sábado, 13 de julio de 2024

Los tres chanchitos

Por Daniel Link para Perfil

El aire se arremolinaba alrededor de su propia psicosis, aullaba entre las ramas de los pinos o quebraba los restos secos de las copas de los árboles caducos.

El viento había llegado de improviso, empujado por las corrientes polkares. Soplaba con antipática persistencia y su ulular ponía nerviosos a los animales y nos erizaba la piel. Las ventanas que daban al sur eran, paradójicamente, las más vulnerables y hubo que bajar las persianas para que el calor del hogar no fuera arrastrado hacia el río.

Las pocas bellotas que quedaban en el roble alarmaban el techo de chapa. Todo crujía en el bosque lindero y los animales expresaban su terror queriendo meterse en la casa, debajo de las camas, en nuestros brazos.

Salimos, en cambio, a asegurar los toldos y nos costaba incluso caminar a la intemperie. El aire estaba sucio, cargado de amenazas y de hojas y semillas venidas de quién sabe dónde (tal vez en primavera un nuevo retoño de árbol o de planta revelara la intriga).

Más arriba, en la atmósfera, capas sucesivas de nubes iban y venían indecisas. Las más bajas, todavía blancas como corderos, apenas si conservaban alguna forma reconocible antes de disolverse y recombinarse en otra figura. Más arriba, unas pinceladas negras se volvían cada vez más densas y se comían la escasa luz solar que todavía llegaba al suelo. Era como una noche trasnochada que había salido de gira y que no podía ya volver a su casa, muy entrado el día.

La excitación eléctrica del aire se nos pegaba al cuerpo y las perras olfateaban estirando el cuello hacia arriba, como queriendo identificar a la bestia que se abalanzaba sobre nosotras resoplando un aliento helado en nuestros cuerpos.

Entramos a la casa, donde los aullidos y silbidos del aire se multiplicaban al entrar por las rendijas. La velocidad disminuida del viento empezaba a depositar una fina capa de tierra sobre todas las superficies de la casa.

Algún huaco que había quedado afuera de los toldos se rompió con gran ruido de fracaso, arrastrado por un aire vengativo, imperdonable.

Si lloviera, pensamos, el aire se calmaría un poco y, con las plumas mojadas le costaría recuperar la loca velocidad que ahora había alcanzado.

En la ciudad auguraban una nevisca, o más bien la deseaban. La nieve se veía como una promesa de alegría colectiva, que desde hacía años se nos escapaba. Pero sabíamos que con un aire tan seco y concentrado en su propia carrera vertiginosa no iba a llover, no iba a nevar, y lo único que nos quedaba era encerrarnos a esperar que pasara lo peor.


jueves, 11 de julio de 2024

El cogollito

 

por Marcial Gala para Clarín

Agamben se sacó

 

Réquiem por Occidente

por Giorgio Agamben para Quodlibet

A finales del siglo XIX, Moritz Steinschneider, uno de los fundadores de la ciencia del judaísmo,dies irae. Esta elección concordaba perfectamente con el hecho de que el propio término que definía la misa de difuntos procedía de un texto apocalíptico, el Apocalipsis de Esdras, que evocaba a la vez la paz y el fin del mundo: requiem aeternitatis dabit vobis, quoniam in proximo est ille, qui in finem saeculi adveniet, "os dará la paz eterna, porque está cerca el que viene al final de los tiempos". La abolición del dies iraete esencial del funeral en la tradición de la Iglesia católica es la misa llamada de Réquiem, que en el Introito se abre con las palabras: Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Hasta 1970, el Misal Romano prescribía también que la Misa de Réquiem se recitara en la secuencia dies irae. Esta elección concordaba perfectamente con el hecho de que el propio término que definía la misa de difuntos procedía de un texto apocalíptico, el Apocalipsis de Esdras, que evocaba a la vez la paz y el fin del mundo: requiem aeternitatis dabit vobis, quoniam in proximo est ille, qui in finem saeculi adveniet, "os dará la paz eterna, porque está cerca el que viene al final de los tiempos". La abolición del dies irae en 1970 va de la mano del abandono de toda instancia escatológica por parte de la Iglesia, que se ha amoldado así por completo a la idea de progreso infinito que define la modernidad. Lo que se deja caer sin el valor de explicitar sus razones -el día de la ira, el último día- puede ser recogido como un arma a utilizar contra la cobardía y las contradicciones del poder en el momento de su fin. Esto es lo que pretendemos hacer aquí, intentando celebrar sin intención paródica, pero fuera de la Iglesia, que pertenece al número de los muertos, una especie de funeral abreviado para Occidente.


Dies irae, dies illa

solvet saeclum in favilla,

teste David cum Sybilla.


Día de ira, ese día

destruirá el mundo en cenizas

como atestiguan David y Sybilla.

¿De qué día se trata? Ciertamente el presente, el tiempo en que vivimos. Cada día es el día de la ira, el último día. Hoy el siglo, el mundo arde, y con él nuestra casa. De esto debemos ser testigos, como David y como la Sibila. Quien calla y no da testimonio, no tendrá paz ni ahora ni mañana, porque es precisamente la paz lo que Occidente no puede ni quiere ver ni pensar.

Quantus tremor est futurus

quando iudex est venturus

cuncta stricte discussurus.


Cuánto terror habrá

cuando venga el juez

para juzgar todas las cosas estrictamente.

El terror no es futuro, es aquí y ahora. Y ese juez somos nosotros, llamados a pronunciar el juicio, la krisis sobre nuestro tiempo. A la palabra "crisis", de la que no hacemos más que hablar para justificar el estado de excepción, le devolvemos su significado original de juicio. En el vocabulario de la medicina hipocrática, la krisis designaba el momento en que el médico debe juzgar si el paciente morirá o sobrevivirá. Del mismo modo discernimos lo que morirá y lo que sigue vivo. Y el juicio será severo, no dejará pasar nada.

Tuba mirum spargens sonum

per sepulchra regionum,

coget omnes ante thronum.


Mors stupebit et natura,

cum resurget creatura,

iudicanti responsura.

Una trompeta que difunde un sonido maravilloso

en los sepulcros del mundo entero

llamará a todos ante el trono.


La muerte y la naturaleza asombrarán

cuando la criatura resucite,

para responder al juez.

No podemos resucitar a los muertos, pero al menos podemos preparar con todo cuidado el instrumento maravilloso de nuestro pensamiento y de nuestro juicio, y, haciéndolo resonar entonces sin temor, liberar a la naturaleza y a la muerte de las manos del poder que nos gobierna con ellas. Sentir que la naturaleza y la muerte nos asombran, presentir aquí y ahora otra vida posible y otra muerte, es la única resurrección que nos interesa.

Liber scriptus proferetur,

in quo totum continetur,

unde mundus iudicetur.


Iudex ergo cum sedebit,

quidquid latet apparebit,

nil inultum remanebit.


Se abrirá el libro

en el que todo está contenido,

y por él será juzgado el mundo.


Tan pronto como el juez esté sentado,

lo que está oculto aparecerá,

nada quedará sin salvar.

El libro escrito es la historia, que es siempre la historia de la mentira y de la injusticia. De la verdad y la justicia no hay historia, sino aparición instantánea en la krisis decisiva de cada mentira y cada injusticia. En ese momento la mentira ya no puede encubrir la realidad. Pues la justicia y la verdad se manifiestan, manifestando la mentira y la injusticia. Y nada escapará a la fuerza de su venganza, siempre que se devuelva a esta palabra el sentido etimológico que tiene en el juicio romano, en el que el vindex es aquel que vim dicit, que muestra al juez la violencia que se le ha hecho a quien sólo en este sentido "venga".

Quid sum miser tunc dicturus,

quem patronum rogaturus,

cum vix iustus sit securus.


Y yo, que soy avaro, ¿qué diré?

a quién llamaré en mi defensa,

si apenas el justo está seguro?


El justo que presta su voz al juicio está de algún modo implicado en el juicio y no puede llamar a otros en su defensa. Nadie puede testificar por el testigo, él está solo con su testimonio -en este sentido no está seguro, está dentro de la crisis de su tiempo- y sin embargo da su testimonio.


Confutatis maledictis,

flammis acribus addictis,

voca me cum benedictis...


Lacrimosa dies illa,

qua resurget ex favilla

iudicandus homo reus


Condenado el maldito

arrojado a las llamas vivas,

llámame entre los bienaventurados...


Día de lágrimas aquel día

en que resurgirá de las cenizas

El culpable que será juzgado.


Aunque el himno del Día de la Ira forma parte de una misa en la que se pide paz y misericordia para los muertos, se mantiene la distinción entre malditos y bienaventurados, entre verdugos y víctimas. El último día, los verdugos, como están haciendo ahora sin quizá darse cuenta, se refutarán a sí mismos, dejarán caer las máscaras que cubrían su injusticia y sus mentiras, y se arrojarán a las llamas que ellos mismos han encendido. El último día, el día de la ira, cada día es un día de lágrimas para ellos, y es quizás porque son conscientes de ello por lo que fingen estar tan sonrientes. Sólo el consentimiento y el miedo de muchos mantiene ese día en suspenso. Por eso, aunque nos sepamos impotentes ante el poder, tanto más implacable debe ser nuestro juicio, que no podemos separar del réquiem que celebramos. Señor, no les des la paz, porque no saben lo que es.


11 de julio de 2024

El toro de Pasífae y la técnica

por Giorgio Agamben para Quodlibet

En el mito de Pasífae, la mujer que se hace construir por Dédalo una vaca artificial para aparearse con un toro, es legítimo ver un paradigma de la tecnología. En esta perspectiva, la tecnología aparece como el dispositivo a través del cual el hombre intenta alcanzar -o volver a alcanzar- la animalidad. Pero éste es precisamente el riesgo que corre hoy la humanidad a través de la hipertrofia tecnológica. La inteligencia artificial, a la que la tecnología parece querer confiar su resultado extremo, pretende producir una inteligencia que, como el instinto animal, funcione por sí sola, por así decirlo, sin la intervención de un sujeto pensante. Es la vaca dedálica a través de la cual la inteligencia humana cree poder aparearse felizmente con el instinto del toro, convirtiéndose o volviéndose a convertir en animal. Y no es de extrañar que de esta unión nazca un ser monstruoso, con cuerpo humano y cabeza taurina, el Minotauro, que es encerrado en un laberinto y alimentado con carne humana.
En la técnica -ésta es la tesis que pretendemos sugerir- se trata en realidad de la relación entre lo humano y lo animal. La antropogénesis, el devenir humano del homo primate, no es, en efecto, un acontecimiento realizado de una vez por todas en un momento determinado de la cronología: es un proceso continuo, en el que el hombre no deja de ser humano y, al mismo tiempo, de seguir siendo animal. Y si la naturaleza humana es tan difícil de definir, es precisamente porque adopta la forma de una articulación entre dos elementos heterogéneos y, sin embargo, estrechamente entrelazados. Su asidua implicación es lo que llamamos historia, en la que todo el saber occidental, de la filosofía a la gramática, de la lógica a la ciencia y, hoy, a la cibernética y la informática, está implicado desde el principio.
La naturaleza humana -no hay que olvidarlo- no es un dato que pueda adquirirse o fijarse normativamente según la propia voluntad: más bien se da en una praxis histórica, que -en la medida en que tiene que distinguir y articular juntos, dentro y fuera del hombre, lo viviente y lo parlante, lo humano y lo animal- no puede sino implementarse incesantemente y cada vez aplazarse y actualizarse. Esto significa que en ella se juega un problema esencialmente político, en el que está en juego la decisión de lo que es humano y lo que no lo es. El lugar del hombre está en esta brecha y tensión entre lo humano y lo animal, el lenguaje y la vida, la naturaleza y la historia. Y si, como Pasífae, olvida su propia morada vital e intenta aplanar los extremos entre los que debe permanecer tenso, sólo generará monstruos y, con ellos, se aprisionará en un laberinto sin salida.

 

lunes, 8 de julio de 2024

¡La imaginación al poder!

 

maestríaestudiosliterarios@untref.edu.ar

domingo, 7 de julio de 2024

sábado, 6 de julio de 2024

Jugar con fuego

por Daniel Link para Perfil

El humo forma densas columnas helicoidales, como una catedral barroca en sueños. Apenas unas llamas tímidas asoman aquí y allá entre los troncos, acariciando las cortezas, que chisporrotean con alegría contenida.

De pronto una lengua de fuego empieza a lamer un tronco con voracidad, y otras llamas se animan a lo mismo, formando una danza dorada y roja de apetitos insaciables. Los troncos arden, pero no parejamente. Algunos (seguramente huecos) dejan escapar por la punta un chorro de fuego amarillento acompañado de un silbido, otros se entregan abrasados a un calor insoportable.

Cada tanto una explosión de resina puntúa la crepitación y vuelan chispas hacia lo alto.

Alrededor del arrebato ígneo, el calor se extiende y alcanza mi cuerpo y el hocico de mis perras que, cada mañana, me acompañan en el ritual de prender el hogar.

No es que les interese particularmente la operación, pero saben que recién después del fuego recibirán su desayuno.

Yo mismo he calculado que el tiempo que me demanda esta piromanía recurrente equivale a lo que demora en calentarse el café.

Antes, he tenido que buscar la leña y acomodarla sobre los ladrillos refractarios. Salir al frío y caminar sobre el pasto mojado hasta la leñera es un golpe de realidad del que no me arrepiento porque podré luego levantar una fábrica de calor que me permita sobrevivir al primer invierno fuera de la ciudad.

Las perras me acompañan a regañadientes. Aunque sufren mejor el frío que yo, que ya imagino las lenguas de fuego y el arrebato calorífico, tienen hambre.

Con el fuego ya encendido, vuelvo a la cocina, para llenar los cuencos de alimento balanceado.



martes, 2 de julio de 2024

Más claro, echale lejía

Juan Grabois afirmó en sus redes sociales: “Tercer fallo en contra de Pettovello, no hay apelación que valga frente a su infame programa de hambre. Perdieron en primera instancia, cámara y ahora rápidamente en casación de forma unánime. Siete jueces de trayectorias y pensamientos distintos coinciden en que el gobierno debe repartir los alimentos. Los depósitos siguen llenos. Las ollas semi vacías. Este fin de semana murieron tres personas de frio, malnutrición y abandono. Cientos de miles de pibes comen una comida al día. No es tan difícil: repartan los alimentos, restablezcan los comedores y si alguno robó que pague el ladrón, no la gente que necesita”.

Subrayó: “El hambre es un crimen y ustedes son una banda que lo comete con premeditación y alevosía. El que las hace las paga y todo el sufrimiento que provocan, incurriendo en abandono de personas e incumplimiento de los deberes de funcionario, lo van a pagar”.

(Fuente: Infobae


lunes, 1 de julio de 2024

sábado, 29 de junio de 2024

Los dueños de la lengua

Por Daniel Link para Perfil

Vuelto de un viaje a Colombia (del cual volví completamente enamorado de aquel país y de sus gentes), me encuentro con un artículo mío escrito hace un par de años y recién publicado (son los tiempos académicos). El asunto me vino dado por invitación: escribir algo sobre el centenario del artículo “Observaciones sobre el español de América” del eminente filólogo Pedro Henríquez Ureña.

Naturalmente, el tema se inscribe en una disciplina, la dialectología, que conozco de lejos. En todo caso, el punto de partida de mi examen son dos textos contemporáneos del siglo XIX. Uno del colombiano Rufino José Cuervo (1881) y otro del cubano Juan Ignacio de Armas (1882).

Lo que se juega en esos textos fundacionales de la dialectología hispanoamericana es la relación con el español peninsular. Cuervo es capaz de notar la potencia expresiva y afectiva de la lengua bogotana (de la que yo he disfrutado durante mi viaje) pero se hace cargo de la necesidad de trabajar en favor de la unidad lingüística, en favor de un “idioma común”, lo que supone destruirlas barreras que las diferencias dialécticas oponen al comercio de las ideas”.

Ese afán de destrucción se funda en el mismo pánico del gran gramático americano, Andrés Bello (“Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza”) quien advirtió contra “embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboración reproducirán en América lo que fue la Europa en el tenebroso período de la corrupción del latín”.

Ignacio de Armas, por el contrario, abraza la diferencia. Define cuatro o cinco zonas dialectales, a partir de las cuales se formarán nuevos idiomas: “El castellano, llamado a la alta dignidad de lengua madre, habrá dejado en América, áun sin suspender el curso de su gloriosa carrera, cuatro idiomas, por lo ménos, con un carácter de semejanza jeneral, análogo al que hoi conservan los idiomas derivados del latín”.

Como se comprende, lo que allí se discute es la relación entre lenguaje y soberanía, en el seno de las recién nacidas repúblicas americanas. ¿Tenemos derecho a una lengua propia o debemos conformarnos con hablar dialectos de la lengua de otro?

Hasta 1964 se aceptó la repartición dialectal propuesta por Ignacio de Armas (Henríquez Ureña la sigue, aunque cambia los criterios de definición). José Pedro Rona propuso entonces 23 diferencias dialectales a través de “hechos lingüísticos y objetivos”. Por supuesto, semejante proliferación obliga a “replantear el problema de la división del español americano en zonas dialectales”.

A los únicos a los que le conviene sostener una lengua única (el “español de América”) es a los peninsulares, que se arrogan así una cierta autoridad sobre el vocabulario, la sintaxis y la llamada “norma culta”. Desde hace años, la Real Academia Española viene luchando mal contra los embates independentistas de las sociedades americanas. Hoy es capaz de reconocer que la lengua española es pluricéntrica pero no acepta que el idioma de los argentinos o el de los colombianos puedan pensarse como lenguas separadas, cada uno con sus propios derechos a la existencia y a la soberanía sobre el sentido.

Las lenguas pluricéntricas tienen más de una norma lingüística, establecidas o en construcción. Juan Ignacio de Armas y Pedro Henríquez Ureña, cada uno a su manera, reconocieron cinco normas americanas que la dialectología luego fue complicando en una disparatada competencia entre lo contingente y lo eterno, entre lo universal y lo particular, entre lo global y lo local. Pero el tiempo, que es la diferencia de las diferencias, o lo que relaciona a las diferencias unas con otras, hoy nos exige pasar, incluso, de las lenguas pluricéntricas a las lenguas excéntricas porque, como ha señalado, Alberto Gómez Font: “en los Estados Unidos, se está gestando un nuevo español, un idioma que no es ni de los mexicanos ni de los argentinos, cubanos o centroamericanos, sino que es de todos. Es un español al que podríamos llamar “español internacional”.

Ése es el acontecimiento que hoy domina el horizonte de las lenguas españolas y sus diferencias. Conviene volver, pues, a la canción de la tierra ureñista y a las excentricidades de Juan Ignacio de Armas porque en aquellas diferencias que la perspectiva filológica quiso y pudo sostener, se jugaban formas de vida y comunidades de destino.

viernes, 28 de junio de 2024

Carta

por Laura Isola para Agenda BA

Querido Daniel:
Una vez más, ¡mil gracias por la invitación a participar en tu Lección final! Como te dije en el mensaje anterior, hubiese estado ahí de mil amores si no fuera que estoy varada en Madrid por el vuelo cancelado de Iberia. Hace dos noches que duermo en el aeropuerto de Barajas. Por eso voy por carta, aunque sea correo electrónico, que hace sentido con tu práctica humanista, con tus lecturas y escritura: las cartas de Kafka, Carta al padre y otros escritos íntimos, las cartas de yagé, el universo beatnik hecho de viajes y epístolas, La carta de Lord Chandon que me hiciste leer para saber cómo fue el prólogo de ese siglo, Puig y la novela. Un poco así, como estoy ahora, me gusta pensarte en ese melodrama, aunque sea pura invención. Sin embargo, este percance podrías contarlo desde la ficción y el conurbano que te gusta decir que llevo en la sangre: la indigencia, la intemperie. Me río sola y casi que te escucho decir en voz fuerte, a los gritos ¡se cree Tom Hanks en la película! No paga el pasaje y trata de colarse en el avión.
Prefiero ahorrarte mis cuitas e ir directo a tu grande finale que, gracias a las nuevas tecnologías, así le diremos, pude ver ao vivo. Por lo menos, el wifi funcionaba… ¡Qué emoción esa entrada triunfal a la 324, el aula primera y primordial de Literatura del siglo XX! Volver al inicio de todo para cerrar un ciclo de 34 años. Tan merecido recibimiento, tanta buena onda y alegría en esas caras jóvenes, visajes, rostros compañeros de una vida, jetas, semblantes de tus amigas que te esperaban para escuchar, al menos en esa sintonía, en esa dirección de Puan 480, una suerte de despedida, hermosamente titulada Lección final. La evocación barthesiana era indispensable: la lección final de las sucesivas lecciones inaugurales que diste en estos tiempos.
 
(continúa acá
 
¡Gracias, Laura! (De cómo la ficción tiene efectos de verdad)


jueves, 27 de junio de 2024

Ahora disponible con sonido Sensurround!!!!!!

 

 

 

¿Who's that girl?

 

¿Quién es Daniel Link, el escritor que la vio?
¿Quién es Daniel Link, el escritor que la vio?
 
Por Juan Mendoza paraClarín

En la zona del encuentro de la literatura con las tecnologías, los libros de este académico y narrador ocupan un lugar central.
Por supuesto que se trata siempre del arte de hacer pasar la vida a través de las palabras. Pero hay una zona de la literatura, que podría llamarse la zona del encuentro de la literatura con las tecnologías, en la que los libros de Daniel Link ocupan un lugar central.

Está ocupada por libros como Los años 90 (Adriana Hidalgo, 2001) y La ansiedad (El Cuenco de Plata, 2003). Presintiendo la tragedia, Los años 90 había aparecido nada menos que en el 2001: Ese Año. La novela narra la historia de un personaje a través de los mensajes de diferente índole que extraños y conocidos le dejan a través de la contestadora automática –aquella antigua tecnología hoy casi olvidada pero al mismo tiempo súper vigente en los mensajes de audio a través de Whatsapp–.

Si tuviéramos que describirlo con esas frases aborrecibles y tan poco oportunas para hacer crítica literaria, ninguna podría ser mejor que decirlo así: Daniel Link sí que la vio. Vio, antes que muchos, que un profundo orden de las transformaciones de lo humano estaba acechando los aparentemente inofensivos cambios en el lenguajes.

En Los años 90, la contestadora automática del teléfono era el verdadero personaje de la novela. O dicho de otra forma: en la novela el dispositivo tecnológico y el dispositivo novela estaban como superpuestos. Se trataba allí de una estrategia narrativa para hacer que la polifonía de la novela aparezca. La novela tenía mucho de lo que Alberto Giordano había acuñado como la gran virtud de la literatura de Manuel Puig y que por aquel entonces llamaba con una preciosa fórmula: “hacer pasar la vida a través de las palabras”. Leyendo la novela tecnológica de Link, lo que en verdad encontrábamos detrás del dispositivo, era una vida.

La Ansiedad repetía el procedimiento: lo actualizaba. La novela estaba construida a partir de la bandeja de entrada de un correo electrónico del personaje. El dispositivo novela que Link pergeñaba aquí era básicamente el mismo, con sutiles pero enormes modificaciones. Lo que cambiaba era el dispositivo tecnológico que aparecía representado.

Entre los cambios, también había un desplazamiento: de la voz de los mensajes en la contestadora a la escritura se pasaba ahora al correo electrónico. Lejos de lo que se había diagnosticado a propósito de los años 90, el neoliberalismo, la cultura audiovisual y los mass media –que habían puesto a la imagen en el centro–, ahora la era digital –Internet– la que traía consigo la promesa de una verdaderamente nueva cultura de las artes, que ponía otra vez a la lectura y a la escritura en el centro.

El asedio de la IA

Y aquí, nuevamente, la frase inoportuna pero atinada, a falta de originalidad para utilizar una mejor. Daniel Link, una vez más, la vio. Ninguna novela se anticipa tanto al asedio de las inteligencias artificiales –como él prefiere llamarlas–, como La Ansiedad, verdadero anticipo de las escrituras automáticas de tercera generación, las que él no sólo escrutó como nadie, sino, y sobre todo, con las que cuerpo a cuerpo también experimentó.

El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

A comienzos de los años 2000, sino ya antes, sobre el borde mismo del siglo XX, Daniel Link pensó a la literatura como la oportunidad para hacer experimentos textuales pero también performances. Son inolvidables las obras de teatro que Daniel Link estrenó también en la primera década del siglo XXI, en el Centro Cultural Rojas.

Afecto a los obsequios, por aquellos años Daniel Link, regalaba ejemplares de sus libros y chocolates. Ejemplares de su obra Teatro Completo (Eloísa Cartonera, 2007). En las presentaciones de una de sus novelas, obsequiaba chocolates con la tapa de La ansiedad a sus amigos y lectores. Eso mismo lo volvió a hacer el 25 de junio de 2024 en ocasión de su última clase, Lección final, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

En medio de una cita literaria erudita, contra quienes hacen apología de lo serio y sacralizan las clases de literatura como algo anacrónico y dépassé, al mejor estilo de quien habló como nadie de los misterios del Bar Mágico –en su novela Montserrat (Mansalva, 2010)–, Daniel Link abrió su maletín cargado de papeles y clases y libros de la mejor literatura del siglo XX, y al estilo de esos números de magia habituales pero inverosímiles, volvió a sacar un gran paquete dorado de chocolates. Golosinas para nuevos y más lectores de una obra literaria inagotable y absolutamente actual.

Mucho más acá, Daniel Link es también el autor de Cómo se lee y otras intervenciones críticas (Norma, 2003), un verdadero clásico de la lectura y la literatura sobre el presente. ¿Cuál presente? Aquel, el del fin de siglo y los nuevos 2000, los años 2003, 2004, 2005.

Ningún presente es más actual que aquel en el que el encuentro entre dos cosas desconocidas se produce. Acaso, para comprender los avatares hiper-tecnologizados del presente, no haya tarea mejor que ir hacia el momento en que el primer encuentro entre la literatura y las tecnologías se produjo.

Bonus track: Cómo se lee (2003) venía con un anexo que recuperaba aquel libro mítico e inhallable. La chancha con cadenas (Ediciones del Eclipse, 1994), el libro con el que Link, comenzó a dar los primeros pasos de un derrotero interminable.

(¡De nuevo: Gracias, Juan!)

 

Lección final (grabación integral)

 Humanismo crepuscular

(mientras haya "vivo" no habrá muerte)

 

Lo pop del cielo

La última clase del profesor pop: Daniel Link se despidió de Puan ante un aula colmada de estudiantes, graduados y colegas


El catedrático y escritor cerró ayer más de tres décadas como titular de la cátedra Literatura del Siglo XX, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA

Por Daniel Gigena para La Nación

“Pensar el siglo XX es pensarnos”, dijo ayer al anochecer el profesor y escritor Diego Bentivegna en el discurso preliminar a la última clase del “profesor pop”, el escritor y catedrático Daniel Link (Córdoba, 1959), en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en Puan 480, en elbarrio de Caballito. “Estamos acá con entusiasmo y con nostalgia”, agregó en referencia a los estudiantes, graduados y compañeros de la cátedra Literatura del Siglo XX, a cargo de Link por más de treinta años.

Link dio su clase a "aula llena" en Puan 480
Link dio su clase a "aula llena" en Puan 480 Hernan Zenteno - La Nación

El autor de Fantasmas. Imaginación y sociedad dio su clase de despedida a “aula llena” (debieron mudarse de la 250 a la 324, que es un poco más grande). “Creí morir dos veces mientras estuve a cargo de la cátedra pero sobreviví y nadie se dio cuenta de esos episodios críticos personales”, contó el profesor que llegó con algunos libros para regalar a los alumnos. “Habíamos empezado este curso hablando con una reflexión sobre los procesos de humanización y deshumanización en el arte”, dijo Link y agregó: “Las inteligencias artificiales no conocen el tictac de lo viviente, ni la duda ni el entusiasmo”. A continuación, abordó los alcances de la “imaginación humanista” en el actual momento “crepuscular”; al final, antes de ser ovacionado por los asistentes, reivindicó los “saberes de la noche”.

Daniel Link y Vivi Tellas, en un paso de comedia "académico-político"
Daniel Link y Vivi Tellas, en un paso de comedia "académico-político" Hernan Zenteno - La Nación
 
La clase es el lugar de todos los intercambios”, sostuvo Link, que titular de la cátedra universitaria desde 1990. La directora y performer Vivi Tellas interrumpió la clase, como suele ocurrir en los claustros de las universidades públicas, presentándose como una militante de una agrupación “libertaria de izquierda” que propugnaba el “soviet”. “O sea que me jubilo para que venga el soviet”, bromeó Link.

Rindió homenaje a los profesores Elvira Arnoux, Enrique Pezzoni, Raúl Antelo, Josefina Ludmer y Ricardo Piglia. “No me formé acá, lo que siempre, en algún punto, me fue señalado”, reprochó (es egresado del Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González”) y se hizo cargo de las críticas de algunos estudiantes a lo largo de las décadas. “¡Trata a los alumnos como a monos en el zoológico!”. Para horror de los libertarios, citó al filósofo italiano Antonio Gramsci. Hubo alusiones a Alejandra Pizarnik, Pier Paolo Pasolini, Federico García Lorca, Georges Didi-Huberman, Copi y Leopoldo Lugones, entre otros autores del siglo pasado.

"Hoy el siglo XX es equivalente a la Edad Media y nos exige que nos volvamos archivistas", dijo Link en su clase de despedida
"Hoy el siglo XX es equivalente a la Edad Media y nos exige que nos volvamos archivistas", dijo Link en su clase de despedidaHernan Zenteno - La Nación

Quienes venimos trabajando en el área de humanidades desde hace décadas no podemos disimular la crisis fenomenal del campo, un poco por su propia dinámica y otro poco por los embates de la esfera audiovisual, en primer término y, ahora, por la esfera digital -dijo Link-. Todo eso nos obligó a sostener una posición crítica respecto del humanismo; por ejemplo: el humanismo burgués fue cómplice de las peores aventuras coloniales, no hace falta sino señalar que los ejércitos imperiales europeos marcharon a conquistar el mundo y saquearlo, acompañados de filólogos. Hasta finales del siglo XX podíamos sostener críticamente un humanismo posmodernista, si se quiere, que hoy es directamente imposible. Primer límite para mí, entonces: la incapacidad para discutir con máquinas mis lecturas de Marcel Proust, de Mario Bellatin, de Franz Kafka. Esto no es meramente ilustrativo. A finales de 2023 propuse mi lectura de la Recherche a ChatGPT, que impugnó cada una de mis decisiones e hipótesis”.

¿Una escena de la película "Puan"? La clase final de Link convocó a una multitud
¿Una escena de la película "Puan"? La clase final de Link convocó a una multitud Hernan Zenteno - La Nación
 

Para Link, la cátedra Literatura del Siglo XX tenía algo de excesiva. “Cuando empezamos, todavía podíamos pensar ese campo como el campo de lo contemporáneo y, dado el carácter experimental del curso, nos obligamos a inventar una pedagogía y un punto de vista: leemos literaturas europeas como literaturas indígenas”, puntualizó.

Hoy el siglo XX es equivalente a la Edad Media y nos exige que nos volvamos archivistas -dijo anoche sentado ante un pupitre cubierto con una tela bordó-. Aceptamos el desafío porque nos parecía que, poco a poco, el siglo XX había sido invisibilizado. Desde hace diez años empezamos los cursos, demostrando que el siglo XX tuvo lugar, y que no fue solamente una pesadilla de la que convenía despertarse. Ahora bien, ese trabajo, que sigue pareciéndonos necesario y fascinante, nos aleja de lo contemporáneo. Segundo límite, entonces: pensar la propia práctica como una intervención de archivo o como una intervención de presente. Al elegir el presente, conviene dejar descansar los clásicos del siglo XX. O fijar la mirada en otra cosa”.

Cuando Link comenzó a dar clases en Puan, lo bautizaron el “profesor pop”.Luis Sandrini había sido, previamente, el ‘profesor hippie’ -dijo-. Un poco por eso resultó que este, mi último curso en la facultad llevó por título ‘Ideas de pueblo’. Una de las ideas de pueblo que trabajamos fue la que lo define como el que otorga la soberanía por delegación al Senado; es la versión que nos llega desde Roma. Pueblo se opone a Senado. El liberalismo mersa que actualmente gobierna la Argentina ha interpretado esa oposición como Pueblo vs. Casta, lo que no es del todo incorrecto. Pero a nosotras nos obligó a pensar cómo y por qué el Pueblo decide delegar su soberanía en aquellos que serán sus verdugos, algo que pasó varias veces durante el siglo pasado. Hay también otras ideas de Pueblo, por ejemplo esa que usan como coartada los gobiernos para desplegar sus fantasías, por lo general de exterminio. En nombre del Pueblo, se crean campos de trabajo forzado para homosexuales, judíos y gitanos o clínicas para la experimentación sobre enfermos mentales, adictos o discapacitados”.

“Si abrazábamos la causa pop, nos adheríamos a una filosofía pop, que tiene dos nombres propios: Deleuze y Guattari -destacó-. Fuimos deleuzeanos militantes hasta que el señor Milei apareció en el horizonte. Hoy ya no podemos sostener la misma convicción acríticamente: hay que separar el pensamiento anarco de Deleuze, y todas sus figuras, del anarcocapitalismo. Esa tarea es extremadamente compleja pero necesaria: no podemos dejar que se confunda un cierto pensamiento con el vacío de todo pensamiento que caracteriza al anarcocapitalismo que hoy reina entre nosotras”. En la clase, conjugó la primera persona del plural en femenino. “No se trata de alcanzar la libertad, sino de encontrar una salida”, advirtió.

Y prosiguió: “Sumemos a todo eso que yo ya voy a alcanzar la edad jubilatoria según el régimen especial de los docentes-investigadores. Y no tengo ganas de que el actual gobierno cambie las reglas de juego meses antes de alcanzar ese derecho, que no es un privilegio. Prefiero pensar el presente alejado de las máquinas y de las instituciones que son, ellas mismas, picadoras de carne que abrazan cada cable y cada chip con algarabía; prefiero revisar mis convicciones detrás de escena, para volver a decir o lo mismo u otra cosa, pero en todo caso, remixado, vuelto a poner en una circunstancia, la actual, que no esperábamos vivir. Mi generación ha podido superar con dificultad la dictadura y otros momentos críticos como el menemismo y el 2001. Seguramente los jóvenes, debidamente entrenados en las lecturas que hacen falta, podrán superar la fuerza de la barbarie reinante, que pretende que todo pensamiento crítico es basura o ¡comunista, comunista!”.

La cátedra seguirá su marcha. “Habrá concursos, que esperamos no estén amañados como los últimos que organizó el Departamento de Letras, a los que se presentarán los integrantes del equipo, la mayoría de los cuales llevan ya veinte años de trabajo conjunto ininterrumpido, y varios me acompañan desde el comienzo -dice Link a LA NACION-. Pero, por supuesto, lo que vendrá será un día nuevo en el desierto. Para quienes se queden en la cátedra y para mí, que la dejo, también. Un nuevo día, una página en blanco. Eso me espera. Eso espero que me espere”.

Tras el estreno de la película Puan, dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat, ¿Puan se puso de moda? “No, no está de moda -responde Link-. Sigue siendo el mismo ambiente de fantasía de siempre”.


 
 

 

 

 

miércoles, 26 de junio de 2024

La apoteosis

 


El ensayista y carismático docente Daniel Link se despide de la UBA con una apoteosis 
 
por Juan Mendoza para Clarín
 
El ensayista y carismático docente Daniel Link se despide de la UBA con una apoteosis
El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.
  • El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

    El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

  • “Disculpas Profesor. Soy de una nueva agrupación estudiantil y quisiera decir unas palabras”, interrumpió Vivi Tellas en la última clase de Daniel Link. Fotos Emmanuel Fernández.

    “Disculpas Profesor. Soy de una nueva agrupación estudiantil y quisiera decir unas palabras”, interrumpió Vivi Tellas en la última clase de Daniel Link. Fotos Emmanuel Fernández.

  • El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA ante más de mil personas. Fotos Emmanuel Fernández.

    El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA ante más de mil personas. Fotos Emmanuel Fernández.

  • El ensayista y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

    El ensayista y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

  • El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

    El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

  • El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

    El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández

El 7 de enero de 1977, en el Collège de France, Roland Barthes dictó su conferencia inolvidable conocida con el título Lección inaugural. La clase de ayer martes consistía en un clásico de la teoría literaria y despertó enorme expectativa en el universo de las carreras de Letras, Filología y Comunicación Social.

Un poco inspirado en aquel hecho barthesiano, también lo empujó la realidad –casi siempre es difícil decir adiós–, y al mejor estilo de quien todo lo conoce acerca del arte de traer discursos al presente, para transformarlos, a los acontecimientos históricos, el 25 de junio de 2024 Daniel Link decidió dictar su Lección final.

Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. 18:10. Aula 324 del Tercer Piso. Un grupo de estudiantes, que este año no alcanzó a leer Pedro Páramo, la novelita de Juan Rulfo, se predispone a escuchar a su profesor. Todos los miembros de su cátedra –entre ellos Claudia Kozak, que hace poco también emprendió el camino de la jubilación–, exalumnos, escritores, docentes e investigadores de reconocida trayectoria como Laura Ramos, Gonzalo Aguilar, Renata Rocco-Cuzzi y las editoras Leonora Djament y Malena Rey, así como también fotógrafos de diferentes medios, se dan cita para presenciar lo que se presupone será un verdadero acontecimiento intelectual. La sala, en la que hay más de mil asistentes, está presidida por un pupitre central. Sobre la mesa hay un micrófono, una pila de libros, una lámpara, una tablet.

Es difícil estar atentos a aquellos indicios que marcan que estamos ante un cambio de época. Pero es seguro que esos indicios a veces no se nos presentan como algo rotundo, sino más bien como pequeñas marcas, rastros de carmín en medio de un camino constantemente sembrado por hechos que falsamente se autorepresentan como históricos. ¿Es de verdad una última clase?, sobre todo porque Daniel Link continuará con la docencia en la Universidad Tres de Febrero. ¿O se trata más bien de una performance?

Comienza a hablar

Hace tan solo un momento Miguel Rosetti, uno de los miembros de la cátedra de Lin, Literatura del siglo XX, recibía las monografías de la materia cuatrimestral; una estudiante le comentaba a otra que pronto viajará a Londres, para realizar un posgrado en Artes y Finanzas... Después de los murmullos previos y la alegría del encuentro, se hace por fin el silencio. Y allí, en ese contexto, el docente, el profesor, el literato, el catedrático, el maestro, el investigador, comienza a hablar:

“Disculpas Profesor. Soy de una nueva agrupación estudiantil y quisiera decir unas palabras”, interrumpió Vivi Tellas en la última clase de Daniel Link. Fotos Emmanuel Fernández. “Disculpas Profesor. Soy de una nueva agrupación estudiantil y quisiera decir unas palabras”, interrumpió Vivi Tellas en la última clase de Daniel Link. Fotos Emmanuel Fernández.

“Las inteligencias artificiales no conocen el tic tac de lo viviente”, sostiene. Y señala entonces que los sujetos de letras pertenecemos a una especie que vive en y para los textos. Cita a Peter Sloterdijk, a Kafka, a Gilles Deleuze. Su estilo no está solo en el lenguaje. Está también en su tono, portador de un estilo envolvente.

Acaso el gran método de Daniel Link haya consistido en mezclar, como nadie, la cultura pop con lo más dilecto de su erudición barthesiana. ¿Está bien hablar en pasado? ¿Es eso correcto? Aquí no se trata de la muerte, si no más bien y tan solo de un cambio de proyectos. ¿De verdad no se trata de una performance?

Es entonces cuando una “estudiante nueva” irrumpe en clase y toma la palabra. “Disculpas Profesor. Soy de una nueva agrupación estudiantil y quisiera decir unas palabras”. Daniel Link, como es habitual, accede a dar la voz. “Soy de La Agrupación Libertaria de Izquierda”. Se trata nada menos que de la dramaturga y directora teatral Vivi Tellas, estrella del under de los años 80, quien ha venido esta tarde hasta Puán para saludar a su amigo, a su colega, a su investigador.

Entre abrazos y risas, Daniel Link aprovecha la ocasión. Como todo profesor universitario “ideologizado” que desea “bajar línea”, para “adoctrinar” a sus estudiantes, pero absolutamente convencido de que será el pensamiento crítico lo único que salvará a nuestra especie, aprovecha la intervención de Tellas para verter algunos conceptos políticos de ocasión.

El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA ante más de mil personas. Fotos Emmanuel Fernández.El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA ante más de mil personas. Fotos Emmanuel Fernández.

Contra la dicotomía de "pueblo vs. casta", han emergido ahora las acechantes fuerzas de un “liberalismo mersa”, señala, mordaz. Para Daniel Link, quien se ha especializado en el estudio de obras literarias del siglo XX que vieron la luz entre los fascismos europeos y la Primera y la Segunda Guerra, es un hecho evidente que los autoritarismos del siglo pasado han sembrado también sus vástagos en el siglo actual.

Sus epígonos del XXI, para él, también llegan con sus viejas y ya conocidas fantasías de exterminio. La enseñanza que nos deja el siglo XX es que esas fantasías de exterminio, antes de Auschwitz​, circularon “inofensivamente” por las calles y fueron también producidas por la radio o la prensa impresa. Frente a este nuevo estado de situación, ante la crisis generalizada del humanismo y ante el vacío al que nos arroja la crisis de la cultura escolar –la crisis incluso del proyecto de la Ilustración–, la literatura se ha vuelto depositaria de un conocimiento fundamental. Paradójicamente, en la medida en que más necesario se vuelve ese saber, es también una evidencia grande de que la literatura ocupa ahora el lugar de un saber subalterno.

Un saber resistente

Puesto que lo que otrora ocupara un lugar de poder –los hombres y mujeres de letras dominaron el mundo: ”los imperios europeos marchaban rumbo a sus saqueos acompañados de filólogos”–, se ha vuelto ahora un saber resistente –que perdura–, se vuelve imperativo subrayar que la labor fundamental de nuestro tiempo no trata tanto por la conquista de “la libertad”, sino por el diseño de un proyecto que sea capaz de “encontrar una salida”.

El ensayista y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.El ensayista y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

Para Daniel Link es absurdo que la humanidad haya destinado tantos años de diseño de teorías de la lectura y de edificación de la teoría de la recepción –teoría de la imagen, la tradición psicoanalítica y un largo etc.–. Tantos años destinados a la edificación de bibliotecas, escuelas y librerías universitarias, para terminar desbarrancando en un mundo que instituye un punto de vista sobre todas las personas dispersando viralmente su propia auto-representación.

¿Cómo puede ser verosímil el propio punto de vista sobre uno mismo? En ese sentido, un mundo de emoticones y de selfies se vuelve un mundo en el que el trabajo de la lectura sencillamente pareciera dejar de existir. Es cierto que la última lección de Link tiene motivaciones biográficas, biológicas, etc. –el eterno profesor joven está ya próximo a su jubilación–. Pero puede que su retiro se deba también a causas más profundas.

“Sigan sin mí en un mundo de selfies y de emoticones, sobre todo si piensan que ese camino, que de seguro conduce al infierno, les parece transitable”. Dijo en la fría noche de junio el profesor de literatura quien, luego de haber tenido por largos años un blog súper popular, Linkillo, se ha abstenido hasta ahora de incursionar en las nuevas redes sociales. Aunque sí tiene, hay que decirlo, uno de los blogs más antiguos y más leídos de toda la Argentina: linkillo.blogspot.com (cosas mías).

Para Daniel Link, quien entre sus muchísimos libros también publicó uno con el título de, precisamente Clases. Literatura y disidencia (2005), la clase –escolar, universitaria– es el lugar de todos los intercambios. Sus clases, a lo largo de varias décadas, fueron un emporio de citas literarias y de reflexiones a partir y a través de ellas.

Frases del tipo “la náusea como un anonadamiento del mundo”, “los momentos de peligro”, “la guerra, la revolución”, “las formas de vida”, “cómo vivir juntos” y un largo etcétera, conformaron algo así como un misal de voces propias y entremezcladas. “Daniel nos ha enseñado a leer con las voces de quienes han leído antes”, había dicho el editor Diego Bentivegna un rato antes, en la presentación inaugural. Link hizo del cruce de territorios distantes toda una poética, un estilo.

Podía interrumpir una reflexión sobre La montaña mágica, de Thomas Mann, con una expresión del tipo: “¡Oh!, creo que hoy viene con la remera que uso para dormir”. Decía esas cosas en medio de una sala pletórica de estudiantes jóvenes, sosteniendo el voluminoso libro de Mann entre las manos pero, al mismo tiempo, señalando la impresión de la S de Súperman en la estampa de su pecho.

El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

Docente, literato, autor de teatro, Súper Profesor. Link podía hilvanar una frase en latín al lado de una cita proferida por alguna diva de TV. Como de hecho, la noche del 25 de junio de 2024, lo volvió a hacer. Hacia el final de su clase, cuando amigos y colegas se acercaban para abrazar al amigo, al maestro, al profesor, Daniel Link volvió a tomar el micrófono para decir: “Como diría una gran pensadora argentina contemporánea, Mirtha Legrand: ‘A ustedes les debo todo. Pero yo les he dado mi vida’”.

Al instante, mientras un gran ramo de flores llegaba hasta el escenario, también lo hacía un grupo de estudiantes para acercar el obsequio de ocasión, ese que se da a profesores al terminar el curso. Al abrirse la bolsa de papel madera, allí apareció: ¿un pijama de Micky Mouse? El obsequio, para quien comprende el mensaje, fue algo así como decir: este uniforme de Super Docente de la calle Puán, es sólo suyo, y solo usted se lo puede llevar.

En los tempranos años 2000, Daniel Link fue uno de los primeros docentes de la Argentina en dar bibliografía a través de la plataforma Moodle. Como si la clase fuera también una fiesta, un bar. B de Bebida se llamaba incluso uno de los tópicos de su programa en el aula virtual. Así, entre lágrimas, serio, risueño, bromista, cordial, Daniel Link hacia el final de su clase tomó una copa y brindó. “En el último trago, nos vamos”.

Luego de eso vinieron las lágrimas, los abrazos. Cuando la algarabía se mezclaba y un dejo de nostalgia arreciaba, todavía Link tuvo ánimo para tomar el micrófono y decir algo más: “Perdón. ¿Preguntas?”.

El 2024 under, subalterno y cultural, probablemente sea recordado por la aparición de El último show, la película de José Luis García –que, tras 37 años de estar archivadas sin aparente sentido en una cinta VHS, recupera las imágenes del último recital de Luca Prodan antes de morir–. Y por ser el año en que Daniel Link dictó su última clase en la UBA.

El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.El investigador y crítico Daniel Link dio su última clase la facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Fotos Emmanuel Fernández.

Una cita de Roland Barthes contenida en su Lección Inaugural, acaso podría ser de utilidad para describir lo que allí pasó: “El profesor no tiene aquí otra actividad que la de investigar y hablar [...], soñar en voz alta su investigación. Privilegio enorme y casi injusto en el momento en que la enseñanza de las letras se halla desgarrada hasta la fatiga entre las presiones de la demanda tecnocrática y el deseo revolucionario de sus estudiantes.”

Puede parecer extraño, en el mundo actual, que una clase de literatura pueda transformarse en un acontecimiento intelectual. De hecho, de suceder, todo haría creer que se trata más bien de un malentendido. O de algún tipo de anacronismo que evoca otras épocas. Épocas de oro no solo de la literatura sino también de la teoría y de la crítica literaria. Es eso lo que aconteció una noche de junio de 2024 en Buenos Aires, en el barrio porteño de Caballito, en un reconocido edificio situado en la calle Puán.

(¡Gracias, Juan!)


sábado, 22 de junio de 2024

Aquí, América latina

Por Daniel Link para Perfil

El barco rebotaba contra la superficie del mal según el ritmo de las olas. El agua se pulverizaba en el aire, cuya humedad apenas si se modificaba por el embate de la máquina acuática: era un aire denso, cargado de potenciales de vida. A nuestra derecha se veía el resultado de un combate colosal entre monstruos o de un ataque de cólera sobrenatural. La piedra aparecía desgarrada por unas uñas gigantescas: cicatrices de estratos blancos sobre piedra negra, que brotó líquida como magma de un suelo agujereado por pataleos histéricos y golpes de puño. El granito, una vez enduercido, fue arrojado con furia de cualquier manera, creando crestas de piedra desacomodada, rasgaduras, pozos, cada tanto un resplandor de advertencia provocado por un yacimiento de mica o de biotita.

Sobre esos majestuosos destrozos, que nos hacían sentir la pequeñez de nuestra existencia y la brevedad de nuestros intervalos vitales, los siglos fueron depositando una mísera cantidad de polvo, tierra, semillas y cagadas de pájaros.

A lo lejos, la piedra contorsionada con violencia aparecía mal cubierta por una capita verde que apenas si alcanzaba a tapar la vergüenza de un combate colosal entre fuerzas antagónicas.

Aquí y allá sobresalía la piedra negra, todavía inexpugnable, donde las plantas y las flores se aferraban a un suelo superficial, siempre en peligro de deslizarse hacia el mar, ávido por devorarlo todo, hasta las rocas metamórficas que alguna vez le arrancaron del fondo.

Cada tanto, el tormento pétreo daba paso a una bahía donde, algunas veces, una playa se adivinaba. Era fácil imaginar allí a los tairona tallando sus bastones de piedra y preparando sus canoas, con las que quemarían la avanzada colonial de Santa Marta varias veces.

Pero las miserables luchas humanas empalidecían ante la brutalidad de las fuerzas naturales, a las cuales los hermosos kogui, descendientes de los tairona, rinden homenaje.

Nuestra aventura había comenzado exactamente al término del Saka Juso: fortalecimiento de las relaciones con el territorio y reparación de las redes energéticas. Íbamos a lo mismo. En el Cabo San Juan nos retiramos a una playa poco concurrida y, desnudos, invocamos a los diosecillos de nuestro propio Paraíso.