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martes, 3 de enero de 2023

Ensalada conceptual de verano

Luis D'Elia: "América Latina será Nacional, Popular, Feminista, Democrática y Revolucionaria. Buscando siempre el desarrollo integral de la persona humana y de la Comunidad Organizada".

Esta entrada podría haber aparecido en mi recetario de cocina, pero como no la he probado (y allí publico sólo recetas hechas por mi propia mano) prefiero que aparezca aquí para ver quién se le anima.

Confieso que me gustan las preparaciones más bien ligeras en la que la calidad de los ingredientes se destaque. La receta de la ensalada D'Elia abunda en porciones más bien rancias de ingredientes de dudosa procedencia. Además, al no estar indicadas las cantidades, todo es más riesgoso, como cuando tenemos que agregarle limón a la crema: ¿hasta cuánto se puede, sin que se corte? Entiendo que agregar demasiado Nacional a América Latina (que no es una nación) podría arruinar definitivamente el resultado.

Por otro lado, ¿cuál feminismo? ¿Feminismo de la identidad o de la diferencia? ¿Feminismo rico en grasas trans o más bien desprovisto de ellas? En los supermercados especializados donde me proveo hay góndolas enteras dedicados a esa sazón que, como es sabido, irrita los paladares de muchas personas. Por si acaso, ni se me ocurriría servir esta ensalada habiendo terfas entre las invitadas.

Luego, no se explica bien cómo se desarrolla la Comunidad Organizada: ¿hay que dejarla leudar en un lugar tibio? ¿Por cuánto tiempo?  ¿Y cuál es la mejor versión? ¿Extracto líquido de Comunidad Organizada? ¿O Comunidad Organizada en crudo? ¿Saben igual? ¿Tienen la misma consistencia una vez desarrolladas?

Siempre me pasa lo mismo con ingredientes para mí desconocidísimos. Titubeo y termino adaptando la receta a mi propio paladar. Yo haría, este verano, una ensalada sin tanto ingrediente difícil de digerir. Una ensalada latinoamericana que sea, por ejemplo, "justa, libre y sustentable".



martes, 26 de abril de 2016

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viernes, 5 de abril de 2013

jueves, 29 de octubre de 2009

¡Negro de mierda!

Sí, hoy lo dije: "negro de mierda". Tenía razón, estaba en mi derecho.
Habíamos comprado un bello farol, para hacernos la ilusión de que estábamos paseando por el Tiergarten. Al atornillarlo a su base, dañamos levemente la pintura inmaculada de fábrica. Fui a la pinturería del barrio (acá nomás, apenas empieza el asfalto) y pedí lo que me parecía que correspondía: negro satinado. Con cuatro pinceladas me arreglaba, pero me vi obligado a comprar medio litro. Repinté la base del bello farol. Cuando secó, el negro era más opaco que la gestión de gobierno de Macri (¿qué fue de la paralítica, a todo esto?).
Indignado, me fui a otra pinturería, que juzgué más seria en sus procesos de catalogación (y donde he gastado dinerales en sucesivos veranos de inspiración pictórica). Pedí negro satinado. Me dieron otro medio litro. Me apresuré a tapar el negro mate, porque supuse que de ese modo la ira se me aplacaría. Hacía calor, pero lo hice igual, con los 32 grados de temperatura taladrándome la nuca.
No se secaba, curiosamente, el esmalte. Creía yo que no se secaba, porque brillaba. Lo toqué y estaba seco. No era negro satinado, sino negro brillante. Ebrio de cólera, busqué la primera pintura y mezclé idénticas cantidades de mate y de brillante, para obtener la pátina satinada que pretendía. No hubo caso: quedó un negro de mierda.