NOTAS PARA UN HOMENAJE A DIPI DI PAOLA
1
¿No es increíble que alguien llamado Dipi pueda también llamarse Jorge?
Mi lista de lo que podría llamar "maestros" es larga, pero a los veinte años tuve tres al hilo: dos de ellos no vienen al caso ahora, y Dipi. Ninguno de los tres tuvo nunca el propósito o la intención de enseñarme algo, propia del maestro que se asume como tal, pero nadie promovió como Dipi la idea de que tampoco había nada que escuchar. La ecuación era perfecta: un maestro que no enseña, y un discipulo que no escucha. Pero no había presencia menos inocente que la suya. Siempre sospeché que Dipi me ahorraba a consciencia el error que él mismo cometió con Gombrowicz, que fue escucharlo, lo cual puede parecer una herejía a quien no estuvo entre sus garras. La extravagancia del maestro de mi maestro me resultaba menos interesante que agobiante, pero Dipi era un festín. A mí no solamente me sorprendían su literatura (en esa época leía y releía los cuentos de La virginidad es un tigre de papel) y su por decirlo así- forma de ser, sino la combinación de esos extremos: la escritura sutil, casi epigramática y cargada de sentido, con la falta de seriedad más aparente que he visto en alguien durante años.
3
Estoy seguro, y a veces también lo creo, que la eterna dificultad de Dipi con el dinero, con el trabajo pago, es una forma loca y paradójica de la generosidad. Dipi no tiene nada porque lo ha dado todo sin renunciar a nada. Una vez me dijo que su problema eran los chistes. Que se hacía chistes en contra, que se tomaba el pelo a si mismo. Fue un momento dramático, porque se había quedado sin casa y no tenía dónde vivir. Hay que tener mucho valor para reconocer que "el problema" está justo ahí donde nadie mira. Esa fue toda una lección: a lo evidente, sumarle siempre lo central.
4
Basta leer su cuento "La forma" para notar que los sueños literarios de Dipi suelen ser geniales. Al lado de Dipi el iceberg de los paranoicos es nada. (También inventó el "viento tubular", en Minga!). Pero un artista, además de soñar, debe dormir. A mitad de camino entre el insomne y los grandes dormilones del arte (desde Finnegans hasta Eno) Dipi dormía literalmente salteado. No de día en día, como suelen hacer los adolescentes que le copian la energía, sino de hora en hora, y hasta de minuto en minuto. A mí me llamaba mucho la atención lo discontinuo de su descanso. Y más que eso todavía el audio que lo hacía particular: unos gritos ahogados, como de tenista. Lo inquietante de su manera de dormir alcanzaba su forma más alta en aquellas ocasiones en que había visitas, teniendo en cuenta que además de todo Dipi fue siempre bastante imprevisible. A veces abusaba de su capacidad de aparición y desaparición relacionada con el descanso. Cuando mis padres, que lo querían mucho, venían de visita, por ejemplo, podíamos estar cenando y charlando amablemente y de pronto, en mitad de una frase, Dipi desaparecía. Era una desaparición silenciosa y fluida, es decir: se levantaba con una cierta naturalidad inherente a la cena misma. Uno podía pensar que había ido a la cocina a buscar la sal, y entonces la charla quedaba cortésmente en suspenso, a la espera de su regreso. Pero de pronto se oía un grito de tenista en el dormitorio. Eso podía durar entre cinco y diez minutos, al término de los cuales Dipi volvía a la mesa y retomaba el hilo de la conversación como si no hubiera pasado nada. Otra lección: lo que desconcierta a los demás no tiene por qué afectar tu narrativa.
La amplitud del abanico de actividades de Dipi es tan grande y variada que basta con asomarse a los títulos con los que podrían encabezarse futuros trabajos sobre él para advertir que las posibilidades temáticas que ofrece son prácticamente inagotables:
-Dipi actor
-Dipi periodista
-Dipi anarquista
-Dipi escultor
-Dipi artista plástico
-Dipi zen
-Dipi lector
-Dipi y las mujeres (también al revés: las mujeres y Dipi)
-Dipi y el poder
Esa misma variedad permite, sin resultar falsa o impostada, tonos que van desde el susurro barrial a la poesía concreta y lo académico.
-El Dipi computarizado
-La mina del Dipi
Académico:
-Dipi como sistema
-El universo de variables únicas de Dipi
Poético:
-Dipi, máquina consciente
-Dipi, radiografía de la pompa
y hasta podríamos llegar al extremo de elipsar su nombre sin dejar por eso de saber que nos referimos a él: "La fiera de Tandil".
7
Abro Minga! al azar y leo, leo, leo. Me pasó más de una vez: si la leo entera es una novela, si leo sólo una página es poesía.
8
Su literatura tiene, como decía Cocteau, la forma de su espíritu. No el modo de decir las cosas, sino de pensarlas.
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11
Eligió ser extravagante en un país que no tolera la extravagancia de sus artistas porque ha invertido toda su paciencia en tolerar la extravagancia de sus políticos. Igual no importa: sus varitas mágicas lo contradicen todo.
Sergio Bizzio para Perfil
2 comentarios:
Bueno, no lo conocía yo a ese señor. Pero parece harto interesante.
También el texto de Brizzo es muy bueno...
"-Dipi Zen" parece una marca de relojes caros.
-J.
És cierto que este país no tolera la extravagancia, pero sus políticos no son extravagantes: apenas si llegan a ser auténticos miserables.
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