sábado, 21 de julio de 2012

Palos en la rueda

por Daniel Link para Perfil

Yo me acuerdo. Yo vi a la Sra. Fernández llorar por televisión cuando dijo que le ponían palos en la rueda de la implementación de la tarjeta SUBE en la que venía trabajando desde hacía años. Pobrecita, pensé. Además de todo lo que le pasa, los palos en la rueda de la SUBE.
¿Quién le ponía palos en la rueda? ¿Y por qué cuesta tanto implementar algo tan fácil de imaginar? La SUBE, con otro nombre, fue imaginada por los ingleses, que no son, precisamente, las personas más imaginativas del planeta (Joyce y Beckett eran irlandeses). Es cierto que los ingleses también imaginan que las Malvinas se llaman Falkland, pero eso es porque su imaginario es viejo y está atado a una concepción de la geopolítica según la cual hay que dominar los pasos marítimos (Magallanes, Gibraltar), para que el mundo no se les escape de entre los dedos. Habiendo aviones, trasbordadores y cohetes...
Pero la famosa Oyster card (que puede sacar cualquiera, en dos segundos, en cualquier estación londinense, con un trámite sencillísimo e instantáneo: yo tengo una y la presto a cualquier viajero ocasional, porque siempre le queda algún saldito y no es cuestión de andar desperdiciando céntiimos de libras) no es un gran invento. Es más bien la consecuencia lógica de un sistema integral de transporte, como el que tienen todas las ciudades civilizadas del mundo. En Berlín no existe tal tarjeta, pero en cambio hay boletos mensuales (semanales y anuales) sobre cuyas bondades ya he escrito y que vuelven los pasajes baratísimos (a valores argentinos). Lo mismo sucede en París (hebdomadaire llaman los franceses tanto al boleto semanal como al desodorante que usan los reacios al baño diario), en Nueva York, donde se mire.
O sea: primero el sistema integral de transporte y después el sistema de peaje.
Yo creo que la Sra. Fernández, cuando lloró por televisión a propósito de este tema, se equivocó. Se equivoca casi siempre cuando llora, pero en este caso particular no por una cuestión de imagen sino por una mala elección lingüística. No es que le pongan palos en la rueda, es que pusieron el carro delante del burro. Y son tantos los burros que el carro no se mueve, o se mueve para cualquier lado y nunca para donde uno quiere.
¿Por qué el sistema de subterráneos de la ciudad de Buenos Aires debe estar a cargo de la Nación y no de la ciudad? Pues porque la Nación habita la ciudad, es su inquilina (nunca hubo cambio de sede de la soberanía, como estaba previsto, con lo cual la autonomización de Buenos Aires es ilusoria). Es, por lo tanto, la Nación la que debe imaginar, primero, un sistema de transporte integral y, luego, la forma de implementar el sistema de peaje. Agregar al sistema una variable más (las mil compañías de omnibuses, las concesionarias de los ferrocarriles y además, las de los subterráneos) es un delirio que ningún inglés puede venir a resolver, por más sabiduría que en materia de islas (¡Stevenson!) y de pasos (Magallanes, Gibraltar) les reconozcamos.
Por supuesto, como Buenos Aires no es la ciudad provinciana que el Sr. Macri gobierna con lentitud e imaginación de alcalde turístico, sino una megalópolis compleja, el sistema integral de transporte debe incluir al conurbano (esos trenes siniestros que llegan a Moreno, Berazategui, San Fernando... que son los que mueven tanta gente). De modo que los palos en la rueda que imagina la Sra. Fernández son imaginarios: son palos de la imaginación de la gente vil e incompetente que la rodea y que no puede pensar soluciones a problemas concretos y que recurre, por lo tanto, a soluciones de compromiso, a golpes de publicidad, esas cosas que ya sabemos cuánto duran: lo que tarda un burro en cansarse de empujar un carro que no se sabe bien para qué lado tiene que ir (porque hay otros burros que empujan para otro lado).
Basta de burradas. Ya que quieren discutir la constitución liberal (como si una constitución pudiera salvarnos del capitalismo, en fin... qué gente), que incluyan en el orden del día la provincialización del conurbano. Con eso resuelven el entredicho que tienen con el Sr. Scioli y, entonces sí, podrán pensar un sistema auténticamente integral para la "provincia" cuya capital será la ciudad de Buenos Aires.
Y a partir de ahí se puede empezar a pensar en los burros que tendrían que tirar del carro: el burro del sistema integral de salud, el burro del sistema integral de transporte... Pero los burros delante y, en todo caso, burros por su capacidad de carga (es decir, de trabajo) y no burros por su afición a la zanahoria y por su escasa capacidad imaginativa.

3 comentarios:

Julia dijo...

Muy bueno. Y me encanta que en el final hayas redimido a los burros en su visión positiva, los pobres, quizás más que otros bichos, tienen una simbología muy polarizada.
Lo nuestro, muy triste.

Pero ¿ingleses sin imaginación? Naah, eso no te lo cree nadie! ¿es un hueso para la gilada?

Anónimo dijo...

Me encantan tus comentarios Julia, lo conocés tan bien como si le hubieses parido jajaja...

Entiendo el contenido del artículo y estoy casi de acuerdo, pero para los laburantes diarios y en especial que viven en el conurbano; la implementación de la Tarjeta SUBE es "un regalo del cielo"; te facilita mucho la vida. Hace años que se reclamaba a distintos gobiernos, una implementación similar, en cuanto al impacto de uso, digo. Como un único documento que te sirva además, para pasaporte, cuentas bancarias, obra social, etc:;

Laura Novoa

Anónimo dijo...

"imaginada por los ingleses, que no son, precisamente, las personas más imaginativas del planeta."

lol wut?