Varias inscripciones abiertas..., gramscianamente hablando....
1. Cursos de grado
2. Club de lectura
Varias inscripciones abiertas..., gramscianamente hablando....
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Por Daniel Link para Perfil
Son tiempos rarisimos. En una reunión docente, una profesora cuenta que le entregaron un parcial escrito con IA. El texto le atribuía a la profesora artículos que nunca había escrito aparecidos en libros que nunca existieron, algo que GPT hace siempre. Yo sospecho que lo hace deliberadamente, o bien para promover la suscripción paga (si pagás no te miento) o bien para desalentar el copy-paste que, sin embargo, las estudiantes practican sin darse cuenta que se hunden en un pozo sin fondo, porque la lista de falsificadoras de parciales circula ya de mano en mano, de docente en docente, de institución en institución. Si pensaban armar una carrera profesional a partir de semejante abuso de las herramientas que el presente les brinda, más bien que abandonen toda pretensión (académica o profesional): ya están quemadas.
El asunto es extrañísimo no sólo por el efecto que suscita en quienes prefieren no pensar y copiar algo que dice una máquina, sino también en quienes evalúan, que empiezan a titubear sobre si permitir o no el uso de IA. ¿Pero cómo? No tomábamos, en la década del ochenta del siglo pasado, parciales a libro abierto? ¿No verificamos, ya entonces, que el mero copy paste no alcanzaba para aprobar un parcial? ¿Y luego, alguna vez se nos ocurrió prohibir el uso de internet para resolver los parciales domiciliarios?
Por supuesto, ante la aparición de una nueva herramienta, lo primero que hay que hacer es aprender a usarla, enseñar a usarla. Una IA no te libera de leer libros, artículos, ni siquiera de pensar por vos misma, porque lo que te devuelve a cada pregunta que le hagas es un camino que deberías recorrer por cuenta propia. Cualquier artículo que hemos leído en nuestras vidas tenía notas al pie, que eran invitaciones a seguir leyendo.
Una IA no te resuelve el mundo, te dice que el mundo es más complejo y más vasto de lo que pensabas. Si vas a usarla como un atajo para sacarte de encima una evaluación es porque no entendiste nada. Toda carrera es una carrera de obstáculos y una IA es un obstáculo más para dejar atrás. Dudá de la IA, como dudás de tu padre, de tu novio (que te mete los cuernos) y de tus enemigas.
Por Daniel Link para Perfil
Y de pronto, se hizo la luz. Una luz cegadora, la luz de la ilustración, del debate de ideas, de las grandes declaraciones y las apuestas al futuro. ¿Cómo, cuándo, por qué?
¿Es que acaso los pactos de mayo (que se firmaron en julio) tuvieron el esperado efecto de alimentar en la ciudadanía un deseo constituyente? Nada que ver.
Resultó que el actual gobierno destapó una olla, en la cual se cocían a fuego lento rencores, incompetencias, desgracias. Dijo el presidente en San Juan: “No puede haber desarrollo educativo sin antes garantizar que los protagonistas del sistema educativo sepan leer y escribir. Este plan de alfabetización que presentamos hoy no es solo un programa de gobierno, sino un deber histórico de nuestro país”.
¡Por fin un enunciado indiscutible! ¡Por fin algo que no presenta dobleces, falsedades, segundas intenciones, resentimiento o desprecio! ¡Por fin algo que, para usar palabras de un ministro, no sea solamente hojarasca!
El Plan Nacional de Alfabetización es una política sellada mediante el Compromiso Federal por la Alfabetización, firmado el pasado 28 de mayo por los titulares de las carteras educativas de las 24 jurisdicciones en el Consejo Federal de Educación. Fue incluido en el panfleto conocido como “Pacto de mayo” (firmado en julio) por presión de las provincias.
Ahora bien: ¿cómo se alfabetiza? ¿Cómo se enseña a leer y, sobre todo, a escribir?
Hay dos posiciones encontradas. Una es la que (para abreviar) representa Emilia Ferreiro, que propuso comprender la adquisición de la lengua escrita a partir de un proceso evolutivo más o menos análogo al proceso de adquisición del lenguaje: inevitablemente, los y las niñas aprenden a hablar, más tarde o más temprano. La otra posición es la que representa Ana María Borzone de Manrique, para quien hay que estimular la conciencia fonológica, para que quienes cursan primer grado terminen el año sabiendo leer y escribir. Nada de esperar la maduración evolutiva, porque son muchos los obstáculos que esos aprendizajes encuentran (empezando por hogares en los que impera el analfabetismo funcional).
Lo interesante es que en las dos posiciones hay algo de verdad, de justicia y de belleza. Y la decisión del Consejo Federal de Educación, refrendada por el gobierno nacional nos obliga a discutir qué métodos serán los más adecuados para llevar adelante un plan imprescindible y urgente.
La eficacia de un método se mide retrospectivamente: ¿aprendieron a leer y escribir quienes cursan primer grado? Jamás lo sabremos, porque el Plan Nacional de Alfabetización establece evaluaciones de capacidades en lectoescritura recién en tercer grado. Por supuesto, para algunas pedagogas ese intervalo es demasiado largo y sería imposible recuperar el tiempo perdido. Mejor sería evaluar en primer grado y proponer los refuerzos necesarios en ese momento.
Dejemos las minucias. Lo que importa es que por fin somos convocados a discutir algo diferente que la cotización del dólar, algo que involucra la formación de ciudadanía y el desarrollo del pensamiento crítico.
La última clase del profesor pop: Daniel Link se despidió de Puan ante un aula colmada de estudiantes, graduados y colegas
El catedrático y escritor cerró ayer más de tres décadas como titular de la cátedra Literatura del Siglo XX, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA
Por Daniel Gigena para La Nación
“Pensar el siglo XX es pensarnos”, dijo ayer al anochecer el profesor y escritor Diego Bentivegna en el discurso preliminar a la última clase del “profesor pop”, el escritor y catedrático Daniel Link (Córdoba, 1959), en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en Puan 480, en elbarrio de Caballito. “Estamos acá con entusiasmo y con nostalgia”, agregó en referencia a los estudiantes, graduados y compañeros de la cátedra Literatura del Siglo XX, a cargo de Link por más de treinta años.

El autor de Fantasmas. Imaginación y sociedad dio su clase de despedida a “aula llena” (debieron mudarse de la 250 a la 324, que es un poco más grande). “Creí morir dos veces mientras estuve a cargo de la cátedra pero sobreviví y nadie se dio cuenta de esos episodios críticos personales”, contó el profesor que llegó con algunos libros para regalar a los alumnos. “Habíamos empezado este curso hablando con una reflexión sobre los procesos de humanización y deshumanización en el arte”, dijo Link y agregó: “Las inteligencias artificiales no conocen el tictac de lo viviente, ni la duda ni el entusiasmo”. A continuación, abordó los alcances de la “imaginación humanista” en el actual momento “crepuscular”; al final, antes de ser ovacionado por los asistentes, reivindicó los “saberes de la noche”.

Rindió homenaje a los profesores Elvira Arnoux, Enrique Pezzoni, Raúl Antelo, Josefina Ludmer y Ricardo Piglia. “No me formé acá, lo que siempre, en algún punto, me fue señalado”, reprochó (es egresado del Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González”) y se hizo cargo de las críticas de algunos estudiantes a lo largo de las décadas. “¡Trata a los alumnos como a monos en el zoológico!”. Para horror de los libertarios, citó al filósofo italiano Antonio Gramsci. Hubo alusiones a Alejandra Pizarnik, Pier Paolo Pasolini, Federico García Lorca, Georges Didi-Huberman, Copi y Leopoldo Lugones, entre otros autores del siglo pasado.

“Quienes venimos trabajando en el área de humanidades desde hace décadas no podemos disimular la crisis fenomenal del campo, un poco por su propia dinámica y otro poco por los embates de la esfera audiovisual, en primer término y, ahora, por la esfera digital -dijo Link-. Todo eso nos obligó a sostener una posición crítica respecto del humanismo; por ejemplo: el humanismo burgués fue cómplice de las peores aventuras coloniales, no hace falta sino señalar que los ejércitos imperiales europeos marcharon a conquistar el mundo y saquearlo, acompañados de filólogos. Hasta finales del siglo XX podíamos sostener críticamente un humanismo posmodernista, si se quiere, que hoy es directamente imposible. Primer límite para mí, entonces: la incapacidad para discutir con máquinas mis lecturas de Marcel Proust, de Mario Bellatin, de Franz Kafka. Esto no es meramente ilustrativo. A finales de 2023 propuse mi lectura de la Recherche a ChatGPT, que impugnó cada una de mis decisiones e hipótesis”.

Para Link, la cátedra Literatura del Siglo XX tenía algo de excesiva. “Cuando empezamos, todavía podíamos pensar ese campo como el campo de lo contemporáneo y, dado el carácter experimental del curso, nos obligamos a inventar una pedagogía y un punto de vista: leemos literaturas europeas como literaturas indígenas”, puntualizó.
“Hoy el siglo XX es equivalente a la Edad Media y nos exige que nos volvamos archivistas -dijo anoche sentado ante un pupitre cubierto con una tela bordó-. Aceptamos el desafío porque nos parecía que, poco a poco, el siglo XX había sido invisibilizado. Desde hace diez años empezamos los cursos, demostrando que el siglo XX tuvo lugar, y que no fue solamente una pesadilla de la que convenía despertarse. Ahora bien, ese trabajo, que sigue pareciéndonos necesario y fascinante, nos aleja de lo contemporáneo. Segundo límite, entonces: pensar la propia práctica como una intervención de archivo o como una intervención de presente. Al elegir el presente, conviene dejar descansar los clásicos del siglo XX. O fijar la mirada en otra cosa”.
Cuando Link comenzó a dar clases en Puan, lo bautizaron el “profesor pop”. “Luis Sandrini había sido, previamente, el ‘profesor hippie’ -dijo-. Un poco por eso resultó que este, mi último curso en la facultad llevó por título ‘Ideas de pueblo’. Una de las ideas de pueblo que trabajamos fue la que lo define como el que otorga la soberanía por delegación al Senado; es la versión que nos llega desde Roma. Pueblo se opone a Senado. El liberalismo mersa que actualmente gobierna la Argentina ha interpretado esa oposición como Pueblo vs. Casta, lo que no es del todo incorrecto. Pero a nosotras nos obligó a pensar cómo y por qué el Pueblo decide delegar su soberanía en aquellos que serán sus verdugos, algo que pasó varias veces durante el siglo pasado. Hay también otras ideas de Pueblo, por ejemplo esa que usan como coartada los gobiernos para desplegar sus fantasías, por lo general de exterminio. En nombre del Pueblo, se crean campos de trabajo forzado para homosexuales, judíos y gitanos o clínicas para la experimentación sobre enfermos mentales, adictos o discapacitados”.
“Si abrazábamos la causa pop, nos adheríamos a una filosofía pop, que tiene dos nombres propios: Deleuze y Guattari -destacó-. Fuimos deleuzeanos militantes hasta que el señor Milei apareció en el horizonte. Hoy ya no podemos sostener la misma convicción acríticamente: hay que separar el pensamiento anarco de Deleuze, y todas sus figuras, del anarcocapitalismo. Esa tarea es extremadamente compleja pero necesaria: no podemos dejar que se confunda un cierto pensamiento con el vacío de todo pensamiento que caracteriza al anarcocapitalismo que hoy reina entre nosotras”. En la clase, conjugó la primera persona del plural en femenino. “No se trata de alcanzar la libertad, sino de encontrar una salida”, advirtió.
Y prosiguió: “Sumemos a todo eso que yo ya voy a alcanzar la edad jubilatoria según el régimen especial de los docentes-investigadores. Y no tengo ganas de que el actual gobierno cambie las reglas de juego meses antes de alcanzar ese derecho, que no es un privilegio. Prefiero pensar el presente alejado de las máquinas y de las instituciones que son, ellas mismas, picadoras de carne que abrazan cada cable y cada chip con algarabía; prefiero revisar mis convicciones detrás de escena, para volver a decir o lo mismo u otra cosa, pero en todo caso, remixado, vuelto a poner en una circunstancia, la actual, que no esperábamos vivir. Mi generación ha podido superar con dificultad la dictadura y otros momentos críticos como el menemismo y el 2001. Seguramente los jóvenes, debidamente entrenados en las lecturas que hacen falta, podrán superar la fuerza de la barbarie reinante, que pretende que todo pensamiento crítico es basura o ¡comunista, comunista!”.
La cátedra seguirá su marcha. “Habrá concursos, que esperamos no estén amañados como los últimos que organizó el Departamento de Letras, a los que se presentarán los integrantes del equipo, la mayoría de los cuales llevan ya veinte años de trabajo conjunto ininterrumpido, y varios me acompañan desde el comienzo -dice Link a LA NACION-. Pero, por supuesto, lo que vendrá será un día nuevo en el desierto. Para quienes se queden en la cátedra y para mí, que la dejo, también. Un nuevo día, una página en blanco. Eso me espera. Eso espero que me espere”.
Tras el estreno de la película Puan, dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat, ¿Puan se puso de moda? “No, no está de moda -responde Link-. Sigue siendo el mismo ambiente de fantasía de siempre”.
Por Daniel Link para Perfil
Hoy deberían haberse realizado los Pactos de Mayo y nos estaríamos dando un atracón de mersada y estupidez. Como eso no sucedió, me dejo llevar al poema.
Federico García Lorca escribe: “Por las ramas del laurel / vi dos palomas oscuras. / La una era el sol, / la otra la luna. / «Vecinita», les dije, / «¿dónde está mi sepultura?» / «En mi cola», dijo el sol. / «En mi garganta», dijo la luna”. Por supuesto, como a Lorca le han colgado el sambenito de loca trágica, en todos los análisis se subraya: es la muerte.
Como si la única experiencia de Lorca (poeta, dramaturgo, folklorólogo, músico, dibujante, republicano) hubiera sido prepararse para su fusilamiento, como si todo lo que hizo no fuera sino la expresión del desconsuelo y del abatimiento. Curiosamente, los mismos que sostienen eso dicen que Lorca era exhuberante, alegre y que todo el mundo lo quería. Ni Borges fue indiferente a su encanto (que detestó).
Como a Lorca le gustaba ser hermético, es probable que haya recogido los significados de algunos términos (“paloma”, “cola”) en las hablas coloquiales de Cuba y Argentina, que no coinciden con los sentidos que tienen en España en general y, en particular, en Andalucía.
Es deplorable que cualquier experiencia homosexual se relacione, inadvertida o deliberadamente, con muerte y depresión. Es de necios que no se pueda leer la risa en Lorca, el divertimento, la exageración abolerada típica de la loca, que funciona como defensa frente a un mundo que va dando cada vez más muestras de un neofascismo alarmante. Basta con escuchar lo que se dice en Buenos Aires: “vidas dignas de ser vividas”. Mirame la palomita.
por Daniel Link para Perfil
Las profesoras, las escritoras, las filósofas y las educadoras (de todos los géneros) estamos estupefactas. Jamás nos prepararon para lidiar con tan altos niveles de ignorancia, de desprecio hacia las condiciones mínimas de un pensamiento racional y de vulgaridad como los que chorrean desde el actual Poder Ejecutivo.
Es verdad que sufrimos a los Yoma, pero al lado de éstos, aquéllos eran los Grimaldi.
Los veinte años de decadencia intelectual de los que venimos debieron habernos servido de advertencia, pero nunca creímos que se podía caer todavía más bajo. De nada sirve pelearse con las agrupaciones estudiantiles de izquierda que, no se sabe bien por qué, están más preocupadas por el destino de Aerolíneas que por el desmantelamiento del sistema científico argentino y el desfinanciamiento de la educación en todos sus niveles.
Ayer nomás, una profesora de primerísimo nivel me comentaba que para ella los “chanchullos” no tienen importancia. El único “chanchullo” es la deuda externa. Quise decirle que uno no puede pensarse sin los otros, pero estábamos en una fiesta...
Cada frase pronunciada por el portavoz presidencial puede refutarse, ¿pero cómo? No son terraplanistas, pero escucharlos es como escuchar a cualquiera de esos paranoicos que piensan que la ciencia y el saber existen sencillamente para cagarle la vida a ellos.
A nadie parece importarle nada y esa apatía generalizada nos deja en un lugar que empezamos a abrazar cada vez con más ternura: el de la vieja loca que sabe (lo ha leído, lo ha vivido) que la gobernabilidad liberal se encuentra, más temprano que tarde, con la revuelta.