Mostrando las entradas con la etiqueta Apuntes de psicopatología. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Apuntes de psicopatología. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de marzo de 2026

El amigo americano

por Daniel Link para Perfil

Los únicos asientos disponibles con espacio extra para las piernas en el vuelo Miami-Buenos Aires estaban en la parte central del avión. Me tocó el del medio en fila de tres. Por supuesto, el de mi izquierda lo ocupó uno de esos gigantes americanos que apenas si caben entre los apoyabrazos y que necesitó asistencia para comprobar si le servía el cinturón de seguridad. Auguré un viaje nocturno de pesadilla y me dispuse a tomar doble ración de ansiolíticos después de la cena.

El coloso americano viajaba solo e intentó lo que más temía: conversar conmigo, arrancarme los secretos de Buenos Aires. Le dije que vivía en el countryside y la respuesta lo decepcionó tanto que cambió de ángulo y se puso a charlar con la argentina rubia de allende el pasillo. Ella podía farfullar en inglés, lo que hacía más intolerable sus recomendaciones de inteligencia artificial: Puerto Madero, la Boca, Teatro Colón (nombres a los que agregaba un falso acento inglés).

Lo peor vino después: la rubia (que trabajaba en algo vagamente relacionado con el diseño y estaba acompañada por su pareja, igualmente rubio y tatuado prolijamente) le preguntó si le gustaba la música electrónica. Confundido, el amigo americano asestó algunos nombres y ella empezó a recomendarle lo más grasa de la escena argentina.

Lo peor, lo más vergonzoso, vino después. “What do think about your President?” El americano, prudente, no contestó. A lo que ella agregó: “Puede que esté loco, pero es un buen presidente” (en la misma semana en que ese señor no loco, sino de una maldad primitiva, premoderna, desencadenó una masacre injustificada con consecuencias todavía imprevisibles). El americano seguía evadiendo una respuesta, porque era cortés y no quería meterse en problemas. Miré con todo el odio del mundo a la rubia libertaria descerebrada para ver si era capaz de darse cuenta de que no podía decir las cosas que estaba diciendo.

No tuvo efecto mi mirada. Decidió agregar: “Y el ICE (ais, dijo)? Yo creo que está bien”.

A lo mejor el amigo americano era de Minneapolis (o al menos ve los noticieros de televisión) así que tampoco se pronunció al respecto.

Ese reencuentro con la patria descerebrada pero imprudentemente expresiva me deprimió bastante. Me tomé un alplax de 2 miligramos para llegar estúpido a Ezeiza. Antes de desmayarme, pensé que cuando Trump decida cancelar las elecciones de noviembre (porque va a perderlas) por una “emergencia nacional” esta chica aplaudirá, por supuesto, la decisión mientras bailotea en su terraza al ritmo de Tiesto.

 

sábado, 27 de diciembre de 2025

Preguntas desde el borde

Por Daniel Link para Perfil

Me pregunto si el año que viene seguiremos tolerando (no digamos admirando, no digamos gustando de, no digamos envidiando, porque ninguna de esas pasiones jamás han tenido a esa especie como objeto) a los influencers.

La esfera de la opinión pública, en sus formulaciones más clásicas, era formadora de opiniones y por lo tanto, las “influencias” tenían su peso político. Pero hoy todo eso se ha reducido a que una persona (por lo general muy pelotuda) use un producto o una marca a cambio de un monto siempre ridículo de dinero con el presunto objetivo de “influenciar” a alguien para que compre ese producto o adhiera a esa marca.

El asunto es de una vileza extrema, porque es clarísimo que la gente no va a comprarse un perfume, un reloj o un auto porque lo use tal o cual idiota (perdón, quise escribir “influencer”). Lo saben incluso quienes les pagan a los influencers. ¿Por qué continúa ese círculo vicioso de falsedades, inequidades y desconsideración hacia la inteligencia general de las poblaciones? Yo diría que en esas “estrategias” del mercado publicitario lo único que importa es mantener lo más abyecto de la máquina tecno-capitalista en funcionamiento. Me imagino un año en el que la gente directamente bloquee a los influencers y sus recomendaciones, una aurora en la que la gente decida desprenderse del charco de inmundicia que son las redes.

También me pregunto hasta cuándo seremos capaces de soportar que nos humillen nuestros gobernantes. No me refiero sólo al Poder Ejecutivo, sino a la lacra del Poder Legislativo, que borra hoy con el codo lo que ayer sostuvo con algarabía. Esos buitres dispuestos a vender sus “influencias parlamentarias” por una prebenda personal o una cuota de medicina prepaga merecen público escarnio.

Por supuesto, también me pregunto hasta cuándo seguiremos aceptando el delirante sistema de tránsito que estrangula a Buenos Aires. En la Provincia, acaban de descolgarse con una medida ejemplar (un ejemplo de estupidez). En el único tramo del Acceso Oeste donde la velocidad máxima era hasta ahora de 130 km/h (velocidad imposible de alcanzar salvo a altas horas de la madrugada), fue reducida a 110 km/h.

O sea: como la autopista está, como todas las demás vías de circulación, colapsada, la única solución que alguien se le ocurre es disminuir los límites de velocidad, en lugar de pensar cómo arreglar el embrollo, el atasco, el estreñimiento. Que cada quien se arregle. Baste observar lo que sucede cuando dos autopistas se encuentran (la Perito Moreno con la 25 de Mayo, el Acceso Oeste con la General Paz, la Panamericana con el Ramal a Pilar) para darse cuenta de que todos esos cruces o confluencias presentan defectos de diseño que impiden el tránsito (agregando un mínimo de diez minutos de tiempo de viaje y de 50 milímetros de mercurio a la presión sanguínea) de los que nadie se hace cargo. Todo es demente, psicótico y culpabiliza al que conduce el vehículo. ¿A mí me descuentan puntos de mi licencia por exceso de velocidad? ¿Por qué no le descuentan puntos a los que diseñaron las autopistas? ¿Por qué no les descuentan puntos a los pelotudos que chocan (¡en una autopista!) por manejar mirando el celular o sacándose los mocos? Quiero decir: a quien choque en una autopista le deberían retirar para siempre el registro de conducir (en todo caso, una vez determinada la responsabilidad, cosa que las agencias de seguro hacen muy bien y muy rápido). Pero no: mejor descontarle puntos al distraído que se pasó una cámara porque el tráfico fluía y no tiene velocidad crucero en su auto. A los que chocan, nuestra simpatía. A quienes diseñan las autopistas, nuestro agradecimiento. Al gobierno, que no piensa invertir un peso en arreglar el desaguisado vial bonaerense, nuestro voto útil.

Otra intriga para el año venidero. ¿Volverá a existir el peronismo como fuerza? Sigue siendo un sentimiento (incomprensible), pero por ahora con forma de charco de agua estancada, que no desemboca, que no desemboca. Supongo que lo primero que tendrían que hacer los amigos peronistas es un examen de conciencia, un vendaval moral que les permita pensar más allá del clientelismo corrupto que ha dominado su práctica en los últimos lustros o décadas. Charlando con algunos de ellos compruebo que siguen naturalizando el mismo sistema que los llevó al colapso y al desmoronamiento. Sencillamente esperan que les vuelvan a dar plata (no importa de dónde salga) para repartir (irregularmente, desde ya) a los pobres, que somos todas.

Otra pregunta, o deseo (en italiano pregunta se dice domanda): ¿conseguiré vender mi casa del conurbano para irme a vivir a Mar del Plata, que es el destino de los locos que huyen, de los enemistados con el mundo, de los que ya no dan más, de los que quieren encerrarse a escribir?

 


sábado, 13 de diciembre de 2025

Saltar la tapia

Por Daniel Link para Perfil

Hay soluciones clarísimas que nadie quiere tomar por no se sabe bien qué compromisos con la realidad, pero que en todo caso dejan entrever una corriente turbia de corrupción, insensatez y locura de poder.

Pongamos por caso el combate de las drogas, del que tanto se jacta su abanderada la Sra. Bullreich. ¿Qué implica ese combate y a quién beneficia? A la política (incluida la tan ciega Justicia) en primer término, cuya complicidad con la narcoesfera es cada vez más evidente. Y a los narcotraficantes, desde ya, que pueden prescindir de tantos o cuantos kilos incautados, pero cuyo negocio no deja de prosperar al amparo de la casta, sencillamente porque la gente quiere drogarse al grito de ¡libertad, libertad! y, digámoslo de una buena vez, tiene derecho a hacerlo.

¿Cuál sería la mejor solución? Pues despenalizar todo el proceso (fabricación, distribución y consumo) y regularlo de acuerdo con principios de sensatez.

¿A quién beneficiaría una solución semejante? Al consumidor, en primer término, que sabría exactamente qué está consumiendo. Al Estado, que incorporaría la base imponible de una industria muy lucrativa como fuente de financiamiento de sus necesarias políticas. Y finalmente, a toda la ciudadanía, para la que habría no sólo un “Estado (realmente) presente” sino una transparencia de gestión que no se conoce en el país desde hace treinta años. Hoy por hoy, leer los diarios da asco, porque no hay política pública detrás de la cual no se pueda ir el ruido de la corriente turbia de corrupción, narco y juego clandestino. A veces la superficie se desgarra y quedan a la vista, con sus ropas mojadas, los más conspicuos Espertos en articulación de lo público y lo clandestino.

Combatir “el flagelo” no hace sino producir el ambiente del que el flagelo mismo se alimenta: crimen organizado y desprecio por la vida, esclavitud y pobreza extrema. Hacerlo en nombre de la “adicción” (que es una estructura para la cual no hay objeto predeterminado) es políticamente cínico y moralmente hipócrita.
Hay que atreverse a saltar la tapia hecha de cinismo e hipocresía. Del otro lado, a lo mejor, hay un mundo feliz.

 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Mis pensamientos

Por Daniel Link para Perfil

Tener ideas no es lo mismo que sostenerse en un pensamiento. La idea es brillante, se impone en la oscuridad, crece como una pompa de jabón, por lo general explota salpicándonos con sus gotículas. Las ideas son como pedos de la mente. Los estilos de pensamiento permiten que una idea aparezca como una flor rara o como un cáncer repentino.

Por supuesto, las ideas tienen su vida propia y que desaparezcan en un momento histórico no significa que no puedan volver a seducirnos. Y, al revés, una idea triunfante, de pronto puede tropezar y convertirse en humo, en polvo, en nada.

El pensamiento es más aburrido, pero más sólido. Esa solidez puede ser a veces engañosa, como la de un ladrillo mal cocido. Pero el pensamiento no flota en el aire, sino que se desliza como el caracol, con su baba que marca un andar.

Siempre hay que ser capaz de determinar qué pensamiento es capaz de generar qué ideas o, una vez abrazada la idea (¡votemos a la ultraderecha!), en qué pensamiento se la justifica: ¿que está bien que cada uno se salve por su cuenta; que está bien atar el futuro de una comunidad, un país a los vaivenes de la especulación financiera? ¿que está bien desdeñar los poderes republicanos (que es el ámbito en que la ultraderecha tiende al fracaso)? ¿que está bien humillar al diferente? ¿que está bien aceptar sin análisis crítico cualquier gansada que a una le digan, por mero principio de autoridad? ¿que, inferiores como somos, debemos aceptar las condiciones que nos imponen los mamarrachos que ejercen el poder mundial? ¿que la naturaleza es algo para ser meramente explotado? ¿que te podés coger lo que se te de la gana en la privacidad de tu domicilio, pero no andar dando besos en público a quienes no se supone que tengas que besar?

Sí, los pensamientos son como ladrillos (a veces más sólidos, a veces menos), que sirven para hacer puentes, casas, caminos. Si uno usó un ladrillo, sabe que el que viene tiene que encastrar con ese para poder construir algo. Las ideas, en cambio, son autónomas y compiten entre si por la atención. Tengo esta idea. La mía es mejor, sorete. Qué tristeza.

 

jueves, 4 de septiembre de 2025

Dice Lucrecia Martel

"Cuando vos querés quitarle algo a alguien y no sentirte una porquería, necesitás inventar algo que vuelva legítima tu pequeñez y tu mezquindad. Fijate lo que está pasando en Gaza, una nación que inventa un enemigo para que sea posible soportar ver a personas que aúllan de dolor, que se mueren de hambre. Para que haya gente que se crea con derecho a matar a otra, a quitarle la tierra, tenés que quebrar las más íntimas formas de percepción del otro."

Más, en La Nación

 

sábado, 16 de agosto de 2025

Rituales de escritura

por Daniel Link para Perfil

Me hice el vivo. Me vine a Buenos Aires un sábado, sin computadora portátil, que quedó en mi casa suburbana. “Me voy a arreglar con el teléfono”, me dije. Pero no fue así, me di cuenta de que yo casi no uso el teléfono. Hasta el programa de mensajería lo manejo desde la computadora.

El lunes por la mañana, al borde ya de la desesperación, me metí en una computadora de escritorio ajena. Para qué.

No pude cargar el whatsapp para escritorio porque la máquina tenía el sistema operativo desactualizado (y no aceptaba ya ninguna versión posterior, a pesar de que no tiene tantos años de edad: obsolescencia planificada). Tuve que usar el mensajero en su versión para navegadores. Por supuesto, yo no uso cualquier navegador, sino uno de código abierto. La computadora no tenía ningún programa bloqueador de publicidades ni tampoco removedores de paywalls (que permiten leer páginas archivadas en internet sin necesidad de iniciar sesión). Se los instalé.

Tampoco tenía ningún programa de código abierto para escribir. Le instalé el Apache Open Office, que uso sin disturbios ni grandes incompatibilidades desde hace décadas. Luego lo tuve que configurar con la tipografía que uso.

Cuando terminé con todo me di cuenta de que me faltaban las claves, así que tuve que buscarlas en la versión para celulares de mi navegador predilecto y transferirlas.

Listo para escribir, no pude hacerlo porque ya tenía que salir a cumplir con otro compromiso.

Recordé una reflexión analógica de Roland Barthes, que había descubierto que sus escritorios (en su departamento parisino y en su casa de verano) eran réplicas uno del otro. Él no podía trabajar sin los pinceles en tal lugar, los lápices en tal otro, los libros esenciales a mano, la silla orientada en tal dirección.

El escritorio (analógico o digital) es una metáfora de una disposición más bien anímica que espacial hacia la escritura. Y, siendo un ritual tan delicado, es casi seguro que el oficio de escribir encontrará innumerables obstáculos maniáticos que impedirán su realización.

Es reconfortante, en ese punto, lo poco que ha cambiado todo. Así como el copista medieval armaba su scriptorium y lo defendía como parte esencial de su existencia, así el ciberpunk debe disponer sus conexiones en un orden específico para poder funcionar.

Aún presuponiendo la profesionalización del escritor, su práctica sigue sosteniendo cierto misterio (cierta mistificación, si se quiere) precisamente porque se funda en el deseo que, como se sabe, no piensa.

 

 

 

viernes, 4 de julio de 2025

sábado, 21 de junio de 2025

En el corazón de junio

Por Daniel Link para Perfil

Las últimas declaraciones de la Sra. Cristina Kirchner ratificaron que es la política más importante de América latina en el Siglo XXI. Cristina se limitó a subrayar un par de hechos históricos indiscutibles: los bombardeos a Plaza de Mayo y los fusilamientos de José León Suárez como datos inequívocos de un odio visceral que no ha cesado en los últimos setenta años.

No hace falta ser peronista (yo no lo soy) para ser consciente de la atrocidad que esos dos acontecimientos representan y que, sumados a la represión de la Dictadura, constituyen la trinidad de la ferocidad imperdonable. Me limito sólo a las “heridas abiertas”, porque a esa nómina del fracaso como país habría que sumar también la Patagonia Trágica, la Campaña del Desierto y el genocidio Selknam.

Ante semejantes acontecimientos, los griteríos actuales de la derecha triunfante parecen meros cacareos de gallinaceos en celo. Y sin embargo...Las señales televisivas han dado muestras de un goce ante la condena de la Sra. Kirchner que hielan la sangre.

Yo soy de los que piensan que la Sra. Kirchner se equivocó: en algunos casos con sus políticas desencaminadas (en educación, me toca muy de cerca), en otros con sus decisiones caprichosas (la unción del Sr. Fernández como candidato a presidente) e incluso en no haber sabido desbaratar el sistema de corrupción que heredó de su marido (“vas a ir preso”, parece que le gritó alguna vez, sin imaginar que ella ocuparía ese lugar terrible).

Pero nada de eso es comparable con las salvajadas cometidas por el liberalismo (cuando fue gobierno constitucional o de facto). El día que los responsables de tanta aniquilación estén dispuestos a declarar que han exterminado, y que lo han hecho con ferocidad, se podrán discutir con calma los futuros posibles de este país que hoy parece imposible.

En cuanto a la Sra. de Kirchner, soy de los que respetan a quien cae después de haber peleado con uñas y dientes. Vivo a una cuadra de donde está el departamento que será su prisión domiciliaria. Pero vivo también en el conurbano, donde su prédica irá perdiendo influencia poco a poco.

No me preocupan tanto ni el barro en el que vivo en uno de esos domicilios ni el escándalo festivo de un acompañamiento que no ha disminuido con los días, en el otro.

Incluso, creo que habría que crear el movimiento de artistas “Salvemos a Cristina” para evitarle la condena adicional de tener que mirar televisión sin pausa. Hay que llevarle el cine, el arte, la poesía, la música y el teatro a la esquina de su casa, para que desde su palco penitenciario pueda descansar de las miserias de este mundo en el que ella no acertó a intervenir en la medida de sus posibilidades, pero que otros arruinaron y arruinarán definitivamente.

La destrucción irreversible de la red de ferrocarriles que llevó adelante el Sr. Menem en su momento y la destrucción actual del sistema de investigación en Argentina son apenas dos muestras de políticas cuyo daño excede las generaciones. Seamos conscientes, salvemos lo que se pueda.

martes, 13 de mayo de 2025

Pánico

Sólo un fragmento del texto de Bifo. El resto acá, vía Coyunturas

Pánico

Una ola psicótica recorre la sociedad occidental: la causa de la psicosis masiva de pánico es una especie de colapso senil de la mente occidental. ¿Qué es el pánico? En el último capítulo de ¿Qué es la filosofía? Deleuze y Guattari reflexionan sobre el envejecimiento y hablan de la senescencia en términos de la relación entre el orden y el caos: “Un poco de orden para protegernos del caos. Nada es más angustioso que un pensamiento que se escapa a sí mismo, que las ideas que se escapan, que desaparecen apenas formadas, ya erosionadas por el olvido o precipitadas en otras que ya no dominamos (…) infinitas variabilidades, cuya aparición y desaparición coinciden (…)”. “Caos” se define aquí en términos de velocidad, de aceleración de la infoesfera en contraposición a los ritmos lentos de la razón y de la mente emocional. Cuando las cosas empiezan a fluir tan rápido que el cerebro humano se vuelve incapaz de elaborar el significado de la información, debido al caos, entramos en estado de pánico. Pánico es la incapacidad de tomar decisiones porque lo que sucede a nuestro alrededor es demasiado rápido, demasiado complejo, y por lo tanto indecidible.

 

sábado, 3 de mayo de 2025

Cocinero en tránsito

Por Daniel Link para Perfil

Es la segunda vez que pongo algo a cocinar sobre las brasas fuera de Argentina. La primera vez había sido en París, en casa de un pintor que conseguía cortes correctos, pero que no tenía parrilla. Tuve que usar, como reemplazo, una de esas rejillas limpia-pies de metal, que tomamos prestada de la casa de un vecino. Fue todo un éxito.

Esta segunda vez fue el domingo pasado, en Roma, para festejar el cumpleaños de un amigo. Tenían un equipo parrillero de esos que se compran en las tiendas para el hogar (parrilla redonda con rueditas y tapa) pero, ay, no había carne así que tuvimos que contentarnos con chorizos de Reggio Calabria (riquísimos, por cierto).

Quien se encargó de la compra fue la madre calabresa del homenajeado, que tenía sus propias ideas sobre la parrilla (y yo, que para algo tengo la mía, no iba a pelearme con la madre de mi amigo). Había hervido previamente los chorizos y se emperró en que debía cortarlos al medio antes de la cocción para que se hicieran más rápido. Inútiles fueron mis rogativas de que de ese modo perderían la grasa más rápidamente (ella contraargumentaba que los chorizos ya estaban desgrasados, que no contradecía mi argumento sino que lo reforzaba).

Debo decir que pese a la tensión acumulada, los choripanes salieron bien y se los comieron en un abrir y cerrar de ojos. Por supuesto, estaba dispuesta una batería de “contorni” (cebollas caramelizadas, peperoncini asados, alcachofas al horno) que metían dentro del pan ignorando las más elementales tradiciones culinarias (en mi casa el choripán no lleva ni siquiera chimichurri).

Como estaba preparando mis clases sobre “criollismo urbano” de la década del veinte, deploré semejante mescolanza (sabiendo, de todos modos, que en la pureza anida el fascismo). Pedí, no obstante, un aplauso para el asador (porque en Roma sabrán organizar un funeral papal, pero de liturgia parrillera, niente) y recordé el veredicto de Jorge Borges: ““Hacia el Maldonado raleaba el malevaje nativo y lo sustituía el calabrés, gente con quien nadie quería meterse, por la peligrosa buena memoria de su rencor, por sus puñaladas traicioneras a largo plazo”.

Después llegó el turno del budín de pan, que también yo había preparado, el mismo que Ricardo Piglia solía comer en casa, pero esta vez hecho con huevos de gallinas libres numerados a mano. Acompañado de una grappa, fue el final feliz que todos esperaban y que justificó el puñado de euros que me gané por el servicio prestado, apenas una mitigación para mi estado de migrante muerto de hambre.

 

sábado, 26 de abril de 2025

sábado, 19 de abril de 2025

Italia nel cuore

 

por Daniel Link para Perfil 

Qué difícil es explicar en Europa la situación política argentina. Dos son los principales obstáculos. Por un lado, la ignorancia (efecto de la mala conciencia) sobre los procesos históricos que nos han llevado hasta este punto. Por el otro, la distancia entre las configuraciones políticas, imaginarias y culturales nacionales.

En 2002 (lo recuerdo como si fuera ayer) la izquierda alemana nos acusaba por no haber sabido aprovechar el impulso de la crisis para imponer nuevas formas de Estado, ligadas con ansias de emancipación revolucionaria. Tuvimos que aclarar públicamente a los sociólogos que nos interpelaban que una cosa son las condiciones objetivas y otra muy diferente las condiciones subjetivas.

Hoy, las izquierdas españolas e italianas nos miran con la condescendencia de quien no entiende que estemos dominados por el yugo delirante de Milei y sus secuaces. Tenemos que aclararles que Milei es sólo el mascarón de proa de la coalición liberal que hoy, como en 1880, propone sus ficciones, su normativa y su hipótesis de futuro para un país que, por ahora, no tiene fuerzas de reserva suficientes para imaginar un futuro alternativo.

Tratándose de los españoles se admite la perplejidad, porque su socialismo se mueve como una habilidad de zorro entre los vientos huracanados de la derecha popular y los extremismos cayetanos.

Pero en Italia el asunto es un poco más difícil de entender, un poco porque ellos se han puesto bajo la tutela de una señora que enarbola los estandartes de «Dios, la patria y la familia» y porque el proceso político italiano de las últimas décadas se parece bastante al nuestro: los diez años de menemato tuvieron su correlato en Roma con los once años de berlusconismo, además dilatados en el tiempo, lo que ha tenido una fuerza de disolución todavía mayor que la del menemato. Sobre todo teniendo en cuenta la longue durée de los procesos italianos, que todavía son capaces de articular en situación de contemporaneidad los restos del imperio y los hitos del arte de la contrarreforma (para nosotros el barroco fue, en cambio, el arte de la contraconquista). Todo sucede en Roma muy lentamente, como si fuera efectivamente cierto que “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”.

Confieso que he perdido la paciencia más de una vez. Por ejemplo, respecto de la demonización de los Estados Unidos. Si se han convertido en una potencia militar temible, les digo, es porque tuvieron la ocurrencia de inventar el fascismo y luego necesitaron de ellos para sacárselo de encima. Como homenaje, les regalaron para siempre el nombre “gli americani” por el que los yankees venían luchando simbólicamente desde mediados del siglo XIX.

No nos quedó más remedio que adoptar “latinoamericanos”, esa invención parisina, para expresar nuestras incertidumbres. “Abya Yala”, creo, todavía no nos representa cabalmente y si lo enarbolamos como posible solución es particularmente para desconcertarlos (para ellos somos todavía la “América hispánica”).

Fascismo, berlusconismo (liberal-populismo), Meloni. ¿De qué se sorprenden si nuestra historia (que sucede mucho más rápidamente que la italiana por lo antes señalado) es un calco de la suya?

La mayor diferencia, que tampoco comprenden cabalmente, es la Unión Europea que impide, al mismo tiempo que la liberación de energías vitales (lo que se llama estado de bienestar es también una sociedad de control), los excesos políticos de las derechas. En Roma despotrican también contra la presidenta de la Unión Europea, a la que responsabilizan por la guerra en Ucrania.

Lo peor está por venir, porque gracias a Trump, cuyos admirables saltos hacia adelante y al vacío pueden tener resultados imprevisibles, Europa se está armando nuevamente. Y una Europa armada es una Europa suicida. Mientras los jóvenes protestan contra los elevados alquileres y festejan en las plazas barriales el “día de la liberación” (el 25 de abril), el gobierno de Meloni vuelve a hablar de reclutamiento militar, desempolvando un proyecto aprobado en 2010 para un serivicio militar voluntario de 40 días. Por fortuna, Italia tiene el índice europeo más bajo de adhesión al combate en defensa del “tuo paese”: apenas un 14 % (España, un 29 %).

Nuestro experimento liberal fracasará (es una ley histórica). Esperemos que el italiano también.

 

viernes, 21 de marzo de 2025

jueves, 13 de marzo de 2025

Samantha Farjat y Natalia de Negri, el regreso


 

Los recortes del día

 


Bajo alguno de los dos titulares se esconde un pelotudo mal intencionado. Adivinen cuál.

 

Trump y el sadismo

por Judith Butler para Lobo suelto

En la medida que Trump anuncia una serie de órdenes ejecutivas y pronunciamientos públicos devastadores y terribles cada día, nunca ha sido tan importante evitar ser capturadxs por su obscenidad y concentrarnos en cómo las cuestiones están interconectadas.

Mientras nuevas obscenidades inundan el ciclo de noticias, es fácil olvidar o dejar al margen las órdenes ejecutivas de la semana anterior: prohibiciones de programas y discursos sobre diversidad, equidad e inclusión (DEI) como «ideología de género» en todos los programas financiados con fondos federales. Amenazas de deportación a estudiantes internacionales que participen en protestas legítimas; diseños expansionistas sobre Panamá y Groenlandia y propuestas de hacerse cargo del desplazamiento total y forzoso de sus tierras a los palestinos en Gaza, se anuncian en rápida sucesión. En cada caso, Trump hace la declaración como una demostración de poder, poniendo a prueba si puede entrar en vigor. Las órdenes ejecutivas pueden ser suspendidas por los tribunales, pero la deportación de inmigrantes ya ha comenzado, al igual que la reapertura de los grotescos campos de Guantánamo.

La acumulación de poder autoritario depende, en parte, de la voluntad de la gente de creer en el poder ejercido. En algunos casos, las declaraciones de Trump pretenden tantear el terreno, en otros, la afirmación indignante es su propio logro. Desafía la vergüenza y las restricciones legales para demostrar su capacidad de hacerlo, mostrándole al mundo un sadismo desvergonzado.

Los regocijos en el sadismo desvergonzado incitan a otros a celebrar esta versión de la masculinidad —una que no sólo está dispuesta a desafiar las normas y principios que rigen la vida democrática (libertad, igualdad, justicia)— , que se representan como formas de «liberación» de falsas ideologías y de las limitaciones impuestas por obligaciones legales. Un odio exaltado se presenta ahora como libertad, mientras que las libertades por las que muchxs de nosotrxs hemos luchado durante décadas son distorsionadas y desacreditadas como «wokismo» moralmente represivo.

El goce sádico en cuestión aquí no es sólo de Trump; depende de ser comunicado y ampliamente disfrutado para que exista: es una celebración comunitaria y contagiosa de la crueldad.  De hecho, la atención mediática que suscita alimenta el juego sádico. Este desfile de indignación reaccionaria y desafío precisa ser conocido, visto y escuchado. 

Es por eso que ya no nos sirve simplemente denunciar la hipocresía. No hay una fachada moral que desenmascarar. No, la exigencia pública de apariencia de moralidad por parte del líder se invierte: sus seguidores se emocionan ante la exhibición de su desprecio por la moralidad, y la comparten.

La exhibición desvergonzada del odio, el desprecio por los derechos, la voluntad de quitar los derechos de equidad y libertad a la gente prohibiendo el “género” y sus desafíos al sistema binario de sexo (negando la existencia y los derechos de las personas trans, intersex y no binarias), destruyendo los programas DEI destinados a empoderar a quienes han sufrido una discriminación duradera y sistémica; las deportaciones forzosas de inmigrantes y los llamamientos al despojo total de quienes han sobrevivido, traumatizados, a las acciones genocidas en Gaza.

Raphael Lemkin, el abogado judío-polaco que acuñó el término «genocidio», dejó claro que incluye «un plan coordinado dirigido a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales… puede llevarse a cabo aniquilando toda base de seguridad personal, libertad, salud y dignidad». De hecho, el traslado forzoso de niños es el quinto acto punible en virtud de la convención sobre el genocidio adoptada en 1948.

No todas las formas de eliminación de derechos de Trump pertenecen a la categoría de genocidio, pero muchas de ellas expresan pasiones fascistas. Negar a las personas trans, intersex y no binarias el derecho a la salud, el reconocimiento legal y el derecho a la libertad de expresión ataca los fundamentos mismos de sus vidas. Incluso el conservador Tribunal Supremo consideró que la discriminación contra las personas trans y de género fluido (non-conforming) constituye discriminación por razones de sexo (Bostock contra Clayton, 2020). 

Entonces, no tiene sentido decir que los derechos de las personas trans amenazan la ley basada en el sexo: pertenecen a esa ley y deben estar protegidos por ella. Acorralar a lxs inmigrantes en escuelas y hogares, deportarlos por la fuerza a centros de detención y arrebatarles sus derechos al debido proceso no sólo muestra un claro desprecio por esas comunidades, sino por la propia democracia constitucional. La amenaza a la ciudadanía por derecho de nacimiento desafía una protección constitucional básica y sitúa a Trump por encima de las normas constitucionales y del equilibrio de poderes.

Si seguimos tomadxs por la indignación y paralizadxs por la estupefacción ante las nuevas declaraciones de cada día, seremos incapaces de discernir qué las conecta. Quedar tomadxs por sus declaraciones es precisamente el objetivo de su enunciación. En cierto modo, estamos bajo su servidumbre cuando nos captura y nos paraliza. Aunque existe cada uno de esos motivos para indignarse, no podemos dejar que esa indignación nos inunde y no podamos pensar. Ahora es el momento de confrontar las pasiones fascistas que alimentan este desvergonzado acaparamiento de poderes autoritarios.

Quienes celebran su desafío y su sadismo están tan tomados por su lógica como quienes se paralizan de indignación. Quizá haya llegado el momento de apartarse de estas pasiones para ver cómo funcionan, pero también de encontrar pasiones propias: el deseo de una libertad igualmente compartida; de una igualdad que haga realidad las promesas democráticas; de reparar y regenerar los procesos vivos de la Tierra; de aceptar y afirmar la complejidad de nuestras vidas corporeizadas; de imaginar un mundo en el que el gobierno apoye la salud y la educación para todxs, en el que vivamos sin miedo, sabiendo que nuestras vidas son interdependientes e igualmente valiosas.

 

 

 

sábado, 8 de marzo de 2025

Gente joven que se mata

por Artemio López para Perfil

Según datos oficiales, “en la Argentina, los suicidios constituyen la segunda causa de muerte en la franja de 10 a 19 años. En el grupo de 15 a 19 años, la mortalidad es más elevada, alcanzando una tasa de 12,7 suicidios cada 100 mil habitantes”.

La tasa en los varones es de 18,2 y en las mujeres 5,9. Desde principios de la década de 1990 hasta la actualidad la mortalidad por suicidio en adolescentes se triplicó a nivel nacional.

La psicóloga, militante de la salud y miembro de la Fundación Soberanía Sanitaria, Daniela Giorgetta, se pregunta: “¿Cómo explicamos este terrible accidente del alma? ¿Qué fenómeno siniestro conduce a la juventud al peor de los finales? ¿Qué los hace sufrir tanto? ¿Por qué no los vimos ni escuchamos antes? No es este un recuento de situaciones trágicas o meras descripciones de esta época, es un intento de atar cabos, de unir puntos, de poder respondernos algo ante la pregunta cómo llegamos hasta acá”.

Para comenzar a responder la pregunta de Giorgetta, referimos una información reciente suministrada por el ministro de Salud Bonaerense, Nicolás Kreplak: “La cantidad de suicidios en la provincia duplica la cantidad de asesinatos. Se duplicaron los suicidios en el primer año de Javier Milei”.

Tomemos ahora estos datos y combinémoslos con la mirada de Mark Fisher, el filósofo y teórico cultural británico que abordó el tema de la depresión sustrato de muchos suicidios, desde una perspectiva crítica y política, particularmente en su libro Capitalist Realism: Is There No Alternative?

Sostiene Fisher que en un contexto de falta de alternativas y crueldad neoliberal, la responsabilización se convierte en un problema central cuando se trata de salud mental.

Las personas que enfrentan dificultades psicológicas o emocionales, como la depresión, a menudo son (auto) percibidas responsables de su sufrimiento, sin considerar los factores sistémicos que contribuyen a su malestar.

Sin cuestionar las estructuras de poder y las condiciones sociales que producen estrés, ansiedad y alienación, se tiende a culpar al individuo por su incapacidad para “adaptarse” o “superar” dificultades.

Esto puede llevar a la estigmatización y al aislamiento, ya que se percibe la enfermedad mental como un fallo personal.

La responsabilización refuerza la sensación de que no hay alternativas al neoliberalismo. Si las personas están constantemente bajo presión para mejorar su bienestar personal, enfrentándose a la ansiedad por su desempeño en todos los aspectos de la vida, se crea un ambiente en el que la lucha por la “automejora” parece ser la única opción viable.

Esto supone la culpa individual: si no se tiene éxito, es porque no se está haciendo lo suficiente o porque se carece de la disciplina o la motivación necesarias.

Este proceso de culpabilización individual puede crear un ciclo de desesperanza, base frecuente del suicidio, donde las personas se sientan responsables desconociendo al sistema que les impide acceder a lo que realmente necesitan para llevar una vida satisfactoria.

¿Y qué tipo de insatisfacción estructural da marco hoy al incremento del padecimiento subjetivo y la culpabilización individual en los jóvenes?

Al respecto, un informe del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina –dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA– indica un aumento muy fuerte de la indigencia y pobreza para quienes tienen entre 14 y 29 años. El relevamiento está hecho en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec).

La indigencia impacta sobre el 24,5% de la población joven a nivel nacional, y la pobreza afecta al 62%, récord absoluto desde que se miden ambas carencias.

Por otra parte, el desempleo y la informalidad entre los jóvenes duplican a la media nacional y el salario promedio juvenil es la mitad de la media nacional.

La persistencia del modelo neoliberal de miseria planificada, que en su versión más extrema en democracia encarna el presidente Milei, –solo interrumpido durante la década kirchnerista–, en nuestra perspectiva, y los datos así lo corroboran, resulta el marco estructural que da contexto al aumento de los padecimientos subjetivos que en su cima muestra la disparada de la tasa de suicidios juveniles.

Abandonar este modelo de organización económico-social neoliberal responsable de calamidades estructurales y también de una subjetividad desdichada es el único camino, ya no solo para lograr mayores niveles de justicia y equidad, sino también para que la gente joven no se mate.

 

sábado, 1 de marzo de 2025

Nación marrona

por Daniel Link para Perfil

Un poco motivado por las desafortunadas declaraciones del concejal Sergio Santana sobre el turismo marrón en Mar de Ajó, hacés lo que nunca antes: en modo Isidoro Cañones agarrás el auto y te vas a Mar del Plata, la capital turística argentina que, en plena temporada, suele ser marronísima. Por supuesto, está bien que así sea. Después de todo, lo que se llama Argentina tiene poco que ver con las representaciones metropolitanas y la banda atlántica de la geografía nacional. El modo Isidoro Cañones favorece el estudio antropológico porque aprovechás tus relaciones con las estrellas del teatro marplatense para recorrer lugares (playas, restaurantes, calles) que no son tus habituales. Una noche comiste en la esquina de Corrientes y Rivadavia a la salida de los teatros. Una marea marrón, mezclada con jóvenes vedettes en ascenso y viejas leyendas de los escenarios. Comiste bien, y te salió baratísimo. Y estabas a dos pasos de tu casa. Otro día, fuiste a una playa popular con un capocómico y una vedette que cumplía años. Por supuesto, eran íntimos de los vendedores ambulantes, que le regalaron a la cumpleañera una salida de baño de punto y a vos te ofrecieron un descuento fabuloso para una camisola para tu mamá y, encima, te pasaron la clave de wifi del balneario que estaba detrás para que pudieras hacer la transferencia.

Todo era marronidad en diferentes intensidades. Tucumán, Córdoba, Catamarca. Las provincias ya no pampeanas ejercían su derecho a la playa con una resolución indiferente a los prejuicios y, también, a las normalizaciones corporales.

No volverías a Mar del Plata en temporada, pero no por la calidad de la gente, sino por la cantidad (abrumadora). Las morfologías corporales no pueden formar parte de un diagnóstico cultural porque eso conduce de inmediato a la discriminación y el segregacionismo. Y, para vos, lo mejor de Mar del Plata es la mezcolanza.

Por supuesto, deplorás la muerte del delfín en Mar de Ajó, pero es un poco abusivo atribuirlo a mentalidades, culturas o colores de piel. Después de todo, ahí están las fotos de la oligarquía patriótica con sus cadáveres de ciervos apilados después de sus excursiones de caza. Lo que en un caso es ignorancia, en el otro es pura crueldad.





sábado, 1 de febrero de 2025

La idiocia libertaria

 

Alguien debería advertirle al señor Laje que el fervor nominativo puede ser un tiro por la culata. No basta con designar a alguien como tal o cual cosa, sobre todo porque cuando la lista no puede detenerse (por odio, prejuicio, desprecio, miopía o idiocia) el resultado es un vasto conjunto que tiende al "TODOS". O sea, quiensea se encontrará incluido en alguna de las clases injuriosas definidas por el Sr. Laje, cuando no en varias (yo me reconozco en por lo menos cinco,).

 El "principio de revelación" que la lista expresa es: USTEDES ESTÁN SOLOS y sólo se los aguanta mientras, como perros obedientes, no caguen fuera del recipiente que les han asignado. Mové la cola, Laje, mové la cola. ¡Good boy!

 


martes, 7 de enero de 2025