miércoles, 11 de octubre de 2006

Capitalismo y esquizofrenia

El polo Ciudad vs. el polo Estado.

Nuestras mariquitas


Foto: Sebastián Freire

La de la foto es Catita. La otra se llama Chita (por Manchita), y son nuestras mascotas berlinesas (que por cierto, ni en sus mejores momentos pueden reemplazar a Tita Merello y Cartulina, con las que soñamos una noche de cada dos). No tenemos idea de lo que comen así que cada tanto las forzamos a que vayan a las plantas de las macetas, por miedo a que mueran de hambre, pero ellas prefieren andar por las paredes. Las hemos notado sedientas porque, más de una vez, cuando nos duchamos, se tiran dentro de la bañadera, con el riesgo que eso implica. Tememos que su imprudencia las haga desaparecer por el desagüe en cualquier momento. Pero tampoco sabemos cómo proveerlas de agua. En fin, se hace lo que se puede con los restos de amor hacia los animales que nos sobran.

¡Otra denuncia estremecedora!

Claves americanas
El peor obstáculo para América latina

MIAMI.- Olvídense de los petrodemagogos y de los retroprogresistas que gobiernan varios países latinoamericanos: el principal obstáculo de la región para competir en la economía global será la baja calidad de sus universidades.
Acaban de salir los dos principales rankings de las mejores universidades del mundo -el del Suplemento Educativo del London Times y el de la Universidad de Shanghai- y ambos les dan muy malas calificaciones a las universidades de América latina.

(sigue acá, y termina todavía peor)

martes, 10 de octubre de 2006

Capitalismo y esquizofrenia



Contra lo previsto y deseado por Paul Eisenman, el arquitecto que diseñó el Memorial del Holocausto de Berlín, en ese lugar, hoy, no se puede correr, ni escuchar música, ni tocar instrumentos, ni hablar en voz alta, ni subirse a las columnas, ni fumar, ni tomar bebidas alcohólicas, ni entrar en la estructura con otra cosa que no sean los propios pies (específicamente se prohiben los skates y rollers). Una patrulla se encarga (con el previsible autoritarismo derivado del hastío) de velar por el cumplimiento de esas estúpidas reglas que no hacen sino aterrorizar a los visitantes y que muestran al terror como una herramienta del Estado. En Buenos Aires, más enfáticamente, habrían alambrado el lugar.

PRESENTACION OJO MOCHO VIERNES 20

Invitación
Presentación de El ojo mocho Nº 20: Pasado y presente
y preestreno del film M. de Nicolás Prividera


Hablarán Américo Cristófalo y Javier Trímboli
Viernes 20 de octubre, a las 19 hs. (Entrada libre y gratuita)
Centro Cultural Urondo, 25 de mayo, esquina Perón


Este número de El ojo mocho insiste en la pregunta por la cultura argentina, tanto en lo que tiene de senderos pasados aun no revisitados, como en las discusiones sobre sus formas más contemporáneas: la música, el cine, el idioma. Son debates políticos, que se ligan también a otros debates que se han desplegado en el último año: el de la violencia, el de la memoria, el de la precariedad de las vidas juveniles.

Esos temas han sido grandes convocatorias a la discusión, y hoy están repuestos en toda su dramaticidad por los hechos de público conocimiento. Nicolás Prividera presentará una versión (aún en proceso) de su documental M. Se trata de una mirada generacional (la de un hijo de desaparecidos sobre la generación de sus padres), una discusión sobre los modos en que esas vidas se forjaron como vidas políticas en los años 70 y sobre lo que dejaron como legado incumplido. Las dificultades que el director enfrenta en su búsqueda en torno a la militancia de su madre desaparecida, cartografían los problemas que aun emergen bajo el signo de esos años.

Perdoná si al evocarte...

lunes, 9 de octubre de 2006

Poderoso caballero (3)

Gracias a las aceitadas relaciones de Silvia F. con el poscomunismo (que sigue controlando puestos claves en la ciudad), hemos conseguido una concesión que nos permite no sólo redondear nuestro presupuesto, sino ahorrar unos pesitos.
En realidad no se trata de una concesión, porque eso implicaría trámites que no estamos en condiciones legales de realizar, sino un permiso de gran ambigüedad y cierta generosidad (¡todavía con membrete de la DDR!, lo que aparentemente le agrega fuerza por la confusión que genera en los agentes del orden bromatológico) para operar en las puertas de los teatros del Este. Lo que hacemos es vender tentempiés en los entreactos de las larguísimas puestas a las que son afectos los alemanes. Al principio habíamos arreglado con las autoridades teatrales y los sindicatos de trabajadores vender Bio-Bouletten. Las Bouletten son lo que en Buenos Aires se consideraría una hamburguesa casera, que se come aderezada con una salza a base de mostaza. Lo del prefijo "bio" fue una estrategia de mercadotecnia que se le ocurrió a Silvia F., que tanto se preocupa por esa característica de los alimentos (algo similiar a lo que en tierras americanas se llama "orgánico"), que no titubea en consumir Bionade, una especie de gaseosa más bien horrible que justifica su participación de lo "Bio" porque no está carbonatada sino sometida a un proceso de fermentación no alcohólica. Puede ser, pero la base de semejante bebida es un jarabe de colores y sabores sólo comparables con los caramelos masticables de nuestra infancia.
Comenzamos, pues, preparando nuestras Bio-Bouletten en la semana, para venderlas los fines de semana en las puertas de los teatros. Pero en nuestra segunda aparición en la vereda de la Volksbühne, hace dos domingos, tuvimos problemas con los proveedores habituales de esa clase de vituallas porque consideraron que lo nuestro era competencia desleal (es verdad que nuestras Bouletten eran mucho más ricas, sencillamente porque sabemos cocinar mejor la carne, y la gente se dio cuenta rápidamente), así que tuvimos que cambiar de rubro.


Foto: Sebastián Freire

De modo que decidimos cargar nuestra canasta (el paraguas multicolor fue un hallazgo callejero de S.: yo preferiría algo más sobrio, pero a caballo regalado no se le miran los dientes) con un producto nacido de la hermandad entre Berlín y Buenos Aires (como todo el mundo sabe, ciudades muy parecidas, salvo en la miseria estructural de la segunda): sánguches de milanesa. Aquí los llamamos "Bio-Schnitzel in Brötchen": milanesitas pequeñas cuyo carácter "Bio" garantizamos por la calidad de la carne (sólo argentina), porque las milanesas están horneadas y no fritas, y por la frescura de las verduras que las acompañan (una hoja de lechuga y una rodaja de tomate, ambas estrictamente "bio", según nos aseguran nuestros proveedores del mercado de Kreutzberg). Los aderezos adicionales quedan a criterio del consumidor. La elección fue un suceso porque, siendo como son en estas latitudes afectos a la milanesa, jamás se les había ocurrido servirlas en pan.
Así pudimos ver algunas funciones de teatro: Meistersinger de Castorf (una porquería), Die Fruchtfliege de Marthaler (encantador, pero un poco largo), en la Volksbühne y Mahagonny de Andreas Homoki (excelente, aunque cambiaron el final de la ópera y la Jenny era debilísima tanto en canto como en presencia escénica) en la Komische Oper, porque los boleteros ossis, que rápidamente se volvieron adictos a nuestras vituallas, nos avisan cuando hay lugares libres en la platea (y sino, nos dejan entrar parados).
La semana que viene se nos complica un poco el panorama, porque hemos recibido pedidos para la Staatsoper, y justo dan una Dido y Aeneas con puesta de Sasha Waltz que nos han recomendado mucho, pero como tenemos que atender ya varios teatros (corremos de una puerta a otra cuando no coinciden los intervalos), nos será difícil quedarnos a la función. Ya nos pasó ayer domingo, al mediodía, en la Schaubühne, donde no pudimos entrar a escuchar a Terry Eagleton porque no dábamos abasto preparando los sanguchitos y, para peor de males, los wessis amenazaron con llamar a la policía.
Por supuesto, yo propongo anotar en mi libreta como ganancia indirecta el valor de las entradas de teatro que nos ahorramos, pero S. insiste en censurar mi criterio contable.

Onda verde

Caravana acuática en Tigre
Protesta para sanear la contaminación del Delta
Fue cortado el tránsito fluvial en la zona

domingo, 8 de octubre de 2006

Pop latino

América en tiempos de Chávez

sábado, 7 de octubre de 2006

El transporte y la lucha de clases (2)

El martes pasado se celebró un nuevo aniversario de la reunificación alemana y vimos en la televisión, además de los documentales sobre la construcción y la destrucción del Muro, los bizarros desfiles que se organizaron en el centro de Berlín para solaz de los turistas del interior que invadieron la capital aprovechando el fin de semana largo. Parecía un revival de esas competencias pueblerinas que la televisión argentina irradiaba en las buenas épocas de la BRD (Telematch). Un sinfín de colectividades con sus trajes típicos y sus matices de rubicundez, redondeces de caderas y hábitos alimentarios.
Los berlineses, que son mis favoritos, hicieron desfilar a una desastrada banda que tocó "On Broadway", como si el Checkpoint Charlie sirviera hoy para algo más que para venderle baratijas a los turistas norteamericanos. Sólo criticaré, de la delegación berlinesa, que no hubieran incorporado siquiera a algunos de los ausländern que dan su perfil característico, levemente metropolitano, a esta ciudad. Las demás provincias (las demás ciudades) fueron mucho más penosas. No es sólo la cuestión kitsch lo que estaba en juego, sino la idea (política) de "unidad".
La unidad alemana es una quimera, y no sólo por la existencia durante muchos años de una "Alemania comunista" (que todavía se proclama, y no sin cierta razón, más auténtica que la otra), que en Berlín tuvo su expresión en el Muro, cuya existencia virtual todo el mundo reconoce todavía: los del Oeste no van jamás al Este y viceversa. Un amigo le dijo a una chica que lo había invitado a su fiesta de cumpleaños, con la indelicadeza que caracteriza al alemán sincero, que hacía cinco años que no iba a ese barrio (como si el hecho mismo fuera digno de orgullo).
Si por un lado era obvio que lo que se celebraba el martes pasado era sólo la caída del comunismo (lo que volvía un poco mezquino al festejo), al mismo tiempo
se podía comprobar que lo quimérico de la unidad alemana pasa por otro lado: Alemania (que fue antes ese puñado de temibles príncipes alemanes que desafiaron al papado) es una federación de ciudades (y las provincias que la integran, el Hinterland de cada uno de ellas).
La gente de Düsseldorf, para volver a mi relato, es simpatiquísima, pero está más preocupada por los últimos avatares de la moda que por la lucha de clases. El gusto por la "ropa bonita" dejó muy pronto de ser un privilegio de la rancia nobleza de la Renania del Norte-Westfalia y la burguesía se lanzó a ella con la misma avidez que demostró para reproducirse (es el Estado más poblado de Alemania). La Königsallee ("Kö", para sus fieles) es el corazón de la ciudad, donde la gente va a comprar ropa que (muchas veces) ni en Milano se consigue, y a ver y dejarse ver en esos menesteres que constituyen el centro de su sociabilidad.
Era lógico que nuestra amiga Tanja no quisiera arruinar el efecto de su comunicación con las probablemente impertinentes preguntas de la elegantísima recién llegada.
¡Signos, signos!, exclamó Tanja en cuanto pudo, mientras caminábamos por Mehringdam.
Las ventanas de los trenes son signos. Tienen sentido y sólo se trata de saber para quién para entenderlo todo. No la interrumpimos para no demorar más la revelación... Pero ella estaba dispuesta, en esa noche todavía primaveral (que hoy parece tan lejana en el tiempo como la añorada orilla de nuestra patria), a ejercer toda la fuerza de su pedagogía.
Debíamos contestarle para quién habían sido trazados esos signos, ya que para los ciudadanos corrientes que usan el transporte público, obedientes como siempre lo han sido de las indicaciones ideológicas del Estado, sólo podían ser "interferencia". "¿El gobierno?", "¿los representantes?", "¿los dueños de las compañías de transporte?" (resumo algunas de nuestras opciones).
Impaciente, Tanja abandonó la mayeútica y nos dijo, acentuando sus encantadoras erres guturales: ""¡Pero no! Esa gente se entera de todo, pero es analfabeta en todos los códigos salvo en los de la coggggupción!" (Berlín tiene fama de ciudad corrupta). Son mensajes destinados a la mafia rusa.
¿La mafia rusa? ¿Existe la mafia rusa? S. pensaba que era un invento de las películas norteamericanas. Yo recordé que me había involucrado con un brazo menor (pero igualmente atemorizante) de la mafia rusa en mi anterior estancia en Berlín (a comienzos de la década del noventa), pero pensaba que era una cosa del pasado. No me gusta hablar mucho del asunto porque haber tenido que esconderme, en el medio de la noche, desnudo en un armario de un departamento semiocupado, sin calefacción, y en pleno invierno, no es una de las experiencias más felices de mi vida.
¿Y qué dicen esos mensajes a la mafia rusa? Por supuesto, que no conseguirán lo que quieren. En realidad, se trata de mensajes obscenos todos ellos, completamente insultantes, destinados a provocar la ira de los mafiosos, a hacerle perder su famosa compostura.
¿Pero cómo se entera la mafia rusa de esos mensajes en su contra? ¿Y, en todo caso, quiénes son los que se los envían? ¿De qué se trata todo esto?
"Vayamos por pagggggtes", dijo Tanja. La mafia rusa se entera de esos mensajes porque controla el sindicato de limpiadores de trenes. Es un sindicato importántisimo en Berlín porque de él depende que la población, cada mañana, encuentre los trenes impecables y sin los rastros de todos los excesos que en ellos hubo durante la noche previa. Naturalmente, los limpiadores de trenes (que fueron progresivamente reemplazados por adictos incondicionales a la mafia rusa, es decir: miembros de ella) son los encargados de lavar y lustrar los vidrios y, por lo tanto, son las únicas personas para quienes las ventanillas realmente representan un lienzo, una superficie, una materia en sí y no sólamente una abertura hacia otra cosa. Era lógico que, más tarde o más temprano, pudieran decodificar aquello que, noche a noche, tenían ante sus ojos y odiaban por el trabajo adicional que para ellos implicaba.
¿Entonces que entendieran el mensaje fue casual? En modo alguno: quienes habían escrito esas inmundicias (previamente codificadas) contaban con esa comprensión, más tarde o más temprano, y les convenía que fuera más bien tarde porque de ese modo podían saturar las ventanillas de rayones que, al ser comprendidos, iban a estallar como una bomba de discurso en la cabeza de los mafiosos. ¡Imposible sustraerse a ellos!
Y así fue: pasaron años, pero finalmente los limpiadores de trenes comprendieron las obscenidades que, sobre ellos, en las ventanillas se escribían. El arte de la injuria llevado a un grado superlativo, por el miedo que desencadenaba en la mafia rusa que, alguna vez, el resto de la población pudiera leer esos caracteres en lo que eran (temor infundado porque, con gran astucia, el código había sido diseñado para personas acostumbradas a leer el alfabeto cirílico).
Tan inmersos en el relato estábamos que íbamos cruzando las calles mirando de reojo el tráfico, sin hacer caso alguno a las luces de los semáforos que por lo general aquí los peatones obedecen como si se tratara de alertas de bombas neutrónicas. Por supuesto, ocasionalmente algún que otro automovilista nos insultaba, nos hacía gestos. No porque hubiéramos importunado su paso (estamos acostumbrados a cruzar el tráfico de Buenos Aires sin molestar a nadie), sino por lo inapropiado de nuestra conducta, por nuestra despreocupación. Tanja propuso que, antes de llegar a la discoteca
sobre la misma Mehringdamm a la que nos dirigíamos (la discoteca que funciona en los subsuelos del lugar donde S. expuso su primera tanda de fotos, a la que, por eso mismo, podemos entrar gratis), que nos sentáramos a tomar algo en alguno de los encantadores cafés que puntúan esa simpática arteria de Kreuzberg (de Kreuzberg más burgués). Buscamos un café por la Bergmannstrasse y allí pedimos unos mojitos, dispuestos a sumergirnos por completo en un universo de cuya existencia no habíamos tenido, hasta ahora, mayores noticias.

¡Por fin un poco de sensatez!

Respuesta a la Justicia
El humo del tabaco no es nocivo, dijo Diputados
Rechazó el pedido de un no fumador

viernes, 6 de octubre de 2006

¡Qué noche Bariloche!

¡Fue una velada de brillo sin igual! Como la vernissage incluía salchichas grilladas al aire libre, habíamos estado controlando las posibilidades de precipitaciones en una página amiga. Hasta el día anterior (el jueves), se suponía que iba a llover, pero luego fue tanta la lluvia que cayó esta mañana que los pronósticos aligeraron nuestra preocupación anunciando sólo un nublado intenso. Y así fue. Lentamente, el tout Ostkreuz (que es como decir la juventud dorada de Berlín) se fue juntando dentro y fuera de la galería (Timo Berger, sin embargo, no estaba). De otros barrios, de la zona norte, llegaron Silvia F., Florencia y Estela. Más tarde se sumó al contingente el anunciado (Silvia F. dixit) "chico más lindo de Berlín", que resultó no ser ni chico ni lindo sino un señor agradable (lo que fue una suerte, porque al "chico más lindo del mundo" S. y yo ya lo conocíamos y no teníamos ganas de volver a verlo) que manifestó una profunda curiosidad por el "Kunst von Freire" (Timo Berger, en cambio, no tanto, porque no fue).
De Kreutzberg era el interesado, de donde llegaron también Tanja y su marido (esta vez sin la diseñadora de Düsseldorf, que tenía miedo de que en Ostkreuz le robaran sus alhajas, pero, acompañados, en cambio, por una latinoamericanista de Leipzig encantadora que había venido especialmente para la vernissage). Un chico barbado de Mitte me interpeló para pedirme una entrevista a propósito de una monografía que está escribiendo sobre mi obra. Acepté encantado y fijamos cita para la semana próxima.
De Schöneberg estuvieron ausentes con aviso Dieter y Torben pero, en compensación, bandadas de locuelas del mismo barrio se arremolinaban ante las fotos de S. y pedían (medio en broma, medio en serio) fijar sesiones para los próximos días. ¡Dios quiera que eso suceda para poder pagar la calefacción en los próximos meses!
Esperamos hasta tarde al contingente de Friedrichshain (Timo Berger y sus amigos), pero aparentemente ellos no llegan hasta Ostkreuz con amenaza de lluvia.
Charlottenburg, por supuesto, dijo presente en la figura de Henry, quien llevó a una vieja conocida de S. de su estancia en Bellagio.
Todo fue encantador (las copas de sekt se alternaban incesantemente con las infaltables botellitas de cerveza) y, como dijo Kay, el dueño de la galería, "essen, trinken un schauen" es siempre la mejor excusa para crear redes de solidaridad entre la gente. El arte al servicio de la comunidad.
Tarde en la noche, tomamos el tren en Moreno (es decir, en Ostkreuz, una populosa barriada) y volvimos a casa arrullados por una suave ensoñación sólo interrumpida por los heroinómanos que, en los trenes, intentan vender revistas para comprar la próxima dosis.

Noches blancas

jueves, 5 de octubre de 2006

Libros recibidos

Un mundo amenazante

¡Amenazas, por todas partes amenazas! Me amenaza el fundamentalismo catamarqueño (incomprensiblemente, porque tengo sobre esa provincia y sus habitantes el más alto concepto), nos amenazan los monopolios de música chatarra, nos amenaza el Estado desde las ventanillas de los trenes y, ahora, recibí en mi celular un mensaje de texto (que aquí llaman SMS) que dice "con Düsseldorf no se jode", enviado desde un teléfono que no reconozco y al que no me animo a llamar para pedir explicaciones en mi media lengua (aunque el vocabulario no parezca ser el de un usuario fluido de Hochdeutsch).
No conseguirán callarme. Tengo derecho a expresar lo que pienso y lo que sé en esta sociedad porque soy (sino un refugiado político, aunque mi incurable romanticismo así lo preferiría) un migrante.

miércoles, 4 de octubre de 2006

Blogolandia

¡Qué feo sitio!
¡Y esta página es peor todavía!

Capitalismo y esquizofrenia

Anoche, raro placer frente al televisor. En la cadena kabeleins pasaron tres episodios continuados de Star Trek. Voyager, ninguno de los cuales había visto previamente. Mientras yo disfrutaba de mis ilusiones baratas, S. trataba de bajarme el último cd de Miranda!, el que incluye cinco canciones "de teleteatro"(que tengo en Buenos Aires, pero que me olvidé, con las prisas, de cargar en la valija), para ilustrar ante mi grupo de entusiastas del pop latino la persistencia del kitsch latinoamericano inventado por Rubén Darío.
Para compensar la alegría nocturna, S. recibió esta mañana un correo electrónico amenazador de Capif, presuntamente automático, en relación con la piratería y no sé qué derechos de propiedad intelectual.
Si hubiéramos estado en Buenos Aires habría contestado en los términos que se merece la canalla vil. "Estos mensajes buscan concientizar a los usuarios de los programas p2p acerca de las consecuencias del uso no autorizado de música para el desarrollo de la cultura musical del país", reza el vergonzoso texto, "pero también advertir sobre las posibles acciones legales que pueden enfrentar por infringir las leyes de propiedad intelectual y la exposición a riesgos informáticos". Además de una acusación injusta (soy un embajador de la cultura argentina), la segunda parte de la cláusula está tan mal escrita que no se entiende (¿qué es eso de la "exposición a riesgos informáticos"?). Más vale que los burócratas de las discográficas vayan interiorizándose sobre las consecuencias del uso no autorizado de lenguaje para el desarrollo de la cultura del país. Ale Sergí, ¿no te da vergüenza?

martes, 3 de octubre de 2006

El transporte y la lucha de clases

No es verdad que en Berlín no haya vandalismo en el transporte público. Basta ver las fotos que colecciona S., con una fruición que le ha ganado más de un admirador. Prácticamente todos los vidrios de los trenes (superficiales o subterráneos) están intervenidos por artistas del grafitti, cuando no los vagones enteros, como uno que vimos el otro día en Tiergarten, completamente pintado con aerosoles, incluidas las puertas y las ventanillas.
Lo que ocurre es que aquí las empresas de transporte se encargan de reparar los daños de un día para el otro, de lo cual son muestra elocuente las ligeras divergencias en los tapizados de los asientos de los trenes: es evidente que las telas plásticas, rotas, fueron reemplazadas (en algunos casos emparchadas con discreción de abuela) con nuevas partidas que difieren levemente en las tonalidades o en las texturas. Lo mismo sucede con los vidrios: rayados como están, nunca los hemos visto sucios y seguramente se podría comer sobre ellos, usándolos de platos. La gente parece tolerar mejor, de ese modo, la idea de que aquí no ha pasado nada.

Por supuesto, hemos adivinado que algo oscuro se esconde detrás de la manía de rayar los vidrios (más allá del resultado, es un trabajo que demanda el concurso de varias personas y un esfuerzo físico extraordinario para poder resolverlo sin ser víctima de las autoridades públicas). Suponemos que los vándalos portan herramientas especialmente diseñadas para tallar vidrios, y que prefieren ese método a cualquier otro porque, de ese modo, sus inscripciones resultan indelebles.


Foto: Sebastián Freire

Ni siquiera el atemorizante joven que desde al menos una ventana por tren conmina a terminar con la costumbre de arruinar los vidrios (porque se vería mejor el paisaje, porque en última instancia todos los contribuyentes tienen que pagar por esas intervenciones caprichosas) parece haber tenido alguna influencia en los desconocidos y por lo tanto impunes escritores o dibujantes.
Como sé que el caso apasionaría a la Dra. Claudia Kozak, que tiene debilidad por las "escrituras urbanas", reproduzco la conversación que tuvimos la otra noche con Tanja, nuestra amiga croata, cuando le comentamos nuestras impresiones al respecto. Ella nos hizo notar que (como suele suceder con este tipo de grafittis en todo el mundo), son a simple vista de imposible decodificación. Esos mensajes comenzaron siendo señales de inscripción en el tramado urbano de diferentes tribus, pero poco a poco se fueron transformando en otra cosa. Un poco tuvo que ver con eso la progresiva incorporación de los jóvenes (que no son una especie abundante) a las duras realidades del trabajo, la unidad alemana y la constitución del mercado común europeo.
Hay que notar, por otro lado, que, más allá de las paredes (y habría que ver siempre de cuáles se trata, porque como cualquier puede imaginar, jamás se ha visto el edificio de la Staatsoper o de la Cancillería intervenidos), esas escrituras se realizan exclusivamente en ventanillas de trenes. No en ventanillas de buses (lo que es obvio: porque el conductor controla desde un monitor de televisión la totalidad de la unidad que conduce), pero tampoco en teléfonos públicos o porteros eléctricos o vidrios de los Geldautomaten, lo que sin duda generaría pánico social, anomia, guerra civil.
De lo que se trata aquí es de un mensaje: a) cifrado, b) dirigido (en virtud de la exclusividad del soporte). Lo que claramente implica, al menos en la perspectiva de una semióloga de la voz (disciplina que, en su complejidad, adoramos), que, para alguien, esos mensajes significan algo (y no sólamente para quien lo escribió).
¿Para quién, para quién?, exclamamos al unísono S. y yo. Después de todo, parecerían mensajes dirigidos a todos y a cualquiera de las personas que utilizan los trenes. "Error de concepto, pero además error de percepción", dijo Tanja, con esa adorable manera de pronunciar las erres que tiene.
Para el común de los usuarios (dejemos de lado las tribus urbanas, porque son un fenomeno completamente residual), los jeroglíficos que ven en las ventanillas sólo significan lo que el Estado les indica: algo que se interpone entre el paisaje urbano y sus ojos (como si las intervenciones estatales en el espacio ciudadano, pongamos como ejemplo Potsdamer Platz, no fueran en sí horribles). No tienen un sentido, sino una función, o al menos los ciudadanos están acostumbrados a considerar que el sentido es la función y no otra cosa. Sea: ¿pero acaso no sería lícito pensar también que la función es el sentido?
¿A quién que no fuera un psicótico podría interesarle dedicar sus esfuerzos a la función de impedir la libre visibilidad del paisaje por parte de los otros? Admitamos que algún que otro psicótico puede haber, pero la cantidad necesaria para intervenir todas y cada una de las ventanillas de los trenes de Berlín (aún considerando la variable temporal) es tan grande que la ciudad se habría ya desintegrado. No hay psicosis, en ese hábito, sino decisión. Ergo: para desentrañar la función, debe haber sentido.
Esos mensajes (y que sean "mensajes" lo requiere como condición necesaria) están destinados a alguien en particular, que los ve como mensajes y no como mera interferencia. ¡De acuerdo, pero quiénes son!, estuve a punto de exclamar.
Por suerte no lo hice, porque en ese momento se sumó a la sobremesa una diseñadora de Düsseldorf y no son cosas, dijo Tanja misteriosamente, que convenga hablar ante alemanes de esa zona.

lunes, 2 de octubre de 2006

Mapa

Acá pueden verse exactamente la calle y el edificio donde vivimos. En la curva del Spree, la playa del barrio (Playa Paradiso). Tomando como referencia al autito que se ve sobre el puente, nomás cruzándolo, a mano izquierda, bajo los árboles, nuestro restaurante, Schnitzelei, donde ya nos reconocen y nos tratan con tanta simpatía que dan ganas de llorar. Siguiendo por la misma calle, a mano derecha se verá un baldío (hoy ya no existe: es una ruidosa obra que escande nuestro sueño). Justo antes del baldío está la entrada a nuestro edificio y nuestro departamento da a ese contrafrente denso de árboles (el castaño, con sus hojas ya muy mermadas, los infaltables robles y tilos, los falsos sauces y otras especies que no reconozco). Por la vera del Spree, hacia la izquierda del mapa, se llega al parque del Schloss Charlottenburg. Siguiendo por la vera del canal (hacia la derecha del mapa) se llega a la Charlottenburg Tor (cubierta con gigantescos letreros de samsung porque la están restaurando). Desde allí parte en línea recta, atravesando el Tiergarten, la Calle del 17 de Junio que, detrás de la Siegessaule, desemboca en la Brandenburg Tor, donde se realizán mañana los actos por la quimérica reunificación de Alemania, un país desgarrado.

domingo, 1 de octubre de 2006

Libros recibidos




Precio de cada ejemplar (REVISTA + OBRA VISUAL + PLAQUETA): $ 15

Solicítela al mail: elniniostanton@yahoo.com.ar o bien consígala en librerías o galerías de arte o bien adquiérala en la presentación, el miércoles 25/10 a las 19 hs. en el Centro Cultural Rojas, con proyecciones de Noemí Aira y Celeste Najt, y lecturas de Paula Peyseré, Gerardo Jorge y Arturo Carrera. Música en vivo. Próximamente, online la edición virtual nº 1, El niño Stanton web, en www.stanton.net.ar
(Con materiales de Mauricio Kagel, un texto sobre los poemas de Roberta Iannamico, otro sobre la ópera Eterna flotación hecha sobre poemas de Fogwill, e imágenes diversas).

Viajando por el mundo



De su última excursión laboral-familiar al sur de Alemania (fue a hacer fotos y a visitar a una prima), S. me trajo de regalo un cd del grupo austríaco Globalkryner, que se especializa en realizar abominables versiones tirolesas o bávaras (en todo caso irremediablemente kitsch: falsch im Ort, falsch in der Zeit y falsch im Material, todo al mismo tiempo). Recomiendo particularmente la versión de Lady Marmalade que puede oírse en la página oficial del grupo, uno de los predilectos de Timo.