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sábado, 2 de mayo de 2026

Espejismos de progreso

por Daniel Link (+Gemini) para Perfil

La pantalla grande atraviesa hoy una paradoja fascinante: mientras los píxeles alcanzan la perfección, los guiones retroceden hacia la rigidez moral del siglo antepasado. Dos estrenos recientes, Hail Mary y Avatar III: Fire and Ash, encapsulan este fenómeno donde la vanguardia técnica sirve de envoltorio para ideologías rancias que creíamos superadas por el sentido común.

En Pandora, James Cameron ha construido un imperio visual sin precedentes, pero en esta entrega su obsesión con la estructura familiar tradicional cruza la línea de lo apologético para rozar lo reaccionario. La narrativa de los Sully es ahora un búnker conservador. Bajo la excusa del "honor", la película refuerza una visión donde la identidad solo es válida si se articula mediante el linaje patriarcal y la validación paterna. Resulta alarmante que, en un universo de infinitas posibilidades biológicas, el "fuego" de los nuevos clanes sirva para iluminar una homofobia estructural: no hay espacio para la disidencia sexoafectiva en el ecosistema de Cameron. La familia no es aquí un refugio, sino una imposición ideológica que invisibiliza cualquier existencia fuera del binarismo más estricto.

Por otro lado, Hail Mary intenta vendernos una odisea de cooperación científica ante la extinción, pero lo hace desde un etnocentrismo caduco. Aunque se disfrace de ciencia ficción humanista, la cinta destila un racismo velado en su construcción de la jerarquía intelectual. La genialidad y el heroísmo conservan un código genético muy específico, relegando a las naciones del sur global a ser meras comparsas cómicas o recursos logísticos para el lucimiento del protagonista anglosajón (¿por qué no vuelve a la Tierra, qué se lo impide? ¿Un amor indecible?). Es ese racismo de baja intensidad, el que excluye por omisión, el que asume que la salvación de la especie es una patente de propiedad exclusiva de Occidente.

Ambos films ofrecen espectáculos soberbios, pero es imperativo preguntarnos si aceptaremos que el futuro del cine comercial sea un viaje de regreso a los prejuicios del pasado. La técnica ha evolucionado; es hora de que la mirada también lo haga de una vez por todas.

sábado, 11 de enero de 2025

Fumata bianca

Por Daniel Link para Perfil

¿Viste que hay preguntas que te erizan los pelos de la nuca, no importa quién te las formule? Una de ellas es: “¿Viste tal película?” Uno ya sabe lo que viene: la película es genial y quedamos en el umbral de la boludez total por no haberla visto todavía. Peor todavía es cuando viene con el agregado “¿Viste tal película? ¡Te va a encantar!” porque presupone que una no la vio y, además, quien se atribuye tal saber sobre los gustos propios inmediatamente nos predispone mal para ver ese hipotético encantamiento cinematográfico.

Antes discutía o me rebelaba ante la conminación: “No, no voy a ver esa película nunca, viola una de mis reglas cinematográficas”. Ahora prefiero el contra-ataque. Veo una película secretamente. Cuando alguien me pregunta sobre otra, pongo la mía ante sus narices atónitas.

Hace unos días, sobre el final del año, un reputado crítico académico de cine me escribió: “Ayer vi Queer de Guadagnino. La vieron? Me encantó”. No podía decirle que no iba a ver la película, porque Daniel Craig es objeto de una regla cinematográfica dorada: veo todas las películas en las que actua, al menos desde 1998, cuando se desnudaba para un Francis Bacon encarnado por Derek Jacobi en Love Is the Devil.

Así que le escribí “NO” (con mayúsculas de irritación) y de inmediato contra-ataqué: “Oime, sabelotoda. ¿Viste Emilia Pérez?”. Me contestó: “No, ¿vale la pena?” (tenía prejuicios contra la película, como casi todas las personas que me rodean). Le dije: “Sin palabras. Es un más allá del cine conocido”. El cierre me sublevó: “La voy a ver y después te digo”. ¡Como si su opinión calificada avalada por un título de Doctor pudiera modificar mi propio juicio!

Yo no te voy a recomendar que veas Emilia Pérez para no caer en contradicción y además porque de eso se encarga Hollywood (acaba de ganar varios Golden Globes). Sólo diré que tiene varias canciones muy, pero muy, conmovedoras.

Eso sí, tratá de tener siempre a mano una respuesta contundente para no quedar como una persona que da la espalda a las carteleras. ¿Viste Wicked? La encontré estúpida e indignante. ¿Viste la de los Papas? Está bien, pero no es para tanto. Además, no tuvieron en cuenta la rosca de Francisco, que ya dejó la sucesión lista.

 

lunes, 2 de diciembre de 2024