viernes, 31 de diciembre de 2004

La última ola (new wave, Los Callejeros, Chabán) atacó también Plaza Once, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Cerca de 200 muertos. 700 heridos.

Recuerdos del cosmobolitismo (o los riesgos de ir a bailar en lugares cerrados)

Recuerdos del cosmobolitismo

POR DANIEL LINK

(publicado en Radar, suplemento de ocios y estilos de Página/12, el 27 de mayo de 2001, subrayados agregados el 31.12.2004)

Cerró Morocco. Tenemos derecho a ponernos sentimentales sobre todo porque el sentimiento que, como se dice, nos embarga, no es tanto la melancolía -por la pérdida de uno de los pocos locales danzantes de Buenos Aires donde siempre (léase: siempre) reinó la felicidad- sino lisa, y llanamente, el miedo. La última noche de Morocco (el pasado sábado 19) terminó con gases lacrimógenos, patrulleros, ambulancias, obreros trabajando, travestis con los tacos rotos y el maquillaje corrido, mujeres cincuentonas descompuestas, níveas adolescentes y jóvenes de ojos glaucos con las miradas irisadas de frustración y calles cortadas. Paradojas argentinas: nunca hasta esa noche pudo verse tanta gente haciendo cola para entrar a Morocco, aun después de que los despavoridos bailarines hubieron abandonado el sótano donde se produjo el atentado. Nadie quería dejar su lugar en esa cola absurda (a esa altura de la noche y de los acontecimientos), como si el anuncio de que cerraba ese "parque temático de la modernidad" hubiera servido para recordar a tanta gente que ésa era la última noche de una época.Y si hacía falta que algo sucediera para que ese baile de clausura no se pareciera a una liquidación de fin de temporada o al mero fracaso de un quiosquito -pero que no haya en Buenos Aires mercado para sostener algo como Morocco es ya una señal de alarma sobre los tiempos que se avecinan-, eso (lo que siempre temimos que pudiera suceder pero que nunca, nunca había sucedido) pasó: gas lacrimógeno en un sótano atestado de personas bailando, travestis atravesadas en las escaleras, la calle Hipólito Yrigoyen destripada como por efecto de una bomba neutrónica: una escenografía de distopía futurista. En noviembre de 2000, Morocco había cumplido siete años, a lo largo de los cuales impuso un estilo en la noche de Buenos Aires. Mientras en el piso de arriba se sucedían con frenesí el tango, el merengue, la salsa y la cumbia como una invitación al tacto, al olfato y al gusto, abajo sonaban -en una de las más hermosas pistas de baile, con el techo abarrotado de pequeñas bolas de espejo- todas las variedades de música electrónica: Romina Cohn, Dany Nijensohn, Dr. Trincado, Carla Tintoré y Diego Ro-k volvieron célebre en el mundo entero la pista de Morocco, al tiempo que ellos mismos crecían hasta convertirse en los mejores DJs argentinos. Entre los extranjeros que amenizaron las veladas de Morocco se pueden nombrar a Herbert, los Pan Sonic, Michael Mayer, Laurent Garnier, DJ Hell, Eric d Clark y Angel Molina, pero seguramente la lista es mucho más larga. Recitales de Charly, Fito, Leo, Flor de Piedra o Antonio Ríos, la Revista de Morocco, La moribunda de Urdapilleta y Tortonese, charlas de Escohotado sobre consumo de drogas, shows de transformistas, tragos con complejos vitamínicos, fiestas "ideológicas" de Agencia de Viajes: todo cabía en la imaginación de Diana Ruibal, superviviente de la "Primera Junta" de Morocco, integrada en aquellos primeros tiempos -cuando las paredes de la discoteca estaban engalanadas por una colección de banderines de los diferentes clubes de fútbol argentinos, colgada por Sergio Lacroix, y el restaurante-salsódromo era una creación de Sergio De Loof- también por Alaska y otros socios. Hacia las dos y media de la mañana de ese domingo infausto, Romina Cohn pasó uno de sus mejores sets. Después fue el turno de Trincado, que arrancó con un viejo tema de All That Jazz, "After You've Gone", y siguió con una batería capaz de conmover (si hubiera hecho falta) a las piedras. Trincado sabe hacer bailar como pocos en el mundo, pero tuvo que competir con ese humo que él no había programado y cuyo olor picante y nauseabundo la mayoría reconoció de inmediato. Entonces, por primera vez en la historia, la gente abandonó la pista de Trincado. Afuera, en la calle cortada, los obreros no dejaron de trabajar ni levantaron las vallas. Los patrulleros y las ambulancias entraban a contramano por Hipólito Yrigoyen porque en la esquina de Tacuarí una mezcladora les vedaba el paso. Los tacos altos y las pelucas rubias se mezclaron con los uniformes, pasó un señor en bicicleta, vestido con shorts y buzo de lamé plateado, y los que todavía esperaban algo de la noche iban y venían como si algo los llamara a una esquina u otra. Y todavía seguía llegando gente. Morocco se parecía mucho a una Argentina utópica (a una nave lanzada hacia el futuro del mundo), donde todas las tribus podían encontrar su lugar en el mundo y donde las más exquisitas cruzas y figuras híbridas podían darse cita. En Morocco (con Morocco), uno podía sentirse seguro, interpelado, feliz, cosmobolita (el cosmopolitismo tercermundista al que podemos aspirar). Pero con esa fiesta de clausura, la utopía ya había sido cancelada. Lo que vendrá (y que ya se anuncia en las tapas de las revistas) no necesita de Morocco ni de disfraces exóticos ni de cohabitaciones aberrantes. Lo que vendrá abomina de las mezclas, la diferencia, la intensidad y la tolerancia. Y a ese porvenir -que es la causa retrospectiva de que Morocco cierre como si se tratara de un culto herético, clandestino y al margen de la Ley-, cómo no tenerle miedo. A las cuatro y media de la mañana, entre Tacuarí y la 9 de Julio, una topadora llenaba de tierra las zanjas en Hipólito Yrigoyen. Estaban enterrando una época.

jueves, 30 de diciembre de 2004

Anoche...

velada encantadora. Para festejar el cumpleaños de S., comimos en la Costanera Sur. Después, en grupo, pasamos por La Marshall y milongueamos un rato. Terminamos, los poco que supimos mantenernos en pie, jugando a los dados en La Academia. Gané, claro que sí: una generala servida de 5, en el momento decisivo.

miércoles, 29 de diciembre de 2004

Diario de un televidente

¡Lo que me estoy perdiendo! Pero no se puede estar en todo...

Brillante...


Indecoroso

Hace un tiempo, como puede leerse aquí, Mme. Oswalda me retó por haber posado indecorosamente con una estatua. Miles de manos, sin embargo, anduvieron sobando las partes de Giulietta en Verona y de Victor Noir en París y la mojigata nunca dijo nada...

Sociales

Una revista de cultura que presume de fina (y cuyo nombre callaré para evitar represalias posteriores) me envía una salutación de fin de año completamente indelicada: en el jpg urdido por una mente destemplada se agradece a lectores, amigos y anunciantes por igual. ¿Según qué criterio caben en la misma bolsa los amigos, los lectores y los anunciantes? Francamente, hay que ser careta y tarambana (y tener mala conciencia y una concepción de las intervenciones culturales completamente obediente de las reglas de la mercadotecnia) para cometer un error semejante. Bastaba con diseñar dos mensajes distintos y enviarlos a diferentes listas. Suelo contestar todos los mensajes (¡Gracias! ¡Igualmente!), porque no me cuesta nada, pero a éste directamente lo borré sin miramientos. ¡Qué gentuza!

Perfiles

Los diarios anuncian la muerte de Susan Sontag, a los 71 años. Ninguno consideró necesario gastar un centavo en una buena foto (por ejemplo ésta, de Annie Lebovitz) y nadie se quedó sin dormir para escribir un obituario que se saliera de lo meramente protocolar. En La Nación la recuerda Luisa Valenzuela. En Página/12 , también (además de Graciela Speranza, Graciela Gliemmo y Tomás Abraham), en Clarín , Márgara Averbach.


Tsunami

No hay que subestimar los poderes de la naturaleza, pero no son los más aterradores. Cien mil muertos, dicen. La mayoría de ellos, no nos engañemos, porque vivían en condiciones miserables. Hoy, en la tele, el testimonio de un argentino que estaba en un Resort polinesio. La ola llegó hasta el segundo piso, pero ellos ya estaban en el tercero (la mujer incluso tuvo tiempo de agarrar la cartera y él de buscar los pasaportes en la caja de seguridad de la habitación). Mucho más grave que el furor de Gea es el escándalo de la desigualdad. Sin ir más lejos, yo tengo el clima completamente controlado con el weather channel. El mundo es triste, cada vez más, y nadie parece querer hacer nada para cambiarlo.

martes, 28 de diciembre de 2004

Para acabar de una vez por todas con Word

por Richard Stallman

¿No es odioso recibir documentos de Word en mensajes de correo electrónico? Los archivos adjuntos en formato Word son molestos, pero, peor que eso, impiden que la gente se pase al software libre. Quizás podamos detener esta práctica mediante un sencillo esfuerzo colectivo. Todo lo que debemos hacer es pedirle a cada persona que nos envía un archivo en Word, que reconsidere esa manera de hacer las cosas.
La mayoría de los usuarios de computadoras utiliza Microsoft Word. Eso es desafortunado para ellos, ya que Word es software privativo, niega a sus usuarios la libertad de estudiarlo, cambiarlo, copiarlo y redistribuirlo. Y como Microsoft modifica el formato con cada nueva versión, sus usuarios están encerrados en un sistema que los insta a comprar cada actualización, ya sea que necesiten un cambio o no. Hasta pueden encontrarse conque, dentro de varios años, los documentos que están escribiendo este año ya no podrán ser leídos con la versión que utilicen entonces.
Pero nos duele, también, cuando suponen que usamos Word y nos envían (o nos exigen que les enviemos) documentos en formato Word. Algunas personas publican documentos en formato Word. Algunas organizaciones sólo aceptan archivos en formato Word: alguien que conozco no pudo presentarse a un trabajo porque las solicitudes tenían que ser archivos de Word. Hasta los gobiernos a veces imponen el uso del formato Word al público, lo cual es verdaderamente ultrajante.
Para nosotros, usuarios de sistemas operativos libres, recibir documentos de Word es una contrariedad. Pero el peor impacto de enviar formato Word recae sobre la gente que podría pasarse a sistemas libres: ellos dudan porque sienten que deberán tener un Word disponible para leer los archivos Word que reciban. La práctica de usar el formato secreto Word para intercambio coarta el crecimiento de nuestra comunidad y la diseminación de la libertad. Si bien notamos la molestia ocasional de recibir un documento de Word, este daño continuo y persistente a nuestra comunidad usualmente no nos llama la atención. Pero ocurre todo el tiempo.
Muchos usuarios de GNU que reciben documentos de Word buscan el modo de vérselas con ellos. Puedes arreglártelas para descubrir el texto ASCII, algo ofuscado, examinando el archivo. Ahora hay software libre capaz de leer cierto subconjunto de documentos de Word. El formato es secreto y no ha sido enteramente decodificado; en tanto Microsoft siga cambiando el formato, no podremos esperar que estos programas sean perfectos.
Si crees que el documento que recibiste es un evento aislado, es natural intentar solucionar el problema por tu cuenta. Pero cuando lo reconoces como una instancia de una práctica sistemática perniciosa, necesitas un abordaje diferente. Arreglártelas para leer el archivo es tratar un síntoma de una enfermedad crónica. Para curar la enfermedad, debemos convencer a las personas de que no envíen o publiquen documentos de Word.
Durante alrededor de un año, acostumbré responder a los archivos adjuntos de Word con un mensaje amable explicando por qué la práctica de enviar archivos de Word es algo malo, y pidiéndole a la persona que me reenvíe el material en un formato no secreto. Esto es mucho menos trabajoso que intentar leer el ofuscado texto ASCII en el archivo Word. Y encuentro que la gente usualmente entiende la cuestión, y muchos dicen que no volverán a enviar archivos de Word a otros.
Si todos hacemos esto, lograremos un efecto mucho mayor. La gente que ignora un pedido amable puede modificar su práctica cuando reciba múltiples pedidos amables de varias personas. Podemos ser capaces de dar al "no envíe formato Word" el estatus de netiquette, si comenzamos a exponer la cuestión sistemáticamente a cada uno que nos envía archivos de Word.
Para que este esfuerzo sea eficiente, probablemente querrás elaborar una respuesta enlatada que puedas enviar rápidamente cada vez que sea necesario. He incluido dos ejemplos: la versión que estuve usando recientemente, seguida de una nueva versión que enseña a un usuario de Word cómo convertir a otros formatos útiles.
Puedes usar estas respuestas literalmente si quieres, o puedes personalizarlas o escribir las tuyas propias. Sobre todo construye una respuesta acorde a tus ideas y a tu personalidad (si las respuestas son personales y no todas iguales, eso hará que la campaña sea más efectiva).
Estas respuestas están destinadas a individuos que envían archivos de Word. Cuando encuentras una organización que impone el uso del formato Word, eso exige un tipo diferente de respuesta; ahí puedes alzar cuestiones de justicia que no se aplicarían en un caso de accionar individual.
Dado el tamaño de nuestra comunidad, con sólo pedir, podemos hacer la diferencia.

Usted envió el archivo adjunto en formato Microsoft Word, un formato privativo y secreto, por lo que yo no puedo leerlo. Si Usted me envía el texto puro, HTML o PDF, entonces yo podré leerlo.
Enviar a la gente documentos en formato Word tiene efectos perniciosos, porque esta práctica los insta a utilizar software de Microsoft. En efecto, Usted se convierte en un sostén del monopolio de Microsoft. Este problema específico es un gran obstáculo a la adopción más amplia de GNU/Linux. ¿Podría, por favor, reconsiderar el uso del formato Word en la comunicación con otras personas?


Usted ha enviado el archivo adjunto en formato Microsoft Word, un formato privativo y secreto, por lo que me resulta difícil de leer. Si Usted me envía texto puro, HTML o PDF, entonces podré leerlo.
Distribuir documentos en formato Word es malo para Usted y para otros. Usted no puede asegurarse de que se verán igual si alguien utiliza otra versión de Word; hasta puede resultar imposible abrirlos.
Recibir archivos adjuntos en Word es malo para Usted porque pueden acarrear virus (ver http://www.symantec.com/avcenter/venc/data/acro.html). Enviar archivos adjuntos en Word es malo para Usted porque un documento de Word normalmente contiene información oculta acerca del autor, permitiendo que sean espiadas las actividades del autor (acaso las de Usted). Texto que Usted creyó haber borrado puede permanecer embarazosamente presente. Ver http://www.microsystems.com/Shares_Well.htm para más información.
Pero sobre todo, enviar documentos de Word a las personas las insta a utilizar software de Microsoft y ayuda a negarles cualquier otra opción. In efecto, Usted se convierte en un sostén del monopolio Microsoft. Esta presión es un gran obstáculo contra la adopción más amplia de software libre. ¿Podría, por favor, reconsiderar el uso del formato Word en la comunicación con otras personas?

Convertir el archivo a HTML es simple. Abra el documento, haga click en Archivo, después en Guardar como, y, en la opción Guardar como tipo, en la parte inferior de la ventana, elija Documento HTML o Página Web. Después elija Guardar. Entonces Usted puede adjuntar el nuevo documento HTML en vez de su documento Word. Note que Word cambia de manera inconsistente (los nombres de los ítems en sus menús pueden ser ligeramente diferentes, por favor intente con ellos).
Convertir a texto puro es casi lo mismo (en vez de Documento HTML, elija Sólo texto o Documento de texto en la opción Guardar como tipo).


Este es otro enfoque, sugerido por Bob Chassell. Requiere editarlo para el ejemplo específico, y supone que tienes un modo de extraer los contenidos y ver cuánto pesan.

Estoy intrigado. ¿Por qué has elegido enviarme 876.377 bytes en tu último mensaje cuando el contenido es de sólo 27.133 bytes?
Me has enviado cinco archivos en el formato no estándar, inflado, .doc que es un secreto de Microsoft, en lugar del formato internacional, público y más eficiente, el texto puro.
Microsoft puede (y lo hizo recientemente en Kenia y Brasil) hacer que la policía local fuerce el cumplimiento de leyes que prohiben a los estudiantes estudiar el código, prohiben a los emprendedores iniciar nuevas compañías, y prohiben a los profesionales ofrecer sus servicios. Por favor, no les des tu apoyo.


Copyright © 2002 Richard M. Stallman
El copiado exacto y la distribución de este artículo completo se autorizan sin cargo, en cualquier medio, siempre que la nota del copyright y esta nota se conserven.

Verano del 59



Ella, una de las mujeres más lindas de la historia del cine, una belleza pesada que ha conocido todos los excesos, está sentada en un bar de mala muerte en una playa seguramente latinoamericana, como si estuviera en alguna piazza esperando su capuchino, perdida, ignorante de lo que sucede, sin saber la profundidad moral de su hundimiento. La acompaña un hombre. O mejor dicho: ella acompaña a un hombre. Su trabajo es acompañarlo y -lo sabremos al final de la truculenta pieza de Tennessee Williams Súbitamente el último verano- servirle de pantalla para sus cacerías homosexuales. Presa como está de una vida falsa, ella no ve las manos de la miseria, pidiendo (reclamando) detrás de una alambrada. Elige no mirar esos cuerpos deshechos de rencor, pero no puede no oírlos gritar, aunque no los comprenda. Hay una tensión en su cara y en la mano apoyada sobre su pecho y esa tensión expresa como ningún otro signo los dramas de la conciencia que el Arte del siglo xx utilizó como motor. De algún modo, ella comienza a comprender el papel que juega en la tragedia de ese hombre, hasta dónde sería capaz él de llegar para satisfacer sus apetitos y el valor de un par de monedas en un país subdesarrollado. Lo que ninguno de los dos ha calculado -es 1959, y Súbitamente el último verano comparte estrellato fotográfico con el ascendente Fidel Castro- es el furor de esos cuerpos al borde de la humanidad, fuera de cuadro. Esos que terminarán por matar al hombre a pedradas y devorarán sus restos, en un acto que relaciona canibalismo, lucha de clases y deseo tan melodramáticamente como ninguno de los herederos de la imaginación barroca y el extraño sentido del humor de Tennessee Williams -Almodóvar, Fassbinder- se hubieran atrevido a postular. La tragedia envuelve a esa mujer atrapada en una red de mentiras ajenas. El pecado de todos los personajes involucrados en el drama es precisamente la frivolidad: haber quedado presos en un sistema de convenciones ajenas, de los otros. Sólo un milagro (la verdad) salvará a la bella de la cárcel o la lobotomía. A los otros, no los salva ni Castro.

Un poema viejo

Bahía Blanca

Este poema integra el ciclo Psicopatologías. Durante tres fines de semana coordiné en Bahía Blanca un taller para poetas. Uno de los ejercicios que propuse a los participantes fue que escribieran un poema que se llamara "Bahía Blanca". Ésta es mi propia respuesta a esa consigna. Robé, de sus versiones, algunas imágenes recurrentes.

Para Pamela

La última vez, antes de ahora,
Fue en Berlín.
Perdoname Pablo, fue en Berlín.
Íbamos
vos y yo,
Muertos de frío y de desesperanza
Por las calles de Kreuzberg,
Ansiando un vino tinto, una emoción argentina,
El íntimo cuchillo en la garganta.
Y oímos, detrás de una cortina espesa de mugre
-empezaba el año noventa y tres, y fue en Berlín-
La presentación de Sonia (o Isabel, o Sandra, o a lo mejor Susana)
Que iba a cantar para un grupo de
Ensimismados borrachos alemanes y turcos
Canciones del otro lado del Atlántico,
El nuestro,
La zamba de la esperanza
Que no teníamos entonces ni tenemos ahora.

Muertos de frío entramos, esperamos, escuchamos
La trama tramposa del los mohines impostados
Y vimos el maquillaje enfático,
La estupidez de los borrachos alemanes y turcos,
El espectáculo muerto de hambre,
Apenas sostenido por un exotismo alimentado
A fuerza de alcohol, desesperanza y frío.

Hacernos invitar a su hotelucho fue fácil.
Miraste cómo hacía lo que yo quería,
Lo que estaba mandado que yo hiciera
Con Sonia (Isabel, Sandra, o Susana).
Me hiciste prometer que nunca más,
Pablo
(¡perdoname, perdoname!).
Fue la última vez,
Antes de Bahía Blanca,
En un hotelito siniestro de Kreuzberg
Que me embriagaba sólo con el olor a gas lacrimógeno
Y el ruido de sirenas policiales
Que entraba por la ventana de doble vidrio,
Cerrada como estaba.
Isabel, o Sandra, o Sonia, apenas se quejó.
No sé si fue feliz.
La dejamos desnuda, abierta en dos,
Sobre la cama.
Y te prometí que nunca más, Pablo,
Nunca más.
"La cadena", ordenaste, "tiene que cortarse".

Pero ocho años después de Hamburgo,
Praga, Berlín, Madrid, Asunción y Bogotá,
Llegué a Bahía Blanca solo
Con una misión secreta
Que el Ministerio de Aguas
me había encomendado.
"Bahía Blanca se pudre por dentro", me dijeron.
"Fijate cómo resolverlo", me ordenaron.
Y vine a esta ciudad que se pudre por dentro.
Y el destino y el frío, y la desesperanza
Me pusieron delante de otra cortina espesa de mugre,
Estupidez, maquillaje enfático, alcohol,
Tramas tramposas, aburrimiento y frío.
Entré con mi cajita del vicio
En el bolsillo interior de la campera:
Droga, guante de látex,
Hilo de nylon,
Banditas elásticas,
El cortaplumas suizo que me regalaste.
¡Perdoname, perdoname!
"La cadena
Tiene
Que cortarse".

Pamela habló, bailó, fingió cantar.
Excitó la parte sepultada de mí
Después de Kreuzberg, Praga, Berlín y Bogotá.
Fue fácil que me invitara
A su departamento siniestro
Que me embriagó con su olor a cloro industrial y pis de gato.
Respondió a mis reclamos eróticos.
Excité su deseo de aventuras
(para ella, yo era un exótico extranjero
venido del otro lado del Atlántico).
No sé si era feliz.
Ronronee en su oído,
Con mi mejor voz,
Palpando la cajita del vicio
En el bolsillo interior de mi campera.
"Vas a ser mi puta",
"Voy a hacerte todo lo que quiero,
lo que estoy mandado a hacerte,
lo que nadie te hizo".
Sus lentillas de colores
Quedaron sobre la mesa.
Mientras las drogas empezaban a afectarnos
Pamela se desnudaba para mí.
"Así, putita".
Casi toda desnuda, me ofreció sus glúteos
Podridos por dentro,
Con ese olor a cloro industrial y pis de gato
Que me afiebró de entrada
Y que yo estaba obligado a resolver.
Su vocabulario era tan limitado
Como el de Kreuzberg, Hamburgo o Bogotá.
Le expliqué lo que era "perineo".
Busqué su perineo, lo acaricie,
Le prometí la lengua,
El goce inaudito,
Toda la zamba de la esperanza
Que ansiaba que alguien le ofreciera.

Pamela se acostó boca abajo,
Ofreciéndome sus glúteos enfáticos,
Su estupidez, su trama tramposa.
Le dije que no.
"Date vuelta putita, quiero verte la cara".
El hilo de nylon en sus muñecas,
El cortaplumas suizo en mis manos de látex
Enguantadas.
"Ahora voy a desnudarme"
Ronronee en su oído espeso de mugre
Y podrido por dentro.
Su excitación apenas toleraba
(¡Perdoname, Pablo,
Perdoname!)
las aspiraciones a las que la sometía.
"Pamela,
voy a hacerte lo que nunca
nadie te hizo".
Até sus testículos almendrados
con una banda elástica.
Tres vueltas y la circulación sanguínea se detuvo.
"Vas a ser mi puta"
Mientras lubricaba con su saliva y mis dedos de látex
Su escaso vocabulario, su estupidez, su perineo.

La ablación de testículos es un juego de niños.
Una incisión en el escroto,
Un corte rápido en los conductos espermáticos.
Tu cortaplumas suizo, Pablo, ¡perdoname!,
Hizo todo el trabajo por mí.
Pamela casi disfrutaba.
Se asustó cuando le mostré lo que le había cortado,
Esas almendritas podridas por dentro
Que hubiera preferido no cargar a lo ancho del mundo.
"Y ahora voy a trabajar tu perineo"
Ronronee en su oído mientras ponía contra su boca
El algodón empapado de drogas.
El cortaplumas suizo trazó una raya de sangre.
Seguí cortando, tallé los labios mayores
Con la piel ensangrentada de su perineo.
Seguí cortando detrás del cuerpo cavernoso:
Músculos, carne, Pamela, mi amor,
Le hice todo lo que estaba llamado a resolver.
No perdió la conciencia ni el vocabulario limitado.
Pálida, se desangraba.
Yo no podía más de excitación, estaba en riesgo.
Una gota invisible de esperma hubiera bastado
Para el examen de ADN.
"Pamela, mi puta"
Ronronee en su oído
"Vas a morir como una mujer que sangra ritualmente".
La sangre de su perineo empapaba la cama.
Sus piernas exhaustas se abrían como una bahía.
Su maquillaje enfático corría
En hilos de lágrimas de cloro industrial.
El último tajo hizo volar su arteria por el aire
Y un chorro de sangre dibujó
En la pared miserable de su cuarto
Un Jackson Pollock.

Me vestí y salí en silencio.
Pamela iba a morirse de ritual, sin sangre, una hora después.
Para la ciudad que se pudría por dentro,
Yo era un extranjero del otro lado del Atlántico.
Y había traicionado una promesa.
¡Perdón, Pablo, perdón!
Ansiaba la patria,
El íntimo cuchillo en la garganta,
Y una orden confusa me obligó a olvidarme
De Kreuzberg, Bogotá
Y el reclamo que había aceptado de tu boca:
La cadena tenía que cortarse.
Pero ahora sigue, y va a seguir.
Me voy de esta ciudad que se pudre por dentro.
Mi informe va a decir:
"Bahía Blanca se pudre por dentro.
Busqué en sus profundidades las razones del
Olor a cloro industrial y pis de gato.
Pero a decir verdad,
No pude averiguar la causa".
Fuera de informe: el frío que sentí,
Y la desesperanza,
Y la cajita del vicio.
Perdón, Pablo, perdón.
Ando, furtivo, por Recife.
Salí a caminar con la cajita del vicio
En el bolsillo interior de la campera.
Tarareo, sí, la zamba de la esperanza.
La cadena tendría que cortarse.

Bahía Blanca, agosto de 2001

lunes, 27 de diciembre de 2004

Citaciones

En Cómo se escribe una tesis, Umberto Eco incluye un apartado sobre "Cómo evitar ser explotado por el director de tesis". Le faltó agregar un apartado sobre "Cómo evitar ser explotado por el tesista". Leo un informe de investigación de uno de mis tutelados. Hay párrafos enteros que sólo pueden salir de mis clases publicadas. Leo un artículo de otro, del cual podría decir lo mismo (no, miento: aquí incluso aparecen párrafos que he publicado en diarios y revistas). En ninguno de los dos casos, por supuesto, aparezco citado.
Lo único que me importa es la indelicadeza del gesto porque, por otro lado, soy de los que repiten cada tanto la frase "Qué importa quién habla". Y además no es tampoco agradable andar controlando la fidelidad de las interpretaciones ni el centimetraje que se nos dedica. Cuando yo era joven, me parece (o mistifico), me interesaba sobre todo indicar con los nombres propios que citaba la tradición crítica en la cual quería inscribirme (o pensaba, temerariamente, que podía inscribirme). Parece que hoy no: lo que importa son los protocolos burocráticos de la investigación y quedar bien con los evaluadores...
Por eso me resulta siempre paradójico que tanto en la carrera docente como en la de investigación insistan con la importancia de la "formación de recursos humanos". No hace falta el tutelaje de uno para que anden llevando nuestra palabra lejos, bien lejos (y aún contra nuestra voluntad: eso es el Rapto y eso también es el Don), como siempre quisimos que sucediera.

Absurdo

Según el Manifiesto comunista, la modernidad habría "ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta". Desde una perspectiva teórica e ideológica bien diferente, Max Weber llamó Entzauberung a ese proceso de desencantamiento del mundo: el triunfo de la racionalidad formal o instrumental, que organiza las acciones sociales con arreglo a fines, supone la pérdida de valores.
Abrevando en ambas tradiciones, la Escuela de Frankfurt no hizo sino plantear un análisis de las nuevas realidades históricas derivadas de ese progresivo triunfo del cálculo: el autoritarismo, la transformación de los conflictos sociales en las sociedades altamente industrializadas, la cultura de masas.
Las sucesivas transformaciones culturales que dieron forma al siglo XX no hicieron sino potenciar la necesidad de integrar al examen crítico de las transformaciones culturales (se trate de la subjetividad política, el universo del trabajo, el ocio, los modos de relación social o las tecnologías de la reproducción) con una teoría del valor: la ontología del presente no puede, sin riesgo, autonomizarse de una axiología.
La aceleración de la historia hacia fines del siglo XX y las violentas transformaciones que marcaron el pasaje de una época a otra volvieron imprescindible la elaboración de una teoría axiológica coherente y lo suficientemente amplia como para poner en conexión la múltiple expresión de los valores. La relación que guardan los valores con problemas globales (con el mercado, con la tolerancia política, con el desarrollo de la ciencia, etc.) no ha dejado de ser interrogada por los investigadores de las últimas generaciones (en la línea inaugurada por Marx o en la estela de Weber).
En todo caso, hoy se ha vuelto imposible sostener el reduccionismo que desvinculaba los procesos de modernización tecnológica de los contenidos de naturaleza originariamente social, analítico-social o económico-crítica. Una modernización centrada en una lógica puramente tecnológica, que piense que ha alcanzado el final de la metamorfosis de las formas sociales, a través de la economía de mercado o de las formas actuales de democracia, se descalifica a sí misma.
Como ha señalado Robert Kurz (Marx Lesen. Frankfurt, Eichborn, 2001), la aparente racionalidad de la modernidad sólo representa, en cierto modo, la racionalidad interior de un sistema absurdo objetivado: una especie de creencia secularizada en cosas que se manifiesta en el generalizado sistema de producción de mercancías, de sus crisis y sus consecuencias destructivas para el ser humano y la naturaleza. En la autonomización de esferas propia de la modernidad, la lógica del dinero se opone a los seres humanos, a su propia sociabilidad, al mundo entero de los valores, como un poder extraño y exterior.
El escándalo actual consiste en que esa fantasmagórica y destructiva autonomización de las cosas muertas tomó la forma de la obviedad axiomática. Y ese escándalo se duplicó en las agudas crisis institucionales que esa autonomización desencadenó (como el "caso argentino" no hizo sino plantear dramáticamente).

domingo, 26 de diciembre de 2004

Social & Familiar

Escribo sólo para decir que sobreviví a otra navidad. Lo que no significa demasiado, porque lo peor será el "balance de fin de año". Ahora empiezo a arrepentirme de no haber programado vacaciones. Otra vez será...

viernes, 24 de diciembre de 2004

Social & Familiar

En un rato salgo a buscar a los chicos para ir a la quinta, donde pasaremos la nochebuena. Parece que va a ser una noche tormentosa. Y mañana amenaza estar igual. Habrá que olvidar los planes de abrir la pileta, poner las luces en el parque e instalar las hamacas y reposeras. En el campo, pero como si no lo estuviéramos... Por supuesto, si verdaderamente llueve todo lo que está previsto (en este momento un viento endemoniado arrastra objetos por las calles y se escuchan portazos y gritos entre la algarabía y el pánico) ni sentido tiene plantearse salir a fiesta alguna de todas las que habrá más tarde. Ayer, S. hizo la cola para comprar el pan dulce de Plaza Mayor. Yo no hubiera sido capaz de tanta tenacidad navideña.

Otra vista desde el balcón. Fotos: Sebastián Freire

Tita Merello asomada a la ventana del rincón de los secretos.
Cocina y vista parcial del rincón de los secretos.
Un cielo temperamental
Algunas imágenes de Mar del Plata: vista desde el balcón