sábado, 30 de julio de 2016

Las bellas banderas


Por Daniel Link para Perfil

A mis quince años yo tenía una doble vida: iba a un colegio de doble escolaridad (por la mañana cursaba un bachillerato comercial; por la tarde tenía los cursos de lengua alemana, materias asociadas y gimnasia) y tenía dos grupos de amigos bien diferentes: los de la mañana y los de la tarde (el corte vespertino se realizaba por nivel de lengua).
Mis amigos (y mi novia) de la mañana se correspondían con el registro Isidorito Cañones. Los de la tarde, en cambio, eran más bien de izquierda. Con ellos me reunía a cantar canciones antifascistas, folklore latinoamericano de vanguardia, y a comentar libros de Neruda y a imaginar un mundo mejor.
Cantábamos: “Bandiera nera la vogliamo: No!/ Perchè l'è il simbolo della galera/ Bandiera nera la vogliamo: No!// Bandiera bianca la vogliamo: No!/ Perchè l'è il simbolo dell'ignoranza/ Bandiera bianca la vogliamo: No!// Bandiera rossa la vogliamo: Si!/ Perchè l'è il simbolo della riscossa/ Bandiera rossa la vogliamo: Si!” (todavía ahora, cuando googleo la canción, me conmueve, y me acuerdo de Norma y de Raúl Miranda, de Ricardo Richter, de Ada y Leda Groppo, de mí mismo y de mis principios-esperanza).
Me detengo en estos pormenores biográficos porque he leído, en estos días, que una ciertas juventudes fascistas se presentaron en la Casa de Gobierno y, dada la irritación que produjeron, me enteré por la prensa no tanto de su previsible ideología, sino de sus programas de reclamos, entre ellos: la reinstauración del servicio militar obligatorio, cosa que los críticos de estos jóvenes de Biondini consideran el colmo del programa fascista, junto con la pena de muerte.
El asunto me alarma porque muchas veces he señalado ante mis amigos progresistas que el servicio militar obligatorio era, al menos en Argentina, una intervención del Estado que completaba el programa de la escuela pública, laica y gratuita y que, si terminó como terminó (cancelado por el mismo gobierno que privatizó las empresas del Estado, redujo al mínimo los servicios ferroviarios, destruyó el sistema educativo nacional y vendió armas clandestinamente), eso no quita que pueda y deba someterse a debate la desaparición de una pieza fundamental de la educación cívica.
Propongo una analogía: si un tren descontrolado mata a 51 personas y hiere a más de 700, ¿habría que cancelar por eso el transporte ferroviario?
Yo hice el servicio militar obligatorio en circunstancias de terror y no lo disfruté ni me hace gracia recordarlo. Pero soy capaz de imaginar una institución semejante (no idéntica) sin prejuicios: como un programa formativo que, a partir de extraer a los jóvenes de sus burbujas de clase, de sus encadenamientos territoriales y de sus grupos automáticos de referencia, les permitiera relacionarse de un modo más dinámico (y menos televisivo) con los sistemas jerárquicos, las culturas regionales, las particularidades étnicas y de género y ciertos valores cívicos (la solidaridad, el trabajo comunitario, la lógica del don, el valor de la lectoescritura) que están totalmente ausentes de nuestro horizonte.
Históricamente fueron las Fuerzas Armadas las encargadas de llevar adelante ese programa porque eran la únicas instituciones con una vasta organización territorial. Pero los tiempos han cambiado y se podría pensar ahora en un Servicio Civil Obligatorio (que incluyera, naturalmente, instrucción militar básica mientras existan en el país fuerzas militares, incluida la Prefectura y la Gendarmería) que excluyera la explotación física, la humillación, el terrorismo autoritario y los privilegios de clase y que permitiera a quienes participaran del programa confrontar su propio modo de vida con modos ajenos, acceder a ventajas educativas y sanitarias, todo mientras se realiza algún tipo de acción comunitaria en áreas que podrían incluso ser electivas de acuerdo con afinidades (transporte, educación, salud, turismo, tecnologías, etc.).
Entiendo que un programa semejante pueda caracterizarse como “liberal”. En modo alguno aceptaría que se lo considerara “fascista”. Tampoco abogo por reponer nada, sólo imagino lugares menos complacientes para nuestras conciencias desgarradas.

5 comentarios:

Algo de música y Tal vez otras cosas dijo...

Hola, alguna vez el papá de un amigo que era rosarino y había hecho la colimba en el interior de la provincia me contó que cuando él la hizo había mucha gente que no sabía leer y escribir y aprendieron en la colimba.

Que tomaron vacunas, tuvieron la primer revisación médica.

Él comentaba que al sacar la colimba esa gente iba a perder eso.

Es un tema que debería debatirse.


Saludos.

Laura Torres dijo...

Por la vuelta de los boy scouts! (hay algunos grupos, pero son escasos y mayormente parroquiales).
Coincido. Aunque nos lincharían los bien pensantes.

Laur dijo...

Tiemblo.

Mario Quiroz dijo...

Acuerdo con tu comentario y tengo entendido que en la norma de 1994 técnicamente "el servicio militar obligatorio sigue vigente, puede ser puesto en práctica en tiempos de guerra, crisis o emergencia nacional. Estas condiciones son definidas por las autoridades del Estado en cualquier momento, bajo criterio exclusivo del Poder Ejecutivo".

Laur dijo...

http://www.elintransigente.com/sociedad/2016/9/26/otro-caso-carrasco-atacaron-bano-cadete-anos-estado-dramatico-404559.html