miércoles, 23 de febrero de 2005

Diario de un televidente

Hace dos o tres semanas, pude ver (a S. lo aburre) el programa que el Discovery Channel consagra a las grandes obras de ingeniería (o tal vez era el que el National Geographic dedica a las Megaestructuras). El episodio contaba la construcción del gran hotel de Dubai, un edificio que pretende competir icónicamente con la torre Eiffel de París o la Ópera de Sidney y que sería la punta de lanza en la reconvesión que actualmente emprenden los países árabes, preparándose para el momento (ya muy cercano) cuando se les acabe el petróleo y, por lo tanto, los petrodólares.

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Hoy, casualmente, La Nación publica un suelto (que incluye varias fotografías) del partido de tenis que jugaron Roger Federer y Andrea Agassi en el helipuerto del hotel. Es lo que se llama "solidaridad" entre los diferentes componentes de la industria del ocio, todos ellos extensiones de una vasta campaña de prensa urdida en quién sabe qué oficina japonesa.

Correspondencia

"Estimado L:

He leído con preocupación tu anotación Todas las princesas esperan que las saquen a bailar, y quisiera darte mi opinión con respecto al inquietante tema que planteas.
Abandona, Daniel, tu temor y tu temblor. Aconseja a S. que ejercite su cuerpo serrano en un gimnasio de barrio; búscaselo tú mismo. Los aventajados deportistas que concurren a estos templos barriales -en los que el puritanismo del alma ha sido sustituido por el puritanismo del cuerpo- se cuidan muy mucho de pasar de la inocente exhibición de sus partes al acceso carnal. En efecto, no quieren estos entrañables hijos, hermanos y esposos, que se los conozca como los uranianos del barrio. Desde luego, debes evitar a cualquier costo que S. concurra a uno de esos mega-gimnasios del centro de la ciudad, modernas versiones de Sodoma y Gonorrea.
Esperando haberte sido útil, te saludo atentamente".

(sin firma)

Teatro internacional en Rosario

El Grupo Laboratorio de Teatro "EL RAYO MISTERIOSO", organizará en Rosario (Argentina) entre el 7 y el 13 de diciembre de 2005, la séptima edición del "EXPERIMENTA TEATRO" Encuentro Internacional de Grupos, dirigido a actores, directores, estudiantes, pedagogos, investigadores y público en general. Hasta el 5 de agosto de 2005 estará abierta la convocatoria para Grupos profesionales de Teatro, Teatro-Danza y Teatro de Objetos para participar de este Festival. Completan la programación importantes Seminarios, Conferencias, Talleres, Desmontajes Teatrales, Proyecciones de Documentales y tres Encuentros: de Revistas de Teatro, de Directores de Festivales de Teatro y de Críticos Teatrales. Toda la información para los Grupos que deseen presentar su candidatura está disponible en www.elrayomisterioso.org.ar/experimenta.

Todas las princesas esperan que las saquen a bailar

Would you get it on at the gym?

Yes, I'm always looking for someone checking me out.
21%
21%
Yes, but only if he made the 1st move.
49%
49%
Yes, but only if there was no one around.
26%
26%
No way. Get your eyes off my package.
2%
2%


No soy fanático de las compulsas; pero a veces, algo dicen. En una de esas encuestas que circulan por Internet los hombres reconocen que, en el gimnasio, aceptarían "proposiciones deshonestas" pero no las formularían. La eterna quinceañera: ¿nos sacan a bailar o "planchamos"?
El tópico adquiere una relativa importancia en estos días, porque S. ha decidido empezar a ir al gimnasio, gracias a los excedentes monetarios que sus sesiones fotográficas le han permitido acumular en estos meses y aconsejado firmemente por Marcos, nuestro vecino. Yo soy celoso. ¿Deberé acompañarlo, como una tía, para alejar de él a los indecentes que pretendan seducirlo?
S. insiste en que me haría bien (coincide en esto con Richard, mi médico, y con el sentido común), pero yo digo que para invertir tiempo en cosas del cuerpo, preferiría tirarme en una camilla como masa amorfa de carne molida y aceptar los servicios de un masajista o de un acupuntor.
S. contraataca y argumenta que de ese modo sería más divertido para él, una garantía de "adherencia" a las sesiones de autotortura. Además, argumenta que hay promociones especiales para dos personas.
Yo no sé qué hacer en este trance porque es cierto que, imaginando a S. en esos lugares de perdición y pecado que son los gimnasios, voy a echarme encima un sufrimiento inútil, pueril y sin fundamentos. Además: ¿salir a buscar gimnasios? ¿Recurrir al listado de Oliverio Coelho? ¿O quedarme en casa y aceptar después, ante los hechos consumados, la excusa "yo no hice nada, fue él"? ¿En qué razones habría de fundamentar la tranquilidad (estadísticamente insignificante) del "No way"? ¡Son todos iguales!

Festival HTML

El Espacio Fundación Telefónica invita al "Festival HTML" que, durante marzo, explorará "las facetas múltiples de la web como medio de creación y de exposición de las producciones artísticas independientes realizadas por mujeres, así como las prácticas desde la programación dinámica, las interfases generadoras, la lingüística informatizada, los hypermedia y la ecología-web". El festival comprende mesas redondas, workshops y clínica de obra. Más información en la página o por correo electrónico.

martes, 22 de febrero de 2005

Blogolandia

"Por razones de fuerza mayor, el blog de Juan Terranova quedó anulado. Porque quiero seguir escribiendo como lo vengo haciendo desde hace más de un año y medio, abrí otro espacio. Quizás aproveche para hacer algunos cambios, quizás no, no sé. Pero quedan todos invitados a pasarse un rato.
Saludos, Juan Terranova".

Urban Legends (Ilustrated)

5. El dinero no hace la felicidad
(Money does' nt make the happiness)

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Cómo mata el viento norte

Resultado de algún trauma infantil que no conozco, S. no come frutas (en absoluto), lo que constituye un problema en la economía doméstica. O mejor dicho, dos problemas: el primero es que de la provisión de frutas me tengo que encargar yo porque él nunca se acuerda (además, no confiaría en sus elecciones). En segundo lugar, siendo un manjar "de temporada", la fruta es altamente perecedera y se termina pudriendo si no me apuro a comerla (nunca compro menos de 3 kg. porque me gusta hacerlas rotar y la opción de pedir menos de un kilogramo de cada variedad, si bien debe ser completamente usual, no se me cruza por la cabeza en el momento de estar parado frente a los cajones exultantes de la verdulería).
Si tuviera tiempo podría dedicarme a la fabricación de dulces caseros con mis excedentes, como mi madre, y hasta pienso que mi verdulera me cedería gratuitamente y con algarabía su fruta pasada a cambio de algunas mermeladas que ella podría comercializar durante los meses de invierno. Nunca se lo pregunté ni creo que lo haga, porque, en el fondo, sé que no sería capaz de encarar seriamente tal industria.
Como tantas otras veces, ayer me sentía desasosegado, con un malestar estomacal que no llegaba a ser hambre (tampoco había razón para que lo fuera) ni enfermedad alguna. No me conformaba nada de lo que había en nuestra heladerita (de la que muchas de nuestras amigas se burlan inmoderadamente: un día habré de cansarme y escucharán de mí la verdad de que más ridículas son ellas, con esas heladeras de familia americana y la vida de solteronas que en definitiva llevan) hasta que, de un golpe, me dí cuenta: "¡quiero comer fruta!", pensé en un grito.
Del dicho al hecho, en este caso, hubo poco trecho, porque los que conocen el barrio saben que aquí hay una densidad de verdulerías probablemente sin punto de comparación con cualquier otra ciudad del mundo. Además, desde el episodio con el auto de mi mamá decidí gastar en los negocios vecinos la mayor cantidad de plata posible (y no me equivoqué en mi decisión).
Al supermercado vamos solamente a comprar "lo que aquí no se consigue". Como las antiguas familias que compraban sus ajuares y vajillas en catálogos londinenses, nosotros nos costeamos hasta más allá de todas las fronteras y nos vamos a Jumbo, para comprar vinos, gaseosas (ya que estamos), vinagre de jerez, tés importados y rarezas de ese tipo.
Antes, la única razón que nos llevaba a Almagro era algún evento en Belleza y Felicidad. Pero el estado civil todo lo cambia. La primera vez que fuimos a Jumbo, S. tramitó, mientras yo hacía la cola en la caja, la tarjeta Jumbomás, que nos permite aspirar, según los puntajes acumulados, a premios en algunos casos codiciables (a la larga, es como si se tratara de un descuento diferido). Le dijeron que podían emitirle tarjetas adicionales para otros miembros del grupo familiar, pero él no sabía qué vínculo poner en el casillero correspondiente a mis datos. Cuando me vino a preguntar no titubee un instante: "cónyuge", le dije que pusiera. A ver si además de dejarnos estafar con sus precios delirantes íbamos además a permitir que nos discriminaran. Por supuesto, mi bravata careció por completo de sentido: aceptaron sin protesto el formulario y nos dieron las tarjetas. Además de que en el barrio venden más barato y aprecian mejor nuestro dinero, lo que nunca haría es comprar esas frutas modificadas genéticamente que fabrican los proveedores de Jumbo.
De todas las verdulerías entre las que podíamos elegir nos quedamos con "la de la esquina", que está siempre bien provista (venden berro, cilantro, lechuga morada,
paltas hass, entre otras rarezas para una verdulería de barrio). Hay dos en "la otra cuadra", una en "la otra esquina" y una cuarta "a la vuelta", pero "la de la esquina" es definitivamente la mejor. Nos cuesta conseguir limas pero, en ese único caso, las pedimos a la verdulería de Rodríguez Peña al 200, que tiene delivery (lo que no significa que los pedidos lleguen, porque el muchacho que reparte es un poco... lento, y se confunde las direcciones, pero ésa es otra historia).
De modo que en cuanto me dije a mí mismo "¡Quiero comer fruta!" me puse una remera y bajé a comprarla. De paso, pensé, salía un poco del atontamiento que me produce el encierro. Para aprovechar mejor la expedición, junté unos suplementos viejos que quería mandar a encuadernar. Y es ahí donde se nota hasta qué punto el encierro me entontece porque yo sé (pero entonces olvidé) que el kiosco está abierto sólo hasta las 2 de la tarde. Al llegar a la esquina me dí cuenta de mi error, pero en fin, tampoco era tan grave. Elegí mi provisión de frutas: uvas, pelones y ciruelas coloradas. Había papayas, pero no me sentía particularmente inclinado al exotismo. En el momento de sacar del bolsillo las monedas necesarias para pagar mi suculenta merienda, hice un movimiento mal calculado y los suplementos (todos, todos) se me cayeron en la vereda y el viento (que soplaba del norte) empezó a arrastrarlos hacia San Juan.
"¡La puta madre!", grité, solté la fruta y empecé a tratar de levantar las hojas de papel, sabiendo que jamás encontraría el tiempo (ni la energía ni los deseos) para reponerlos.
Quiso la fortuna que, en ese instante cruzara la calle uno de nuestros nuevos vecinos, el profesor de gimnasia con el que ya había intercambiado cuatro palabras. Solícito ante la persona mayor que considera que soy y habiéndome reconocido, Marcos me ayudó a juntar los suplementos y, después, las frutas que, también ellas, habían decidido salir a retozar en la vereda.
La situación me resultó tan humillante que, mientras estábamos entregados a semejante cosecha callejera (además tuve un relámpago de temor, porque la vileza a veces nos ataca por sorpresa: que algún cartonero pretendiera arrebatarme alguno de esos papeles de diario ridículamente inservibles en estos tiempos de internet), me puse a hablar sin ton ni son, explicándole lo que había pasado, por qué cometía yo la temeridad de encuadernar esos productos perecederos y otras cosas que a nadie podían importarle pero que al chico parecían hacerle gracia porque se reía. Fue después que levantamos todo cuando me dijo su nombre, mirándome a los ojos, y yo le dije el mío. Mientras empezábamos a caminar juntos hasta la puerta de la comunidad en la que vivimos escuché la frase más temida por mí: "sí, ya sé", me dijo, "Álvaro fue alumno tuyo".

Diario de un televidente

Fox empezó a emitir la semana pasada Taken, la miniserie sobre extraterrestres producida por Steven Spielberg que, entre sus poquísimos méritos, tiene el de presentar a la superestrella infantil Dakota Fanning en el papel clave del relato (que es, por cierto, el de la narradora).
Por lo demás, Taken es una mezcla desproporcionada de V. Invasión extraterrestre (en el sentido de que el híbrido superpoderoso producto de la cruza entre humanos y alienígenas es lo que garantizará la superación de los conflictos) y una versión de Los expedientes X (en el sentido de que toda paranoia será siempre poca en relación con los aparatos militares).
Si X Files tenía algún encanto era el delirio desembozado en el que vivieron cotidianamente sus guionistas, siempre dispuestos a brindar un twist inesperado de la trama y a complicar las cosas hasta el punto en que nadie podría hacer un resumen del argumento. Bueno: Spielberg aceptó el desafío y puso a trabajar a un grupo de obsesivos que podaron las ramas inservibles, establecieron tutores allí donde hacía falta, trasplantaron y rectificaron las raíces hasta obtener una bonita planta de interior: la eterna lucha entre el bien y el mal.
Los ¿diez? episodios de Taken desarrollan la historia de tres generaciones de dos familias que han decidido unánimemente la una entregarse al bien y la otra al mal (hay una tercera familia, pero no me acuerdo bien de su papel: deben ser un "colchón" de verosimilitud). Los malos son tan malos que dan casi pena (sobre todo porque no se sabe cuál es la raiz de su maldad). Los buenos son tan buenos que aburren. Taken, en efecto, naufraga entre la pena y el aburrimiento.
El episodio inicial muestra todo lo que se sabrá: extraterrestres de cuerpitos verdes y ojos grandes con superpoderes mentales y un desarrollo tecnológico superior al de los humanos; el secreto de estado sobre la nave caída y los cuerpos encontrados; las abducciones y los experimentos que hacen los extraterrestres con los seres humanos (no por maldad, sino por curiosidad: el "mal" y el "bien" se les escapa porque eso sería lo propiamente humano y están dispuestos a comprender ese núcleo duro de roer para seres racionales como ellos). Lo de siempre: basura sentimental y de derecha para satisfacer el anhelo de un mundo mejor que habita en las cabecitas de los pobres de espíritu de este mundo. La miniserie ya fue emitida por HBO, que programa ahora, haciendo gala de esa "maldad" tan característica de la raza humana (y que en realidad es pura codicia), una maratón de Taken.

lunes, 21 de febrero de 2005

¡No se metan con Belgrano!

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Ahora parece que también Lincoln se comía la galletita.

Diario de un televidente

Fue primicia de este blog (el 7 de febrero pasado): Mario Vázquez ya tiene un lugar entre las estrellitas pop del firmamento americano. Anoche vimos al chico brillar en rondas eliminatorias (claro que acompañado de otros dos jóvenes fenómenos). Ahora ya lo sabemos: Mario integra el grupo de los 24 finalistas. Acá, una entrevista (estúpida) y un par de fotos. No sé que esperan las discográficas para lanzarme contratos por la cabeza.

Programa de trabajo

Facultad de Filosofía y Letras

Departamento de Letras
Literatura del Siglo XX
Curso 2005


Gramática de la imaginación

Fundamentos

De todas las categorías estéticas necesarias para una descripción adecuada de los movimientos estéticos del siglo XX, la imaginación es la que menos atención ha recibido. Son muchas las teorías de la percepción, de la experiencia, de la representación o de la percepción referidas a la producción literaria del siglo pasado; pero permanece más o menos en el misterio (o en una deliberada confusión romántica) qué entender por imaginación literaria. Una pobreza teórica semejante representa una paradoja en relación con un período que hizo precisamente de la imaginación uno de sus signos ("si alguna primacía tiene este siglo sobre los anteriores, esa primacía es la de las tramas" argumentó Borges alguna vez).
Mientras nociones propiamente literarias como "creación", "ficción" y "representación" ingresaron masivamente en el campo de la filosofía (desde la epistemología hasta las ontologías políticas del sujeto), el estatuto de la "imaginación" permaneció en una hiato teórico-epistemológico. Quiérase o no, es evidente que en los más poderosos paradigmas interpretativos del siglo pasado (desde el marxismo hasta el psicoanálisis y la fenomenología) algo del orden de lo imaginario actúa de manera decisiva. Nociones como "imaginación" e "imaginario" remiten, al mismo tiempo, al universo de lo privado y de lo público, al campo de las prácticas sociales y al de las teorías que de ellas se deducen. Y sin embargo, de aquellos desarrollos teóricos (muchas veces irreductibles entre sí) no puede deducirse automáticamente una teoría de la imaginación adecuada al análisis de la producción literaria.
Si bien las diferentes teorías de la experiencia, la percepción y la representación suministran aportes más que útiles para la construcción de una teoría sobre la imaginación, lo que falta (desde la perspectiva de las literaturas comparadas y los estudios culturales, que orientan nuestra pedagogía) es un marco teórico sólido y una descripción detallada del papel que
la imaginación ha cumplido en los diferentes momentos estéticos, desde los vanguardismos de principios del siglo XX hasta el neopopulismo de mercado que marca su clausura.
Nos propondremos, pues, desarrollar algunas hipótesis sobre la forma y la función de la imaginación en la literatura. En una segunda instancia, se examinarán algunos textos emblemáticos de la producción literaria del siglo XX en relación con algunos "objetos" imaginarios o imágenes: ciudades, músicas, monstruos y, obligadamente, lenguajes.
Si es cierto que cualquier producción simbólica o discursiva resuelve imaginariamente determinados conflictos, también debe aceptarse el presupuesto de que,
por medio del lenguaje y la imaginación, la literatura define modelos -urbanísticos, rítmicos y tonales (es decir: musicales) y sexuales (morfologías corporales, anatomías, modelos de subjetividad)- que, en algunos casos, la sociedad adopta como si existieran, aún cuando la literatura (en la perspectiva de este curso) se proponga como una performance de aquello que jamás será posible oír o ver (percibir o experimentar) más allá de la palabra. Lo imaginario en su estado más puro: la literatura como el arte de lo no construido, en vez de la opción (mucho más banal) de la literatura como arte de lo preconstruido.

Prof. Daniel Link


sigue acá.


Círculos concéntricos

Algunos profesores de universidades extranjeras me han hecho llegar preguntas estructurales sobre nuestro barrio. Es verdad que, hasta el momento, me he referido laxamente al concepto de "barrio"; aquí van un par de precisiones.
Montserrat (donde decimos que vivimos), está hacia el sur del centro de la ciudad de Buenos Aires, justo encima de San Telmo. Es un barrio bastante plácido, como he dicho en más de una oportunidad, lo que sumado a su ubicación privilegiada lo vuelve doblemente adecuado para la vida ciudadana.
Muchas personas suelen corregir nuestra afirmación de que vivimos en Montserrat diciendo que en Independencia empieza Constitución, y como nosotros estamos dos cuadras más acá de Independencia sería más lógico que nos adscribiéramos a esa circunscripción. Topológicamente el dato es cierto, pero cualquiera que conozca Constitución comprenderá que su ecología es radicalmente diferente de la nuestra, de modo que es un poco injusto meter todo en una misma bolsa: Constitución está dominado por la gigantesca estación de trenes que van hacia el sur (del país y del mundo), sus urinarios y la prostitución callejera (que aquí existe pero en cuotas más bien módicas). Si bien en algún momento me pareció que era justo que S. y yo fuéramos reconocidos como "las locas de Constitución" (en oposición a "las locas de Palermo", que son tantas que es lo mismo que decir todos los habitantes de ese barrio, es decir: ningún rasgo distintivo), nuestra timidez y el estilo de vida completamente recatado que llevamos nos alejó de una denominación tan... perlongheriana o pasoliniana. Modificamos los límites del barrio según nuestra sensibilidad, porque en realidad el barrio empezó a moldearnos a nosotros. La densidad de homosexuales en nuestro barrio es bajísima (al menos hasta ahora) pero ni aún así nos daríamos vuelta si alguien dijera de nosotros "las locas de Montserrat".
De modo que "nuestro Montserrat" no es el mismo que el de la Municipalidad de Buenos Aires (que en esto, como en todo, se equivoca). Nuestro Montserrat, históricamente, albergó la Plaza de Toros de Buenos Aires (en Belgrano y la 9 de Julio) y la adyacente "Calle del Pecado". También se lo conoció como "Barrio del Tambor" por el alto porcentaje de negros que lo poblaban antes de morir masivamente en las sucesivas pestes que azotaron Buenos Aires. En ese punto, casi nada ha cambiado: Montserrat sigue siendo un barrio de negros, sólo que en este caso se trata de nuestros hermanos latinoamericanos (peruanos y bolivianos, mayoritariamente), que han hecho aquí su segunda patria. En cuanto al pecado, queda dicho que nuestras calles, además de las más tradicionales ofertas en artículos para la vida cotidiana, están pintorescamente puntuadas por trabajadoras de la carne y hoteles por hora.
"Nuestro Montserrat", entonces, encuentra sus límites en la avenida San Juan hacia el sur, la avenida Rivadavia hacia el norte, la avenida 9 de Julio hacia el Este (pretender extender la denominación hasta la calle Bolívar es otro despropósito de nuestros gobernantes, como si la 9 de Julio no fuera capaz de separar un país, un mundo, de otro) y, hacia el Oeste, la avenida Entre Ríos (que, como se sabe, nosotros llamamos "la Avenida", como si fuera la única del planeta).
Sobre la Avenida está la sede central de Partido Comunista, que hoy no corta ni pincha pero que supo ser importante en la política de países como el nuestro. Dentro de los límites de nuestro barrio están Cemento (clausurado para siempre, pero hay memoria), la sede de una universidad privada (Uade) y la
futura sede de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, lo que hace prever que la zona se llenará de librerías y bares para estudiantes. Además están el grupo editorial Planeta y el grupo editorial Norma, a pocos pasos de casa, casi enfrente de Boquitas Pintadas, donde tantas noches deliciosas hemos pasado en otro tiempo.
Más allá de la Avenida viven Andi Nachón y Oliverio Coelho, pero los consideramos parte del "barrio afectivo", en el mismo sentido en que pertenecen a él Bárbara Belloc y Anselmo, el hermano de S., quienes comparten una misma manzana cerca del Departamento Central de Policía.
A vuelo de pájaro, ése es nuestro barrio: una porción tranquila de la ciudad de Buenos Aires, sin la inmerecida fama de San Telmo (donde viven Laura y Martín, María y Meco, entre tantas otras personalidades de nuestra cultura), pero también sin la sombra que la violencia pone sobre otras divisiones catastrales (Constitución o, sin caer tan bajo, San Cristobal).
No tenemos hipermercados ni cines, pero nadie echa en falta esas invenciones menemistas. Por otra parte, tenemos las mejores verdulerías de Buenos Aires y famosísimas casas de alquiler de películas a las que acuden personas de otros barrios.
Nuestras instituciones son sólidas, al igual que nuestro modo de vida. Yo no tengo auto, pero cuando me estaba mudando solía usar el de mi madre para transportar libros (y más libros). Dejaba el lujoso auto en la cochera de la vuelta, por consejo de Anselmo. Una noche, exhausto, me olvidé de guardar el vehículo, que quedó estacionado en la esquina, enfrente del quiosco. A la mañana encontré una ventanilla rota y el dispositivo electrónico del "estéreo" había desaparecido. Puteando, llevé el auto al garage. La cuidadora me dijo: "Qué pena, a veces por ahorrarse cinco pesitos, después uno tiene un disgusto". Era una lección que el barrio me estaba dando. Tenemos instituciones sólidas. Conocemos perfectamente el valor del dinero.

domingo, 20 de febrero de 2005

Galería


Ya sé, ya sé que es lo que se llama un "petiso zarpado". Pero un chico como Robbie Williams, al que le molesta tanto la ropa, no podía faltar en mi galería. Sé que Mariana Enriquez aprobaría mi decisión. Los demás que se callen, él que nos siga dando lo mejor de sí.

Cosa juzgada

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Debe ser aburridísimo impartir justicia. Leemos en UrbanBoys que un juez norteamericano se masturbaba durante los juicios que presidía. Lo descubrieron por el ruidito que hacía el dispositivo que usaba. En nuestro país, eso no pasa.

sábado, 19 de febrero de 2005

Diario de un televidente

Haciendo zapping, en los días pasados de mi convalescencia, vi cosas perturbadoras: la novela Machos, la historia de siete hermanos en una "hacienda" chilena, compitiendo por el trono del universo masturbatorio adolescente. Gonzalo Valenzuela, ex de nuestra Pampita, dice que "reencarnaría en un caballo". Felipe Braun (su personaje) "guarda desde hace muchos años un secreto": es puto. En otros blogs parece que siguen la novela. Yo no he perdido la razón hasta ese punto. Aunque me pareció que sí, la otra noche, cuando pasé por Sony y vi a Isabella Rosellini (es decir su ruina) interpretando un papel en la incomprensible serie Alias, cuyos guionistas están empeñados, para salvar el rating, en contratar a superestrellas decadentes. También pasé por ATC (no recuerdo el horario), donde un señor mal afeitado explicaba cómo llevar adelante un criadero de chinchillas y abogaba para que Argentina se convierta en una potencia peletera. "No diré que son como mis hijos", señalaba, y tenía razón, sobre todo porque dudo que alguien pudiera destinar a sus hijos a la fatalidad de convertirse en parte del tapado de una vieja ricachona. Qué raras son las políticas culturales del Estado argentino. Menos mal que ya me siento con más ánimo para cosas más productivas: mirar televisión me quitaba las ganas de vivir.

Blogolandia

La generosidad de Werte: de Las piernas de Marlene se puede descargar La revolución es un sueño eterno de Andrés Rivera.

Guacamole Open


No fue necesario convocar a Chubut, el perro de María y Meco, para que desempatara en el Guacamole Open, cuya final tuvo lugar anoche en el vecino barrio de San Telmo. Todos los presentes coincidimos en que nuestro Guacamole y el de Laura eran como dos hijos con diferentes personalidades y en esa situación es difícil querer a uno más que a otro. Como no había trofeo en disputa, nos dedicamos a charlar:
* Sobre libros por venir y política de tapas de las editoriales.
* Sobre la película Los rubios de Albertina Carri, la desafortunada lectura firmada por Martín Kohan para Punto de vista, pero que en realidad constituye la posición oficial de la revista sobre el asunto, y la penosa polémica que desencadenó.
* Sobre los usos de la televisión por cable en el interior del país.
* Sobre una página de internet que denuncia a cierta dama (muy influyente en los cenáculos artísticos) que roba carteras en fiestas y vernissages.
* Sobre políticas culturales.
* Sobre nombres para hijos y/o hijas por nacer.
* Sobre la programación de ATC.

Último momento

Ayer, en la Berlinale, Un año sin amor, la película de Anahí Berneri basada en el libro homónimo de Pablo Pérez, se quedó con el Teddy, el premio "schwulle" del Festival, que se otorga todos los años a una película "de la comunidad". Ahora, la película competirá en el Festival de Mar del Plata, donde entró tardíamente en competencia, cuando los organizadores se dieron cuenta (luego de haber rechazado películas notables) de que las argentinas que quedaron eran realmente impresentables y no tenían chance alguna de ganar. Como el estreno comercial de la película debió posponerse, la producción reclamó (y obtuvo) una importante compensación monetaria por parte de los organizadores. Esperemos que gane, porque si no, habrá que preguntarle a la gente del Festival por el uso de los dineros públicos.

viernes, 18 de febrero de 2005

Senectud

Es cierto que nuestro portero, Mario, tiene cara de pícaro, pero nunca sospeché que fuera capaz de involucrarse con y, todavía más, de satisfacer a dos mujeres al mismo tiempo.
Hoy, mientras yo dormitaba y rumiaba mi infelicidad gripal, S. fue a saludar a su abuela, que cumplía 96 años. Se encontró con un nutrido grupo de cuasi-parientes a los que no veía hacía mucho tiempo: su madrina, que vive del otro lado de "la avenida" (así se denomina a la Av. Entre Ríos en el barrio), Laura, que fue novia de su padre, acompañada de su hija (una contadora de 30 años que alguna vez lo pretendió), y que ejerció (Laura, una viuda temible) la presidencia del consejo de administración del edificio en el que vivimos.
De hecho, fue la señora Laura la que reveló los secretos de la vida extra-matrimonial de Mario cuando S. intentó aflojarles la lengua en relación con nuestros nuevos vecinos. Contó a la rueda de ancianas (hasta su ex-pretendienta, en ese contexto, lo era) lo que me había contado Beba y lo que yo mismo había averigüado. Siendo, como son, relativamente ajenas a las murmuraciones de esta comunidad, no sabían nada de los recién llegados, pero no tuvieron inconvenientes en explayarse sobre la conducta de Mario, para mí completamente encantador, pero a quien la señora Laura odia con todas sus fuerzas porque lo responsabiliza por haber perdido su lugar de privilegio en lo que a las decisiones comunitarias en esta casa se refieren.
Aparentemente la señora Laura descubrió por casualidad las manobrias amatorias que Mario destinaba a otra integrante del Consejo de Administración en la terraza común del edificio, y pensó que podía usar esa información en su favor (por la vía del chantaje o directamente a través de una denuncia pública). Contó los hechos que había presenciado, a sus ojos "una inmoralidad total", en una reunión del Consejo de Administración, no tanto para dejar mal parado al portero sino para desbancar a la "separada" que lo "distraía de sus obligaciones" (maritales y, también laborales, dado que las clandestinidades que ella había descubierto sucedían en horario de trabajo). Grande fue su sorpresa cuando el Consejo de Adminitración en pleno le expresó fríamente su desdén por su natural tendencia a meterse en asuntos que no le concernían y de la cual ya estaban todos tan cansados que se veían obligados a pedirle su renuncia al alto cargo que desempeñaba. Iban a hacer un discreto apercibimiento a Mario, el portero, pero en modo alguno estaban dispuestos a tolerar que nadie pretendiera obtener algún rédito político fundándose en las debilidades de la carne de los demás.
Humillada, la señora Laura renunció inmediatamente pero siguió guardando un profundo rencor hacia los demás miembros del Consejo de Administración, que se habían disciplinado en defensa de su sempiterna rival en las cosas de esta comunidad (como la disposición de los maceteros o el presupuesto que debería destinarse a los adornos navideños). Y así fue como empezó una campaña de murmuraciones acusando a todos (hombres y mujeres) de haber conocido las más profundas intimidades de "ésa", sin darse cuenta que de ese modo más se hundía en la vergüenza (sobre todo porque, como muchos llegaron a saber por ese entonces, un tiempo muy anterior a mi mudanza, a Beba la tenían por completo sin cuidado las atenciones que su marido suministrara a las demás mujeres de la casa, siempre y cuando Mario mantuviera "las apariencias"). Incluso comenzó a correr la hipótesis (casi una certeza) de que, en verdad, el episodio de la terraza, contado con lujo de detalles por la señora Laura, no era sino una excrecencia de su imaginación de menopáusica.
De modo que S. no trajo ninguna noticia nueva sobre los objetos de nuestra preocupación y seguimos sin saber a qué atenernos, pero confiamos en que la máquina chismógrafa que pusimos en movimiento arrojará algún resultado en pocos días. Si yo no estuviera atravesando esta agonía completamente inmerecida ya podría haber agregado una pieza más a este rompecabezas.

Sospecha

¿Esto será una indirecta? ¡Yo no quiero unión civil! ¡Quiero matrimonio con derecho a pensión y el pasaporte europeo! ¡Yo me quiero casar en Chueca! La unión civil que Ibarra y los ibarristas se la metan en el orto.