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viernes, 19 de septiembre de 2025

Llegar al mundo

 


El próximo viernes 26 de septiembre de 09:00 a 18:00 se presentarán las nuevas carreras Licenciatura en Letras y Profesorado en Letras de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. La cita es en el campus de Villa Lynch, donde estarán Daniel Link y algunos de los prestigiosos profesores de la carrera, para iniciar a los interesados en los incontables vericuetos y conexiones y los múltiples destinos que suponen hoy los estudios en humanidades.

Planes:
 

 

 

 

sábado, 8 de marzo de 2025

Gente joven que se mata

por Artemio López para Perfil

Según datos oficiales, “en la Argentina, los suicidios constituyen la segunda causa de muerte en la franja de 10 a 19 años. En el grupo de 15 a 19 años, la mortalidad es más elevada, alcanzando una tasa de 12,7 suicidios cada 100 mil habitantes”.

La tasa en los varones es de 18,2 y en las mujeres 5,9. Desde principios de la década de 1990 hasta la actualidad la mortalidad por suicidio en adolescentes se triplicó a nivel nacional.

La psicóloga, militante de la salud y miembro de la Fundación Soberanía Sanitaria, Daniela Giorgetta, se pregunta: “¿Cómo explicamos este terrible accidente del alma? ¿Qué fenómeno siniestro conduce a la juventud al peor de los finales? ¿Qué los hace sufrir tanto? ¿Por qué no los vimos ni escuchamos antes? No es este un recuento de situaciones trágicas o meras descripciones de esta época, es un intento de atar cabos, de unir puntos, de poder respondernos algo ante la pregunta cómo llegamos hasta acá”.

Para comenzar a responder la pregunta de Giorgetta, referimos una información reciente suministrada por el ministro de Salud Bonaerense, Nicolás Kreplak: “La cantidad de suicidios en la provincia duplica la cantidad de asesinatos. Se duplicaron los suicidios en el primer año de Javier Milei”.

Tomemos ahora estos datos y combinémoslos con la mirada de Mark Fisher, el filósofo y teórico cultural británico que abordó el tema de la depresión sustrato de muchos suicidios, desde una perspectiva crítica y política, particularmente en su libro Capitalist Realism: Is There No Alternative?

Sostiene Fisher que en un contexto de falta de alternativas y crueldad neoliberal, la responsabilización se convierte en un problema central cuando se trata de salud mental.

Las personas que enfrentan dificultades psicológicas o emocionales, como la depresión, a menudo son (auto) percibidas responsables de su sufrimiento, sin considerar los factores sistémicos que contribuyen a su malestar.

Sin cuestionar las estructuras de poder y las condiciones sociales que producen estrés, ansiedad y alienación, se tiende a culpar al individuo por su incapacidad para “adaptarse” o “superar” dificultades.

Esto puede llevar a la estigmatización y al aislamiento, ya que se percibe la enfermedad mental como un fallo personal.

La responsabilización refuerza la sensación de que no hay alternativas al neoliberalismo. Si las personas están constantemente bajo presión para mejorar su bienestar personal, enfrentándose a la ansiedad por su desempeño en todos los aspectos de la vida, se crea un ambiente en el que la lucha por la “automejora” parece ser la única opción viable.

Esto supone la culpa individual: si no se tiene éxito, es porque no se está haciendo lo suficiente o porque se carece de la disciplina o la motivación necesarias.

Este proceso de culpabilización individual puede crear un ciclo de desesperanza, base frecuente del suicidio, donde las personas se sientan responsables desconociendo al sistema que les impide acceder a lo que realmente necesitan para llevar una vida satisfactoria.

¿Y qué tipo de insatisfacción estructural da marco hoy al incremento del padecimiento subjetivo y la culpabilización individual en los jóvenes?

Al respecto, un informe del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina –dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA– indica un aumento muy fuerte de la indigencia y pobreza para quienes tienen entre 14 y 29 años. El relevamiento está hecho en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec).

La indigencia impacta sobre el 24,5% de la población joven a nivel nacional, y la pobreza afecta al 62%, récord absoluto desde que se miden ambas carencias.

Por otra parte, el desempleo y la informalidad entre los jóvenes duplican a la media nacional y el salario promedio juvenil es la mitad de la media nacional.

La persistencia del modelo neoliberal de miseria planificada, que en su versión más extrema en democracia encarna el presidente Milei, –solo interrumpido durante la década kirchnerista–, en nuestra perspectiva, y los datos así lo corroboran, resulta el marco estructural que da contexto al aumento de los padecimientos subjetivos que en su cima muestra la disparada de la tasa de suicidios juveniles.

Abandonar este modelo de organización económico-social neoliberal responsable de calamidades estructurales y también de una subjetividad desdichada es el único camino, ya no solo para lograr mayores niveles de justicia y equidad, sino también para que la gente joven no se mate.

 

sábado, 24 de agosto de 2024

Diferencia y repetición

Por Daniel Link para Perfil

Qué sutil alegría nos invade cuando algo nos devuelve a una pasión que creíamos perdida. Fui al cine a ver Alien Romulus. A diferencia de otras entregas de las grandes franquicias, la película de Fede Álvarez es inteligente y recupera con gran sabiduría los motivos narrativos de las precedentes (dejo de lado los bodrios con Predator, porque son otra cosa que no tienen nada que ver con la saga original). Tal vez la nacionalidad (la extranjería) del director le permitió escapar de los condicionamientos de la industria respecto de los cuales otros directores hubieran sido más obedientes (las deceptivas entregas ultimas del universo Starwars son el ejemplo más a mano).

Muy bien contada, Romulus es capaz de esquivar la repetición mecánica y recombina con elegancia los elementos viejos para producir algo novísimo, que liga muy bien con nuestro tiempo, cuarenta y cinco años después de la brillante Alien: el octavo pasajero.

Justo es decir que mi fidelidad a ese universo flaqueó un poco con Resurrection (1997) y se quebró completamente con Covenant (2017), una porquería inexplicable. Así que no esperaba demasiado de una película que me llevó al cine sólo por inercia y porque la sociabilidad en el lugar en el que vivo tiende al cero absoluto.

Por supuesto, Romulus recupera no sólo motivos sueltos, sino la matriz simbólica que sostiene toda la saga, que es una interrogación (más o menos trascendentalista, según las entregas) sobre los límites de la humanidad y sus agenciamientos con la técnica, por un lado, y sobre el lugar de la mujer en los regímenes patriarcales, por el otro. Ripley, la estrella absoluta de Alien, pasó por la violación, la maternidad, el aborto y la sororidad. La paternidad había asomado en Prometheus (2012) y vuelve aquí con toda su fuerza de mandato y su potencia de cuidado respecto de la protagonista. En cuanto a la técnica, Romulus recupera de las anteriores una ecología tecnocapitalista (que llega aquí al colonialismo y la explotación brutal de los trabajadores) que permite interrogarnos sobre el sentido del desarrollo y de su asociación con las inteligencias artificiales que, si son realmente inteligentes son malas (deshumanizadas, asesinas) y si son tontas son buenas (y paternalistas).

Brutales como suelen ser los campos simbólicos en el cine chatarra (del que Alien es un lujoso exponente), sin embargo Romulus nos fuerza a desear (¡más, más!), a despreciar el desarrollo insensato y a pensar en las relaciones de semejanza entre imágenes. No es poco en un mundo tan empastillado.