sábado, 30 de agosto de 2014

Cuenta regresiva


por Daniel Link para Perfil

Yo también llevo la cuenta regresiva. Me aburren los llantitos encandenados, el aparato propagandístico previsible no sólo en sus contenidos sino también en sus tonos, el rosario de anuncios que la realidad desmiente (“Hora pico sin camiones” duró un día y después los reyes del asfalto volvieron a circular por los carriles centrales de las autopistas provocando ataques de nervios; los planes de vivienda, si hubieran sido finalizados, tendrían que haber por lo menos descomprimido la situación de las villas miseria; si el dólar no aumentara como aumenta, yo no estaría contando las monedas para ver si me puedo tomar una cerveza en esta playa en la que estoy, esperando el comienzo de un Congreso Internacional al que fui invitado; y si las jubilaciones fueran tan suculentas como nos dicen, no tendríamos que mantener a nuestras madres).
Pero sobre todo me preocupan la multiplicación de la miseria, la imposiblidad para revertir las escisiones que el peronismo de derecha de los años noventa provocó entre nosotros, el desasosiego creciente, el abaratamiento de la vida, la solución retórica de los problemas del transporte, la educación, la alimentación, la salud, la deuda externa.
En fin, me aburren y me preocupan las acciones de un gobierno que siempre dijo tener un modelo, o un plan estratégico, pero que en realidad fue reaccionando a los avatares de la realidad (con mejor o con peor suerte) y que, pasados los años, nos devolvió a un punto de partida, eso que se llama “crisis” y que es una configuración económico-político-cultural de la que nunca terminamos de salir del todo y que tampoco nos condujo a umbrales de transformación y de liberación de energía de vida.
Me aburren el pragmatisimo y la falta de imaginación, pero no especialmente de quienes nos gobiernan sino de aquellos que aplauden sin misericordia cualquier cosa que se diga en la televisión pública, en las cadenas nacionales, en los decretos de necesidad y urgencia y en las resoluciones de los ministerios.
Me cansa seguir el mismo camino durante mucho tiempo. Y aunque mis amigos me aseguren que cualquier cosa que venga será peor (algo de lo que yo mismo estoy bastante convencido), el solo hecho de que tengamos que ponernos a pensar de nuevo qué posiciones tomar ante tal o cual asunto me parece auspicioso. Mientras tanto, que Dios me perdone, veo si me puedo escapar del chiringuito de Copacabana sin pagar la cerveza.


miércoles, 27 de agosto de 2014

sábado, 23 de agosto de 2014

La lengua herida

Por Daniel Link para Perfil

Nunca diré “Presidenta”, porque sería como escribir “Estudianta” o “Comandanta”. A la obsesión reaccionaria de marcar el género en palabras que de él carecen (y que por eso, son menos sexistas), se suma la ignorancia de la gramática.
A mis hijos les enseñé que el ordinal femenino “primera” no se apocopa y ellos corrijen como maestras normales a sus amigos cada vez que los escuchan recordar a “la primer novia”. Ni que hablar de la peste que introdujeron los “cientistas sociales”: “al interior de”. En el interior de tu cerebro percibo cierta sordera al lenguaje y cierta tendencia al galicismo, les digo.
En los últimos tiempos, prohibiría el uso de la palabra “selfie” que, entre nosotros, siempre se dijo “autofoto” y que es un invento muy anterior al celular que promocionaba Ellen Degeneres el pasado febrero. ¿Por qué llamar, ahora, “selfies” a las horrendas autofotos que siempre nos hicimos? ¿Qué nos creemos que somos? ¿De qué delirio pretendemos participar al usar vocabulario ajeno?
Los diarios, cada vez más, perpetúan los barbarismos idiomáticos. Se dirá que la urgencia de la hora (megacanje, cotización del dólar, despidos y suspensiones masivas, ley antiterrorista, causas por corrupción, ébola, Gaza) no admiten el prurito de la corrección lingüística, pero la comunicación a balbuceos y mediante palabras que se enhebran con una sintaxis espasmódica no me parece índice de preocupación por la realidad sino debilidad. Una lengua herida es una lengua débil. Un paso más y será una lengua muerta.


domingo, 17 de agosto de 2014

Colección de primavera



sábado, 16 de agosto de 2014

Viajes con mi tía


Por Daniel Link para Perfil

He aquí un libro extraordinario y delicioso: Viajes. De la Amazonia a las Malvinas de Beatriz Sarlo que acaba de publicar el sello Seix Barral (es imposible no reprochar la avaricia de la editorial, que ha condenado el libro al desguace casi inmediato, resultado de una encuadernación precaria que ha eludido el cosido, y a las fotos que debieron acompañarlo a una poco amigable dirección en internet).
Los lectores menos atentos de Sarlo han manifestado su sorpresa ante un gesto que han calificado como coming out: no esperaban de ella un libro puramente narrativo y autobiográfico. No sé por qué, si el ejercicio había comenzado hace unos años en la revista Viva, donde Sarlo había publicado pequeños esbozos de estos viajes.
Los relatos aquí reunidos son, cada uno de ellos, ejemplos de un motivo de viaje y un tipo de viajero: los viajes de infancia (el mejor relato, el más rico, el más conmovedor, el que está mejor escrito), el viaje a la Puna y el viaje a Bolivia, el viaje a la selva amazónica peruana y el encuentro con un umbral de humanidad en el medio de una tribu de jíbaros, el viaje a Brasilia y el viaje a Malvinas, enmarcados por dos textos que funcionan como marco teórico (nunca como justificación).
Que se trata de un libro profundamente autobiográfico queda subrayado a lo largo del libro en la interrogación a la que Sarlo somete a aquella que viajó (“¿Quién era la chica de jeans, borceguíes y remera roja?”, pág. 91; “me resultó difícil saber quién había sido esa muchacha”, pág. 165; “quien escribe el relato de viajes juzga a quien escribió la libreta como un «yo» que es otro”, pág. 220). No habiendo posibilidad de sostener la continuidad de la persona, es legítimo interrogar a aquella Beatriz desde el lugar de ésta. Al contar sus viajes (ciudadosamente elegidos), Sarlo cuenta su experiencia de vida, es decir: la vida entendida como una busca desesperada (y muchas veces, desesperanzada) de experiencia (“aurática”, escribe Sarlo, como un homenaje amoroso e intempestivo a Benjamin). “La experiencia inesperada de un shock” (pág. 222) es la última frase del libro y desde el comienzo se trata de eso: de un shock que saque al viajero de su letargo y ponga en marcha el pensamiento (que es, en primera instancia, un pensamiento de si, de los propios límites y de las propias convicciones).
La experiencia no depende de ese “régimen de atosigamiento” (pág. 214) por el que Sarlo es célebre (todas las películas, todos los libros, todos los museos, todos los conciertos) que queda del lado de la “voracidad ciega” o del “snobismo hambriento” pero, sobre todo, como marca de esa persecución obsesiva de una verdad que se escapa salvo en los raptos de experiencia. En un viaje, para Sarlo, la experiencia sólo aparecerá en lo que ella llama un “salto de programa” que provoca un fuera de código (el acontecimiento, enseña la filosofía, es siempre del orden de lo imprevisto), ya sea el abrazo insignificante de un loco en una plaza crepuscular de Viena, la confesión de una empleada doméstica, una pregunta susurrada en castellano de Belgrano en un rincón de una casa de Malvinas o el encuentro inesperado con el Barroco brasileño.
Yo (más que nadie) soy de los que extrañaban la relación de Beatriz Sarlo con la literatura y había perdido ya toda esperanza al comprobar su renovado y para mí incomprensible entusiasmo para desmenuzar la interna peronista.
Recibí este libro con una algarabía que se expandió cuando comprendí el cachetazo que supone: a los impertinentes que pensaban que Sarlo había abandonado la literatura por asuntos más mundanos, ella les ofrece ahora este salto de programa, un fuera de código que viene de la mano de una narradora al mismo tiempo tímida y desenvuelta, un conjunto de postales de lo que Silviano Santiago ha llamado el cosmopolitismo del pobre.
En Tristes trópicos (antecedente muy citado por Sarlo) Claude Lévi-Strauss comienza diciendo “Odio los viajes y los exploradores”.
Odiamos los viajes planificados, que el turismo de masas lleva al paroxismo y que bloquean todo pensamiento sobre si. El salto de programa (que no puede buscarse metódicamente) es lo que nos libera de esa pesadilla del capitalismo. El libro de Sarlo es, además de un ejercicio de ascesis, un feliz salto de programa.


viernes, 15 de agosto de 2014

jueves, 14 de agosto de 2014

Terror de Estado

CFK pide la Ley Antiterrorista para Donnelley: “Nos quieren ver de rodillas”

La Presidenta anunció que accionará penalmente contra la empresa por “generar una situación de zozobra para castigar al país”. El vínculo con un fondo buitre. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Callen al idiota

Aníbal Ibarra consideró "razonable" la libertad de Callejeros porque la sentencia no estaba firme

El ex jefe de gobierno porteño consideró que la Policía Federal no controló el boliche donde murieron 194 personas porque recibieron dinero de Omar Chabán; su candidatura para 2015

sábado, 9 de agosto de 2014

El Estado no soy yo

Por Daniel Link para Perfil

El centenario de la Gran Guerra se cumplió el 28 de julio, y el próximo 15 de agosto se cumplirán cien años de la inauguración del Canal de Panamá (que consuma el sueño de la Esfera y de la navegación cristiano-capitalista). Para festejar ambas circunstancias, el 31 de julio, el Estado Universal Homogéneo (el Imperio) pegó un salto evolutivo: la declaración de Argentina en cesación de pagos (o en default, tanto da).
El tema estaba ya previsto desde el 2001, año de la debacle argentina, cuando comenzó un largo ciclo de crisis del capitalismo. En un libro que anunciaba la crisis europea de 2008, La insurrección que llega (2007) el “Comité invisible” escribía que “Bajo cualquier ángulo desde el que se lo observe, el presente no tiene salida”. Y agregaba: “Salido de Argentina, el espectro de ¡Que se vayan todos! Comienza a acosar seriamente las cabezas dirigentes”.
Nuestra catástrofe específica se llama “guerra civil mundial”, porque nada es capaz de limitar el enfrentamiento de las fuerzas presentes. Ni siquiera el derecho, que entra en juego como otra forma del enfrentamiento generalizado, como comprobamos el 31 de julio (y esto no es una defensa de la irresponsable e ineficaz negociación llevada a cabo por el gobierno nacional).
La “guerra civil mundial” tiene un estrecho vínculo con la hegemonía del “liberalismo existencial”, según el cual se admite como natural una relación con el mundo fundada sobre la idea de que cada cual tiene su vida. El nacionalismo es una variante de esa forma de liberalismo y la política (incluso, o sobre todo, la política de izquierda) está contaminada por el liberalismo existencial. La alternativa es: o gueto (hegemonía del plano existencial) o ejército (hegemonía del plano político). La única forma de escapar a esta alternativa es la construcción permanente del lazo entre vida y política, la configuración política de una estrategia para crear otra cosa.

sábado, 2 de agosto de 2014

El show de la cocina


Por Daniel Link para Perfil

La televisión argentina es un problema grave que por lo general he decidido ignorar, desde las cínicas imbecilidades conducidas por el Sr. Tinelli hasta los programas periodísticos donde un panel grita opiniones sobre cualquier asunto que mida en términos de audiencia: fondos buitres, diabetes, crossfit letal, boudoudeces (“a la
tontería nada logra vencerla, ningún corte la detiene, se revela sorda a todo significante que desata. No eterna, pero sempiterna, opone a todo lo que podría dispersarla la terca frente del que no oye”, ha señalado Jean- Claude Milner).
Hemos constatado esa sordera televisiva a lo largo de los años y la TV pública no ha hecho nada para desmontarla. Por eso conviene detenerse en la edición local de
Masterchef, que concluyó el domingo pasado con un éxito arrollador. El concurso, una invención de la BBC (el servicio de televisión pública británica que sigue siendo un ejemplo inimitable, sobre todo entre nosotros), lleva varias décadas de emisión en su país y fue replicado en todo el mundo. Telefé compró la franquicia y reprodujo el modelo (mediado por la versión estadounidense) al milímetro.
Entre los mayores méritos de la versión argentina de Masterchef: el jurado, las acotadas intervenciones del conductor (en la versión original ese rol no existe), el casting de participantes, la impecable producción (el montaje de la Gran Final, sin embargo, fue algo espasmódico), el tema: la cocina, la infancia y la herencia, las razas y las clases sociales. Ganó
Elba Rodríguez (23) y cualquier otra opción hubiera provocado disturbios (el antipático abogado que competía con ella no tenía chance alguna). En la final, Elba se desclasificó hasta casi la abjuración: renunció a su herencia y a la reificación de su talento culinario en lo “boliviano”, propuso un menú de comedor escolar, ganó imponiendo su gusto plebeyo. Masterchef demostró que la inteligencia y la producción ciudada rinden.


viernes, 1 de agosto de 2014

La reentrée (2)

Que haya temas filosóficos de moda significa que hay modas, que hay mercado de ideas, pero también, que hay una cierta identidad en relación con determinadas figuras (o con el carácter indeterminado de esas mismas figuras, lo que las vuelve objeto de cualquier conjetura).
La filosofía de lo viviente (la biopolítica, pero también el modo en que se articulan signos y unidades de vida, seas éstas cuales fueran) ha dominado el cambio de milenio.
Las razones son muchas y no vale la pena explicarlas aquí, pero tienen que ver con la ruina del humanismo burgués y, al mismo tiempo, con el abandono de los paradigmas judeo-cristianos en la consideración de qué cosa es estar vivo: al mismo tiempo, el desmantelamiento de los dos grandes sistemas de comprensión de lo que vive todavía, el liberal y el judeo-cristiano.
span style="font-family: "Trebuchet MS",sans-serif;">Paralelamente, el capitalismo se arrojó a formas cada vez más abyectas de explotación de la vida: criaderos intensivos de animales, semillas transgénicas, y otras aberraciones que ponen lo viviente al borde mismo de una catástrofe sin precedentes.
La literatura ha producido reflexiones memorables como la novela de Ishiguro Nunca me abandones (2005), que alcanza con delicadeza los límites mismos de lo pronunciable. Las ficciones televisivas (las series, bah) acompañan esa interrogación como pueden, con mayor o menor suceso.
Naturalmente, la incerteza sobre la vida es también, y al mismo tiempo, una incerteza sobre la muerte y el actual estado de barbarie (en cualquier parte, pero sobre todo en Argentina más que en cualquier otra parte: hace dos días unos ladrones atacaron a la madre de una amiga en plena calle, le sacaron cuatrocientos pesos, le dijero "no es suficiente" y la cagaron a golpes) y la desinhibición de las potencias destructivas (te mato por una bicicleta, la maté porque quería ganar ese concurso de talentos: CSI) no es sino la contraparte de una vida completamente desubicada de todo paradigma explicativo y de toda hipótesis de redención (incluso la revolucionaria).
span style="font-family: "Trebuchet MS",sans-serif;">Helix, Extant, The Lottery aciertan al identificar el tema sobre el que hay que detenerse, pero fracasan en su tratamiento y en la pobreza de ideas que domina sus guiones. Penny Dreadfull, con su delicado desarrollo de problemas decimonónicos (la comunidad, la ciencia y lo viviente, la represión de las costumbres, la belleza y los impulsos sexuales secretos, los monstruos y la enfermedad, etc.) acierta no sólo en las figuras que elige y en la combinación que de ellas propone sino, sobre todo, en la perspectiva temporal (la inminencia de una transformación radical de las imágenes de vida).
Pero hay más: en The Leftovers (creada por Damon Lindelof y Tom Perrotta para HBO, a partir del libro homónimo publicado por Perrotta) ha sucedido una catástrofe: el 2 % de la población mundial ha desaparecido (literalmente: desvanecida) de la faz del planeta. El relato, protagonizado por un inesperadamente eficaz Justin Theroux, cuenta los modos en que ese suceso inexplicable puede ser procesado, cómo afecta a la comunidad (a la idea de comunidad, pero también a la comunidad establecida), cuál es la temporalidad propia de lo que vive todavía en un universo en el que cualquiera puede desaparecer en cualquier momento, etc. Las escenas que The Leftovers propone (cada una de ellas un pequeño ensayo) llevan el asunto hasta el límite de la irritación, y eso es lo más admirable de una serie que no ofrece explicaciones sino, por el momento, tan sólo interrogantes. Hay una secta nihilista de personas que han decidido abandonarse a la muerte (o acelerar ese proceso indetenible) y que pretenden captar adeptos para la causa de la nada. Pero hay también jóvenes para los cuales la noción de espera ya carece de sentido. Y otros que se implican en una trama redencionista de la que mucho no se sabe.
El casting es casi perfecto y los diálogos de una medida intensidad.
Y está The Strain, producción de Guillermo del Toro para FX a partir de un libro propio, con la colaboración de Carlton Cuse, uno de los autores de Lost (y su mano se nota).
Más volcada hacia el terror, la serie comienza con una crisis en un avión, que termina "muerto" en un galpón de aeropuerto, sin que se sepa bien por qué. Hay un cargamento de tierra no declarado en algo que parece un féretro (y lo es) de donde saldrá (en fin, es previsible) una especie de vampiro convocado para acabar con el mundo o para reconstruirlo sobre nuevas bases.
El protagonista es, como en Helix, un estudioso de las enfermedades y las epidemias. Lo acompaña Mía Maestro (y temblamos por la suerte de nuestra amiga, a quien no le reservan muertes gratas.
Qué es lo vivo y cómo salvarlo (o cómo aniquilarlo para siempre), se pregunta The Strain. Pues bien, seguiremos sus interrogaciones hasta las últimas consecuencias porque el relato es cautivante y tiene hallazgos que merecen subrayarse: aunque sucede en Nueva York, los escenarios son, mayormente, del otro lado del río: en Queens, en Brooklin, lo que permite que Manhattan funcione como un vago paisaje a la distancia.
Uno de los "sobrevivientes" de la tragedia del avión es un cantante de rock-punk (o algo gótico, nunca se lo escuchará cantar), muy entregado al sexo sin mayores compromisos. En algún momento (creo que en el tercer capítulo), ya dominado por la enfermedad, sobre la cual se sabe todavía poco, irá a orinar y, con el meo, quedará en el inodoro su aparato urinario. No es sólo una idea de lo vivo lo que aquí se juega, sino el estatuto mismo de los cuerpos, una vez que todo ha sido puesto en interrogación.
Y después vendrá AHS: Freak Show. No es un universo particularmente grato (al menos para mí), pero seguramente estará en línea con estos asuntos (mi hija ya la tiene entera, pero se resiste a pasármela, en nombre de la ética laboral). La dueña del circo será Jessica Lange, la que cuando era joven se sacaba fotos tomando cocaína. 
Cocaína, otro tema: como en los Estados Unidos el consumo de marihuana ha sido legalizado en la práctica en todos los estados, ahora la televisión hace campaña en favor de la cocaína. Pero eso es otro asunto...

 

jueves, 31 de julio de 2014

Una colección extraordinaria

Hay nombres que sólo funcionan en un campo (magnético) de atracción y toda teoría del Nombre debería considerar no sólo las hipótesis adánicas (nominalistas) o estructuralistas (relacionales) sino sobre todo las que suponen la inclinación material de los átomos para formar figuras bellas: Tweedledum y Tweedledee, Oliveira y Berthe Trepat, Dupond et Dupont (Tintín), Arthur y Jeremiah (El Castillo), Arturito Carrera y Alfredito Prior, Teresa Arijón y Bárbara Belloc.
Teresa Arijón y Bárbara Belloc, precisamente, han ideado junto con Renato Rezende (siempre tiene que haber un tercero para que el juego de los Nombres quede garantizado) la colección Nomadismos para la editorial Manantial en Buenos Aires, y que pronto encontará réplica (espejo no, sino continuación) en una versión en portugués editada en Brasil.
Como la idea de la colección es presentar textos del país-otro (esa heterotopía que nos constituye, donde encontramos lo que no somos, o donde somos lo que de nosotros desencontramos), la primera serie de textos corresponde a pensamiento brasileño traducido bellamente al castellano y la segunda serie corresponderá a pensamiento argentino traducido al portugués y editado en Brasil: "Nomadismos" se pone, al mismo tiempo, del tránsito y del trance.
Los primeros títulos, muy hermosamente editados, son El método documental de Ana Cristina César (ISBN 978-987-500-172-5, 192. págs.), que reune 15 ensayos de la celebérrima poeta carioca, Materialismos de Hélio Oiticica (ISBN 978-987-500-176-3, 192 págs.), que reune entrevistas y escritos del artista, y Diario-Boceto de Oscar Niemeyer (ISBN 978-500-180-0, 232 págs.), donde se pueden leer cinco contribuciones decisivas del gran arquitecto modernista.
Por cierto, los nombres convocados para esta primera entrega dan una idea cabal de los objetivos de las colectoras: "La colección Nomadismos se propone divulgar el pensamiento y la escritura, hasta ahora inédita en nuestro país, de los más notables artistas de la vanguardia brasileña".
Si bien uno podría fruncir el ceño ante la aparición de la rancia palabra "vanguardia", no menos cierto es que la apuesta por lo más experimental del arte (de las artes) sigue siendo el único motor de pensamiento que nos queda (no me refiero sólo al plano de la estética sino también, y sobre todo, al plano de la vida, de lo cual estos libros gloriosos, cada uno a su manera, dan cuenta). El próximo título que se anuncia es Fecha de elaboración/ Fecha de vencimiento de Ferreira Gullar, el neoconcretista brasileño.
Mucho es lo que habría que agradecerles a Teresa Arijón y Bárbara Belloc: el buen gusto, el sentido del humor (bah: la risa), la infalible percepción de que algo falta y la voluntad para llenar esa falta con una alta cuota de aventura.
Aventureras: a la ventura de Teresa y de Bárbara, esas cariátides sobre cuyas cabezas descansa el peso entero del Templo. 
No se diga que no hay salida para la pobreza de imaginación que nos gobierna: sólo se trata de encontrar las vías de escape, las líneas de fuga, las figuras en un tapiz que será, sin duda alguna, el tesoro que nunca terminaremos de admirar. 
























miércoles, 30 de julio de 2014

Olla popular

Standard & Poor's puso en "default selectivo" a la deuda argentina

La calificadora de riesgo afirmó que revisará la nota de deuda soberana luego que se solucione el pago de bonos Discount, cuyo servicio de interés está congelado.

Cicatrices

 En la Biblioteca Nacional




Libro marcado A través de las marcas, subrayados, anotaciones, manchas, nombres, listas y todos los rastros visuales que deja cada lector en los libros, se recompone el momento misterioso del la lectura. El lector delante del libro: su circunstancia, soledad, exilio, oscuridad, luz, creación y enfermedad. Su educación sentimental: ¿Qué valor tiene esa lectura en relación a vínculos de amistad, de amor, de aprendizaje, de admiración? ¿Qué hay detrás de cada marca? Hoy queda una evidencia física, esa marca en el libro, que nos permite viajar atrás hacia una experiencia, imaginar el momento en que la marca se hizo… y nos marcó.
La marca en el libro es la huella que encontramos para reconstruir la escena del crimen, la de la lectura que comete el delito de ser la actividad anti social por excelencia. El libro marcado y el libro que nos marca. Ida y vuelta.

martes, 29 de julio de 2014

Rotbart



¡Ay, mi amor, si me hubieras dicho que ibas a usar la bombachita rosa que te regalé, le bordaba mi nombre!


Mentime, que me gusta más...



La rentrée (1)

La temporada televisiva del norte ya puso en el aire sus primeras apuestas para la segunda mitad del año. Comencemos por algo un poco más viejo y que ya se está viendo a través del cable latinoamericano: Helix. Es una producción de Syfy (para los entendidos, alcanza con decir esto para que se entienda de inmediato que es un disparate mal guionado y producido mayormente dentro de un container). Sigue las peripecias de unos científicos del Centro de Prevención y Control de Enfermedades (un tema muy de moda, como se verá), que viajan a una base privada de investigaciones en el Ártico donde algo malo, muy malo ha sucedido. Sí, sí, es un virus. Pero un virus debidamente planificado para.... (spoiler, spoiler, mejor callar).
El casting es de penoso para abajo y no vale la pena detenerse en quienes ya hicieron fracasar otros proyectos (Billy Campbell, por ejemplo). Hiroyuki Sanada, en el papel del Dr. Hiroshi Hatake, en cambio, merece unas palabras.
Recordábamos al Sr. Sanada por su papel de Dogen en Lost. Un rol de esos que los narratólogos llaman shifter (porque relaciona el plano del enunciado con el de la enunciación). En la práctica, se trata de personajes que saben todo lo que está pasando pero no lo dicen sino cuando ya no les queda más remedio y nadie sabe cómo hacer avanzar la trama. En Helix, cada vez que le preguntan algo, el Dr. Hatake frunce los labios y calla. En el siguiente episodio revelará parte de la verdad, y así sucesiva y aburridamente.
Dudo que Helix sobreviva a sus propios errores, sobre todo porque el Sr. Sanada ya consiguió otro trabajo, donde cumple el mismo rol: en Extant (producción de alguna de las empresas de Spielberg, lo que explica que su nombre aparezca acreditado, y también de los productores de E.R., para CBS) pasan muchas cosas y todas ellas conducen al Sr. Hideki Yasumoto, un multimillonario que financia los proyectos más peregrinos, con cara de "ya vas a ver".Ya veremos (o no). Extant cuenta con un reparto caro (lo que no significa bueno) en el que brillan la cenicienta Halle Berry, en el papel de una astronauta que ha pasado más de un año (¡sola!) en una base científica que orbita alrededor de la Tierra y Goren Visnjic (sí, el médico de E.R.), quien como se aburre de esperarla, se dedica a educar como a un hijo a un niño "Humanich" (¡no es un robot, no es un robot!), con cara de endemoniado que pronto empezará a dar dolores de cabeza a sus "padres". 
Es que la astronauta, pobre santa, no ha podido tener hijos (y ya se sabe lo importante que es la reproducción familiar en las sociedades conservadoras) y a su marido le ha parecido una buena idea mezclar su trabajo con sus frustraciones personales.
Por cierto, ella volverá del espacio (lo dice la página oficial) "gruesa" (embarazada no se sabe de quién ni de qué), cosa que pone en éxtasis a las agencias del mal para las cuales la pareja trabaja y, sobre todo, al Sr. Yasumoto, que juega con todos los demás como si fueran peones de ajedrez. Bien: todo parece muy estúpido (con algún eco de Solaris, por cierto) y lo más probable es que lo sea. Pero la producción es muy cuidada, hay naves espaciales, bases en el espacio, juegos de mesa como jengas futuristas, en fin: le damos una chance (pero la serie no tiene mucho encanto y no hay secuencia que no provoque irritación).
Hablando de familias, reproducción familiar y niños imposibles, está The Lottery (producida para Lifetime), que ya hemos borrado de nuestros buscadores. Acá ya nadie puede tener hijos y la humanidad languidece después de que los "últimos seis" (niños) han alcanzado la edad de 6 años (digo yo, para guardar cierta simetría). ¿Qué hacer? Una doctora, desempeñada por una actriz insulsa y completamente en desacuerdo con las líneas que le ponen en la boca (son, ciertamente, insostenibles), consigue fertilizar cien óvulos con el esperma... de no se sabe quiénes salvo uno, el hombre más fértil del mundo, padre de uno de los últimos seis (eso sí, le salió diabético).
Todo deriva en una trama político-militar de una estupidez mayúscula en relación con ese padre a la deriva del mundo (con su hijo diabético, porque quieren sacárselo) que, si te llena la cocina de humo, te hace un hijo, y los huevos cultivados por la doctora boba, que serán implantados en mujeres sanas y buenas madres mediante un proceso de sorteo. Después de Childrens of Men (2006), la película basada en una novela de P.D. James, había que atreverse a retomar el tema. Mejor no lo hubieran hecho. 
Dije "control de enfermedades", lo que lleva a The Strain, producción de Guillermo del Toro, pero como esta serie está (por ahora) bien, mejor la dejo para otra entrada.
Probablemente convenga relacionarla con The Leftovers. En ésta, no se sabe si el protagonista, al ponértela, te hace un hijo, pero lo que es seguro es que te deja en silla de ruedas. En ambas, lo viviente (tema de la temporada) está puesto en términos un poco mas delicados que en las anteriores.

(continuará...)



lunes, 28 de julio de 2014

Al pie de las barrancas, del río Paraná


El programa, acá.


sábado, 26 de julio de 2014

Un sueño chino


Por Daniel Link para Perfil



El 6 de agosto de 1886, Rubén Darío publicó en La Epoca (Santiago de Chile) una declaración en favor del Canal por Nicaragua en abierta contradicción con su repugnancia por la Doctrina Monroe. Allí discute las vías de conexión entre dos océanos (Tehuantepec, Panamá, Nicaragua), se pronuncia sin reservas por la vía a través de su patria y desacredita el proyecto panameño de Lesseps, ya al borde del colapso: “El Canal en Nicaragua ofrece especiales ventajas. Unos cuantos barretazos, y la puerta que divide los dos mares se abrirá de par en par”.

Darío identifica su sueño con el de Ovidio (“De dos mares aqui está la vasta puerta”) y lo pone bajo la tutela del Congreso norteamericano, al que apremia, despreocupándose de cualquier impulso anexionista (“Los yankees no piensan de ese modo”).

El gran poeta transatlántico soñó con una vía de integración oceánica que se tocaba (sin que él lo advirtiera) con sus fatigadas chinoiseries, que hoy pierden, ante nuestros ojos (en Argentina, en Ecuador, en Nicaragua, donde el populismo gobernante se lleva bien con el unipartidismo chino), el valor meramente decorativo que alguna vez tuvieron.

En 2013, el gobierno de Nicaragua promulgó la “Ley Especial para el desarrollo de infraestructura y transporte nicaragüense atingente a el canal, zonas de libre comercio e infraestructuras asociadas” (Ley 840) que fue denunciada como violatoria de al menos cuarenta artículos de la Constitución nicaragüense.

La ley cede a la concesionaria de la obra -la empresa, sin antecedentes en la materia, HK Nicaragua Canal Development Investment Co (HKNC, creada en Hong Kong por el abogado Wang Jing y con una subsidiaria en las Islas Caimán)- derechos exclusivos para diseñar, construir y operar un canal durante 100 años, con "privilegios, exoneraciones, exenciones" especiales y el derecho de "determinar las propiedades que deberán ser confiscadas" mediante trámites expeditos. La Ley, además, obliga al Banco Central de Nicaragua a colocar sus reservas internacionales como garantía frente a posibles demandas de la empresa extranjera.

Los “barretazos” previstos por Darío costarán 40.000 millones de dólares: la obra de infraestructura más ambiciosa en la historia de América Latina (el canal nicaragüense admitirá incluso barcos de mayor calado que el centenario Canal de Panamá).

Tanto el gobierno de Costa Rica como las autoridades indígenas y afrodescendientes de la Región Autónoma Atlántico Sur de Nicaragua (afectada por el canal) manifestaron su profunda preocupación sobre la ruta del Canal Interoceánico anunciada el pasado 7 de julio, que viola la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y el Convenio 169 de la OIT suscriptos y ratificados por Nicaragua. Pasare lo que pasare (nadie puede olvidarse de las advertencias del presidente uruguayo, “ésos sí que son jodidos”), propongo un nombre para esa vía navegable: Canal Rubén Darío.


jueves, 24 de julio de 2014

Il tumulto dei sentimenti

Il tumulto dei sentimenti, l’uragano delle fantasie, che si disfrenò dappertutto al disfrenarsi della guerra, è stato, nella forma particolare che prese in Italia, rappresentato al vivo in molti libri di romanzi, ai quali offriva materia adatta. Ma a una trattazione non romanzesca importano, non i sentimenti e le fantasie, ma le volontà e le azioni, e quelli solo secondariamente, ossia in funzione di queste, e, così considerandoli, si può, per ragioni di brevità, sottintenderli o accennarli appena. Il problema pratico fu allora per l’Italia: in qual modo condursi nella nuova situazione internazionale, che era sorta; e il nostro compito teorico è di intendere in qual modo effettivamente essa si condusse. 

Benedetto Croce. Storia d’Italia dal 1871 al 1915, pág. 269 


Un crimen centenario...