Los impresentables
sábado, 21 de junio de 2025
¡Volvé, Cristina!
sábado, 27 de mayo de 2023
Masa y poder
Por Daniel Link para Perfil
¿Qué es un sujeto de masa? ¿Qué es un líder de masa? En un libro que se llama como esta columna (Masa y poder) Elías Canetti propuso definiciones que todavía nos interpelan.
Un líder de masa es aquel que establece con aquellos que lidera una relación especular. La masa se constituye como tal en el espejo del soberano. Esa relación cae, para Canetti (que escribe después de la catástrofe nazi), en el territorio de la ficción paranoica.
No habría, pues, un pensamiento al cual una multitud adhiere, sino que el líder de masas comprende los pensamientos y sentimientos de la masa y los expresa.
De allí que importe el análisis discursivo que acompaña la aparición de un líder carismático, no tanto para dar cuenta de sus propio programa, sino de las posiciones que recupera de sus seguidores a partir de esa identificación total con sus audiencias.
Por supuesto, quienes no participen de ese pacto narcisista de identificación quedarán afuera, excluidos del contrato entre la masa y el líder y pasarán incluso al campo de los “enemigos”, porque no hay paranoia sin teoría del complot o delirio de persecución.
El paranoico delira sobre las razas, sobre la educación, sobre la cultura, sobre la justicia, sobre las instituciones, todo aquello que pretende quebrar el espejismo de su relación con las multiplicidades de masa.
Perseguido, el paranoico retuerce enunciados interiores (Lacan subrayó en Freud ese descubrimiento, el único que le parece necesario conservar de la lección de su maestro). El
«Yo lo amo» (sin ser correspondido) se transforma en «Yo no lo amo -pues yo lo odio». Incluso así, esos sentimientos inconscientes son imposibles de tolerar sin la coartada persecutoria. Entonces aparece el gran tema paranoico: «Yo no lo amo - pues yo lo odio - porque ÉL ME PERSIGUE».
Todo lo que escape a la relación amorosa, intensa, irracional, entre el líder y la masa se interpreta como una persecución.
Canetti es explícito en cuanto a la relación entre poder, masa y paranoia: "Nadie tiene un ojo más penetrante para reconocer los atributos de la masa que el paranoico o el poderoso, que, como quizá ahora tendremos que admitir, vienen a ser una misma cosa", "La paranoia es, en el sentido literal de la palabra, una enfermedad del poder".
De allí que las operaciones del líder de masas (el paranoico) se pueda medir solamente en la vastedad de la dilatación espacio-temporal: las eras, la Historia.
Reinterpretando esas hipótesis, Deleuze y Guattari subrayarán, varios años después, la posición paranoica del sujeto de masa, cuyo efecto es (ateniéndose a la historia) el investimento reaccionario fascista del campo social.
Es probable que la teoría política haya avanzado en relación con estas definiciones que, sin embargo, conservan gran parte de su potencia, sobre todo en los momentos de crisis en los que las más disparatadas aventuras pretenden expresar los sentimientos del pueblo (los fascismos lo hicieron) que el líder de masas detecta infaliblemente.
Interrumpo: a través de mi ventana se oye el himno.
sábado, 22 de octubre de 2022
Huella de carbono
Por Daniel Link para Perfil
Una amiga de Berlín es lo que se llama “persona pública”. Debe ser muy cuidadosa en la adecuación de lo que dice y lo que hace, porque en ese ajuste se fundamenta su ética y su imagen pública. Por supuesto, es una abanderada de las causas ecológicas, vegetarianas, antibelicistas, etc.
Lejos de la facilidad (tan argentina) de declamar una cosa y hacer todo lo contrario, sus convicciones la obligan a decisiones complejísimas. Por ejemplo: tiene que viajar desde Berlín hasta Avignon, en el sur de Francia. Como no quiere que su viaje sume carbono a una atmósfera ya suficientemente enrarecida y ante la inminente escasez de combustibles que se avecina en Europa, elige viajar en tren. Tarda 16 horas en llegar y otras tantas en volver (en un vuelo directo en avión hasta Marsella tardaría 2 horas más una en transporte público).
¿Por qué tanta diferencia? Bueno, allí es donde lo personal se intersecta con las políticas públicas. Mientras los demás países se dedicaban a trazar líneas ferroviarias de alta velocidad (TGV, AVE), Alemania prefirió apostar a subsidiar a las empresas aeronáuticas para favorecer la movilidad intraeuropea. Un tren de alta velocidad no es sólo una máquina potente sino que requiere de trazados lo más rectos posibles para poder acelerar hasta 300 kms/h. No habiendo hecho ese trabajo, con todo lo que implica (compra de terrenos, expropiaciones, etc.), hoy Alemania carece de trenes de alta velocidad.
Si bien yo soy un fanático de los trenes per se, no podría seguir a mi amiga en sus convicciones. En Argentina, el peronismo (me disculparán la generalización, pero el de Menem fue un gobierno peronista) desmanteló completamente una de las más vastas redes ferroviarias de América latina que hoy es imposible de recuperar.
Por otro lado, el 8 de mayo de 2006, el Sr. Néstor Kirchner y el Sr. Ricardo Jaime firmaron la resolución 324, que lanzaba el proceso para la construcción de un “Tren Cobra” de alta velocidad entre Córdoba y Buenos Aires (con parada en Rosario), con una duración máxima de tres horas entre cabeceras y un costo aproximado de 4.000 millones de dólares.
En enero de 2008, la Sra. Fernández adjudicó la obra a un consorcio francés-español-argentino y el 26 de marzo del mismo año Martín Lousteau firmó la estructura financiera del proyecto que, por supuesto, quedó en la misma nada que el traslado de la capital.
El asunto perjudica a quienes necesitan medios de transporte eficaces y sustentables. Perjudica también la posibilidad de una ética ambiental.
sábado, 9 de julio de 2022
Oda al segmento
Por Daniel Link para Perfil
¿La Patria, cuya efeméride máxima hoy se festeja, es segmentable? ¿No es la Patria como tal el efecto de una segmentación, haber cortado por lo sano con la Metrópoli imperial y, al mismo tiempo, haber delimitado los bordes argentinos contra un exterior pensado como una totalidad amenazante o amigable, según las épocas y los sistemas de alianzas? Lo que reconocemos como nuestra República es un segmento (bastante arbitrario, por cierto) de un figura que alguna vez la contenía.
Y sin embargo, hoy la Argentina navega hacia su propia desaparición porque un sector de gobierno (el más golpista) considera que no hay que segmentar, que no hay clases sociales, que no hay poderes adquisitivos diferenciales, que el Pueblo es uno, indivisible, insegmentable, y que como tal debe ser tratado por el Estado mapaternal.
Es raro. Algunas teorías, muy de moda en los últimos diez años, plantearon al Pueblo como un significante vacío (de ahí la potencia política del populismo). Otras teorías, más radicales, sostuvieron el desgarramiento interno del Pueblo que es, al mismo tiempo, el sujeto político por excelencia y aquel pueblo que está excluido (de hecho o de derecho) de la política. Habría un Pueblo y un pueblo que nunca pueden coincidir, salvo cuando la redención sea un hecho indiscutible.
Pero más allá de esas pasiones por las totalidades rasgadas o vacías, está la ciudadanía que es, por definición, segmentable. Todas las escalas impositivas, previsionales y salariales presuponen el segmento. Existen también segmentaciones culturales, habitacionales, geográficas, etarias, genéricas. De otro modo, ¿para qué los censos?
Cualquier persona particular (cualquier poeta, bailarina, periodista, economista o barrabrava) puede estar en contra de la segmentación y abrazar la causa de los espacios lisos o de las totalidades perdidas. Es, sin ir muy lejos, mi caso.
Pero un Estado que se precie de tal está condenado a administrar las segmentaciones que, por defecto, él mismo produce y sostiene. Cualquier otra hipótesis es un disparate, basado en la ignorancia, el fanatismo o la pereza.
Dicen que el Sr. Guzmán renunció porque no lo dejaban segmentar. Si es así, lo bien que hizo. ¡Viva el segmento llamado Patria!
sábado, 28 de julio de 2018
La segunda venida
miércoles, 26 de julio de 2017
Luis Petri: "¡¡¡¡¡Esta noche.... esta noche!!!!!"
sábado, 8 de abril de 2017
Obra desaparecida
miércoles, 3 de agosto de 2016
Por la Quinta Internacional
El jurista subrayó críticas contra el kirchnerismo y los intelectuales que lo sostuvieron, pero también marcó un horizonte poco alentador para el gobierno de Mauricio Macri.
jueves, 7 de julio de 2016
Mi marido también me cuesta una pequeña fortuna
El Programa Enamorar gastó en 2015 alrededor de 1618 millones de pesos
martes, 5 de julio de 2016
Penoso
Carlos Barragán, Nora Veiras y Edgardo Mocca, entre otros, realizan acciones judiciales a RTA SE. Perfil.com habló con uno de los demandantes y desmiente las cifras que se difundieron.
jueves, 16 de junio de 2016
Esto es grave
El actor se manifestó muy dolido por la escandalosa detención del ex secretario de Obras Públicas kirchnerista, José López
Toda enterrada....
sábado, 30 de abril de 2016
Política y corrupción
jueves, 7 de abril de 2016
¡¡¡¡Me quiero morir!!!!
El director ejecutivo del organismo, Carlos Regazzoni, afirmó hoy que los medicamentos que se sacaron de la lista de cobertura al cien por ciento "no tenían utilidad clínica"
Algunos marcharán por la "Amoxicilina+diclofenac" para todos y todas. Yo propongo hacer piquetes para que nos devuelvan el "Hialurónico,ác".
martes, 22 de marzo de 2016
¡Síganme los buenos!
miércoles, 16 de marzo de 2016
sábado, 12 de marzo de 2016
Los intereses de la deuda
martes, 2 de febrero de 2016
Marianella, mon amour
Tenía una oficina de más de 300 metros cuadrados, puesta a todo lujo
miércoles, 13 de enero de 2016
Tiempos argentinos
Los trabajadores del diario realizaban un paro de 24 horas para exigir el pago de deudas salariales y en rechazo de "estrategias de vaciamiento" que atribuyen a los dueños del Grupo 23, propietario de ese y otros medios periodísticos en conflicto.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Con un caño
por Francisco Javier Guardiola y Milagros Guardiola para Los Andes
Juan Bialet Massé era médico, abogado, ingeniero agrónomo, empresario o, mejor aún, emprendedor, constructor y escritor. Nació en Cataluña en 1846 y murió en Buenos Aires en 1907. Su biografía vale la pena leerla, aunque sea en Wikipedia. En esta opinión -precisamente por razones de espacio periodístico- nos referiremos solamente a un aspecto de su multifacética vida: sus ideas políticas y su acción política. Debió migrar de España en el último cuarto del siglo XIX, posiblemente por sus ideas anarquistas hermanadas al socialismo libertario de Bakunin y Proudhom.
Es verdad que Mauricio Macri no es Julio Argentino Roca pero, si él quiere, puede llegar a parecérsele. Lo que sí es innegable es que Nicolás del Caño no es ni se le parece en nada a Juan Bialet Massé. Paciencia, la comparación no es caprichosa.
Sobre el final de la segunda presidencia de Roca (1898-1904), éste, junto a su ministro Joaquín V. González, diseñaron un proyecto de ley nacional del trabajo que contemplaba una gran reforma en la materia y que significaría un adelanto único en temas sociales en la Argentina, proyecto legislativo que sería ejemplo en el mundo entero.
Para ello el presidente Roca convocó al intelectual y hacedor incansable Juan Bialet Massé. Lo convocó justamente porque sus ideas serían las que nutrirían aquel gran proyecto de ley nacional del trabajo: el descanso dominical, la jornada de ocho horas, el trabajo de las mujeres, la prohibición del trabajo de niños menores de 14 años, la regulación del trabajo de menores adultos, los accidentes de trabajo, el seguro obligatorio, las condiciones de higiene y seguridad, la creación de tribunales del trabajo, etc.
Lamentablemente el proyecto fue rechazado y sólo prosperó la iniciativa del descanso dominical y algunas otras cuestiones menores. Pero fue el antecedente legislativo principal que utilizó Perón para plasmar su reforma social cuarenta años después.
Bialet Massé aceptó la convocatoria de Roca y se dispuso a recorrer el país entero para terminar haciendo un relevamiento exhaustivo acerca de las condiciones de trabajo en que se encontraban los obreros en la Argentina, dictamen que hasta el día de hoy es estudiado en las cátedras de derecho laboral de las facultades de abogacía del país.
La reciente negativa de Del Caño, a acudir a la convocatoria que Macri hizo a todos los candidatos presidenciales, debe interpretarse como un torpe movimiento estratégico de la izquierda argentina. Una vez más toman el camino más alejado del pueblo, del mismo modo que lo tomó el foquismo terrorista de ERP y Montoneros en los setenta, que nunca fueron acompañados por el pueblo. Hoy Del Caño pierde una gran oportunidad, justo después de conseguir un logro histórico para la izquierda extrema en la Argentina, sumando nada más y nada menos que un millón de votos.
No sabemos si Macri podría dar a Del Caño el espacio político que Roca y su gobierno le dieron a Bialet Massé, pero sí interpretamos que Del Caño podría haber aprovechado dicha oportunidad para dejar bien en claro la postura del Frente de Izquierda ante al nuevo gobierno y sus propuestas.
Del Caño podría haber acercado al Presidente su plan de obras públicas, infraestructura y viviendas populares. Podría, también, haber conversado sobre el pago de la deuda externa y plantear su punto de vista, para luego poder informar a los militantes de la izquierda acerca de la reunión y de las respuestas del Presidente a sus pedidos.
Sería importante que Del Caño y todo el Frente de Izquierda entendieran que ser dialoguista no es sinónimo de ser colaboracionista, no es bajar la cabeza, no es dejarse pisotear; tampoco significa ser incongruente con sus ideales. Al fin y al cabo, si Del Caño fue candidato a la presidencia de la Nación fue, sin duda, porque quiso ser parte de un sistema institucional. Esa institucionalidad requiere del diálogo.
Si Del Caño se pareciera un poco a Bialet Massé, habría emulado a Antonio Gramsci, que decidió participar de una democracia organizada bajo pautas republicanas pese a su adhesión al comunismo.
Si Del Caño se pareciera a Bialet Massé, habría acudido a la invitación que hizo Macri y, quien sabe, tal vez habría podido susurrar alguna idea al oído del Presidente que favoreciera a los trabajadores argentinos, tal cual como lo hizo Bialet Massé con el presidente Julio Argentino Roca.
Del Caño nos privó de su aporte pero, sobre todo, privó a los que piensan como él de ser escuchados por el Presidente. Pero no hay duda: Del Caño no es ni va a ser nunca Bialet Massé.
RSVP
por Martín Kohan para La Izquierda Diario
Lo sabemos, por ejemplo, gracias a la literatura de Beckett. Aunque también, llegado el caso, y más sencillamente, gracias a algunas escenas de la vida conyugal. La incomunicación no es menos reveladora que la comunicación. No produce menos sentido, no produce menos experiencia. No hace falta llegar hasta Rancière para tomar nota de todo lo que el desacuerdo, como tal, puede fundar y establecer; la fatal incomprensión no tiene por qué ser solamente un impedimento, también puede iluminar posiciones. Un diálogo fallido no ha de ser necesariamente estéril: lo fallido, por fallido, algo genera, algo indica, una más que valiosa evidencia puede obtenerse del fiasco.
Porque es muy fácil simular una gentil disposición al diálogo, es tan fácil como simular la amplitud y la elasticidad de la mejor de las tolerancias. Y ambas cosas, por una misma razón: porque apelando a la más pura y visceral indiferencia, resulta sencillo dejar que el otro hable aparentando respeto. Se lo revierte, sin embargo, en mi opinión, valiéndose del propio diálogo, haciéndolo truncar, hasta que cae el disfraz artero de la cortesía fraguada.
Soy uno de los que están convencidos de que ir a conversar con Macri, siendo de izquierda, es inútil: que parece que escucha, pero no escucha; y que si acaso escucha, no entiende; y que si acaso entiende, no le importa. Pero ha logrado hacer del dialogismo una dominante ideológica, con todo lo que de falsedad conlleva la noción de ideología. Por eso habría sido mejor, según creo, acudir a su llamado.
Acudir para tornar materialmente concreta la imposibilidad objetiva de un sincero entendimiento, para dar existencia real al fracaso comunicativo. Exponerse a la circunstancia efectiva de su mirada fija y perdida, de su sonrisa de piedra, de la atención que de pronto se le va, de las preguntas que no podría o no sabría o no querría responder. Constatarlas para luego salir y referirlas a todos. No ya como algo perfectamente sabido a través de la deducción fehaciente, sino como algo vivenciado.
Las presunciones pueden valer por sí mismas, si están bien planteadas; no siempre precisan una especie de comprobación fáctica. Pero, como sostenía Bertolt Brecht, la verdad debe ser dicha de tantas maneras como sea posible. Esta verdad, la de la trampa dialogista de Macri, podría haberse dicho, no sólo mediante la demostración argumentativa a priori, sino también mediante la ejecución palpable de una conversación imposible.
¿Tiempo perdido? Sí: pero ganancia conceptual.
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