sábado, 18 de mayo de 2024

Placeres intelectuales

Por Daniel Link para Perfil

No uso redes por natural repugnancia, y si las usara lo último que haría es seguir a Nicolás Márquez. Por fortuna Ernesto Tenembaum ha realizado un prolijo relevamiento de sus dichos.

Sus pareceres denotan tanta ignorancia que no merece la pena contestarlos, salvo porque puede haber algún desprevenido que los considere atendibles. “Me siento derrumbado en mi autoestima. Tras la nota en la que aplasté a Tenembaum y su staff solo me atacaron bailarines, chimenteros y almas conflictuadas y/o avergonzados de sí mismos. ¿Nunca un comentario intelectualmente digno?”.

Ya la partición de los interlocutores en “intelectualmente dignos” y los que no lo son recuerda la tristemente célebre “vida digna de ser vivida” que el nazismo promovió como una política de Estado (para realizar sus fantasías de exterminio).

Hay libros enteros dedicados al tema, pero estoy seguro de que cualquier amable inteligencia artificial suministrará datos a quien quiera buscarlos. No me considero intelectualmente más digno que nadie, pero puedo acumular algunas referencias bibliográficas, con la esperanza de que el Sr. Márquez se sienta atraído hacia la lectura (cosa que, evidentemente, hasta ahora no ha sucedido).

Parece que a una persona le dijo: “Lupe, la palabra de Dios dice catorce veces que la sodomía es abominable y no hay momento en el que Dios se vea más enfadado que con la perversión homosexual. Los quemó vivos, mandando fuego desde el cielo. No se puede bendecir lo que Dios desprecia”. No sé cuándo escribió esto, pero yo lo leí durante la semana en que tres lesbianas murieron quemadas en un ataque lesbofóbico de un salvajismo aterrador. Me parece que el asunto merece alguna reflexión.

En principio, habría que decirle al Sr. Márquez que “la palabra de Dios”, esa entelequia, es una construcción discursiva más propia de humanos que de divinidades. Si se refiere al Deuteronomio, existe hoy un cierto consenso entre los filólogos (ahora se entiendo la animadversión hacia las humanidades): el texto que leemos hoy como parte del Antiguo Testamento es un precipitado de todo un proceso de composición que comienza en el Siglo VIII ac y culmina a mediados del IV ac. Los tartamudeos de Dios sobre la sexualidad tardaron cuatro siglos en estabilizarse.

Por supuesto, eso no le quita valor doctrinario a ese libro, pero habría que juzgar su alcance en términos históricos. Hasta podría llegar a justificarse que en épocas de crisis demográficas es un poco predecible que se condene cualquier forma de unión no reproductiva. En todo caso: esas catorce condenas se refieren a un contexto que no es el nuestro, lo que les hace perder gran parte de su valor (como la condena a las adúlteras o a las personas que comen jamón cocido).

Además, establecer una continuidad sin fisuras entre el Antiguo Testamento y el Nuevo es ignorar todo lo que de revolucionario tuvo la “Nueva alianza” y, por lo tanto, la figura de Cristo.

No me canso de recomendar a mis alumnos que lean los diferentes libros de la Biblia (y el Corán, desde ya). No porque haya allí alguna verdad “divina” (dejemos las ridiculeces) sino porque ahí se han formado las teorías políticas de Occidente (salvo, tal vez, el liberalismo).

Tenembaum dice que Márquez escribió en El libro negro de la nueva izquierda que “La homosexualidad es anormal. De la simple observación de la composición de un hombre se nos permite inferir que este no tiene un órgano sexual receptor para recibir a otro hombre como pareja y de la simple observación de la mujer vemos que esta no tiene un órgano de penetración para tener otra mujer como pareja”. Le sugeriríamos al Sr. Márquez que realice un par de comprobaciones empíricas, pero tampoco es cuestión de andar avivando giles.

Sobre el asunto, se podría recordar que Freud (que fue un defensor convencido del patriarcado) reconoció en su teoría de las “etapas” una organización de la libido bajo la primacía de la zona erógena anal.

Si Dios iba a condenar para siempre la unión per angostam viam, no debería haber cometido semejante error de diseño, otorgando al ano la capacidad del placer que suscita la defecación y, como correlato de ese placer, la liberación de endorfinas, la estimulación del nervio vago, la sensación de relajación y de logro conseguido (cosa que sabe cualquier IA).

Lo de las mujeres es todavía más idiota: tienen dedos. Fin.

sábado, 11 de mayo de 2024

El profesor pop

Por Daniel Link para Perfil

Es difícil encontrar un momento más alto de la imaginación pop que el video de Adriano Celentano cantando la extraordinaria canción “Prisencolinensinainciusol”, lanzada en 1973 y todavía vigente (la serie Fargo la incluyó en su banda sonora, Maluma la ha cantado).

En la escena (disponible en youtube), Celentano hace de profesor en una clase para señoritas montada en un estudio de televisión. Lo primero que hace es tomar lista. Las chicas le responden “presente” poniéndose de pie. La última nombrada, Barbra Streisand, está ausente. Y es lógico, porque su lugar es la cultura industrial (donde encuentra su sentido) y no la cultura escolar. De inmediato, una alumna se levanta y le pregunta al profesor por qué ha escrito una canción con palabras que no significan nada.

Antes de responder, el profesor pregunta cuál cámara lo está registrando, acentuando la superposición (la mezcla) de registros culturales: el escolar y el televisivo. Luego Celentano explica el gesto de la canción: “yo entiendo que en el mundo no nos entendemos más... Y por eso he considerado oportuno hacer una canción sobre el tema de la incomunicabilidad. No nos comunicamos, somos Incom. Satisfecha, la alumna se sienta pero el profesor le dice que permanezca de pie porque no ha terminado de hablar (subraya así el gesto áulico, la relación despareja de poder y de saber propia de la escuela). La canción, dice Celentano, deja como referencia una sola palabra, Prisencolinensinainciusol, es decir: amor universal.

Terminada la explicación, el profesor toma lección a las alumnas, que deben repetir las partes del coro desde sus pupitres, mientras el profesor baila con una agitación de caderas poco pedagógica.

La canción es una respuesta a la hegemonía norteamericana, que exporta su cultura industrial sin mayor interés en que sea comprendida. La canción de Celentano está pronunciada en inglés americano, pero las palabras que se dicen son inventadas y carecen de sentido.

Al comentario existencial se suma, entonces, un comentario de geopolítica cultural. Y como corolario nos queda la constatación de la potencia de la imaginación pop, que abreva al mismo tiempo de la cultura escolar y de la industrial para sostener con elegancia sus protestas.

sábado, 4 de mayo de 2024

La realidad imita al arte

por Daniel Link para Perfil

Cuando Puan apareció en Amazon Prime ya no tenía sentido resistirme a la película y decidí mirarla. No es una gran película, pero no es mala y tiene un costado para mí muy conmovedor: quiere “discutir ideas”.

En cuanto me di cuenta de que las ideas que Puan estaba proponiendo discutir eran exactamente las mismas que yo estoy proponiendo en mi curso actual ¡en Puan!, entré en un estado rarísmo, al mismo tiempo de pánico y de éxtasis.

Hay una titularidad vacante por fallecimiento y se la disputan dos aspirantes: uno que sigue al pie de la letra la teoría del Estado (hobbesiana) de aquel con quien ha trabajado treinta años o cosa así y otro, recién llegado (y muy pelotudo, cosa que quedará expuesta hacia el final), que abraza más bien la causa spinoziana.

Esa oposición entre Hobbes y Spinoza es el presupuesto del libro Gramática de la multitud de Paolo Virno, con el que yo comencé mi curso de este año y todas las actividades previas.

Lo que plantea Virno es que Hobbes postula una idea de “pueblo” solidaria con el Estado, sin la cual el Estado no puede “pastorear”. Spinoza habría optado, más bien, por la “multitud”, noción destituyente que, en aquel momento, perdió el debate y sólo pudo renacer a finales del Siglo XX de la mano de Toni Negri y otros autonomistas italianos.

Puan, la película de escrita y dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat, tiene un final que es para mí, su mayor defecto (es como un Deus ex machina, nada en la trama permite preverlo). Sorprende, sin embargo, su potencia anticipatoria: la Universidad cerrada y en cesación de pagos.

Nosotras empezamos a focalizar nuestra atención en las “ideas de pueblo” hacia mediados de 2022, pero todo fue más o menos “interno” hasta que nos otorgaron subsidios para sendos proyectos de investigación a comienzos de 2023.

Ignoro cuánto tiempo lleva producir una película como Puan (extraordinariamente actuada, salvo por Leonardo Sbaraglia), pero a juzgar por la cantidad de sellos que se leen al principio, deben haber demorado bastante en conseguir la plata. Estábamos pensando, como Benjamín y María, en una salida. El tiempo dirá si hay posibilidad de acuerdo entre nuestras perspectivas, pero, hay que decirlo: yo te saludo, Puan.


sábado, 27 de abril de 2024

Un recuerdo infantil

por Daniel Link para Perfil

Circunstancias familiares que no vale la pena mencionar me permitieron recuperar un sueño infantil que estalló en mil pedazos contra la realidad, ese sello de clausura sobre todas las puertas del deseo (juro que este verso me lo acuerdo de memoria desde mi primera juventud).

Mis padres leían bastante, pero mucha porquería. Alguna se me pegó. Por ejemplo: mi papá era fan de Isidoro Cañones, historieta de la que guardo una buena colección, que quise donar sin éxito al fondo AHIRA antes de que las polillas terminen de devorarla.

Siendo niño, yo tenía muchas ideas de felicidad (todas ellas irrealizables, lo que me permitía sufrir y entregarme a la lectura, mi única felicidad al alcance de la mano). Una de ellas era decirme isidorianamente “me voy a Mar del Plata” y hacerlo, sin ningún plan previo, ninguna advertencia a nadie, sin siquiera pasar por casa a buscar ropa.

Sin embargo, nunca jamás fui a Mar del Plata (ni de ese modo ni de ningún otro) hasta muy entrado en mi madurez, cuando cubrí el Festival de cine de Mar del Plata como periodista. Me gustó la ciudad, claro. Qué digo “me gustó”. Me enamoré de Mar del Plata. La bajada del Torreón es una de las primeras cosas que recorro a velocidad moderada cada vez que llego, hasta que la Biarritz argentina se me aparece en todo su esplendor y la paz me inunda. Me gustan la escala de la ciudad, su costa, los acantilados.

La casualidad quiso que hace unos años cayera en manos de mi familia política la administración de un departamento céntrico con una sucesión complicadísima.

Nos dedicamos a arreglarlo y a prepararlo para vivirlo. En lo que era el cuarto de servicio me instalé un escritorio y un silloncito que puede ser cama de huéspedes. En el balcón a la calle (una de las más feas de La Feliz) puse macetas con suculentas y cactus, para no preocuparme por el riego.

Creo que en febrero estuvo listo y desde entonces no había vuelto. Pero el jueves me dije: “me voy a Mar del Plata”. Avisé que me iba y, sin más trámite (allá tenía todo lo que podía llegar a necesitar, incluida una computadora vieja), subí a la autopista, sintiéndome hasta superior a Isidoro Cañones, que no contó con esa ventaja. El portero del edificio iba a prender las estufas y el termotanque.

Pensaba, mientras pasaba mis canciones, en cómo la cultura industrial nos ha moldeado tanto como la cultura escolar, porque la felicidad pueril había sido una posibilidad de vida hace cincuenta años.

Pero todo era falso. La pasé de maravillas, pero tuve que enfrentar un problema que Isidoro nunca conoció: el dinero en efectivo. Mar del Plata vive del cash y yo no había llevado suficiente, así que tuve que hacer bancos, etc.

Lo peor fue la vuelta. Mientras yo manejaba a velocidad crucero, para optimizar el consumo de combustible y evitar multas por exceso de velocidad, vi que me pasaban a toda máquina autos completamente al margen de las preocupaciones económicas.

Esos eran los verdaderos Isidoros, los tarambanas sin vacilaciones y no yo, que había pretendido cumplir las “locuras de Isidoro” que, en el fondo, eran una pelotudez. Volví realista, endurecido.


miércoles, 24 de abril de 2024

Leer, ella dice....

 


sábado, 20 de abril de 2024

Jalea real

Por Daniel Link para Perfil

Circula un extraordinario video que Martín Kohan realizó para UNA a propósito de los ataques que el sistema educativo viene recibiendo por parte del Poder Ejecutivo.

Martín se refiere a la aporía de considerar a la educación argentina actual bajo el signo del “adoctrinamiento”. Para que eso suceda, deberían existir figuras que no conocemos: un profesor de poder absoluto y un alumnado totalmente inerte que acepta a pie juntillas lo que se le dice. Ambas realidades son quimeras, por supuesto.

Yo agregaría una tercera objeción (a lo mejor estaba en el video completo de Martín, que está muy editado) a las sedicentes víctimas del “adoctrinamiento”. ¿Qué es una doctrina? Si acaso hablamos de teorías (que tienen hipótesis y conclusiones, que arriesgan tesis que aspiran a ser discutidas), sometemos a esas mismas teorías a una mirada crítica. En modo alguno adherimos a alguna “doctrina” ni esperamos que nuestras alumnas lo hagan.

“Doctrina” es un conjunto de proposiciones enseñadas como verdaderas (y por lo tanto inobjetables). Nosotras estimulamos la duda y la desconfianza. De hecho, mi mejor estímulo para la lectura es decir en la primera clase: “Yo puedo estar diciendo cualquier cosa sobre los textos. Por eso es imprescindible que ustedes lean previamente. Para que puedan controlar si lo que digo tiene algún asidero o es un invento para hacerlos fracasar en los parciales”.

¿En qué sentido puede ser dogmático Kafka, que quería que quemaran toda su obra? ¿En qué sentido lo sería Roland Barthes, que siempre se mantuvo alerta y distante contra la doxa (la opinión común) y contra la arrogancia de los discursos de victoria?

No transmitimos dogmas ni doctrinas, sobre todo porque sometemos la palabra y el discurso a su propia historicidad. Son los momentos históricos los que constituyen el contexto de enunciación de las teorías, proposiciones, hipótesis, mandatos, reparos, interrogaciones y condenas.

La semana pasada relacioné la gubernamentabilidad liberal con su irremediable destino: la revuelta. Por supuesto, no es una opinión mía ni tampoco una doctrina, sino que está fundada en el trabajo de archivo realizado por Foucault, en particular a partir de los textos de un fisiócrata francés llamado Abeille (1719-1807).

Un adoctrinador o lavador de cerebro es el que impone una idea sin considerar sus condiciones de de enunciabilidad o evaluar sus consecuencias. Una ley antidoctrinamiento, por ejemplo, es ella misma, doctrinaria. ¿Es que no ve la abejita que sostiene su reinado en dogmas espesos?

 

miércoles, 17 de abril de 2024

Advertencia cumplida

 Acaba de cumplirse la advertencia número 1:

 


 



La historia se repite dos veces

 

¿Es consciente el Sr. Milei de que está copiando esto?:


lunes, 15 de abril de 2024

Pasolinianamente


 (Gracias, Miguel Rosetti)

sábado, 13 de abril de 2024

Las viejas locas

 por Daniel Link para Perfil

Las profesoras, las escritoras, las filósofas y las educadoras (de todos los géneros) estamos estupefactas. Jamás nos prepararon para lidiar con tan altos niveles de ignorancia, de desprecio hacia las condiciones mínimas de un pensamiento racional y de vulgaridad como los que chorrean desde el actual Poder Ejecutivo.

Es verdad que sufrimos a los Yoma, pero al lado de éstos, aquéllos eran los Grimaldi.

Los veinte años de decadencia intelectual de los que venimos debieron habernos servido de advertencia, pero nunca creímos que se podía caer todavía más bajo. De nada sirve pelearse con las agrupaciones estudiantiles de izquierda que, no se sabe bien por qué, están más preocupadas por el destino de Aerolíneas que por el desmantelamiento del sistema científico argentino y el desfinanciamiento de la educación en todos sus niveles.

Ayer nomás, una profesora de primerísimo nivel me comentaba que para ella los “chanchullos” no tienen importancia. El único “chanchullo” es la deuda externa. Quise decirle que uno no puede pensarse sin los otros, pero estábamos en una fiesta...

Cada frase pronunciada por el portavoz presidencial puede refutarse, ¿pero cómo? No son terraplanistas, pero escucharlos es como escuchar a cualquiera de esos paranoicos que piensan que la ciencia y el saber existen sencillamente para cagarle la vida a ellos.

A nadie parece importarle nada y esa apatía generalizada nos deja en un lugar que empezamos a abrazar cada vez con más ternura: el de la vieja loca que sabe (lo ha leído, lo ha vivido) que la gobernabilidad liberal se encuentra, más temprano que tarde, con la revuelta.


sábado, 6 de abril de 2024

Las hijas de Hegel

por Daniel Link para Perfil

Se presenta hoy el Teatro proletario de cámara de Osvaldo Lamborghini, que la editorial nudista preparó en una edición “democrática” o “popular”, en varios tomos de precios accesibles. La edición estuvo al cuidado de Agustina Pérez, Omar Genovese, Miguel Vega Manrique y Martín Maigua. El tomo 1 lleva además textos de Milita Molina y Alfredo Prior.

Hay una página perdida en el fárrago del Teatro que comienza con una cita enn alemán del comienzo del Cuarto Evangelio, conocido como Evangelio de Juan (“Am Anfang / war das Wort". Esa cita y el resto, lo que está fuera de las comillas, forman el poema “Das Wort” (“La palabra”) de Rose Ausländer (1901-1988), amiga de Paul Celan, a quien conoció en el guetto de Chernivtsy. Celan usó, en su célebre “Todesfuge”, la imagen “negra leche” que Ausländer había incluido en un poema publicado en 1939.

Los materiales del Teatro Proletario de Cámara constituyen, antes que una obra, un archivo intervenido: la pornografía allí recopilada brilla casi siempre tachada, como aquello que hay que olvidar después de haber leído (después de haber visto).

Una de las preguntas que deberían hacérsele a ese archivo es por las fuerzas que han hecho coexistir en su seno escenas fotográficas de sexo explícito de la década del setenta con fragmentos de discurso político argentino y con un poema firmado por una poeta judía que eligió como seudónimo el apellido de su primer marido, Ausländer (que significa “extranjeros”).

Debemos a César Aira un primer ordenamiento de esas piezas, así como la edición de su obra dispersa. A Valentín Roma le debemos las primeras muestras a partir del Teatro proletario de cámara, a UNTREF la digitalización de ese archivo y a la editorial nudista, ahora, la publicación local de esas páginas abrumadoras.

César Aira termina el prólogo a Novelas y cuentos con esta anécdota: “Osvaldo conocía a Hegel principalmente a través de Kojéve, a cuya interpretación adhería a la vez que no se tomaba muy en serio (la misma ambigüedad tenía con Sartre, en cuyos libros encontraba, quién sabe por qué, una cantera inagotable de chistes). Pero también había leído a Hegel, y la última vez que lo vi, el día que se marchaba a Barcelona por segunda vez, tenía en las manos las Lecciones sobre la filosofía de la historia; lo había
elegido para leer en el avión, cosa que me explicó así: lo había abierto al azar, en una librería, y advirtió que en esa página casual Hegel hablaba de... Afganistán. (¡Afganistán, Afganistán!). Eso le bastó.”

El relato coincide con el escrutinio de la biblioteca lamborghiniana realizado por Valentín Roma, quien concluye: “Por último, vemos todo Freud, distintos textos de Kristeva, Lacan y Masotta, acompañados del inevitable La revolucion sexual (1936) de Wilhelm Reich y del imprevisto Escupamos sobre Hegel (1973) de Carla Lonzi.”

Por supuesto, esa lectura “de aeropuerto” es tan decisiva para entender el Teatro proletario de cámara como la posición feminista de Lonzi, que había ya destruido los transcendentales de género.

Ahora bien, la pregunta sería: ¿Qué pasa cuando la “obra” lamborghiniana confronta la palabra (que es el tema obsesivo de su escritura) con las imágenes, como sucede en el Teatro proletario de cámara? Es decir: ¿qué sucede entre lo imaginario y el reino del símbolo o en la fricción que entre ambos se produce?

Las escenas sexuales del Teatro proletario de cámara están, todas ellas, intervenidas, tachadas, suspendidas en su efecto y además se dejan llevar por la locura proliferante que arrastra a la escritura. Salvo una, la lámina que funciona en el Teatro como entrada a la obra “literaria” de Lamborghini: la lámina del Cloaca Iván, protagonista de una “novela introspectiva” escrita en a mediados de la década del ochenta. Las notas de los editores del Teatro consignan ottras apariciones en Poemas y OL inédito.

La escritura y la imagen hacen allí juntura y la escritura de Lamborghini se limita a caligrafiar la carne de Iván, a delinear su barbilla, sus tetillas, su ombligo, su verga.

Contra la proliferación insensata de lo imaginario, el Cloaca Iván (y su verga rompeportones) establecen un orden y un principio de identificación o de distancia. Eso es la Aufhebung hegeliana o la Verneinung lacaniana, aplicada por Lamborghini tanto a su relación con el Martín Fierro como al Cloaca Iván. “Lalo Cura”.


viernes, 5 de abril de 2024

Invitación

 

Presenta: Daniel Link. Lectura incomparable a cargo de Fernando Noy. Invitada especial: Ana María Chagras. Editores: Omar Genovese, Agustina Perez, Martín Maigua, Miguel Vega Manrique (eds.)  

 

sábado, 30 de marzo de 2024

Pasar el invierno

Por Daniel Link para Perfil

Y de pronto, el otoño se abalanzó sobre nosotras. Nunca antes había experimentado con tanta nitidez ese paso equinoccial.

Los días previos la lluvia había insistido en descargar su caudal impiadosamente. El calor no sólo no mermaba sino que, con la humedad, parecía solidificarse. Pero el 21 a la madrugada tuvimos ya que manotear algún saco a mano antes de salir a darles de comer a las perras, el cielo ya totalmente despejado y clarísimo.

En el campo todo es más nítido: las estrellas del cielo, los cambios de estación, el silencio (cuando se puede disfrutar de él).

En el medio del jardín delantero apareció una ronda de hongos. Al principio tenían forma de bala de cañón, pero después se abrieron como paraguas gigantes. Las lluvias habían terminado con el repiqueteo de las bellotas del roble sobre el techo de chapa. Fueron los primeros anuncios de un estruendo que nos acompañará todo el otoño. Alertas, las ardillas de los alrededores se acercan a la casa, movimientos que las perras observan con grandes expectativas.

La pereza vegetal empieza a sentirse. El pasto pegó su último estirón antes de llamarse a resistir la escarcha matutina. Las plantas entran como en receso, pero todavía aprovechan los últimos calores. Las naranjitas empiezan a juntar panza (después de las heladas, recién, podrán comerse).

El tubo de gas que debería durarme más de un mes, me costó cuarenta y tres mil pesos ($ 43.000). ¡Y después los citadinos de quejan del costo del gas natural! Probamos la chimenea y la salamandra. Funcionan bien. Pero tenemos poca leña así que habrá que ir a comprar. Mientras tanto, nos arreglaremos con los restos de ramas caídas durante el verano.

Hay algunas estufas eléctricas que podríamos instalar, pero no nos atrevemos a hacerlo sin comprobar previamente el costo del kilovatio. Hace algunos años debimos instalar paneles solares. No lo hicimos porque entonces no nos convenía y ahora me arrepiento. ¿No sería buenísimo que el Sr. Milei nos ayudara a liberarnos del yugo del Estado en materia energética? Que nos otorgue créditos blandos para instalar paneles solares. O, en su defecto, que devuelva los fondos de investigación que nos arrebataron.

Algo como para pasar el invierno.

domingo, 24 de marzo de 2024

Más claro, echale agua (bendita)

 (vía Horacio Verbitsky en El cohete a la luna)


 

 

sábado, 23 de marzo de 2024

Las mil y una castas

Por Daniel Link para Perfil

Es Antonio Gramsci quien más ha trabajado con la oposición “casta de gobierno separada del pueblo” (Los intelectuales y la organización de la cultura). Por supuesto, las castas son plurales (casta sacerdotal, casta militar, estamentos, etc.).

Detengamonos en la que más persistentemente ha sufrido el común desprecio. En Enrique VI, William Shakespeare le hace decir a uno de sus personajes: “Lo primero que hay que hacer es matar a todos los abogados”.

Casi al mismo tiempo, Francisco de Quevedo se queja en el Sueño de la muerte: “—Hay plaga de letrados. No hay otra cosa sino letrados, porque unos lo son por oficio, otros lo son por presumpción, otros por estudio (y destos pocos), y otros (estos son los más) son letrados porque tratan con otros más ignorantes que ellos”. En el sueño del juicio final letrados, jueces, abogados, escribanos y ministros de la justicia habitan en las sucesivas visiones del infierno quevediano. En un famoso soneto, Quevedo lanza a los letrados el veredicto “o lávate las manos con Pilatos, / o, con la bolsa, ahórcate con Judas”.

La casta de los abogados ha sabido desde siempre despertar la animadversión de los fuera-de-casta. Un chiste corriente y muy antiguo se pregunta¿Cuál es la diferencia entre una sanguijuela y un abogado? Que la sanguijuela deja de chuparte la sangre cuando te morís”.

Detrás de un odio exacerbado a una casta, conviene preguntarse desde dónde ha sido formulado porque tal vez el odio sólo funcione como revelación de la adhesión a otra. Odiar a la casta de los aparatos de gobierno es una pulsión bastante corriente (por no decir vulgar), pero sorprende cuando son los mismos gobernantes los que sostienen ese odio. Tal vez haya allí una confusión de nombres y se trate del persistente y nada original odio a la casta de letrados.

Sólo se puede odiarla tanto desde el punto de vista del economista o el contador, a quienes no les viene mal la advertencia de Héctor Guyot, “cuando olvida el fondo contradictorio del propio ser humano, tanto en su carácter de observador implicado como en su ingrato rol de conejillo de indias irreductible a la planilla de Excel”.

Casta contra casta. El letrado contra el economista, dibujados por José Guadalupe Posadas: no importa quién gane, seremos sus víctimas.

 

sábado, 16 de marzo de 2024

Advertencia número 8


 

La nave de los locos

Por Daniel Link para Perfil

Hedwig invita a sus amigas a tomar el té. Conversan sobre una judía rica a la que, en otros tiempos, su propia madre servía. Rudolf participa de una gran celebración ante un nuevo logro en el procesamiento de judíos. Cuando su mujer, Hedwig, le pregunta si disfrutó de la fiesta, contesta que se distrajo pensando desde un balcón cómo gasearía a la concurrencia, reunida en un palacio de techos altísimos.

La casa de Hedwig es un bello vergel: se suceden los canteros con flores, la huerta, los árboles frutales. Hay una piscina donde los tres hijos de la familia se divierten con sus amigos.

En el fondo, siempre visible, una pared de cemento separa la propiedad del campo de concentración de Auschwitz, donde Rudolf oficia de comandante. Durante las comidas, mientras los niños juegan, cuando hay una reunión de oficiales para mejorar el procedimiento de incineración, siempre se escuchan los gritos, los disparos, los llantos de bebés, los trenes. De noche, los hornos crematorios tiñen de rojo el cielo.

Molesta con una de sus criadas, Hedwig le dice que su marido podría cremarla en cinco minutos.

Cuando le ordenan a Rudolf que se traslade a Oranienburg, Hedwig decide quedarse con sus hijos y su perro en la casa, que tanto representa para ella, sus amigas y su familia.

Se insinúa que tiene aventuras con algunos de los trabajadores judíos del campo, se muestra que Rudolf tiene sexo con mujeres judías prisioneras.

Vi la película por recomendación de Albertina Carri, quien agregó, por si su criterio no fuera suficiente, que era candidata al Oscar. Ganó como mejor película extranjera. The Zone of Interest fue realizada por Jonathan Glazer a partir de la novela homónima de Martin Amis, muy libremente adaptada. De hecho, Glazer investigó durante dos años en los archivos de Auschwitz, repuso los nombres originales de los protagonistas, ajustó los detalles a los testimonios.

Más allá de su enorme valor cinematográfico, The Zone of Interest nos obliga a pensar en esa catástrofe que domina el Siglo XX, nos sumerge una vez más en una pesadilla que nos constituye y que determina la forma de humanidad que desempeñamos.

El espanto de la película de Glazer nos interpela directamente. Esa ficción de normalidad (que nosotros supimos llamar “nueva normalidad” durante el gran experimento de control social) sucede en un contexto de locura intolerable. Pero, ¿quiénes son los locos? ¿Los que ejecutan las acciones dementes de las que son un índice la banda sonora, justamente premiada en Los Ángeles, o los que siguen sus vidas como si nada sucediera?

Rudolf lleva a sus hijos a nadar al río, del que tienen que salir intempestivamente: está lleno de cenizas y de restos oseos. Nadie (salvo tal vez la madre de Hedwig, que huye de la casa) se atreve a decir las palabras que correrían el velo de complacencia: “son la ultraderecha”, “es un proyecto criminal”.

Hoy, entre nosotros, esas palabras tampoco se dicen en la prensa argentina, que escucha acobardada los ruidos detrás del paredón y sólo se preocupa por la “gobernabilidad”.

 


jueves, 14 de marzo de 2024

A quien corresponda



sábado, 9 de marzo de 2024

Vidas de María

Por Daniel Link para Perfil

¡Para qué se me habrá ocurrido mandarle una autofoto (¡yo, que detesto hasta la sola idea de la “selfie”!) leyendo su libro recién recibido! Lo primero que me reprochó fue mi seriedad: “esa cara de culo quiere decir que no te gustó”. Lo segundo que hizo fue postear la foto en Instagram (¡red de narcisistas irrecuperables!) y el informe diario de “likes”. “Ya llegamos a cuatrocientos”.

Obviamente, esa tortura cotidiana era una demanda de lectura (cosa que iba a hacer, por deseo y necesidad). Pero lo que precipitó los acontecimientos fue una segunda foto de mí leyendo su libro acostado en un camastro marplatense. “Es un vago” mandó a comentar a una de sus esbirras para apurarme.

Pues bien, leí Pero aun así de María Moreno. Por supuesto, la “Introducción” reproducía muchos de nuestros diálogos, pero sin mis respuestas. Se queja de que ahora escribe con un solo dedo. Yo le había contestado “tanta diferencia no hay: antes escribías con solo dos”. Deplora el resultado de “letras comidas, palabras intercaladas”. Es lo que sufrí durante una década, cuando fui su editor en Página/12 (la contraparte es la admiración por un pensamiento que avanza más rápido que la propia capacidad de escritura).

Lo más importante del libro último de María Moreno es que abre una nueva habitación que sabíamos que estaba ahí, pero que María había ocultado con perversidad: “leo sin claves teórico-críticas”, dice todavía, cosa que la primera sección de Pero aún así desmiente categóricamente. Para mí es la parte más bella (más inesperada) de un libro todo él precioso: ahí María lee literatura puesta bajo el dominio de los nombres de mujeres. Es como un seminario condensado y yo, que cuando coincidimos alguna vez en San Francisco me quedé con ganas de escuchar sus clases, disfruté de cada capítulo como un alumno analfabeto en vastas materias mundanas (por supuesto, como María Moreno no acepta ningún elogio mío como tal, en páginas futuras evocará estas palabras para negarlas de plano).

Pero aun así quiere decir varias cosas al mismo tiempo: que, incluso cuando lo ficcional y lo autobiográfico se confundan, María quiere que en cada una de sus líneas, aun así, se lea que “esta soy y esta es mi vida”.

Superpongo a esa sabia consigna otra: aunque la literatura soporte el desprestigio de las causas perdidas, aun así leerla permite constatar que “mi vida” está entretejida con otras y forma parte de un comunismo vital que hoy más que nunca nos conviene sostener. Nuestras vidas en común, Moreno, qué felicidad.

 

martes, 5 de marzo de 2024

¿Quién no ha acariciando una media ilusión?

“La única manera de construir poder es ceder poder. Algo que hasta ahora Milei no hace. No le resulta fácil, tiene tan poco poder que no le sobra ni para muestra. Por eso el maratón de fingimientos con el que gestiona, en la ilusión que el discurso está por encima de la realidad. Una falacia técnica que prueba que también en semiótica el gobierno atrasa. Si no fuera así, el peronismo no hubiera sacado el 44% de los votos en el ballotage, ni mantendría un muro de bloqueo al oficialismo con 100 diputados y ya casi 40 senadores -son los que se juntan en estas horas para rechazar el DNU 70-.” 

Ignacio Zuleta para Clarín

 

 

lunes, 4 de marzo de 2024