sábado, 28 de julio de 2018

La segunda venida

Por Daniel Link para Perfil



Aby Warburg presentó su seminario de 1925 sobre arte italiano del Renacimiento temprano a partir de la frase "Der liebe Gott steckt im Detail" ("El Buen Dios está en los detalles"). Generalmente se atribuye la máxima a Gustave Flaubert ("Le bon Dieu est dans le détail"), probablemente porque era un maniático obsesivo de la palabra justa.

Al autor se le escapó, sin embargo, el pequeño detalle de que los ojos de su Emma Bovary cambiaban de color a lo largo de las páginas, y motivó una encendida (pero ineficaz) novela de defensa de Julian Barnes, El loro de Flaubert. También cambió la dirección de la máxima, que suele decirse “El Diablo está en los detalles”.

Como fuere, hay que prestar atención a los detalles.

Este diario informó que “el gobierno busca abaratar los pasajes aéreos al exterior” mediante Resolución de la ANAC publicada en el Boletín Oficial: "Suspéndase desde el 1° de julio de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2018, el aumento dispuesto en la Resolución E N° 95 del 16 de febrero de 2018 de la ANAC, para las tasas de protección al Vuelo en Ruta y Apoyo al aterrizaje respecto de los vuelos con origen o destino internacional que aterricen o despeguen en y desde el territorio argentino".

El detalle (para muchos, marginal e insignificante) es muy revelador. Para algunos, revela el apoyo del gobierno a la “nueva” aeronavegación de bajo costo (por el momento de cabotaje, pero que pronto dejará de serlo).

Pero lo que es incontestable es que de ese modo el gobierno busca estimular los viajes al exterior a los que los argentinos somos tan afectos como para desbalancear la cuenta corriente del país (dicen los economistas que la cantidad de dólares que se compran para atesoramiento y para compras en el exterior es la segunda fuente del tan cacareado déficit).

De modo que enfrentado a una “tormenta” en medio de uno de los más crudos inviernos de los que se tenga memoria, el gobierno, lejos de brindar abrigo, invita a los pasajeros de su barco, avión o caravana en el desierto (imagino, no sé por qué, una tormenta de arena) a lanzarse al vacío del gasto en dólares, a abrirse al desastre.

Conocemos al menos una de las características del tiempo mesiánico (que anuncia la segunda venida): la aceleración.

El propio Tiempo, que se sabe ya agotado, se contrae porque los Nuevos Tiempos ya se adivinan en el mañana. No bastan los aumentos de tarifas, ni el descalabro cambiario ni la desbocada inflación ni los inminentes ajustes a todo lo posible ni la convocatoria a ese jinete del Apocalipsis llamado FMI. También se compromete, en una espiral de velocidad creciente, a las Fuerzas Armadas para que intervengan en conflictos con un enemigo indeterminado. Todo en el lapso de días.

¿Habrá segunda venida? El Mesías no vuelve sólo como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo.


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