martes, 2 de diciembre de 2008

Elementos de egiptología

Lo que hoy se llama Egipto ocupa el área más oriental del Sahara, un desierto justamente célebre por su extensión y su belleza.








El Sahara se extiende desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo, en el norte de África y coincide, por lo tanto, con el recorrido aparente del sol en el cielo:



Esa piel expuesta y calcinada, compuesta en sus tres cuartas partes por piedra y en una cuarta parte por arena no conoce otro pormenor que el Gran Río, el Nilo, que nace en las tierras altas etíopes y en el lago Victoria de Tanzania (sus dos afluentes principales). La parte del río que llega hasta Aswan es el Nilo medio. Desde allí hasta su desembocadura en el Mediterráneo, el Nilo inferior, que corta el Sahara con sus encantadores pormenores para provocar otro paisaje justamente célebre:







El valle del Nilo es una de las tierras más fértiles del mundo y los primeros visitantes griegos quedaron asombrados ante la riqueza de un suelo que no negaba nada a los hombres que lo habitaban: los mejores panes, las mejores frutas y verduras, el mejor ganado se encuentra a la vera del Nilo, que corta el eje horizontal (Este-Oeste) del recorrido solar y del desierto, con el eje vertical (Sur-Norte) del infinito caudal de aguas azules y su limo providencial que hace de la nada, un todo.

Antes de desmbocar en el Mediterráneo, el Nilo se abre en dos brazos: uno va a parar a Alejandría y el otro a Port Said. Entre los dos, el fabuloso Delta del Nilo.

En el lugar donde el Nilo se abre en dos se situó la primera capital de los faraones, Memphis. Allí mismo, hoy, se localiza una de las ciudades más extraordinarias del mundo, El Cairo.
Para los antiguos habitantes de estas tierras que, tanto ayer como hoy, tienen en la actividad agropecuaria y el turismo sus principales fuentes de riqueza, la conjunción de agua y sol, de los dos ejes de la vida, era el símbolo de la bienaventuranza, de la felicidad en la tierra y en el cielo. Llamaron ank a esa llave que unía nada con todo, a ese umbral de transformación de lo profano en lo sagrado. No habría iconografía egipcia -desde la Dinastía Cero (3050 AC) hasta los faraones griegos, los Ptolomeos, Cleopatra) sin ank.





La cultura faraónica era conservadora y poco apta a las aventuras imperiales. Con razón, jamás se les ocurrió que pudiera haber lugar mejor para vivir o mayor fuente de recursos que no fuera el valle del Nilo. Y jamás se les cruzó por la cabeza que la sucesión de los milenios tuviera que involucrar cambios sustanciales en sus estilos de vida. Teniéndolo todo, de una vez y para siempre, sólo había que honrar a los dioses que les habían regalado el paraíso. El ank también sirve para eso.

Fotos: Sebastián Freire

domingo, 30 de noviembre de 2008

Un cuento infantil

¿Hay exterior? ¿Hay mirada exterior? ¿Hay afuera en relación con la mirada? ¿Es la intemperie un más allá de lo que somos? ¿Y lo que somos, es el resultado de una dialéctica de uno y lo otro, lo otro y lo mismo? Kafka escribe su deseo de "ver a través de la ventana campos de caña de azúcar y cementerios mahometanos". "Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí", se lee en uno de sus relatos incluidos en La muralla china. ¿Se puede?

*
Tómese un lugar cualquiera, completamente al azar. O mejor aún, para que no parezca que el azar ha sido falsificado (conocemos el sentido de la expresión “la mano de Dios”), elíjase el lugar más remoto, el más exterior (¿respecto de qué? Respecto de todo lo conocido, naturalmente). Digamos, por ejemplo, el Sahara, ese lugar donde el sol calcina la piel y el aire congela la sangre, al mismo tiempo. "El paisaje", pensaba Saint Exupéry, "más hermoso y el más triste del mundo".



"Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego". En las últimas líneas de El Principito, el aviador nos pide que lo miremos atentamente "para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto". Seria difícil equivocarse, aunque el dibujo de Saint Exupéry omite una de las dos estrellas que alumbran un Sahara que, cada tanto y durante varias noches, desconoce la luna:


Foto: Sebastián Freire

"Deténganse un poco, precisamente bajo la estrella", pedía Saint Exupéry. Desde que tenía cinco años quise hacerle caso, para ver qué pasaba (delirios de identificación narcisista).


Foto: Sebastián Freire

Es, efectivamente, el cielo más hermoso del mundo. La galaxia entera con sus planetas mayores y menores, con sus rosas, sus corderos y sus príncipes, sus reyes y sus faroleros, sus contadores y sus volcanes extinguidos se vuelca en un chorreo astronómico como ningún planetario nunca podría registrar.

Foto: Sebastián Freire

Por supuesto, no pasó nada. Ningún milagro que pudiera comunicar al aviador. Ningún niño de cabellos de oro, en todo caso.

Foto: Sebastián Freire


*

En el medio del Sahara (quiero decir, perdido entre sus dunas y sus montañas de piedra y sus caminos que se borran cada día, y cada día se reinventan nuevamente, donde el desierto pierde el centro y se hace pliegue y parece que el espacio liso se rinde a la civilización, de nuevo), hay un oasis (uno de los seis que caen bajo jurisdicción egipcia), llamado Bahariya. Ningún espejismo: se trata de un villorio miserable de 42.000 habitantes apiñados.




Fotos: Sebastián Freire

En Bahariya hay un supermercado, por el que pasan las caravanas que van hacia el desierto, para aprovisionarse. Todo es muy vulgar, muy tópico, muy estereotipado: el colmo del esnobismo es esa suerte de turismo rústico.
Pero basta con tensar un poco más la cuerda, o con dejar vagar la mirada o con abandonarse al pliegue de lo otro en lo mismo y de lo mismo en lo otro para que algún milagro se produzca: tan afuera, tan afuera, que uno dio la vuelta entera y ya no sabe de qué lado del espejo está mirando el mundo.


Foto: Sebastián Freire

sábado, 29 de noviembre de 2008

Programa de humidificación ambiental



La espía del Mossad por cuya culpa quedamos varados en Cairo nos envió credenciales falsas por una compañía privada de correo, gracias a las cuales nos convertimos en miembros de una comisión internacional de supervisión del Programa de Humidificación Ambiental que desarrollan conjuntamente el gobierno norteamericano y el gobierno egipcio.
Se trata de un programa experimental de terraformación en el cual confluyen los intereses de la NASA, con su manía por conquistar Marte, y de Egipto, que ya no tiene dónde ubicar más gente en el valle del Nilo, agobiado por ochenta millones de habitantes. El programa toma como objeto al Sahara entero (que hace años ha dejado de ser un "desierto" y hoy es apenas un campo operacional más o menos hostil a la supervivencia de los seres vivos (ningún desierto natural lo es totalmente, y ésa es la gracia, pero esta gente quiere instalar allí chacras y spas). Como se observa en la foto, aviones hidrantes de la Fuerza Aérea egipcia recorren los cielos humidificando el aire, con la secreta esperanza de que alguna vez llueva en esas tierras alejadas de toda precipitación. Si lo conseguirán o no, no se sabe, pero por lo menos otorgan cierta densidad a una atmósfera tan adelgazada que hasta respirar se vuelve dificultoso.


Fotos: D. L.

Peronismo y destrucción

Por Daniel Link para Perfil

Al peronismo le tomó poco más de cuarenta años destruir lo indestructible en cualquier otro lugar del mundo: los ferrocarriles.

Lo primero fue “nacionalizarlos” (es decir: entregarlos al odio y la corrupción burocrática y sindical), tarea que el partido disfrazó de una cierta épica antiimperialista. Abandonados a su propia suerte, fuera de toda política integral de transporte, los trenes sobrevivieron durante algún tiempo. Lo que ni las sucesivas juntas de comandantes en jefe se animaron a hacer (en el invierno de 1976, viajé a Bariloche en un tren desvencijado), lo hizo el peronismo durante los años noventa: Menem completó así el círculo mágico de la decadencia argentina y el desprecio por las cosas nobles.

Otros países pasaron por experiencias semejantes: Egipto, por ejemplo, país que acaba de visitar oficialmente el actual gobierno nacional (peronista, aunque Chiche diga lo contrario).

Allí, los restos del imperio soviético todavía pueden observarse en el parque automotor: los taxis, LADA desvencijados, escupen los gases de combustión hacia adentro. Sin embargo, Egipto tiene todavía ferrocarriles eficientes a los que sólo podria reprochárseles un cierto incumplimiento de los estándares internacionales de puntualidad y algunas deficiencias higiénicas (características de la cultura egipcia). Pero esos trenes funcionan y brindan un servicio necesario al conjunto de la población. De Cairo a Alejandría se puede viajar en primera o en segunda clase (la diferencia entre ambas es de un 30 %), en trenes expresos rápidos y cómodos, con aire acondicionado. El trayecto de unos 300 kilómetros se cubre en poco más de dos horas. Un pasaje en primera cuesta 46 libras egipicias, aproximadamente ocho dólares. De Cairo a Aswan (1000 km), la ciudad nubia, corren coches-cama (en mi infancia, hice Córdoba-Buenos Aires en camarote). El valor del pasaje, que incluye cena y desayuno, equivale aproximadamente a doscientos pesos argentinos.

El funcionamiento del los ferrocarriles está seguramente subsidiado (y está bien que así sea, porque se trata de un bien de dominio público). Es una pena que nadie en la delegación argentina se haya tomado su tiempo para ver con qué poco (www.egyptrail.gov.eg) podría hacerse tanto.


martes, 25 de noviembre de 2008

La violencia


sábado, 22 de noviembre de 2008

El agente secreto

Por Daniel Link para Perfil

Discriminado, lo que se dice “discriminado”, nunca me he sentido. Y sin embargo... Cada vez que viajo en avión pequeñas lucecitas de colores se prenden a mi paso y alarmas que tal vez sólo yo oigo alertan a los servicios secretos de todas las potencias. Ahora que van a cerrar Guantánamo no me preocupo tanto, pero de todos modos voy siempre provisto de mis mejores credenciales. Al salir de Argentina: “¿A dónde va?” (a nadie más se lo preguntan). Al llegar a España, mientras los africanos subsaharianos y los otros pasan como trombas a través de migraciones, mi pasaporte es minuciosamente revisado: “¿Primera vez?” (hay que explicar que el pasaporte es nuevo, porque en nuestro país dura sólo cinco años y además es carísimo, etc.). “No, miles de veces”.

Al llegar a Berlín, los bellos y amables policías investigan el pasaporte como si entendieran algo de la lengua bárbara en la que está escrito y me preguntan dónde vivo, a dónde voy y por qué (gerente no parezco, turista tampoco). Hace unos días, una guaranga que trabaja para Iberia cometió la torpeza de preguntarme por qué habíamos armado (la persona que me acompañaba y yo) una sola valija con nuestra ropa. “Porque viajamos juntos, porque somos pareja, qué, ¿te molesta?”, le grité en la cara (lamentando no ser de esas personas que escupen al hablar, para mejor mostrarle mi desprecio).

Estando en casa, esos pequeños disturbios se resuelven con una carcajada. En los aeropuertos, uno hasta tiene miedo de reírse.

¿Por quién me toman? Nunca me lo dicen, pero como veo que los jóvenes turcos entran a Berlín sin problema alguno gritándose groserías en su lengua, pienso que no saben bien a qué clase incorporarme (¿migrante?, ¿mafioso ruso?). “Piensan que sos palestino”, me dice una amiga. En ese caso, cuando vaya en Egipto, estoy seguro, me van a preguntar direcciones en la calle. Y como no he podido aprender ni las más elementales frases de cortesía en esa lengua áspera, me quedaré atónito, sospecharán que soy un espía disfrazado y voy a terminar con mis huesos en una cárcel cairota. Viajo por el mundo de la mano de una fantasía pueril: “My name is Link, Daniel Link”. Y que con eso baste.


viernes, 21 de noviembre de 2008

Correspondencia

Agatha Christie updated!

MURDER ON THE NILE
revisited

starring
LINK & FREIRE

plus
The Lady of Mystery
as Florencia

playing now on Linkillo!

Misión cumplida

Los mejores títulos de la literatura argentina actual ya están en la legendaria Biblioteca de Alejandría (pero volveré para traer el de la Srta. Pola).








Fotos: Sebastián Freire

jueves, 20 de noviembre de 2008

La conexión siria

Florencia sigue sin dar señales de vida. Su custodio está preocupado. Nos dio cita para almorzar en Pastroudis y elaborar un plan en conjunto. A la madre la tienen engañada porque no se atreven a decirle que la perdieron de nuevo. “¿Cómo, de nuevo?”. “Sí, en Argelia ya nos pasó. La madre se la pasó llorando y por eso no se pudo sacar los anteojos oscuros en ningún momento, estaba hecha polvo”.



¿Para qué la habían traído, entonces, si iba a ser tan problemática su presencia? “¡Es que ella se coló! Como en Jurassic Park... Nadie sabía que estaba en el avión. Después ya fue tarde y no quiso volverse, con la excusa de que no lo aguanta al monstruo del hermano y de que el padre no le lleva el apunte. Esa chica tiene el diablo en el cuerpo.”
“Tiene a quien salir”, murmuró S. ¿Dónde la habían perdido de vista? En el puerto. Se había ido a una fiesta en un yate de un jeque, desconectó el celular y no se supo más de ella. ¿Y la historia de la Biblioteca? “Cierto”, dijo Ramón, golpeándose la frente. Nos entregó un sobre de papel manila donde había unas credenciales para nosotros, como miembros de una delegación cultural que debería gestionar la donación de la literatura argentina completa (un volumen por autor, desde el comienzo hasta nuestros días), como parte de los acuerdos bilaterales que se firmarían en Cairo. “¿Pero por qué nosotros?”, pregunté. No tenemos nada que ver con...” “Shhhhh”, nos interrumpió Ramón. “Hagan caso, necesitamos ganar tiempo”. “¡Vos sospechás algo!”, le dijo S. A regañadientes, Ramón asintió con la cabeza y murmuró: “creo que hay sirios implicados, son gente muy vengativa”. No había terminado de decirlo cuando el celular de S. comenzó a trepidar sobre la mesa de mármol blanco. Era, naturalmente, Flopy, que se negaba a dar su paradero, nos pedía que tranquilizáramos a su familia y que continuáramos con las gestiones culturales con las autoridades de la Biblioteca en su nombre. La estaba pasando bomba y nos iba a traer regalos para todos. O eso decía...

Invitación

Tras los pasos de Florencia

El avión de Egyptair salió con retraso del Aerodromio ateniense.



Y antes de aterrizar en Cairo estuvo dando vueltas sobre el delta del Nilo y el desierto durante largo rato.





Conclusión: hicimos tierra cuando estaba casi anocheciendo.



Apenas S. encendió su celular comenzó el bombardeo de mensajes de texto de Florencia. “¿Dónde están?”, era el primero. El segundo: “Kaleb los está esperando”. El tercero: “Los espero en Alejandría”. El cuarto: “¿Trajeron traje?”. El quinto, humorístico: “Abarajame la valija”.

Kaleb, en efecto, nos esperaba en el aeropuerto de Cairo pero no, como hubiéramos supuesto, en la puerta de salida, sino antes de migraciones, con un cartel gigantesco que proclamaba mi nombre. Tomó nuestros pasaportes, pegó sendas visas en ellos (etiquetas autoadhesivas que se compran en quioscos específicamente destinados a tal efecto), volvió a llenar nuestras papeletas de migraciones y nos condujo al primer puesto de control, donde hizo todos los trámites por nosotros. Después, recuperó nuestro equipaje y nos condujo hasta la puerta, sin dejar de sonreir un solo momento. S. dijo, apenas verlo: “Es igual a Anubis”. Era cierto. Una vez que hubimos atravesado todas las dificultades imaginables en un aeropuerto árabe como si voláramos en una alfombra mágica, concluyó: “Me siento como Liza Minelli”.
Fuera del aeropuerto, Kaleb nos depósito en los brazos de quien sería nuestro guía (¿Quién había dispuesto semejantes arreglos? Tardaríamos unas horas en saberlo), Mohammed, el chico más hermoso de Cairo, que se hizo cargo de la gigantesca maleta roja que constituía nuestro equipaje principal y nos metió en un taxi.



Le murmuré a S.: “A Liza le hubieran puesto una limousina, qué amarreta tu amiga Florencia”. ¿Iríamos en auto hasta Alexandría? En avión, era evidente, no. Momento de presentaciones. Mohammed nos presentó al que sería nuestro chófer, Mohammed. “Otro”, dijimos. “Y, sí”, sonrió Mohammed Hermoso. “Acá es así”.

Mohammed Hermoso empezó a entregarnos papeles y a explicarnos nuestro itinerario. Nos íbamos corriendo a la estación de trenes para tomar el primero que saliera rumbo a la ciudad costera donde Florencia nos estaba esperando para que la acompañáramos en un evento organizado en la Biblioteca de Alejandría. Llegamos a la estación poco antes de las 6, cuando estaba anunciada la partida del próximo tren. Corrimos a la boletería. Ya se habían acabado los pasajes de primera clase, así que tuvimos que comprar billetes de segunda. A nuestro alrededor, muchas personas estaban ya orando, cara a la Meca.
En el andén, recibimos un shock arábigo: multitudes jamás vistas en semejante número esperaban trenes. El noventa por ciento de quienes las integraban eran hombres, el cincuenta por ciento vestía traje militar y el treinta por ciento restante caftán.





El tren tardó cuarenta minutos en llegar. Mientras tanto, Mohammed Hermoso nos deleitaba contándonos aspectos de su vida (nos babeábamos)



y explicándonos los siguientes pasos: pasaríamos en Alejandría dos noches y el viernes estaríamos de vuelta en Cairo. Tomaríamos el tren de las 14.00 hs (esta vez en primera clase) y él nos estaría esperando en el puesto de “Customer service”. De todos modos, le arrancamos el número de celular, por si acaso.

En Alejandría tendríamos que tomar un taxi que nos llevaría al hotel costero en el que se nos había reservado alojamiento. A las 21.00 de ayer llegábamos a... ¡Mar del Plata! Alejandría es idéntica a Mar del Plata, igualmente arruinada por el peronismo (que aquí no se llama así, pero el efecto sobre la ciudad es el mismo: una ruina de antiguas opulencias, mucho más radical, claro). La costa, idéntica (al menos de noche). Estamos en un noveno piso con vista al Mediterráneo (o como se llame de este lado del mundo).



Nos cambiamos a las apuradas, porque se nos esperaba a las 20.30 en la Biblioteca. Por fortuna, yo tenía traje (S. no, pero se armó un “elegante sport” que podía sacarlo de apuros).

No sé por qué nos mandaron a este hotel, porque la Biblioteca queda en la otra punta de la costanera, más cerca del Cecil. Cuando llegamos, el evento estaba terminando, había miles de chicas sacándose fotos, pero Florencia no aparecía por ninguna parte. Intentamos localizarla por teléfono, pero su celular aparecía fuera de servicio.


Nos volvimos al hotel, donde al menos alguien entiende algo de inglés. Nos dijeron que Florencia había pasado por allí a buscarnos y nos había dejado un sobre. Lo abrimos ya en el cuarto. Nos decía: “Lo de la Biblioteca fue una pantalla. No le digan nada a mamá. Mañana hablamos mejor. Gracias por hacerme pata”.
Me dio un ataque de furia y empecé a gritar improperios a S.: “No sé cómo me dejé arrastrar en esta aventura ridícula”, “Esa chica me saca de quicio”, “Ahora la entiendo a la madre”, “No sé cómo la aguanta” y otras cosas por el estilo. Estábamos sirviéndole de pantalla a una mocosa engreída que quién sabe en qué francachelas se habría embarcado. Y encima nos perdíamos de estar con nuestro Mohammed Hermoso, a quien ya estábamos extrañando. Ahora, después del desayuno, veremos si conseguimos dar con el paradero de la díscola heredera.


(Fotos: D.L. y Sebastián Freire)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

The Bodyguard




φωτογραφία: Sebastián Freire

Ayer por la tarde, S. recibió un mensaje de texto de su amiga Florencia, en el cual nos conminaba a que nos uniéramos a ella en Cairo. ¿Cómo consiguió el número de nuestro celular europeo? Supongo que habrá quedado asentado en alguna planilla estatal desde los días en que trabajamos para Inteligencia.

Yo, después de la Marcha del otro día, sigo en cama, porque justo nos tocó lluvia y no de las poco copiosas, sino una de esas lluvias persistentes y otoñales a las que estamos acostumbrados en Buenos Aires. Me resfrié. S. sostiene que el calor egipcio me hará bien para mi recuperación (imagina Egipto como un gigantesco baño finlandés al aire libre). De todos modos, no tenemos forma de negarnos a la requisitoria de Flopy: dice que está harta de salir y entrar a todas partes por las puertas traseras, quiere que vayamos a acompañarla porque es tanta la confianza que su madre tiene en nosotros que no pondrá reparos en que la llevemos a pasear por ahí, mientras ella se dedica a los negocios. Pocos minutos después, ya estábamos recibiendo el ticket electrónico de Egyptair para hoy al mediodía. Así que armamos las valijas corriendo y nos vinimos al aeropuerto en subte (nos empapamos, porque sigue lloviendo), desde donde escribo esta actualización. Veremos con qué situación nos encontraremos, pero lo más probable es que encontremos a madre e hija (como es costumbre) en un pandemonium de mutas recriminaciones que "sólo ustedes", dice Florencia, "podrán desenredar". Me siento una niñera internacional.

martes, 18 de noviembre de 2008

¡No estar allá!

PREMIO INDIO RICO 2008 - ESTACIÓN PRINGLES

La asociación Estación Pringles tiene el agrado de hacer público el fallo del Premio Indio Rico 2008, que en esta oportunidad abordó el género autobiografía. El jurado, integrado por Edgardo Cozarinsky, María Moreno y Ricardo Piglia, eligió por unanimidad la obra En la pausa, de Diego Fernando Meret, quien resultó el ganador del premio consistente en la publicación del libro por Estación Pringles. Asimismo, el jurado otorgó menciones especiales a Inés Acevedo por su obra Una idea genial y a Felipe José Benegas Lynch por El reino.

La entrega del premio y las menciones se realizará en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires el día 21 de noviembre a las 19. En dicho acto, además de la entrega de diplomas, miembros de Estación Pringles (Arturo Carrera, Juan José Cambre, Chiquita Gramajo, Rosa Beatriz López) darán a conocer los nuevos proyectos de Estación Pringles y se proyectará un video de Ana Cambre y Laura Petrecca.

El dictamen del Premio Indio Rico señala en uno de sus párrafos la originalidad de la autobiografía En la pausa: “…de la que destaca la puesta en cuestión de la supuesta transparencia del género autobiográfico — ya exhaustivamente explorado por la crítica literaria— a través de un relato apasionante en donde contar la vida cuenta menos que el registro del método y los procedimientos. En la pausa se demora en los escenarios de escritura —la fábrica, la pensión por horas—, los instrumentos —la tiza, el lápiz—, el soporte —cuaderno, puerta del baño—, la producción —veinte páginas diarias escritas, sesenta leídas—, la biblioteca —todos los libros que pudieron conseguirse luego del primero—, el Martín Fierro, único libro de la casa natal . Pero el énfasis reflexivo no le resta la alegría fundante y la soltura única de los mejores novelas de iniciación. En la pausa propone que la autobiografía sólo puede ser la de la lectura y de la escritura como vocación irrenunciable, un relato posible de cómo experiencia y memoria sólo pueden dar lugar a certezas provisorias pero que, al fin y a cabo, permiten salir de la pausa y hacer de la literatura una prórroga siempre renovable.”

Asimismo el jurado señaló la precisa articulación, dentro del modelo "autobiografía", de experiencias personales y sociales particulares con referencias literarias muy amplias, y cómo la conversación entre materiales de carácter muy diverso ha sido orquestada por el autor con audacia: la narración de unos "años de formación" a la vez difíciles y gozosos resulta en un retrato del escritor que aprende a rescatar por la palabra la más opaca cotidianidad.

Sobre el autor:

Nació el 13 de abril de 1977, en Morón, Provincia de Buenos Aires. Cursó el Profesorado de Castellano y Literatura en el IES Nro. 1 “Dra Alicia Moreau de Justo”. Durante siete años trabajó de obrero textil. En el año 2007 obtuvo una mención especial en el Premio “Indio Rico” por su nouvelle La ira del Curupí. Desde agosto de 2008 asiste al taller de Alberto Laiseca. No tiene obra editada.

Sobre los finalistas:

Inés Acevedo nació en Tandil, provincia de Buenos Aires, en 1983. Es cuentista. Una idea genial es su primera novela.
Publicó el relato breve Según la flor, (Belleza y Felicidad, 1998) y también ha participado en la antología de jóvenes narradores de Eloisa Cartonera y en otra antología de próxima aparición, Vagón Fumador (Eterna Cadencia).
Poseedora de una admirable frescura a la hora de construir sus relatos, cosecha admiradores entre pares no solo de su generación.
Vive en Buenos Aires, es estudiante de Letras y es diseñadora de ropa para bebés.

Felipe Benegas Lynch nació el 29 de agosto de 1978, reside en la provincia de Buenos Aires. Es egresado de la Carrera de Letras de la UBA y trabaja como docente en la escuela secundaria. Ha recibido distinciones por sus textos en distintos concursos, tanto nacionales como internacionales, y sus poemas han sido publicados en revistas y antologías del país y del exterior.

Sobre el Premio Indio Rico:

Las bases del Premio Indio Rico así como los objetivos de la asociación Estación Pringles pueden leerse en su sitio en internet: http://www.estacionpringles.org.ar,donde hay además una memoria de las actividades realizadas hasta el momento.


Maradona κατά μηχανών αναζήτησης


φωτογραφία: Sebastián Freire

“Después de la dictadura”, nosotros desmoralizamos

por Daniel Link

Agradezco la invitación de los organizadores de este Simposio Internacional la oportunidad única que nos brindan de reflexionar sobre aquello que, mal que nos pese, constituye nuestras vidas “-o mejor todavía, su aborto, la herida abierta que es mi vida-”1, en un marco de pluralidad de perspectivas que, lejos de disolver el objeto, señalan el umbral de transformación de pequeño drama personal en escena de la Historia.

Mucho antes de que la Dictadura existiera como tal (es decir: mucho antes de su construcción como objeto de discurso, pero también mucho antes del golpe de Estado de 1976), en un día de julio de 1967, Oscar Masotta2, a quien recurro por segunda vez para pensar un título, leyó en el Instituto Di Tella una conferencia a la que llamó “Después del pop, nosotros desmaterializamos”3. Allí Masotta explicaba un determinado malestar sobre una palabra (para Masotta, el malestar fue su musa) que no vale la pena traer ahora a cuento, sobre todo porque la he reemplazado por la palabra “Dictadura”. Esa palabra, digamos, una palabra qualunque que sólo se distingue de otras por un qualia, la adherencia, había tenido tanto éxito que, escribía Masotta, “invade el interior de la tira cómica y alcanza finalmente el afiche publicitario” (337).

Sigue acá.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Clásica y moderna

El 17 de noviembre de 1973 hubo en Atenas una rebelión estudiantil que fue brutalmente reprimida por la entonces Junta Militar, con un resultado de 23 muert@s.
Cada año, en esa fecha, se conmemora aquella lucha y se homenajean a esas víctimas con protestas que fundamentalmente toman a las embajadas norteamericanas (por el apoyo de ese país a la dictadura militar) como objeto.
Enterados los organizadores de la marcha de que cultivo una "suerte de marxismo tibio, reciclado con cucharadas de Foucault y Tony Negri", decidieron invitarme a la 35a. Protesta Conmemorativa que, como es de costumbre, paralizó la ciudad. Toni me escribió una de las cartas de recomendación. CONADU, otra.










Fotos: Sebastián Freire