viernes, 27 de junio de 2008

El look del cielo



Gabriela Bejerman
Albertina Carri
Celeste Cid
Analía Couceyro
Lisa Kerner
Nora Lezano
Esmeralda Mitre
Luna Paiva
Paloma

El look del cielo

por Daniel Link

Qué fantasmáticas, podría decirse, y al mismo tiempo heroicas, qué extrañas nos resultan estas imágenes de Sebastián Freire, aún cuando sea fácil describirlas: son imágenes que reproducen fotografías clásicas de figuras célebres del star system. Analía Couceyro como Joan Crawford, Luna Paiva como María Callas, Celeste Cid como Louise Brooks...
No se trata, claro, de un ilusionismo barato que pretendiera confundir la copia con el modelo (Albertina Carri con Katharine Hepburn, por ejemplo), o la mirada de Avedon en la toma de Catherine Deneuve con la de Freire en la fotografía de Esmeralda Mitre. No hay disfraz ni semblante, aún cuando haya travestismo (Paloma como Marilyn Monroe, Gaby Bex como Gloria Swanson). No es la imitación lo que importa en estas imágenes (prueba de lo cual es la interpretación de Audrey Hepburn por Nora Lezano), aún cuando lo que se cite sea del orden del gesto, la pose, la iluminación y el encuadre, el registro completo del look (Lisa Kerner como Marlene Dietrich), un tortuoso manierismo formal (que, como siempre en la obra de Freire, pone en primer plano a la fotografía como trabajo y no tanto como arte), sino la constatación de que siempre hay un resto o núcleo de vacío que permanece.
Porque estas imágenes también convocan una ética, completamente extraña a nuestra época, que ha decidido prescindir de las formas y arrojarse al caos, donde la ética brilla no tanto por su ausencia sino por su imposibilidad. Se trata sólo (¿sólo?) del amor (en el sentido en que el amor es lo imaginario).
La cultura de la que participamos ha optado por un dispositivo rabiosamente sádico que hace de la mujer (ese misterio) un animal en un corral reproductivo o una tajada de carne. Conocemos esas imágenes que la cultura industrial (citada irónicamente en el título de esta muestra, y que Freire conoce con precisión de entomólogo) reproduce maniáticamente: ponen en marcha el dispositivo sádico, cuya función histórica es precisamente volver imposible toda ética. La humillación, en su forma más pura.
Freire, que en trabajos anteriores (Tipos, 2005) no ha titubeado en investigar el alcance de ese dispositivo en relación con el cuerpo masculino, ha renunciado a él en esta serie de retratos de mujeres. Y ha renunciado a él por la vía del dispositivo masoquista, haciendo de cada una de estas "reinas" (que por eso lo son) el objeto del amor cortés, al que vuelve con toda su fuerza colocándose, como fotógrafo, en el lugar del vasallo, y colocándolas a ellas como dóminas, como puntos ciegos y por eso mismo infinitos de lo que no puede y nunca podrá explicarse: el amor como sometimiento puro o como distancia insalvable, el sólo deseo del deseo, el ansia de tomar al otro por su alma (dado que lo otro, la cosa, es directamente imposible: no la hay).
De ese brillo de la imposibilidad en la cultura que nos es contemporánea (de una ética, de la posibilidad de alcanzar lo femenino, o la mujer) nos hablan estas fotografías suntuosamente impresas en papel metálico en las que Sebastián Freire ha venido trabajando durante varios años, tantos que, durante su transcurso, muchas de las mujeres que para él posaron cambiaron de estatuto civil, tuvieron hijos, comenzaron nuevas carreras profesionales o desaparecieron del círculo de la sociabilidad: cambiaron, en suma, de lugar.
Y sin embargo... estas imágenes se obstinan en seguir ocupando un mismo lugar: el cielo, un cierto cielo donde serían arquetipos inmóviles y al mismo tiempo gozosos. ¿Pero de qué serían arquetipo (o cadáver) estas imágenes, y cuál sería ese goce convocado por la potencia de lo imaginario, eso que se resiste al saber de la ciencia y al saber de la muerte? Sebastián Freire (cuya obra siempre ha desdeñado la lógica de la transgresión y ha interrogado el valor de santidad de las imágenes) nos dice: nunca lo sabremos. Para eso, y por eso, están el arte, la poesía, el misterio de la cortesía, el look del cielo.


2 comentarios:

Crespi dijo...

Bellísimo texto, Daniel. Por textos como éste te comería las manos...

Anónimo dijo...

Hola Daniel. Haber encontrado tu blog es algo muy bueno. Fuiste mi profesor hace años en Comunicacion y me caiste cool. Me gusta muuuuuch el blog. Saludos! Laura