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sábado, 7 de junio de 2025

Hacer historia

por Daniel Link para Perfil

Como nunca… ¡otra vez! tiene un título tan complejo como su contenido. El “Como nunca” refiere a un famoso audio de la Sra. Casan, que se escucha al comienzo de la función. Allí, desde Córdoba, la estrella revisteril describía un entorno de “mucho chongo como nunca”. La frase, que se volvió célebre, aliteraba en “ch”, lo que es siempre un indicio de sensibilidad poética extravagante (“estuche de peluche” es otro ejemplo) pero además jugaba con valoraciones extremas (mucho-nunca). Como el espectáculo que adopta ese nombre alguna vez ocupó las carteleras porteñas, el “¡otra vez” señala esa circunstancia.

Se trata de un show que abreva al mismo tiempo del teatro de revistas y de su versión camp, el café concert. Con textos de Liliana Viola, puesta en escena de Alejandro Tantanian y música en vivo de Diego Penelas, Juampi Mirabelli y Franco Torchia se sacan chispas sobre un escenario ciertamente incómodo rodeado de mesitas (el lugar, Cástor y Pólux, es casi un museo de viejas escenografías de célebres producciones de Lino Patalano).

Franco Torchia “hace de” capocómico y sus monólogos (pronunciados con la velocidad de un Tato Bores o de un Enrique Pinti) se alimentan de la realidad política argentina, que como es tan disparatada y cambia tan velozmente, obliga a una renovación periódica porque la estupidez de ayer quedó sepultada ya por otra. Juampi Mirabelli, de un talento enorme, cubre el rol de la vedette (y, en este caso, la primera “vedette hombre”, dado que sus atributos masculinos no se ocultan en ningún momento) y se suma a los pasos de comedia que incluye el show. Su “petera presidencial”, que yo ya vi varias veces, conserva la frescura y la diablura de lo que ha sido inventado para siempre.

Algunos segmentos tendrán mayor impacto que otros, pero lo cierto es que, como totalidad, el espectáculo conmueve porque nos muestra la grisura de todo lo demás, de una sociedad ya dominada por el miedo. ¿Es posible que en un país donde el presidente dice hablar con perros muertos y entabla inconsecuentes demandas contra periodistas no haya en los medios o en el teatro más que esta muestra de humor político?

Más allá de eso, la elección de las figuras clásicas del teatro de revistas y su reversión en clave camp (lo que remite a los legendarios espectáculos de Gasalla, Perciavale, Edda Díaz y Nacha Guevara) intenta reponer fragmentos de memoria que nos han quitado. Hemos sabido reirnos de nuestras desdichas. Y Como nunca… ¡otra vez! nos recuerda cómo. Es una lección de vida.

 

sábado, 31 de mayo de 2025

Mujeres y plantas

Por Daniel Link para Perfil

Los viernes en MALBA puede verse Caigan las rosas blancas, la última y esencial película de Albertina Carri, que empieza con un enunciado famoso: “O inventamos, o erramos”, una de las más famosas frases de Simón Rodríguez, el extraordinario pedagogo que orientó la juventud de Simón Bolívar. Recordarnos ese veredicto, ya es bastante. Lo que se lee en esa frase caracteriza al cine de Albertina Carri que es, fue y será lo que ese epígrafe convoca. Pero, al mismo tiempo, nos advierte sobre lo que veremos.

Por un lado, la cita velada alude a las actuales condiciones de existencia del cine, que han sufrido una transformación importante en los últimos años, con la hegemonías de la producción audiovisual de platarformas y el uso de Inteligencias Artificiales de todo tipo.

Puesta a pensar, como corresponde al cine de verdad, ¡Caigan las rosas blancas! elige un lugar incómodo que mienta al mismo tiempo la revolución y la tradición desde un paradigma excéntrico: el de Simón Rodríguez, tácitamente impugnado por la teoría marxista, o el aceleracionismo, que sostiene que hay deseos, tecnologías y procesos que el capitalismo hace surgir y de los que se alimenta, pero que no puede contener; y que es necesario acelerar estos procesos para empujar al sistema más allá de sus límites.

El relato comienza con una escena bizarra. Una filmación (primer género: cine dentro del cine). Tres mujeres jóvenes cuelgan del techo del estudio sobre un árbol fraguado asaetado por flores moribundas y frescas. La directora de la película (acá hay un rizo barroco: quien desempeña a la directora de esa película bizarra que se hace dentro de la película dirigida por Albertina Carri) se limita a decir “Más plantas, más plantas, más plantas”, mantra que repiten diferentes integrantes del equipo para desesperación de las colgadas. Finalmente la filmación se suspende, la directora ficcional decide abandonar el rodaje y las luces del set se apagan sin que las colgadas hayan sido completamente liberadas de sus arneses.

El reclamo de “más plantas” parece tener un sentido que supera holgadamente el sentido inmediato de la secuencia en la película que están filmando: más consistencia en la sensibilidad, tal vez sea lo que reclama la directora en la ficción. Las plantas, le responden, están viniendo. Como esa escena se corta, adivinamos que las plantas llegarán en las escenas subsiguientes. Y así es.

La siguiente secuencia es un paso de comedia. Vuelta a su casa, la directora espera a su amante. (ambas, hay que decirlo, constituyen parte de la troupe milagrosa de Las hijas del fuego, primera parte de la trilogía en la que Carri está embarcada). Juntas, con una de las colgadas, deciden irse al noroeste argentino, a la selva. Deciden irse, si que todavía lo sepan, a dar vuelta la historia natural de América latina. La siguiente secuencia es un musical. Luego sigue una road movie.

Ahí aparece el segundo elemento rector de esta película: la pregunta por los géneros. Esa pregunta, que en la primera parte de la trilogía había investigado los géneros como forma de actuación en el mundo y como codificación del deseo ha virado ahora hacia una especificidad cinematográfica: los géneros cinematográficos como matrices narrativas. La película participará sucesivamentre de varios géneros, de todos los géneros.

Ensambladas, las secuencias de ¡Caigan las rosas blancas! (cada una de las cuales supone actuaciones, percepciones e ilusiones distintas) forman un cine al mismo tiempo fragmentario y rítmico. El “más plantas” del comienzo se revela correlativo de la progresiva colorización de los paisajes, que abrazan la impresión mientras las viajeras atraviesan el mundo de los géneros cinematográficos en busca de la sensación, que les llega bajo la forma de lo fantástico, en un paisaje delirantemente tropical, donde un ser sobrenatural explica la conquista de América con acento español mientras realiza un ritual cuyas consecuencias últimas desconocemos.

Esa inmersión de las protagonistas de la película en sucesivos órdenes supone un doble rechazo. Por un lado, a un cine unidimensional consumible en un único registro y por otro lado, a la perspectiva iluminista-urbanista que encuentra en la “ciudad” su único campo de intervención y que siempre vio en la selva (es decir: en la proliferación insensata de lo vegetal) un riesgo que había que conjurar en favor del progreso.

¡Caigan las rosas blancas! levanta la bandera de que no hay humanidad que no sea en y con las plantas. A diferencia de lo que les pasa a los protagonistas varones de la emblemática novela La vorágine de José Eustasio Rivera, las protagonistas mujeres de este film philosophique se tragan la selva. No puede haber discusión más actual.

 

 

jueves, 15 de mayo de 2025

sábado, 26 de abril de 2025

Amores marcianos

Por Daniel Link para Perfil

Netflix es una plataforma global que, sin embargo, ofrece diferentes catálogos según los países. Por fortuna, en Italia tiene Nata per te (2023), la película de Favio Mollo que hasta ahora no había podido ver. En Nápoles, una mujer pare una niña con síndrome de Down y la abandona. Luca, un muchacho conflictuado que trabaja en un centro de atención de personas con discapacidad, quiere adoptarla.

Por supuesto, enfrenta las barreras burocráticas desde las cuales se ejerce la discriminación (Luca es gay) y, en primera instancia, le niegan la adopción.

El título de la película se explica en un diálogo en el que su abogada le dice: “Ella nació para vos”. Y él le contesta: “No, yo nací para ella”.

Ese vínculo amoroso excesivo y de una pureza casi sobrenatural contrasta con el cúmulo de referencias culturales italianísimas: vocaciones sacerdotales, discotecas, familia, en las que Luca no encuentra remedio para su vacío existencial. Cada tanto, la película nos regala unas conmovedoras rememoraciones de un Luca niño y su amor marciano por su compañero de entonces. Ese amor casi impúber, sin nombre, sin consecuencia pero total encuentra su réplica en el amor de Luca por Alba (la niña abandonada).

La película de Favio Mollo, cuya exquisita sensibilidad ya había sido demostrada previamente, no es sólo una intervención (al mismo tiempo justísima y lacerante) sobre las instituciones legales italianas, sino un homenaje a todos esos amores que quedan fuera de registro pero que son los que nos vuelven, más que animales políticos, sujetos de una ética. Densamente tramada en capas de sentido, Nata per te merece un lugar en todos los Netflix.

sábado, 5 de abril de 2025

Neobarroco y minimalismo

Por Daniel Link para Perfil

Dieguito, querido, te mando esta rápida postal para agradecerte que me hayuas presionado para ir a ver Alcina, de Händel. Confiabas en la dirección musical de Rinaldo Alessandrini y no te equivocaste. Musicalmente fue una función maravillosa y Alessandrini acentúo todo lo que de tan “contemporáneo” suena en la partitura de Händel. La repetición ansiosa, el ritornello, llevado aquí al paroxismo (los personajes prácticamente no dialogan y todo se canta quince veces, una tras otra), sumado a esa cadencia tan particular que Michael Nyman homenajeó en las bandas sonoras que hizo para Peter Greenaway. Para que te voy a hablar del canto. Son cuatro sopranos, un contratenor, un barítono y un tenor. Las partes del contratenor (el personaje de Ruggiero) me produjeron una emoción (no dijo física, o intelectual, aunque ambas estuvieron) sino sensorial. Algo rarísimo, y eso que quien cantaba no era el tucumano Franco Fagioli, que la hizo en Lucerna hace un par de años. De todos modos, Carlo Vistoli erizaba la piel.

Del argumento no te digo nada porque es medio pelotudo: hombre casado llega a una isla donde reina una bruja (Alcina), junto con su hermana (Morgana). Alcina se encama con las visitas y cuando se cansa los convierte en piedras, animales, plantas. Pero esta vez se enamora. La esposa de Ruggiero viene a buscarlo. Lo desencantan. La bruja pierde sus poderes. Todo vuelve a la normalidad.

Pero la puesta de Pierre Audi, bastante mediocre, merece que la charlemos a la vuelta, porque es totalmente minimalista (además de unos telones más bien abstractos, sólo hay un silla), lo que plantea, como pasaba con Einstein en la playa en la puesta de Martín Bauer y Rodrigo de Caso para el Colón: allí el minimalismo era musical y el barroco la puesta en escena. Lo que hicieron en Roma con Alcina (muy diferente de las versiones de Lausana y Monte-Carlo) conviene tenerlo en cuenta para establecer un principio de articulación entre esos dos polos del ambiente estilístico en el que vivimos. En todo caso, para poder pensar más allá de “movimientos” estéticos y plantearse el neobarroco y el minimalismo como principios de vida y como condiciones de una ética. En algún lado, pienso, se cruzan, como los caminos de Proust.

 

sábado, 11 de enero de 2025

Fumata bianca

Por Daniel Link para Perfil

¿Viste que hay preguntas que te erizan los pelos de la nuca, no importa quién te las formule? Una de ellas es: “¿Viste tal película?” Uno ya sabe lo que viene: la película es genial y quedamos en el umbral de la boludez total por no haberla visto todavía. Peor todavía es cuando viene con el agregado “¿Viste tal película? ¡Te va a encantar!” porque presupone que una no la vio y, además, quien se atribuye tal saber sobre los gustos propios inmediatamente nos predispone mal para ver ese hipotético encantamiento cinematográfico.

Antes discutía o me rebelaba ante la conminación: “No, no voy a ver esa película nunca, viola una de mis reglas cinematográficas”. Ahora prefiero el contra-ataque. Veo una película secretamente. Cuando alguien me pregunta sobre otra, pongo la mía ante sus narices atónitas.

Hace unos días, sobre el final del año, un reputado crítico académico de cine me escribió: “Ayer vi Queer de Guadagnino. La vieron? Me encantó”. No podía decirle que no iba a ver la película, porque Daniel Craig es objeto de una regla cinematográfica dorada: veo todas las películas en las que actua, al menos desde 1998, cuando se desnudaba para un Francis Bacon encarnado por Derek Jacobi en Love Is the Devil.

Así que le escribí “NO” (con mayúsculas de irritación) y de inmediato contra-ataqué: “Oime, sabelotoda. ¿Viste Emilia Pérez?”. Me contestó: “No, ¿vale la pena?” (tenía prejuicios contra la película, como casi todas las personas que me rodean). Le dije: “Sin palabras. Es un más allá del cine conocido”. El cierre me sublevó: “La voy a ver y después te digo”. ¡Como si su opinión calificada avalada por un título de Doctor pudiera modificar mi propio juicio!

Yo no te voy a recomendar que veas Emilia Pérez para no caer en contradicción y además porque de eso se encarga Hollywood (acaba de ganar varios Golden Globes). Sólo diré que tiene varias canciones muy, pero muy, conmovedoras.

Eso sí, tratá de tener siempre a mano una respuesta contundente para no quedar como una persona que da la espalda a las carteleras. ¿Viste Wicked? La encontré estúpida e indignante. ¿Viste la de los Papas? Está bien, pero no es para tanto. Además, no tuvieron en cuenta la rosca de Francisco, que ya dejó la sucesión lista.

 

lunes, 24 de julio de 2023

Barbie-zombie

Estamos dispuestas a demostrar que Barbie es una mierda, pura basura ideológica, no importa qué. El juicio demorará porque no vamos a pagar para verla, así que dependemos de los ritmos de la piratería.

Además, se impone volver a dar en clase los textos de Theodor Adorno, que considerábamos un poco viejos. Pero ni Deleuze ni Foucaut habilitan a una celebración descerebrada de lo que ayer era el Pato Donald. 

Los ambientes estilísticos (la prosa plúmbea de los adornianos) pueden pasar de moda. Pero el enemigo es siempre el mismo.

 

sábado, 15 de julio de 2023

Clásica y moderna

Por Daniel Link para Perfil

Casi todos quienes asistimos al congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana en Atenas teníamos entradas para ver la puesta del Hippolytus de Eurípides en el marco del festival de verano de Atenas-Epidaurus.

El teatro de Epidauro, concebido por el arquitecto Policleto el Joven hacia el 330 a. C., permanece hasta nuestros días como el mejor conservado de la Antigüedad. Tiene una capacidad de 14 mil espectadores y está a dos horas de Atenas. La aventura demandaba, pues, no menos de seis horas y sabemos de varias académicas frívolas que decidieron perder su ticket antes que arriesgarse a dilapidar sus preciosos minutos.

Por supuesto, se equivocaron. Entrar al teatro era ya de por sí una experiencia conmovedora y aunque simplemente hubiera cantado Juan Carlos Baglietto, el viaje habría valido la pena.

Eurípides, uno de los tres grandes trágicos de la antigua Grecia, escribió dos veces Hipólito, para poder ganar los agones. La tragedia cuenta el desaforado deseo de Fedra por su hijastro Hipólito, devoto de Artemisa, la diosa cazadora y bastante poco inclinado a los encantos de Afrodita quien, para vengarse, lo enreda en una serie de equívocos trágicos. Fedra se suicida, Teseo es inducido a creer que su hijo Hipólito la violó. Lo destierra y el joven muere pisoteado por sus propios caballos.

La crítica a las veleidades de los dioses, tan típica del teatro de Eurípides, queda aquí muy en evidencia, así como su sutil psicologización de los caracteres dramáticos.

La puesta estuvo a cargo de Katerina Evangelatos (directora del festival, que también funcionó en el Odeon, al pie de la Acrópolis). Con gran inteligencia, justificó cada uno de los sofisticados recursos que introdujo. Afrodita filma en ángulos extrañísimos la acción (punto de vista inhumano), que vemos proyectada en una pantalla.

Hacia el final, como todas estamos fatalmente inermes ante el capricho de los dioses, los 20 actores de reparto aparecen espléndidamente desnudos. La escenografía es preciosa y el cadáver de Fedra es dispuesto en el agua como la Ofelia de Millais. La tragedia es eterna, como el portentoso deseo.

Volvimos a casa con la excitación de quien sabe que participó de una experiencia única.

 

martes, 29 de marzo de 2022

Esto no es una cancelación

A partir del día de hoy, sumo una nueva regla a mi conjunto de restricciones cinematográficas:

No veo películas actuadas o dirigidas 

por Will Smith.



sábado, 19 de febrero de 2022

Bochinche diverso

Por Daniel Link para Perfil

Estoy en la ciudad de Córdoba, ¡en un festival! La provincia de Córdoba es famosa en el mundo entero por sus festivales (desde el gran evento de doma en Jesús María hasta Cosquín en sus dos versiones: folklore y rock, pasando por la Fiesta Nacional del Pejerrey en Las Rabonas o la Fiesta Nacional del Maní en Hernando, cuya primera reina trans, la exquisita Agustina Ottani, ha sido designada como ángel de Sebastián Freire, jurado del Festival Internacional de Cine LGBT+ Diversidades y Géneros “Amor es Amor”, un evento ciudadano que se incorpora ahora al calendario regular de festivales cordobeses.

Yo he venido como consorte, en vuelo separado. Como es sabido, los organismos públicos están obligados a comprar vuelos en Aerolíneas Argentinas. Yo, un poco por antipatía a esa política y otro poco para conocer, elegí vuelos en compañías low cost a los que, aplicados además el “previaje”, me salieron casi regalados (en todo caso, la cuarta parte del pasaje que le compraron a Freire).

Llegamos el lunes a tiermpo para la fiesta de inauguración a la vera del río Suquía, mucho más caudaloso que otros años. Sobre el puente peatonal del mismo nombre habían instalado al DJ y en el hermoso parque donde los runners cordobeses se cruzan habitualmente con las trabajadoras de la carne habían dispuesto un delicioso catering donde lo más granado de la diversidad cordobesa se entregaba al mejor de los pasatiempos: el chismorreo.

Yo lamenté que el festival no estuviera asociado de algún modo con los espectáculos homoeróticos de Jesús María, pero los funcionarios presentes no parecieron notar lo mucho que ganarían ambos encuentros y, sobre todo, los delicadísimos desplazamientos entre formas de vida y formulaciones identitarias que ese bucle patrocinaría.

Todo siguió a un ritmo de vértigo, con exhibición de películas (para la categoría de ficción y documental hubo más de cien presentaciones). Varios de los jurados, incluido mi marido, Sebastián Freire, presentaron sus películas fuera de competencia.

La premiación sucederá esta noche en Carlos Paz, donde además han prometido fiestas pantagruélicas (y todo hace suponer que se cumplirá la promesa, porque a las celebraciones previas no les ha faltado nada).

No sé muy bien qué desencuentros impidieron que Camila Sosa Villada, la mejor escritora actual de la Argentina, oriunda de esta provincia tan rara pero a la que yo quiero tanto, haya reinado en este festival como se merecía o que Albertina Carri, quien también fue jurado del festival, nos acompañara en las tardes de proyecciones y en las noches de canto y baile. No sé si se trata de políticas o de desajueste de organización. Como soy convidado de piedra, no me meto demasiado en esos asuntos.

Pero ojalá que el festival se consolide y crezca: la cordobesada se merece un evento como éste.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Anarchivismo y desacato

viernes, 16 de febrero de 2018

Fragmentos de un discurso



sábado, 10 de febrero de 2018

Polvo de estrellas

por Daniel Link para Perfil


“Dejate de joder”, le dije a Cate la última vez que chateamos. “Lo que hacés en Thor Ragnarok es penoso”. No porque esté mal, ojo, sino porque nos obliga a ver una película trivial y bastante horrible en sus presupuestos que, sin su presencia, no habríamos visto. O sea: “Ponés tu talento al servicio del peor cine”.
Como me cortó (no sé si bloqueó mi contacto, no estoy dispuesto a averigüarlo), me obligo a reemplazar sus performances y la para mi necesaria cuota de placer que de ellas obtenías por otras.
Todo el mundo sabe que, así como soy de intransigente con los atentados a mi ética personal, que desdeña el cualquierismo, para mí la buena performance y el afecto deben darse la mano. De otro modo, me dejan frío.
Por fortuna, siempre hay un viejo amor que vuelve. Dos días después de haber terminado con Cate (ya volverá a darme placer, no me caben dudas), me pregunté: ¿qué habrá sido de Dakota?
La respuesta me llegó de la mano de dos películas y una serie: Pastoral americana (2016), Please Stand By (2017) y The Alienist (2018). A Dakota había dejado de hablarle (o ella había dejado de hablarme a mí, para ser más precisos), cuando comprometió su extraordinario talento actoral en la saga Crepúsculo. “¡Ay, no, mi amor! Ni por dinero podés caer tan bajo”. Ella, de inmediato, cambió de representante. William Morris Endeavor empezó a diseñarle la carrera que ella merecía, mientras su hermanita Elle Fanning parecía ocupar su puesto. Naturalmente, pronto se notó que Elle, más allá de su belleza juvenil, no tiene nada que ofrecer al mundo de la actuación.
En Pastoral americana, Dakota desempeña a una joven tartamuda, completamente enfrentada a sus padres-modelo (Ewan McGregor y Jennifer Connelly). Su personaje adhiere a las ideas más radicales y comienza a poner bombas con el secreto objetivo de minar la sociedad norteamericana de los años sesenta y su sistema de valores. Vive en la clandestinidad y, después de un episodio que le cambia la vida, adhiere a un credo oriental que le impide prácticamente comer y, desde luego, bañarse, para respetar a ultranza toda forma de vida.
Please Stand By es menos amarga. Allí Dakota da cuerpo a una joven autista obsesionada por escribir un guion para Startrek, y presentarlo a concurso en Universal Studio, lo que la obliga a escaparse (¡sola!) a Los Ángeles.
Las dos actuaciones rescatan lo mejor de Dakota, que puede combinar con naturalidad una restricción (el asma, el tartamudeo, el autismo) con una obsesión intelectual o afectiva y convencernos de que ese límite puede ser vivido, o mejor: que merece ser vivido.
Le escribo a Dakota un “¡Bravo!”. Ella se alegra y me contesta que espera que me guste la versión de La campana de cristal (la novela de Sylvia Plath) en la que actúa bajo la dirección de Kirsten Dunst. “La espero impaciente”.

miércoles, 12 de julio de 2017

martes, 2 de mayo de 2017

Imágenes y cuerpos




domingo, 5 de marzo de 2017

La primera es obligatoria, las demás no.







 Chance:




Y buah... Ya que está Kevin:




¿Te parece? No creo...




Ni a ganchos:




De ésta no me salva ni Albertina Carri:





sábado, 13 de agosto de 2016

Puro teatro


por Daniel Link para Perfil

En la puesta de Rubén Szuchmacher para Todas las cosas del mundo no hay voces en off (apenas unos pájaros que trinan cada tanto, algún ruido), no hay proyecciones, no hay ilusionismo, apenas si hay utilería (que los propios actores llevan y traen): todo el efecto descansa en la posición de los cuerpos, sus gestos y las voces encarnadas de los personajes diciendo el texto extraordinario escrito por Diego Manso.
Es como un espectáculo que tanto puede ser representada en los teatros oficiales de Buenos Aires (que por mezquindad se privan de este privilegio), en una plaza pueblerina o en un club de barrio. La fortuna quiso que esté montada en el teatro Payró, en pleno centro de Buenos Aires y que yo pudiera verla en su mejor momento, el sábado pasado.
En Todas las cosas del mundo se cruzan sutilmente varias figuras marginales: los dueños de una feria de freaks que han perdido a todas sus atracciones salvo una, la Niña Foca, que se dedica a leer encerrada en su celda, un cura inescrupuloso perseguido por violación de menores que quiere transformarla en santa, la madre que vendió a su hija y un peon de campo borderline que llora a su madre muerta y que, en una escena conmovedora, explica el título de la pieza y el sentido del texto de Diego Manso.
Lo que se lee en Todas las cosas del mundo es extremadamente complejo: un desbarajuste de registros, unas líneas de fuerza que van hacia arriba (lo sublime) y hacia abajo (lo grotesco), tensadas con una violencia ausente en el teatro contemporáneo. Rubén Szuchmacher, el más inteligente de los directores teatrales argentinos, leyó la pieza y entendió todo lo que estaba en juego. Ideó un espectáculo minimalista donde lo único que importa es la fuerza de los parlamentos, la clara dicción, el pasaje sin transiciones desde la pincelada grosera al dicho solemne y trágico. ¿Hay actores que puedan aceptar semejante desafío? Aquí están: Ingrid Pelicori, enorme, en primer término, que se puso en la piel de un personaje (Iberia) que transita todos los estilos que el teatro ha urdido con paciencia a lo largo de los siglos. La acompañan un soberbio Iván Moschner en la piel del Padre Garzone, y Horacio Acosta, Paloma Contreras, Fabiana Falcón y Juan Santiago.
Todas las cosas del mundo nos devuelve la confianza en la diversión teatral. Se la puede ver de jueves a domingo. Necesitaría dos días más en cartel. Ya los conseguirá, y bufarán los eunucos.


viernes, 12 de agosto de 2016

Dicen que...


El fiord
 
Osvaldo Lamborghini / Silvio Lang / Ignacio Bartolone

por Mariano López Seoane para Otra Parte Semanal
 
El dispositivo alucinado que ideó Silvio Lang para presentar El fiord en el marco del Festival Nueva Ópera Buenos Aires es cautivante y eficaz. Esta puesta exaltada, eco de un presente sombrío e insinuación del futuro siniestro que resopla en nuestras nucas, les debe tanto a la desmesura física que Lang les exige a sus actores como al surrealismo de Cottolengo que practica el vestuarista Endi Ruiz y al diseño de luces distópico que compone David Seldes. El resultado es un ecosistema en el que podrían luchar a muerte Rick Deckard y Martín Karadagian, la teniente Ripley y la Justine de Sade. El fiel de la balanza se inclina hacia nuestras pampas por efecto de una lengua hiperlocal y neobarrosa, y por la tensión de las actuaciones hacia un grotesco sublimado. Si en el cine argentino o en el peor teatro de revista el grotesco ha sido una verdadera cárcel para el actor (y para la imaginación), en esta ópera experimental es dinamita, sobre todo en manos de intérpretes todoterreno como Julián Cabrera (Sebas), Sol Fernández López (Carla Greta Terón) y Eddy García (Atilio Tancredo Vacán), que hacen estallar la llanura de los chistes. Esa polenta encierra sin embargo un problema: la máquina escénica que ensambla Lang se vuelve por momentos cacofónica, empastando el filo del texto que se quería reanimar.
Un texto que está vivito y culeando. En efecto, y contra todo pronóstico, el libretto es uno de los elementos más potentes del cóctel. Ignacio Bartolone se desplaza con liviandad admirable por un corpus que en otras manos hubiera pesado como un dolmen. Y ahí donde una mímesis pétrea hubiera sido lo recetado, Bartolone parece dialogar de igual a igual con el muerto, colando dosis exactas de reverencia y burla, reconocimiento y sublevación, y firmando un texto que se sostiene más allá y más acá de la puesta, un homenaje taimado y honesto que sabe a pacto con el diablo. Engordado con citas infaltables en un Greatest Hits de Lamborghini, pero también con extractos de Shakespeare o William Blake, El fiord de Bartolone deja de ser el relato que todos conocemos y se consolida como un cristal de ese universo de sentidos que constituye tanto la condición de posibilidad como el legado de Osvaldo Lamborghini.
Libreto intachable + puesta inspirada. El resultado no es sin embargo un gol de media cancha. A piacere de las brujas lamborghinianas, que anticipaban maliciosamente un desastre, la ópera no logra ser el vehículo que el relato pedía, en gran medida porque el acople entre poesía y acción dramática no es exacto y se pierde para el espectador mucho de lo que este texto todavía tiene para decir. Pero esa caída devela el tesoro de esta puesta: su ambición desmedida, su carácter de aventura radical. Hay algo de la determinación febril de Aguirre o del entusiasmo alunado de Fitzcarraldo en la incursión de Lang. Y no es casual que convoque los nombres en clave de Herzog, un agitador constante de la necesidad de adentrarse en territorios desconocidos y peligrosos.
El crítico Robert Egbert solía decir de Herzog que aun sus fracasos eran espectaculares. Esta puesta ayuda a entender plenamente esa sentencia y le rinde el mejor homenaje posible a un texto que hace más de cuatro décadas se internó con pico y pala en el corazón más negro de la patria sin estrategia de salida y sin red de seguridad. Y de paso, nos recuerda que, bajo ciertas circunstancias, fracasar, perder o no saber pueden ofrecer formas de estar en el mundo más creativas y más iluminadoras que las que ofrecen las somníferas mieles del éxito.

El fiord, ópera de cámara basada en el texto homónimo de Osvaldo Lamborghini, libreto de Ignacio Bartolone, dirección escénica de Silvio Lang, música de Diego Tedesco, dirección musical de Juan Martín Miceli, Teatro 25 de Mayo, Buenos Aires.

martes, 15 de abril de 2014

Introducción en los estudios transatlánticos

ESTRENO: DOMINGO 27 DE ABRIL, 19 HS, EN HASTA TRILCE 
Pre estreno para prensa: sábado 26 de abril, 21 hs

Presenta
el estreno de la ópera contemporánea argentina

ULTRAMARINA”

Con música de Pablo Mainetti, libreto de Edgardo Cozarinsky y dirección escénica y dramaturgia de Marcelo Lombardero, en el teatro Hasta Trilce

Teatro Musical Contemporáneo (TMC) presenta el esperado estreno de la ópera contemporánea argentina Ultramarina, con música de Pablo Mainetti, libreto de Edgardo Cozarinsky y dirección de escena y dramaturgia de Marcelo Lombardero, el domingo 27 de abril  a las 19 en la sala de Hasta Trilce, Maza 177 (Almagro).
En Ultramarina, Pablo Mainetti, uno de los principales bandoneonistas y compositores de la Argentina, escribe una ópera de cámara basada en una investigación del escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky sobre la llamada Zwi Migdal, la red mundial de trata de personas que operó entre 1906 y 1930 con sede en Buenos Aires y que se extendió a ciudades del interior y del mundo. La Zwi Migdal, también llamada Varsovia, fue una poderosa multinacional formada por delincuentes judíos que se especializaban en la prostitución forzada de mujeres a las que traían engañadas de Europa del Este.
Cozarinsky investigó esta historia para su reconocida novela El rufián moldavo (Emecé, 2004), de la que toma los personajes para el libreto de Ultramarina: Samuel, un joven judío desheredado por haber preferido el bandoneón al violín, Zsuzsa, prostituta de la que se enamora Samuel, y Perla, que logra escapar de la red y convertirse en cantora de tangos de una cantina de mala muerte.
Pablo Mainetti compone para seis cantantes y tres actores, con un ensamble de doce instrumentos: quinteto de cuerdas, flauta, clarinete, fagot, trombón, piano, bandoneón, a cargo del propio Mainetti, y percusión. En Ultramarina Mainetti toma elementos del tango, del expresionismo en la música contemporánea y de la tradición lírica de la ópera para crear los climas de la Argentina finisecular.
La puesta en escena de Marcelo Lombardero hace pie en el cruce entre lo histórico y lo contemporáneo, lo que nos permite acercarnos a un capítulo poco conocido de la historia,  poniendo el foco en el problema actual de la trata de personas.
El elenco artístico de Ultramarina está integrado por la soprano Victoria Gaeta (Mujer1/Suzanne/Zsuzsa); el tenor Santiago Bürgi (Samuel); el barítono Norberto Marcos (Rematador/Rabino/Patrón); la cantante popular Myriam Toker (Perla); la alto Trini Goyeneche (Mujer 2/Yvette); la mezzo Rocío Arbizu (Mujer3/Marcelle); Marta Cullerés (Madame Sapho); Diego Cosin (Cliente1/Zinitsky); y Miguel Ángel Moraga (Cliente2 /Zeitblum).

La dirección musical está a cargo del ascendente director de orquesta Andrés Juncos, quien estudió la carrera de dirección orquestal en Roma, trasladándose luego a España donde trabajó como director de orquesta asistente en el Gran Teatro de Liceo de Barcelona, el Teatro Real de Madrid, el Teatro de la Zarzuela, el Palacio de Festivales de Santander, y el Festival de la Coruña. Actualmente reside en Viena.
La escenografía y vestuario están a cargo de Noelia González Sbovoda; la iluminación, de Horacio Efron; la asistencia artística, de Ignacio Llobera; la coordinación, de Carlos Sampedro y la producción ejecutiva, de Miguel Galperin.

FUNCIONES: Domingo 27 de abril a las 19 y los martes 29 de abril, y 6, 13, 20 y 27 de mayo, a las 21. Hasta Trilce abre las puertas de su bar restaurante desde las 20, y antes o después de la función se puede disfrutar de una carta de tapas, pizzas, empanadas, platos elaborados y tragos.
LOCALIDADES: Las localidades a $160 ya están a la venta para compra online por www.alternativateatral.com , o en efectivo en Hasta Trilce (de miérc. a dom. desde las 18).
INFORMES y RESERVAS: www.hastatrilce.com.ar Tel: 4862-1758 (de miérc. a dom., desde las 18). Estacionamiento en Hipólito Yrigoyen 3461, 50% de descuento.

Este espectáculo fue realizado gracias al apoyo de la Fundación Szterenfeld

Teatro Musical Contemporáneo (TMC) es un proyecto que busca fomentar la creación y difusión de las artes escénicas contemporáneas. TMC está dirigido por Marcelo Lombardero y tiene a Miguel Galperin como productor ejecutivo. En palabras de Galperin: “La idea de TMC es acompañar la ampliación expresiva de creadores argentinos. Valorar cruces y solidificar grupos de trabajo en una ciudad que está repleta de talento para la escena: directores, compositores  actores, cantantes. Sus espectáculos, liderados por Lombardero, nos hablarán, seguro, de lo que más nos conmueve".

PRENSA:  Verónica Padilla / 15 3597 3700 / verapadilla@fibertel.com.ar / Gacetilla de prensa. Se agradece su difusión. Fotografías y video, solicitar por este medio.

viernes, 11 de abril de 2014

¡Ópera sí! (pero con innovaciones)

Spregelburd y Zypce presentan:

Spam

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Una ridícula fantasía apocalíptica con fondo de fin de fiesta, una ópera hablada entre insólitos paisajes musicales de cables, aparatos, tensores y resabios de hits mal aprendidos. El plástico que nos sobra se arremolina alegremente en esa isla flotante de nylon y botellas en el Pacífico Norte y la basura virtual se acumula de idéntica manera en las bandejas de entrada zaheridas, colapsadas.
Esta es la historia de un profesor napolitano -un lingüista vanidoso- que sufre un insólito accidente y pierde –junto al público- la memoria de los hechos. Hay que reconstruirlo todo en contra de las burdas leyes del azar; hay que reunir causa con efecto. Hasta donde sabemos, nuestro héroe se ha negado a corregir la tesis de una alumna. Después, un mail de spam (llegado desde una Malasia improbable y traducida) lo involucra en una aventura formidable digna de James Bond entre traductores de Google, mafias seudochinas en la isla de Malta, métodos dudosos para alargar el pene, retazos mal deducidos de un diccionario extinto en la antigua Mesopotamia, falsos documentales suizos bajo el agua, fantasmas de Caravaggios y de niños y cálidos aires de apocalipsis y de ruinas.
¿Por qué creer que una crisis de los bancos en Europa es el fin del mundo conocido?
Es el año 2012 y a los mayas se les acaba el tiempo. Pero el tiempo en realidad no existe: es mera administración del hambre.

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Idea original, texto, dirección general: Rafael Spregelburd
Ideas, música original, dirección musical: Zypce
Intérpretes: Rafael Spregelburd y Zypce
Asistente de dirección: Gabriel Guz
Escenografía e Iluminación: Santiago Badillo

Videos: Alessandro Olla, Alejo Varisto, Alejo Moguillansky, Santiago Badillo
Animaciones en video: Elisa Marras (Multiforme)
Ilustraciones en video: Valentina Olla
Tipografías eblaítas: Eduardo del Estal
Realización de escenografía: Escudero’s
Asistente de dramaturgia: Manuela Cherubini
Asistentes de ensayos: Gabriel Guz, Manuela Cherubini
Asistente de sonido: Pablo Cerone
Asistente de video: Dina Lafont
Diseño de programas: Santiago Badillo
Prensa: Duche&Zárate
Traducción al italiano: Manuela Cherubini
Traducción al inglés: Jean Graham-Jones
Fotos: Carlos Furman, Paula Peralta, Jorge Pogorelsky, María Valeria Villalba
Fotografía para el Caravaggio chino: Nicolás Levín

Actores en videos y voces:
Elisa Carricajo (Cassandra)
Manolo Muoio (Locutor TV)
Patrizia Frencio (Madre)
Pino Frencio (Padre)
Laura Amalfi (Juguetera, Chinese Bond Girl, Andreína)
Ian Barnett (Sean Connery)

Una producción de Spregelburd/Zypce junto al CETC (Centro Experimental del Teatro Colón) y el Festival Internacional de Buenos Aires 2013.
Festival Internacional de Curitiba, 2014
Con el apoyo del INT

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Teatro El Extranjero
Valentín Gómez 3378 / Teléfono: (011) 4862-7400 / http://www.elextranjeroteatro.com/
Estreno: jueves 10 de abril
Duración: 120 minutos
Horarios: jueves y viernes, 21:00
Localidades: Jueves: Entrada general: $120 / Estudiantes y jubilados presentando acreditación: $70 – Viernes: Entrada general: $120

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Prensa:
Walter Duche / Alejandro Zárate
Duche & Zarate
4857.2806/15.5808.1039
www.duchezarate.com.ar