viernes, 18 de diciembre de 2009

Mejor la destrucción, el fuego...

"Con esta voz, adúltera o envenenadora", decía Olga Orozco cuando recordaba los años en que se dedicó al readioteatro. Eran los papeles a los que estaba siempre condenada. En aquellos años, una vez terminada la radionovela el elenco solía presentar los highlights en vivo, en giras por los teatros de barrio.
A Olga le había tocado el papel de adúltera. Su marido recibía un anónimo que le revelaba su traición y provocaba la tragedia. Segundos antes de que la pérfida entrara a escena, el marido debía quemar la carta reveladora para que Olga pudiera decir, como primera línea: "¡Qué olor a papel quemado!", desencadenando los gritos y reproches del cornudo.
Pero ocurrió cierta vez, en una de esas representaciones en vivo, que el actor descubrió con horror que no tenía fósforos encima. Ostensiblemente, rompió lentamente el anónimo mirando a Olga, tras bastidores. Ella entendió la situación y le hizo señas de que se quedara tranquilo.
Entrando al escenario, dijo (con la misma seguridad de siempre):

"¡Qué olor a papel roto!"*

*¡Gracias, Edgardo!

(anterior)

6 comentarios:

cecilit dijo...

geñal!!!!

AM dijo...

Pocas producciones son más radiales que el radioteatro. Hace poco seguí capítulo a capítulo la versión de la BBC de Historia de dos Ciudades. Hipnotizante.

hermano dijo...

Condenados a un rol por cuestiones físicas.

Me quedo con esa reflexión.

flor dijo...

genial genial genial

flor dijo...

por partes iguales, la anécdota, y la forma en que linkiyo la cuentafingfi

Fernando Terreno dijo...

¡Deliciosa!