar cuenta de sus propio
programa, sino de las posiciones que recupera de sus seguidores a
partir de esa identificación
total con sus
audiencias.
Por supuesto,
quienes no participen de ese pacto narcisista de identificación
quedarán afuera, excluidos del contrato entre la masa y el líder y
pasarán incluso al campo de los “enemigos”, porque no hay
paranoia sin teoría del complot o delirio de persecución.
El paranoico
delira sobre las razas, sobre la educación, sobre la cultura, sobre
la justicia, sobre las instituciones, todo aquello que pretende
quebrar el espejismo de su relación con las multiplicidades de masa.
Perseguido, el
paranoico retuerce enunciados interiores (Lacan subrayó en Freud ese
descubrimiento, el único que le parece necesario conservar de la
lección de su maestro). El
«Yo lo amo» (sin ser correspondido)
se transforma en «Yo no lo amo
-pues yo lo odio». Incluso así, esos sentimientos inconscientes son
imposibles de tolerar sin la coartada persecutoria. Entonces aparece
el gran tema paranoico: «Yo no lo amo - pues yo lo odio - porque ÉL
ME PERSIGUE».
Todo lo que escape
a la relación amorosa, intensa, irracional, entre el líder y la
masa se interpreta como una persecución.
Canetti
es explícito en cuanto a la relación entre poder, masa y paranoia:
"Nadie tiene un ojo más penetrante para reconocer los atributos
de la masa que el paranoico o el poderoso, que, como quizá ahora
tendremos que admitir, vienen a ser una misma cosa", "La
paranoia es, en el sentido literal de la palabra, una enfermedad
del poder".
De allí que las
operaciones del líder de masas (el paranoico) se pueda medir
solamente en la vastedad de la dilatación espacio-temporal: las
eras, la Historia.
Reinterpretando
esas hipótesis, Deleuze y Guattari subrayarán, varios años
después, la posición
paranoica del sujeto de masa, cuyo efecto es (ateniéndose a la
historia) el investimento reaccionario fascista del campo social.
Es
probable que la teoría política haya avanzado en relación con
estas definiciones que, sin embargo, conservan gran parte de su
potencia, sobre todo en los momentos de crisis en los que las más
disparatadas aventuras pretenden expresar los sentimientos del pueblo
(los fascismos lo hicieron) que el líder de masas detecta
infaliblemente.
Interrumpo:
a través de mi ventana se oye el himno.
¿Por
qué deberíamos interesarnos, los que de una u otra manera trabajamos en
la investigación y la docencia, por el centenario del Instituto de
Filología y Literaturas Hispánicas “Amado Alonso”?
No
estoy seguro de que alguien “deba” interesarse por el centenario de una
institución. Por lo general no nos emocionan los centenarios de las
personas que no queremos. Con las instituciones pasa lo mismo. El
Instituto es un espacio complejo, que fue escenario de intensos debates,
pero fue también la plataforma para pensar los estudios literarios,
lingüísticos, dialectológicos y glotopolíticos en América latina. Sino
por otra cosa, merece nuestro respeto por eso.
El mensaje decía "Murió Chitarroni" y me heló la sangre. En nuestros últimos intercambios recordaba todavía tiempos geológicos pretéritos: "Creo que Wilcock fue uno de nuestros primeros temas de conversación, en tiempos de Sitio". Así fue, nos unía ese gusto por las extravagancias.
Después, su último correo decía:
"Ahí estaré.
Otro abrazo fuerte de alguien débil".
Querido: aunque parezca que no, vas a estar. Y te vamos a agradecer todo lo que siempre estuviste.
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ARTISTAS PROFESIONALES Y ARTISTAS TRABAJADORES.
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*Estabilizaciones y burocratizaciones varias.*
*El arte es más destrucción de sentido que construcción de sentido.*
*T.W.Adorno*
Me gustaría discutir un p...
Según uno de los contadores de visitas que instalé en el blog, mucho más nuevo que el de shinystat, hemos sobrepasado, gracias a la fidelidad de los lectores, hoy viernes santo, 1001242 visitas. Como no recuerdo cuándo lo instale (aparentemente hacia junio de 2011, disconforme con el conteo del anterior) la cifra no sirve para demasiado. El de shinystat lo instalé el 23/12/04 y ya está por alcanzar los 3.000.000 de visitas. Nada, comparado con las cifras que en las TMA (Tecnologías del Mal Absoluto: facebook y twitter) se manejan. Pero acá somos buenos sin claudicación.
Gracias a los 535 participantes suscriptos a este sitio y a los 220 que me tienen en sus círculos.