domingo, 14 de enero de 2007

Correspondencia

Las palabras y las cosas
A propósito de una nota amarilla

El diario Clarín del día de hoy decidió hacerse eco de un "anónimo" que, según el propio matutino, fue dirigido a los medios de comunicación desde "fuentes" de la Biblioteca Nacional. Lo hizo a través de una nota, que firma Patricia Kolesnicov, titulada "La denuncia sobre la Biblioteca Nacional tenía varios párrafos copiados". En ella, haciendo gala del peor amarillismo periodístico, se anuncia con grandes titulares que mi carta de renuncia al cargo de Subdirector de la Biblioteca Nacional dirigida al Secretario de Cultura el pasado 27 de diciembre "copia", sin citarlos, párrafos de un diario español?

Mi carta de renuncia consiguió hacer público un cuadro crítico de la Biblioteca Nacional con datos y referencias precisas sin apelar al método de la denuncia ni a imprecisas y oscuras fuentes. Es que a diferencia de otras bibliotecas del mundo, nuestra Biblioteca Nacional no produce ni difunde estadísticas ni análisis sobre su funcionamiento ni sobre los servicios que brinda (como la relación entre presupuesto e inversión tecnológica, o sobre el crecimiento de su patrimonio, o sobre el crecimiento o decrecimiento del número de lectores, etc.). Por eso, para la elaboración de mi Informe de Gestión y de mi carta de renuncia era imprescindible articular los datos relevados in situ en la Biblioteca Nacional durante un año de gestión con las más diversas fuentes disponibles. Acudí, pues, a los precisos informes de la SIGEN; al informe no menos crítico sobre la Biblioteca Nacional elaborado por el director Elvio Vitali para la conferencia de prensa brindada en setiembre de 2004; a las páginas web de ABGRA, de ABINIA y de varias bibliotecas nacionales latinoamericanas y al dossier de debate sobre el rol de la Biblioteca Nacional española, entre muchos otros textos. No se trata de textos de investigación o creación literaria firmados por un autor, sino de documentos públicos institucionales, que usé libremente tomando datos y descripciones de procesos técnicos sobre las bibliotecas de nuestro país y de todo el mundo. Al no tratarse de ideas originales de un autor personal ni colectivo, hubiese sido ridículo entrecomillar y citar al pie la fuente de datos o de descripciones de procesos técnicos, por otra parte no exclusivas de dichas fuentes.

De 9 páginas a espacio simple de mi carta y de 40 páginas en igual formato de mi Informe de gestión, la "fuente" de la Biblioteca Nacional detecta tres párrafos -en verdad, cuatro oraciones- de descripción de procesos técnicos bibliotecológicos "copiados" del debate sobre el rol de la Biblioteca Nacional española. Por mi parte, para regocijo de la prensa amarilla, podría añadir que "copié" (cierto que en forma abreviada) un párrafo con información sobre la Biblioteca Nacional de Brasil de su página web, que los datos de las Bibliotecas Nacionales de Chile y México están "copiados" de la página de ABINIA... Ahora, bien, ¿qué es lo que prueba esto? ¿En qué desmerece el cuadro crítico de situación por mí presentado? Como todo texto, también mi carta puede ser leída como un palimpsesto y desmenuzada frase por frase buscando influencias, citas ocultas, ecos de otros textos... Que lo haga quien lo quiera hacer, no tengo fuentes oscuras que ocultar, pero ¿vale la pena tomarse semejante trabajo? ¿En aras de qué? Mi carta no es un texto literario que reclama originalidad frase por frase, sino un diagnóstico crítico que busca dar cuenta de una realidad institucional penosa. Lejos de ser original, este diagnóstico es compartido por casi todo el campo bibliotecológico, no sólo de nuestro país sino del mundo entero. No pido otro mérito que la responsabilidad de haberlo hecho público aún sabiendo que esos gestos no se perdonan y exponen a su autor a este tipo de mezquindades.

Hasta el momento, nadie desmintió mi diagnóstico crítico de la Biblioteca Nacional. Es más, el campo de los investigadores lo avaló públicamente porque vio reflejada en mis palabras su propia y penosa experiencia. El propio Director también lo reconoció públicamente al admitir que se trataba de "males conocidos". Incluso los ensayistas y los periodistas de la izquierda populista que avalan la gestión del Dr. González hacen grandes gestos a favor de la dimensión simbólica de la Biblioteca Nacional, pero evitan referirse al cuadro crítico de tal institución en tanto que biblioteca (es comprensible, por otra parte, que quienes más padecen el mal servicio que presta la Biblioteca Nacional sean los que quieren leer y no tanto que acuden a conferenciar?).

Pero, volviendo al punto, la Dirección de la Biblioteca Nacional, no pudiendo desmentir el diagnóstico, se ha propuesto desprestigiar a quien se atrevió a formularlo y hacerlo público. Aunque sin asumirlo directamente, acude al método soez de la acusación, sugiriendo un "plagio" donde no lo hay ni podría haberlo. Desde luego, es más tranquilizador creer que el cuadro de la situación que presenta mi carta es un puzzle de críticas tomadas de textos de otros países, que aceptar que los argentinos nos tenemos que conformar con la Biblioteca Nacional de la República de Feudalia. Pero como no subestimo a la opinión pública, no creo que esta penosa manipulación logre desenfocar el tema de fondo. Sin duda, se trata de buscar un reemplazante en la Subdirección, archivar el expediente y esperar que el episodio pase al olvido. Por mi parte, hago votos porque el debate prosiga, pero el debate en serio. Porque a diferencia de otros momentos en que la Biblioteca Nacional se instalaba en los medios a partir de escándalos y denuncias de todo tipo, aquí se ha abierto un debate bibliotecológico, intelectual y político con el suficiente vigor como para convocar a los más diversos actores. La prosecución del debate necesita de una prensa seria, a la altura de semejante cometido.

El reciente nombramiento de la Bibliotecóloga Elsa Barber como Subdirectora de la Biblioteca Nacional es un acontecimiento histórico en la propia institución y en el país. Es una profesional de gran probidad y capacidad. Pero necesitará un gran apoyo para emprender la normalización institucional, la informatización de todos los procesos bibliotecológicos y la mejora en la atención al público lector. Si no lo obtiene, se repetirán las mismas contradicciones y se alzarán los mismos obstáculos que me llevaron a renunciar en diciembre pasado. Para la ciudadanía, el mejor modo de acompañar su gestión será mantener vivo el debate público. Ojalá la Subdirectora pueda contar entre sus respaldos con una opinión pública alerta, que siga discutiendo la misión de una Biblioteca Nacional a la altura de los tiempos.


Horacio Tarcus

Buenos Aires, 13 de enero de 2007


6 comentarios:

Anónimo dijo...

El link puesto en el post de hoy (domingo 14) en relación a la carta de Tarcus remite graciosamente (por decirlo así) a la nota de Beatriz Sarlo en vez de a la de P. Kolesnicov.
Un saludo,
Ema

Carmen Sternwood dijo...

¡Tarcus! ¡No citar las fuentes! ¡Caramba! Me decepciona, me defrauda, me quita toda la ilusión de transparencia que quiso transmitir en cada una de sus declaraciones. Él, tan prolijo, tan obsesivo, tan dado a las legitimidades, a la claridad. Un gran archivista, inmaculado historiador que aboga por la verdad, que es tan fiel a las fuentes, a la documentación, a las citas (lo recuerdo como profesor, era intemperante a la hora de recibir un trabajo y no lo aceptaba a no ser que estuviera bien documentado y citado), se olvida al redactar su documento de renuncia de citar el artículo del diario español ABC, periódico que responde a la derecha española, aclaremos para los despistados.
Las fuentes sí son ?exclusivas?, querido Profesor, provienen de un diario de derecha que ni siquiera usted se toma el trabajo de citar. Copia y pega. Pastiche. Claro que su carta no es un texto literario, porque no tiene la dimensión de tal, aunque podría leerse como libelo. Un palimpsesto, seguro. Pronto volverá a escribir según la brújula lo indique. Pronto volverá a copiar y a pegar haciendo uso de su soberbia y creyendo que nadie puede adivinar que sus informes son muchos más infames de lo que aparentan. Si quiso poner en evidencia las falencias de la Biblioteca, podría haberlo hecho elaborando un escrito sin recurrir a transcribir los errores que señala un diario español de derecha. Cite la fuente, querido Profesor, es lo que siempre nos enseñó. Será por eso que Felipe Pigna, en consonancia, firmó a favor suyo.
Quiere continuar el debate, que es interesante, claro, pero en términos ignominiosos. El plagio prevalece, está, es. Estimado Profesor, usted nos enseñó siempre a citar las fuentes, y en este caso, usted olvidó aludir de dónde extractó sic algunos párrafos. La lástima es que creí que era usted capaz de lograr por su cuenta un documento propio sin recurrir a copias que avalaran lo que ahora corroboro: la lucha por el poder de un protagonismo mayor. La lucha por la conducción de la Biblioteca. La nota que hoy salió en Página 12 termina de demostrármelo. Vezzetti manifiesta finalmente que hubo una tal carta de compromiso en la cual se dividían las tareas. La nota de López es mucho más interesante y superior, sale por encima de la de Vezzitti, qué sólo se encarga de injuriar, mientras que María Pia López hace un análisis de la cuestión objetiva, distante, y hasta diría poética. Me pregunto si creen que González es demasiado bueno, por no poner otro adjetivo. Estimado Profesor, el Director es el que finalmente tiene la responsabilidad de la Institución, y si no aprendió esto es que de política no aprendió ni entendió un cuerno. Encárguese del CeDinCi. Vuelva a la actividad privada, que es, parece, lo único que sabe hacer, porque, sin duda, ha demostrado que en el Estado no sólo no puede acordar y movilizar proyectos interesantes, sino que tiende a destruir lo poco que puede construirse, puesto que no tiene la capacidad suficiente para constituir equipos que le respondan. Y no por los trabajadores de la Biblioteca y todo ese exordio suyo sobre la condición gremial y la falta de compromiso. Le cabe, a su figura de líder ?divulgada por su mismo discurso en todos los medios-, haber logrado un final feliz a la ajada historia de la Biblioteca Nacional. Sin embargo, no supo hacerlo.
C.S.

linkillo dijo...

Gracias, Ema: ya lo arreglé. ¡No fuera cosa de que me impugnaran también a mi por malcitar las fuentes! Saludos

Anónimo dijo...

La respuesta de Horacio Tarcus a la acusación de copiar un diagnóstico de otras bibliotecas como si fuera propio y de la biblioteca vernácula, desoye esa vieja y sabia advertencia de "No aclares que oscurece".

Nos dice Tarcus: "Para la elaboración de mi Informe de Gestión y de mi carta de renuncia era imprescindible articular los datos relevados in situ en la Biblioteca Nacional durante un año de gestión con las más diversas fuentes disponibles
recurrí a (...) las páginas web de ABGRA, de ABINIA y de varias bibliotecas nacionales latinoamericanas y al dossier de debate sobre el rol de la Biblioteca Nacional española, entre muchos otros textos."

Entonces, ese informe de gestión ¿era de la gestión de quién?
Dado que la falta de estadísticas fiables es un mal generalizado en la administración pública, temo que esta práctica que ahora trasciende también esté generalizada y diversos informes de gestión sean producto de laboriosos trabajos de copypasteo de asesores devenidos monjes copistas. Por algo Miceli nos juró que teníamos sólo un dígito de inflación. Quizás su balance haya sido redactado en francés en la versión original.

Anónimo dijo...

Debo admitir que Tarcus me había parecido muy convincente en su formulación del "estado de la cuestión". Pero si bien lo señalado por él sigue siendo pertinente, la pregunta de Anónimo me resulta más que relevante: porque más allá de las cifras y las estadísticas que son diferentes entre una institución y otra (la española y la argentina), y más allá de que las falencias (de larga data) sean homologables, las gestiones son propias de cada una de ellas y, en definitiva, el malfuncionamiento también. Si Tarcus recurrió (o, digamos, tijereteó), sin citarlo, a ese, sí, conocido diario de la derecha española, ¿de qué gestión habla? ¿De cuál? Instalar el debate era necesario; intervenir, saludable (lo demuestra el despliegue suscitado), pero había que hacerlo, entonces, desde un lugar del decir (enunciación) más responsable.
Un saludo a todos,
Ema F.

Anónimo dijo...

Si la lectura apresurada de cinco páginas de la carta de renuncia de Horacio Tarcus puede ser ninguneada con cuatro oraciones tomadas de un periódico (hecho desafortunado, si los hay) y que no obstante, no considero sustanciales al informe de situación brindado sobre la BN, remito entonces al Informe de Gestión que acompañaba en adjunto a dicha carta y que "resume" el trabajo realizado por Tarcus y su equipo durante este escaso año en la BN..... para aclarar lo que haga falta, digo.
Porque la verdad no me conformo con la versión intelectual de "Titanes en el Ring": preferiría que de verdad se discutiera acerca de cuál será el PROYECTO INSTITUCIONAL INTEGRAL para esta BN. Mientras eso no sea claro, o por lo menos no se encuentre en discusión abierta, y no sólo entre investigadores, sino entre el público efectivo o potencial de la Biblioteca, seguiremos padeciéndola...o no, según la posibilidad de tener bibliotecas propias de cada quién.

CB.