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sábado, 18 de abril de 2026

Crítica viva

por Daniel Link para Perfil

Todo es asqueroso. Adorni, la carne de burro que se vende en Chubut, el desmantelamiento de las universidades públicas, el deterioro cognitivo de la ciudadanía argentina, el triunfo del dinero como único patrón de evaluación, de crecimiento, de felicidad, la corrupción judicial, en fin: lo que se llama “costo de vida”.

Abandono la enumeración. Me concentro en dos libros que sostienen dos vidas, cuyos costos se miden en intensidades afectivas, no en dinero.

El primero que llegó a mis manos es Estanterías ajenas de Nora Catelli, inscripto en la colección Lector&s de Ampersand. El libro es delicioso en general, pero lo es en particular por la forma en que piensa el recuerdo de las lecturas. A partir de “nociones de la psicología vulgar: los libros evocados serían aquellos que forjan la personalidad, delinean el carácter... Son nociones que vienen de los humores clásicos”. Nora decide apartarse de tal camino para pensar solamente las insistencias (lo que insiste, significa) y recurrencias. El libro se lee como oro en polvo y permanece como tal, esparcido sobre nuestros torpes pensamientos, para mejorarlos.

El segundo es Amigos (Eterna Cadencia) de Sylvia Molloy, cuyo título recuerda al reciente Amistades de Giorgio Agamben (que elude, sin quererlo pero significativamente, la declinación de género). El libro de Molloy ha sido editado por Adriana Amante, quien ha transformado lo que habitualmente serían notas al pie en una monografía que sitúa los textos de Molloy y las referencias con precisión y generosidad. Los textos de Sylvia y sus comentarios ocupan 130 de las 430 páginas del libro. El resto son cartas (éstas sí con notas al pie) a cual más jugosa. De Molloy a (o para Molloy): Cozarinsky, Victoria Ocampo, Pepe Bianco, Murena, Ivonne Bordelois, Manuel Puig, Enrique Pezzoni, Severo Sarduy...

Las cartas reponen una sociabilidad y un ambiente afectivo, pero también una red de relaciones intelectuales e, incluso, institucionales (la lengua es una institución). En varias de las cartas es tedioso (por no decir irritante) el intercambio de idiomas, que dice mucho sobre una forma de cosmopolitismo de época (las cartas de Victoria Ocampo carecen de ese vicio).

Amable corresponsal, Sylvia se deja atrapar por el estilo epistolar de sus interlocutores (lasí operan los ambientes estilísticos). A fuerza de elegir algunos intercambios, me quedo, muerto de risa, con los de Manuel Puig y Enrique Pezzoni.

Los dos libros nos devuelven, para citar a Molloy, “una crítica viva, que es la única que merece la pena”.

miércoles, 8 de abril de 2026

Preguntan si....

Entrevista de Marcos Vidable para La voz 

“Leer bien es relacionar lugares lejanos”. La frase aparece en Clases, en un trabajo dedicado a La inmensa soledad de Frédéric Pajak, pero bien podría residir entre las páginas de La lectura: una vida… . Ambos títulos, reeditados en los últimos meses, pertenecen a Daniel Link.

Clases. Literatura y disidencia fue publicado hace veinte años y ahora reaparece con un nuevo prólogo y dos textos que no estaban en la edición original. Este “mapa de lo contemporáneo” fue la primera pieza de una trilogía (de la que también forman parte Fantasmas y Suturas) que abordó distintas manifestaciones artísticas, sobre todo del siglo pasado, tan problemático y febril.

−Los artistas del siglo 20 trabajaron con la experimentación frente al avance de los dispositivos de clasificación. ¿El arte del siglo 21 busca consolidar diversas identidades?

(el texto completo, acá. ¡Gracias, Marcos!)

sábado, 18 de octubre de 2025

Pensamientos sobre el aborto

Por Daniel Link para Perfil

En estos días se están presentando muchos libros sobre Pasolini (el de Eduardo Grüner, el de Diego Bentivegna) como homenaje a cincuenta años de su asesinato. A mí me toco presentar, ayer, el más incómodo. Pasolini sobre el aborto recopila todos los textos que el Amadísimo dedicó al asunto hacia mediados de la década del setenta, traducidos y editados por Guillermo Piro y con una cuidada introducción de Laura Klein.  

Subrayemos esto que dice Laura: lo que Pasolini discute no es la interrupción voluntaria del embarazo en si, sino las condiciones para pensar el aborto, es decir: las condiciones para pensar cualquier objeto o relación socialmente significativos. La consigna “mi cuerpo, mi decisión” le fue al Amadísimo (y a nosotras mismas) intolerable porque supone un decisionismo liberal que abstrae a los individuos de los colectivos de los que forman parte.

Más allá de mis malestares personales o mis desacuerdos, el libro va encontrando su lógica a medida que leemos las (a veces disparatadas) contribuciones de Pasolini a un debate mal planteado. El libro no nos interpela (no puede interpelarnos) como un libro sobre la legalización del aborto (discusión ya saldada). Si bien plantea su pertinencia, su necesidad, su regulación, su legalidad, su colocación respecto de la vida y de la muerte, lo que nos toca en las intervenciones del Amadísimo es que nos pregunta cuáles son las condiciones de posibilidad y las herramientas para sostener un pensamiento sobre la interrupción del embarazo.

Pasolini sobre el aborto supone, pues, dos intervenciones mayores: un corte y una sutura. No sabemos bien si los argumentos de Pasolini se corresponden con los “estilos de pensamiento” de la época que habitó (muy distintos de la nuestra). En todo caso, la verdad de los enunciados del Amadísimo deben revisarse de nuevo (es lo que hace Laura Klein impecablemente). En tiempos de Pasolini todavía existía el temor a la sobrepoblación; hoy, en cambio, el tema demográfico dominante es la drástica disminución de la natalidad.

Eso, en cuanto al corte. El punto de sutura, muy delicado y admirable, radica en la noción de reserva conceptual o suspensión, que no permite leer los faltantes, los descuidos, los puntos ciegos y las preguntas sin resolver del pensamiento pasoliniano. El recurso a la reserva o suspensión nos permite encontrar vías alternativas para discutir un pensamiento más allá de la mera identificación imaginaria (Pasolini es misógico / Pasolini es edípico / Pasolini es católico / Pasolini es puto).

Pasolini nos dice que en la interrupción del embarazo resuenan los problemas éticos de la responsabilidad y el consentimiento. Él dice: el problema del aborto es el problema del coito. Se puede inferir que de lo que está hablando es de un coito ejercido sin responsabilidad, sin evaluar las consecuencias que involucra. Fue el argumento principal de Fogwill, quien también se manifestaba contrario al aborto. Es como si Pasolini dijera: estos prefieren abortar antes que ponerse un forro.

Se le ha reprochado a Pasolini su poca referencia a las mujeres. Laura se detiene en este punto. Yo creo que el asunto es estratégico y por eso Pasolini repone al varón y su responsabilidad (en el coito él estaba ahí, insiste). Sabe que, a lo largo de los siglos, se ha atribuido a las mujeres una capacidad seudosoberana de dañar a los embriones, a los niños y al futuro. Han sido identificadas como blancos no solo de la optimización biopolítica, sino también de las medidas de la soberanía legal (y con la precariedad del acceso al aborto fuertemente inmiscuida en ambos extremos).

La ética que interroga la posibilidad del cálculo biopolítico no prescinde de la responsabilidad y del consentimiento y admite que, incluso, puede haber errores (porque una no ha elegido las condiciones en las que debe elegir) y, con certeza, hay pérdidas incalculables (tanto en la “vida” como en la “muerte”).

Pasolini acierta al proponer que el aborto es el gemelo de lo queer porque los dos apelan a una ética que se resiste al cálculo biopolítico. Ahí está, creo, la utilidad de este libro, que repone un pensamiento que ahora podemos reconocer como un instaurador de discursividad.

Asuntos a tener en cuenta en relación con cualquier pensamiento sobre el aborto: cálculo biopolítico, sustentabilidad ambiental, soberanía, control poblacional, derechos reproductivos, subjetividades disidentes e imperialismo. La vida (o la muerte) de la especie, por un lado, la vida (o la muerte) de las comunidades, por el otro. Dicho en dos palabras: biopolítica y tanatopolítica. Las figuras que hay que manipular: la vida potencial, el Niño Imaginario, la Madre Imaginaria, el Padre (siempre, el Padre).

jueves, 4 de septiembre de 2025

Dice Lucrecia Martel

"Cuando vos querés quitarle algo a alguien y no sentirte una porquería, necesitás inventar algo que vuelva legítima tu pequeñez y tu mezquindad. Fijate lo que está pasando en Gaza, una nación que inventa un enemigo para que sea posible soportar ver a personas que aúllan de dolor, que se mueren de hambre. Para que haya gente que se crea con derecho a matar a otra, a quitarle la tierra, tenés que quebrar las más íntimas formas de percepción del otro."

Más, en La Nación

 

lunes, 18 de agosto de 2025

La última filóloga

Élida Lois tenía una voz incomparable: con la misma gravedad de la de Olga Orozco, pero sin los rastros de tabaco y alcohol que la poeta necesitó para escribir sus versos.

Además, su habla estaba siempre quebrada por la busca de la palabra justa, el concepto, el remate de la frase. Titubeaba, no porque no supiera lo que quería decir, sino porque respetaba profundamente la relación entre expresión y contenido. No se la tomaba a la ligera.

Por supuesto, eso tuvo consecuencias decisivas en su trabajo. Era una filóloga de raza, que tanto podía hacerle frente a un problema gramático, a una historia de una palabra o a las capas de discurso superpuestas en una obra confrontada con sus originales (ella, mejor que nadie, supo vincular los sustratos ideológicos con los ambientes estilísticos).

Editó, entre otras cosas, el Martín Fierro. Como quien dijera: "les doy esta edición, y no me jodan más". ¿Quién si no ella hubiera podido emprender una tarea semejante? 

Élida, querida, te vamos a extrañar, pero por suerte nos quedan tus palabras, tu perspectiva sobre la disciplina, tu posición ante el mundo.

 

sábado, 26 de abril de 2025

sábado, 29 de marzo de 2025

En humo, en polvo, en sombra, en nada

Por Daniel Link para Perfil

Querido Antonio, esta carta se suma a una larga conversación que últimamente tengo conmigo mismo a propósito de la gente que se va muriendo. Algunos me han abandonado personalmente porque eran mis amigos. De otros, como es tu caso, no puedo decir lo mismo, pero el efecto es un achicamiento de mi mundo, la pérdida de un pedazo de mi historia.

Me pasó con la muerte de Lanata, que no me caía simpático y a quien me habré cruzado dos veces en mi vida. Pero yo viví en un mundo que no sólo lo contenía sino que él había contribuido a moldear.

A propósito de tu muerte, salieron a relucir mucho segmentos de tus shows, entrevistas, la penosa persecución de ese notero que, después de recibir con algarabía tus puteadas, mira a cámara, como si hubiera conseguido el triunfo de su vida: sacar de si a una persona con demencia senil a la que ataca impunemente en la vereda. En esa secuencia quebaba ya poco de vos y una advertencia sobre lo que sería el porvenir, gobernado por una manada de descerebrados impiadosos.

¿Cuándo te vi por primera vez? Fue en una sala de Retiro, creo, por supuesto el género era el café concert y, como el disco que grabó lo que yo vi tiene fecha de 1971, debería haber sido ese mismo año: Yo no... ¿Y Ud.?

Pero por entonces yo no tenía edad suficiente como para que ese recuerdo sea verdadero. Digamos que vi un show que hacías con Carlos Perciavalle a mis 15 años, no antes. Y ahora, cuando escucho de nuevo esa grabación, rastrillo las referencias a un mundo del que nunca participé: Mau Mau, el Ruta Hotel, los happenings de Marta Minujin, Rogelio Polesello, esos restos de un mundo pop al que llegué tarde pero con el que me relacioné tan intensamente como con las canciones de Paco Ibáñez que escuchaba por la misma época como si fueran parte de lo mismo.

Antonio, ninguno de nosotras sabía por entonces qué iba a llegar a ser, pero para mí fue como la entrada del profesor Unrat en el mundo de die Fresche Lola en El Ángel azul, en un Berlín dispuesto a cambiar el mundo desde abajo.

Una de las frases que decías en ese show todavía me acompaña: “De poetas y de locos, todos tenemos un pocos”. Ese plural desestabilizante me parecía el colmo de la gracia. Siempre tuve que explicar de dónde la había tomado, pero dentro de algunos años tendré que explicar incluso quién eras, como si estuviera en el extranjero y tuviera que contar qué clase de libro es el Martín Fierro.

Pero por entonces yo no tenía edad suficiente como para que ese recuerdo sea verdadero. Digamos que yo vi un show que hacías con Carlos Perciavalle a mis 15 años, no antes. Y ahora, cuando escucho de nuevo esa grabación, rastrillo las referencias a un mundo del que nunca participé: Mau Mau, el Ruta Hotel, los happenings de Marta Minujin, Rogelio Polesello, esos restos de un mundo pop al que llegué tarde pero con el que me relacioné tan intensamente como con las canciones de Paco Ibáñez que escuchaba por la misma época como si fueran parte de lo mismo. Yo era más bien como tu personaje en La tregua (“¿Pero ustedes están contentos con esta rutina?”).

Nunca más te vi en teatro, y muy esporádicamente en televisión, Antonio. Todo queda en youtube, pero también en tus herederos, como Juampi Mirabelli y Franco Torchia en el extarordinario show ideado por Liliana Viola y dirigido por Tantanian, ¡Como nunca! Otra vez, por ejemplo.

 

 

jueves, 13 de marzo de 2025

Los recortes del día

 


Bajo alguno de los dos titulares se esconde un pelotudo mal intencionado. Adivinen cuál.

 

sábado, 25 de enero de 2025

Lo que se llama pop

por Daniel Link para Perfil

Tan temprano te despertaste para ir a hacerte un análisis de sangre que no tuviste tiempo para revisar los diarios. Una amiga te mandó, ya cerca del mediodía, el video de Donald Trump con Village People. No pudiste salir de tu perplejidad, hasta bien entrada la tarde. “¿Qué nos pasó?”, te preguntás.

Participás de una generación que todavía recuerda los grandes momentos de la década del sesenta del siglo pasado. Cuba, desde ya, el nacimiento del pop (como arte, como cultura), “una nueva relación entre la cultura alta y la popular que irrumpió en Estados Unidos a comienzos de los años sesenta, en consciente rivalidad con la canonización del alto modernismo durante las décadas: precedentes” (Andreas Huyssen).

Si bien los análisis de tu amigo Andreas te parecen todavía demasiado europeos, también retenés ese momento en que la alta cultura modernista ingresa a la Casa Blanca de la mano de los Kennedy (incluida Jackie, figura emblemática de aquellos tiempos) como un equivalente de la irrupción de Mercedes Sosa en el folklore argentino.

Robert Frost, Pablo Casals, Malraux y Stravinsky son algunos de los nombres que marcaron el ingreso de la altérrima cultura no sólo a la Casa Blanca, sino a la representación política. Más allá de lamuseificación de las vanguardias (cumplida ya en los cincuenta) y de su incorporación a la cultura industrial a través de la reproducción masiva, el modernismo y las vanguardias venían ahora a jugar un papel en la política exterior de los Estados Unidos (que, no hace falta subrayarlo, alcanzó niveles altísimos de violencia). La clase de arte cuyo propósito explícito había sido siempre resistir la institucionalización se asociaba ahora con las instituciones más imperialistas.

¿Qué quedaba por hacer? Obviamente, reinventar el ethos alternativo, el ethos resistente que reaparecería en los happenings, en el pop, en el arte psicodélico, en el rock pesado y el teatro alternativo de las calles. Mientras Malraux garantizaba un préstamo extraordinario de La Gioconda al presidente de los Estados Unidos (en la Galería Nacional la vieron más de 700.000 personas), la vanguardia pop retuvo su filo y su negatividad en proximidad con la cultura de confrontación de los sesenta que, lo quieras o no, te constituyen.

Más de sesenta años después, el nuevo presidente de los Estados Unidos baila como un muñeco desarticulado mientras los restos vivientes de Village People intentan reproducir una coreografía que todo el mundo sabe y repetir una letra que todo el mundo entiende como lo que es, salvo el único sobreviviente cisetero de la formación original, que amenaza con mandar a juicio a cualquier que se refiriera a “YMCA como un himno gay”.

Podrías detenerte en la paradoja de que un gobierno de oligarcas homofóbicos se rodee de estereotipos del deseo homosexual vestidos con chaps, pero te parece que esa batalla ya no te corresponde darla.

Eso sí, quisieras pensar en la distancia entre Stravinsky y Village People como participantes del poder absoluto (Virgilio, más allá de su innegable talento, tuvo el patrocinio del primer protofascista, Octavio Augusto, a quien los sedicentes emperadores del presente intentan replicar).

En un texto que este año cumple cien años, Ortega y Gasset había advertido que el modernismo produce dos especies diferenciadas de seres humanos, como quien dijera Cromagnon vs. Neandertal. Los primeros tuvieron arte; los segundos, no. Los primeros se comieron a los segundos y sobrevivieron, pensás.

Lo que la patética fiesta de Trump ofrecía como evidencia es el ascenso al poder de una especie humana diferente de la tuya, cuya única razón es la fuerza y que no pudiendo comprender ni el arte ni las humanidades, pretende destruir esas esferas para siempre deshumanizando la vida, reemplazando el arte (en cualquiera de sus variantes) por una pacotilla industrial reciclada hasta el vómito.

Esa ignorancia llevada al registro de la jactancia tal vez sea el signo de la actual coyuntura. Sea.

Pero es de una gravedad insoslayable que todo conduzca a la celebración de la ignorancia, a la falsificación de la historia, y la imposición de un ideario deshumanizante. Si en los sesenta la propuesta de un nuevo arte fue, en consecuencia, un ataque a las instituciones sociales hegemónicas, seguirás sosteniendo ese ethos y sólo repetirás la coreografía de Village People dentro del armario al que te condenan.

 

jueves, 23 de enero de 2025

sábado, 21 de diciembre de 2024

Los recortes del día


 

martes, 17 de diciembre de 2024

Las veinte verdades sarlistas

1

¿Cuánto le importa la corrupción a la sociedad?

A las capas medias, le importó poco durante varios años del menemismo. La corrupción kirchnerista tampoco dejó a nadie sin dormir mientras las cosas anduvieron bien. Por otra parte, la corrupción no es simplemente un tema moral, sino que se combina con las condiciones de vida. El treinta por ciento de pobres, seguramente perjudicados por un Estado donde hay corruptos, no piensa su situación en términos morales, sino como verdadera injusticia. Evadir impuestos es una de las formas más estables de la corrupción, y no la practican sólo los políticos.

2

¿Por qué decidió no irse del país en tiempos de Dictadura?

No podía pensar mi vida fuera de Buenos Aires. Además, me gusta tomar algunos riesgos.

3

¿Qué objetos la rodean en este momento?

En un estante de la biblioteca, una botella de Coca Cola, dentro de la que coloqué la pluma que me dio la Academia Nacional de Periodismo. Su unión inesperada me gusta mucho. Sobre ese mismo estante, un programa de la Sala Lugones con una foto de un filme de Ozu. Un poco más abajo, la Historia de San Martín, de Bartolomé Mitre, primera edición, que fue de mi padre, y me gusta pensar que es la misma que seguramente estaba en la casa paterna de Borges. En la pared opuesta, un cuadrado de madera blanca, que colgué como imitación casera de Blanco sobre blanco de Malevich. En ángulo, una foto de Facundo de Zuviría, un dibujo de Juan Pablo Renzi, otro de Eduardo Stupía y tres grabados que fueron tapa de la revista Punto de Vista.

4

¿Dónde está Dios?

Dios reside en esta pregunta y en todas las que se interrogan sobre su existencia.

5

¿Por qué aceptó la invitación al programa 678?

El gobierno kirchnerista solo recibía al periodismo que lo apoyaba. Me pareció que quienes lo criticábamos debíamos hacer lo contrario y enfrentar posiciones diferentes.

6

¿Por qué no aceptó la invitación que le ha hecho la producción de Mirtha Legrand para sentarse a su mesa?

No me sentiría muy cómoda escuchando una buena parte de las conversaciones que se mantienen alrededor de esa mesa. “Cada gato por su pared” es una buena definición de pluralismo en ciertas circunstancias. Soy un animal medio solitario, que trata de elegir las paredes sobre las que hace equilibrio.

7

¿Cuándo algo de la vida cotidiana pasa a ser su objeto de estudio?

Las ciudades fueron siempre espacios de atracción magnética. Soy vagabunda. Los medios, por otra parte, son inevitables. Allí no busco, sino que los temas se me aparecen, como si estuvieran iluminados por un foco.

8

¿Qué opina de las frases hechas?

Tienen la fuerza de la costumbre; la facilidad de lo conocido; la persistencia de los juicios sencillos y, a veces, exactos; la amabilidad niveladora del lugar donde todos tienen la ilusión de entenderse.

9

¿Cómo piensa su voto?

La política es una parte importante e intensa de mi vida. He sido militante de la izquierda, y, muy joven, en el peronismo. He estado muy cerca de algunos dirigentes; hablo con muchos de ellos. Mal o bien, escribo sobre política en los diarios. Por lo tanto, conozco y evalúo las cambiantes alternativas muchos meses antes de las elecciones. Antes del domingo electoral, acostumbro hacer pública mi opción, por escrito, en alguna nota. El voto secreto es una protección para los ciudadanos que puedan ser presionados o sometidos a represalias. Pero, en países democráticos, los intelectuales estamos en condiciones de dar a conocer la opción electoral, en lugar de obligar a la gente, que eventualmente nos lea, a hacer conjeturas.

10

¿Cuál es el mayor riesgo al que se exponen hoy los periodistas?

El estrellato mediático. También la tendencia a convertir la noticia en crónica (esto sucede especialmente con las policiales y de vida cotidiana). De otro riesgo somos responsables quienes escribimos notas de opinión, cuya relevancia es hoy mucho mayor que hace tres décadas, y encierran el peligro de la repetición y el autocentramiento. Por supuesto, estos riesgos tienen como escenario una esfera pública democrática. Quienes viven en Venezuela, Cuba o Nicaragua corren peligros que no tienen que ver con los géneros periodísticos sino con las posiciones políticas.

11

¿Piedra, papel o tijera?

Son las circunstancias las que definen los instrumentos. En una manifestación masiva, revolear una piedra no es un sacrilegio contra la paz social. Cortar, con un tijeretazo, la lectura de un discurso político insustancial o reiterativo, sintetizarlo críticamente, es ejercer el derecho al juicio de calidad. El papel, de todas maneras, resulta casi siempre más saludable y, a veces, intelectualmente más productivo.

12

¿A qué le teme?

A mi forma de hablar. A la ironía, que es la nota más fuerte de casi todo lo que digo. A la agresión, cuando la ironía se me vuelve ingobernable.

13

¿Le hubiese gustado recibir la muñeca que regalaba la Fundación Eva Perón para Reyes?

Recibí la muñeca que regalaba la Fundación para Reyes. Era 1952. Internada en el hospital Pirovano, fui beneficiaria de un incesante desfile de entretenimientos y regalos para las fiestas de fin de año. Mi familia, gorila sin vacilaciones, desaprobaba esos regalos a los que venía adosada una estampilla con la imagen de Eva. Yo, en cambio, la pasé extraordinariamente bien.

14

¿La política los prefiere “héteros”?

La política prefiere sujetos “normalizados”. El votante también. Las convicciones tienden a ser arcaicas. La cuestión no es qué prefieren las eventuales mayorías, sino abrir un espacio liberado de prejuicios para los nuevos sujetos políticos.

15

¿Para qué “sirve” un intelectual?

¿Para qué sirvió Sarmiento antes de ser presidente, cuando escribió el Facundo? ¿Para que sirvió Alberdi? ¿Para qué sirvió Sartre? ¿Para qué sirvieron Martínez Estrada, Victoria Ocampo o Sebreli? ¿Para qué sirvió José Aricó cuando, en el exilio, continuó su obra de editor y organizador de ideas? Deberíamos jubilar la pregunta, porque la historia de los intelectuales ofrece decenas de respuestas.

16

¿Cuál es su golpe favorito de tenis?

El revés a una mano de Justine Henin, Sampras y Federer; el revés a dos manos de Djokovic y Nalbandian. El drive de Kuerten, de Nadal y Del Potro. La volea de Tim Henman y los drops de Coria. Demás está decir que todos esos golpes admirados siempre fueron completamente imposibles para mí.

17

De los cigarrillos del día, ¿cuál es “el especial”?

El primero, después de tomar mate, caminando por la calle hasta la entrada del subterráneo.

18

¿Después del feminismo, ¿qué?

No hay después del feminismo. Sería como preguntarse: después de la igualdad de derechos, ¿qué? O después de la igualdad racial, ¿qué? Se abrirán nuevas exigencias y habrá que fundamentarlas y defenderlas. La costumbre de encontrar un “post” a todo me suena a necesidad de la historia académica o a la búsqueda de un titular.

19

¿Un deseo?

Volver a Berlín, siempre. Subir otra vez el Champaquí o caminar por la puna jujeña desde Rinconada a San Juan de Oros.

20

¿Qué ve cuando mira?

Depende de lo que mire. No miro del mismo modo una película que un objeto, un edificio que una pintura. La mirada se educa. Me pasé décadas tratando de entrenar miradas diferentes. No hay espontaneidad sino trabajo.

Fuente:  Clarín

 

 

sábado, 7 de diciembre de 2024

El muelle de las brumas

Por Daniel Link para Perfil

Al principio uno ve de reojo lo que hay adentro y no quiere entrar: un montón de basura amontonada. Pero llega la exquisita Mariana López, y no queda más remedio que atravesar la puerta, porque la artista ha venido especialmente para acompañarnos en un recorrido de su muestra.

Premio Klemm en 2022, Mariana tituló irónicamente Obra completa a su monumental instalación. Una vez dentro de la sala, nos encontramos parados sobre una plataforma de madera cuyo sentido se adivina de inmediato: es un muelle. Su “obra completa” se ha transformado (mediante el procedimiento de la canibalización) en una gigantesca acumulación de desperdicios. Allí están algunas piezas que reconocemos de instalaciones previas, los restos de mecanismos que ya no funcionan, libros infantiles, camisetas y pantalones de fútbol, instrumentos musicales, baratijas que venden los senegaleses en las veredas porteñas.

Digo mal: porque en vez de recolectar esos objetos y ponerlos en su justo lugar, Mariana ha hecho sus versiones (pintadas, recortadas en papel, esculpidas o moldeadas) de esas cosas.

Lo extraordinario de su perspectiva es que su obra previa, integrada en esta Obra completa, cambia de sentido: ya no son más representaciones estilizadas de objetos sino que son “la cosa”. Lo que aspiraba a ser reconocido como arte ahora ha mutado en basura.

Si esa transformación de profundo alcance estético no fuera suficiente para conmovernos (porque contradice la vanidad del arte, la jactancia del artista, su relación con el mundo) hay todavía otra meditación en la que deberíamos detenernos. Lo que vemos son los restos de una civilización acumulados a orillas de un muelle.

Contra el arte ilusionista (que quiere hacer pasar por verdadero lo falso) y el arte de relojería (que se sostiene en la precisión del mecanismo y el lugar calculado para cada trazo y cada mancha), el arte de Obra completa se muestra indiferente a las idolatrías de la semejanza o de la exactitud. La acumulación es insensata, es lo que queda después de la destrucción.

Es ahí donde la muestra de Mariana López se vuelve una imagen justa, como llamada a pensar el día después de la extinción (del mundo, del arte, de la vida). Agradecemos a Mariana y a Klemm la mejor muestra de 2024.

 

sábado, 9 de noviembre de 2024

Los hundidos y los salvados

Por Daniel Link para Perfil

Primero se llevaron a Nicolás Posse, y no me importó porque no sabía quién era.

Después cerraron las universidades y no me importó, porque yo ya estaba jubilado. Cuando se llevaron a Mondino no dije nada, ya que si bien amo Córdoba no soy banquera ni diplomática. Cuando vinieron a llevarse a los “comunistas” infiltrados en Cancillería, no protesté, ya que yo no era comunista. Cuando suspendieron la financiación de los envíos a la Feria de Frankfurt y de Guadalajara no me preocupé, porque yo no participaba de esos eventos. Cuando se llevaron a los radicales, me callé, ya que yo no era socialdemócrata. Cuando quisieron suspender el Festival de Cine de Mar del Plata, no me indigné, ya que no hago películas. Después se llevaron a los periodistas e hicieron quebrar a las empresas de medios, pero no me importó, porque no soy periodista ni leo diarios. Cuando fueron a buscar a los sindicalistas no protesté, porque me daban asco esos ladrones acomodaticios. Después quemaron los manuales para ESI, pero no me importó porque sabía que el deseo mueve montañas. Pero cuando se llevaron a Victoria Villarruel, sentí un escalofrío. Ahora las neue Hitlerjugend, cuyo objetivo es formar líderes y «hombres de bien» para el futuro, golpean a mi puerta y no hay nadie que pueda detenerlos.

Se ha cumplido el ciclo previsto por Elías Canetti en Masa y Poder, a quien Horacio Verbitsky aludió en una de sus columnas (que ya no pueden leerse): “una suerte de comunicación directa y sin filtros entre el líder y sus seguidores” (eso es el fascismo, tal como enseña Canetti) ha diseminado la demencia y la destrucción.


jueves, 24 de octubre de 2024

The World Humanities Report

 Aquí puede leerse mi contribución al World Humanities Report. Y aquí, la versión de lo mismo en castellano.

Como decía Auerbach: “Nuestra patria filológica es la Tierra (la nación ya no puede serlo)”. El espíritu no es nacional: Paupertas e terra aliena.

Y también: perfectus uero cui mundus totus exilium est (Hugo de San Víctor): ése es el debido amor al Mundo.


sábado, 14 de septiembre de 2024

Piromanía

Por Daniel Link para Perfil

Además de sus muchas virtudes, la muestra “Una imagen mil palabras” curada por Guillermo Piro para el Centro Cultural Recoleta interroga el estatuto mismo de la fotografía y, todavía más, de lo imaginario (ese registro en el cual las imágenes adquieren su consistencia y su gramática).

La muestra funciona así: 50 personas hablan (los textos fueron grabados y se accede a ellos a través de un código qr) de 50 fotografías que, presuntamente, “marcaron sus vidas”. Como yo fui convocado, sé que esta caracterización es endeble, porque a mí Guillermo Piro me asignó una fotografía bastante conocida, pero que tiene un lugar marginal en mi vida. Otras personas eligieron fotos familiares o fotos propias (como modelos o por haberlas sacado).

Queda ahí muy claro uno de los rasgos más inquietantes de la fotografía: es un arte intermedio. En algunos casos se trata de fotografías que aspiran al arte, en otro caso se trata de fotografías profesionales y están, finalmente, las fotos que salen de un archivo privadísimo que se construye al margen del fotoperiodismo y del arte de la mirada.

Ese inestable y fascinante estatuto de la fotografía es correlativo de la cantidad de personas convocadas para participar de la “anotación” de las imágenes, lo que pone en contacto dos imaginarios: el que las fotos muestran y en el que cada quien navega (o naufraga).

Cuando se habla de imágenes, se presuponen fotografías, cuadros, diagramas. Pero las imágenes son mentales y allí establecen la lógica propia de lo imaginario, que por lo general es público. La imaginación pública suministra los materiales para poder pensar el mundo. Las fotos (o lo que fuera) no son sino la actualización de esas condensaciones mentales de aquello que, por definición, no está (o está en otra parte).

Un ejemplo. La imagen elegida por Rubén Szuchmacher es una foto de su padre en su Polonia natal. Esa imagen, además de traer al presente a alguien ausente, relaciona un imaginario de época (el presente de la foto) con el imaginario que arrastra a Rubén a verla como una identidad conflictiva para su padre (el presente de Szuchmacher).

La gran felicidad que la muestra de Piro nos regala es una travesía en la calesita de las identificaciones imaginarias.

 

sábado, 24 de agosto de 2024

Diferencia y repetición

Por Daniel Link para Perfil

Qué sutil alegría nos invade cuando algo nos devuelve a una pasión que creíamos perdida. Fui al cine a ver Alien Romulus. A diferencia de otras entregas de las grandes franquicias, la película de Fede Álvarez es inteligente y recupera con gran sabiduría los motivos narrativos de las precedentes (dejo de lado los bodrios con Predator, porque son otra cosa que no tienen nada que ver con la saga original). Tal vez la nacionalidad (la extranjería) del director le permitió escapar de los condicionamientos de la industria respecto de los cuales otros directores hubieran sido más obedientes (las deceptivas entregas ultimas del universo Starwars son el ejemplo más a mano).

Muy bien contada, Romulus es capaz de esquivar la repetición mecánica y recombina con elegancia los elementos viejos para producir algo novísimo, que liga muy bien con nuestro tiempo, cuarenta y cinco años después de la brillante Alien: el octavo pasajero.

Justo es decir que mi fidelidad a ese universo flaqueó un poco con Resurrection (1997) y se quebró completamente con Covenant (2017), una porquería inexplicable. Así que no esperaba demasiado de una película que me llevó al cine sólo por inercia y porque la sociabilidad en el lugar en el que vivo tiende al cero absoluto.

Por supuesto, Romulus recupera no sólo motivos sueltos, sino la matriz simbólica que sostiene toda la saga, que es una interrogación (más o menos trascendentalista, según las entregas) sobre los límites de la humanidad y sus agenciamientos con la técnica, por un lado, y sobre el lugar de la mujer en los regímenes patriarcales, por el otro. Ripley, la estrella absoluta de Alien, pasó por la violación, la maternidad, el aborto y la sororidad. La paternidad había asomado en Prometheus (2012) y vuelve aquí con toda su fuerza de mandato y su potencia de cuidado respecto de la protagonista. En cuanto a la técnica, Romulus recupera de las anteriores una ecología tecnocapitalista (que llega aquí al colonialismo y la explotación brutal de los trabajadores) que permite interrogarnos sobre el sentido del desarrollo y de su asociación con las inteligencias artificiales que, si son realmente inteligentes son malas (deshumanizadas, asesinas) y si son tontas son buenas (y paternalistas).

Brutales como suelen ser los campos simbólicos en el cine chatarra (del que Alien es un lujoso exponente), sin embargo Romulus nos fuerza a desear (¡más, más!), a despreciar el desarrollo insensato y a pensar en las relaciones de semejanza entre imágenes. No es poco en un mundo tan empastillado.

lunes, 22 de julio de 2024

Nunca más

 


jueves, 11 de julio de 2024

Agamben se sacó

 

Réquiem por Occidente

por Giorgio Agamben para Quodlibet

A finales del siglo XIX, Moritz Steinschneider, uno de los fundadores de la ciencia del judaísmo,dies irae. Esta elección concordaba perfectamente con el hecho de que el propio término que definía la misa de difuntos procedía de un texto apocalíptico, el Apocalipsis de Esdras, que evocaba a la vez la paz y el fin del mundo: requiem aeternitatis dabit vobis, quoniam in proximo est ille, qui in finem saeculi adveniet, "os dará la paz eterna, porque está cerca el que viene al final de los tiempos". La abolición del dies iraete esencial del funeral en la tradición de la Iglesia católica es la misa llamada de Réquiem, que en el Introito se abre con las palabras: Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Hasta 1970, el Misal Romano prescribía también que la Misa de Réquiem se recitara en la secuencia dies irae. Esta elección concordaba perfectamente con el hecho de que el propio término que definía la misa de difuntos procedía de un texto apocalíptico, el Apocalipsis de Esdras, que evocaba a la vez la paz y el fin del mundo: requiem aeternitatis dabit vobis, quoniam in proximo est ille, qui in finem saeculi adveniet, "os dará la paz eterna, porque está cerca el que viene al final de los tiempos". La abolición del dies irae en 1970 va de la mano del abandono de toda instancia escatológica por parte de la Iglesia, que se ha amoldado así por completo a la idea de progreso infinito que define la modernidad. Lo que se deja caer sin el valor de explicitar sus razones -el día de la ira, el último día- puede ser recogido como un arma a utilizar contra la cobardía y las contradicciones del poder en el momento de su fin. Esto es lo que pretendemos hacer aquí, intentando celebrar sin intención paródica, pero fuera de la Iglesia, que pertenece al número de los muertos, una especie de funeral abreviado para Occidente.


Dies irae, dies illa

solvet saeclum in favilla,

teste David cum Sybilla.


Día de ira, ese día

destruirá el mundo en cenizas

como atestiguan David y Sybilla.

¿De qué día se trata? Ciertamente el presente, el tiempo en que vivimos. Cada día es el día de la ira, el último día. Hoy el siglo, el mundo arde, y con él nuestra casa. De esto debemos ser testigos, como David y como la Sibila. Quien calla y no da testimonio, no tendrá paz ni ahora ni mañana, porque es precisamente la paz lo que Occidente no puede ni quiere ver ni pensar.

Quantus tremor est futurus

quando iudex est venturus

cuncta stricte discussurus.


Cuánto terror habrá

cuando venga el juez

para juzgar todas las cosas estrictamente.

El terror no es futuro, es aquí y ahora. Y ese juez somos nosotros, llamados a pronunciar el juicio, la krisis sobre nuestro tiempo. A la palabra "crisis", de la que no hacemos más que hablar para justificar el estado de excepción, le devolvemos su significado original de juicio. En el vocabulario de la medicina hipocrática, la krisis designaba el momento en que el médico debe juzgar si el paciente morirá o sobrevivirá. Del mismo modo discernimos lo que morirá y lo que sigue vivo. Y el juicio será severo, no dejará pasar nada.

Tuba mirum spargens sonum

per sepulchra regionum,

coget omnes ante thronum.


Mors stupebit et natura,

cum resurget creatura,

iudicanti responsura.

Una trompeta que difunde un sonido maravilloso

en los sepulcros del mundo entero

llamará a todos ante el trono.


La muerte y la naturaleza asombrarán

cuando la criatura resucite,

para responder al juez.

No podemos resucitar a los muertos, pero al menos podemos preparar con todo cuidado el instrumento maravilloso de nuestro pensamiento y de nuestro juicio, y, haciéndolo resonar entonces sin temor, liberar a la naturaleza y a la muerte de las manos del poder que nos gobierna con ellas. Sentir que la naturaleza y la muerte nos asombran, presentir aquí y ahora otra vida posible y otra muerte, es la única resurrección que nos interesa.

Liber scriptus proferetur,

in quo totum continetur,

unde mundus iudicetur.


Iudex ergo cum sedebit,

quidquid latet apparebit,

nil inultum remanebit.


Se abrirá el libro

en el que todo está contenido,

y por él será juzgado el mundo.


Tan pronto como el juez esté sentado,

lo que está oculto aparecerá,

nada quedará sin salvar.

El libro escrito es la historia, que es siempre la historia de la mentira y de la injusticia. De la verdad y la justicia no hay historia, sino aparición instantánea en la krisis decisiva de cada mentira y cada injusticia. En ese momento la mentira ya no puede encubrir la realidad. Pues la justicia y la verdad se manifiestan, manifestando la mentira y la injusticia. Y nada escapará a la fuerza de su venganza, siempre que se devuelva a esta palabra el sentido etimológico que tiene en el juicio romano, en el que el vindex es aquel que vim dicit, que muestra al juez la violencia que se le ha hecho a quien sólo en este sentido "venga".

Quid sum miser tunc dicturus,

quem patronum rogaturus,

cum vix iustus sit securus.


Y yo, que soy avaro, ¿qué diré?

a quién llamaré en mi defensa,

si apenas el justo está seguro?


El justo que presta su voz al juicio está de algún modo implicado en el juicio y no puede llamar a otros en su defensa. Nadie puede testificar por el testigo, él está solo con su testimonio -en este sentido no está seguro, está dentro de la crisis de su tiempo- y sin embargo da su testimonio.


Confutatis maledictis,

flammis acribus addictis,

voca me cum benedictis...


Lacrimosa dies illa,

qua resurget ex favilla

iudicandus homo reus


Condenado el maldito

arrojado a las llamas vivas,

llámame entre los bienaventurados...


Día de lágrimas aquel día

en que resurgirá de las cenizas

El culpable que será juzgado.


Aunque el himno del Día de la Ira forma parte de una misa en la que se pide paz y misericordia para los muertos, se mantiene la distinción entre malditos y bienaventurados, entre verdugos y víctimas. El último día, los verdugos, como están haciendo ahora sin quizá darse cuenta, se refutarán a sí mismos, dejarán caer las máscaras que cubrían su injusticia y sus mentiras, y se arrojarán a las llamas que ellos mismos han encendido. El último día, el día de la ira, cada día es un día de lágrimas para ellos, y es quizás porque son conscientes de ello por lo que fingen estar tan sonrientes. Sólo el consentimiento y el miedo de muchos mantiene ese día en suspenso. Por eso, aunque nos sepamos impotentes ante el poder, tanto más implacable debe ser nuestro juicio, que no podemos separar del réquiem que celebramos. Señor, no les des la paz, porque no saben lo que es.


11 de julio de 2024

jueves, 27 de junio de 2024

Lección final (grabación integral)

 Humanismo crepuscular

(mientras haya "vivo" no habrá muerte)