sábado, 13 de octubre de 2018

Ideología degenerada


Por Daniel Link para Perfil

El video es penoso por la ignorancia de quienes lo guionaron, y amedrentador por la violencia fascista que anuncia. En Brasil sucedió lo mismo con la “ideología de género” y así terminó la historia: con un triunfo en primera vuelta de la ideología fascista más desembozada.
“Si te dijeran que en las aulas están adoctrinando a tus hijos con enseñanzas de Hitler, te parecería un desastre, ¿o no?”. Los jóvenes descerebrados, inmediatamente, sostienen que “los padres de esta ideología eran tan aberrantes como lo fue Hitler”.
Ahí ya hay un problema, que ya había resuelto en su momento Victor Klemperer en su impresionante libro La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. La palabra “aberrante” anuncia lo que sigue. “Drogadictos, locos y con tendencia al suicidio”, dice la joven fascista en el video para referirse a “los fundadores de la ideología del género”. Esos sujetos, drogadictos, locos y con tendencia al suicidio que ella desprecia (junto con los alcohólicos, los esquizofrénicos y sus hijos) fueron las primeras víctimas del programa de exterminio del Tercer Reich.
Por supuesto, se trata de una “guerra sin cuartel contra la naturaleza” la que se deriva de los presupuestos “relativistas” de esos padres fundadores. Pero la teoría de la relatividad que Einstein produjo fuera de toda perspectiva de género, también decía que las leyes físicas son relativas, salvo una constante: la velocidad de la luz. Por supuesto, la vida de Einstein corrió peligro en la Alemania nazi cuando anunció su teoría.
Pero ellos, que lo ignoran todo sobre el siglo XX, incluido el fascismo que practican, siguen: “es como si se hubieran abierto las puertas del manicomio y las teorías de sus locos más célebres se convirtieran en doctrina mundial”. La fraseología nazi se precipita con urgencia: “prácticas sexuales degeneradas”, dice un morochito ya en edad de merecer.
Wilhelm Reich. Masturbador compulsivo desde los seis años, practicante de zoofilia, odio al padre. Que tuvo que huir de los nazis, no se menciona en su acotadísimo (y falseada) biografía. Luego le llega el turno a Maiquel (así nombrado) Foucault. No hace falta más: decadentes, degenerados, aberrantes son palabras del léxico fascista. Más democrática, la mentira enfática caracteriza en general a la derecha.
Una buena: la asociación católica que firma el video es uruguaya. Supuesto que quieran cruzar el río, sépanlo: No pasarán.

sábado, 6 de octubre de 2018

Papel mojado


Por Daniel Link para Perfil

Volver a la patria es volver a un entramado de teorías envenenadas, conspirativas, novelescas. Cualquiera tiene todas las piezas del rompecabezas en la mano, pero cada quien las dispone como quiere y la figura queda igual de bonita. ¡Aplausos!
Escuché una teoría preciosa sobre el asunto Cuadernos Fotocopiados. Sería, si nos atenemos a algunos nombres de empresarios, según el Turco Asís, la reproducción de la milenaria hostilidad entre la Italia del norte y la Italia del sur, transpuesta al suelo criollo, digamos: acocolichada. La Ndrangheta calabresa contra la Sacra Corona Unita, para decirlo en términos mafiosos.
Por supuesto, está el caso de la mascota elegida para los Juegos Olímpicos Juveniles, que hoy comienzan: se llama Pandi (?) y es un... ¡gato! Dicen que eso pasó por haber tenido tanto kirchnerista militante en las terceras y cuartas filas de los organismos.
Sobre el FMI no vale la pena detenerse, porque o se trata de un error gigantesco o todo está hecho a propósito, pero en todo caso, el efecto es el mismo: nos secamos lentamente en el horno, junto con los pesos desaparecidos del mercado.
Pero hay un efecto colateral: la aparición de unos dólares mojados. Hay quien dice que son los dólares enterrados que sirven hoy para pagar actos contrarios al gobierno (que no son los mismos que hace el propio gobierno). Otros dicen que son dólares que vienen de Venezuela.
Propongo otra teoría: son dólares mojados por las lágrimas de los argentinos, que no pueden salir de la tristeza. 


jueves, 4 de octubre de 2018

¿Aléjate, qué?



Respecto de sus dichos despectivos por la nacionalidad de las jóvenes, explicó: "Me tildan de xenófoba y la cuidadora de mi mama es peruana, la señora que limpia es paraguaya tuve amigos ecuatorianos, lo que menos soy es xenófoba".

sábado, 29 de septiembre de 2018

Tutti Frutti


Por Daniel Link para Perfil

¿Me gustarían Beijing, Bagdad, Bombay? No lo sé, y en este caso sólo puedo pensar por analogía, lo que casi siempre es malo. Imagino a Bagdad un poco como El Cairo, que no me gustó demasiado, pero tal vez se trate de un prejuicio orientalista. Para pensar Beijing y Bombay no tengo términos de comparación. Bruselas me pareció bastante sosa, pero no tanto como Boston.
Por fortuna me gustan Buenos Aires, Barcelona y Berlín y en cada una de ellas encuentro lo poco que a las otras les falta para ser perfectas. Que ninguna lo sea no depende tanto de un valor objetivo de esas ciudades sino de mi capacidad de tolerancia: cero tolerancia al frío, al turismo masivo, a la polución auditiva.
Si me detengo en estas ciudades y no en otras no es por azar, sino por la coacción de una regla que nos hemos impuesto con mi equipo de trabajo: el año que viene sólo pensaremos en libros firmados por autores cuyos apellidos comiencen con la letra B y sólo recomendaremos las lecturas y las teorías (literarias, sobre el sujeto, políticas, historiográficas) que también ser correspondan con nombres propios con B.
La decisión no fue muy meditada pero tampoco es completamente caprichosa. A propósito del “Bien”, el tema que nos ocupaba, empezamos a enumerar autores cuyos apellidos empezaban con B. Un minuto después ya habíamos formulado la regla y nos juramentamos para atenernos a ella.
En materia literaria, todo da más o menos lo mismo, pero en materia de perspectivas críticas el asunto se vuelve más complejo, porque nos obliga a prescindir de ciertas nociones o a parafrasear algunas otras. Tendremos que decir “en un libro que nació de un cuento de Borges, su autor propone...” y así.
Con las ciudades podría haber sido fatal porque no nos detuvimos a pensar en las enormes implicancias de la regla, que nos habría condenado a Nueva York (esa Mar del Plata donde bailan los payasos), a Edimburgo (esa Cosquín donde los unicornios son el símbolo de la resistencia), a París o a Madrid (¡líbrenos el cielo de semejante infierno!).
La regla es tirana porque nos priva de San Francisco, la ciudad más amable del mundo, de Valencia (esa Córdoba mejorada por el mar), de Roma y de Estambul. Por suerte B es la letra que da nombre a tres de las más hermosas ciudades del mundo, en una de las cuales trabajamos. Las tres son bastante mundanas y conservan todo el encanto de lo cosmopolita y lo local. En las tres hay una alta intensidad que domina los comportamientos sin volverlos, sin embargo, maniáticos. Berlín tiene la mejor iluminación nocturna (dicen les berlineses que es para no molestar a pájaros e insectos), el mejor sistema de transporte público y es infinitamente más liberal que las otras dos, especialmente en materia sexual. Barcelona tiene el Mediterráneo y una de las mejores cocinas del mundo (finalmente, y contra toda protesta independentista, es una ciudad que participa de la sencillez culinaria de la Madre Patria). Buenos Aires tiene una energía un poco insoportable de continuo pero que se extraña mucho cada vez que uno la abandona por un tiempo. Tiene, también, una mezcolanza de registros inconcebible en cualquier otra parte. Siempre está a punto de estallar (“caos” dicen los medios) pero es, sin embargo, resistente a las tendencias autodestructivas de sus habitantes.
Sin haber nacido en ninguna de ellas, en las tres he hecho nido en algún momento de mi vida. Las conozco bastante, puedo volver a ellas y comprobar lo que ha cambiado o lo que se mantiene idéntico. Cada una tiene una parte que no uso porque no me gusta (los Palermos en Buenos Aires; el Gótico en Barcelona; Neukölln o Prenzlauer Berg en Berín. No quisiera vivir en invierno en Berlín y los diciembres de Buenos Aires son bastante detestables. Barcelona es amable casi todo el año, pero la prefiero en otoño, cuando las hordas turísticas no la abandonan del todo, pero al menos merman.
En las tres tengo amigues, pero sólo en Buenos Aires tengo familia y sólo en Buenos Aires puedo pensarme un futuro, por lo general teñido de pinceladas berlinesas o barcelonesas, porque en esas ciudades aprendí aspectos de la felicidad urbana.



sábado, 15 de septiembre de 2018

Las palabras y las cosas


Por Daniel Link para Perfil

No comparto la opinión de que los discursos del Sr. Macri son pobres conceptualmente. Por el contrario, los considero extraordinariamente densos. En su última alocución a la ciudadanía, subrayó repetidas veces y con todo el énfasis posible que hay que vivir y conformarse con lo que se tiene y no aspirar a más. Hay que saber cuál es el propio lugar en el mundo y asumirlo como destino. Es una posición filosófica con una larga tradición a lo largo del siglo XX y que tiene que ver con la relación entre el ser y la facticidad.
Se es sólo en relación con determinadas condiciones de existencia. Se puede querer o no el propio ser ahí, dijeron algunos filósofos. Otros, en cambio, creyeron que el ser ahí era una condena definitiva. Los campos crematorios son la consecuencia de esa segunda convicción filosófica.
Conformarse a lo existente, vivir con lo que se tiene, no imaginar un mundo diferente o una relación más plástica con los semejantes, eso nos recomendó el Sr. Macri y ese consejo no es una mera instrucción de economía doméstica, sino una posición ante lo imaginario.
Las posiciones hedonistas, el carpe diem, los postulados de vanguardia (en lo que se refiere a las políticas sobre el Estado o a las micropolíticas sobre el género, las minorías raciales o los desclasados), los sueños y las apuestas a un futuro mejor son irresponsabilidades que ya no podemos permitirnos.
El Sr. Macri, con todo el dolor del alma, ha aceptado la responsabilidad histórica de decirnos que debemos ser lo que somos y nada más oorsque todo lo demás conduce a la catástrofe.
Un poco por eso, las alocuciones presidenciales prescinden de la retórica, del relato, incluso a veces de la corrección sintáctica y de la correcta pronunciación. Esas florituras serían contrarias al concepto que se defiende: lo que se es como destino. Y el ornamento, incluso el discursivo, es contrario al progreso y nos acerca al abismo. 


domingo, 9 de septiembre de 2018

Manteca al techo

por Daniel Link para Perfil

La casualidad (¿pero acaso existe?) quiso que, mientras la moneda argentina estallaba por los aires y se esparcía por los cielos como un papel picado completamente festivo e inútil para cualquier otra cosa que una carnestolenda, yo estuviera embarcándome rumbo a Europa, donde mi marido y yo teníamos obligaciones laborales que atender. Lo primero que me sorprendió fue la rapidez con la que nuestro (de todos modos magro) poder adquisitivo se adelgazó. Nunca hemos sido de preocuparnos demasiado por los precios, pero esta vez directamente no era un desequilibrio futuro lo que podíamos poner en la balanza sino una escasez actual: contábamos (y seguimos contando) las monedas que nos quedan. Lo segundo, lo caro que todo se había vuelto desde nuestro último viaje al Viejo Mundo. Naturalmente, no en nuestra moneda casi inexistente, sino en euros. Entre el bolsillo argentino y Uniqlo, que supo abastecer de camperas de pluma a vastos sectores poblacionales, parecía haberse producido un divorcio definitivo, desde ya. Pero también entre los bolsillos de los demás turistas que, a diferencia de otros años, directamente no entraban a la tienda (ni siquiera en su sede berlinesa, que podría suponerse más barata). De modo que entre el peso, el euro y el dólar la relación es mucho más compleja de lo que parece a simple vista, y el mundo entero parece estar ajustándose a estándares de consumo diferentes a los de hace dos años. Cuando comenté mis impresiones en los chats de los que participo, obtuve dos tipos de respuesta. La primera, “que se jodan, ya que votaron a Macri”, lo que presuponía que entre la práctica del viaje y la adhesión a un credo de derecha hay una relación lineal y necesaria y, por el contrario, la segunda: “ya todo se acabó, lo mejor es pasar lo mejor posible las últimas horas del Titanic”. Aunque las dos posiciones me resultan igualmente simplistas, creo que la primera me convenció un poco más, pero no por el lado de la relación entre viaje y adhesión liberal, sino por el lado, tan cacareado por los diarios, de la confianza en la forma Estado, la moneda y los ciclos de la historia. Puede sonar a pensamiento mágico, pero entre la posición apocalíptica y la integrada, la segunda parecía la más adecuada para definir la conciencia del paseante argentino en tiempos de devaluación irrefrenable: alguien pagará (probablemente los más pobres). Un poco por eso, los argentinos que viajan siguen, como en el estereotipo que indignó a Céline en el Viaje al fin de la noche, tirando manteca al techo. Quienes, como nosotros, no tenemos una confianza semejante en que alguien proveerá elegimos juntar esa manteca tirada, y guardar para después un sobrecito de edulcorante o una porción de Nutella para improvisar un desayuno callejero. Suena triste, y lo es. También, inevitable.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Acción y reacción

Por Daniel Link para Perfil

Del 27 al 30 de marzo de 2019 se realizará en la doctérrima ciudad de Córdoba el VIII Congreso de la Lengua Española, o mejor “castellana”, como cuando yo era chico, dado que el reino de España es multilingüe y el castellano se usa en vastos continentes que deliberadamente se independizaron de la metrópoli y sus delirios imperiales.
Vendrán, por supuesto, los soberanos de la casa de Borbón (tercera Restauración) a garantizar los negocios espurios de la corona española con esa materia prima que es el lenguaje (hablado, escrito, impreso, radiotransmitido, digitalizado) como si la lengua que usamos hubiera sido un invento de las monarquías que a golpe de espada pretendieron unir a la península bajo un estandarte expansionista y totalitario, y no el resultado de lentos procesos de usos vernáculos del latín.
Siguiendo esa lógica mezquina y concentracionaria, los italianos (legítimos herederos de los romanos) podrían reinvindicar derecho de autoría sobre todas las lenguas romances (incluidos el francés, el portugués, el catalán). Lo siento, monarcas: aprovechen el ruidoso desorden de las repúblicas latinoamericanas mientras puedan, porque más temprano que tarde retomaremos la gestión soberana del lenguaje que hablamos y escribimos, incluida su explotación literaria y comunicacional.
Uno de los temas sobre los que los Conquistadores pretenderán imponer autoridad es el del lenguaje inclusivo o las estrategias de inclusión en el lenguaje, ligado con políticas de género.
A muches lectores les molesta el uso de la e o cualquier otro artilugio para dar cuenta de una cierta conciencia en relación con el carácter fascista y discriminatorio del lenguaje. Cuanto más se retuerzan en sus lechos castellanos y cuanto más les académiques reales insistan en negar el problema, tanto más divertido será ensayar variaciones para no tener que decir día del niño (“día du niñe” y “día des niñes” me encantan).
¿Cunde la alarma? ¿Destruimos el idioma? Señoris (en este caso la “e” sería masculina): de pronto les plebeyes se inclinaron masivamente a la poesía y el uso experimental de los lenguajes (que haya uno solo y se lo considere uniforme es insostenible ya desde antes del franquismo). ¿No es eso hermoso, no es gongorino?
Les independentistes más radicales del XIX propusieron abandonar la lengua castellana en favor de una más plástica. Sigamos buscando y, como decía Darío, que bufen los eunucos.


sábado, 25 de agosto de 2018

Caso testigo

Por Daniel Link para Perfil

Avital Ronell, la autora del libro Crack Wars: literatura, adicción, manía, fue recientemente declarada culpable por las autoridades de la Universidad de Nueva York (NYU), donde ella enseña literatura alemana y comparada, de acosar sexualmente a Nimrod Reitman, a quien dirigió mientras se doctoraba. Avital Ronell fue suspendida sin goce de sueldo por un año.
Inmediatamente, les colegues y amigues de Avital Ronell escribieron una carta en su defensa. Slavoj Žižek y Judith Butler, entre ellos. ¡Para qué! Setenta y nueve asociadas le pidieron a Butler la renuncia a la presidencia de la prestigiosa asociación MLA, para la que fue electa.
La insanía del caso se comprende mejor si se aclara que Ronell (66) es una feminista lesbiana y Reitman (34) es gay y está casado con un hombre. Supongamos que entre ellos hubo una relación de camaradería que incluyó correos que iban un poco más allá de lo previsible en la relación entre tutor y doctorando. ¿Pero cómo puede considerarse “acoso sexual” a una relación establecida por dos personas que participan de universos que, precisamente, se excluyen sexualmente?
El caso debe entenderse en toda su fuerza represiva: no es lo mismo una denuncia de violación formulada por una estrella de Hollywood contra un productor, que la demanda de un joven ávido de dólares (2 millones, para ser exactos) contra alguien que le dijo que lo quería mucho y “mi cuchi-cuchi” (o su equivalente en inglés). Esto es la rabia contra quienes han puesto límites al patriarcado.


viernes, 24 de agosto de 2018

Dicen que...

Re-visiones de un lector apasionado

POR CANDELARIA PÉREZ BERAZADI para Catalejos. Revista sobre lectura, formación de lectores y literatura para niños


(...)
Link no duda en reflexionar sobre cada obra literaria que cita y genera
momentos oportunos para fomentar el pensamiento crítico sobre aquello que afirma y
describe. Su idea de lectura, entendida como práctica silenciosa, se afila en el tercer
capítulo al correlacionar su impacto en el ámbito político-histórico-cultural: la lectura
es comprendida, entonces, como una necesidad de situarse en el mundo, y la escuela
media genera “modos de leer” que implican prácticas diferentes a las propuestas por
la enseñanza primaria.

(...)

jueves, 23 de agosto de 2018

Preguntan si....

“A literatura argentina já é pós-borgiana” 

por Ronaldo Bressane para Cândido

“É melhor não fechar nenhuma janela, para que todos os ventos nos atravessem”, pede Daniel Link, perguntado sobre seu interesse no cruzamento entre gêneros na literatura. Um cruzamento que se cristalizou com os contos-ensaio de Jorge Luis Borges, nome central da literatura argentina do século XX — centralidade, para Link, já abandonada em favor dos diálogos entre as obras de Borges e de César Aira (o mais prolífico autor contemporâneo), ou entre Borges e Copi (tema de muitos estudos de Link). 

Nascido em Córdoba em 1959, Daniel Link é escritor, jornalista (colunista do jornal Perfil, foi editor da Magazine Literario e do suplemento “Radar”, no jornal Página 12), crítico literário, professor na Universidade de Buenos Aires e diretor do Programa de Estudos Latinoamericanos Contemporâneos e Comparados. Dirige a revista de estudos latinoamericanos Chuy e o Dicionário Latinoamericano da Língua Espanhola. Editou na Argentina grande parte da obra de Rodolfo Walsh e de Michel Foucault e é autor, entre outros, do romance Monsterrat (2006), o volume de contos La mafia rusa e o monumental ensaio Suturas. Imágenes, escrituras, vida (que teve uma edição resumida no Brasil sob o título Suturas. Um breviário, pela editora Azougue). Seu livro mais recente é La lógica de Copi, em que pesquisa a inventiva obra do dramaturgo, ator, escritor e cartunista argentino Raúl Damonte Botana, mais conhecido por Copi, que no Brasil só teve lançado até agora o romance O Uruguaio, de 1972 (em 2015, pela Rocco).


miércoles, 22 de agosto de 2018

lunes, 20 de agosto de 2018

sábado, 18 de agosto de 2018

El nombre de la Bestia


Por Daniel Link para Perfil
Ahora que estamos a punto de lanzarnos a un abismo de imprevisibles consecuencias, les argentines debemos recordar que la imprevisibilidad no es tanto un déficit como una ganancia, a largo plazo, sobre todo en un mundo dominado cada vez más por las potencias de la predicción (encuestas, proyecciones, cálculos matemáticos) y la burocracia de lo que ya se sabe, de lo que ya se hizo.
La potencia bestial de un código que conocemos con el nombre de Algoritmo determina no sólo lo que somos sino también lo que podemos y queremos hacer. Un arma de destrucción matemática, como ha sido subrayado recientemente por Cathy O’Neil en un libro impresicindible, Weapons of Math Destruction.
Seamos o no conscientes de ello, los algoritmos dominan nuestra vida cotidiana, pública, sentimental. El algoritmo más célebre es sin dudas el que permitió a Google imponerse en el sector de los motores de búsqueda, constantemente modificado y mejorado para brindar el resultado más aproximado al “deseo” del internauta. Facebook (también conocido como Belial o Samael) utiliza un algoritmo que analiza todos los datos de sus usuarios para ayudarlos a establecer relaciones y contenidos “adecuados a sus intereses”. La campaña de Donald Trump se sirvió de datos de las firmas de mercadotecnia para identificar los lugares con mayor tasa de pelotudos, es decir: electores susceptibles de ser convencidos por los argumentos de un candidato. Olivier Ertzscheid ha advertido: “Cada vez que consultamos Facebook, Google o Twitter, nos exponemos directamente a la influencia y las decisiones que toman por nosotros los algoritmos”.
Un algoritmo es una serie de instrucciones que permiten obtener un resultado. De algún modo, actualizan la utopía performativa sobre cómo hacer cosas con palabras y ni los expertos escapan al influjo de la ciencia ficción: Dominique Cardon llamó a su libro sobre el tema Con qué sueñan los algoritmos, en la estela de Philip Dick.
El algoritmo termina desarrollando una burbuja cognitiva que le permite al usuario ver el mundo tal como él cree que es.
Por suerte, nos queda una esperanza: los algoritmos (y la inteligencia artificial con ellos asociada) son incapaces de diferenciar la verdad de la mentira. Cuanto más se mienta en Internet, tanto más se estará resguardando el resto de subjetividad que uno quiera porque podemos acordar con Deleuze y Guattari en que “se podría decir que un poco de subjetivación nos alejaba de la esclavitud maquínica, pero que mucha nos conduce de nuevo a ella”.
Haber claudicado por pereza a registrarnos en todas partes con la misma dirección electrónica o haber renunciado a la mentira digital tiene como consecuencia un exceso de subjetividad que nos vuelve esclavos ya no de una clase social, una formación ideológica o discursiva, o un Estado autoritario, sino de un mecanismo de subjetivación e individuación, el algoritmo que, fantaseo un poco, había previsto Marx en el Manifiesto Comunista cuando señaló que el capitalismo había “sofocado el sagrado embeleso de la ilusión piadosa, del entusiasmo caballeresco, en las aguas heladas del cálculo egoísta”, con una pequeña corrección: el cálculo no es egoísta sino generosísimo, porque se aplica por igual a todes y cada uno de nosotres.
Nuestro futuro supone, en última instancia, una alta cuota de desorden y de monstruosa desclasificación (un salto al vacío). Concebida como una aparición fantasmática o monstruosa, la conciencia y la subjetividad que nos queda se deja llevar (deriva) por ese desorden de la clasificación.
Lo que habitualmente percibimos (en el discurso, en los paisajes, en los movimientos de las masas y de las manadas) son los choques de energía. De ese choque surge una bola de fuego o una columna de luz: en todo caso, algo que nos ilumina, que revela los mecanismos de identificación y distancia que hay entre las diferentes posiciones que todavía permite nuestro espantoso tiempo (y, contra lo que podría suponerse, las permite todas).
Contra esa libertad se levanta el algoritmo, arma de destrucción masiva. Sabelo: cuando el algoritmo te detecte, te buscará para matarte.


domingo, 12 de agosto de 2018

La bilingüe

Ella, que da nombre al colectivo de intervención política anti-neoliberal con base en Nueva York (muy activo en las redes sociales) Las Garridas, come en un restaurante de San Telmo, pide a la camarera la clave de wifi.
"Mejillones" le contesta la empleada, con entonación caribeña.
Ella, muy cortés y tratando de disimular que le está corrigiendo la pronunciación a la chica, repregunta:

"¿Mary Jones?"


(anterior)


sábado, 11 de agosto de 2018

Educar al soberano


Por Daniel Link para Perfil



La foto es penosa. Dan ganas de largarse a llorar. Se ven cuatro contenedores alineados a cada lado de un baldío de tierra, cada uno de ellos con una puerta y dos ventanas enrejadas. Al fondo, unos árboles tristes y un cielo lechoso. No hay mástil ni bandera. Pero el epígrafe de la foto dice: Escuela Nº 84 de Moreno.

Un video que acompaña la foto deja ver el interior del contenedor de chapa, pintado de blanco, donde una estufa a gas chorrea gotas de fuego.

Cuartel V tiene 80 mil habitantes y está a 23 kilómetros de Moreno. Los Hornos, donde funciona la escuela, es uno de los diez barrios que integran la localidad. En marzo, la matrícula fue de 636 chicos.

Cuando llueve las calles de tierra se convierten en un pantano imposible de sortear.

La vicerrectora, Fernanda Villareal, explicó la peculiar arquitectura de la escuela: “Acá se instalaron diez aulas modulares, una cocina y una biblioteca. Pero este año decidimos convertir la biblioteca en dos grados aula para darles más espacio a los chicos de primer grado, que recién se integran a la primaria. En la dirección funciona todo: la cocina, biblioteca y gabinete".

En todo el mundo han comenzado a utilizarse contenedores como “soluciones habitacionales” y como espacios comunes. Pero lo que la foto muestra no es un “edificio modular” pensado para una función determinada, sino la claudicación y la opción por el mero amontonamiento.

La “escuela” podría ser un campo de concentración o de refugiados. En todo caso, una precaria instalación después de una catástrofe.

Llénense los contenedores de la mejor historia, la mejor geometría, la mejor historia del arte y la mejor poesía. De todos modos, los alumnos aprenderán esta lección: “sólo merecemos esto”.

La Sra. Vidal y las autoridades educativas de Cambiemos deberían tener en cuenta que ni la Dictadura cayó tan bajo. Los edificios escolares deberían indicar que otro mundo es posible.


viernes, 10 de agosto de 2018

Recapitulando...


(Gracias, Lucas)

 

jueves, 9 de agosto de 2018

martes, 7 de agosto de 2018

Campo de concentración


Más en: Perfil, La Nación

sábado, 4 de agosto de 2018

Los huevos al plato


Por Daniel Link para Perfil

El primer poema que el irlandés Samuel Beckett publicó en 1930 argumenta y prueba que la lógica de la ciencia, las matemáticas, la teología y sus premisas no son compatibles con la experiencia humana, irreductible a los dogmas, los sistemas de creencias y las morales de época.
Whoroscope”, muy escatológico, se organiza alrededor de ciertas manías de René Descartes, a quien le gustaba su omelette matutino hecho con huevos empollados ocho días; menos o más tiempo bajo la gallina le resultaban repulsivos.
Para Descartes (pilar de la modernidad, casi casi el inventor de la ciencia, a través de la duda metódica), en la visión de Beckett, el punto de equilibrio entre el huevo y la gallina se hallaba en un momento de la formación del embrión gallináceo (“este aborto de pichón”).
Los huevos de Descartes son el motivo que Beckett elige para ridiculizar a una ciencia que se pretende soberana y que, por lo mismo, desdeña la Verdad y se pone al servicio del Estado (“Cristina la destripadora”).
Hay en youtube un video extraordinario de un maestro japonés que rompe los huevos para que sus alumnes vean cómo se va formando el pollito, día por día. En lugar de la cáscara, una bolsa de plástico.
En los procesos de fecundación artificial, tan corrientes en nuestras sociedades, los embriones sobrantes del proceso se congelan para conservarlos, se donan o se destruyen, y a nadie se le mueve un pelo por ello.
Las mujeres podrían interrumpir sus embarazos libremente y los defensores de la persona no nacida podrían encargarse de conservar, donar o, mediante gestación subrogada, llevar a término la formación de esas hipotéticas potencias del ser.
Contestar a un debate sobre la libertad con argumentos de muerte es mezquino, sobre todo cuando la técnica permite imaginar otros horizontes entre los cuales la interrupción química del embarazo parece ser la solución más equilibrada, pero no la única.


sábado, 28 de julio de 2018

La segunda venida

Por Daniel Link para Perfil



Aby Warburg presentó su seminario de 1925 sobre arte italiano del Renacimiento temprano a partir de la frase "Der liebe Gott steckt im Detail" ("El Buen Dios está en los detalles"). Generalmente se atribuye la máxima a Gustave Flaubert ("Le bon Dieu est dans le détail"), probablemente porque era un maniático obsesivo de la palabra justa.

Al autor se le escapó, sin embargo, el pequeño detalle de que los ojos de su Emma Bovary cambiaban de color a lo largo de las páginas, y motivó una encendida (pero ineficaz) novela de defensa de Julian Barnes, El loro de Flaubert. También cambió la dirección de la máxima, que suele decirse “El Diablo está en los detalles”.

Como fuere, hay que prestar atención a los detalles.

Este diario informó que “el gobierno busca abaratar los pasajes aéreos al exterior” mediante Resolución de la ANAC publicada en el Boletín Oficial: "Suspéndase desde el 1° de julio de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2018, el aumento dispuesto en la Resolución E N° 95 del 16 de febrero de 2018 de la ANAC, para las tasas de protección al Vuelo en Ruta y Apoyo al aterrizaje respecto de los vuelos con origen o destino internacional que aterricen o despeguen en y desde el territorio argentino".

El detalle (para muchos, marginal e insignificante) es muy revelador. Para algunos, revela el apoyo del gobierno a la “nueva” aeronavegación de bajo costo (por el momento de cabotaje, pero que pronto dejará de serlo).

Pero lo que es incontestable es que de ese modo el gobierno busca estimular los viajes al exterior a los que los argentinos somos tan afectos como para desbalancear la cuenta corriente del país (dicen los economistas que la cantidad de dólares que se compran para atesoramiento y para compras en el exterior es la segunda fuente del tan cacareado déficit).

De modo que enfrentado a una “tormenta” en medio de uno de los más crudos inviernos de los que se tenga memoria, el gobierno, lejos de brindar abrigo, invita a los pasajeros de su barco, avión o caravana en el desierto (imagino, no sé por qué, una tormenta de arena) a lanzarse al vacío del gasto en dólares, a abrirse al desastre.

Conocemos al menos una de las características del tiempo mesiánico (que anuncia la segunda venida): la aceleración.

El propio Tiempo, que se sabe ya agotado, se contrae porque los Nuevos Tiempos ya se adivinan en el mañana. No bastan los aumentos de tarifas, ni el descalabro cambiario ni la desbocada inflación ni los inminentes ajustes a todo lo posible ni la convocatoria a ese jinete del Apocalipsis llamado FMI. También se compromete, en una espiral de velocidad creciente, a las Fuerzas Armadas para que intervengan en conflictos con un enemigo indeterminado. Todo en el lapso de días.

¿Habrá segunda venida? El Mesías no vuelve sólo como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo.


sábado, 21 de julio de 2018

Vivir como esclavos

Por Daniel Link para Perfil



Cada mañana, cuando abro los postigos del dormitorio, me saluda el cartel que las monjas de clausura colgaron de la Iglesia de enfrente: “Toda vida vale”. Me pregunto qué pensarían esas monjitas de la escena que he visto desde la misma ventana, en el edificio lindero, cuando un joven derramó su abundante simiente sobre la cara de una joven. ¿Habrían exclamado “¡asesinato!”? Aún en los más rigurosos códigos vetotestamentarios, eso sería pecado de Onán y el asesino, en esa historia mezquina de desperdicio, herencias y primogenituras, es el mismísimo Dios.

Los espermatozoides están vivos y participan de lo viviente. Su destrucción (como entidades discontinuas) es necesaria para la creación de nueva vida. Sabina Spielrein, paciente y corresponsal de Sigmund Freud, lo señaló muy tempranamente: “En la reproducción se produce la unión de la célula femenina con la masculina. Por lo tanto cada célula se destruye como unidad, y del producto de la destrucción nace la nueva vida”. Bataille retomó esas hipótesis para llevarlas todavía más lejos en El erotismo, donde “toda la operación erótica tiene como principio una destrucción de la estructura de ser cerrado que es, en su estado normal, cada uno de los participantes del juego”.

Esa interesantísima discusión (muy biopolítica) poco tiene que ver con el debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, debate en la que la grey pasa sin transición de la vida a la persona y de la destrucción de unidades discontinuas de materia al asesinato.

En las sociedades modernas, que lo son porque no son dogmáticas, todo puede y debe ser discutido, salvo los principios mismos que regulan la convivencia, el “contrato social” que encuentra en el libre albedrío y la decisión soberana uno de sus puntos de apoyo.

Muy recientemente, Margaret Atwood subrayó ese aspecto de nuestro vetusto debate: “Nadie está forzando a las mujeres a tener abortos. Nadie tampoco debería obligarlas a someterse a un parto. Fuerce partos si usted quiere, Argentina, pero por lo menos llame a lo forzado por lo que es. Es esclavitud: es reivindicar poseer y controlar el cuerpo de otra persona, y sacar provecho de eso.

No se discute el momento en que lo viviente pasa de la potencia a lo personal, para lo cual habría que convocar a mentes un poco más brillantes que las de la grey. Se discute si queremos vivir en una sociedad esclavista o no. Yo no quiero.