viernes, 18 de febrero de 2005

Sobre la lectura

La lectura es para nosotros una iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en el fondo de nosotros mismos las puertas de lugares a los cuales no hubiéramos sabido entrar. Su rol en nuestra vida es por lo tanto saludable. Se torna peligrosa, al contrario, cuando, en lugar de despertarnos a la vida personal del espíritu, la lectura tiende a reemplazarla, cuando la verdad no se nos aparece como un ideal que no podemos realizar más que por el íntimo progreso de nuestro pensar y por el esfuerzo de nuestro corazón, sino como una cosa material, desplegada entre las hojas de los libros como una miel preparada por otros.
[por otra parte] El letrado invoca sonriendo el honor de cierto nombre que se encuentra en Villehardouin o en Boccaccio, en favor de un uso tal como se describe en Virgilio. Su espíritu sin actividad original no sabe aislar en los libros la sustancia que podría tornarlo más interesante; se traba con su forma intacta, que, en lugar de ser para él un elemento asimilable, un principio de vida, no es más que un cuerpo extranjero, un comienzo de muerte.
Parece que el gusto por libros se cruza con la inteligencia, un poco por debajo de ella, pero en la misma rama, tal como toda pasión está acompañada por una predilección por aquello que rodea su objeto, tiene relación con él, le sigue hablando en su ausencia. También los grandes escritores, en las horas en las que no están en comunicación directa con el pensamiento, s regodean en la sociedad de los libros. ¿No es sobre todo para ellos, de hecho, que han sido escritos? ¿No les devuelven mil bellezas que permanecen ocultas al vulgo? A decir verdad, el hecho de que los intelectos superiores sean aquellos que se denominan librescos no prueba de ningún modo que aquello no constituya un defecto del ser.

Más en Marcel Proust. Sobre la lectura. Buenos Aires, libros del Zorzal, 2003

Bitácora

Reviso los planes de trabajo para el verano que me había impuesto. Sigo escribiendo Clases (ya tengo 150 páginas escritas, pero no corregidas: la mitad del libro, un tercio del trabajo). El prólogo para el epistolario de Pasolini ya lo entregué, así como el prólogo para la traducción de La asesina de Lady Di. En el medio, escribí para Canecalón sobre el libro de Gabriela Bejerman, mandé el texto sobre Aira a Cuadernos Hispanoamericanos, corregí un relato dialogado para Ciertopez, la revista chilena, escribí mi intervención en el coloquio internacional que organiza Wolf Bongers para marzo (falta pulir un poco la prosa), preparé la "clase virtual" que me habían pedido para el posgrado de FLACSO y seleccioné algunas entradas de esta bitácora para Confesionario, el libro que prepara Cecilia Szperling. Leí, entre otras cosas, Sueños de exterminio, y me empantané con Una moral de lo minoritario (bastante repetitivo).
Ya llegan las mesas de exámenes, después las clases (en Puán y en el Rojas). Antes del lunes que viene tendría que decidir el cronograma de mis clases y empezar a estudiar. Ayer acepté una invitación para coordinar una mesa en la Feria del Libro y tuve que decirle a Piro, con gran pesar, que no podía participar de un proyecto al que me estaba invitando.
No sé si trabajo mucho o poco, pero tengo siempre la sensación de que el tiempo no me rinde y eso es lo único que opaca la dicha casi constante en la que vivo (interrumpida hoy por este virus o bacteria que, con el correr de las horas, me ha quitado hasta las ganas de fumar).
Anoche, Cecilia S. me interrogaba sobre mi vida cotidiana y quería saber si me había convertido en un "anacoreta". Le contesté que si estar encerrado en mi estudio ocho horas al día, con las manos pegadas al teclado, apenas vestido y casi nunca afeitado, de mal humor cada vez que alguien me interrumpe, es ser un anacoreta, pues bien, lo soy. En realidad, exageraba un poco.

jueves, 17 de febrero de 2005

Grandes obras en el barrio

Dirección de Comunicación Institucional
Secretaría de Gestión Institucional
Facultad de Ciencias Sociales


Apertura de los sobres del llamado a licitación para el inicio de las obras en el nuevo edificio de Sociales*

El 1 de febrero de este año se abrieron los sobres de las empresas que se presentaron a la licitación para el comienzo de las obras de remodelación del nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Sociales, ubicado en el barrio de Montserrat.
Para la "Primera etapa de la obra nueva y remodelación de la Facultad de Ciencias Sociales", según el nombre que llevó la licitación, se presentaron dos empresas. E.C.M.A SRL. y ARDAS SRL, cuyas ofertas fueron de $3.497.325,80 y $3.438.418,96, respectivamente.
Las mencionadas ofertas ya comenzaron a ser analizadas y evaluadas por una comisión creada por la Universidad de Buenos Aires a tal efecto. A través de la resolución número 60, del 3 de febrero de 2005, el Rector de la UBA, Guillermo Jaim Etcheverry, creó la comisión evaluadora, que será la encargada de determinar cuál de las dos empresas llevará adelante la primera etapa de la remodelación del edificio de Ciencias Sociales.
Esta comisión es interdisciplinaria y está conformada por representantes de las áreas legal, contable y de infraestructura de la Universidad y por un representante del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de la Nación. Su primera reunión tuvo lugar el 8 de febrero y el siguiente encuentro se realizará el jueves 17 de este mes.
El 2 de marzo deberá expedirse la comisión evaluadora acerca de cuál será la empresa que llevará adelante la primera etapa de la obra. Se estima que, luego de cumplir con todos los pasos administrativos, entre abril y junio se iniciará la obra que deberá realizarse en el transcurso de 180 días hábiles.

Dirección de Comunicación Institucional
Secretaría de Gestión Institucional
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Buenos Aires
Marcelo T. de Alvear 2230 2º piso Of. 204
TE: 4962-3913 ó 4508-3800 (int 133)
Correo electrónico: prensa@mail.fsoc.uba.ar

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*Se trata de la ex-fábrica Terrabusi, ubicada en la manzana comprendida por las calles San José, Santiago del Estero, Carlos Calvo y Humberto Primo y que fue adquirido por la UBA por $ 2.500.000.

Magias cotidianas

Interrumpo mi trabajo (de todos modos, hoy funciono a media máquina porque estoy con dolor de garganta y la cabeza embotada. Hablé con Chiquita ayer y me dijo que ella también se levantó maltrecha, con lo cual sospechamos que se trata de uno de esos resfríos generalizados que son más el producto de la cohabitación y el hacinamiento en las ciudades de hoy en día que otra cosa), para anotar las novedades sobre "los nuevos muchachos" del quinto piso.
Hace un rato, cuando volvía del correo, me encontré con uno de ellos en el palier de entrada. Él bajaba del ascensor y, al verme, me dijo muy amablemente: "¿Sube?". Lo primero que se me ocurrió fue cruzarle la cara de un sopapo, pero después me dije que el estado ruinoso en el que me encuentro, con la barba crecida, las ojeras y la mirada intensa de los afiebrados seguramente me avejentó ante su mirada de joven insolente. "No, gracias", le contesté. "Subo por las escaleras, de paso hago ejercicio". "Yo voy a lo mismo", me dijo, ya más descontracturado. Efectivamente, estaba vestido deportivamente y el pantalón le marcaba graciosamente los glúteos. "Ah, ¿vas al gimnasio?", le pregunté. "Sí, soy profesor de gimnasia", me contestó. Y eso fue todo. Tengo que cotejar información con Beba o su marido, a ver si sacamos algo en limpio de todo esto, pero ya dije que las suspicacias que intuyo en las conversaciones me desmoralizan.

Por otro lado, tengo en muy bajo concepto a los "profesores de gimnasia" porque el 75 % de los "modelos masculinos" que desfilan por el estudio de S. declaran esa especialidad o la de "masajista profesional". Por las fotos que encargan, todos sabemos que en realidad alquilan o en el mejor de los casos prestan sus cuerpos para la satisfacción de deseos que, si bien tienen que ver con la salud, difícilmente serían prescriptos por la medicina moderna.
De hecho, mi reluctancia a entablar conversaciones en los pasillos de la comunidad tiene que ver con mi sospecha de que las murmuraciones sobre nuestos hábitos deben ser muchas y que en modo alguno deben favorecernos, con el desfile constante de profesores de gimnasia, masajistas profesionales (algunas veces, actores) al que los tenemos acostubrados. De más está decir que la ética laboral a la que adhiere S. (con mi total aprobación) es precisamente lo que nos impide disfrutar, más allá de la mirada, de las golosinas que acuden a esta casa y lo que explica el suceso que S. tiene en el segmento laboral, donde sus sesiones son consideradas "muy profesionales".

Magias cotidianas

El barrio donde vivimos es extremadamente tranquilo y su paz se ve apenas perturbada por uno que otro incidente de ésos destinados a refrendar el sentido de pertenencia cuando uno habla con personas de otra parte: "Ah, sí, enfrente del bar Mágico", me han dicho más de una vez cuando doy mi dirección a algún proveedor que tiene que traerme algo a casa (una silla retapizada, o un pedido de verdulería para el Guacamole Open en el que vamos a participar).
El bar Mágico, como su nombre lo indica, es un bar con performances de magia (disciplina que el éxito de Harry Potter parece haber revalorizado), donde también se dictan cursos (algunos días) y se organizan convenciones de magos (a puertas cerradas, para que no se conozcan los secretos de las ilusiones). La de mago no debe de ser una profesión poco rentable, porque he visto a los magos (imposibles no reconocerlos: vestidos con trajes negros y chalecos de fantasía con muchos brillos), mientras riego las plantas, bajando de autos caros y nuevos (pero es cierto que tal vez se trate de otra de sus habilísimas ilusiones). Varias veces me he quedado mirando, amparado por el matorral de cañas, las cajas y equipos que descargan de camiones, con la esperanza de tener algún atisbo de ese mundo prohibido. Una vez, el invierno pasado, hubo un choque estúpido (o apenas una maniobra imprudente) y un cajón de madera voló por los aires para caer destrozado diez metros más adelante y revelar su precioso contenido: una partida de conejos blancos destinados a una de las clases de magia de los niveles avanzados. Los conejos son animales un poco tontos, pero no tanto como para no darse cuenta de que debían aprovechar la oportunidad para escapar. Y la calle se pobló de manchas blancas saltarinas y gritos desesperados de sus dueños. Finalmente, la participación felicísima de los chicos del barrio en la cacería permitió que todos los conejos fueran recuperados, salvo uno que, por debajo de los autos estacionados, consiguió llegar hasta Solís y, cuando intentó cruzar la calle sin mirar el semáforo (hábito poco desarrollado en la especie) fue aplastado por un colectivo (rojo) de la línea 150.
Me acordé de todo esto anoche, cuando fuimos a comer a Status, la cevichería peruana de Virrey Cevallos, con amigos de mi anterior trabajo, y yo pedí el conejo saltado para recibir la lacónica respuesta de que no les quedaba.
Cada tanto, el barrio salta a la fama y llegan la policía, la prensa, los curiosos. Pero no sucede con frecuencia. Hasta hace poco, había en la esquina una guardia policial permanente porque la justicia había desalojado a unos ocupantes ilegales de la bella casona que no sé qué mente siniestra dejó abandonada hace años (en las fotos, es justo la que está detrás del móvil de Crónica). Un policía quedó de consigna para evitar nuevas intrusiones, pero hasta las fuerzas del orden se toman vacaciones. Hace unos días, S. recibió el llamado de la madre de una vecina de la vuelta (no la misma familia que protagonizó el secuestro de la niña, sino otra) que le decía que "de nuevo estaba entrando gente en la casona" (no sé por dónde, porque tapiaron con ladrillos todas sus aberturas, lo que además de inmoral es un atentado al buen gusto). "¿Y qué querés que haga?", preguntó S. "Que llames a la policía". Ni falta hace que diga que S. se negó terminantemente a intervenir en un conflicto absurdo e injusto (y en el que, en todo caso, nosotros estaríamos del lado de los ocupantes) que sólo traería al barrio tensión y miedo.
La alarma, por otro lado, resultó falsa, así que retomamos nuestras ensoñaciones. Anselmo, el hermano de S, pretende que instalemos un bar en la planta baja y un hotelito en los pisos altos. ¡Como
Boquitas Pintadas, que está acá a la vuelta! Me encantaría que un proyecto semejante se realizara, pero no creo que seamos nosotros los más indicados para llevarlo a cabo.

Ay, mis gauchitos

El tema de la amistad está puesto con tal intensidad de emoción, que su estudio está erizado de dificultades. Antes de los trabajos de los psicólogos y psicoanalistas, el problema habría parecido simple, y ningún comentarista ha trascendido la línea en que la amistad cobra vehemencias de apasionamiento en sus legítimos límites de comunión espiritual y de adhesión humana. Hoy el problema se complica para el texto y para el Autor, y por mucha delicadeza que se ponga en su estudio nos encontraremos ante un problema de difícil diagnóstico.
En terminos de simple buena fe, la amistad de Martín Fierrro y Cruz, que nace súbitamente por reconocimiento en el uno del valor masculino, y en el otro por agradecimiento a su espontánea defensa, asume un carácter distinto en la convivencia solitaria en los toldos. Es allí donde la amistad se intensifica por la soledad y las dificultades de vivir, hasta hacer de ambos fugitivos seres tan compenetrados, que la muerte de uno es sentida por el sobreviviente como una ruptura de vínculos que los sostenían en su desdicha. La congoja de Martín Fierro y el sentimiento de absoluta soledad, nunca experimentado con tal intensidad, la devoción de su recuerdo y la compañía que busca junto a la sepultura, raya en los extremos de la angustia y la aniquilación de toda espereranza. (...) la muerte de su amigo configura en él un sentimiento de ternura tan patético como acaso existen pocos ejemplos en las letras. Descontada la hipérbole con que el Autor magnifica ese estado de tristeza, no habitual en su modo de describir ninguna pasión, el problema de cómo circunstancias naturales y bien conocidas pudieron ligar a dos seres desdichados en tan fuerte lazo queda como una incógnita.[1]


Juan Hearne


[1] Ezequiel Martínez Estrada. Muerte y transfiguración del Martín Fierro (1948). Buenos Aires, CEAL, 1983, pág. 98-99. Todos los subrayados me pertenecen.

miércoles, 16 de febrero de 2005

Correspondencia

Ha llegado la hora de tercerizar el Ministerio de Educación, que ofrece 1.200.000 pesitos porque parece que ellos no saben bien en qué gastarlos o lo saben pero no tienen ganas de hacerse cargo del engorro de llevar a cabo sus proyectos:

"El Ministerio de Educación convoca a presentar Proyectos Educativos con características de Olimpíadas para el período 2005- 2007 en las siguientes disciplinas:
-Historia
-Geografía
-Lengua y Literatura
-Filosofía

Los proyectos serán financiados por un monto máximo de $ 300.000 por disciplina ($ 100.000 por año. Los proyectos deberán ser presentados en el Ministerio de
Educación, Ciencia y Tecnología/ Programa Nacional de Olimpíadas. Para consultar y retirar las bases: Oficina 244- 2do piso- Ala Marcelo T de Alvear.
TE: 4129-100 Interno 7479, Email, WEB."

Chicas que cantan

Volver a los 17

por Daniel Link La historia de lo gay (es decir, de lo que se imagina sobre lo gay) tiene sobre todo un punto de inflexión -y de no retorno- marcado por la epidemia de Sida. Las consecuencias de ese punto de inflexión son decisivas porque volvieron un poco innecesaria la batalla por el derecho a la disidencia sexual y, sobre todo, porque pusieron en evidencia que el problema era (sigue siendo) la forma de visibilidad de lo gay (la loca de los años setenta se convierte paulatinamente en el macho de gimnasio de los noventa, por ejemplo). La enfermedad vino a poner en evidencia no sólo la "identidad sexual" de los portadores -y/o sus hábitos en lo que al consumo de drogas recreativas se refiere- sino la pobreza de las representaciones asociadas con la homosexualidad. El sistema de figuritas que agotaban la forma de amor que ni siquiera osa decir su nombre (la loca, el desviado, el chongo, etc.) se tambaleó al enfrentarse con la muerte epidémica y obligó a pensar en nuevas figuras que organizaran la vida de relación.
Contra la imagen de "máquinas de follar" característica de los treinta primeros años de historia de la cultura gay (Tom de Finlandia, paradigmáticamente), los noventa fueron mostrando la necesidad de crear una imagen más espiritual del universo homosexual (lo gay considerado como una aventura del espíritu). Diversas asociaciones civiles e iglesias de los Estados Unidos patrocinaron para el próximo 31 de diciembre la Marcha del Milenio, sobre Washington, por la defensa del derecho a la vida espiritual de los homosexuales. Es en relación con esta "espiritualización" de la cultura gay -cuyos efectos habrá que evaluar en su momento? que la última producción discográfica de Eurythmics, Peace, adquiere todo su sentido. Todo su sentido, porque es el único que tiene, y esa tal vez sea la grandeza pero también la debilidad de un disco pensado como un reencuentro pero que tiene todo el aspecto de una despedida. El último disco de Eurythmics es, efectivamente, la marca de un final.

"Todos están buscando a alguien" Annie Lennox -más hermosa que nunca, a sus cuarenta y cinco años- y Dave Stewart volvieron a unirse con los auspicios de dos grandes empresas multinacionales -Amnesty International y Greenpeace- para este nuevo disco de Eurythmics, un grupo -como Pet Shop Boys- decisivo en la historia del pop de los ochenta. El primer disco del grupo apareció en octubre de 1981, pero fue Sweet dreams (1983), y sobre todo el clásico de discoteca que da título al álbum el que colocó al grupo en el Hall de la Fama. A partir de ese suceso, con un disco por año y varios temas en los charts europeos y americanos, Eurythmics se consolidó como uno de los sonidos de la década, apuntalado por las composiciones siempre eficaces de Dave Stewart y por el extraordinario talento de Annie Lennox, una de las voces más exquisitas que ha dado el pop pero también una impresionante intérprete que hizo de la elegancia, el glamour y la distinción su sello.
El duo formado por Lennox y Stewart había sido, antes, pareja durante cuatro años. Se conocieron en Londres, donde Annie Lennox, una working girl escocesa había comenzado a estudiar en la Real Academia de Música de Londres a los diecisiete años. "Pensé que iba a ser como una de esas series de TV protagonizadas por chicas, viviendo en el swinging London y pasándola bien juntas. Pensé que sería algo así: novios con autos deportivos blancos, bares, sofisticación, fiestas. ¡Nunca me equivoqué tanto!", confesó Annie, interrogada sobre sus comienzos. Es que el mundo de la London Royal Academy pronto se le reveló como un espacio puramente competitivo que obligó a la futura estrella a abandonar toda idea romántica sobre la institución. En uno de sus primeros gestos "políticos", la joven Annie abandonó los estudios poco antes de graduarse. "Ahora me doy cuenta de que abandonar la Academia fue un acto de cobardía", reconoció años después, "pero en ese momento me pareció una decisión extremadamente dramática y una acción positiva. Y yo estaba decidida a provocar un impacto".
De todos modos, su ecléctica formación (desde pequeña fue expuesta a la influencia del folklore escocés, los musicales de Broadway, la música clásica y los hitos del pop) y la rigurosa formación vocálica de la Academia la habían preparado ya para la teatralidad y la música sintetizada que se impondrían hacia mediados de los años ochenta. Nunca nadie consiguió articular con tanto glamour el sonido de una época y los contenidos ideológicos "progresistas" como Annie Lennox. En 1989 fue lanzada la última producción del grupo, We Too are One. Mientras Dave desarrollaba una errática carrera con The Spiritual Cowboys, Annie se entregaba a los placeres de la maternidad (es madre soltera), la unánime admiración de la crítica y un éxito de ventas que Eurythmics nunca llegó a tener. Diva y Medusa son los nombres de sus dos discos como solista, en los que Annie Lennox trasciende los artificios de discoteca de Eurythmics y el papel de estrella del pop a la Madonna para acercarse al estilo de una de sus ídolos, Joni Mitchell. Las letras tienen esa ironía típica de Lennox. "Why" y "No More I Love Yous" son celebraciones (y no lamentos) ante la pérdida de un gran amor. "Supe tener demonios en mi cuarto por la noche. Deseo, desesperación, deseo... ¡tantos monstruos!".

Dale una oportunidad a la paz El nuevo disco de Eurythmics ofrece una imagen neta en su ambigüedad. Dave y Annie vestidos de blanco, como si de una boda espiritual se tratara. En la bella balada "17 Again" que abre el disco la letra dice "no podemos estar juntos, no podemos estar separados". Tanto Annie como Dave reconocieron el carácter autobiográfico de esas dos líneas, pero insisten en que se trata de otra cosa. El tema, destinado a convertirse en un top de este fin de siglo, recupera hacia el final la letra de "Sweet Dreams", en un intento por ligar este disco con la historia de Eurythmics como grupo. Es dudoso que lo consiga, pero en todo caso el final es una simpática apelación a la juventud como tiempo de la ilusión y la pureza de ideales (¿habrá escuchado Annie Lennox a Violeta Parra cantando "Volver a los 17"?). Del resto de los temas es mejor ni hablar. Salvo de la balada "I've tried Everything" (Lo intenté todo), donde la voz de Annie viene como del cielo para decir, en el estribillo, "Yea, You're a loser now/ Yea You're a loser". O la exquisitamente lenta "My true love", donde se escucha: "Mi amor verdadero es una peligrosa taza china/ con sus piezas rotas/ que no pueden juntarse". Tal vez esa imagen sirva como definición de Peace, que parece, en efecto, un rompecabezas mal armado. Porque la corrección política se convirtió en un artículo de tocador, o porque es difícil para una estrella del pop encontrar un lugar maduro desde el cual seguir hablando (sin caer, claro, en la imagen forever young à la Cher) o porque, como el mismo disco reconoce, "Paz es sólo una palabra".


Galería


El número de enero de Cuadernos Hispanoamericanos donde salió publicado mi elogio sobre Yo era una chica moderna de César Aira llevaba ilustraciones de Luis Caballero. Éste es el dibujo ("Retrato de Louis") que eligió Blas Matamoro para la página final de mi artículo.

Correspondencia

Hablando del Festival de Rotterdam, este correo le llegó a S. (dirigido a los dos):

"Hola S.! Lamento no tener foto, aun mala, para enviar. Quería contarles a vos y a D. que el único momento divertido de mi paso por Rotterdam fue cuando, al salir de una proyección de Ronda nocturna, una periodista alemana muy cliché (alta, fornida, walkyria de supermercado) se me acerdó y con un acento caricatural me preguntó: "EXCUSE ME, PERSONAL QUESTION... WHAT IS THE PRICE OF A MALE PROSTITUTE IN BUENOS AIRES?" Le expliqué que no me ocupo de intermediar en esas transacciones pero que si iba a Bs As podía presentarle a algunos que hicieron de extras en la película y que ella podría discutir de tarifas con ellos. Agregué: "IT ALL DEPENDS ON THEIR BEAUTY... AND ON YOURS". Creo que le cayó mal porque se alejó sin un saludo.
Hasta pronto en la Reina del Plata.
E."

Blogolandia

Esta página me quita el sueño (gracias, serge).

martes, 15 de febrero de 2005

Senectud

Ya conté que sospechaba que alguna viejita del edificio había pasado a mejor vida, porque vi gente nueva bajando cosas de un camión. Ayer me crucé con Beba (se llama Genoveva, pero le decimos Beba: es una costumbre típica del barrio, acortar los nombres hermosos para volverlos sino feos, al menos neutros), la mujer del portero y le pregunté "casualmente" por los nuevos vecinos. Me confirmó que sí, que se habían mudado, que eran "dos muchachos solos", y revoleó los ojos en señal de complicidad, gesto que, justo es decirlo, no sabría exactamente cómo interpretar. No porque en este edificio exista algún tipo de censura moral o prejuicio ideológico: tenemos a una negra completamente auténtica (dominicana, la imagino, o algo así) con una hijita hermosísima que usa trencitas. Ella es madre soltera, pero además ejerce la prostitución en alguna de sus formas (al menos, eso fue lo que S. me contó, sin permitirme dudar de tal hipótesis). Somos una comunidad completamente indiferente a la conducta (privada o pública) de sus integrantes, con la sola excepción del pago de las expensas, los servicios y esas cosas.
De hecho, mi buena relación con Beba y su marido se fundan en una "atención" que tuvimos para con ellos en las últimas navidades. Yo les expliqué que desde mi llegada se habían triplicado por lo menos las obligaciones cotidianas a los que esta unidad habitacional los sometía, y que me parecía justo una compensación monetaria. Aceptaron (maravillados) mi gesto y ahora todo es miel entre nosotros.
Lo cierto es que Beba me contó sobre "los nuevos muchachos", comillas que todavía no he podido desentrañar (bien pueden ser traficantes, homosexuales o artistas de variedades: el sentido común es bastante ambiguo en este caso y, si bien yo podría haber protestado contra un rasgo de homofobia, no tenía ganas de que eso diera pie a más murmuraciones). Lo que sí quería saber era a quién o quiénes venían a reemplazar, por mi preocupación por los ancianos de los que estoy rodeado.
Resultó que en noviembre, aparentemente (y todavía no sé cómo no nos enteramos en su momento, qué ausencia o distracción nos impidió participar del drama, aunque fuera a la distancia), una señora del tercer piso fue encontrada muerta en su departamento (por una hija que no la visitaba lo suficiente, y que tal vez deba algún día recurrir a los consuelos de John Edward). Pero hacía días que la anciana (en rigor no tanto, teniendo en cuenta el promedio de edad de nuestro barrio: 85 años) había muerto y al deterioro del cuerpo previsible hacia fines de noviembre en Buenos Aires había que sumar la nostalgia, curiosidad o gula de su gato, que fue mordisqueando allí donde hubiera posibilidad ya de estimular el sistema nervioso central de su dueña, ya sus propias papilas gustativas.
Como no podía ser de otra manera, el episodio impresionó vivamente a los integrantes de la comunidad (y no sólamente a los que tenemos gatos, que somos varios) y a algunos de sus allegados.
De hecho, la unidad habitacional que ocupan los "nuevos muchachos" no tiene nada que ver con el episodio (es el departamento del tercer piso, parecido al nuestro pero con otro sistema de circulación interna, que sigue en venta) sino con el de otra anciana que vivía sola y cuyos hijos, enterados del final de la del tercero (que si fue plácido ya no importa, por el toque gore que le agregaron su gato y la indiferencia de su hija, que no supo durante cuatro días que su madre estaba muerta) , decidieron que no sería prudente que su madre pasara por lo mismo (como la señora no tenía gato, ni perro, ni nada, es de suponer que se referían al abandono) y por eso la sacaron de su departamento y la internaron en la "casa para personas mayores" que está sobre Solís. Las cuotas de la institución las amortizan con el alquiler que pagan "los nuevos muchachos".

Una alegoría

Hago mías las palabras de Santiago García Navarro, ex crítico de arte del diario La Nación, quien caracterizando los espacios alternativos de arte en Buenos Aires ha dicho: "Belleza y Felicidad, más que un espacio es un estilo, lo cual es mucho decir. Tal vez sea el lugar más fácilmente identificable con un espíritu (¿con una estética?) y el menos predecible en términos de gestión. Fernanda y Cecilia muy pocas veces saben exactamente qué es lo que se va a exponer o cómo será lo que está programado que pase en la galería, pero tiene el olfato suficiente para detectar lo que quieren. Estado de apertura, clima festivo, audacia en la selección de proyectos artísticos, todo esto hizo de B&F un punto de encuentro, de reposo, de amparo".
Eso es, efectivamente, Belleza y Felicidad. Fernanda Laguna se ha dado la difícil tarea de contarnos una alegoría protagonizada por Belleza y por Felicidad y han tenido la generosidad de incluirnos en ese relato. Efectivamente, en lo que se refiere a las artes plásticas, pero también en lo que se refiere a la literatura y a la música, B&F es un lugar que no tiene puntos de comparación (y tal vez, muy pocos antecedentes). No se trata de la adaptación local de una experiencia que en otro lugar del mundo haya dado frutos prodigiosos (lo que siempre resulta un poco triste) sino de una convocatoria específicamente argentina: B&F hace del barrio, de la veredita, del chisme y de los rumores de la periferia porteña parte de su encanto.
No es sólo por ese encanto que nosotros acudimos a Belleza y Felicidad cada vez que podemos. Es porque sabemos que allí se cocina gran parte de nuestro presente y de nuestro futuro artístico. Vamos a B&F porque entendemos que, además del reposo, el amparo y el sosiego, también encontraremos allí líneas de fuga, puntos de ruptura, una salida para el arte. Y hay que recordar aquí que lo que importa en el arte no es la libertad sino una salida. El arte verdaderamente experimental es una salida cuyos resultados se desconocen.
Sería, por lo tanto, difícil describir Belleza y Felicidad según un programa o un proyecto. No hay programa ni proyecto precisamente porque lo que se quiere es lo imprevisible, aquello que nos sacará de nuestras casillas (de nuestros cómodos compartimientos, de nuestros estantes). B&F es una experiencia radical, sí, pero una experiencia que abomina del programa (¿acaso puede programarse la felicidad, acaso puede someterse la belleza a protocolos?).
La única exigencia que podemos hacerle a B&F es que cumplan con la promesa que han hecho (justo es decir que hasta ahora lo han hecho): en su casa (que es también la nuestra) siempre habrá belleza y siempre habrá felicidad. Y el rumor de ese cuento protagonizado por dos hermanitas de pronto se multiplica en un coro en el que intervienen también Esperanza y Bondad (María Moreno quería instalar enfrente mismo un chiringuito que llevara por nombre Orgullo y Prejuicio). Estado de apertura, estado de gracia, línea de fuga, fiesta. ¿Acaso puede existir un clima más favorable al arte? ¿Acaso se puede pensar en un contexto diferente para el arte de verdad, para la verdad del arte?


Buenos Aires, junio de 2000

Daniel Link ha publicado (en Belleza y Felicidad)
La clausura de febrero y otros poemas malos
y
Carta al padre y otros escritos íntimos.

Buenas y malas noticias

Es difícil decidirse por cuáles contar primero, y dejarlo a criterio del que va a recibirlas no siempre es la mejor estrategia. Se trata de buenas y malas noticias en el barrio (algún día tendré que explicar sus coordenadas precisas). La mala es que murió el perro de Andi, al que todos conocíamos de sus paseos conjuntos. Nunca se sabía bien quién paseaba a quién porque Andi andaba con ese aire tan de poeta prerrafaelista, yendo a la video o volviendo de la panadería.
La buena noticia es que una vecina del este (llamo "Este" a San Telmo, porque es la posición relativa que tiene en relación con nuestra casa) está embarazada. No revelo su nombre (ni siquiera su inicial) porque nos ha pedido discreción durante las primeras semanas, y respetamos su cautela. Y es buena noticia porque ella estaba esperando esta segunda suspensión de sus funciones hormonales de rutina.
En otro momento, cuando tenga menos trabajo, contaré algo de lo que me enteré a propósito de los nuevos vecinos que tenemos. El relato de nuestra portera me erizó la piel.

Diario de un televidente

Sólo me faltan los chocolates para sentirme Esperanza Hóberal, la protagonista de La asesina de Lady Di. Conseguimos la grabación de la audición en Las Vegas de Mario Vázquez: Whatever Happens. De todos modos, ya lo escuchamos cantar eh Hollywood. Acá se lee lo siguiente: "Mario Vazquez didn't distinguish himself in earlier rounds, and I don't feel that he did here either. His performance was solid, but he didn't really stand out from the crowd. While that may have been good enough to get him through tonight, it's crunch time next week, and I think that Mario will be one of the casualties. I'll up earlier odds of 50:1 to 40:1 just on principle". Las apuestas seguirán subiendo a pesar del ridículo corte de pelo que le hicieron porque, como dice acá, "Mario has a definite star quality about him".


Correspondencia

Recibo una carta larguísima de Fernanda Laguna, que incluye un acta de una asamblea y una convocatoria. El texto completo, acá. Como siempre, B&F inaugura la temporada. Copio los primeros párrafos del acta:

Asamblea de artistas y no artistas en Belleza y Felicidad

A eso de las 20.00 hs llegué a ByF. Los artistas participantes estaban sentados confortablemente en el suelo de la galería, conversando entre ellos.
De manera informal, Fernanda Laguna dio inicio a la reunión.
Magda, una de las artistas, sugirió que, para empezar, se planteara un orden del día, un temario y un orden de votación. Todas estas cuestiones reclamaban la presencia de un secretario de actas. Ahí entre yo. Munido de mi pequeña libreta, me ofrecí a ser el secretario de aquella jornada.
Fernanda Laguna toma primera la palabra y explica el origen de la convocatoria. Su idea había sido la de generar la exhibición Muestro, consistente en la muestra de obras de artistas o no artistas, cuyas condiciones de presentación (formato, tamaño, cantidad) eran absolutamente libres. La única condición para la presentación es que ésta debía efectuarse en un determinado horario. Una crítica que recibe esa imposición horaria, fue la de ser fascista.
Fernanda habla de la voluntad y del sacrificio del artista en pos de la exhibición de su obra. La intención de Muestro era la de poner en cuestión la circulación habitual del circuito arte. Así como ir en contra de la imposición de un criterio rígido de parte de una galería.
A partir de las resonancias de Muestro, Fernanda propone que se debatan las características de un Muestro ideal, que se efectuaría en ByF a partir del 15 de febrero como fecha tentativa.
Su característica principal volvería a ser la libertad absoluta. Fernanda aboga por una nueva percepción y un nuevo modo de la circulación artística. (sigue acá)


lunes, 14 de febrero de 2005

Urban Legends (Ilustrated)

4. Todo bicho que camina va a parar al asador
(All walking bug is going to stop to the grill)


Chicas que cantan

Nossa senhora

Por Daniel Link, desde Río de Janeiro
El Canecão ("Tazón") es uno de los lugares más extraños del mundo. Especie de gigantesco galpón reacondicionado en el centro de Río, ha sido testigo de la evolución de la Música Popular Brasilera (MPB) y lugar de actuación insoslayable para las grandes estrellas de la canción. Lo que el lugar tiene de raro es que prácticamente toda su superficie está plagada de mesitas, en las cuales el público se sienta a tomar o comer algo, fumar (afortunadamente Brasil es un país mucho menos frívolo que la Argentina y no ha adoptado la fobia norteamericana al tabaco) y escuchar música. Por allí pasaron Gal Costa, Chico Buarque, Milton (comenzó allí su último ciclo de conciertos), Caetano Veloso, Simone, por citar sólo algunos de los nombres de la mítica MPB. Allí eligió la bahiana Maria Bethânia grabar y presentar A força que nunca seca.
La escenografía del show no era linda, la iluminación parecía un ejercicio escolar mal resuelto, el sonido era un poco demais. Pero de pronto, las luces de la sala se apagan, sube el telón, los músicos comienzan a tocar y se oye una voz, la voz de Maria Bethânia, cantando desde fuera del escenario, alimentando el delirio del público. Algo sucede con esa voz, porque cuando Bethânia aparece en el escenario, con sus cabellera de ménade enardecida, parece que siempre hubiera estado ahí: "Nossa senhora", "Linda", "Deusa", ruge la multitud.

La hermanita perdida Los argentinos pueden cometer la temeridad de considerar a Maria Bethânia la hermana de Caetano Veloso. Pero lo cierto es que antes de que Caetano Veloso, Gilberto Gil o Gal Costa fueran conocidos internacionalmente, Maria Vianna Telles Veloso (tal su nombre de nacimiento), ya tenía una prometedora carrera como cantante. Uno de sus primeros hits fue una canción "de protesta" que, en 1965, la colocó en el oído popular. Bethânia no tuvo participación activa en el movimiento Tropicália liderado -entre otros artistas- por su hermano, que inmortalizó su nombre en "Maria Bethânia", una de las canciones "inglesas" que compuso en 1969 en Londres. Juntos, grabaron en la década del setenta uno de los peores discos de los que se tenga memoria. Maria Bethânia y Caetano Veloso (ao vivo) muestra a un Caetano impecable. Su hermana, por el contrario (atacada de un repentino malestar de garganta), desafina como un perro muribundo. Es curioso (y generoso de su parte) que Bethânia permita que esa grabación de la única vez que los dos hermanos cantaron juntos circule todavía.
Lejos de Tropicália, pues, Bethânia fue armando su repertorio con covers de baladas románticas y desgarradoras canciones de amor (inspiradas en el fado portugués), dramáticamente interpretadas. Entre su primer hit, de 1965, y su gran suceso de 1978, el disco Alibi (Bethânia fue la primera mujer en vender un millón de discos en Brasil), la "personalidad" de la joven cantante está lista para convertirla en la reina indiscutible de la MPB.

Modernidades periféricas Del gesto de condescendencia con el que los argentinos suelen mirar la cultura brasileña (esa predilección por los diminutivos, sus hábitos alimenticios, su gozosa relación con los elementos del paisaje, la manía por las siglas, la entrega a la pasión futbolística y a la deliberación de tudo o que acontesce) surge un mito que impide la relación con ese otro que es el Brasil en el contexto de Latinoamérica. Ciertamente, la cultura brasileña es rara, desde el carnaval hasta sus formas de cultura pop (tan cargada de religiosidad). Su misma relación con la cultura norteamericana es tan específica que exige del pensamiento un esfuerzo adicional.
Eso se nota escuchando cualquiera de los grandes nombres de la MPB, pero sobre todo en Bethânia, cuyo eclecticismo (cuya libertad) en la elección de su repertorio permite que todo aparezca allí misturado: el multiculturalismo (las raíces negras e indias), el testimonio y la pasión amorosa, lo pop de la cultura y el paganismo.
Todo eso hace de A força que nunca seca (la versión de este tema de Chico César es, tal vez, una de las mejores del disco) una pieza imprescindible para comprender, por lo menos, aquello que nosotros no somos. Y además, muestra a una Bethânia madura, una "gran dama" de la canción, con un dominio absoluto de su extraña voz grave y áspera. Una Bethânia, por otro lado, feliz (ha encontrado el amor en Lisboa). Y sí: todo eso hace del disco una sucesión de momentos de felicidad un poco empalagosa (la mel aparece una y otra vez en las letras). Pero cuando la Reina consigue su punto de equilibrio, el resultado es memorable. Por ejemplo, en el famosísimo "Las flores del jardín de nuestra casa" de Roberto y Erasmo Carlos comienza en un pozo ciego de dolor ("Las flores del jardín de nuestra casa/ murieron todas de nostalgias de você"), para terminar con esa sonrisa final con la que canta "Despues que caiga la lluvia/ otro jardín un día/ va a florecer", que iluminó el Canecão e inflamó al público. Esa promesa de felicidad es lo que su corte de fans más le agradecen a "Nossa Sehora Maria Bethânia".
Entre las mejores interpretaciones incluidas en este álbum doble se encuentran los temas de Caetano (su versión de "Um indio" mejora la de su hermano) y de Roberto Carlos (hace unos años grabó un disco entero con sus canciones, As cancoes que você fez para mim, en un gesto de reconocimiento a uno de los grandes del kitsch brasilero).
Antes de dejarse fastidiar por alguno de los tracks del disco, conviene esperar, para no perderse parte de su encanto. En un rapto de experimentación, A força que nunca seca va montando temas entre sí ("Resposta", de Maysa, dialoga con el bellísimo "É o amor" de Zezé Di Camargo). Y cuando Bethânia canta "Yo no voy a negarlo, estoy loco por vos/ estoy enloquecido por verte/ No lo voy a negar/ No lo voy a negar, sin vos/ todo es saudade", conviene tener a alguien cerca para darle la mano por debajo de la mesa, como en el Canecão, donde Bethânia es la Reina.

Galería


Rupert Everett protagonizó junto con Kathy Bates y Meredith Eaton Unconditional Love (2002), que narra con gracia las peripecias de un viudo homosexual, una gorda divorciada y una enana, los tres en pos de la felicidad. La película no se estrenó en los cines argentinos (una razón más para boicotearlos), pero S. la alquiló "pensando en mí". No se equivocó: es una comedia ligera, completamente inocua (con un final un tanto apresurado), pero deliciosa por donde se la mire. ¡Por suerte Rupert no es una estrella de Hollywood!

domingo, 13 de febrero de 2005

Senectud

Ayer, cuando fui a bajar la persiana para ir a lo de Anselmo, el hermano de S., vi a unos tipitos en la puerta descargando un camión de mudanzas. Eran jóvenes (incluso hice contacto visual con uno de ellos). Entraban, entre los bártulos de rigor, plantas, lo que en el barrio es algo bastante insólito. Deduje que algunos de los ancianos que habitan en este edificio debe de haber pasado a mejor vida, pero no alcanzo a saber cuál. El departamento del tercer piso sigue en venta (por lo menos eso parece sugerir el cartel colgado del balcón) y los viejitos blandos con los que me cruzo parecen ser los mismos de siempre (no podría asegurarlo, porque todos se parecen mucho).
Lo que pasa en el barrio es curioso, porque hay muchas casas desocupadas (las que estaban ilegalmente ocupadas fueron desalojadas el año pasado), lo que quiere decir que muchos de sus habitantes fueron trasladados a la Chacarita pero que nadie los ha reemplazado (algo del barrio debe hacerlo resistente a la especulación inmobiliaria). Es como si en el centro de Buenos Aires se hubiera instalado un pueblo fantasma.
En el fondo es una tranquilidad, pero a veces resulta un poco inquietante.

Conversaciones de un padre de familia


Le dije a mi hija que me trajera las fotos de Dominique, la nueva gatita, para que la escaneáramos. Pero eran casi todas insalvables, salvo ésta. Domi llegó a la familia por encanto de Tita Merello, que obligó a echar por tierra con todos los prejuicios contra los gatos que tenían en mi casa. Tan así fue que mi mamá, que odiaba a los gatos (porque para ella también eran cosa del demonio) días atrás me contó sus primeros escarceos con Mía, la hermana de Dominique, a quien ella adoptó. De modo que Tita Merello tiene ahora dos primas (atigradas ambas) para hacerlas cagar a tarascones. Veremos qué pasa cuando las juntemos. Dominique parece encantadora (y me dicen que lo es). La última vez que mi hijo se cruzó conmigo estaba en Tucumán, ya volviendo de sus vacaciones, impaciente para llegar a su casa, entre otras cosas para conocer a su gatita, con la que solo convivió un día.