sábado, 16 de marzo de 2019

Identificaciones narcisistas

por Daniel Link para Perfil


Hemos llegado a un punto en el cual ya no podemos engañarnos más: no tiene sentido hablar de “grieta” si antes no se analizan los procesos de identificación narcisista entre la masa (una u otra) con tal o cual líder político y no se comprende que esa identificación ya no reposa en la representación sino en una identificación en toto.
La identidad del gobernante y el gobernado es el espejo en el que el rebaño se vuelve pastor colectivo y en el que el pastor se disuelve en su rebaño, en el que la libertad coincide con la obediencia, la población con el soberano, la ley con su víctima. La reabsorción del gobernante y el gobernado uno en otro es el gobierno en su estado puro, ahora sin forma ni límite.
Lo que en el fondo se pretende cuando se habla de democracia es la identidad entre gobernantes y gobernados, sin importar cuáles sean los medios por los que se obtiene esta identidad (ni, por cierto, para qué se ejerce el poder). Por eso hay “grieta”, porque no hay representación sino identificación. 
De allí las extrañas relaciones entre el abominable mundo del fútbol y el execrable mundo de la política: ser de Boca, o San Lorenzo. Se trata de una identidad continua, de una adherencia, más irrenunciable que el género o el nombre propio. Y ese ser es idéntico para gobernantes (jueces, diputados, espías, presidentes) y gobernados, es la gobernanza automática y reversible (los amos se adornan con atributos del esclavo y los esclavos se creen los amos).¿Cómo es posible que se siga ignorando que ya no importa nada el poder de Estado, sino el gobierno en cuanto forma de poder específica y diluida (todos somos responsables). ¿Para qué votar? Ahórrennos el mal trago.
La “pesada herencia” no fue nunca de orden económico sino estratégico: era un manual para gobernar, con instrucciones ininteligibles. La “grieta” es el resultado de operaciones complejas de subjetivación que nos vuelven meros repetidores (como se habla de “estaciones repetidoras”) de enunciados de valor más o menos equivalentes, siempre abstractos y vacíos (¿quién conoce un programa de gobierno?).
Para no irritar a los trolls, tomemos el ejemplo del “neoliberalismo”, la era de la desterritorialización ilimitada de Thatcher y Reagan. Hoy vivimos la reterritorialización racista, nacionalista, sexista y xenófoba de Trump, que ya se ha hecho cargo de todos los fascismos nuevos. El sueño americano se ha convertido en la pesadilla de un planeta insomne. Pensar que la primera ola neoliberal y la segunda son idénticas es ignorar la forma del mundo. Pensar que no puede haber liberalismo populista es ignorar las trampas de la retórica.
Bien mirada, la “grieta” es una guerra civil de baja intensidad que no enfrenta ni comunidades ni clases ni proyectos, sino meramente identidades continuas: queremos ser gobierno.Por eso, ¿dónde encontrar la política, que no sería sino un impulso radicalmente destituyente, y que hoy está completamente fuera de todo espacio partidario electoral? Naturalmente en el universo de la mujeres, que no operan por identificación imaginaria (“somos todas iguales”) sino por colocación estratégica y por cálculo táctico. 
La huelga general de las mujeres parte en dos a la sociedad y no importan tanto las razones de la causa (digo mal: sí importan, pero su efecto es más importante), sino la escisión y el terror que provocan, la hipocresía a la que obligan a los Tinellis y a los Patos.
Hoy son las mujeres las que disponen de los saberes técnicos estratégicos que posibiliten “bloquearlo todo” (empezando por el microfascismo de la razón reproductiva) para liberar la pasión de experimentar una vida otra.
El movimiento obrero fue vencido (y la figura “Obrero” aniquilada en su potencia) cuando perdió no su conciencia de explotado, que no le era específica, sino su dominio técnico de un modo de producción particular.
Hoy sólo el nombre “mujer” es capaz de una gestión técnica de si (y por lo tanto de todos) verdaderamente transformadora.
Estas líneas completan algunos razonamientos de A nuestros amigos del Comité Invisible y “À nos ennemis” de Éric Alliez y Maurizio Lazzarato. 

viernes, 15 de marzo de 2019

¡Mamma Roma!




lunes, 11 de marzo de 2019

Jugar con la lengua: contra las normas de la Real Academia

por Demian Orosz para La voz del interior

El Primer Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos se realizará en simultáneo y con posiciones críticas al Congreso de la Lengua. El escritor y ensayista Daniel Link es uno de los participantes.

En Rayuela, cuando dicen que van a jugar en el cementerio, se refieren al diccionario de la Real Academia Española (RAE). Horacio Oliveira, uno de los protagonistas de la novela de Julio Cortázar, publicada en 1963, es quien enuncia esa visión del diccionario como el lugar adonde van a morir las palabras. “Es realmente la necrópolis”, piensa el personaje en un pasaje célebre del capítulo 41. Y agrega: “No entiendo cómo a esta porquería le dura la encuadernación”.
A la hora de hablar de diccionarios hechos en España, Daniel Link piensa en línea con Cortázar, y cuenta que de ahí le viene su rechazo al volumen que guarda los términos moribundos y hacia las políticas lingüísticas de la Real Academia. “En mi adolescencia leí Rayuela, donde el diccionario de la RAE es objeto de todos los vejámenes posibles. Se lo abre sólo para jugar al Cementerio”, dice el escritor y ensayista argentino.
Link es docente de la UBA y de la Universidad Nacional Tres de Febrero, y es autor de más de 40 títulos, entre los cuales se cuentan Suturas. Imágenes, escrituras, vida, Fantasmas. Imaginación y sociedad y La poesía en la época de su reproductibilidad digital.
A fines de este mes, vendrá a Córdoba para sumarse al Primer Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos, que se propone como un espacio crítico y en disidencia con el Octavo Congreso Internacional de la Lengua Española (Cile).

Organizan un "anti" Congreso de la Lengua
En sus columnas en el diario Perfil, Link viene sentando su posición de rechazo al Congreso de la Lengua, que tiene entre sus principales gestores a la Real Academia Española y al Instituto Cervantes. En agosto de 2018, en un texto titulado “Acción y reacción”, manifestó su repudio a la lógica imperialista y mezquina que él le atribuye al congreso avalado por la corona española.
Hace pocas semanas, en la columna “El arte de injuriar”, fue con los tapones de punta: definió a la RAE como “infame” y se refirió a los académicos como “viejos chotos” empeñados en legislar sobre las palabras que pueden utilizarse.
“Uno de los temas sobre los que los conquistadores pretenderán imponer autoridad es el del lenguaje inclusivo o las estrategias de inclusión en el lenguaje, ligado con políticas de género”, escribió Link sobre la postura de la RAE contraria al uso de “x”, “@” o “e” en lugar del masculino.
Valga aclarar que en el programa del Cile no habrá ninguna mesa sobre lenguaje inclusivo.
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En diálogo con Número Cero, Link señala: “Naturalmente, una de las más desagradables manías de los académicos es la condena al lenguaje inclusivo y la defensa a ultranza de los usos heredados. No sé en qué terminará todo el asunto de las desinencias inclusivas, pero me parece, hoy por hoy, un juego necesario. Alguna verdad saldrá de todo eso”.
El encuentro dedicado a los derechos lingüísticos, organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, incluye una serie de intervenciones artísticas agrupadas en el ciclo “Malas lenguas” y acciones como el “Diccionario sin coronita”. Tendrá lugar del martes 26 al viernes 29 de marzo.

Impulsan la creación de un “Diccionario sin coronita”
La presentación de Link en el encuentro será el jueves 28 desde las 18, en el Pabellón Venezuela de la Ciudad Universitaria, junto con Diego Bentivegna y Florencia Garramuño. La mesa se denomina “La lengua en la literatura latinoamericana”.
“Pienso hablar sobre la evolución lingüística, y sobre algunos autores que son un hito en la separación respecto de España y su ilusión imperial de una lengua unificada (y gobernada por ellos)”, adelanta el escritor y ensayista.
Opina que el derecho a “jugar con el lenguaje” y a no aceptar las normas lingüísticas del Estado español es una de las reivindicaciones clave del encuentro.
Pone como ejemplos de esa revitalización lúdica a Oliverio Girondo y al “gíglico”, el lenguaje inventado por Cortázar (la escena erótica del capítulo 68 de Rayuela está íntegramente escrita en ese idioma). También al poeta Rubén Darío. “Todos ellos jugaron con el lenguaje más allá de las normas académicas –sostiene–. Por eso lo mantuvieron vivo. Lo mismo sucede, fuera de la norma culta, con los usos populares. Jugar... Si una vida se juega en un discurso, ¿qué decir de lo viviente en relación con los nombres?”.
Arte y parte: "Mas lenguas"
Un conjunto de iniciativas artísticas se reúnen bajo el título de “Malas lenguas”. Muestras, lecturas, presentaciones, acciones en la vía pública, música y teatro integran el programa, diseñado a partir de la convocatoria que llevaron a cabo Malena Tatián, Ives Romero y Ciro del Barco.
“Malas lenguas” se suma al Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos como “respuesta a la univocidad de sentido de las lenguas que proyectan las viejas instituciones colonialistas y sus anfitriones en nuestro país”.
“Estos poderes buscan hacer de la palabra viva un territorio funcional a sus intereses económicos y culturales, un territorio a fin de cuentas estanco y controlado”, expresan los gestores del ciclo que arrancó está semana y se extenderá hasta fines de marzo en múltiples sedes.
El viernes 15, en Séptimo Arte (avenida Roque Sáenz Peña 1423), Indira Montoya presentará Obri. El sábado 16, en el teatro La Calle (General Bustos 1000), se pondrá en escena Putito. Nunca nadie amó tanto, obra dirigida por Marcos Gabriel García.
En DocumentA/Escénicas (Lima 364) se verá Se debería llamar Elogio de amor, obra escrita por Gonzalo Marull y dirigida por Cipriano Argüello Pitt.
El viernes 22 a las 20, en Bastón del Moro (Chacabuco 483), se abrirá una muestra de Tomás Alzogaray, Soledad Sánchez Goldar y Hugo Aveta, entre otros, con curaduría de Ciro del Barco. A las 21, charla sobre el libro La Biblioteca Roja, y desde las 22, presentaciones de Elisa Gagliano y Hernán Boubie, y de Negra Marta junto con Amparo Basualdo.
Otra de las sedes de “Malas lenguas” será el Museo de Antropología (avenida Hipólito Yrigoyen 174). Allí, el lunes 25 a las 18, se presentará el Diccionario sin coronita, de la editorial Sofía Cartonera.
En el Sindicato de Luz y Fuerza (Deán Funes 672), el martes 26 a las 20.30, se realizará la primera entrega de “Desbordar la lengua”, con lecturas a cargo de Naty Menstrual, María Moreno y Cuqui; la segunda, el 27, tendrá a Claudia Rodríguez, Val Flores y Camila Sosa Villada; la tercera será el viernes 29 y se mudará a la Ciudad Universitaria, con David Aniñir, Daniela Catrileo y Washington Cucurto.
Actividades destacadas
l encuentro se desarrollará del martes 26 al viernes 29 de marzo, y tendrá como sedes a los pabellones Venezuela y Brujas en la Ciudad Universitaria, y al Sindicato de Luz y Fuerza (Deán Funes 672), donde además habrá una feria de editoriales. Las propuestas incluyen mesas de debate con producción académica local e internacional, paneles con especialistas y un evento de cierre. Todas las actividades serán con participación libre y gratuita. Entre los objetivos del encuentro está generar un espacio en el que se compartan estrategias, actividades y recursos bibliográficos, didácticos y lúdicos que promuevan la valoración y transmisión de las lenguas amenazadas.
Martes 26
11: apertura a cargo de Juan Pablo Abratte y  conferencia de Elvira Narvaja de Arnoux.
12: homenaje a Osvaldo Bayer: María Teresa Andruetto, Flavia Dezzutto y Diego Tatián.
18: presentación del libro Mapurbe, de David Aniñir.
Miércoles 27
17: mesa sobre edición, género, lengua y disidencias.
19: discusiones en torno a la norma lingüística, con José del Valle y Horacio González.
Jueves 28
12: panel sobre derechos lingüísticos y comunidades originarias, con Marisa Censabella, Ana Carolina Hetch, Mariela Tulian y Virginia Unamuno.
18: “La lengua en la literatura latinoamericana”, con Diego Bentivegna, Florencia Garramuño y Daniel Link.
19.30: “Conferencia plenaria: interculturalidad, justicia y derechos: derechos humanos y lingüísticos”. Rita del Valle Cejas, José Luis Grosso, Pablo Reyna, Agustín Rodríguez y Miguel Rodríguez Villafañe.
21: concierto de Liliana Herrero.
Viernes 29
11: “Cuando la lengua se les hace a un lado”, a cargo de Mempo Giardinelli.
12: conferencia de cierre: “La glotopolítica como política: acción intra y extradisciplinaria”, por José del Valle
14: políticas lingüísticas de la RAE, con Fernando Alfón, Daniela Lauría y Florencia Rizzo.
15.30: lenguas, género y disidencia, con Marina Mariasch, Emmanuel Theumer, Alejandro Modarelli y Patricia Supisiche.
19: festival de cierre del evento.


sábado, 9 de marzo de 2019

El punto ciego

Por Daniel Link para Perfil

Nuestro más sentido pésame para el Sr. Mauricio Macri, cuyo padre murió un día después de que él pronunciara el mejor discurso de su vida política. Nos queda la duda, que tal vez sea también la suya, sobre si su padre oyó ese discurso y si fue capaz de escucharlo, de experimentarlo en toda su violencia (que era simétrica de la violencia de quienes lo escuchaban como primeros destinatarios, la Asamblea Parlamentaria). Corramos un tupido velo de pudor sobre el asunto y pasemos a otro tema.
Asumamos (aún cuando todas las evidencias parecen indicar lo contrario), que el Sr. Macri definió adecuadamente su gestión y la de sus ministros: agua limpia, asfalto, puentes, aeropuertos, parques nacionales, conectividad, AUH, calidad de enseñanza, etc.). Sigue habiendo un punto ciego: la economía, cuya gestión se encomienda a un ministro que, justo es decirlo, transita entre la estupidez, la ignorancia y la mala fe, confundiendo su accionar con el del Banco Central, que es otra cosa.
Admitamos (es necesario argumentativamente, aunque las evidencias...) que la solución del Banco Central a los problemas de la inflación y el tipo de cambio son correctas. Con este panorama, ¿cuáles son las políticas económicas más adecuadas para el desarrollo o, por lo menos, para evitar el estancamiento de la producción, el trabajo y el consumo? Cri, cri. El ministro no dice nada. Lo único que él sabe es garantizar la buena relación con los acreedores. ¡Pero eso no puede sostener un ministerio! Cualquier almacenero lo sabe: para mantener a los acreedores contentos, hay que pagar. Y punto.
No se entiende, en el batibarullo de agresiones cruzadas que nadie (ni los políticos, ni la prensa, ni los sindicatos) pida la cabeza de un ministro que, a todas luces, ha demostrado su incompetencia. Raro que en un país que ha hecho de la caza de ministros de economía un saludable deporte, el “echen a Dujovne” no se oiga.


viernes, 8 de marzo de 2019

Mujeres de la bolsa

por María Moreno

El hombre de la bolsa era uno y se llevaba niños.
Las mujeres de la bolsa somos muchas y salimos de ellas para que no haya ni una menos.
Hay una historia política de la bolsa. Si la cartera era míticamente revoltijo cosmético, dejó de serlo cuando escondió armas revolucionarias, panfletos militantes, cuadernos de estudio, libros y planos; la bolsa la amplía y hace funcional.
¿Y la bolsa de basura? Sacarla implica expulsar afuera del hogar los deshechos de la vida productiva. Cuando aparecieron las bolsas de consorcio, el objeto pasaba del espacio que el feminismo llamó del llamado trabajo invisible a herramienta laboral del encargado de edificio; la utilería del asesino hoy incluye la bolsa y el container, la cloaca y el pozo ciego en donde la razón práctica devela un horror semiótico: las mujeres son basura.
Activar desde la bolsa no significa invitar a una identificación sacrificial o melancólica con las víctimas; ocupar el lugar en donde se encubrió el cadáver y romperlo para leer y hablar es evocar aquello que la muerte tiene para decir aún desde el silencio, por eso de que “el cadáver habla”, da señales de su identidad, pistas que llevan al asesino como lo demuestra la tradición política del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Que la bolsa se transforme en el símbolo del luto popular y el compromiso porque no haya ni una menos.


jueves, 7 de marzo de 2019

8M




sábado, 2 de marzo de 2019

Las cosas que hay que oir


Estamos inscribiendo




¡Hagan algo!

Por Daniel Link para Perfil



Y apareció un obrero (uno) y se pudrió todo. Y el soberano tartamudeó más que nunca “el año pasado, el año pasado”, y no pudo contestar el simple reclamo: “Hagan algo”. Hubiera dicho: estamos haciendo, estoy haciendo, estoy vendiendo mi fortuna para crear un fondo de asistencia y capacitación al obrero, porque me importa más el futuro de la patria que el futuro de mis empresas. Hubiera dicho: sé que soy culpable de todo, sé que los inútiles de los que me rodeo se dicen ministros pero no son más que bufones tarambanas que mandan los partes diarios del Reino a la sede del Imperio y se quedan esperando la aprobación por sus piruetas de salón de fiesta.

O lo hubiera abrazado fuerte y, fundido en un abrazo el obrero con el soberano, la historia habría entrado en un ralentí hasta detenerse totalmente, para empezar de nuevo, ahora sí, con esperanza. Estamos juntos, vamos a hacer algo.

El obrero no exigió “¡Váyanse!”, pidió “Hagan algo”. Y el abrazo que le dio el soberano fue casi un empujón, un “tomátelas”, incluso un pésame: lo siento, lo siento tanto, te acompaño en el sentimiento, andá a enterrar tus esperanzas. Y siguió adelante con la payasada de que está gobernando y de que tiene una idea, alguna, de lo que podría hacerse por el abandonado a su suerte.

El obrero podría haber preguntado: ¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra? ¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla China? Para qué, si el soberano no tiene respuestas para el simple y patético “Hagan algo”.

El obrero se dio cuenta del significado de ese abrazo de pésame y consolación hipócrita y se retiró murmurando “la concha de mi hermana”. En la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían, gritaban llamando a sus esclavos.

Ya llamarán de nuevo, los monarcas hundidos, a sus súbditos. Se están hundiendo por el peso de plomo de las respuestas que se guardan.



sábado, 23 de febrero de 2019

El imperio contraataca

Por Daniel Link para Perfil

En un país tan bonapartista como el nuestro, convendría recordar algunas de las obsesiones de Napoleón. En noviembre de 1799, ya con el poder en sus manos, hizo promulgar una nueva Constitución, basada en “los verdaderos principios del gobierno representativo, sobre los sagrados derechos de propiedad, la igualdad y la libertad”, para anunciar enseguida que “la Revolución ha terminado”. El primer artículo de la constitución del 28 Floreal del año XII (18 de mayo de 1804) decía simplemente: “El gobierno de la República se confía a un Emperador”. El ciclo revolucionario de 1789 había concluido con el Consulado, cuerpo colegiado del que Napoleón participaba. Le bastó reducir los tres cónsules a uno para, posteriormente, proclamar el Imperio hereditario como garante de la república. Una monarquía plebeya, bien argentina. Entre los muchos dislates que la posteridad guardó como sus “frases célebres” hay una de triste carrera. Napoleón sostenía que “Hay una clase de hombres que ha hecho a Francia más daño que los revolucionarios más furiosos: los frasistas e ideólogos”.
Ni la izquierda ni la derecha se salvaron de semejante condena al registro de lo imaginario o ideológico, condena que hoy vuelve de la mano de la peor pesadilla: la derecha confesional que considera que la verdad, al mismo tiempo natural y religiosa, tiene un solo enemigo: la “ideología de género”.
Como el joven Marx había caído en una tentación semejante (la ideología como una conciencia falsa del mundo y de las relaciones en el mundo), muchas veces es difícil contestar a las bestias. Que lean, en principio, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde Marx, ya maduro, demuestra que lo imaginario cumple una función específica en el desarrollo de los procesos históricos.
La perspectiva de género es, en efecto, una ideología, porque propone la posibilidad de imaginar mundos, relaciones y potencias del ser no necesariamente actuales. Cumple un papel decisivo en los procesos de transformación de las sociedades que, hasta ahora, no se han convertido en más injustas o más violentas por las perspectivas de género sino por otra cosa: la fuerza bruta y la ignorancia, en primer término.
Que alguien suponga más cantidad de verdad en los cuentitos complicados de las religiones monoteístas que en esa plaga, la horoscopía (que azota incluso las páginas de este diario), sólo puede sostenerse en una ignorancia que se regocija como tal. Sólo como ejemplo: las funciones que se reservaron a las mujeres en los relatos de los grandes libros dogmáticos de las religiones tuvieron una función histórica. Pero en modo alguno pueden aplicarse en nuestras sociedades, no guardan ninguna “verdad” esencial, salvo la del Tiempo. Confiar en esas “frases” es como pretender que un Emperador sea el guardián de la República. Cosas de chicos brutos.

lunes, 18 de febrero de 2019

Los hilos conductores

A todo el mundo recomiendo viajar con una manía. Por leve que ésta sea, siempre nos apartará de los recorridos más previsibles, más trasitados por el turismo de masas. Por ejemplo, nosotros viajamos siempre en busca de una iglesia de San Sebastián y la posibilidad de adquirir una estatuilla del mártir para agregar a nuestra colección.
Hace unos días estuve en República Checa, por asuntos de trabajo. Viajé con dos colaboradores, uno de los cuales, Leo Cherri, se quedó unos días para conocer Budapest y Viena. Me mandó, desde el Belvedere, esta foto para alimentar mi manía (le reproché, sin embargo, que no hubiera recorrido todas las santerías del lugar para procurarnos una imagen) de una estatua de escuela veneciana (Giovanni Giuliani):



Esta mañana, mi hija me reenvia un mensaje de su amigo Maxi Cuenca, quien fue DJ en nuestra boda (y que vio cómo, en aquella ocasión, se hacía pedazos el gigantesco Sebastiano que habíamos llevado como testigo mudo de nuestra unión), con esta foto:


Al principio pensé que la foto era la misma y que Maxi la había levantado del FB de Leo (no se conocen entre sí, hasta donde sé), pero después me di cuenta de que no y el vértigo fue todavía mayor: son dos fotos diferentes y la casualidad quiso que estas dos personas, que viven en ciudades diferentes (una en Buenos Aires, la otra en Barcelona), visitaran el mismo museo húngaro con días de diferencia y posaran sus ojos sobre la misma estatua y pensaran en nosotros.
Así comienza, claro, una ficción paranoica, la pesecución del orden secreto del mundo.


sábado, 16 de febrero de 2019

Búsqueda implacable


Por Daniel Link para Perfil

En los vuelos transoceánicos, pongo cualquier película hasta que me haga efecto la pastilla hipnótica que tomo para poder dormir. Pero volviendo de Frankfurt, elegí Searching (Buscando), un prodigio narrativo que me juega una mala pasada. Aguanto hasta el final, con los progresivos efectos del soporífero, y me prometo verla nuevamente cuando llegue a mi casa. La versión integral es mucho mejor que la reducción preparada para los aviones, a la que le faltan unos cuantos minutos.
Searching es la historia de la búsqueda de una hija perdida o desaparecida. A diferencia de la saga Taken, protagonizada por Liam Neeson, aquí nada es muscular ni sensorial ni mafioso ni heroico, sino: inteligente.
El padre (desempeñado por John Cho) es un hombre que trabaja con computadoras, desconcertado por la muerte de su esposa. El punto de vista de la película es precisamente el de su computadora (o el de la macbook de su hija), y todo lo que se ve es lo que sucede en esas pantallas, en particular, claro: los resultados en los buscadores.
Una vez aceptada la desaparición de la hija, el padre contacta a la policía. No sabe nada de su vida social y debe reconstruir su entorno y sus movimientos a través de las redes de las que ella participa. Naturalmente, debe “hackear” las cuentas previamente, mediante un sistema que incluye un solo abuso narrativo: la cuenta de correo de su hija está asociada a la cuenta de correo de la madre muerta, que él conoce. Sin ese dato (yo nunca conocí las claves de las cuentas de mis hijos, pero los tiempos han cambiado) la trama no se sostendría.
Todo sucede en cinco días frenéticos de chateos, comparación de imágenes, tabulación de respuestas, seguimientos en google maps, reconocimientos en cámaras de seguridad y, sobre todo, noticias periodísticas.
La verdad, cuando se sabe, es terrible y muy triste: no hay trata de mujeres, ni lavado de dinero, ni drogas de por medio. Sólo la distancia establecida por la misma técnica que la película usa como motor narrativo. El relato es prodigioso sobre todo cuando muestra el parpadeo de un cursor, el borrado de un mensaje a medio escribir, la vacilación antes de pasar de página como un efecto de conciencia (sensibilidad e inteligencia). Una conciencia y una identidad desgarradas por la técnica, que en definitiva son las únicas a la que hoy podemos aspirar. Searching muestra cómo hacer un relato impecable en tiempos de enamoramiento de los dispositivos.


miércoles, 13 de febrero de 2019

El arte de injuriar

por Daniel Link para Perfil

Con mis amistades estamos preparando la necrológica para publicar en la última semana de marzo, cuando se realice en Córdoba el VIII Congreso de la Lengua patrocinado por la infame Real Academia Española. Nosotres estaremos en otra parte, en el encuentro internacional Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos, que se realizará también en Córdoba del 26 al 29 de marzo. 
 Al Real Congreso llevaremos una corona mortuoria, con una leyenda que subraye que la Madre de la Lengua Castellana dejó morir a su hija por codicia. Uno de los derechos que reivindicaremos en el encuentro paralelo será el de jugar con el lenguaje, del que nadie puede reivindicar título de propiedad alguno, para mantenerlo vivo. 
Por ejemplo, en relación con el masculino universalizante que la RAE defiende a capa y espada. Es mentira que no esté marcado genéricamente, y esa marca hiere la sensibilidad de quienes quedan fuera de su alcance, que son la mayoría de quienes usamos el lenguaje. Por supuesto, si el uso de la “e” como plural inclusivo pretende imponerse como una norma abstracta, tampoco llegará muy lejos. María Moreno lo dijo claramente: “¿Qué pretenden, que les diga forres?”. Las situaciones de enunciación y el sustrato libidinal del lenguaje muchas veces nos obligan: para forrear a alguien, en masculino o femenino, siempre habrá que recurrir a las viejas desinencias. 
Lo mismo con los señores de la RAE, que solo pueden señalarse como “viejos chotos”, precisamente por su impulso para legislar sobre derechos que hemos abrazado hasta sus últimas consecuencias: el derecho a decidir la propia lengua.





sábado, 2 de febrero de 2019

¿Qué bicho te picó?


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Por Daniel Link para Perfil

El 13 de junio de 2016 se estrenó la serie Braindead, de 13 episodios. Su tema es el bipartidismo político en los Estados Unidos, tratado en tono de sátira con toques de propaganda electoralista. Ya entonces las imágenes de Donald Trump metían miedo.
Muy divertida, la serie tenía algo raro: producida por Ridley Scott, sufría más bien marcas propias de Tim Burton (la música, el tema, el tono).
El rol protagónico (desempeñado por Mary Winstead, a quien venimos siguiendo desde
Scott Pilgrim pero que brilló sobre todo como heroína en la extraordinaria 10 Cloverfield Lane) es el de una documentalista que detesta el mundo de la política, pero que decide aceptar un trabajo que su hermano, parlamentario demócrata, le ofrece, porque quiere terminar una película sobre unas músicas africanas en proceso de desaparición.
Cae un meteorito en la tierra que aloja una vida alienígena cuyo efecto más notable es extremar las posiciones políticas, como estrategia para dominar el mundo (lo primero, claro es paralizarlo): ¡la grieta!, y el cierre parcial del gobierno (Obama lo sufrió durante quince días, el de Trump duró más de cinco semanas y ahora está en un impasse hasta el 15 de febrero, mientras duran las negociaciones).
Para nosotros, "¿qué bicho te picó?" es algo que uno piensa frente a un fanático de una ideología u otra. Para la serie es lo mismo, pero literalmente. Los bichos comen parte del cerebro de los parlamentarios, volviéndolos completamente insensibles a cualquier otra cosa que no sea la destrucción del otro.
El cese de gobierno supone que se suspenden a los trabajadores “no esenciales”. Trump es el primer presidente norteamericano que sufrió un shutdown mientras su partido controlaba ambas cámaras del Congreso, lo que resulta todavía más preocupante.
Las tareas no esenciales involucran, por ejemplo, a todos los parques nacionales y sitios recreativos y conmemorativos (incluidos los museos, zoológicos y archivos nacionales), agencias federales como la recaudadora de impuestos, control climático, etc.
El gran perdedor de este primer asalto (a la razón) fue Donald Trump, cuyas políticas migratorias fueron el detonante de la no aprobación del presupuesto. No sólo por el costo del muro en la frontera sur, sino también el limbo en el que se encuentran los dreamers, una vez que el programa DACA, que los protegía de la deportación, fue cancelado. En todo caso, la grieta y la parálisis toma a los latinoamericanos de rehenes: de un lado, los rehenes de afuera; del otro, los de adentro.
La imagen negativa de Trump en su país supera el 55 %. Pero él sigue firme en sus convicciones (que otros consideran delirios) xenófobas.
Es muy raro tener que defender, en un mundo global, el derecho de las personas a la migración. Pero como el bicho fascista ya está picando demasiadas cabezas, conviene subrayar que las ideas de izquierda son fáciles de identificar y son siempre nobles y fáciles de abrazar en consecuencia. Por el contrario, las ideas de derecha, también fácilmente identificables, son siempre miserables y ominosas.
El problema surge, claro, cuando las ideas se transforman en programas de gobierno, como sucede en el caso de Venezuela, que vive una dolorosa crisis sobre la que muchos consideran fácil pronunciarse ligeramente, como fue el caso, precisamente del presidente norteamericano y sus vergonzantes aliados ciegos, el presidente de Brasil y el de Argentina.
Es claro para todos que el gobierno de Maduro agoniza en su propia podredumbre. Pero no es tan claro que la solución sea la jugarreta urdida en las últimas semanas, el reconocimiento de un gobierno autoproclamado, el congelamiento de las cuentas en Estados Unidos del Estado venezolano, etc.
La respuesta del otro lado será vaciar el tesoro venezolano y cargarlo en un avión privado de bandera rusa.
Pero así, picados por el bicho de la inhumanidad, sólo se camina hacia una catástrofe de consecuencias por ahora imprevisibles.
En Braindead, una musiquita hacía explotar los cerebros comidos por los extraterrestres. Nos está faltando esa musiquita, algo con cierto sentido de futuro, que licúe el odio.




sábado, 26 de enero de 2019

Poesía eres tú


Por Daniel Link para Perfil

Leo dos libros extraordinarios al mismo tiempo, Autorretrato en el estudio y Diarios del capitán Hipólito Parrilla y a partir de cierto punto los párrafos leídos en ambos libros entran en una harmonia austera o conexión áspera.
Lo que hace Giorgio está (¿cómo podría ser de otro modo?) a caballo entre la elegía y el himno. Se trata de su vida, de sus lecturas, de los modos de habitar los espacios en los que ha escrito. Lo que hace Rafael es un diario falso de una persecución (“Cuando retorne cubierto de la gloria y con la cabeza de Vicuña Porto en esta pica...”) que es, en el fondo, la persecución del amor y de la palabra.
Aunque el libro de Rafael se muestre (haga el gesto) de una novela basada en la forma “diario”, el ritmo que le imprime a cada período revela que se trata de un poema, la epopeya de la palabra perdida o imposible. Ningún rigor filológico lo mueve, sino más bien, el amor mismo que la filología dice y que, por eso mismo, le permite el anacronismo más evidente pero también el más secreto.
En el otro extremo, Giorgio recuerda un libro en particular que para él significó “una suerte de despedida de la poesía en nombre de una práctica poética que ya no abandonaría nunca más: la filosofía, la «música suprema»”.
Giorgio y Rafael entienden, creo, la poesía como gesto. El gesto, como expresión y como gag (“un perro de verdad que hace de perro”), suspende la relación significativa de las palabras con las cosas, y por eso, Giorgio sostiene que un filósofo que no se plantea un problema poético no es un filósofo. Es seguro que Rafael ha pensado: un actor que no se plantea un problema poético no es un actor.
En la dedicatoria de su libro, Rafael dice “Papá Noel me dejó este engendro para vos”.
Hay algo de impersonalidad en ese don que viene de otra parte y del cual él es sólo un presunto intermediario. El engendro es un gesto poético de vuelo altísimo. Y yo se lo agradezco.



sábado, 19 de enero de 2019

De la numerología

Por Daniel Link para Perfil

Hoy es 19 de enero del 19. La columna que, por azar, me correspondía escribir, debe tener 1.900 caracteres. Uno más nueve es diez, y 1 es el ordinal que le corresponde al mes de enero.
De todas las doctrinas presocráticas, la más hermosa es el pitagorismo.
Lo dijo Diógenes Laercio: “El principio de todas las cosas es la mónada o unidad; de esta mónada nace la dualidad indefinida que sirve de sustrato material a la mónada, que es su causa; de la mónada y la dualidad indefinida surgen los números; de los números, puntos; de los puntos, líneas; de las líneas, figuras planas; de las figuras planas, cuerpos sólidos; de los cuerpos sólidos, cuerpos sensibles, cuyos componentes son cuatro: fuego, agua, tierra y aire; estos cuatro elementos se intercambian y se transforman totalmente el uno en el otro, combinándose para producir un universo animado, inteligente, esférico”. Leibniz retomó el asunto monádico y propuso una Explication de l'Arithmétique Binaire.
Después vino Deleuze, para quien los números y el arte son geomorfismos (formantes del cosmos).
Si todas las cosas son, en última instancia, números, e incluso números binarios (1,0), esta fecha y esta columna se complotan para pronunciar una verdad que pocos (y tal vez, ni siquiera yo mismo, que soy sólo un instrumento de la música del cosmos) alcanzarán a comprender. Mi cuerpo, pensado como el efecto de un código binario, no se diferencia en nada de un avatar en un juego de consola.
Cualquier número decimal puede convertirse en binario mediante una serie de divisiones sucesivas (en internet hacen el trabajito por uno): 19 se dice, en binario, 100112.
Esta noche voy a dormir al aire libre, mirando las estrellas, cuya danza numérica me arrullará y me brindará las respuestas que le pida. No creo en el poder de los astros, sí en el del discurso. Trataré de registrar las secuencias, los ritmos, las entonaciones. Ése será mi año.


sábado, 12 de enero de 2019

Carta a los amigos de Roma

Por Daniel Link para Perfil



Alfonso Cuarón ha producido un pequeño milagro: hacernos creer que una película estéticamente anacrónica y deshilachada narrativamente es una obra maestra.

Roma tiene muchas virtudes, pero también muchos defectos y cada quien sabrá si las primeras superan a los últimos o viceversa.

Entre los defectos, encuentro que su esteticismo memorialista es irremediable, que la repetición del desplazamiento de cámara lateral en dolly termina aburriendo, y que la reconstrucción de época, que al principio sorprende favorablemente, muy pronto se convierte en un mero exhibicionismo de la capacidad de producción (la escena del incendio forestal es lo más feo y falso de toda la película).

Entre las virtudes, hay que señalar la recuperación de Leo Dan en una de las canciones más exquisitas de su período mexicano, el uso magistral de la elipsis que nos ahorra prácticamente todos los diálogos que habrían hecho de Roma una película decididamente odiosa, y el travelling final en el mar, que cumple exactamente la función narrativa y poética que la película necesitaba para cerrarse.

Los paisajes de Roma se parecen mucho a los paisajes romanos de Fellini (especialmente los grandes descampados que se muestran en la Dolce Vita), pero toda la dinámica de la película de Cuarón es radicalmente diferente porque no está puesta en relación del presente sino de un pasado que sólo puede recuperarse por la vía de la reconstrucción arqueológica de la memoria. El fragmentarismo de La Dolce Vita (por ejemplo) era una hipótesis sobre su presente y sobre los círculos sociales. En Roma, parece querer decir sólo que el pasado es, en última instancia, no tanto lo que insiste en el presente, sino unas islas de recuerdos más o menos autónomas que sólo adquieren unidad respecto de la conciencia del que cuenta el cuento.

De modo que Roma es una experiencia privada que en muy pocos momentos alcanza a incluirnos más allá del “mirá vos” con el que reconocemos fragmentos comunes de pasado (por lo general canciones, o juegos infantiles). Cuando eso sucede, la película levanta vuelo (es el caso de la escena de los combatekas, muy perfecta y muy desconectada del resto).

Desde el principio hasta los últimos minutos, Roma no deja de recordarnos a La ciénaga, de Lucrecia Martel, en la que sin dudas está inspirada pero a la que no alcanza ni en sutileza psicológica, ni en agudeza crítica ni en equilibrio dramático. De hecho, tal vez el mayor mérito de Roma es que despierta en nosotres el deseo de volver a ver La ciénaga.

Innecesariamente larga, la película de Cuarón tiene el mérito de ser bastante amable con el espectador, que puede perderse en sus propias ensoñaciones.

SI no recuerdo mal, en la Colonia Roma se filmó Los olvidados de Luis Buñuel. Más allá de eso, le tengo cariño a ese barrio donde viven muchos amigos míos.


viernes, 11 de enero de 2019

miércoles, 9 de enero de 2019

Spock está en peligro...



con esos labios de churrasco, todos le quieren comer la boca:




sábado, 5 de enero de 2019

Intervención cortante

Por Daniel Link para Perfil



El año parecía haber ya terminado sin sorpresas. Y no fue así. En el momento en que estábamos haciendo el check in en el mismo hotelito retirado donde habríamos de despedir un año más de nuestras vidas, vimos que esperaba el uber quien había oficiado de madrina en nuestro casamiento. Partía rumbo a otra playa, donde se la esperaba para organizar la fiesta de año nuevo. Nos habló bien del lugar al que llegábamos y nos recomendó a uno de los huéspedes, un uruguayo joven, solo, llamado Alejandro.

Después de algunos intercambios anodinos, coincidimos en el jacuzzi, donde me contó algo íntimo: su punto G era el ombligo, cosa que comprobé allí mismo.

El asunto me conmovió profundamente porque me recordó El baile de las locas de Copi, en la que Pietro Gentiluomo entra en éxtasis cuando le meten el dedo y la mano en el ombligo. Una vez consigue que su partenaire le meta el brazo entero y toque su corazón por dentro. Le conté eso, y no llegué a decirle que esa novela es una de las más conmovedoras historias de amor que se hayan escrito jamás. “Yo no sé aún que voy a matarlo, él no sabe que yo puedo olvidarlo. Y, desde el momento en que he empezado a escribir ya lo he matado, el movimiento hipnótico de la Bic sobre mi libreta bloquea el recuerdo de su olor”.

Cuando le dije que Copi había escrito también una novela llamada El uruguayo, respondió lacónicamente: “En Uruguay nada pasa”.

Hasta ahí yo pensaba que Copi, como con el Papa argentino y con las mujeres vestidas de carne, había acertado de nuevo. Las unidades móviles del imaginario que Copi nos regala se actualizan cada tanto, acá y allá. Y cuanto más regular y homogéneo es el imaginario que nos envuelve como una película pegajosa y húmeda, tanto más perturbador es el efecto Copi. Alejandro no podía saberlo, pero era una actualización de un personaje de Copi, la realización del imaginario.

Mucho más perturbadora fue nuestra segunda conversación, cuando me mostró una foto suya, con un cuchillo apoyado sobre su ombligo, y me preguntó: “¿Encontraré mi carnicero?”.

Dejo de lado la fantasía trans de la cual la frase y la foto eran expresión, que volvían a confirmar lo mismo de antes, lo que yo había definido en La lógica de Copi como una intervención cortante. Nuestra madrina de bodas es nuevamente, testigo: el uruguayo no es sólo un personaje de libro de Copi, es personaje de un libro mío. El fin de año estaba, ahora sí, salvado.


sábado, 29 de diciembre de 2018

La grieta

Por Daniel Link para Perfil

Me sentía un poco desesperanzado. Todo a mi alrededor parecía desmoronarse. Pero, por fortuna, los diarios argentinos me dieron motivos de optimismo. “Nicole Neumann hizo oficial su reconciliación con Matías Tasín”, y un poco antes: “Pico Mónaco habló de su reconciliación con Pampita”.
Ahora sí podemos respirar tranquilos. Qué importante es saber esto. Por supuesto y, como siempre, el Papa mira para otro lado y en su saludo navideño insiste con abstracciones como la paz mundial, el hambre y el diálogo político en Venezuela y Nicaragua. El presidente argentino insiste con sus predicciones (vamos a estar mejor) que jamás se cumplirán.
¿No son más importantes los procesos de reconciliación de las ex-modelos con sus parejas? ¿No son más concretos esos lazos reconstituidos? Por algo se empieza...
Aplaudamos la vida íntima rehecha y la infinitas posibilidades para las fotos veraniegas. ¡Vivan los amores renovados de Pampita y de Nicole! Sólo faltaría que ellas se quisieran, pero no sé si estamos preparados para tanto. Codazos en pasarelas, vestidos que desaparecían en los backstages de los desfiles y apodos humillantes no son cosas fáciles de olvidar.
Ahora me doy cuenta de que, sin marido ambas, a lo mejor esa desdicha compartida las hubiera unido dándoles una humanidad de la que carecen.
Vuelvo a mi desesperanza política e incluso existencial: sus respectivas reconciliaciones les sirve sólo para afirmarse en el odio mutuo e, indirectamente, para alimentar a los vendedores de basura.