jueves, 3 de febrero de 2005

El intelectual, el maestro

por Daniel Link

El 13 de septiembre de 1988 el entonces arzobispo de La Plata, monseñor Quarracino, incorporaba hipótesis originales en el debate sobre la pena de muerte para los narcotraficantes. En una nota publicada en el diario Clarín señalaba sobre "ciertos sedicentes pedagogos", que "tales sujetos constituyen un peligro comparable (si no mayor) al de los traficantes de drogas". De un solo golpe, la pedagogía era puesta de nuevo en el alto sitial que supo tener, por ejemplo, entre los griegos. Y además, Quarracino se hacía responsable de un hallazgo, "sedicentes pedagogos", que hubiera hecho las delicias de Borges. Hallazgo fonético pero también conceptual: ¡como si alguien, todavía, pudiera sostener algún rédito pedagógico! Sedicente pedagogo parece suscitar un doble escándalo: el escándalo de ser pedagogo y el escándalo de procramarlo.
Y si bien es cierto que ninguna otra práctica es más sedicente que la de los intelectuales ("la tarea de los intelectuales es", "los intelectuales debemos", "los intelectuales reclamamos", "no se puede permitir a los intelectuales" son enunciados típicos de los intelectuales: sedicentes artistas, escritores, filósofos, comunicólogos, etc.), la subclase constituida por la figura del profesor, en tanto sedicente, resulta menos comprensible: ¿por qué secreta manía u oscuros intereses consagrarse a una práctica mal rentada, socialmente no reconocida, y emocionalmente destructiva? Todavía más: ¿por que decirse profesor?
Bien mirada, la tarea del profesor es política y encuentra en la política (en la política cultural) su fundamento. La constitución de un sujeto intelectual, en Argentina, ha pasado (y pasa) masivamente por la posibilidad (o su negación) de acceder al lugar del profesor, maestro del discurso.
Enrique Pezzoni siempre supo esto y desde el comienzo ligó su actividad de críitico y traductor con la práctica docente, de acuerdo con una escuela y unos maestros siempre obsesionados por vincular sus trabajos con la formación docente (Raimundo Lida, Pedro Henríquez Ureña, Ana María Barrenechea, el Instituto del Profesorado). Si es cierto que los primeros trabajos de Pezzoni todavía sufren el estigma de su vinculación con Sur, no es menos cierto que, también desde el comienzo, Pezzoni se ligó con lo que él mismo llamó mucho después una "política progresista asociada a la vigencia y posibilidad de las transformaciones" ("Imagen de Ana María Barrenechea"). En la Facultad de Filosofía y Letras, en el Instituto del Profesorado, Pezzoni hizo de la "Lección" (que en su caso hay que entender como un diálogo apasionado y a veces violento con los alumnos) el motor de su obra crítica. Secretamente, porque era enemigo de las proclamas y las declamaciones políticas, estaba convencido de que, en países como el nuestro, los contenidos de una política cultural progresista pasan necesariamente por la práctica docente. "Si su tarea", dijo refiriéndose a Anita Barrenechea, "es la de una política progresista, lo es en todos los sentidos en que supone una práctica segura de sus convicciones al discernir en una ciencia los conceptos que son reaccionarios -es decir, congelados y obstinadamente enemigos a la transformación- y los que funcionan más allá de las determinaciones unívocas y reconocen el juego de las iniciativas individuales, pero supeditada al habla plural de la ciencia".
Muchos de quienes trabajamos con él comenzamos nuestra formación fascinados por las lecciones que pronunciaba en su ya mítico seminario del Profesorado. En ese seminario permanente Pezzoni nos enseñó a leer a muchos de nosotros: su tarea era la de un alfabetizador y nunca renegó de ella (exhausto, saltaba del avión que lo traía de Frankfurt para asistir a una exposición de los alumnos en el Seminario).
Pero además de la fascinación por la manera en que pudo, por ejemplo, desbloquear la lectura de Rubén Darío, o por su chisporroteo verbal, o por la capacidad de incorporar a sus clases la bibliografía publicada antes de ayer en París, Londres o Lima, Pezzoni nos fascinaba por la extraordinaria sensibilidad a la palabra de sus alumnos, con quienes se entregaba a discutir los artículos que estaba escribiendo, con quienes compartía el capital que otros intelectuales suelen acaparar celosamente: sus ideas. En el índice de El texto y sus voces hay por lo menos ocho artículos cuya producción se remonta a aquellos años en los que inmerecidamente asistíamos a ese pasaje del habla a la escritura que también obsesionaba a Roland Barthes.
Políticamente, Pezzoni siempre sostuvo el orgullo de haber aprendido a convivir con sus contradicciones (que no negaba). En 1983 se afilió por primera vez en su vida a un partido, el Partido Radical, y participó de la reorganización de la Facultad de Filosofía y Letras. Desencantado de esa experiencia se descubrió, con dolor, utilizado y abandonado posteriormente por sus coyunturales aliados que, para colmo, le habían hecho perder viejos amigos. Nunca pudo entender una política que negara los afectos y, en rigor, su gestión en la Facultad (y antes en el Instituto del Profesorado) fue siempre una política de la afección (muy distinta del amiguismo y el clientelismo liberal).
Desencantado del radicalismo, prefirió abandonar la política sin abandonarla: en sus clases, en sus lecciones, no sólo tematizaba la cuestión política (lo que hubiera sido un gesto módico) sino que reafirmaba esa politización de la crítica y la lectura por la enseñanza, la única práctica que consideró pertinente durante su último año de vida. Se decía profesor, efectivamente, y ese papel le daba felicidad.
Quarracino nunca sabrá qué cerca estuvo de definir al intelectual y al maestro que Pezzoni fue: dedicado al tráfico (de ideas y de hipótesis) con paciencia y vitalidad infinitas ("nuestro vivir como estudiosos", decía), seguramente, sin proponérselo, pudrió varias cabecitas de jóvenes argentinos induciéndolos a la, ut Quarracino, más peligrosa adicción: la adicción pedagógica.

Texto publicado originalmente en Babel. Revista de libros, IV: 22
(Buenos Aires: marzo de 1991)
Se reproduce por pedido de Maximiliano Crespi.

La salud del Papa

"La preocupación por el destino del líder de los alrededor de mil millones de católicos del mundo, y uno de los dirigentes más conocidos del orbe, generó una serie de acciones entre las poblaciones católicas" (La Nación).


Mm, sí, bebé, sí, seguí rezando.


Correspondencia

The new Not In Our Name Statement will be published as a full page in Thursday's San Francisco Chronicle, as our response to the Bush's State of the Union address.
Make plans now to get this statement out in every way possible. It needs to be reproduced, printed in local papers, posted on bulletin boards and e-lists, and read on local radio stations.
Help make it clear that George W. Bush "does not speak for us. He does not represent us. He does not act in our name."
The Chronicle ad contains a representative list of the over 11,000 people who now signed the statement. The entire list of signers can be viewed on the statement web site at www.nion.us. The text of the statement can also be downloaded from there.
With your help we can now go one to print the statement in many more papers around the country. Go to the Not In Our Name statement web site at www.nion.us today, sign this statement, and make your on-line contribution.
Let's keep the heat on!

Ensayo (dialogado) sobre el método

On Thu, 3 Feb 2005 12:31:53 -0300 (ART), hayvidadespuesdelos40 wrote:

L,
Gracias por poner un enlace a mi página en la tuya.
Leopoldo Brizuela, o un pseudo Leopoldo Brizuela, ha dejado un comentario en mi weblog. Me dice en él que lo único que podría reparar lo que hice (¿¿¿???) es borrar mi texto (¡¡¡Censura!!!), aunque no cree que lo haga porque soy un ser indigno. ¿Qué se debe hacer en estos casos? ¿Hay algún libro de ética para webloggers?

Saludos

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From: L
Date: Thu, 3 Feb 2005 14:07:44 -0300
Subject: Re: Censura literaria
To: hayvidadespuesdelos40

La verdad es que no estaba al tanto del entuerto. Y tampoco soy muy ducho en cuestiones de netiquette. Habría que preguntarle a Piro, que es como el Papa (el Sumo Pontífice, no el progenitor*) de todos los blogs. Y, si no, hacemos un simposio**.


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* Hice esta aclaración, innecesaria en otro contexto, teniendo en cuenta la desatención en la que han caído las tildes en Internet.
**Realmente habría que discutir problemas de legitimidad como los que se plantean en éste y otros mensajes de correo. En defintiva, se trata de un debate sobre los límites de lo privado y lo público que las escrituras on-line ("en línea" habría sido más correcto, pero verdaderamente el giro apesta) han puesto en crisis. Personalmente, creo haber resuelto el problema hace mucho tiempo, pero no pretendo ser dogmático en este punto.

Correspondencia

"¡Me voy a festejar que C. recibe el premio Friedrich Ebert al libro político del año! El jurado está compuesto por bibliotecarios alemanes. Y, entre otros, fueron premiados Vaclav Havel, Gorbachov, Enzensberger y Michael Moore. C. no cabe en sí de alegría. Ahora se va a un congreso de filosofía kantiana en Irán. By the way, me encantó tu texto sobre los orgasmos fingidos.

S."

La pelotudez ya no tiene límites

"UNA CURIOSA TESIS SOBRE EL VINCULO ENTRE LA COMIDA Y LAS IDEAS. Un libro relaciona la dieta de algunos filósofos con sus pensamientos. Es del español Josep Muñoz Redón. Según sus preferencias, divide a los pensadores en dulces, salados, ácidos y amargos" (Clarín).

Lo sospeché desde un principio

Leemos en Z-Magazine del mes de febrero:

LAW & ORDER: The Crime of War: From Nuremberg to Fallujah
Nicolas J.S. Davies
In September, UN Secretary General Kofi Annan told the BBC that the U.S./British invasion of Iraq was illegal under international law. The following week, he dedicated his entire annual address to the UN General Assembly to the subject of international law, saying, "We must start from the principle that no one is above the law and no one should be denied its protection."(More)

Sexo express

Al toque

por Daniel Link
En la década del setenta, cuando yo era un joven inquieto, no existía el "sexo express" como tal. Había prácticas al paso, desempeños apurados, fuera de control y más o menos clandestinos (lo que se llama "sexo express") pero a nadie se le habría ocurrido que eso constituyera una categoría de lo posible. Esa práctica sexual era un síntoma de la imposibilidad (no sé si sigue siendo igual: sé que hay mucha gente que elige y reclama "sexo express" de manera excluyente).
Y sin embargo, mis experiencias de "sexo express" me permitieron un aprendizaje sin el cual dudo que mi vida afectiva actual pudiera sostenerse. Como casi todo el mundo alguna vez, yo salía con una compañera de curso. Algunos días, después del colegio (creo que salíamos de nuestras respectivas clases de gimnasia, que funcionaban en contraturno, y en invierno ya caía la noche), la acompañaba hasta su casa, donde su madre (un ama de casa ejemplar) estaba ya entregada a sus obligaciones culinarias nocturnas.

El recorrido me desviaba completamente del mío y me obligaba a tomar dos colectivos en lugar de uno, pero los dos pensábamos, entonces, que la peripecia se justificaba por los placeres carnales que podíamos arrancarle al crepúsculo.

Y a veces así era. Encerrados en su cuarto de la planta alta, mientras su madre cocinaba, ella y yo nos entregábamos a maniobras para los cuales nos habían sino estimulado al menos preparado las calistenias previas. Todo era a medio desvestir, como corresponde, y en un silencio enfático, disimulado con algún disco de los Bee Gees -juro que a mí no me gustaban (yo era más del palo de Yes), pero a ella sí. A veces, recuerdo ahora, nos demorábamos para algún goce exclusivamente mío en el garage al que no tardaría en llegar su padre (un hombre de bigotes que no me quería bien).

En su cuarto pretendíamos mucho más que en el garage, aún cuando las circunstancias no nos fueran más favorables. Llegábamos, debo decir con justicia, tan lejos como se podía y era fácil la adecuación de nuestros cuerpos. Sólo un problema llegó a presentársenos (nunca fuimos descubiertos) y fue que, educado yo en ciertos saberes progresistas según los cuales el orgasmo de la mujer es responsabilidad del hombre, y queriendo demostrar mi hombría a toda costa, se me dificultaba la expresión de mi goce, mi último temblor.

Es verdad que ella me regalaba cada tanto un garage, pero eso me obligaba todavía más, a mí, en su dormitorio, a estar muy pendiente de su dicha. Y su dicha, ay, corría como un mar embravecido, arrastraba montañas a su paso, tronaba como el éxtasis de un monstruo de mil cabezas y la convertía en una Santa Teresa apenas perlada de rubor. La suya, pero no la mía. La mía apenas se aproximaba a un umbral de reconocimiento. ¡Y el tiempo apremiaba! ¡Y los olores de la cocina eran cada vez menos crudos! ¡Y ella quería todo!

Entonces aprendí, ay, un mecanismo de adaptación. Resguardado como estaba por un dispositivo de contracepción que (no sé por qué) sigue despertando las iras de la Iglesia, podía perfectamente temblar como si fuera la última vez, ahogar un grito, apretar un hombro, expresar con todos los trucos a mi alcance el derramamiento de mi material genético (látex que luego, primorosamente anudado, iba a parar a mi bolsillo). Pensando que era por el bien de nuestra relación, que las circunstancias no eran las propicias, que tal vez no habría debido ser, el día anterior, tan amoroso con mi propio cuerpo, aprendí algo sobre lo cual las revistas femeninas y los programas de televisión de aquella época todavía no hablaban: aprendí a fingir un orgasmo. Como garantía de la felicidad del Otro, pensaba entonces. Hoy, ya no estoy tan seguro.

miércoles, 2 de febrero de 2005

Blogolandia

Werte indica en Las piernas de Marlene cómo hacerse con una copia electrónica de Gramática de la multitud de Paolo Virno.

Galería


Dejémonos de estrellitas de la televisión y modelitos, que no tienen appeal para seducir a nadie. El cine, todavía, sigue postulando un más allá de belleza. S. me había pasado hace tiempo para mi "Galería" una carpeta llena de fotos de Hugh Jackman (también conocido como Wolverine o Van Helsing), y si hasta ahora no había publicado ninguna foto es porque "no me decidía por ninguna" (de hecho, publico ésta sin haberla elegido y harto ya de acusaciones domésticas del tipo "te las querés guardar para vos solo"). Hugh Jackman: un héroe de nuestro tiempo.

La década del setenta: crisis de la literatura y algunos nombres propios

The Seventies: Literature Crisis and Some Proper Nouns*

By Daniel Link

"As historians well remember, the decade of the seventies is to Argentines a "long" one. Further to the methodological difficulties historiography runs into to isolate the period, analysts and critics of culture and art also face the danger of articulating mechanically factual processes and symbolic productions which don't have the same rhythms nor admit the same determinations. Therefore, we will here endeavor to track in the literary texts some indices of the different transformations that would permit speaking of something like "the literature of the seventies", with the conviction that, in a peculiar and elliptical way, literature comments and represents its own production conditions: massive literature and media, technologies and utopias, literary genres and political scenes".

*publicado en Entre el silencio y la violencia. Arte contemporáneo argentino. Buenos Aires, arteBA Fundación, 2004 (ISBN 987-21822-0-5) [catálogo de la muestra del mismo nombre organizada por la Fundación arteBA y Espacio Fundación Telefónica (Buenos Aires: 26 de noviembre de 2004 al 13 de marzo de 2005)]

(el texto completo en inglés, acá.)

La "ficción normativa" de la homosexualidad

por Gabriel Giorgi

La solidaridad retórica entre homosexualidad e imaginación del exterminio no sorprende: la homosexualidad ha sido tradicionalmente asociada con la extinción de linajes, con el final de las familias y las progenies, la crisis del orden reproductivo, tanto biológico como cultural (en las resonancias múltiples que tenía a fines del siglo XIX y a principios del XX la noción de "degeneración", en referencia al agotamiento de las civilizaciones y la 'decadencia' de las culturas, según la fórmula con la que Max Nordau caracterizó el fin du siècle) ; los homosexuales, además, han sido frecuentemente (mejor dicho: sistemáticamente) representados en muertes violentas, como único final para sus cuerpos y sus deseos imposibles: gay bashing, suicidio, asesinato, son los finales que incontables narrativas han reservado para estos moderados perversos. Enfermedades diversas y letales, desde la sífiles al sida, se asocian a la homosexualidad como un azote merecido en los espectáculos que los medios masivos montan en torno a ella. Sucesivas diagnosis culturales sobre sus perturbaciones psicológicas han hecho de los homosexuales una raza propicia de serial killers en ficciones literarias y cinematográficas. Al mismo tiempo, la imaginación histórica y cultural acerca del autoritarismo, y en especial del nazismo, ha trazado especiales conexiones entre homosexualidad y genocidio, convirtiendo a los homosexuales no sólo en una víctima segura (como lo muestra, por ejemplo, Parágrafo 175 (2000), de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, un documental sobre los homosexuales presos en los campos de concentración nazis, o las investigaciones en torno a las víctimas lesbianas y gays de la dictadura argentina de los '70) sino también, en cierta medida, en una explicación y una etiología del autoritarismo como patología política. La visibilidad del cuerpo homosexual en la modernidad -es decir, en su momento de naciomiento, en su punto de emergencia- ha estado estrechamente ligada a la imaginación de un 'final' que frecuentemente adquiere resonancias colectivas y que se articula entre los tiempos de la naturaleza (la reproducción, la especie, la 'salud') y los de la cultura (la identidad colectiva, la genealogía, etc.). Es entre estos dos tiempos y estas dos dimensiones donde la homosexualidad conjuga preguntas y ficciones en torno a su 'derecho a la existencia', junto a deseos, promesas de una eliminación que para muchos equivale a una purificación del cuerpo social.
Esta recurrencia entre homosexualidad y exterminio, quiero sugerir, no tiene que ver sólo con prejuicios religiosos, con convencionalismos morales o con la violencia 'homofóbica'. Tiene sin duda que ver con todo ello, pero en tanto que expresan una función constitutiva de la noción misma de 'homosexualidad': el homosexual y la lesbiana nacen en el siglo XIX, entre la medicina y la criminología, como categorías a corregir, a curar y a perseguir y eventualmente eliminar. Se originan como diagnóstico, y por lo tanto como estrategia de intervención sobre la vida sexual de las poblaciones, para delimitar contactos, dar forma a identidades, codificar y normalizar prácticas. Son, en ese sentido, identidades llamadas a la existencia para nombrar y encarnar lo que no debería existir: el suyo es un destino ontológico paradojico.

Más en Giorgi, Gabriel. Sueños de exterminio. Homosexualidad y representación en la literatura argentina contemporánea. Rosario, Beatriz Viterbo, 2004

Las ratas no abandonan el barco

"Aníbal Ibarra salió por la chimenea de la ratonera en la que estaba. La ratonera de Ibarra lo llevaba a morir por asfixia política. Su adversario más nocivo es la impresión social de que da lo mismo que Ibarra esté o que no esté. Ahora se sabe que le debe su vida como gobernante político a la impericia de sus opositores" (Joaquín Morales Solá en La Nación).
"Aníbal Ibarra lograría ganar la consulta popular por un margen más que apreciable si la votación se hiciera hoy. Sin embargo, más de la mitad de la población no está de acuerdo con la realización del plebiscito y esa idea, con el correr de las semanas, podría operar como un riesgo para el triunfo del jefe de Gobierno. El ciudadano común considera que Ibarra tiene responsabilidad institucional y política en la tragedia de Cromañón, pero preferiría que siguiera gobernando, rindiera cuentas, investigara y no eludiera las imputaciones" (Raúl Kollmann en Página/12).

¡Pongan a enfriar el champagne!

ROMA.- El delicado estado de salud del Papa, desde hace unos días con gripe, se agravó ayer dramáticamente. Debido a una crisis respiratoria, pasadas las 22.30 fue internado de urgencia en el Policlínico Gemelli de esta ciudad. (La Nación) La lista de sucesores (pero eso, después de la fiesta).

No, no estuve en lo de Fatboy Slim

Ezra Pound nació en Hailey, Idaho, el 30 de octubre de 1885. En 1908, desencantado de la vida académica a la que dedicó los primeros años de su vida, está en Venecia, donde publica su primer libro de poemas, A lume spento, apenas una preparación para su vasta y megalómana obra, Los cantares. De su estilo se ha hablado muchísimo. En el cantar III que a continuación reproduzco se nota el tratamiento de la luz postimpresionista, el fragmentarismo y el carácter puramente citacional del poema. No son las únicas características de la obra de Pound, pero éstas, aquí, impresionan. Sin ningún patetismo, Pound consigue transmitir la sensación que provoca haberse quedado fuera de una fiesta.

III

Estaba sentado en los escalones de la Dogana
Porque, ese año, las góndolas costaban demasiado
Y no estaban ahí "esas chicas", sólo una sola cara había ahí,
Y el Buccentoro a veinte yardas de distancia, gritando "Stretti",
Y los travesaños iluminados, ese año, en el Morosini,
Y, tal vez, pavos reales en lo de Koré --podrían haber estado.
Dioses flotando en el aire azur.
Brillantes dioses y toscanos, de regreso
Antes de que el rocío se derrame.
Luz: y la primera luz, siempre antes de que cayera el rocío.
Paniscos, y del roble, dríade,
Y del manzano, melíade,
A través de todo el bosque, y las hojas están llenas de voces,
Susurrando, y las nubes combadas sobre el lago,
Y hay dioses sobre ellas,
Y en el agua, los nadadores blancos como almendras,
El agua plateada esmalta el pezón endurecido,
Como Poggio ha señalado.
Vetas verdes en el turquesa,
O, los escalones grises trepando bajo los cedros.

Mio Cid entró a Burgos,
Hasta el portón claveteado entre dos torres,
Golpeó con el puño de su lanza, y la niña salió,
Una niña de nuef años,
A la pequeña galería sobre el portón, entre las torres,
Leyendo el decreto, voce tinnula:
Que ningún hombre hable, alimente o ayude a Ruy Díaz,
So pena de perder el corazón traspasado en una pica
Y ambos ojos arrancados, y todos sus bienes embargados,
"He aquí, Mio Cid, los sellos,
El gran sello y el decreto."
Y vino de Bivar, Mio Cid,
Sin halcones en sus perchas,
Y sin ropas en sus alforjas,
Y dejó sus arcas con Raquel y Vidas,
Las grandes cajas de arena, con los prestamistas,
Para poder pagar la mesnada;
Abriéndose paso hacia Valencia.
Ignez da Castro asesinada, y una pared
Aquí arrasada, allí vuelta a levantar.
Triste yermo, el pigmento descascarado de la piedra,
O escamas de yeso, Mantegna pintó la pared.
Andrajos de seda, "Nec Spe Nec Metu".

(trad. D.L.)

Mar del Plata (suite)


FOTO: Sebastián Freire

El problema con Mar del Plata, además de su clima hasta ahora para mí siempre hostil, es su carácter siniestro (en el sentido freudiano del término). Sobre un paisaje urbano muy familiar, se sobreimprimen realidades sociales completamente extrañas (unheimlich). Los procesos de modernización de Mar del Plata no son los mismos que los de Buenos Aires, y de ahí la decadencia casi irreparable de su centro histórico (que es, casualmente, donde queda nuestra casa). Por momentos uno cree (supone) que está en una ciudad del pasado argentino. En realidad, no es un salto a través del tiempo sino más bien un pasaje a una realidad alternativa donde la modernización todavía conserva las diferencias raciales y de clase previas a la década del ochenta. En el centro, las gentes de provincia. En Los Troncos, los "chetos marplatenses" (ellos y ellas mismos un anacronismo viviente). Entre uno y otro grupo, ninguna circulación posible, lo que es una pena, porque los veranos, se sabe, son la oportunidad de todos los intercambios. Mar del Plata, por la cantidad de gente del interior que visita la ciudad en verano, debería ser un distribuidor de modernidad. Y si eso no sucede es por algún drama extraño que escapa a las primeras percepciones. A un amigo, por ejemplo, le impidieron participar en el Festival de Mar del Plata aduciendo que su película tenía escenas no aptas para la sala Auditorium. ¿Pacatería provinciana? ¿En una ciudad que se jacta de ser "La Perla del Atlántico"? Basta ver la televisión para darse cuenta de hasta qué punto uno ha cruzado un umbral hacia una dimensión desconocida. Lo único que se ve es una repetición maligna de Telefé (incluso las latas propias del canal 10 son cosas que darían vergüenza en cualquier canal de televisión que se precie de tal). ¿Por qué la ciudad no se reserva los derechos de exhibir algunas de las películas del festival de cine? En cambio, lo que se programa es un loop infinito de chistes berretas desempeñados por dos cómicos decadentes (Porcel y Olmedo). ¡Ni siquiera la Coca Sarli tiene un lugar en las pantallas marplatenses! ¿Puede ser? Un amigo maledicente describe el centro marplatense como Niza tomada por villeros. La analogía no me gusta demasiado, pero algo de cierto hay, en todo caso, en el abandono de esos edificios diseñados por Bustillo que dominan la Bristol. Es cierto que recuerdan demasiado al fascismo (o, para no llegar tan lejos, al peronismo histórico) pero eso no justifica que con ellos hoy no pueda hacerse nada. ¿No podría el Museo Nacional de Bellas Artes instalar en uno de ellos una sede, para el disfrute de todos nuestros compatriotas? Bien mirada, no son políticas urbanísticas las que Mar del Plata necesita, sino políticas culturales. Pero claro, también allí (sobre todo allí) el peronismo ha sido devastador y, como es de rigor, en La Feliz "se hacen trencitas de todo tipo". Nada más y nada menos.

martes, 1 de febrero de 2005

Ensayo (vespertino) sobre el método

Hugo von Hofmannsthal, en "La carta de Lord Chandos" (1902) ya había propuesto la idea de blog, la conciencia del blogero. Lástima que, después, se quedó sin lenguaje. ¿Nos pasará a nosotros, alguna vez, lo mismo?

"Vuelve a mi memoria ese proyecto. Había en su fondo no sé qué voluptuosidad a la vez sensual y espiritual. Así como el ciervo acosado trata de llegar al río para echarse al agua, ansiaba yo entrar en esos cuerpos desnudos y relucientes, en esas sirenas y dríades, en Narciso y Proteo, Perseo y Acteón: quería desaparecer en ellos y vaticinar por su boca. Quería? Quería muchas otras cosas aún. Pensaba reunir una colección de apophthegmata, igual que Julio César. Recordáis que Cicerón los menciona en una de sus epístolas. Propúseme reunir cuantos apuntes particularmente memorables lograse cosechar en el curso de mi trato con doctos varones e ingeniosas mujeres de nuestra época, o con gente notable del pueblo y de personas ilustres encontradas durante mis viajes; a todo ello deseaba enlazar bellas sentencias y reflexiones de las obras de los clásicos y los italianos, así como otras galas del espíritu descubiertas en libros, manuscritos y conversaciones; y en seguida el programa de fiestas y representaciones especialmente bellos, la descripción de crímenes raros y casos de delirio, de los monumentos más grandes y originales en los Países Bajos, Francia e Italia, y de otras muchas cosas similares. La obra en conjunto debía intitularse Nosce te ipsum.
Por decirlo en pocas palabras: concebía en aquel entonces todo lo que existe como una gran unidad: el mundo espiritual y el mundo físico no eran antitéticos, como tampoco lo eran la urbanidad y la brutalidad, arte y barbarie, soledad y sociedad; en todo vislumbraba la presencia de la naturaleza, en las aberraciones de la locura lo mismo que en los refinamientos extremos de un ceremonial español, en las torpezas de zagales como en las más suaves alegorías; y en la naturaleza todo sentía latir mi propio pulso; cuando en mi choza de caza bebía la leche espumante y tibia que una mujerona desgreñada hacía derramarse en el balde al ordeñar las ubres de una hermosa vaca de dulce mirada, sentía con ello lo mismo que cuando, al pie de la ventana de mi estudio, absorbía yo el dulce y espumante alimento que mi espíritu destilaba de un libro. Lo uno era como lo otro; no iba una cosa en zaga a la otra, ni por su naturaleza incorpórea, como de ensueño, ni por su impetuosidad terrenal. Y así recorría yo la vida entera, a diestra y siniestra; por doquier me encontraba en el centro sin advertir nunca nada que fuera mera apariencia. O bien presentía que todo era parábola, cada criatura una clave de las demás, y me sentía capaz de tomar esas llaves, una tras otra, por el asidero y abrir con ellas todos los sectores. Así se explica el título que pensaba dar a ese libro enciclopédico".

*Incluido en La carta de Lord Chandos y algunos poemas.
Epílogo, edición y traducción de Jaime García Terrés. México, FCE, 1990 (ISBN 968-16-3338-5)

(el texto completo, acá)

Corrrespondencia

"Todos somos negros maricones (queers of color)

La LGTB Community Resources Center de la Universidad de Stanford cataloga la compilación de literatura gay latinoamericana Now the Volcano de la siguiente manera:

Title: Now the Volcano
Author: Leyland, Winston
Published: 1979
Length: 287
Categories: Queers of Color , International Queer Issues , Art and Literature

De modo que los autores incluidos en la compilación -entre ellos, el argentino Nestor Perlongher- son considerados queers of color, lo que se podría traducir como maricones de color. O, en el lenguaje racista local, negros maricones.
Los norteamericenos son fantásticos en eso de desarmar y rearmar la realidad a gusto. Primero te imponen su dicotomía fundamental, blancos&anglosajones&protestantes vs. el-resto-del-mundo, y después te invitan a luchar en contra de esa discriminación que ellos mismos establecieron.
¡Es maravilloso eso de ver parte de la literatura argentina clasificada como literatura de negros maricones! ¿Tendrán razón?

http://www.hayvidadespuesdelos40.bitacoras.com/"

Urban Legends (Ilustrated)

1. La sandía y el vino no deben mezclarse.
(Watermelon and wine must not be mixed)

La imagen ?http://www.phallic.org/watermelon.gif? no puede mostrarse, porque contiene errores.

Balance de un enero agitado

Contra todo lo esperado, enero no fue un mes plácido porque el año terminó con una tragedia cuyos efectos políticos se hicieron sentir a lo largo de todo el mes y nos obligó a seguir de cerca algo más que las banalidades del verano: las banalidades de Ibarra. "Nunca había ocurrido algo así por causas naturales", insiste en decir el alcalde, del cual ya no se sabe si es totalmente tarado o totalmente cínico. Ahora, para "no ser De la Rúa", llama a un plesbicito. Pero el asunto está muy verde porque es por completo anticonstitucional. "Es inconstitucional. Es el pueblo de la ciudad el sujeto activador o propulsor del mecanismo de la revocatoria. Ibarra lo sabe, pero disfraza la mentira. El podría hace una consulta de voto voluntario y no vinculante, pero no lo que propone", opinó Jorge Vanossi. Daniel Sabsay sostuvo que la Constitución no establece la facultad de que sea el jefe de gobierno quien llame a la consulta vinculante. "Ibarra pide al Tribunal Superior que interprete si puede extenderle esta facultad de la ciudadanía al interesado", explicó. No es que Vanossi y Sabsay me sean políticamente simpáticos, pero al menos saben de qué hablan. "El jefe de gobierno no está capacitado para convocarlo [al referéndum], salvo que Ibarra junte el 20% de las firmas. Las reglas son claras", opinó Andrés Gil Domínguez.
La jugada del ibarrismo es clara como el agua (podrida):
"Los ibarristas dicen confiar en el resultado del referéndum. Calculan que los votantes de centroizquierda se alinearán por fuerza con ellos, espantados otra vez ante el posible crecimiento de Mauricio Macri". Otra vez, se supone, habrá que votar por Ibarra para que Macri no gane. Ya la vez anterior, perplejo ante la argumentación viciosa y viciada de nulidad, discutí con mis amigos (muchos de los cuales llegaron a firmar solicitadas). Con esa estrategia, suponía entonces y supongo ahora, no hay manera de construir verdaderas fuerzas progresistas de gobierno en la ciudad de Buenos Aires (queda claro que el ibarrismo, esa podredumbre política, no lo es). La ceguera de entonces (yo no formaba parte del padrón electoral de la ciudad de Buenos Aires en aquel momento) ha costado 200 vidas. ¿Seguiremos votando para que el señor Ibarra siga matando gente y recomendando el uso de cinturones de seguridad en los taxis?
Obviamente, Macri
es lo contrario de la vida ciudadana. Hay que decir lo que es: "un zorrito de peletería" (de esos que las señoras bien llevaban en el cuello antiguamente). Pero, como ya hemos dicho, que Ibarra le haya entregado la ciudad al macrismo es otra de sus culpas y no algo que, ahora, pueda salvarlo de la condena pública que se merece. Por supuesto, los que saldrán a apoyar la permanencia de Ibarra saben que corren no tras un gobierno más justo, más imaginativo, más eficiente y más moderno sino tras las prebendas que el ibarrismo necesita distribuir a diestra y siniestra para poder quedarse hasta el 2007. La verdad, es que dan asco.

Mar del Plata

¿Por qué Mar del Plata me es hostil? Es verdad que yo no conocía Mar del Plata, "La feliz", "La perla del Atlántico", hasta hace pocos años (dos o tres), cuando fui por primera vez, a trabajar. Y es cierto que entonces no me impresionó favorablemente. Pero desde entonces lo he intentado todo: he ido dos y hasta tres veces por año. Podría decirse que mi segunda casa está en Mar del Plata. Pero la ciudad, ofendida, me niega sus favores: nunca, nunca pude disfrutar del "buen clima" marplatense y en cambio, siempre, siempre, sufrí sus peores características: una lluvia persistente e invernal, aunque sea enero, un olor a lobo marino muerto en el aire de tormenta, por todas partes vientos huracanados que impiden caminar. Yo sé que no siempre es así y eso es lo que me subleva: la cosa es conmigo. No es la gente lo que es hostil en Mar del Plata (aunque los lugareños tienen también lo suyo): es la ciudad misma, que se rebela, en general, a las avalanchas turísticas a la que parece estar condenada y, en particular, a mis intentos por sentirme parte del paisaje. Si me molestan mucho tantos desencuentros es porque en el fondo Mar del Plata me gusta y casi podría decir que la conozco bien...
De todas las entradas "chistosas" (y, naturalmente, falsas) que había preparado de antemano, no pude publicar ninguna. Llovió espantosamente, no pudimos ir a ninguna fiesta, no conocimos a nadie, dormimos, comimos y poco más. No teniendo televisión (o mejor dicho: teniendo televisor pero no canales de televisión salvo los locales) ni internet (la opción de los locutorios definitivamente escapa por completo a mi horizonte de posibilidades), leí bastante. El libro de Giorgi, sobre el que ya diré algo. Releí enteramente Qué es la filosofía de D&G y empecé (¡una vez más!) Locus solus. Escribí un poema pseudo-ático que se llama "Quinientos hombres desnudos en la playa esperando el viento" (mejor dicho: ése es su primer verso). Si sobrevive a mis ejercicios de autocrítica lo publicaré en breve.
Anoté en mi libreta (para que vean que realmente me esmero en llevarme bien con la ciudad):
Las pastas de Samsara.
El asado de Tata Juancho.
Las pizzas de Tarantino.
Los churros de Manolo (¡pero nada más que eso!).
Las medialunas de Piazza.
Las empanadas de Los Horneros.
Las margaritas de Pancho Villa.
La olla marinera de La Marina.