sábado, 25 de junio de 2016

Oralidad vs. escritura


Por Daniel Link para Perfil

Veo en La Nación Online este título: “Hugo Alconada Mon: «López era un engranaje central del kirchnerismo»". Pero no encuentro la nota. En su lugar hay un video.
Desde hace varias semanas, La Nación publica noticias en formato de video: “La Nación pm” conducido por Juan Micheli. Otros diarios comienzan a seguir esta tendencia. El asunto me deja pensando. Por un lado, todo lo que venga a competir con los formatos televisivos tradicionales (que detesto) será siempre bienvenido y es cierto que, para quienes vuelven a sus casas por la tarde, siempre será más fácil escuchar la noticia o la opinión a través de auriculares que tratar de leerla en un celular, donde la letra será siempre más chica de lo que las circunstancias requieren.
Por el otro, la vuelta de lo audiovisual en detrimento de lo escrito me decepciona un poco porque yo había apostado todo a la vuelta de la literacy (la honorable capacidad de leer y escribir) en las ciberculturas.
Hoy los sistemas de mensajería están ya volcados hacia el intercambio de mensajes grabados (repugnante tendencia) y los diarios ofrecen noticias y opiniones en formato oral (lo visual es para poder proyectar avisos publicitarios como fondo, pero no agrega demasiado al asunto).
De modo que volvemos a un punto de partida cultural y filosófico: oralidad vs. escritura. Temo, desde el fondo de mi conciencia de maestra normal, que la nueva tendencia platónica profundice la brecha entre letrados e iletrados. Ojalá me equivoque. Ya hay bastante barbarie.



viernes, 24 de junio de 2016

¡Así qué gracia!

Compitiendo con Marc Augé, a mí no me escucha ni el loro...


¡Llevo ppt!
¡Al término se arma coginche!


Anticapitalismo anal

por Daniel Link para Soy*


* La nota de tapa de la que esta columna formaba parte fue censurada. De modo que en la edición impresa no podrá leerse. Sin embargo, como previamente a ese acto incomprensible el suplemento había sido diagramado para su versión en tablet (disponible para Android y para IOS), por esa vía (por esa angosta vía) puede conseguírselo. No baste con pretender supervisar la moralidad pública, hay que saber hacerlo.  

Hace unas semanas yo tenía que hablar en un congreso sobre el neobarroco de Copi, para diferenciarlo del de Sarduy. Entre las actividades extracurriculares que realizamos estuvo una visita a un bar bailable, donde oficiaban unos “Magic Mike” latinos promocionados en los laterales de una gigantesca camioneta estacionada en la puerta (Hunkmania).

Uno de ellos (el más lindo, el más pícaro) me ofreció un lapdance que, aunque yo me resistí a aceptar (“no tengo un dólar partido”), me brindó de prepo. Para mi sorpresa y la de mi marido, no fue una performance pélvica, bananera, como la que imaginábamos, sino un culeteo insaciable y caribeño. Mencioné el episodio en la mesa del congreso (venía a cuento), y mi comentario fue replicado en otras mesas, según me dijeron. El tema era mucho más interesante que el examen contrastivo de dos estéticas diferenciales.

Sigo pensando en la anamorfosis del gogo dancer que nos tocó en suerte, cuyo centro (oscuro, como la metáfora gongorina) eran dos nalgas de acero y un black hole que parecía llamarnos. Tal vez la ideología Magic Mike sea subsidiaria de la ética protestante (en la cual la contracción al trabajo se mide en pulgadas de carne tumescente a punto de reventar el diminuto slip) mientras que nuestro cubanito había sido educado en la profundísima escuela del goce católico, que acepta el soplo divino por cualquier agujero (la concepción de la Madonna, sabido es, es por la oreja).

Puesto en posición subalterna (porque era quien debía recibir nuestra propina, nosotros éramos los propinadores funcionales a su estatus), la bestia cubana (cuya belleza todavía me acecha en algún sueño) supo que lo único que le correspondía era entregar el culo.

El cristianismo adoptó la moral sexual codificada por los funcionarios romanos que colocaron en un mismo paquete la potencia sexual, el imperio social y la dominación fálica. Para hacerlo, tuvieron que condenar la institución griega que hacía de la pasividad sexual la clave del crecimiento personal y social. El erotismo alegre y preciso de los griegos superponía la sexualidad y la pedagogía: un adulto (pedagogo-erastés) y un jovencito (paidés) formaban una institución positiva en la cual el hombre adulto iniciaba al joven en los asuntos de la vida, incluidos los de la carne. A través del semen del maestro la sabiduría llegaba al neófito.

Los romanos, en cambio, consideraron que la posición pasiva equivalía a la posición del esclavo, para quien, a diferencia de los hombres libres, el officium era obligatorio (obsequium). Fue el nacimiento, para los hombres libres, de la culpa sexual (que no es más que la organización psíquica del obsequium) y la misoginia.

De modo que en “activo/ pasivo” se lee mucho más que una mera inclinación personal: se lee el sistema de clases completo de una sociedad. Hoy, cuando ya no somos ni griegos ni romanos, la pasividad es la protesta más aguda contra el orden capitalista: la huelga sin término, la renuncia a la reproducción cultural, la negatividad total.



jueves, 23 de junio de 2016

El monstruo que me habita


Un final inesperado

Anoche vimos los que, creíamos, eran los dos últimos capítulos de la temporada 3 de Penny Dreadful.


El monólogo final de Lilly, "la novia de Frankenstein", fue extraordinario y conmovedor. Igualmente conmovedores fueron los diálogos del Monstruo de Frankenstein y su esposa ante el cadáver de su hijo. Las palabras de Dorian Gray sobre lo que significa no morir nunca helaron la sangre.
Renfield, que hasta entonces había sido una figura más bien desagradable (algo connatural al personaje, hay que decirlo), tuvo sin embargo momentos de gran profundidad.
Todos los actores, sin excepción, se entregaron a unos parlamentos memorables y dieron lo mejor de si.
Claro: en verdad, Penny Dreadful terminó y no habrá cuarta temporada (acaso, tal vez, un spin-off que no miraremos, por resentimiento).  
Penny Dreadful (la serie y el personaje) podía ser salvada, pero su autor, John Logan, consideró que la formidable novela visual que había urdido para nosotros, debía terminar.
Se trata de un acontecimiento televisivo de una gravedad que será recordada para siempre. Pocas series han tenido la grandeza de Penny Dreadful y haberla terminado por "decisión autoral" es algo que no había sucedido casi nunca. Habrá que pensar sobre este nuevo rasgo, que desdeña el éxito en favor de un cierto rigor ("todas las tramas de esta temporada fueron creadas pensando en dejar a los personajes en un lugar apropiado y de una bella inmovilidad", dijo Logan).
Pero la bronca de no haber sabido lo que estábamos viendo todavía no me abandona.



miércoles, 22 de junio de 2016

La voz de La Sombra


Diálogo imaginario con Albertina Carri*


¿Cuál es su película favorita? 

Meet the Feebls, una en la que Los Muppets sangran, entre otras muchas cosas que les pasan. Aunque, no, no se, creo que es Muerte en Venecia o El inocente o Al Azar de Balthazar.... Bueno, no sé, el otro día vi El hombre anfibio y rankea también junto con Fin de fiesta de Torre Nilson y Hellraiser, claro.


Un panorama diverso, necesitaría un test vocacional ante esos gustos ¿Almódovar?

Si obvio, toda su obra, sobre todo la más trash (la obra, más trash) Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón y la más clínica (la obra más clínica) La piel que habito. En el medio todas, pero no las pongo entre mis favoritas. De los popes vivos prefiero Rabia de Cronenberg, y de lo franca y radicalmente puto prefiero a Pasolini.


Volvamos al primer Jackson, antes de King Kong.

Ah, con esa siempre lloro, en todas sus versiones pero la de Jackson me vuelve loca. Yo diría que un día perfecto tiene alguna espectacularidad de Peter Jackson cruzada con un documental de Ulrich Siedl y podríamos cerrar el día con la excepcional adaptación de Akerman, La Cautiva.


Le gustan las cruzas o los cruces.

Los cruces y las cruzas, lejos de las cruces. Sobretodo me gusta que cambie. Me gustan los cambios, esperados e inesperados, algo de la revuelta, los besos, vestirse y maquillarse para ir a una fiesta y encontrarse luego en un baño y que la acción suceda allí o viceversa, prepararse para el invierno con la bolsa de agua caliente, una música tranquila, varias pieles tibias rodeándome el ánimo y cuando abro la ventana es verano. Algo de lo incómodo, de la inasible, algo del orden del ridículo sería lo que busco en la pantalla. La vida es demasiado solemne, con sus cuentas a pagar, la escolarización de los niños y niñas, los cambios climáticos, los formularios a llenar para cualquier cosa, las masacres y las comunidades vulneradas, las fiestas siempre en nombre de. 


El cine sería entonces su filosofía de vida.

El cine es una herramienta de supervivencia, no es evasiva, es construcción de realidad. Si no mire Hollywood y su imperio Ave César construido en nombre de la buena conciencia hetero judeo cristiana capitalista bien pensante de género binaria tecnócrata burocrática discriminatoria.


El suyo es un discurso proto-punk.

No, más bien post-punk, estamos rodeados de cadáveres, montañas de cuerpos olvidados por el sistema, pero cuerpos deseantes al fin y obligados a tributar a los Estados que igualmente los olvidan. La pregunta sería ¿nos olvidan realmente? No, nos olvidan, nos obliteran de sus grandes relatos, esa otra forma de memoria, más fantasmal. Más bien ponen nuestros deseos fuera de toda norma y así construyen un mundo que parece olvidarnos, pero la operación es más grave porque en esa omisión nos recuerda siempre como minoría, siempre como vulnerables, siempre del otro lado.


Claro, ahora entiendo, por eso le gusta Visconti, a pesar de su elegancia burguesa.

Por eso me gusta King Kong, por eso me gustan las mujeres que gustan de las mujeres, por eso veo dos películas al día, como tratamiento terapéutico frente a lo poco erótico que son el patriarcado y sus imágenes.


¿Erótico? ¿Le interesa el cine erótico?

Si, claro. Suena antiguo “erótico” porque parece un eufemismo para nombrar a la pornografía. Lo fue durante mucho tiempo, y aunque también existe un cine erótico que hace de la histeria todo un arte, me interesa más la pornografía en ese sentido, ir directo a la carne sin intermediaciones, sin cortinas blancas movidas por una leve brisa. De todas formas con erótico me refería al cine del deseo, aunque no se trate siempre de un relato caliente, un cine erótico me parece todo aquel que este bien hecho, que funcione en su relato y que sea cine, claro y no propaganda de poderes hegemónicos, o sea esos relatos construidos alrededor de un violento binario, y para, sostener ese binario desigual y disfuncional, todo eso me parece poco erótico, sea lo que sea que pase en la pantalla. Si lo piensa bien, el cine, es ese que realmente puede trastocar algo de nuestra subjetividad y ese movimiento lo encuentro profundamente erótico.


Bien. Volviendo al test vocacional ¿Cuál es entonces su película preferida?

Insisto, me gusta que cambie, que las cosas no tengan nombre por un rato, sentir que Perlongher revive en un corte, en una secuencia, que la historieta cristiana divulgada en grandes murales a lo largo y ancho del mundo pueda ser reescrita por las travestis latinoamericanas mientras toman la Bastilla construida en maqueta por Sergio Avello y Copi le hace una fellatio filmada por Pizarnik, a la vez que Lohana bendice el set o plató o más bien el potrero donde hoy se improvisó un decorado lleno de lamparitas de colores y ciento cincuenta variedades de papas, cocinadas por un Lamborghini agobiado por las invocaciones que recibe permanentemente, pero allí estarán otras y otros y nosotras, todas probándonos ropas que nos quedan gigantes pero nos quitan el peso de tener que desplegar una femineidad depilada e indolora. Ah sí, ¿usted sabía que sarna con gusto no pica? Pues a mi me pica y no me gusta, así que la cera que se la ponga quien quiera donde quiera e invite a dar una vuelta en calesita, pegoteados y calientes, con pelos o sin ellos, que cada uno haga de su cul…


Bueno, bueno.

¿Bueno qué? ¿Bueno para usted es bueno para mi?


Bueno, bueno, que usted ni siquiera puede elegir una película como favorita.

Y no, claro que no, no soy monoteísta. No hay una, hay cientos de becerros allá afuera que solo adoraré en una sumatoria de textos audiovisuales que no hacen al canon sino Órganon que es en definitiva lo que hoy nos invoca y evoca. Un Órganon de principios, un corpus de saber que incluye la tradición oral, escrita, filmada, gritada, eyaculada en habitaciones, baños y cocinas, dicha en susurros entre pastizales que hicieron de barricada al exilio, dichas en lenguas que no comprendimos hasta que fue tarde para correr ese tren pero vinieron otros y nos subimos en camisón y en traje de seda, desnudos y abrazadas a nuestras amantes. No adoraré becerros porque el oro no me gusta pero si adoraré relatos que chillen algo de todo esto, que derramen lágrimas de placer, y sudor del bueno, y sangre migrante, aquella vulnerada por un concepto tan misógino como homofóbico llamado patria. Este año invoco a Chantal Akerman y todo su dolor invocado en el gesto final de una vida que no termina porque en la pantalla sigue el pulso a pesar de los Matten, a pesar del marketing que tiene el odio en su insistencia por la normatividad. Vuelva a su casa y piense en la cantidad de imágenes por día que lentamente le van construyendo un mundo en el que a usted ni le interesa vivir. Ah y déjese de joder con el test vocacional… que con eso no va a llegar a nada.


¿Pero quien es usted entonces? ¿tiene un color favorito al menos?

Nadie, no soy nadie, soy una parte de su imaginación, un ubir, una sibila, una sobreviviente de la literatura romántica, una pérfida, soy lo que alguna ciencia no exacta llamaría La sombra, la que no se adapta a las reglas y puja por salir de esa oscuridad. Piénselo así, si las reglas fueran otras mi luz lo encandilaría como me pasa a mi con las lucecitas de colores en ese potrero lleno de ánimas. Entonces le propongo, dejemos de buscar la Película favorita, busquémonos entre pantallas, de una sala a la otra, en un relato coral, donde más y más y más seamos incluidas entre luces y sombras, entre butacas y discusiones, entre la película que deja nuestra piel en este mundo y la que se proyecta en las pantallas de festivales que veneran narraciones épicas; con épico me refiero a inclusivas, no hay épica, celebración, vida, muerte y resurrección, regeneración, democracia, política, sin inclusión total de las diversas sensibilidades que ha sabido expresar la humanidad a lo largo de la larga historia. 


Ah, ya se quien es usted, una medium, una voz que evoca otras voces.

Algo así tal vez, este año me llaman tres. ¿Cómo estás trecito esta mañana? me pregunta Carri antes de sentarse a ver una película. Ella es la más cariñosa conmigo, debo decirle. ¡Pero los otros dos, no saben lo que son!, Peña me tiene entre montañas de latas, kilómetros de fílmico y de memoria donde buscamos los detalles más microscópicos sobre los goces. Y el otro, bueno, qué decirle del otro Trerotola: es como Pandora, me hace empezar cada vez, me hace celebrar la gracia en los rincones más inesperados de nuestras costumbres. Ay sí, podría hablarle horas de ellos tres, que me llaman a mí tres y que se deslizan en este triunvirato de voces que yo hago una que son muchas pero no todas por eso crecemos y la primera vez fuimos I y la segunda II y en esta somos tres. Aunque a mi más me gusta, porque soy engolado y un poco creído Asterisco Tercero, el que inaugura el día de los muertos, del 1 al 6 de noviembre de 2016 en los mejores cines. ¿Supongo que al menos usted no se lo va a perder?


¡Ni loco me lo pierdo!

*Texto leído por Albertina Carri en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en ocasión de la Declaración del Festival Asterisco como de interés cultural y para la promoción y defensa de los Derechos Humanos el martes 21 de junio de 2016.



La letra escarlata

Rossi denunció una "cacería" contra los K: "Falta que nos pinten las puertas de las casas como a los judíos"

martes, 21 de junio de 2016

Vos reíte...



¿Podía ser tan bella?





(Para Edgardo, claro)





¡Estalló el invierno!




domingo, 19 de junio de 2016

Sí, negrito....

¡estuviste genial! El de esta noche te lo dedico a vos, Joni. Te extraño mucho...



sábado, 18 de junio de 2016

A río revuelto...



Los cuatro elementos

por Daniel Link para Perfil


Lo primero fue la tierra. Después, en ese orden, el aire, el fuego y el agua. No expongo ningún mito, sino el cambio de signo político de los elementos. La tierra cambió con la quita de retenciones y con el levantamiento del cepo. Dicen que, de pronto, el campo se volvió de nuevo productivo y la renta agraria derramaba su poder curativo sobre los pueblos agrícolas (¡Oda a los ganados y las mieses!).
Después se descubrió que, en el aire, los vuelos aerolíneos que más plata perdían eran los que iban a Nueva York. La razón es sencilla. El personal de a bordo (así me lo explicó la comisario en mi último viaje) se reserva 8 de las mejores butacas de la clase turista para su “descanso”, amparado en regulaciones aeronáuticas que así lo disponen para vuelos superiores a 12 horas (pero el de Nueva York tarda menos que doce horas, argumenté sin éxito). 8.000 dólares por vuelo, multiplicado por la cantidad de vuelos anuales: no hace falta más. El aire se volvió transparente a nuestro alrededor y los vientos de la historia comenzaron a soplar su canto justiciero.
Justo antes de que el invierno comenzara su cruda cacería de pobres, ancianos y desprotegidos, el aumento del gas nos volvió prudentes. No a todos: mi amigo Beto recibió la cuenta de Vulcano y casi se desmaya: 5.000 pesos (su casa es grande). La riqueza que los pueblos agrícolas comenzaron a contar antes de tiempo se disolvió en la llama fría de la calefacción hogareña.
Finalmente, le tocó el turno al agua, que desde siempre, desde mucho antes de la Década Ganadora, fue lo más barato porque era lo que más abunda, lo que nos inunda, lo que nos arrastra en corrientes de inconsciencia edilicia y urbanística. De pronto los pequeños propietarios empezamos a recibir cuentas de 1.000 pesos, que no dependen del consumo sino de los metros cuadrados que uno habita. No sé qué hará mi amigo Beto, cuya casa aparece, además, catalogada en “barrio caro”.
Dicen que hay tarifas sociales, pero a nosotros no nos tocan. “Dicen que...”, pero es un mito urbano. Habría que ser más pobres todavía para aspirar al beneficio de calentar el agua o de regar las plantas.
Una vez completado, el ciclo recomienza porque tratándose de elementos naturales el ritornello es su lógica. Se descubrió que algunas personas pretendían enterrar fortunas o, como se dijo: sembrar la tierra con billetes verdes que germinarían más adelante, multiplicados. Los ángeles vaticanos volaron por el aire argentino con cheques rechazados como armas, el fuego se volvió eléctrico porque, después de todo, mens sana in corpore sano y los clubes deportivos reclamaron un subsidio que se les otorgó, graciosamente. En cuanto al agua, se descubrió que las cocheras donde duermen los autos pagarían fortunas sin usar el líquido elemento.
Proliferaron los amparos contra una espiral tarifaria descontrolada y un poco irresponsable. Los responsables de emitir las órdenes de cobro reconocieron haberse equivocado. Se emparchó lo que se pudo sin que se supiera bien qué era.
Alguien llegó a pensar que las boletas se emitían deliberadamente infladas para crear un clima destituyente, para aumentar el caos que aterra, la hoz de la guerra. Esa misma persona (el ciclo comenzaba de nuevo) subrayó que si se expropiaban las propiedades mal habidas (estancias, hoteles, terrenos) se podría incluso comenzar con un proceso de reparto de tierras para los que nada tienen: ¿la revolución agraria?
En estado natural, los elementos alcanzan su punto de equilibrio muchas veces incomprensible para el ser humano (que ve catástrofes allí donde hay solo transformación de la materia en energía). En estado político, en cambio, son un laberinto donde todos nos perdemos porque dejamos de entender la lógica de una gobernabilidad que avanza a tientas para transferir la renta de la explotación de un elemento a otro, como si fuera un circuito cerrado que a nosotros nos expulsa: la renta de la tierra a la creación de rutas aéreas, la renta del gas al tendido de redes para la distribución de agua potable y la renta del agua para la transformación de los caminos en autopistas. ¿Y nuestra vida, qué?


jueves, 16 de junio de 2016

Esto es grave

Pablo Echarri: "Me siento triste, avergonzado y desilusionado"

El actor se manifestó muy dolido por la escandalosa detención del ex secretario de Obras Públicas kirchnerista, José López


Toda enterrada....




miércoles, 15 de junio de 2016

¡Llegó el agua!


Así está Tita Merello, desde que la pusimos como encargada de facturar servicios.


Preguntan si...



(Gracias, Carlos)


sábado, 11 de junio de 2016

Arte y perversión

Por Daniel Link para Perfil


¿Qué es un artista? A los rasgos que podrían asignarse a esa figura ambigua y muchas veces contradictoria, hay que anteponer el rasgo “perverso”.
Un artista es un perverso que justifica sus vicios de conciencia haciendo arte (literatura, teatro, cine, no necesariamente artes visuales).
Rafael Spregelburd es uno de los más grandes artistas que tenemos. Yo lo sé desde hace mucho, pero su perversión se me impuso hace menos años, desde que, después de haber visto Spam, empezamos a intercambiar mensajes de... spam.
Lo que la gente manda sin leer a la basura, Rafael lo interroga en busca de una verdad. Me manda la cartita de Jennifer Davice, quien “estoy navegando ahora en Facebook y encontró su perfil que capturó mi interés, me decidí a renunciar a unas pocas palabras para ti”. Rafael quiere que deduzcamos en qué lengua estuvo escrito el mensaje original. Yo quedo paralizado en mis saberes lingüísticos. Como no tengo Facebook, me da rabia no poder aspirar a una experiencia de ascesis semejante. Jennifer, y se le nota, ha renunciado a las palabras y a la sintaxis por admiración hacia Spregelburd (a muchos de nosotros nos ha pasado lo mismo, pero nos lo callamos). Rafael vota magyar. Yo me inclino por chichewa (de la familia bantú).
Como mi perversidad no es menor que la de Spregelburd (aunque sí mi talento), le mando el conmovedor mensaje de Susana Kunigde, “una viuda de envejecimiento que sufre de la enfermedad desde hace mucho tiempo” y que pone a mi disposición una suma exhorbitante “para ayudar a los huérfanos y ventanas”.
De inmediato, Rafael se da cuenta de la fuente anglosajona: “orphans and widows”. Una viuda es una ventana hacia la muerte.
Lo que para el común de los lectores es un mensaje basura y un intento de estafa, para nosotros es una interrogación acuciante: ¿quién, por qué, de dónde? Así, en el balbuceo de palabras que se resisten a morir, empieza el arte.




viernes, 10 de junio de 2016

Mientras por competir con tu cabello...








Así qué gracia





¡¡¡Me quiero matar!!!

Hicieron que me pasara de Moto (mi amor incondicional, sin embargo, permanece) a Iphone. Y ahora esto: