sábado, 4 de julio de 2026

La guerra del Paraguay

por Daniel Link para Perfil

La primera hipotética entrada intensa de mi “Diario del Mundial” estaría dedicada a Paraguay, que acaba de derrotar heroicamente a la escuadra alemana, lo que acelerará el ascenso del fascismo europeo (“Vergonzosa eliminación contra Paraguay / “¡Otra pesadilla del fútbol alemán!” rezaban los titulares de la mañana siguiente). “Sueño” (un sueño alemán) y “Pesadilla” son palabras recurrentes en la tradición alemana, que siempre se imagina más grande y poderosa de lo que es: una Germania hinchada. “Nueva Germania”, justamente, se llamaba la colonia aria fundada por Elizabeth Nietzsche y su marido en el corazón salvaje de Paraguay, hacia 1870, bajo consejo de Richard Wagner (¡Netflix, a mí!). Había que recrear el sueño alemán fuera de una Europa ya totalmente dominada por los judíos (pensaba el grupete). La hermana de Friedrich, ya sospechosamente viuda, tuvo que abandonar la colonia y se dedicó a cuidarlo y a falsificar sus manuscritos, dotándolos de un antisemitismo ajeno al pensamiento de Nietzsche.

La colonia Nueva Germania sobrevive hasta nuestros días, pero ya despojada de toda fantasía racista. Dicen, los que en ella estuvieron, que es muy simpático escuchar a los niños rubios y de ojos celestes hablar guaraní con fluidez.

Este triunfo paraguayo nos obliga a pensar también en el triunfo del guaraní como lengua no tanto de Estado (lo es) sino de comunidad. Yo tengo en este momento la casa llena de paraguayos (cuyo talento para la construcción compite con su belleza física) que apenas han terminado de hablar conmigo en castellano, vuelven a sus intercambios en guaraní, una lengua que ha sobrevivido heroicamente a todas las violencias coloniales. Eso dice bastante de un pueblo.

Los alemanes quisieron domar una selva tropical que, naturalmente, convirtió su sueño en pesadilla (me refiero a los alemanes de Nueva Germania, pero también puede aplicarse a la escuadra de la DFB). Se tuvieron que volver a casa o adaptarse, someterse a las potencias de la naturaleza, o quedarse, con la condición de rendirse al encanto de lo que te subyuga.

Por supuesto, lo que se juega no es una caracterología, sino una historia política. Entre 1864 y 1870, Paraguay sufrió la agresión incruenta y desproporcionada que se conoce como Guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil, Uruguay), un conflicto devastador que destruyó el modelo económico paraguayo, lo despojó de territorios y aniquiló al 90% de la población adulta masculina.

Si aguantaron hasta el último hombre los delirios sudamericanos, cómo no iban a superar los delirios alemanes.


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