miércoles, 13 de septiembre de 2006

La fiesta deportiva sin igual

Tarde, pero vale la pena (y vaya como homenaje, ya que no pude estar en Buenos Aires para el besamanos de La Pedra):

La pelotuda embriaguez del Mundial
por Pedro Lemebel

Y qué si a uno le andan diciendo por todos lados que el futuro sano es el deporte, si insisten con ese presente atontado por el chorizo noticioso del fútbol, dándole con el pallá y pacá de la bola. Haciendo noticias hasta del peo que se tira el árbitro cuando se traga el pito. O el affaire del jugador musculón con la modelo de turno. Como si a uno le importara que los machos recuperen la filosofía discurseando sobre la estrategia del taquito, al pechito, cabezazo y fútgol. No será mucho, no será otra forma de domesticar la euforia ciudadana dirigida por el narcotráfico del balón. Si ahora hasta las mujeres han entrado en esta cototuda reflexión, y vemos periodistas, animadoras, ex primeras damas, actrices y fanáticas extasiadas por aquel pase magnético del mijito piernas de oro, la explotación millonaria del cabro pobre al que no le dio el bolsillo para la universidad y fue elegido entre miles de patipelaos como rey del pelotazo. Porque la llamada pasión de multitudes es la única universidad rápida para los pobres. La única forma de saltar de un viaje a la fama, sin mucho pensar, evitarse toda esa paja de la educación y formar parte de otra academia, más de patada y porrazo, sólo para machos, y algunos homosexuales disfrazados de comentaristas, técnicos o teóricos de la payasá futbolera. Son personajes que ocupan las pantallas de la tevé discurseando lo mismo, alabando mariconamente esas pantorrillas peludas. ¡Ay!, ese quiebre de cintura. ¡Ay!, esos muslos duros que rebotan la bola. ¡Ay!, esa pelvis dura que deja ver los pelitos cuando se le sube la camiseta. ¿Y cómo no va a ser un arte ese complejo pase por la entrepierna? ¿Cómo no va a ser un éxtasis de la inteligencia ese meneíto de caderas? Total, para esas acrobacias del cuerpo es para lo único que ocupan a los chicos pobladores. Aunque últimamente, algunos cuicos cacharon el negocio fácil del fútgol. Así, algún rubiecito, hijito de papá y flojonazo para el estudio, le saca brillo a las canillas dando chutes por el mundo, firmándoles autógrafos a las miles de niñas que se cambiaron de fanclub; traicionaron a Juanes por el bello y sudado pelotero que se revuelca con modelos sin seso. Todo porque es rubio, nada más, porque tiene esos ojitos, dice otra cabra mascando chicle. ¿Y qué más? Corre como los dioses. ¿Te parece poco?
Tal vez, el fútbol acapara noticiarios y portadas de periódicos para atontar la vida cada vez más fofa del acontecer nacional. Y cabe sospechar que se tapa con este espectáculo que glorifica las maromas del cuerpo viril. ¿Qué se oculta cuando se usa esta sencilla afición popular para transformarla en megaevento? Y lo que es peor, se convence a multitudes que el sentido de la vida depende de los rebotes de la pelota en la cancha. Como si el futuro blanco y amnésico del país fundara su utopía soñadora en las victorias y descalificaciones de la selección nacional. Que por lo general son derrotas, acusaciones y juicios a los técnicos importados, denuncias por mala administración de las platas, robos, estafas y rapiñas de dólares por compras y ventas de jugadores. Como si un hombre o una mujer se pudiera vender y traficar según la potencia de sus músculos. Al igual como a los esclavos les revisaban los dientes, ahora los eligen con un cronómetro que marca resistencia y agilidad para el decorado de la pichanga. En fin, no se trata de reivindicar la inteligencia o el saber letrado como única forma de valor. No se trata de ser tonto grave y enjuiciar un juego terapia, un juego fiesta, un juego carnaval que alegra a la hinchada pobladora. No en vano las barras bravas fueron una forma juvenil de desacato, interesante, hasta que el mismo sistema las anuló con su fichaje ordenador. No se trata de criticar la inocencia de un entretenimiento popular; solamente que ya no se puede hablar de inocencia, ni de juego cuando se maneja la conciencia de un país con el taca-taca de la tele. Así se blanquean sus memorias, sus problemas reales según el triunfo del equipo, según el resultado del partido internacional, que si es derrota será un amanecer nublado para tantos chilenos que se les va la vida rodando en la cancha como única preocupación, como única forma de evacuar el aburrimiento del domingo, la tarde y la tele, la noche y la tele, la tele y el partido y la pelota que es como un mundo blando que trafica el mercado pelotero para inflar su obesa ganancia.

Fuente: pehuen.org

2 comentarios:

Diario de trabajo dijo...

Lemebel, por fin, carajo. Yo pensé que lo podría plagiar --mal, claro-- sin preocupaciones toda la vida.
¿Tuviste tiempo de chusmear mis Grotescos? Se destapó la olla. O, como decía mi abueita, me colgaron la galleta.
Un abrazo

Diario de trabajo dijo...

Ah, che, con moderador y todo?