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sábado, 26 de abril de 2025

Amores marcianos

Por Daniel Link para Perfil

Netflix es una plataforma global que, sin embargo, ofrece diferentes catálogos según los países. Por fortuna, en Italia tiene Nata per te (2023), la película de Favio Mollo que hasta ahora no había podido ver. En Nápoles, una mujer pare una niña con síndrome de Down y la abandona. Luca, un muchacho conflictuado que trabaja en un centro de atención de personas con discapacidad, quiere adoptarla.

Por supuesto, enfrenta las barreras burocráticas desde las cuales se ejerce la discriminación (Luca es gay) y, en primera instancia, le niegan la adopción.

El título de la película se explica en un diálogo en el que su abogada le dice: “Ella nació para vos”. Y él le contesta: “No, yo nací para ella”.

Ese vínculo amoroso excesivo y de una pureza casi sobrenatural contrasta con el cúmulo de referencias culturales italianísimas: vocaciones sacerdotales, discotecas, familia, en las que Luca no encuentra remedio para su vacío existencial. Cada tanto, la película nos regala unas conmovedoras rememoraciones de un Luca niño y su amor marciano por su compañero de entonces. Ese amor casi impúber, sin nombre, sin consecuencia pero total encuentra su réplica en el amor de Luca por Alba (la niña abandonada).

La película de Favio Mollo, cuya exquisita sensibilidad ya había sido demostrada previamente, no es sólo una intervención (al mismo tiempo justísima y lacerante) sobre las instituciones legales italianas, sino un homenaje a todos esos amores que quedan fuera de registro pero que son los que nos vuelven, más que animales políticos, sujetos de una ética. Densamente tramada en capas de sentido, Nata per te merece un lugar en todos los Netflix.

lunes, 22 de julio de 2024

Nunca más

 


sábado, 20 de enero de 2024

Amores desiguales

Por Daniel Link para Perfil

Cada vez que llegamos a la casa, la misma historia. Rita, la perra negra gime, jadea, gaña, aúlla, gruñe, refunfuña. Se me abalanza cuando abro el portón y me abraza. Entiendo lo que dice: “¿por qué me dejaste? No puedo estar sin vos. He sufrido mucho. No vuelvas a irte. ¡Por fin volviste! Estaba desesperada. No he parado de extrañarte”. Tanto da si salí hace una hora para ir al supermercado o si hace un mes que no la veo. Lola, la perra rubia, en cambio, sólo le ladra a la otra con disgusto, censurando su actitud: “No te rebajes así”. Superado ese trance irritante, cuando bajo del auto Lola me está esperando con un palo, una ramita, o un manojo de hojas en la boca. “Estoy muy contenta de que hayas vuelto, acá te preparé este obsequio”.

Rita está siempre al borde del colapso nervioso, porque la abandonan, la castigan, la quieren poco, en fin: una intensa. Lola disfruta más de la vida, quiere a todo el mundo por igual y no de forma tan reconcentrada. Es capaz de sobrevivir sin mi, pero manifiesta su cariño con presentes (intenta hacerme creer que lo del regalo no fue una ocurrencia del momento sino que estuvo preparándolo durante mi ausencia).

Me conmueve que se hayan criado juntas y sin embargo sean tan diferentes. Hay cosas de raza que influyen, claro: Rita es más ovejera y por lo tanto cuida los perímetros. Una vez que entró alguien al jardín, se desentiende. Lola es más doberman y no deja de amedrentar a los “intrusos”, aunque sean invitados de siempre. Pero en cuanto a la manifestación del amor y la dependencia no he encontrado manual de psicología perruna que lo explique.