viernes, 3 de junio de 2011

Elogio (barthesiano) del catolicismo


Ontem, Noto; hoje, Ouro Preto (in dubio, pro Preto)...
Nos preguntamos, en estos días de loca carrera por las estradas y rodovías, por las relaciones, siempre interesantes, entre creencias y placeres. En los países católicos se come bien. En los demás, no (dejo fuera de la serie a Japón, que no conozco). Y a mayor quantum de catolicismo (delirante barroco), mayor calidad de la comida: Ouro Preto, Oaxaca, Cusco, en nuestro continente. Cualquier pueblito español, italiano o francés, en el viejo mundo.
¿Y la comida árabe? Deliciosa, sí, pero imposible pensarla como menú diario. No, hay algo del catolicismo que, necesariamente, se vuelca en la mesa: ¿la Última Cena? Las que pintaron los decoradores de Ouro Preto no ceden en disparate a las cusqueñas (pero aquí no hay cuises, sino costillas de cerdo).


6 comentarios:

Rinaldi dijo...

yo te untaré mis versos con tocino...

Victor da Rosa dijo...

você já conhece melhor o brasil do que eu!

Linkillo dijo...

Víctor: conozco, sobre todo, la generosidad brsileira... Forte abraco!

edgardo dijo...

En cualquier lugar del Medterráneo he comido platos cocinados con aceite de oliva. Al borde del Mar del Norte, a menudo con margarina, ni siquiera con grasa animal (schmalz o saindoux).

Anónimo dijo...

Sí, a los criados en países católicos les parece que donde mejor se come es en los países católicos. No creo que los árabes tengan problema con su dieta para todos los días. Algunos identifican el fenómeno con el nombre de "etnocentrismo".

Linkillo dijo...

Yo no sé lo que piensan los criados de los países católicos ni los criados de los países musulmanes porque, de hecho, no me mezclo con la servidumbre. De todos modos, tu comentario ignorante, resentido y estúpido me recordó la vez que estuvimos en Egipto (¿estuviste en Egipto?), hablando con Abdul de la situación de las mujeres en el mundo árabe (asunto que me preocupa tan poco, en todo caso, como el de los criados). Abdul, finísimo y muy culto, sostenía que mi punto de vista era etnocéntrico, porque yo no veía con ojos precisamente cómplices el hecho de que las mujeres, en el mundo árabe, tuvieran exactamente los mismos derechos que los hombres salvo que no heredan. Cuando le dije que la diferencia no me parecía poca, me respondió que él encontraba lógica la legislación porque, después de todo, las mujeres se casan. Perdón, le dije: no les queda sino casarse, porque precisamente las han expoliado de todo derecho sucesorio. No pongo ningún reparo a que los sirvientes o criados tengan sus legislaciones (ablación de clítoris, etc...) y sus comiditas. Lo mismo me sucede con los negros, los árabes y las mujeres. Ahora bien, eso no significa que vaya a avalar cualquier disparate multiculturlista o perspectiva relativista. Lo que está en juego es el problema de los universales, malco, y no otra cosa. Teniendo eso en cuenta, repito: la comida de los países católicos es más rica. Hay gente que come escarabajos a diario. ¿Y con eso qué? Beijao, tarumba.