miércoles, julio 15, 2009

 

El dedo gordo

Lost coquetea con la erudición como parte de su dispositivo narrativo. Tiene, en ése y otros muchos aspectos, un antecedente célebre: El arco iris de gravedad de Thomas Pynchon. Como aquella novela insoportable (y, por eso mismo, monumental) moviliza todos los saberes para decir sencillamente que no sirven para nada, porque lo que siempre brilla (por delante o por detrás) es un conflicto primitivo entre lo ctónico y lo pneumático (entre la autoctonía, que nos devuelve siempre al barro del que alguna vez salimos, y la poiesis y su movimiento ascensional), se trate de Jacob y Esaú, como parece ser, o (más metafóricamente) de Osiris y su hermano Seth, figura de la fuerza bruta, de lo tumultuoso y de lo incontenible, patrón de las guerras, la tormenta y la violencia, fundador de los oasis en el desierto al que había sido condenado para siempre.
Todo lo que sucede en
Lost (la guerra, en primer lugar) se ordena en relación con ese conflicto primitivo entre lo que domina el cielo (Osiris, el avión de Oceanic) y las fuerzas de la tierra (campos magnéticos, pozos, subterráneos), que coinciden en el mismo dedo del pie que, en su momento, había llamado la atención de Bataille ("El dedo gordo"), de Freud, antes que él, y de Derrida, mucho después. Ese dedo que falta en la estatua de Tueris (o Sobek o Seth, importa poco) en cuyos sótanos vive y ¿muere? Jacob ("No sé que es más inquietante, que le falte el resto de la estatua o que tenga sólo cuatro dedos.", Sayid en "Live Together, Die Alone - Part 1"
).



Por supuesto, no es precisamente el dedo gordo el ausente en ese pie que sobrevivió a la catástrofe. Pero faltando un dedo, queda claro, lo que se ha perdido es lo que separa al hombre del animal: la máquina antropológica.
Así, Lost se postula como la narración del final de los tiempos y del más allá de la Historia, y se interroga cómo y por qué, habiendo ya perdido la humanidad sus rasgos y sus propiedades (habiendo desaparecido el "ser humano" como tal), la guerra, la violencia y la destrucción siguen existiendo. ¿En qué se funda esa supervivencia que ha perdido toda posibilidad de funcionar en relación con un "progreso" que, a todas luces, para los guionistas de la serie, ya ha cesado?
Como en El arco iris de gravedad, se parte también en Lost de vastas e improbables hipótesis científicas que, de pronto, conectan (de acuerdo con sistemas de agenciamientos un poco demenciales y que son capaces de impacientar a los seguidores más fieles) con mitologías olvidadas, divinidades insepultas y conflictos primitivos sobre los modos de aparición y de organización de lo viviente.
Por eso, Lost no ha escatimado ni uno solo de los motivos de interrogación de las formas-de-vida: las comunides utópicas (es decir, inoperantes), el buen salvaje, las conspiraciones, los modos de la reproducción, la isla desierta, la familia, las instituciones y las líneas de mando, los Estados "enemigos" del Imperio (Corea, Iraq), los órdenes aberrantes (desde los "seis grados de separación" hasta los números de Erdös), los enfrentamientos.
No sabemos cómo se resolverá la historia, pero lo que sí sabemos es que, narrativamente, en la guerra entre la autoctonía y la poiesis, triunfan el desorden y el tumulto, las tormentas temporales (prolepsis y analepsis), lo monstruoso y los laberintos, en los cuales el loophole barroco (rulo espacio-temporal) que finalmente encuentra el enemigo de Jacob es el mismo a través del cual se cuela la historia que llega hasta nosotros para decirnos que, aunque no haya Historia, horrenda paradoja, siempre habrá guerra.

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martes, julio 14, 2009

 

¿Quién te viste?

A punto de ver la resolución de So you think you can dance? en People & Arts, me doy cuenta de que soy incapaz de evaluar el talento de los bailarines (un poco más el de los extraordinarios coreógrafos que trabajaron durante el show más visto del verano estadounidense), pero que mi corazón está con quiero que gane (Travis)*. Lo más importante es, naturalmente, lo más frívolo: la conductora del programa nunca jamás en los tres meses pasados usó un vestido feo o que no le quedara bien.

*Ganó Benji.

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Otra fineza

El Ministro de Justicia y Seguridad del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Guillermo Montenegro, aseguró a lanacion.com que “es peligroso escuchar" la grabación que compromete al comisario Jorge Palacios, a quien también le deseamos desde aquí lo mejor para su gestión.

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lunes, julio 13, 2009

 

Milagro tucumano

Desde aquí, le deseamos al Dr. Juan Luis Manzur lo mejor para su gestión al frente del Ministerio de Salud de la Nación.

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domingo, julio 12, 2009

 

No hay dos sin tres

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sábado, julio 11, 2009

 

El lenguaje es un virus

por Daniel Link para Perfil

Cuando una sociedad ha decidido entregarse colectivamente a la psicosis da lo mismo una elección legislativa que una epidemia viral y en todas partes se escucharán voces enloquecidas y todo resonará con ruido de fracaso. Seleccionar un tema de actualidad, en ese punto, para sacarle el jugo, ¿no es como pretender racionalizar lo inexplicable?

El vicepresidente argentino, que por virtud de su ubicación estratégica en la línea sucesoria, asume la presidencia cada vez que la titular del Poder Ejecutivo viaja al exterior, dice que el gobierno no ha escuchado la lección de las urnas precisamente cuando está en ejercicio de sus más altas funciones presidenciales.

Un candidato parlamentario gana en el distrito para el que se postuló repitiendo durante sus actos de campaña los latiguillos urdidos por el imitador televisivo que lo ridiculizaba mostrándolo como un tarado a cuerda.

El nuevo ministro de salud pública de la República Argentina multiplica por cien el número de afectados por la pandemia de gripe y, aunque luego se desdice de tamaña progresión, nadie sabe si la maniobra pretende desacreditar a su antecesora o bien disminuir la tasa de mortalidad del flagelo.

Los padres de una mujer asesinada renuncian a sus derechos sucesorios en favor del asesino probado de su hija.

Un abogado revela las razones por las cuales el Teatro Colón sigue cerrado: tántas son las reformas que la alcaldía ha introducido en el llamado “Masterplan” de la refacción para licitar espacios antes destinados a camarines y salas de ensayo como confiterías.

Una señora muy mayor y muy de derecha que supo ser
vedette y alguna vez candidata política sin suerte alguna, conocida por su militancia en favor de la pena de muerte, se ofusca y denuncia a quienes la envidian no por su éxito sino porque es buena persona y amenaza con hacerse una rinoscopía pública.
Los productores de un programa televisivo muy infame (aunque son tántos) consiguen imbéciles a los que poder acusar de pedofilia ante las cámaras, exhibiendo como “pruebas” transcripciones de intercambios via chat.

Una mujer en silla de ruedas (de la que no se sabe bien si su discapacidad motriz supera o no a su discapacidad mental) se ríe cuando le hablan de la prostitución y festeja como triunfo un revés electoral.

La prensa opositora al gobierno se ensaña con los representantes de un gobierno que agoniza, sin que se entienda bien por qué el gobierno se muestra agonizante ni por qué es necesario patear a un perro apaleado.

Un conocido colectivo que organiza orgías masculinas avisa a sus asociados que suspende por tres semanas los encuentros, y aprovecha para suministrar (dado que, enfatizan, no lo hacen ni el gobierno nacional ni el provincial o el municipal, enredados ambos en sus delirios presidencialistas) normas mínimas de profilaxis antigripal.

El gobernador de la provincia de Chaco dice que es la presidente de la Argentina quien ejerce la “conducción estratégica” del “movimiento peronista”, días después de que el presidente del Partido Justicialista delegara la conducción partidaria en el gobernador de la provincia de Buenos Aires y una vez que ya se conocían los cabildeos del más prominente y temible cacique bonaerense para decidir la sucesión partidaria.

Aunque apenas un setenta por ciento de los empadronados concurrieron a cumplir con sus obligaciones ciudadanas (porcentaje sin precedentes desde la recuperación de la democracia), en todas partes se festeja el desarrollo de los comicios con total normalidad.


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viernes, julio 10, 2009

 

Remake

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La mujer sentada. El dinamismo de la inmovilidad

por Laura Vázquez

Jamás me interesó el cine.
Es un teatro muy imperfecto.
Copi
(...)
Su célebre tira semanal La mujer sentada fue publicada por primera vez en Le Nouvel Observateur, en 1964. Con un dibujo audaz y un trazo absolutamente novedoso (la silla es una continuación gráfica del cuerpo de la protagonista) el humor de vanguardia de Copi produce
la ilusión de la sencillez. La mujer sentada, solemne, tosca y descortés es el eje de todos los movimientos que se producen en cada cuadro. Absolutamente efectiva, a pesar de su ociosidad, el personaje encarna la imagen de una tía paralítica del autor, a la que según sus palabras: “quiso como a nadie” (Aira, 1991). La mujer sentada es puro movimiento y dinámica; y es precisamente su aparente (¿engañosa?) inmovilidad la que genera la fluidez del relato.
(...)

Vázquez, Laura. "Después del fin del arte: Copi", Boletín de Estética, 10 (Buenos Aires: junio 2009)

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miércoles, julio 08, 2009

 

Dicen que...

por Alejandro Droznes para El interpretador

(...)

La mera existencia de Fantasmas nos dice algo sobre la manera en la que el libro pide ser leído: se trata del quinto libro que Link publica en los últimos cuatro años, y es el tercero que podría ubicarse en una zona ensayística. Son 447 páginas que se suman a las 375 de Clases (Norma, 2005) y a las 276 de Leyenda (Entropía, 2006). Semejante producción sería difícil de explicar si no fuera por el hecho de que estos libros reúnen artículos publicados en libros y revistas, ponencias en congresos y bosquejos de palabras pronunciadas en algún aula de la Facultad de Filosofía y Letras. Estos textos, sumados a los de Montserrat (Mansalva, 2006), La mafia rusa (Emecé, 2008) y Linkillo (su blog), dan cuenta de una actividad en la que la intimidad aparece como problema: “Como quien dijera que lo que en este momento nos atraviesa es la necesidad de inscribir el propio cuerpo en relación con todo lo que existe”.

***

Todo lo que existe, o casi. Fantasmas es, más que un libro de teoría o crítica, un libro de Daniel Link. De lo que Daniel Link tiene en el disco rígido, de lo que piensa mientras siente el frío del invierno en un centro cultural, de sus zappings, de los llamados que recibe e interrumpen la escritura del libro, etcétera. Es un libro de teoría y crítica entramado en una vida concreta, o de una vida concreta entramada en la teoría y la crítica. Es un libro que tiene muchas aristas (el star-system de Hollywood, el mencionado disco rígido, Susan Sontag, El principito, los sustantivos “ascesis” y “autoctonía”, Nabokov, la familia Mann, Lorca, América, Arturo Carrera, Clarice Lispector, Pedro Páramo, Rayuela, Copi) y oscila entre una erudición que incomoda (“Recuérdese que la morfología ictícola de la sirena es posterior al siglo IV”, el subrayado es mío), la observación sagaz, las articulaciones ininteligibles y la experiencia cotidiana. Cuando Link sale a la calle para internarse en casi cualquier cosa, el resultado es interesante; cuando, en cambio, se queda leyendo y escribiendo, una intensa sofisticación (en la que resuenan lecturas muy definidas, como las de Deleuze, Foucault y Agamben), así como una búsqueda de originalidad (por ejemplo cuando define a la «Carta abierta a la Junta Militar» de Walsh como un “texto decisivo de la modernidad occidental”), hacen tambalear la felicidad del lector.
Entre los mejores pasajes del libro se encuentran «Eurindia» (que narra deliciosamente la experiencia de una visita nocturna al Centro Cultural del Sur), «1519» (donde el Link viajero reflexiona, a partir del viaje en el tiempo que un espectáculo para turistas le propicia en el D.F. mexicano, sobre los horrores del arte autónomo) y «Desastre». En este capítulo Link analiza el cierre de Punto de Vista, la revista que Beatriz Sarlo dirigió durante treinta años, y su análisis no es sólo lúcido sino también, y ante todo, valiente: no son muchos los intelectuales argentinos que digan realmente lo que piensan sobre la casa del vecino (y Link lo ha hecho ya en varias oportunidades: su intervención en la época de la fallida asunción de Rodríguez Felder como ministro de cultura porteño, cuando escribió “la corporación cultural y artística de Buenos Aires, con argumentos erráticos, mezquinos y de una sospechosa unanimidad (...)”, sólo encuentra parangón en las declaraciones de María Elena Walsh en la época de la Carpa Blanca).

La reseña completa (¡gracias, Alejandro!) puede leerse acá.

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martes, julio 07, 2009

 

En Buenos Aires no se consigue...

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Evil Twin

"It's not a soap opera until somebody's evil twin shows up"
Kate Austen




Isaac, hijo de Abraham, tenía cuarenta años cuando se casó con Rebeca, hija de Betuel el arameo, de Padan-aram, y hermana de Labán, el arameo (
Gén, 25).
Durante veinte años,
Jahvé les negó la bendición de descendencia hasta que finalmente, Rebeca concibió y en su vientre comenzaron a crecer los gemelos Jacob y Esaú. “¿Para qué seguir viviendo?”, se preguntaba Rebeca cuando comenzó a sentir que los hermanos se peleaban en su vientre. Consultado Jahvé, le contestó: “Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos que estarán separados desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor” (Rom.).
Cuando se cumplió el tiempo de dar a luz, salió el primero, rojizo y todo velludo como cubierto con pieles. Lo llamaron Esaú. Después salió su hermano, con su mano asida al talón del primero, y lo llamaron Jacob.
Los niños crecieron. Isaac prefería a Esaú, porque comía de su caza, en la que se había vuelto experto. Jacob, tranquilo y más inclinado a los negocios, era el favorito de su madre.
Cierto día Jacob preparó un guiso de lentejas. Y cuando Esaú volvía del campo, hambriento y malhumorado porque no había cazado nada, dijo a Jacob: “invítame a comer, pues estoy muy cansado”. Y Jacob respondió: “Lo haré, si me vendes tu progenitura”. Esaú aceptó, diciendo: “De nada me serviría la progenitura si muriera”. Al cambiar su primogenitura por un plato de lentejas, Esaú renunció a servir como sacerdote en el altar familiar. Por eso la Biblia se refiera a él como “profano” e “irreligioso” (
Hebreos, 12). La segunda mala pasada que Jacob, el engañador, le hizo a su hermano gemelo le sirvió para robarle la bendición de su padre. Isaac mandó a Esaú a cazar venado al campo, para que le preparara su cena, luego de la cual habría de darle su bendición patriarcal.
Rebeca alertó a Jacob, su favorito y, como Isaac estaba ciego, conspiraron para engañarlo. Cocinaron cabritos de tal modo que parecieran venado, Jacob se vistió con las ropas de su hermano y cubrió sus manos y su cuello lampiño con las pieles de los cabritos. Isaac comió y bendijo al hijo que había suplantado a su preferido.

La primogenitura hizo de Jacob un líder espiritual y la bendición paterna ("Dios te dé del rocío del cielo y de lo más preciado de la tierra: trigo y vino en abundancia. Que los pueblos te sirvan, y las naciones se postren ante ti. Sé señor de tus hermanos, y póstrense ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldigan, y benditos los que te bendigan",
Gén, 27) lo volvió rico.
Esaú, dos veces traicionado por el mismo que lo había agarrado por los talones en el momento del parto, juró vengarse y planeó la muerte de su hermano.
Alertado por su madre, Jacob huyó a Mesopotamia. Más tarde, después de la lucha con el ángel, adoptó el nombre de Israel. Tuvo doce hijos (que fueron los fundadores de las doce tribus), dos con su esposa predilecta, Raquel: José (que fue preso en Egipto y luego nombrado gobernador de esas tierras) y Benjamin.

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lunes, julio 06, 2009

 

El descarrilamiento

Richard Alpert, que ha recibido de Jacob la bonaventura (o no) de la eterna juventud, se resiste a creer que John Locke haya resucitado. Lo mismo le sucede al todavía infame pero muy desdibujado Benjamin Linus, y sus dudas, que no son equivalentes a las dudas de cualquier otra persona en el universo ficcional de Lost (e incluso fuera de él), deberían habernos puesto sobre aviso en cuanto a una restricción fundamental: la muerte, lo único real, es aquello con lo cual ni los más atrevidos guionistas de Hollywood se atreven a jugar.
En relación con esa restricción debería ordenarse todo lo que creíamos saber: Christian Shephard, el padre de Jack (cuyo mayor defecto fue haber engendrado un hijo tan idiota, traspié del cual intentó recuperarse a través del alcoholismo), está definitivamente muerto y sus apariciones post-mortem fueron otros casos de encarnación por parte de la misma fuerza o del mismo Dáimôn que se esconde ahora bajo la apariencia bonachona de John Locke. Por otro lado, cuando Jacob toca a Locke después de su caída libre a través de una ventana, no es que lo "resucite" (dado que esa opción es imposible), sino que, apenas, lo repara. No del todo, lo que en algún sentido pone en entredicho su bondad, sino lo suficiente como para que Locke se embarque en la mayor aventura de su vida. Juliet, si es que su sacrificio (que salva a la actriz y al personaje de una muerte tonta, encadenada) es, al mismo tiempo, su condena, no volverá del más allá (y si vuelve, es porque los vaivenes temporales previstos por la ciencia más experimental, más adolescente, más improbable, han hecho que no muera en verdad sino que retroceda). Y Mr. Eko, ay, jamás volverá a acompañar nuestros sueños y delirios.
No: de la muerte, nos dicen, no se vuelve. Inútil será invocar las mitologías que se quieran ("talita cumi", Lázaro Costa): la muerte es para los seres humanos ese límite de la conciencia, el anonadamiento definitivo. Y los que alguna vez volvieron fue porque no eran propiamente humanos y estaban, por lo tanto, eximidos de las leyes naturales.
¿Entonces, Jacob muere por mano de su némesis? Si muere, es porque no es una entidad divina (o sobrenatural), sino una extraña declinación de humanidad que puede dominar (se trata de la ciencia, antigua y moderna) el tiempo y la materia. Tal vez un mago. Si no muere, entonces Jacob es una potencia que ha sido expulsada de su dimensión de existencia (siendo tan rubio, resulta complicado asignarlo a las divinidades egipcias con las cuales, por mero domicilio, correspondería emparentarlo). Pero si Jacob no puede morir, no se entiende entonces (todavía) la estratagema de su némesis (cuya sustancia y cuya forma debe, por principio, ser la misma).
Abandonados a esos pensamientos nos dejó Lost hacia el final de la quinta temporada, durante la cual nuestra credulidad fue progresivamente bombardeada con tal cantidad de información que mejor sería olvidar, para empezar de nuevo.
Después de todo, si son dioses quienes han entablado una batalla a muerte (¿pero cómo? ¿y por qué?), todo lo demás carece de importancia porque se trata del movimiento de piezas en tableros cósmicos que no necesitan más que un par de mandamientos que salven todo del capricho argumental. La honda reflexión de Ben, "He changed the rules" parece ahora referirse no tanto a su enemigo, Charles Widmore, sino a uno de estos superjugadores de los que, de todos modos, él no podía saber nada (o, sabiéndolo todo, eligió seguir actuando como si nada hubiera sabido).
Saber, no saber. Morir, no morir. Ser, no ser. ¿No era ése el dilema? Si es más noble a la mente sufrir los hondazos y las flechas de una suerte ultrajante o tomar armas contra un mar de contrariedades y, combatiéndolas, acabar con ellas. Morir..., dormir; nada más; y pensar que con un sueño damos fin a la angustia y a los mil conflictos naturales que son la herencia de la carne: es un final para desear con devoción.
Morir, dormir; dormir, tal vez soñar. Sí, el problema es cuáles sueños serán, en ese letargo de la muerte, cuando nos hayamos arrojado al torbellino mortal, los que nos darán alcance. Es ese aspecto el que da tan larga vida al infortunio; pues, ¿quién soportaría los ultrajes y desdenes del tiempo, los agravios del opresor, las afrentas del soberbio, los pinchazos del amor desdeñado, la demora de la ley, las insolencias del poder y los desprecios que el mérito paciente recibe de la injuria, cuando uno mismo podría darse paz con un simple estilete?
¿Quién querría llevar cargas tales, gemir y sudar bajo el peso de una vida agobiante, si no fuera que el miedo al más allá de la muerte, la desconocida región de cuyos confines ningún viajero vuelve, desconcierta la voluntad y nos hace soportar las penas que tenemos en vez de lanzarnos a otras que desconocemos?
Así, la conciencia nos hace a todos cobardes y así el matiz innato de resolución se desmaya en el tinte pálido del pensamiento, y las empresas de gran aliento o importancia, por ese reparo, se descarrilan...

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domingo, julio 05, 2009

 

Homenaje a Michael Jackson


Videos tu.tv

O



Ya que esta versión no se puede cargar.

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sábado, julio 04, 2009

 

Dicen que...

Sale el espectro

por Patricio Lennard para Soy

(...) Lector omnívoro y desprejuiciado (en Fantasmas pueden convivir una pieza sobre el festival de doma y folklore de Jesús María con un análisis sobre el mito de las sirenas que es pura erudición y refinamiento), Link también incluye un diario de rodaje de Ronda nocturna, la película de Edgardo Cozarinsky, un ensayo sobre el clan "maldito" de los Mann, y dos textos sobre Copi (el primero, una fuerte reivindicación de su obra en el marco de una literatura, la argentina, que lo sigue tratando con un desdén injustificable; el segundo, un ensayo sobre Eva Perón, su controvertida obra de teatro, en donde saca a la luz el archivo inédito del eximio dibujante, incluida una autobiografía). Textos que junto al estudio sobre Cachafaz que había publicado en Clases (2005), libro del que Fantasmas se presenta como continuación, son parte de un trabajo que Link viene preparando sobre Copi. Un trabajo que promete poner al autor de El baile de las locas en el lugar que se merece y que, viniendo de un lector tan lúcido e inteligente como Link, nos obliga a esperarlo, impacientes.

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Dioses de la guerra

Por Daniel Link para Perfil

Podemos aceptar por válida la proposición “Hay guerra”, porque la realidad (esa fuente de falsificaciones) no hace sino corroborarla día a día. Y aunque así no fuera, el “hay guerra” podría considerarse un presupuesto dogmático, de esos que fundan una analítica completa.
Es importante sostener ese presupuesto, si es que nos interesa preguntarnos cómo habremos de vivir juntos y qué clase de comunidades somos capaces de imaginar.

La guerra
es una máquina de dividir (y son, por lo tanto, falsas las invocaciones a la unidad que la guerra suele convocar). Allí donde haya, pues, una máquina divisoria (un principio de diferenciación y de clasificación), podría decirse, habrá guerra. Es imposible, naturalmente, pensar la guerra al margen de la historia.
Para nosotros, 1945 es una fecha decisiva. Ese año fueron descubiertos en Nag Hammadi (Egipto) trece códices de papiro forrados en cuero y enterrados en vasijas selladas que constituyen la mayor colección de textos gnósticos.

Para la gnosis, como se sabe, la batalla entre el bien y el mal (dos principios igualmente trascendentales, es decir: divinos) es lo que garantiza el equilibrio de cualquier sistema.
Todo esto se nos vuelve particularmente importante en estos días en que acaba de terminar la quinta temporada de Lost, un pormenorizado tratado sobre la guerra (que, dicho sea de paso, debe mucho a Thomas Pynchon).
En el final, lo hemos visto, la guerra entre el bien y el mal encarna en dos dioses gemelos. Sólo eso nos faltaba: un Clausewitz erótico.
El costado más
trash (es decir: el más verdadero) de nuestra cultura recupera la compleja tradición gnóstica para explicarnos qué es la guerra y cómo habremos de vivir una vez que aceptemos su carácter de movilización total.

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viernes, julio 03, 2009

 

Esa pandemia

Vivimos, desde que tengo uso de memoria, en estado de pandemia. La enfermedad que más se contagia es la taradez. Y la única manera de impedir la proliferación de tarados sería cerrar la televisión local (aire y cable), porque las inmundicias que propalan son indignas incluso para la sociedad vil que hemos sabido construir.
Anoche, un canal de cable de cuarta categoría (creo que su propietario es Daniel Hadad) emitía, por boca de dos seres infames, serviles, ignorantes y, además, feos como si fueran sólo efecto de un resentimiento parental y no de una chispa de placer, un informe sobre "el desborde del sistema sanitario" producto de la extensión de la pandemia de gripe A. Invitado estaba un director de neumonología o cosa similar que trató de contrarrestar la porquería que de las cloacas que esos monstruos de la peor pesadilla de derecha tienen como bocas se desparramaba por el mundo. Fue inútil: ellos argumentaban que así como las diferentes jurisdicciones del sistema educativo cerraron las escuelas (y las universidades), el gobierno nacional debería haber hecho lo mismo con esos centros de la iniquidad que son los centros comerciales. ¡Como si en los shoppings y malls tomaran asistencia! ¡Como si no fueran suficientes las advertencias de evitar las aglomeraciones que se han difundido! ¿Cómo se le explica a un tarado que, además de feo y malintencionado es irreparablemente imbécil? ¿Cómo hacer que se callen los parásitos intestinales de la televisión sino cerrándola?
Un comentarista habitual de este blog, Daniel Rinaldi (conocido sobre todo por la solidez de su formación en política sanitaria) acaba de enunciar idénticas proposiciones en el estercolero de la tarde que revuelve diariamente junto con unos panelistas de morondanga que cobran sueldos por incrustar sus culos en sillones giratorios.
La corte que nos gobierna se encuentra en estado de deliberación permanente producto de sus últimos reveses electorales. Sea. No dejaremos de reprochar a los payasos de la corte la manipulación estadística en la que incurren para contentar a las figuras regias. Pero que tengan que lidiar, además de con la plaga viral, con esta peste infame, esta caterva de buitres merodeando cadáveres es un poco demasiado. Tiene razón Oscar Castagna: paredón en plaza de Mayo. Para fusilar seudoperiodistas. Que sea un homenaje a Noistadt a quien, tal vez, hasta tengamos que extrañar un poco.

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Dicen que...

por Leonardo Vascal para Los asesinos tímidos:

Es admirable la forma en que ciertos círculos culturales operan para dar un lugar de importancia a artistas que no la merecen. No es algo nuevo esto, y ni siquiera se podría decir que está mal hacerlo. Pero no deja de ser llamativo que se ponga tanta atención en la obra de Copi, Osvaldo Lamborghini y César Aira, por nombrar a tres autores fetiches de Link. Es tan desparejo lo que se escribe sobre estos personajes con lo que se aprecia cuando alguien enfrenta su obra, que el lector que cayó en la trampa no puede dejar de sentirse engañado. Lo mismo sucede con ciertas aseveraciones, como por ejemplo la que hace en la página 306: “En Buenos Aires se suele considerar a (Mario) Bellatín como un habitante de la ciudad que se ha ausentado por un tiempo” No creo que nadie más que Daniel Link pueda considerar a Mario Bellatín como un habitante de Buenos Aires. ¿Por qué asevera eso? ¿Qué operación o interés existe detrás de esta intención de implantar una idea?
Fantasmas es, en definitiva, un libro para posicionarse en un lugar determinado en el raquítico mundillo cultural argentino. Y esto no debe tomarse a mal, ya que en definitiva, de eso se trata la crítica.

por Marina Arias para Los asesinos tímidos:

Fantasmas (...), en sus primeras páginas, plantea un objetivo tan ambicioso como atractivo: acercarse a la categoría estética “imaginación”, entendiéndola no como capacidad creadora sino como fuerza que define a la conciencia y es fundamento de la razón. “La imaginación es una fuerza presubjetiva que nos arrastra. No soy yo el que imagino sino que me dejo llevar por una forma de la imaginación de la que participo”, señala Link y se adentra en la especificidad de la literatura que “sólo empieza cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir ‘yo’. (...) Es aquello que comienza cuando ‘yo’ deja de parlotear”. Quizá por eso el autor piensa en torno a textos clásicos como Lolita o Pedro Páramo, se detiene en la biografía familiar de Thomas Mann y en la misma clave analiza algo de la obra de Clarice Lispector y de Copi. Pero además, casi como permitiéndose y permitiéndonos un recreo, echa un vistazo al star system de Hollywood y a algunos productos del cine vernáculo contemporáneo.
Fundamentalmente, los ensayos de Fantasmas develan un elemento que los sobrevuela y los enraiza como una totalidad: la imaginación de la catástrofe. Una fantasmagoría que nos arrastra como sujetos contemporáneos pero que, sostiene Link, puede ser puesta en marcha por la escritura (¿la “buena”, es necesario agregar?) para transformarse en una práctica con sentido de futuro.

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jueves, julio 02, 2009

 

De la naturaleza de las cosas

Unas enfermedades de esta especie,
Causadas por mortíferos vapores,
En los pasados tiempos devastaron
Los campos de los términos Cecropios,
E hicieron los caminos soledades,
Dejaron la ciudad sin pobladores;
Porque naciendo en lo interior de Egipto,
Después de atravesar vastos espacios
De aire y de mar, por último se echaron
Y sobre el pueblo de Pandión cayeron:
Todos los habitantes a millares
Se rendían al morbo y a la muerte:
La enfermedad cogía la cabeza
Con fuego devoraz, y se ponían
Los ojos colorados y encendidos;
Estaba la garganta interiormente
Bañada de un sudor de negra sangre,
Y el canal de la voz se iba cerrando
En fuerza de las úlceras; la lengua,
Intérprete del alma, ensangrentada,
Débil con el dolor, pesada, inmóvil,
Áspera al tacto: cuando descendía
Después aquel humor dañoso al pecho
Desde las fauces, y se recogía
Alrededor del corazón enfermo,
Entonces los apoyos de la vida
A un tiempo vacilaban, y la boca
De adentro un olor fétido exhalaba
Como el de los cadáveres podridos;
Y las fuerzas del alma se perdían,
Y con su languidez tocaba el cuerpo
En los mismos umbrales de la muerte.
Se juntaba a estos males insufribles
Una congoja de inquietud perpetua
Y una queja revuelta con gemidos,
Y sollozar perenne noche y día,
Que sin cesar los nervios irritando,
Envarando los miembros, desatando
Las articulaciones, consumían
A los que sucumbían ya cansados
A la fatiga. Las extremidades
De sus cuerpos no obstante parecían
Estar no muy ardientes, ofreciendo
Tibia impresión al tacto: al mismo tiempo
Estaba colorado todo el cuerpo,
Con úlceras así como inflamadas,
Como si hubiera sido derramado
Fuego de San Antón sobre sus miembros.
Un ardor interior los devoraba
Hasta los mismos huesos, y la llama
En su estómago ardía como hornaza:
La más ligera ropa los ahogaba;
Al aire y frío expuesto de continuo,
Unos a helados ríos se tiraban
A causa de aquel fuego en que se ardían,
En las aguas más frías zabullendo;
Desnudo el cuerpo se arrojaban otros
En hondos pozos; con la boca abierta,
Ansiosos de beber, a ellos venían,
Y su insaciable sed no distinguía
Las aguas abundantes de una gota
Cuando sus cuerpos áridos metían:
Ningún descanso el mal les otorgaba;
Tendido estaba el cuerpo fatigado;
La medicina al lado barbotaba
Con temor silencioso: revolvían
Noches enteras sus ardientes ojos
A un lado y otro sin probar el sueño.
Y muchos otros síntomas mortales
Se notaban también además de éstos:
Alma agitada de temor y pena
Sobrecejo furioso y hosco rostro,
Los oídos inquietos con zumbidos,
Viva respiración, o fuerte y lenta,
Cuello bañado de un sudor brillante,
Poca saliva como azafranada
Y cargada de sal de sus gargantas
Con fuerte tos apenas arrojada.
Se aticiaban los nervios de las manos,
Los miembros tiritaban, y subía
El frío de la muerte poco a poco
Desde los pies al tronco: últimamente,
Al acercarse el tiempo postrimero
Tenían las narices encogidas
Y su punta afilada, ojos hundidos,
Huecas las sienes, la piel fría y ruda,
Los labios abultados, resaltaba
Tirante frente; a poco fallecían:
El sol octavo o nono los veía
Las más veces lanzar su último aliento.
Mas si alguno escapaba de la muerte,
Como a las veces sucedía, en fuerza
De secreciones de úlceras malignas
Y de negros despeños, sin embargo,
La misma podre y muerte le aguardaban,
Aunque más tarde: sangre corrompida
De su nariz corría en abundancia,
Con dolores muy fuertes de cabeza;
Todas las fuerzas, toda la substancia
Del hombre así llegaban a perderse.
Si no salía el mal por las narices,
Y si no ocasionaba esta hemorragia,
Atacaba los nervios, se extendía
El morbo por los miembros, y cogía
Hasta las mismas partes genitales:
Y unos, temiendo la cercana muerte,
Vivían por el hierro mutilados
De su virilidad; privados otros
De manos y de pies, quedaban vivos;
Y perdían, en fin, otros la vista:
Tan poderoso miedo de la muerte
Cogió a estos infelices, y hubo algunos
Que perdieron del todo la memoria
Y aun a sí mismos no se conocían.
Aunque en tierra yacían insepultos
Montones de cadáveres, las aves
Y voraces cuadrúpedos huían
Su hedor intolerable, y no tardaban,
Si los probaban, en perder la vida:
Las aves, sin embargo, no salían
Impunemente por aquellos días,
Ni dejaban las fieras alimañas
Las selvas por la noche; casi todas
Sucumbían al morbo y fenecían:
Principalmente los leales perros
En medio de las calles extendidos
Enfermos daban el postrer aliento,
Que arrancaba el contagio de sus miembros.
Precipitadamente arrebataban
Sin pompa los cadáveres: no había
Allí un seguro y general remedio:
La pócima que había prolongado
La vida a unos, a otros daba muerte.
Pero allí lo más triste y deplorable
Era que algunos de estos infelices
Que se veían presa del contagio
Se despechaban como criminales
Condenados a muerte, se abatían,
Veían siempre a par de sí la muerte,
Y en medio de terrores perecían.
Multiplicaba empero las exequias
Principalmente el ávido contagio,
Que no cesaba ni un instante solo
De irse comunicando de uno en otro;
Porque aquéllos que huían las visitas
De dolientes amigos por codicia
De la vida o por miedo de la muerte,
Víctimas insensibles perecían
Dentro de poco tiempo, abandonados,
Necesitados y menesterosos,
Como lanar ganado y como bueyes:
Mas los que no temían presentarse
Al contagio y fatiga se rendían,
Viendo que el pundonor y tiernas quejas
De amigos moribundos precisaban
Entonces a llenar estos deberes.
Porque el más virtuoso ciudadano
Acababa la vida con tal muerte:
Y después de enterrar la muchedumbre
De sus prendas más caras, se volvían,
Fatigados de llantos y gemidos,
A encamarse, muriendo de tristeza:
Por fin, en estos tiempos de desastre
Muertos o moribundos, o infelices
Que los lloraban, sólo se veían.
Además, ya pastores y vaqueros
Y el fuerte conductor del corvo arado
Enfermaban también, y los buscaba
La contagión dentro de sus cabañas,
Y allí los daban muerte inevitable
La pobreza y el morbo: se velan
A veces los cadáveres tendidos
De los padres encima de los hijos,
Y los hijuelos el postrer aliento
Sobre padres y madres exhalaban.
El contagio en gran parte provenía
De la gente del campo, que a millares
A la ciudad enfermos acudían:
Todos los sitios públicos y casas
Estaban llenos; por lo mismo entonces
Con más facilidad amontonaba
Apiñados cadáveres la muerte.
Muchos de sed morían en las calles;
Y después de haber otros arrastrado
Hacia las fuentes públicas sus cuerpos,
Sin vida allí quedaban extendidos,
Ahogados al sentir la gran dulzura
Que les causaba el agua que bebían:
Y las calles estaban ocupadas
De unos lánguidos cuerpos medio muertos
Hediondos y sucios y andrajosos,
Cuyos miembros podridos se caían:
La piel sola tenían sobre el hueso,
En la que ya las úlceras y podre
Habían producido el mismo efecto
Que hace la sepultura en el cadáver.
La muerte, en fin, llenó de cuerpos muertos
Todos los templos santos de los dioses,
Y estaban de cadáveres sembrados
Todos los edificios de deidades;
Los hicieron posadas de finados
Los sacristanes: importaba poco
La religión ya entonces y los dioses,
Porque el dolor presente era excesivo.
Y se olvidó este pueblo en sus entierros
De aquellas ceremonias tan antiguas
Que en sacros funerales se observaban:
Andaba todo él sobresaltado,
Y en este general abatimiento
Cada cual enterraba a quien podía:
Y la necesidad y la indigencia
Horrorosas violencias inspiraron;
Porque algunos gritando colocaban
A sus parientes en la pira ajena,
Y poniéndola fuego por debajo,
Con mucha sangre a veces pendenciaban
Antes que los cadáveres soltasen.



De la naturaleza de las cosas, Libro VI, vv. 1137-1286 (trad. D. José Marchena). En su Historia de la guerra del Peloponeso, Tucídides describe la peste que tuvo lugar en Atenas en el siglo V. Cuatro siglos después Lucrecio, para cerrar su De rerum natura, y después de tratar sobre las enfermedades contagiosas, concibe una versión del mismo episodio. Agradecemos a la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires el envío de la (seguramente mejorable) traducción.

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miércoles, julio 01, 2009

 

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martes, junio 30, 2009

 

No es lo mismo el otoño en Mendoza...

... que el invierno en Santiago:














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