sábado, 18 de enero de 2020

Temporada de gatas peludas


por Daniel Link para Perfil

Conversábamos con un visitante anual de nuestra ciudad sobre las nuevas tribus urbanas. Él disfraza sus intereses eróticos de “trabajo de campo”, de antropología silvestre.
Le interesaba particularmente encontrar una denominación para esa variedad de hombres enloquecidos por la rutina gimnástica y la ingesta de complementos deportivos de todo tipo que han optado por dejarse la barba y sonreír sin ton ni son desde alguna playa en sus páginas de Instagram.
Para nosotros esos son “osos”, le decimos y él protesta, porque por lo general se asocia esa categoría con hombres cuyo índice de masa corporal supera holgadamente los 30 puntos. Tratamos de que entendiera que eso es un error conceptual, porque el IMC no distingue entre grasa corporal y muscular y porque, además, la categoría “oso” es tanto morfológica como actitudinal.
Aclaró que se refería a personas de clase media alta, por lo general blancas y que frecuentan primariamente reuniones específicas y privativas para esas especies. Como quien dijera: un grupo cerrado de personas más o menos idénticas.
Nadie quiso dar un nombre propio pero era evidente que todos teníamos en la cabeza a la misma persona, una musculoca excesiva y con fantasías rayanas en el delirio sobre su propia presencia.
Repasamos las tribus: él no quería identificar a ese grupo sin nombre con los osos. No podíamos pensarlos como nutrias (flacos velludos, no necesariamente con barba) por una cuestión morfológica. Tampoco como chacales, porque éstos son de piel morena y costumbres y hablar más bien barriobajeros. Por otro lado, suelen ser más bien lampiños (la cosa india) y cultivan los tatuajes y el entrenamiento callejero.
De las otras clases, ni hablar (lo “leather”, que cualquiera puede cultivar como un adorno, exige sin embargo un compromiso con el goce que no creíamos que ninguna de estas personas fueran capaces de sostener en el tiempo).
La clave vino, una vez más, del lado de la economía. Porque aunque no pudiéramos encontrar el nombre, sabíamos que tampoco podía identificarse a esta clase con el sugar daddy, el hombre mayor que colma de regalos a su pareja más joven.
Por el contrario, la musculoca objeto de nuestra indagación se pone siempre en el lugar del regalado, nunca del regalador.
Impaciente, mi marido dio con el nombre exacto de la nueva especie: “gata peluda, así se llaman”, dijo. “Siempre encuentran a alguien que les amortice su 30 %”.

sábado, 11 de enero de 2020

El malestar

Por Daniel Link para Perfil


Y me llegó el día y me convertí en un viejo mendigo. Viajo a Chicago, en encomienda laboral. La Universidad de Northwestern se hace cargo de mis gastos. Me dicen que van a reintegrarme todos los dólares, incluido el taxi de aeropuerto y los desayunos (no incluidos en la reserva de hotel que tan gentilmente realizaron en mi nombre). De pronto me doy cuenta de que al pagar las comidas, el transporte, sabe Dios qué imprevisto farmaceutico, todo me saldrá un 30 % más caro, que la Universidad no va a reconocer porque ellos son tan inocentes como yo de la laberíntica política cambiaria que rige en Argentina.
Podría rendir algún gasto a través de mi cuenta de investigación, pero no creo que ese 30 % pueda pasar los rigurosos controles y las auditorías de las universidades criollas.
No tengo ropa para el frío extremo de los lagos de Illinois. Una colega que trabaja allí me promete que va a poner a disposición mía una campera de su padre.
Me dirán que no debo quejarme en un país donde mucha gente pasa hambre, y aclaro que no lo estoy haciendo. Sencillamente informo las condiciones en que se desarrollará nuestro trabajo en el futuro inmediato: habrá que mendigar para obtener lo que nadie puede aquí, en “tierra arrasada”, garantizarnos.
Mientras escribo esto, mi madre me interrumpe para interrogarme severamente por su jubilación: ¿por qué cobrará en enero menos que el mes pasado? Por el aguinaldo, le digo. Y le digo más: vas a cobrar cada vez menos, porque para vos no hay bono porque no cobrás la mínima. 


sábado, 4 de enero de 2020

Solidaridad, un proyecto inconcluso

Por Daniel Link para Perfil

No participo de las redes, ese laberinto de iniquidades, pero cuyos ecos amortiguados me llegan cada tanto a través de los comentarios de mi marido.
Así me entero, desde la playa brasileña donde elegimos despedir la segunda década del tercer milenio, de que muchos de nuestros amigos, volcados nuevamente al oficialismo, consideran solidario veranear en Argentina, no cruzar la frontera, ahogarse de viento en los mares de las pampas.
Como no he podido comprobar el rigor argumentativo del que esa conclusión se derivaría, me limito a subrayar su carácter falaz porque el impuesto PAIS, para cumplir con eficacia con su noble propósito, presupone el gasto o el ahorro en dólares, en este caso: veranear fuera de Argentina.
Confieso que el asunto me tiene un poco confundido porque la mayoría de mis viajes suelen ser laborales, salvo estas escapadas de fin de año, cuyo mayor mérito es librarme de la tarea de drogar a los perros para que no enloquezcan por la pirotecnia y de la planificación de una diversión forzada que, por lo general, me produce más malhumor que otra cosa.
Los pasajes los habíamos comprado con millas mucho antes de las elecciones. Habíamos pagado el alquiler del auto en ese mismo momento y sólo nos quedaba liquidar la reserva del departamento que nos habíamos gustado, cosa que pudimos hacer antes de la entrada en vigor de la ley solidaria.
Como no me siento culpable de poder desarrollar una magra capacidad de ahorro y mi esposo tiene la suerte de vender su talento allende las fronteras, decidimos viajar con dólares contantes y sonantes para evitar todo gasto imponible a través de la tarjeta de crédito.
Claro que no contaba con la astucia de las locadoras de automóviles que, una vez frente al mostrador, nos amenazaron con mil percances posibles para obligarnos a contratar seguros exorbitantes, sobre todo después de agregarle el 30 %. Como fuere, pensamos en todes quienes se beneficiarían de nuestra responsabilidad civil. Como habíamos alquilado un pisito en una locación remota, el auto se nos hacía imprescindible para ir a la casa de cambio a comprar moneda local.
El año viejo ya casi desaparecía como una bola de fuego que se traga el horizonte y habíamos establecido una rutina de almuerzos frugales y cenas baratas, pagadas en riguroso efectivo, sobre todo porque el marzo nuevo nos encontraría con el añadido entuerto de la jubilación desindexada de mi madre.
En algún momento pensé qué raro es que nuestros viajecitos de morondanga desequilibren las cuentas del Estado, pero como ese pensamiento me llevaba a la convicción tenebrosa de que Argentina no tiene solución o a la presunción cabalística de la dolarización, preferí abstenerme de ahondar en el asunto, para comenzar la segunda década del tercer milenio con alguna esperanza.
Pienso, de todos modos, que el impuesto PAÍS sabe más a revancha que a cualquier otra cosa porque los que más tienen no lo van a pagar (tienen cuentas en el exterior, tarjetas corporativas, agentes de bolsa) y es una manera de castigar a quienes votaron en contrario, ¡oh Chetoslovaquia, desmembramiento del Imperio austrohúngaro, con su Sissi peronista!
Pero las deudas hay que pagarlas, no importa quien las haya contraído y no son los pobres, los pauperizados y desalfabetizados, quienes están en mejores condiciones para hacer frente a ese desafío, y bien mirado: a ningún otro. Casi veinte años han pasado desde el comienzo del tercer milenio y no ha sido posible, con gobiernos de distinto signo, y con estrategias de cualquier estilo, disminuir las tasas de pobreza.
Yo no creo que sea nuestra culpa (me refiero a los profesores universitarios, a los escritores, a los fotógrafos y pequeños ahorristas), pero a lo mejor me equivoco.
En todo caso, espero que se comprenda que mi resistencia al 30 % adicional por mis suscripciones a sitios bibliográficos que no están certificados como académicos porque contienen cualquier cosa, no es por falta de solidaridad. Me pregunto, ahora, ¿cómo haré para justificar ese 30 % en las rendiciones anuales de los subsidios para investigación que recibo?
Levanto mi copa por una década más justa.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Cuento de navidad


Por Daniel Link para Perfil

Vimos El ascenso de Skywalker con la melancolía de las cosas cumplidas. Desde siempre, era una cita obligada con mis hijos, creo que a partir de El regreso del Jedi (antes ellos no existían). “Es la última película que vemos juntos”, dije. Sobre todo porque yo ya no voy al cine sino muy excepcionalmente y porque dudo que alguna otra película alcance a concitar nuestra unánime atención, que ni el amor más tenaz (el de mi yerno por mi hija) consiguió resquebrajar. De hecho, él se sumó a esta última aventura, e incluso posó para la foto de rigor con una remera de Starwars que le llevamos especialmente.
Disfrutamos de esta última entrega, sobre todo por la inteligencia con la que J.J. Abrams resolvió los ofensivos desatinos perpetrados por Rian Johnson en El último Jedi.
Desde el comienzo, la película nos arrebató en su vértigo narrativo y su intensidad emocional. Como todos, queríamos saber quién cuernos era Rey y cómo encajaba en la familia trágica de los Skywalker. La solución urdida por J.J.Abrams podrá resultar un poco forzada, pero era la única posible.
Quedamos conformes con la doble filiación (la biológica y la autopercibida) y con las pequeñas arbitrariedades que los guionistas y el director se permitieron (los caballos espaciales, esas cosas).
Estaba cifrado, en ese final, gran parte de nuestras vidas (en el caso de mis hijos: su vida entera) de modo que temblábamos de ansiedad en nuestras butacas. Una amiga, que estaba en otro cine a la misma hora que nosotros, nos dijo que lloró una hora de continuo.
Ahora nos toca decidir qué haremos con el grupo de whatsapp del que participamos desde hace años, donde hay incluso dos benjaminianos recalcitrantes que no quisieron sumarse al culto.
Mi hija propuso echarlos del grupo. Yo no sé si vale la pena continuarlo. The Mandalorian es una serie extraordinaria, pero su épica es menor.
Juana, mi nieta, heredará un imperio de recuerdos.


lunes, 23 de diciembre de 2019

Mutante




sábado, 21 de diciembre de 2019

La era de Macedonio

Por Daniel Link para Perfil

Estalló el verano y el macedoniofernandismo floreció en una explosión tan vívida que no dejaba ver bien a la distancia. Los diarios insistían en señalar que lo que el Sr. Fernández pretendía unir, la Sra. Fernández lo dividía. O viceversa, en un fragor espiralado que anulaba causas y efectos: lo que Fernández separaba lo juntaba Fernández.
Para peor, durante la semana que ya termina 5.000 líneas de colectivos se declararon en huelga y dos “facciones” (cito por la prensa burguesa) se enfrentaron en la sede de la UTA, cuyo secretario general, el Sr. Roberto Fernández, no aprobó la medida de fuerza impulsada por el delegado opositor Walter Fernández. Mientras el enfrentamiento crecía y se multiplicaban los heridos, el Sr. Fernández (¡pero cuál!) se refugió en los techos y dijo: “Es mi vida o la de ellos”.
Pero no: es la vida de todos y cualquiera. Eso es el macedoniofernandismo: el continuo viviente.
Macedonio Fernández (1874-1962) escribió hacia 1927, junto con algunos amigos, los capítulos de una novela que nunca fue terminada, El hombre que será presidente, con dos intrigas contrapuestas: las curiosas gestiones de Macedonio para ser presidente de la República, por un lado; por el otro, la conspiración urdida por una secta de millonarios neurasténicos y tal vez locos, para lograr el mismo fin.
Como se sabe, el macedonismo alcanzó a Borges, a Piglia, a Horacio González, quien se refirió a ese proyecto como una “fábula anarquista-economicista-biologista”.
El macedoniofernandismo llegó más lejos: alcanzó a Cinthia Fernández, que decidió (sigo citando a la prensa burguesa) un profundo cambio que incluyó corte y tintura, alcanzó a la periodista Mariela Fernández ("¡Ahí voy de nuevo!"), alcanzó a la Fernández Fierro, que lanzó una nueva versión de un viejo tema: “¿Dónde hay un mango, che Fernández?” y me alcanzó a mi, que empecé a pensar al autor del Martín Fierro como José Fernández.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Elogio de la historia

Elogio de la historia

Por Daniel Link para Perfil

¿Lloverá o no lloverá? Imposible saberlo. Hasta que eso suceda, la “lluvia” es del orden de lo posible, aún cuando se diga: “es necesario que llueva”. Lo posible se abre a lo imaginario: imagino un sinfín de posibilidades (todas ellas tienen como punto de partida mi propia capacidad de imaginar). ¿Recuperará mi salario su poder adquisitivo (noviembre fue el mes más cruel)? ¿Me alcanzarán los ahorros que tengo para las magras vacaciones planeadas?
Por definición, con el nuevo gobierno se abre ante nosotros un abanico de posibilidades que los fanáticos de siempre quieren cerrar porque no pueden imaginar que suceda algo diferente de lo que indican sus propias convicciones (que son casi siempre artículos de fe). La forma “manantial” (lo que surge, en el lugar y en el momento en el que surgen) tiene ese encanto: todo puede suceder y nos abrimos a la aventura de lo imaginable.
Lo que no puede sino suceder, lo im-posible, es lo necesario: lo que sucederá, no importa lo que yo piense. Cada vez que arrojo un objeto al aire (pelota, piano, pantalón), éste cae al suelo. La necesidad del cumplimiento de la ley de gravedad es el fundamento de las ciencias físicas (al menos, las que se corresponden con este plano dimensional).
La historia es, también, necesaria: lo que pasó, pasó y hemos llegado a donde estamos porque pasó lo que pasó. Los procesos históricos son im-posibles porque no se pueden ni olvidar ni falsificar. Hemos llegado a este punto (a este abanico de posibilidades) porque el Sr. Macri gobernó como gobernó. Y Macri llegó a gobernar porque la Sra. Fernández había gobernado como había gobernado. Y así sucesivamente hacia atrás, hasta el asesinato de Dorrego por Lavalle, quien fue el primero que dijo “La historia me juzgará”.
No tiene sentido quejarse por el pasado, que necesariamente ha sucedido y que no es un mero posible librado a la imaginación o el deseo. Lo que hay que hacer es analizarlo para ver cómo y por qué llegamos a donde llegamos: cómo y por qué, por ejemplo, llegó el Sr. Macri a gobernar, evitando en la medida de lo posible las teorías conspirativas, muy adecuadas para la falsificación de lo que fue.
Cada momento manantial es como una página en blanco, pero la página en blanco no está vacía, sino plagada de cosas ya dichas y en relación con las cuales se podría diseñar un posible sólo si se leen bien las huellas previas.
La semana que viene estaremos ya en territorio de necesidad porque, si el nuevo gobierno propone una medida, habrá una reacción, un resultado, una consecuencia, un proceso que se desarrollará indefectiblemente.
No sabremos nunca si pudo o no evitarse, pero lo cierto es que es necesario que el peronismo metiera la pata tantas veces para haber llegado a este momento que, todos deseamos, tal vez sea el de su última radiante mutación.


sábado, 7 de diciembre de 2019

Juego de tronos

por Daniel Link para Perfil

Estábamos en interregno. El monarca saliente promulgaba ridículas ordenanzas regias, se dedicaba a triquiñuelas baratas con su bufones y sus ministros y jugaba al golf para no pensar en las miserias que dejaba.
La corte entrante estaba formada por una alianza coyuntural entre el orden feudal y el orden despótico, pero confiábamos en la diplomacia del monarca futuro para limitar la capacidad de movimientos de la madre de los dragones e, incluso, para evitar su muerte a mano de los caudillos del norte.
Como vivíamos un tiempo de nadie, nos enredábamos en discusiones sobre lo que pasaba en otros reinos. El mismo orden que aquí se deshacía como un castillo de arena era acribillado a pedradas, palazos y falsas balas de goma detrás de las montañas. Tardaron casi treinta años, los de aquel lado, en rebelarse y revelar al mundo que no estaban dispuestos a acatar el yugo constitucional creado por un asesino usurpador del trono que todavía muchos años después de su muerte seguía teniendo simpatizantes, incluso en las mesas a las que ocasionalmente nos invitaban. Un día, una nimiedad casi inconsecuente encendió la mecha de la revuelta y la capital de ese reino de pesadilla ardió sin que hiciera falta la intervención de dragonantes.
Más al norte, en los reinos ecuatorianos y los ducados caribeños, la situación era la misma: sublevaciones, huelgas generales, reuniones en la plaza pública. El rey moreno quiso agregar nafta al fuego y se topó con la llamarada de furia de sus súbditos.
Lo peor sucedió en los reinos lacustres, cuando el monarca cocalero quiso extender su señorío más allá de lo que las normas se lo permitían. Hubo descontento entre sus súbditos, que los rancios sectores independentistas de la Media Luna, cuyo fascismo confesional había sido puesto a prueba durante los quince años previos, aprovecharon para desatar un proceso destituyente que obligó al rey a abdicar (su cabeza estaba amenazada). Para nuestra alarma, la progresía local y global casi quema en la plaza pública a la bruja mayor de todos los reinos por haber osado señalar en nombre de las mujeres, la selva y los indígenas, algunos errores y defectos del depuesto.
Si en ese momento nos asustó la pérdida de la dimensión crítica e histórica, algunos días después nos dominó el terror: en la capital del mundo, el rey tramposo se puso en pie de guerra contra los reinos mercosureños porque devaluábamos adrede nuestra moneda.


domingo, 1 de diciembre de 2019

¡Qué no inventan estos gringos!





Siglo XX: Grandes Éxitos (1)


 por Daniel Link para Perfil Cultura

Entre los muchos progresos que el siglo XXI ha realizado respecto de su precedente, no se cuenta el de haber podido construir clásicos literarios de la misma envergadura que los del siglo XX, por su potencia estética, su osadía de pensamiento o su radicalidad política. Los “Grandes Éxitos” del siglo XX son la antología de la literatura que sigue sonando para nosotros.

Memorias de un enfermo nervioso de Daniel Paul Schreber

Aquella mañana, Daniel Paul Schreber se demoró en uno de esos estados de duermevela que Marcel Proust habría de novelizar pocos años después. De pronto se sobresaltó ante un pensamiento inesperado. Pensó (naturalmente, en alemán): “Sería realmente lindo ser una mujer sometida al coito”. Y se volvió loco.
Daniel Paul Schreber había nacido en 1842 en el seno de una familia burguesa protestante. Su padre fue un célebre médico y educador socialdemócrata que introdujo en Alemania la gimnasia médica y promovió la venta de pequeñas parcelas de terrenos para que los obreros usaran como huertos y jardines (Schrebergarden). El hermano mayor de Daniel se había suicidado, su hermana menor murió enferma mental. A los 42 años, Daniel, ya un reconocido juez y jurisconsulto, es internado por primera vez, bajo un cuadro grave de hipocondría. Dado de alta, vuelve a vivir con su esposa (con quien no ha podido tener hijos) y a seguir cosechando éxitos profesionales.
En 1893, poco después de su ocurrencia matutina que rechaza con la mayor indignación, lo nombran presidente del Tribunal de Apelaciones de Sajonia, cargo que puede desempeñar por muy pocos meses antes de ser dominado por sensaciones de reblandecimiento cerebral, ideas de persecución, alucinaciones visuales y auditivas, anonadamiento y estupor. Vuelven a internarlo en el asilo Sonnenstein, donde escribirá, durante 1900, sus Memorias de un enfermo nervioso, con el solo objeto de que le reviertan la incapacidad jurídica en la que se encontraba y le den el alta. Lo consigue en 1902. Al año siguiente, las Memorias se publican bastante expurgadas.
Poco después tiene una nueva recaída, ya definitiva. Muere en 1911, mientras otro autor, que había publicado en 1900 (o en noviembre de 1899) La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung) se interesó por las Memorias y, sin saber nada sobre el destino de Daniel Paul Schreber, se dedicó a analizar su libro con las típicas interpretaciones abusivas características de Sigmund Freud. El análisis propuesto en "Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente (1911 [1910])" tuvo una extraordinaria carrera y permitió definir la paranoia clínicamente y, también, culturalmente: el mal del siglo XX.
Tan así fue que Jacques Lacan, cuando escribió su tesis doctoral, eligió la paranoia como tema y cuando tuvo que prologar la traducción francesa de las Memorias, destacó el carácter monumental del libro, al que relacionó con las investigaciones estéticas de Salvador Dalí. El seminario Las psicosis de Lacan retoma el análisis freudiano de las Memorias para señalar sus aciertos y censurar sus defectos (“¿cómo puede ser que algo que da tanta razón a Freud sólo sea abordado por él bajo ciertos modos que dejan mucho que desear?”).
Desde otro marco de lectura, Elías Canetti subraya que en las Memorias "La paranoia es, en el sentido literal de la palabra, una enfermedad del poder".
¿Qué escribe Schreber en su libro extraordinario para llamar la atención de lectores tan ilustres y para que siga siendo materia de examen más de un siglo después de su publicación original?
Por un lado, cuenta su cuerpo amenazado por la fuerza de Dios: le han extirpado los intestinos, tiene el esófago hecho trizas y las costillas quebradas, le han reemplazado el estómago por el de un judío, le arrancaron los nervios de la cabeza y unos homúnculos le comprimen el cráneo haciendo girar una llave. Todo es inútil porque Dios, al querer destruirlo, va en contra del orden del Cosmos, más poderoso que Dios mismo.
Pero Dios insiste: mediante los rayos que lo constituyen modifica los órganos internos de Schreber para transformarlo en mujer (“Miss Schreber”, lo llama). Hay un complot del que participan los médicos que lo atienden, para asesinar su alma y para entregar su cuerpo de mujer a la prostitución.
Al final, Schreber se da cuenta del objetivo de Dios y de la escala universal de la que forma parte: lo que Dios quiere es cogerse bien cogido a Schreber para generar con él (como pareja divina) una nueva humanidad, superadora de la anterior, ya decadente.
Por el bien de la humanidad, Schreber decide aceptar su rol: “Es pues mi deber ofrecer a los rayos divinos la voluptuosidad y el goce que esos rayos buscan en mi cuerpo”.
Lo único que Freud puede leer en el asunto es que el delirio paranoico de Schreber le sirve para reprimir su deseo homosexual. Para Elías Canetti, “apenas es posible imaginar un error más craso". Para él, el delirio del autor de las Memorias es, en realidad, el modelo exacto del poder político, “que se alimenta de la masa y está compuesto por ella". Schreber, para Canetti, hace masa en una dirección que “el pueblo alemán” seguirá con algarabía durante los años posteriores a la Gran Guerra.
Por otro lado, la deliciosa fantasía de Daniel Paul Schreber no es homosexual, en absoluto. Es transexual y megalómana (si me van a coger para que yo pueda parir al hombre nuevo, el que me coge tiene que ser Dios, el mejor garche).
Las Memorias de un enfermo nervioso son un clásico que todavía nos alcanza, porque inauguran un siglo que, por un lado, hará de las ficciones paranoicas y las conspiraciones la clave de la interpretación política y, por el otro, que hará de la “paranoia controlada” un método de cura (el psicoanálisis) y de la transexualidad una bandera política.
Los argentinos tuvimos la suerte de que Ramón Alcalde tradujera las Memorias y las sometiera a un riguroso trabajo filológico. Perfil publicó ese libro en 1999

 

sábado, 30 de noviembre de 2019

En obra

En obra

Por Daniel Link para Perfil

Vivimos en el mejor de los mundos posibles: el Sr. Macri ya no gobierna y el Sr. Fernández (en quien depositamos todas nuestras expectativas) todavía no se ha equivocado. Además ya es casi verano y podemos dedicarnos a los preparativos navideños (que son siempre más satisfactorios que la reunión, siempre opacada por rencores, cansancio y malos entendidos).
La semana pasada nos dedicamos a diagnosticar las luminarias del jardín de la casa de campo donde vamos a juntarnos. Hay que cambiar un par de “arturitos” (llamamos así a unos faroles bajos que se parecen bastante al famoso robot de La guerra de las galaxias), así que llamamos a un electricista. Nos fuimos a comprar los materiales que, como nos habían advertido nuestros amigos, están baratísimos. Es la mejor época para encarar refacciones.
Mientras avanza ese arreglo que escapa a nuestras competencias, nos dedicamos a armar un galponcito en un armarito que estaba en desuso para poder acumular ahí todas las herramientas que, justo es decirlo, tampoco usaremos demasiado.
El fin de semana que viene atacaremos las latas almacenadas en la pinturería, para ver qué sirve (tenemos que pintar un cuarto, un pasillo, y algunas paredes exteriores) y qué se puede tirar. Pero antes hay que sellar unas grietas ominosas. Para que no vuelvan, aplicaremos unas llaves de acero que sirvan de juntura.
Con suerte, el 10 de diciembre nos encontrará con la casa tan renovada como nuestras esperanzas: ¿nos llegarán el asfalto, el gas, el agua corriente?



jueves, 28 de noviembre de 2019

Preguntan si...

Enriqueta Muñiz, la otra investigadora y cronista fundamental detrás de Operación Masacre

Periodista, traductora y editora, Enriqueta Muñiz fue la compañera de Rodolfo Walsh en la investigación que derivó en "Operación masacre", obra que marcó un quiebre en la tradición literaria y en la historia argentina y, durante ese proceso, llevó un diario que su familia decidió publicar a más de 60 años del trabajo realizado para narrar los fusilamientos de José León Suárez.


por Emilia Racciatti para Telam

Con el título "Historia de una investigación. Operación masacre de Rodolfo Walsh: una revolución de periodismo (y amor)", el libro reproduce los manuscritos originales que Muñiz (Madrid, 1934-Buenos Aires, 2013) escribió en cuadernos de hojas cuadriculadas entre 1956 y 1957 mientras visitaban a los testigos, familiares de los sobrevivientes y recorrían las localidades de Florida, José León Suárez, Boulogne o Villa Ballester para reconstruir los hechos ocurridos la noche del 9 al 10 de junio de 1956.
El periodista Diego Igal conoció a Muñiz en 1993 cuando era estudiante y ella fue a dar una charla a Taller Escuela Agencia (TEA) en la materia Periodismo de investigación.
Más tarde quiso entrevistarla, le escribió un correo electrónico, fue hasta su departamento pero no logró encontrarla; en 2014 volvió a intentarlo y al llamar a la Academia Nacional de Periodismo, que ella había integrado, supo que había muerto.
Así empezó el vínculo con el hermano de Enriqueta y descubrió la existencia de esos cuadernos en los que están los diálogos, las descripciones y precisiones de días y horarios de esa investigación que su familia aceptó publicar.
"Las anotaciones de Walsh, la correspondencia, es todo un tesoro. Creo que es un rompecabezas al que sin duda le faltan muchas partes y cuya imagen completa no tenemos ni tendremos nunca", reflexiona Igal, en diálogo con Télam, sobre el libro publicado por Planeta en el que colaboró con la escritura de la introducción.
Sobre los textos en letra cursiva, perfectamente legible de Enriqueta, hay observaciones de Walsh que dan cuenta de la pasión, la ironía y el clima de esa investigación que para Igal es de "una intensidad que aún para cualquiera que esté afuera de ella resulta fuertísima. Los detalles, la intimidad, la relevancia y otros aspectos se insinúan o se pueden elucubrar a partir de estos documentos, pero la dimensión que tuvo quedó en ellos".
El escritor y ensayista Daniel Link, quien estudió y editó la obra periodística de Walsh, sostiene que en estos diarios "lo que se puede ver es el proceso de producción de un libro: la cantidad de personas involucradas, las idas y vueltas, los cambios de rumbo. O sea: permite devolverle a una obra (en este caso, ´Operación masacre´) una movilidad que la fijación en el canon tiende a neutralizar. El archivo permite mirar mejor lo que está vivo".
"El trabajo de Enriqueta con Walsh fue decisivo. Un poco por eso, Walsh le dedica el libro y dice, en los papeles que se publican ahora, que antes quema el libro que no dedicárselo. Eso es porque ningún libro y ninguna investigación son el producto de un ´genio´ individual, sino la feliz coincidencia de múltiples talentos", dice Link a Télam.
Después de la publicación de Operación Masacre, los caminos de Walsh y Muñiz se diferenciaron y ella realizó un recorrido profesional más cercano al periodismo cultural. Por ejemplo, trabajó en el equipo de comunicación del Festival Internacional de Mar del Plata donde conoció a Horacio Verbitsky, quien reconoce en esta publicación que le enseñó "cosas elementales del oficio".
Para Link, encargado del prólogo, "a diferencia de Walsh, Enriqueta permaneció ´no peronista´. Un poco por eso, no le gustaba pensar ese punto de inflexión que llevó a Walsh a lugares políticos que ella no compartía. Pero, al mismo tiempo, es evidente que este diario estaba destinado a ser publicado. Está escrito de corrido, limpiamente, como quien prepara un original a partir de anotaciones previas. Eso implica, claramente, un deseo de publicación. Haber guardado esos cuadernos, y todos los demás materiales, significa lo mismo".
En las casi 300 páginas que permiten al lector asomarse a una metodología de investigación, se pueden encontrar no solamente las notas de Muñiz sino también las cartas y poemas que le había escrito Walsh, los detalles de los caminos recorridos para publicar la obra y los posibles títulos con los que ensayaban: "Los fusilamientos de Suárez", "El Caso Livraga" o "Fusilados al amanecer". 







viernes, 22 de noviembre de 2019

¿Éramos tan jóvenes?




sábado, 16 de noviembre de 2019

Otra renuncia inducida

Por Daniel Link para Perfil

Evo Morales renunció. Debió haberlo hace mucho tiempo, cuando las condiciones lo favorecían, pero lo hizo ahora, por “sugerencia” de las Fuerzas Armadas y después de una auditoría vinculante que también le fue desfavorable.
Evo Morales renunció y sumió a todo el continente en un debate de profundas consecuencias: fraude o golpe.
Nosotres, que tenemos nuestra historia con renuncias forzadas, sabemos que más que la década del setenta, con las recurrentes celebraciones del Departamento de Estado norteamericano ante cada interrupción del orden democrático, el tiempo que vuelve es uno mucho más grave, el de la Década Infame.
El 6 de septiembre de 1930, un grupo cívico-militar encabezado por el general José Felix Uriburu y Agustín Pedro Justo (en posiciones inferiores también participaron el teniente coronel Álvaro Alsogaray y Juan Domingo Perón) derrocó a un Hipólito Yrigoyen enfermo de gripe y, desde hacía tiempo, víctima de una campaña destituyente impulsada por la Liga Patriótica y el diario Crítica. Después de la Constitución de 1853, fue el primero de varios intentos golpistas en conseguir su miserable objetivo.
Entonces, como ahora, se achacaba al presidente Yrigoyen la manipulación de los mecanismos constitucionales (en su caso, para obtener las mayorías parlamentarias de las que carecía). Acorralado, Hipólito Yrigoyen aceptó la “sugerencia” de las Fuerzas Armadas y escribió un texto que los analistas del discurso aprendimos a leer de la mano de Elvira Arnoux: “Ante los sucesos ocurridos, presento en absoluto la renuncia al cargo de presidente de la Nación Argentina”.
La cláusula “en absoluto” refuerzo una negación (equivale a “de ningún modo”) y no a una afirmación, con lo que el texto de Yrigoyen lleva implícito el forzamiento golpista del que surgió.
Evo Morales también fue forzado a renunciar. Después de la amputación viene la gangrena, pero por ahora sangramos por la herida.



jueves, 14 de noviembre de 2019

Sé de buena fuenta que Rey es la hija de....


Pero ya todo empieza mal. Mi hijo me mandó al 22, fila 6, todo por no sacar el 20, fila 5. ¿Puede ser?


sábado, 9 de noviembre de 2019

Errores y excesos

por Daniel Link para Perfil

El General Director de Carabineros de Chile, Mario Rozas, admitió que si la fuerza de choque que preside comete “errores”, éstos se encuentran “en un rango bastante aceptable”, teniendo en cuenta los 14 millones de procedimientos al año y, sobre todo, la brutal represión a las protestas que se han dado en los últimas tres semanas en las principales ciudades chilenas.
Al menos 20 muertos, más de 10.000 detenciones (que incluyen 500 adolescentes), 1500 heridos, sumados a denuncias de torturas y violencia sexual parecen extender el rango de lo aceptable mucho más allá de lo previsible.
Los videos en los que se ve a personas arrojadas desde furgones de carabineros a toda velocidad, de golpizas inmisericordes, el arresto de personas en vehículos particulares, en fin, formas de brutalidad que despertaron la alarma incluso de los organismos internacionales de derechos humanos han tenido una sola respuesta oficial: la convocatoria por parte del Presidente de Chile al Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) para garantizar el orden público.
Mientras tanto, las Municipalidades han propuesto una consulta popular para diciembre, con vistas a modificar la Constitución chilena, que no garantiza el acceso equitativo a la salud, ni a la educación, ni... al agua, cuya explotación está en manos privadas desde la sanción del Código de Aguas en 1981, y que no pudo ser modificado por ninguno de los once proyectos legislativos presentados en los últimos años, bloqueados por los lobistas de las mineras y los consorcios agropecuarios.
En lugares como Antofagasta, el 70% de los derechos del agua pertenecen (a perpetuidad) a la gran minería transnacional, lo que hace que quienes habitan en las cuencas hídricas de Chile no tengan control del uso ni mucho menos derechos de agua. No es un “exceso aceptable”. Perpetuidad significa: hasta que el agua se acabe.
Chile arde. No hay cómo apagar el fuego. Que se vayan todes.


sábado, 2 de noviembre de 2019

Cambio de vida

por Daniel Link para Perfil

En mi familia ahora adoptamos números para designarnos: está el sector 48: mi mamá (lista completa del Frente de Todos), el sector 24 (mi marido y mi hijo: boleta presidencial para Alberto Fernández) y el sector 40 (mi hija, mi yerno y yo), que no votamos para ningún cargo a ninguna de las dos primeras listas.
Más allá de eso hay algarabía generalizada porque esto no daba para más y el lunes amanecimos con un sentido de normalidad que hacía meses que no disfrutábamos.
Como, de todos modos, no hay que ilusionarse demasiado porque el campo arrasado tardará en volver a dar sus frutos, parte del sector 40 se ha empeñado en obtener una ciudadanía europea por la que yo nunca tuve particular inclinación.
Me pusieron a revolver papeles viejos para localizar certificados de nacimiento, de defunción, de casamiento, fechas de ingreso a la Argentina, datos duros.
Tenemos linaje perfecto pero andamos un poco flojitos de papeles, así que algún gestor tendrá que encargarse de localizar lo que falta, no tanto para mí, que soy ciudadano honorario del mundo, sino para aquellos integrantes del sector 40 que no tienen ya más paciencia para regímenes experimentales como los que estuvimos condenados a padecer desde hace más de veinte años y por veinte más, casi con certeza.
Yo confieso que la rotatividad de las sedes de gobierno que se han propuesto tanto a nivel nacional como provincial (aprovechando la red de aeropuertos que el saliente gobierno dejó armada) me entusiasma bastante: es como no saber cuándo cantará el gallo ni dónde lo hará.
Volviendo a la desconfianza del sector 40, aparecieron las fotos de 1912 de la empresa de mi bisabuelo, Heinrich Link: una empresa familiar en un pueblo bávaro de la cual mi hijos no sabían nada. El letrero lo dice claramente: “Fabrik” y debajo: “Limonaden Heinrich Link”. Mis hijos preguntaron: “¿De qué era la fábrica?” Un poco de imaginación, que así no van a aceptarlos. ¿Qué otra cosa puede querer decir Limonade sino limonada? En plural, designa más genéricamente a cualquier refresco. De modo que mis antepasados fueron unos visionarios que habrían inventado la Coca-Cola, si hubieran estado en un país menos tendiente a los desórdenes bélicos, como era Alemania por entonces.
De 1971 es un documento que, creo entender, es una declaratoria de herederos. A mi papá y a su hermana les tocó en ese momento un doceavo de aquella empresa malograda, pero que había subsistido a los tumultos de la Bestia.
Yo no sé si el sector 40 de mi familia alcanzará a obtener la ciudadanía europea, pero estas historias les encantan porque trabajan para la megacorporación Disney y de Mickey a Coca-Cola hay apenas un paso.
Yo, por mi parte, tenía proyectado un cambio de vida, pero la macrisis arrasó con ese sueño inmobiliario. Tendré que esperar dos años y ver qué onda.

martes, 29 de octubre de 2019

sábado, 26 de octubre de 2019

Cosas de brujas

Por Daniel Link para Perfil



Los tiempos de la veda política se me vinieron encima así que mi análisis del segundo debate presidencial (que fue muy diferente del primero) pasó a mejor vida.

Hablando de mejor vida, estoy modificando mis hábitos alimenticios, un poco por propia convicción y otro poco por recomendación médica.

Hablé del asunto con la eminentísima Dra. Sandra Contreras, con quien coincidí en un congreso en Río de Janeiro hace unas semanas. Ella había notado que yo había bajado de peso y, curiosa sobre el método que había seguido, quedó sorprendida de que no hubiera ninguno (más allá del sentido común). Le comenté que nuestra común amiga, la Dra. Florencia Garramuño, me había hablado de un método milagroso en un congreso en el que habíamos coincidido en mayo en la plúmbea ciudad de Boston.

Entusiasmada, la Dra. Contreras me dijo que ella había seguido esa dieta y que podía pasarme el pdf del libro: La dieta del metabolismo acelerado de Haylie Ponroy, con la colaboración de Eve Adamson. “No es magia, pero lo parece”, es el lema que figura en la tapa. Yo diría, teniendo en cuenta el lugar que las mujeres han tenido históricamente en temas de salud y alimentación, que es brujería.

No voy a detenerme en los pormenores de la dieta (cuya eficacia me fue garantizada en varios congresos internacionales) pero sí en algunas de sus premisas, que me resultaron reveladoras.

Por ejemplo: yo siempre fui un crítico acérrimo de las posiciones antipan y contratríguicas. Me parecía un absurdo que aquello que constituía uno de los reclamos más antiguos de la humanidad (“el pan nuestro de cada día...”) hubiera caído bajo el umbral del veneno.

Ponroy, que además de nutricionista tiene formación en ciencias agrarias, lo explica con claridad: el trigo ha sido manipulado genéticamente para sobrevivir a plagas, sequías y otras catástrofes naturales. ¿Cómo iba el organismo humano a poder digerir aquello que fue hecho para resistir a todo? Con el maíz pasa otro tanto.

El truco es entregarse a la rotación sistemática de alimentos naturales definidos en días específicos y a horas estratégicas (hay que comer cada tres horas), con algunas pocas prohibiciones: las comidas artificiales (que suelen tener siempre más productos químicos que nutrientes), comida chatarra o golosinas, el azúcar refinada y, ay, el café.

Pienso en mi libro de recetas recién impreso, Las cuatro estaciones, y es poco lo que tendría que cambiar.



martes, 22 de octubre de 2019

sábado, 19 de octubre de 2019

Ideas para debatir

Por Daniel Link para Perfil

Se conoce que los líderes de la prensa vernácula se entrenaron en la debatología propia de los Estados Unidos, porque convocaron a neurolingüísticas, semiólogos, expertos en kinésica y otros tarambanas para que opinaran sobre lo evidente (aquello de lo que cualquier espectador más o menos atento pudo darse cuenta).
A mí me gustó en especial el loop en el que entró el Sr. Gómez Centurión cuando empezó a repetir el mismo párrafo aprendido de memoria y no pudo salir de ahí (creo que todavía sigue diciendo lo mismo, y creo que las campanillas le siguen recordando que está completamente fuera de los Tiempos).
Por mucho menos que eso a cualquier pelotudo lo declaran incompetente en un tribunal y lo 
lo mandan a la casa. Él, sin embargo, sigue como candidato a Papa patrio.
El Sr. José Luis Espert fue el único que me hizo pensar, a pesar de su desparpajo de taxista que se las sabe todas. Entre varios brulotes, dijo algo importante: hay que sacarle a los sindicatos el manejo del sistema de salud.
Esa relación de dependencia sirve solamente para fomentar la corrupción, del mismo modo que el abrumador sistema impositivo que sufrimos. Si es cierto que más del cien por ciento de las ganancias de una empresa se van en impuestos, es lógico que los productores evadan.
Hay que nacionalizar el sistema de salud (las retenciones en concepto de “obra social” que vayan a un sistema centralizado) y racionalizar la carga impositiva.
¿Quién está en mejores condiciones de encarar esas tareas? Ésa es la cuestión.