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viernes, 12 de junio de 2026

Doña disparate y Bambuco

 

"Billy Elliot es un musical sobre la identidad, sobre no claudicar sobre lo que uno es, lo que uno siente. Este protagonista no entrega ese fuego: es frío. Billy es un varón que, precisamente, lo que busca la obra es confrontar su masculinidad con el recurrente prejuicio y la cursilería de que "el ballet es para mariquitas", como se escucha en escena. Entonces Billy al menos debe verse mucho más masculino que Michael, el amigo que está descubriendo al vestirse de mujer su orientación sexual."

¡Tiene razón el crítico de las cavernas (platónicas)!  Por eso mismo, ya le envié a Rubén Szuchmacher un adminículo indispensable que, me dijeron cuando consulté, viene ya con lubricante....

¡Niños argentinos, a medirse!


 

sábado, 25 de abril de 2026

El dedo muerto

Por Daniel Link para Perfil

Hace unos años mi mamá empezó a quejarse de que se le desconfiguraba el teléfono celular (no eran sus palabras, claro, pero de eso se trataba). De pronto se quedaba sin sonido, o le desaparecían las pocas aplicaciones que usaba, o no podía encontrar los chats en curso). Como ella estaba (y sigue estando) “en situación de Android” era para nosotros complicado lidiar con un sistema operativo que desconocemos en sus detalles. A veces mi hijo la ayudaba y entonces mi mamá se quejaba diciendo (injustamente, claro): “Tomás tocó....”, “Tomás hizo...”. Pronto descubrimos la causa de las desconfiguraciones: mi mamá tenía el pulgar “muerto”, es decir: cuando movía su dedo índice sobre la pantalla, el pulgar caía sin demasiado sentido y sin voluntad sobre otras secciones del menú, anulando funciones, borrando conversaciones, modificando lo que debería ser inmodificable (no entendemos todavía cómo nadie ha diseñado un sistema operativo para personas mayores).

En todo caso, el fin de semana pasado me descubrí habilitando funciones en un juego inadvertidamente: era, sí, mi propio dedo muerto. En el prólogo a mi último libro (me dicen que se vende bien), La clausura de febrero y otros poemas, escribí que “desaparecemos del todo cuando ya no queda nada de nosotras por morir”. Los oídos, los ojos, los dientes, esas primeras víctimas, empiezan a apagarse tempranamente, pero hay prótesis que disimulan o anulan el proceso de micromuerte. El dedo (cuántas veces hemos hablado de “El dedo gordo” en la estela de Bataille, como emblema y clave de humanidad) se suma a esa cosecha inminente de mortandades.

Los análisis nos van mostrando el deterioro de los órganos internos (en mi caso, por fortuna, es imperceptible), que son los que marcan el ritmo del último suspiro.

A medida que esas cosas suceden irremediablemente, empiezo a dejar morir algunos aspectos de mi vida laboral (ya casi extinta). Me escribe una chica de una editorial que publica libros míos para invitarme a la Feria del Libro, con el objetivo de “generar contenido para las redes”. Le digo que yo no genero contenido para las redes, a quién se le ocurre. Otra chica me escribe para invitarme a dialogar con una artista un sábado. Acepto a regañadientes porque quiero el lugar, pero luego me dice que la artista puede tener un zoom previo (yo no uso zoom), el día tal a tal hora. Le digo que no, que no me someto a la aprobación de personas que no conozco y que no suelo adelantar los contenidos de mis conversaciones que son, por otra parte, bastante previsibles.

Casi me siento tentado de decirles: yo estoy involucrado en los procesos de deterioro corporales y cognitivos propios de mi edad como para que me vengan con pelotudeces, pero desisto de caer en la categoría “vieja loca”, que las jóvenes me aplicarían inmisericordemente.

Arrastrado por ese impulso beckettiano, me pregunto si no ha llegado el momento de dejar morir éstas, mis columnas para Perfil. Lo decidirá mi dedo (pulgar para abajo) cuando me canse también del régimen de esclavitud de las columnas semanales.


domingo, 14 de diciembre de 2025

jueves, 4 de septiembre de 2025

Dice Lucrecia Martel

"Cuando vos querés quitarle algo a alguien y no sentirte una porquería, necesitás inventar algo que vuelva legítima tu pequeñez y tu mezquindad. Fijate lo que está pasando en Gaza, una nación que inventa un enemigo para que sea posible soportar ver a personas que aúllan de dolor, que se mueren de hambre. Para que haya gente que se crea con derecho a matar a otra, a quitarle la tierra, tenés que quebrar las más íntimas formas de percepción del otro."

Más, en La Nación

 

jueves, 24 de abril de 2025

Preguntan si...


"Defino el arte como una experiencia"

por PABLO DIAZ MARENGHI para La agenda revista

¿Qué tiene en sus manos el lector frente a un ejemplar de Clases. Literatura y disidencia, de Daniel Link? Veinte años después, vuelve a las librerías el primer tomo de la trilogía crítica definitiva del docente, crítico y escritor quien tuvo a su cargo durante 34 años la cátedra de Literatura del Siglo XX de la Carrera de Letras de la UBA y se retiró con una lección final que puede verse en YouTube y pronto será libro.
¿Pero es acaso un libro sobre literatura? ¿Es un compendio de lo mejor de sus cursos? Sí y no. El lector avezado tal vez tenga cierta presunción por haberlo leído en su Literatura argentina, cuatro cortes, sus exquisitas memorias lectoras editadas (La lectura, una vida; Ampersand), su ensayo sobre Copi o su ficción –su novela Los años noventa sintetiza, tal vez mejor que ninguna otra, el pulso de una época –.El lector desprevenido quizás se sorprenda por el sistema de citas, lecturas cruzadas, la mirada, el paladar refinado pero sin esnobismo, la elegancia de la prosa y la precisión de sus hipótesis.
De la mano de la misma editora, Leonora Djament, que publicó este libro bajo el sello Norma y hoy lo relanza en Eterna Cadencia, estos textos forjan un canon. Un modo de leer, sentir y pensar. Link pone a dialogar en la misma mesa a Herman Hesse, con Kafka y la saga de Star Wars; Theodor Adorno y Rodolfo Walsh hacen tablas en una partida de ajedrez imaginaria con una película de Derek Jarman de fondo. Su modo de hacer hablar a los objetos que analiza es único: bebe de las aguas de la filología, disciplina que estructuró su pensamiento, pero se revitaliza con su propia brújula estética y personal.
Este volumen funciona como el inicio de una trilogía que continuó con Fantasmas. Imaginación y sociedad (2009) y cierra con Suturas. Imágenes, escritura, vida (2015). Es, también, una clase magistral sobre la potencia significante del Siglo XX; sus aciertos, sus deudas y sus hazañas. Link, en diálogo con La Agenda del otro lado del Atlántico, se hace un tiempo para expandir sus propias inquisiciones alcanzando nuevas definiciones como esta: “La cultura pop es un instante de peligro de las normas culturales y, sobre todo, la industria cultural”.
 
(sigue acá)

 

Preguntan si....


Mi propia historia queer

por Laura Isola para Perfil Cultura

“¿Qué es mi vida sino una sucesión de lecturas (mejor o peor hechas), que se enhebraron un poco por coacción, otro poco por azar, en todo caso por método?”, se pregunta Daniel Link en la Introducción a La lectura: una vida… que publicó en Ampersand en 2017 y fue editado en francés por Gallimard en 2023 con traducción de Charlotte Lemoine. Con esta afirmación como interrogante es posible leer gran parte de la obra de este escritor, pero en particular la reedición de Clases. Literatura y disidencia, veinte años después.

Veinte años no es nada, canta el verso del tango, aunque en esa sucesión de lecturas que lo configuran como lector pero también leer como sinónimo de analizar, hay obsesiones. Por lo menos, una o dos: “¿Cuántas ideas se pueden tener en la vida? Yo creo que los deseos de escritura suelen estar atados a una “idea rectora”, a lo sumo dos. Todo lo demás viene por añadidura o por derivación. Tenés razón, una de mis grandes obsesiones es la literatura como experiencia. Por supuesto, también se la puede trabajar como institución, como mercancía, pero me parece que a mí me interesa más la relación intensa entre la escritura y la vida.”

En ese sentido, le gusta pensar en “términos de largo aliento porque sé que no puedo abandonar las ideas que tengo como abandono los libros que ya escribí. Finalmente, estamos escribiendo siempre el mismo libro. En este punto no soy nada original, porque Borges sostuvo una perspectiva semejante. La literatura es una fuerza que nos arrastra, no sabemos bien a dónde. Y por eso no se puede separar la escritura de la lectura. Comparten un mismo estatuto y el mismo arrebato. Cuando empecé a escribir Clases. Literatura y disidencia, no sabía que iba a tener compañía. Pero ya cuando revisé las pruebas me di cuenta de que había tocado apenas la superficie, de que había explicado el presente, pero que no había explorado los mil pliegues que hay en el presente. Y por eso decidí que Fantasmas y Suturas iban a ser necesarios.”

(sigue acá)

 

 

jueves, 13 de marzo de 2025

Los recortes del día

 


Bajo alguno de los dos titulares se esconde un pelotudo mal intencionado. Adivinen cuál.

 

sábado, 21 de diciembre de 2024

martes, 17 de diciembre de 2024

Claroscuros

Por Daniel Link para Perfil

Una apoteosis involucra un proceso de transformación de la naturaleza humana en divina. La muerte de Beatriz Sarlo nos enfrenta a la potencia de su ausencia. Nosotras, quienes crecimos bajo su influjo, elegimos seguir preguntándole cosas, como se hace con las divinidades tutelares.

¿Qué agregar sobre Beatriz y su conocimiento inmenso de la cultura argentina (desde la gauchesca hasta las marchas de piqueteros durante el gobierno de Alberto Fernández)?

Yo quisiera empezar por acá: el lugar donde Beatriz brilló con más entusiasmo personal y con mayor irradiación de efectos fue la Facultad de Filosofía y Letras, que la maltrató sistemáticamente. Allí dio sus cursos, dirigió tesis, formó docentes e investigadores y despertó la antipatía mezquina de la institución.

Beatriz era muy enfática en sus juicios y tenía gustos (para mí) extravagantes. De sus muchos análisis (por razones incomprensibles, sus colegas le negaban ese talento) yo recuerdo particularmente el del cuento de Cortázar “La noche boca arriba”, que nunca hubiera podido leer desde esa perspectiva por mi mismo (no lo reproduzco: está en Literatura / Sociedad, búsquenlo). Con una beca que le dio no sé quién ensayó algo inédito: leer un corpus enorme de literatura sentimental como se leen los monumentos literarios (porque esas ficciones habían cumplido un papel decisivo en la formación de públicos y de hábitos). No sólo se trataba de correrse del lugar de “mandarinato” para examinar los bordes mismos de lo canónico sino también de proponer un análisis “cuantitativo” que no tenía antecedentes ni herramientas, por entonces. Eso se lee en El imperio de los sentimientos, que es también un homenaje a Roland Barthes, a quien admiraba tanto como cualquier otra profesora argentina.

Beatriz militaba en muchas causas perdidas, sobre todo porque detestaba el sentido común que, cada vez más, domina el mundo intelectual y periodístico (“sentido común” en el sentido de enunciados sin potencia y casi sin significado que se pronuncian por mera pulsión repetitiva, y que integran la nube hedionda de “boludeces” con las que estamos condenados a vivir). Hace muchos, muchos años, me confesó que ella siempre se había equivocado políticamente. Era una constatación dolorosa porque para ella la política era una capa esencial de su vida: no sólo un interés, sino algo que organizaba su experiencia.

Tituló No entender a la autobiografía que alcanzó terminar justo antes de su último suspiro. Yo le alabé ese título porque me parecía (más allá de su justeza, que habría que poner en entredicho) que es la mejor manera de evaluar la propia vida: no como un camino recto hacia la propia consagración, no como una serie de pasos que prefiguran los grandes movimientos por las que se recordará a alguien, sino por los pasos mal dados, por el tiempo perdido, por las hipótesis desencaminadas y las confusiones.

En los últimos años se había convertido en un personaje público al que le preguntaban su opinión sobre cualquier cosa. Como los trabajos son los trabajos, Beatriz no se negaba a esas requisitorias y las transformaba en episodios de rigor intelectual.

Las cacatúas universitarias negaban con la cabeza, porque les parecía que con esas intervenciones se “rebajaba” a niveles que no se correspondían con la autoridad que da el magisterio. Los mayores ataques los recibió cuando escribió para la revista Viva, adoptando un registro que, cuando publicó esas columnas dominicales como libro, algunos empezaron a entender como el gesto vanguardista que había representado.

No se puede resumir todo el trabajo de Beatriz y el conjunto de saberes que manejaba (algunos de los cuales puso en crisis) en cuatro palabras. Tampoco tiene mucho sentido llorarla y nada más. Ahora hay que establecer su archivo, examinar las marcas en los libros de su biblioteca, reconstruir la marcha de un pensamiento que fue siempre un estímulo para nosotras, estuviéramos o no de acuerdo con ella.

Le gustaba firmar los correos que me mandaba como Tante. En una ocasión, en las vísperas de un viaje suyo a Viena, le pedí que participara virtualmente de un coloquio. “Nunca hice nada por zoom. Es la total pérdida del aura. Con la poca aura que se tiene, es quedar a oscuras y ya es bastante la propia oscuridad”.

Como se ve, más allá del título de su autobiografía, Beatriz algo entiende, todavía.

  

por Daniel Link para Radio Nacional:

 

sábado, 7 de diciembre de 2024

Una explicación

Palabras del Presidente de la Nación Javier Milei, luego de recibir un reconocimiento de la Asociación de Dirigentes de Marketing, en Montevideo

Hola a todos. Muchas gracias ADM por esta distinción, por estos regalos y, hoy, voy a dar una charla ligeramente distinta, una charla a la que no están acostumbrados a escuchar de mí y la charla – básicamente - lo que va a hacer es contar cómo nos hicimos amigos con Óscar. Después, básicamente, voy a hablar de la ópera “Nabucco” y el valor que tiene para un libertario la ópera “Nabucco”. Después voy a hablar de uno de los tres seres más imponentes y maravilloso que pisaron esta tierra, que ha sido Moisés. Así es que – básicamente- ese es el formato de la charla que he diseñado para hoy y lo que esto implica, también, para las ideas de la libertad.

SIgue acá.


lunes, 2 de diciembre de 2024

sábado, 31 de agosto de 2024

Microdosis de Bolaño

 por Daniel Gigena para La Nación

“¿A quién le pertenecerá Bolaño, quién se sentirá interpelado por su literatura? ¿A la casta de escritores-estratega? ¿A los cultores del realismo latinoamericano? ¿A aquellos para quienes el lenguaje es solo un vehículo para transmitir ideas de mediano impacto?”, se pregunta en su microdosis crítica el escritor y académico Daniel Link.



 


sábado, 20 de enero de 2024

Amores desiguales

Por Daniel Link para Perfil

Cada vez que llegamos a la casa, la misma historia. Rita, la perra negra gime, jadea, gaña, aúlla, gruñe, refunfuña. Se me abalanza cuando abro el portón y me abraza. Entiendo lo que dice: “¿por qué me dejaste? No puedo estar sin vos. He sufrido mucho. No vuelvas a irte. ¡Por fin volviste! Estaba desesperada. No he parado de extrañarte”. Tanto da si salí hace una hora para ir al supermercado o si hace un mes que no la veo. Lola, la perra rubia, en cambio, sólo le ladra a la otra con disgusto, censurando su actitud: “No te rebajes así”. Superado ese trance irritante, cuando bajo del auto Lola me está esperando con un palo, una ramita, o un manojo de hojas en la boca. “Estoy muy contenta de que hayas vuelto, acá te preparé este obsequio”.

Rita está siempre al borde del colapso nervioso, porque la abandonan, la castigan, la quieren poco, en fin: una intensa. Lola disfruta más de la vida, quiere a todo el mundo por igual y no de forma tan reconcentrada. Es capaz de sobrevivir sin mi, pero manifiesta su cariño con presentes (intenta hacerme creer que lo del regalo no fue una ocurrencia del momento sino que estuvo preparándolo durante mi ausencia).

Me conmueve que se hayan criado juntas y sin embargo sean tan diferentes. Hay cosas de raza que influyen, claro: Rita es más ovejera y por lo tanto cuida los perímetros. Una vez que entró alguien al jardín, se desentiende. Lola es más doberman y no deja de amedrentar a los “intrusos”, aunque sean invitados de siempre. Pero en cuanto a la manifestación del amor y la dependencia no he encontrado manual de psicología perruna que lo explique.

 

domingo, 18 de junio de 2023

Efemérides

La Cátedra Libre en Estudios Filológicos Latinoamericanos "Pedro Henríquez Ureña" organizó el panel "Filología, teoría, vida" como conmemoración del centenario del Instituto de Filología y Literatuas Hispánicas "Dr. Amado Alonso", donde se dan cita tanto proyectos de investigación folklórica como de literaturas extranjeras. Contó con la presencia de Nora Catelli (“Joyce sin sus signos. Enseñar los clásicos traducidos”), Ottmar Ette (“Filología polilógica y ecología de la convivencia”) y Jean Bessière (“Des théories littéraires à une ontologie mineure de la littérature et à quelques points d'histoire littéraire contemporaine”). Presentó Daniel Link y tradujo Valentín Díaz. A continuación, las palabras de presentación: 

En el corazón de junio 

por Daniel Link 

Buenas tardes, les agradecemos la compañía en este día tan especial. Es Bloomsday en el hemisferio norte, el día del Ulises de Joyce. En el hemisferio sur, sin embargo, es todavía un “mes más cruel”, porque conmemoramos además los bombardeos a Plaza de Mayo, por parte de aviadores sublevados que, como en Guernica, atacaron inadvertidamente una población civil indefensa.

La semana pasada se celebraron los exactos cien años del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Dr. Amado Alonso”, al que venimos a rendir nuestro tributo. Aclaro el plural: represento a la Cátedra Libre de Estudios Filológicos Latinoamericanos “Pedro Henríquez Ureña”, creada a instancias de la actual dirección del Instituto e integrada por Diego Bentivegna (quien suma al significado de este día el nacimiento de su primer hijo, Nicanor), Rodrigo Caresani, Valentín Díaz, Daniela Lauría y Cecilia Magadán como investigadoras docentes y Francisco Bariffi, Lautaro Paredes e Ignacio Repetto como investigadoras alumnas.

Para nosotras es, pues, al mismo tiempo una obligación y una alegría participar de este homenaje. Nos sentimos parte de esta institución centenaria, cuya generosidad intelectual merece subrayarse y nos gusta inscribir lo que hacemos (o lo que pretendemos hacer) en el horizonte de tensiones que han caracterizado y caracterizarán al Instituto. Este panel se explica un poco por eso.

Desde la decisiva gestión de Amado Alonso al frente del Instituto los temas locales siempre estuvieron muy imbricados con los desarrollos de las ciencias del lenguaje y del texto en la tradición europea, de lo que dan cuenta las traducciones de Bally, de Saussure, de Spitzer, entre tantos otros.

Es por eso que convocamos a tres personalidades ilustres, cuya relación con las “literaturas hispánicas” es más bien remota, pero que han desarrollado pensamientos decisivos respecto de la filología general y comparada, los lenguajes, los textos, las historias literarias, los bordes en que lo literario se cruza o se superpone con lo viviente.

En el acto central de la semana pasada, la línea final del acto decía “El lenguaje es la casa”.

Me acerqué a la protagonista del homenaje, la actual directora del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, Guiomar Ciapuscio y le repetí, pero con tono de pregunta: “¿El lenguaje es la casa? Qué final heideggeriano”. “¿Viste?”me contestó conteniendo las lágrimas.

Más tarde, desmenuzamos esa metáfora con los demás integrantes de la cátedra. “El lenguaje es la casa del ser”, había dicho Heidegger, subrayando el hecho de que (no lo dice de ese modo, pero se deduce de su aforismo) la política es un asunto de seres hablantes. Estamos pagando cara esa arrogancia, pienso, mientras los inusitados calores del mes de junio empiezan a disolverse en el viento helado que viene de una Antártida que se descongela de a poco.

Para mí, le digo a Diego Bentivegna, “El lenguaje es una ventana”, porque es el marco desde el cual miro el mundo. Percibo y actúo en el mundo desde una determinada posición lingüística. Él me recuerda una operación crítica de hace algunos años, cuando opuso “el lenguaje como casa del ser a la poesía como caza de la lengua”.

La relación de caza respecto de la lengua supone una predación nómade, no un asentamiento. Al territorio estabilizado del sedentarismo se opone la persecución y el agenciamiento con la presa (la lengua como presa) y los territorios. Ningún sedentarismo, sino más bien una deriva incesante. Es lo que yo, inspirado por él, llamé castrametari o castrametación (el arte de disponer un campamento, algo más duradero que el mero acantonamiento, aunque no tan permanente como una ciudad).

Claro, me dijo Diego ahora, “yo creo con Wittgenstein que el lenguaje es un ciudad, con partes en ruinas y partes en construcción”.

La relación de predación, de deriva o flânerie urbana necesita de un territorio más amplio, un afuera, una relación atenta a la respiración, los movimientos y el habla de los otros: no una mera política de los seres hablantes, sino una política ambiental, incluso un “animalismo”.

No importa ponerse de acuerdo (casa, ventana, o ciudad, qué más da). Lo que importa es que todo esto nos viene de la frecuentación de la filología y sus transformaciones en esta queridísima institución y afuera de ella.

Reivindicamos nuestra filología novomundana, porque quiso y supo articular asuntos de lenguaje con asuntos de territorio: la pluralidad de lenguas y de pueblos.

Avancemos ahora hacia una filología queer, una filología de lo sensible, una ecofilología de los mundos habitables. Seguimos la exigencia que nos dejó Amado Alonso, cuando escribió: América tiene algo que decir sobre la especial iluminación de problemas lingüísticos ya planteados y puede por su parte proponer otros de primera importancia. (...) Pero nos creemos en el deber de ser algo mas que colectores”.