sábado, 5 de septiembre de 2026

Nihilismo y paranoia

por Daniel Link para Perfil

Tiene razón mi amigo Giorgio en su columna última. Agamben historiza la noción de nihilismo en tres momentos del Siglo XIX: Stirner, Dostoievsky y Nietzsche. El nihilista es quien «ha fundado su causa en la nada», es decir, un ser en quien la disolución de toda fe y de todos los valores ha alcanzado su forma extrema.

Por supuesto, para Dostoievsky y Nietzsche esa figura es al mismo tiempo una amenaza y una promesa (de transformación, de huida de un suicidio masivo y colectivo). Eso, claro está, podía pensarse en el siglo XIX y en el círculo de las personas más avisadas y con mayor penetración perceptiva. Incluso en el siglo XX el nihilismo encontró en algunos teóricos (atentos a las ideas de las vanguardias históricas) posibilidades revolucionarias (como creía Benjamin, para quien el nihilismo puede convertirse en el fundamento de una nueva política).

Pero luego, como los grandes relatos de emancipación colectiva, los grandes movimientos de protesta y las utopías dichosas, todo eso se disolvió en el nihilismo plano e indiferente con el que lidiamos. Es esta nada cotidiana y normal la que debemos enfrentar.

Sabemos que sólo un loco como el presidente Schreber podría decir lo que escuchamos la semana pasada (en un contexto escolar, en un barrio rodeado por francotiradores desde todas las ventanas y terrazas a su alrededor, en aulas donde las alumnas habían sido amenazadas con la falta de garantía de sus vacantes futuras en la institución si incurrían en “falta de respeto”, en un censo de alumnas mermado por decisión de padres que no querían someter a su prole a presiones semejantes), sólo un loco puede decir algo como “El capitalismo es el orden que Dios pensó”. Alrededor de ese exceso de creencia (y de ignorancia histórica, desde ya) se reúnen los cínicos y los nihilistas, que saben que ese enunciado no sólo es insostenible sino además peligroso pero que deciden abrazar la causa de la nada.

Si, nos dice Agamben,  como sugirió el propio Nietzsche, el nihilismo, plenamente comprendido y entendido como tal, representa la gran oportunidad de la humanidad para escapar de su destino letal debemos preguntarnos: “¿Qué nos impidió fundamentar nuestra causa en la nada y, en lugar de convertirla en nuestra condición habitual, encontrar en ella una salida al destino de Occidente?".

Los que se aprestan a votar a Milei son nihilistas: tienen nada de esperanza o de alegría, nada de solidaridad o de memoria, nada de fe y ningún deseo trascendental. Viven con resignación en la película de Dick Tracy que los tiene de extras.

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