lunes, 4 de febrero de 2008

Bericht für eine Akademie

Querida señorita Pola:
Cumplo en informarle mis progresos y mis estancamientos luego de haber seguido sus instrucciones puntualmente (penosa homework que, créase o no, me impidió entre otras cosas disfrutar de su 30 % en Brandon).
Lo primero fue instalar en mis dos computadoras el OpenOffice que tanto Ud. como otros enterados me hicieron conocer. Lo segundo fue comprobar las bondades de dicho programa, que siendo muy parecido al viejo Word (quiero decir: con las herramientas más o menos donde sabemos que están), lo supera ampliamente en capacidades. Fue como encontrarme con un pariente desconocido de Firefox. Lo tercero fue borrar de ambas PCs (no de la Mac, porque no tengo sobre ella derecho de propiedad ni de usufructo) el Office de Microsoft. ¡Qué placer, querida maestra, qué placer infinito!
Lo cuarto es ya agua para otro molino. Investigué las páginas de Kubuntu para tarados, leí todo lo que pude, bajé imágenes, las transformé en cds y en dvds (incluso aproveché el brote nérdico para crear preciosas etiquetas con el dispositivo láser que me habilita a ello), hice correr los discos en sendas computadoras y las horas se me fueron yendo con toda la alegría que 1, 2 y 3 me habían dado.
Seguiré intentando, naturalmente, porque no quiero recibir más acusaciones que avergüencen a mis maestros. Kubuntu es lindo (no tan lindo como yo esperaba, en fin...), pero se me rebela.
Le cuento: la máquina grande, la de batalla, es tan vieja (pero me ha dado tantas satisfacciones que no puedo deshacerme de ella) que no sabe arrancar desde cd (lectora de dvd, por cierto, no tiene) y mis intentos por editar el sistema de arranque desde el BIOS fueron vanos porque el muchachito que se hizo cargo de la última catástrofe informática aparentemente puso una clave en el setup sin decirme cuál era y ahora está de vacaciones. Por supuesto, intenté bajar programas que se encargan específicamente de borrar esas claves, pero los nombres que tienen (killer no se qué, destroy no se cuánto) me amedrentaron. Decidí esperar. De modo que no pude probar kubuntu en esta pobre vieja de la cual depende nuestra conexión con el vasto mundo de Internet. La pequeña, la coqueta, la que trajo el mal (Windows Vista) a esta casa, arranca desde todas partes y detecta todas las redes inalámbricas y allí sí pude probar kubuntu y allí me desencanté de sus íconos y la baja resolución del escritorio. Pero el programa de instalación de kubuntu daba sucesivos errores que me obligaron a repetir la bajada de archivos (y su transporte de máquina en máquina). Finalmente conseguí lo que quería, claro, porque no soy de dejarme amedrentar tan fácilmente y en los inicios de la computación (que coinciden con mi juventud) yo era capaz de manipular comandos de DOS como el más baqueano de los "
ingenieri" (exagero).
Ya no. Aunque repetí la operación varias veces, siguiendo las instrucciones para tarados, no pude completar satisfactoriamente el proceso de crear las particiones necesarias en el disco rígido y a poco estuve de dañar severamente el arranque del Hasta la Vista. Como hoy mi hijo me notifica su regreso de las áridas tierras del norte a las que se dirigió en exploraciones veraniegas, confío en que él podrá ayudarme.
El próximo informe, pues, debería comenzar con "einen Bericht über mein äffisches Vorleben". Así lo espero.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

genial descubrimiento :)

para linux hay opciones incluso más fáciles como: http://wubi-installer.org/

que se instala desde windows sin realizar particiones ni cosas extrañas

Linkillo: cosas mías dijo...

Ahora me lo decís.... Grrrrrrrrrr

Unknown dijo...

Querido linkillo,
Muy bien diez felicitado!!! No es de extrañar que en este caso el alumno supera a la maestra, porque yo no te recomendé el openoffice –fue idelber- pero me parece un solución excelente. Si el kubuntu te da dolores de cabezas, quizás podés experimentar con el Leopard for PC en la machina vieja? No es exactamente de machos, viste, pero para metrosexual califica.
gran beso
po (98%)