viernes, 31 de diciembre de 2010

Ya fue

jueves, 30 de diciembre de 2010

Corporaciones

Llegábamos a la siguiente conclusión: la prolongada toma de la Facultad de Filosofía y Letras por parte de los alumnos, en reclamo de mejores condiciones físicas de aprendizaje, atrasó considerablemente la realización del ya imprescindible "Congreso de Puan" (que organiza la carrera de Letras todos los años) lo que, a su vez, paralizó la actividad cultural de Buenos Aires: "Hasta que no sepamos qué se debatirá en ese congreso no podemos establecer las líneas que orientarán nuestras propias prácticas", imaginamos que pensaron los gestores especializados de Buenos Aires. Por eso, este año, la actividad cultural y artística llegó hasta el borde mismo del 31 por la noche (inauguraciones de museos en navidad, vernissages después del día de los inocentes, conferencias magistrales el 30 mismo).
Un graduado de filosofía que asistía a nuestras conclusiones en una vereda de Palermo Infame (estábamos fumando) creyó simpático aclarar: "Por eso nosotros hicimos nuestro congreso en Derecho". Lo miramos atónitos. "Pero a nadie puede interesarle lo que se discuta en un congreso de filosofía*. Haberlo hecho o no, daba exactamente lo mismo".
Como estaba en franca minoría, el filósofo tartamudeó que él consideraba que la realización de ese congreso fue una contribución a "la humanidad". Eso se lo reconocimos: "la humanidad" (esa cosa vieja, tal vez muerta y maloliente) y "la filosofía" (idem, idem, idem) muy probablemente funcionen en el mismo registro gracioso donde una y otra se miran en espejo para confirmar sus naderías. "Nosotros, por el contrario, determinamos qué es legítimo y no en la cultura argentina, qué hay que leer, cómo se lee, qué moda ya pasó y cuál se insinúa en el horizonte". ¿Cómo no iba a paralizarse la cultura de Buenos Aires ante la dilación de tales veredictos? ¿Quién podría haberse atrevido a lanzarse solo, sin timón, sin brújula, ¡sin prácticos y sin pilotos!, a las procelosas aguas del presente?

Dicho esto, nos despedimos deseándonos un feliz 2011 y alegrándonos de que, más bien tarde, el 2010 ya estuviera terminando.
Repitiéndome, les deseo a todos, queridos lectores (es una manera de decir, nada más), un feliz 2011 y me voy a regar, que la seca está fatal y el pasto se me pone amarillo.

*El vínculo reenvia a otro congreso, que no se pretende filosófico, y que por eso, claro, le resultó interesante a Diego B., cuya recomendación transmito ciegamente.


miércoles, 29 de diciembre de 2010

Esa entelequia, esta espera

Deseo de revolución

por Jean-Luc Nancy para Lignes (París; Febrero de 2001), número dedicado a la pregunta por el “Deseo de Revolución”. Traducción: Luciana Bata para Cuadernos del Inadi, 3 (Buenos Aires: diciembre 2010)

Comienzo respondiendo directamente, para no hacer trampa: no, no estoy habitado por el deseo de revolución. Más precisamente: puedo sentir un deseo como ése, atravesándome; pero no puedo pensarlo. Sin embargo, no hay “renuncia”, ya que ustedes supondrían que la ausencia de deseo sería un renunciamiento. Al contrario, no renuncio a pensar qué hace que no pueda sentirme cómodo con esta frase: “Deseo la revolución”. Tema bien serio. Pero no se equivoquen, no estoy diciendo “¡Hablemos en serio!”, ni mucho menos juego el juego del supuesto “pensamiento único”, sometido a la “dominación”, del que habla Michel Surya. Lo serio aquí es evidentemente del orden de la gravedad. Es un asunto grave –creo que todos lo sabemos- repensar, sin reservas, la totalidad de los significados, de los postulados, de lo que está en juego en la palabra “revolución” (que incluye también un pensamiento sobre la igualdad, de eso también estamos hablando). Revolución, deseo, igualdad. Es un asunto grave aún por poco que se tenga en común con alguna “tradición revolucionaria”. Es justamente la pregunta por saber que quiere decir aquí “una tradición”: ¿qué debe transmitirse? ¿No hay primero una exigencia de no contentarse con ninguna tradición? Pero, además de revolución, deseo, igualdad, hay al menos tres cosas: justicia, sentido, verdad.

(el texto completo, acá)

martes, 28 de diciembre de 2010

Peronismo paquete

Lo más granado de la sociedad porteña se dio cita en el coqueto bar de la calle Austria que homenajea al tirano prófugo para celebrar la presentación del libro Políticas del sentimiento.










¡Qué paquetería!

lunes, 27 de diciembre de 2010

El crimen de la ex-modelo















Sucedió en el barrio.

Visitas en el barrio

Un nuevo avance hacia el edificio único*

El Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Sergio Caletti, confirmó el traslado de las carreras de Ciencia Política y Comunicación al edificio único de la calle Santiago del Estero, a partir del 2011.
En la última reunión plenaria del Consejo Directivo de la Facultad, el Decano Sergio Caletti ratificó el traslado de las carreras que actualmente funcionan en la sede de Parque Centenario al edificio único del barrio de Constitución para el inicio del ciclo lectivo 2011. Esta mudanza incluye además a las Direcciones de Carrera, el Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CEPIA), los estudios de Radio y TV y el resto de las oficinas administrativas. De esta manera, tres de las cinco carreras de la facultad pasarán a ocupar el nuevo edificio.
La finalización de las obras del segundo pliego comprenden 10.000 metros cuadrados adicionales a los 3400 en uso, la capacidad aúlica superará las 60 aulas y se incorporará un auditorio con capacidad para 700 espectadores, así como un subsuelo con 13 aulas- estudio destinadas a la enseñanza y a la producción audiovisual. Las nuevas instalaciones –equivalentes en capacidad al nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Económicas- permitirán albergar a más de 15.000 alumnos.

*Hemos esperado taaaaanto, que ya no sé si nos conmueve.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El cuento de la natividad

por Daniel Link para Soy


Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes,

llegaron de Oriente a Jerusalén unos magos diciendo:

¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?

Mateo 2,1-2


La patraña de los “Tres Reyes Magos” se remonta al siglo V, cuando el Papa León I el Magno regía los destinos de la Iglesia. A mediados del siglo VI se les asignaron los nombres de Gaspar, Melchior, Balthassar (traducciones de los griegos Appellicon, Amerín y Damascón y de los hebreos Magalath, Serakin y Galgalath).

Hubo Magos, por supuesto, pero no fueron tres sino cuatro (el cuarto se llamaba Artabán, o también Ogamyer Otraucle, según diferentes tradiciones onomásticas) o doce (en la tradición armenia). Y tampoco fueron reyes sino sabios de Oriente (muy probablemente zoroastristas educados en Persia).

La jerarquía regia y el número de tres hablan antes de las manías de la Iglesia (obsesionada desde siempre por la cosa trinitaria y el poder) que de la verdad histórica, suficientemente documentada tanto en los Evangelios Apócrifos como en otros documentos de la época.

Lo que es cierto es que seguían una estrella que se movía por el cielo, lo cual es índice eficiente de la sabiduría de la que participaban: la astronomía, en su versión predictiva. Entonces era Belén, hoy es Lady Gaga, pero para el caso es lo mismo: los magos tenían (y tienen) debilidad por el sistema de estrellas y viven interpretando sus movimientos como si de mandatos se tratara. Y tratándose de mandatos, ninguno tan poderoso como el de la encarnación: llevados a creer que el Soplo se había hecho Carne, tomaron ellos sus cítaras, sus címbalos, sus presentes y sus mejores ropas y montaron en sus camellos, sus burros y sus caballitos para atravesar el desierto.

Venían de Oriente, es decir: de más allá de Damasco (el límite de Israel), de Babilonia. Honda impresión causaron los Magos al llegar a Jerusalén con sus rostros empolvados (además de la arena del camino, gustaban del make up, como buenos babilónicos), la chillonería de sus sedas y los cortejos que, a su paso por los pueblos orientales, se les habían unido (en cada oasis levantaban sus carpas, encendías sus hierbas, tocaban su música, bailaban y se entregaban al disfrute: ¿qué otra cosa es la sabiduría y para qué más podría servir la magia?). Los nativos los fueron adorando desde mucho antes de que se encontraran con el pérfido Herodes, que sintió que su reinado tambaleaba.

Los Magos, que se presentaron a palacio con sus pócimas, sus pergaminos, sus interpretaciones alocadas del cielo y sus canciones, le contaron a Herodes el propósito de su marcha, iniciada desde distintos puntos de ese Oriente misterioso y plagado de costumbres que las Escrituras no llegaban siquiera a censurar porque las ignoraban.

“Venimos a adorar al Niño, somos su club de fans”, le dijeron a Herodes entre las risotadas provocadas por los humos que encendieron de inmediato y los estribillos que no cesaban de entonar (“Alehandro, Alehandro”, o algo parecido).

Según lo que ellos habían deducido del asunto (entre celeste y hermético), el adorable Niño venía a prometer una era de Amor (y, por lo tanto, de placeres sin cuento). Si llegara a cometerse algún “pecado” (noción desconocida para los Magos, que la entendieron a medias de sus innumerables contacto con los nativos de Judea), el Niño garantizaba el perdón bajo la sola condición del coming out o, como se decía por entonces, la confesión (y el arrepentimiento, claro, pero la recaída estaba contemplada como legítima: la carne es débil).

Herodes no sabía nada de ningún Niño, pero pidió a los Magos que le informaran, cuando lo encontraran, el sitio exacto de su nacimiento. Él mismo quería ir a ver qué onda. ¡Mentira! Se dio cuenta de que Oriente traería su ruina (y, por lo tanto, la de la civilización: la cultura de la culpa judía). Medio budista, incluso hippie, le pareció ese Niño para el que todo estaba bien y que lo perdonaba todo. Soñó la frase antiestatalista “al César lo que es del César” y un estremecimiento le recorrió la espalda.

Reaprovisionados las alforjas de los Magos y sus acompañantes con dátiles, vino nuevo (tempranillo), carne de cordero y finas hierbas. continuaron éstos a través de Judea su larga marcha de adoración de la carne, danzas a la luz de la luna y música hipnótica. A cada niño que encontraban, por si acaso fuera el Soplo Encarnado, le dejaban “el regalito”.

De la misión de espionaje encargada por Herodes se olvidaron casi al instante. Hicieron mal, porque el rey, celoso, mandó juntar todos los regalos de los niños, a los que consideró además arruinados por el mero contacto con el estremecimiento oriental de los Magos. Y los mandó a matar.

Los intérpretes contemporáneos se preguntan por qué Herodes no hizo matar a los Magos, si es que tanto les temía. La respuesta es obvia: en el fondo de su corazón y de sus glúteos sabía que la magia nunca muere: es indestructible. Mejor es controlar sus efectos. Y comenzó a hacer correr la horrible especie por el mundo: “los Reyes son los padres”, correlativa del mezquino mandamiento: “No aceptes regalitos de extraños”.

Correspondencia

Educación Laica para un País con Igualdad


En las últimas semanas el sistema educativo de nuestro país ha sufrido un grave retroceso y atropello a los principios de la educación laica que instauró, ya en 1884, la Ley 1420 y que, años más tarde, fueron profundizados con el movimiento de la Reforma Universitaria.

Los gobiernos de Córdoba y Tucumán, encabezados por Juan Schiaretti, y José Alperovich, han impulsado en las legislaturas provinciales leyes de educación que incluyen en la currícula escolar la educación religiosa.

En el caso de Córdoba mayor gravedad ha tenido esta iniciativa, ya que las manifestaciones contrarias a la norma, encabezadas por estudiantes y docentes, han sufrido una brutal represión policial por parte del Gobierno de esa provincia, hecho que fue repudiado por organizaciones de la diversidad sexual y de derechos humanos en general en todo el país.

Estas dos leyes, aprobadas con los votos del Frente para la Victoria/PJ, el PRO, la UCR y partidos provinciales, se suman a la ya implementada por el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que fue aún más allá e instauró – desde el año 2008 – la educación religiosa de culto católico en forma obligatoria en las escuelas públicas salteñas.

Cabe señalar que la enseñanza religiosa en las escuelas supone una situación de violencia cultural ya que expone a los niños que no comparten ciertas creencias religiosas o no profesan religión alguna a una situación de diferencia y exclusión.

Fuente: FALGTB

sábado, 25 de diciembre de 2010

Cena de navidad

Hoy es navidad y la pereza debe ser la norma en todas las casas donde anoche hubo banquete navideño. Nosotros fuimos doce personas reunidas alrededor de una mesa, simulando que constituíamos una familia, pero los vínculos que nos unían eran tan débiles (o tan excéntricos) que, en útima instancia, fue como si varios grupos reunidos por el azar o la contingencia hubieran comido de las mismas fuentes. Tal vez se había acabado el mundo, como en las películas y series que más me gustan, y éramos los últimos sobrevivientes de una raza maldita. O una catástrofe natural nos obligaba a compartir lo que teníamos: tiempo, disposición para reunirnos, algunos alimentos.
Una madre reciente vino con su esposo y su hijo, y además su madre, pero sus hermanos (dos) no vinieron con ellos.

Hay familias, pienso, atravesadas por algún tipo de contradicción. Como en el caso anterior se trata de padres divorciados, aparentemente algunos hijos pasaron las navidades con sus madres y otros con sus padres.

Pero estuvo, además, un joven santafecino con uno de sus dos hermanos. El otro hermano no vino (no quise preguntar si comía en otra parte o detestaba hasta tal punto la navidad que prefería quedarse solo). Ni la madre ni el padre de ellos comieron con nosotros, de modo que no me imagino las razones por las cuales se sumaron a nuestro cena de Nochebuena.

De todos modos, como mi familia es extremadamente reducida, siempre veo con buenos ojos todas las incorporaciones, por más barrocas que sean, porque eso nos aleja de las típica melancolía de las fiestas.

Muchos de mis amigos me dicen que sus reuniones navideñas tienen las mismas características y que la compulsión a la reunión familiar hace que se junten personas que ningún sistema de parentesco pondría bajo un mismo árbol. Habría que rebelarse en contra de la compulsión familiarista, piensan, pero nadie es capaz de tomar una decisión tan drástica y preferimos todas las formas de simulación a nuestro alcance. Después de todo, comer con los parientes políticos de la novia del hijo de un amigo no es lo peor que podría sucedernos.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Así es más cool

¡Feliz navidad para todos!


(¡Gracias, Rosita!)


jueves, 23 de diciembre de 2010

Piezas de luz



En Blogger



A pedido del público



miércoles, 22 de diciembre de 2010

Tiempo de balances

BALANCE 2010 PARA LA MUSICA CLASICA

Entre los vaivenes del Colón y la pluralidad de tendencias


por Diego Fischerman para Página/12


martes, 21 de diciembre de 2010

London, London

Una amiga que vive en Londres no para de quejarse de la ciudad, que no le gusta. Añora Nueva York (no entiendo por qué).
Londres se reinventó después del Milenio y creo que es hoy una de las ciudades más lindas de Europa (Roma es la más linda del mundo y de todos los tiempos, de modo que no cuenta). Tan así es que no cesa de brillar en las series que seguimos, algunas de las cuales ya he hablado: Dead Set, Whitechapel, la siempre (y pese a todo) inmensa Doctor Who.
También Survivors (2008) saca provecho del Millenium Bridge, el edificio con forma de dildo gigante, el Támesis, las callejuelas de la City, los parques y los canales.
En este caso, ha habido un virus (cierta empresa farmacéutica ha fabricado un virus de influenza, descontrolado) que mató en apenas 48 horas al noventa por ciento de la población mundial. Uno de cada diez habitantes es inmune a la peste, y como las ciudades son ahora gigantescos depósitos de cadáveres pudriéndose al sol y convocando a la ratas y a las enfermedades asociadas con la catástrofe, los sobrevivientes han decidido huir al campo (los suburbios menos habitados), donde se atrincheran para sobrevivir.
El grupo de protagonistas está constituido por uno de cada: una madre que busca a su hijo, un negro que ha perdido a su familia (pero que puede haber sido salvada misteriosamente), un asesino que se ha fugado de la cárcel, una médica lesbiana, etc. Hacen lo que pueden para no morir o no ser asesinados por las hordas de saqueadores que han invadido el mundo.
Además de estos grupos la mayoría de las veces antagónicos (Leviatán), queda un resto de Estado británico: la que era la vocera oficial del gobierno y algunos pavotes que la secundan se han refugiado en una granja eólica que se autoabastece de electricidad (que en todo el resto del planeta falta: aparentemente son los únicos molinos de viento en actividad que sobreviven en los alrededores de Londres).
Cada tanto, algún pormenor de la trama lleva a los sobrevivientes a la ciudad, que aparece desierta, vacía de tránsito, abandonada. Lejos de quitarle belleza, el silencio hace de Londres el perfecto monumento funerario de la especie (algo así como un British Museum de mayor escala todavía).
Además de esas briznas de sociedad civil y de Estado (que es presentado, por supuesto, como la aniquilación misma de lo viviente, como el fascismo en su forma más pura y más prístina) hay algunos restos de la corporación farmacológica responsable del desastre.
La pregunta que organiza la reunión de los sobrevivientes, al comienzo, es cómo vivir juntos. Luego se verá que no hay respuesta para algo semejante y que, en todo caso, más vale preocuparse por el bien morir.
No digo más: el casting es correcto, las locaciones impecables, la trama es algo floja, pero es una sola temporada que se deja ver sino con alegría, al menos sin desagrado. Quiero decir: con la promesa de mostrar Londres, aunque sea de lejos, cualquier cosa aguanta.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El potlatch, la fiesta


Un potlatch reciente

por Arturo Carrera


No entiendo cómo se comete la locura de intentar presentar un Diccionario de Juguetes.
S
obre todo cuando ese diccionario contiene no sólo un alfabeto que nos guía en la imposible búsqueda, sino un laberinto de palabras e imágenes, preguntas y fechas que remiten a un mundo ignoto de fábricas, obreros, jugueteros que en su momento no vimos, no conocimos, que en su momento fueron sólo una sensación, unos sentidos, lo que después creemos sostener aún dentro nuestro como ritornelos, infancia como escritura, palabras y horas en que alguien entra en el sueño con los ojos abiertos y donde el Tiempo se esconde como nos dice Daniela, la autora, en la introducción del libro: ”en ese día exacto (pero extraviado) en que nos regalaron nuestro juguete deseado, en esa tarde en que uno de nuestros juguetes favoritos encontró su final de una manera imprevista y dolorosa.” Esas son las fechas que buscamos, y eso es lo que deviene con la escritura.
Sosteniendo este libro extraordinario que pide todos los elogios, todas las exclamaciones felices por su relato, su indagación minuciosa, su hechura, sus fotos, sus colores, nos transformamos, y ese fue mi caso, en productores de anécdotas. ¿Cómo hago para convertirme en juguete de la pasión de esa infancia que inventamos con la escritura? ¿La vida es una escritura?
Ese excesivo trabajo de más de diez años de búsquedas y escritura, nos enfrenta ahora a nuestra propia sonrisa: la sonrisa involuntaria pero cómplice, casi la misma que apareció cuando nos enfrentamos al primer juguete. ¿A todo este trabajo sólo le devolvemos una sonrisa cómplice?
Pero tampoco queremos estar solos para gozar de este libro enorme: queremos compartir también la anécdota fácil. Y ahí escribimos. A esa anécdota fácil podemos añadirle algunos datos nuevos, de los que aprendimos al leer cada nota del libro. Por ejemplo:

“…a mi me gustaba jugar con El Cerebro Mágico, pero mi prima jugaba con La luciérnaga instructiva”.

“Mirá… mirá los autitos de celuloide, una vez mi tío Juan me trajo varios y los acerqué a la hornalla del calentador donde mi abuelo hervía la leche… para ver cómo ardían…”;

“…me gustaban los juguetes, los más simples, supongo. Los trompos. Ah, fijate que se llamaban Arturito, trompos del fabricante Arturo Di Paolo, por ejemplo. Algunos emitían un sonido de sirena interior, la voz de una mujer que cantaba dentro, o que lloraba… no sé, me impresionaban mucho. Me “encantaban”. Tenía una colección. Y le pedía a mi abuelo que los hiciera girar a todos al mismo tiempo”.

“¿Vistes estos chiches Matarazzo? Autitos de lata litografiada que tenían pintados la cara del chofer y del acompañante de frente y de perfil, medio egipcios. Y los colectivos llevaban los perfiles de los pasajeros pintados en las ventanillas”.
Pero los juguetes que fabricaba mi padre, que vivía en el campo, también eran extraordinarios para mí. Llegaba y sobre la mesa de la cocina desenvolvía la maravilla… Un molinito de viento. Un acróbata que evolucionaba sobre un hilo entre dos maderitas.
Es obvio que los juguetes (este libro mismo, inmenso) están cargados con algo que no vemos, que no veremos jamás, que no obtendremos nunca… pero ese algo que parece un tiempo súbito, una edad milenaria disuelta como un aerosol de ambientes, nos sacude con su fuerza invisible de amuleto, de sahumador, de talismán.
Hay juguetes que nos mantienen indiferentes, pero otros son la prueba de que el juego es una especie de partera de nuestros hábitos. Sobre todo si esos hábitos son la réplica de un suceso placentero como cantar, canturrear, marcar un ritmo o suprimirlo para imprimir, en esa suspensión, en esa animación suspendida, otra forma de la felicidad.
Sostenemos y leemos este libro de Daniela Pelegrinelli con la cara de los que fuimos, queremos a toda costa permanecer bajo la máscara de ese niño que todavía llevamos dentro. Lo dijo el poeta italiano Pascoli, llevamos un juguete dentro, il fanciullino lo llamó; una especie de títere ínfimo o ludión que sube y baja dentro de nuestro cuerpo sin órganos murmurando cosas a veces incontables… Pero ese niñito no se va, él tiene razón. Es nuestra permanencia, nuestra voluntad de ser, de jugar hasta morir.
Tuve la sensación de que a este diccionario no era necesario leerlo, es un libro máscara, con sólo tenerlo cerca y apoyarlo sobre la cara constituiría una vía hacia otro mundo. Bastaría con que hagamos girar las páginas, mirar de muy cerca las letras y las figuras, oír el rumor de sus furtivos mensajes. Los juguetes y las revelaciones que contiene son como utensilios para desenterrar, por instantes, esa especie de dicha petrificada que es la infancia cuando intentamos revivirla.
Los juguetes nos transforman en súbitos arqueólogos de la dicha. Buscamos en ellos, de chicos y de grandes, la inmediatez perdida. Lo unitivo. El origen. Cuando los colores no eran colores sino una especie de parpadeo de las sensaciones.
El resto es algo parecido al dinero en los sueños: una industria ajena al valor y al miedo. Una magia imparcial y feliz.
Ni feos ni lindos, la rata verdadera en una caja es más diáfana que la vitrina llena de autómatas de Baudelaire, ¿te acordás? Siempre fueron lo mismo los juguetes: una variación en la complejidad de las semejanzas. Porque no se trata de imitar sino de repetir hasta el infinito el mismo ruido de matraca para espantar desde la cuna a los malos espíritus, la misma cadencia, la misma delicadeza de la travesura y que el final sea: un hábito delicioso o terrible: un símbolon o un diávolon!
Si además de amar todo tipo de juguetes vivimos rodeados de los que atesoran nuestros hijos, que también supieron ser fabricantes y destructores de juguetes, lo que queda es la luna lamiendo la chatarra que se enfría, como en el poema de Lorca.
Pero ahora se abre este Libro Maravilloso que rescata la memoria de sus fabricantes, de sus detalles de construcción, de sus marcas y publicidades íntimas o restallantes, pero también de la historia de hombres y mujeres artesanos inmigrantes, que llegaron hasta aquí para volver movedizos y atrayentes sus tallas de muñecos, sus vajillas de miniatura, sus soldaditos de plomo, sus primeras matrices estampadas.
Todo el regalo, el colmo, el exceso, el potlatch de los Reyes Magos: oro, incienso, mirra

y adoración.

Buenos Aires, 2010


domingo, 19 de diciembre de 2010

Tiempo de balances

Premios Derrota Cultural 2010

(gracias, Diego)

sábado, 18 de diciembre de 2010

Internas

La interna del poder, expuesta en el Salón Blanco
Aníbal Fernández se mostró incómodo

por Mariano Obarrio para LA NACIÓN

El ala izquierda progresista del gobierno de Cristina Kirchner se hizo un festín en la cálida asunción de la nueva ministra de Seguridad, Nilda Garré. Mientras que la jura de su sucesor en Defensa, Arturo Puricelli, fue más protocolar, pero significó la entronización del ministro de Planificación, Julio De Vido, como hombre fuerte en la gestión.
El abrazo de la Presidenta a Garré, tras la jura, fue interminable y efusivo. No sólo expresó afinidad ideológica, sino un público apoyo a la próxima faena de la ministra: purgar la Policía Federal, desplazar a su jefe, comisario Néstor Vallecca, y hurgar en la vida interna de la Gendarmería y de la Prefectura Naval.
Ambas mujeres comparten desde siempre un ideario garantista de la seguridad. Se pusieron de acuerdo en impartir cursos de derechos humanos a las fuerzas federales de seguridad y "tocar las cajas" de posible corrupción en prostitución, juego, trata de personas o narcotráfico.
Con la crisis y las muertes de Villa Soldati como telón de fondo, este programa de gestión arrancó aplausos sonoros del gabinete y de aliados del ala izquierda kirchnerista como los peronistas Dante Gullo, Carlos Kunkel o Diana Conti, y los extrapartidarios Hebe de Bonafini, Carlos Heller, Martín Sabbatella, Ricardo Forster, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y viejos militantes de la otrora organización Montoneros.
La designación de Garré es un mensaje de compensación hacia el progresismo kirchnerista, que había quedado descolocado por tantas señales presidenciales recientes hacia los sectores medios de centro. Ese "giro" incluyó guiños a los Estados Unidos, al FMI, el Club de París, mensajes amistosos a empresarios, un intento de Pacto Social y un discurso menos confrontativo hacia medios de prensa.
El último cambio de gabinete golpea sí a un exponente tradicional del peronismo ortodoxo: el jefe del Gabinete, Aníbal Fernández. Cedió a Garré, su rival interna, el control político de las fuerzas federales de seguridad, está a punto de perder a Vallecca, hombre de su confianza, y ayer renunciaron sus incondicionales Sergio Lorusso, que dejó la Secretaría de Seguridad, y Pablo Paladino, que se fue de la Subsecretaría de Seguridad Deportiva.
Pese a ello, Fernández ingresó en el Salón Blanco junto con la Presidenta, Oscar Parrilli, Puricelli y Garré, a quien saludó fríamente tras la jura. Incluso, al ingresar en la tarima, Fernández y Garre se chocaron por lo estrecho del pasadizo y Fernández pasó primero. La designación de Puricelli, en cambio, fue considerada como un aval a De Vido, competidor de siempre de Fernández. De Vido es hoy un hombre fuerte en la gestión, que ganó influencia en el círculo presidencial.

Rituales faraónicos

por Daniel Link para Perfil

Como se sabe, cuando un faraón moría era enterrado con todos sus sirvientes. ¿Qué parte de la muerte del Sr. Néstor Kirchner parece estar arrastrando al Sr. Aníbal Fernández hacia la tumba política?

Tal vez sea la percepción (el patrocinio y la provocación) de una guerra que ha transformado a Buenos Aires en un campo de batalla lo que, más tarde o más temprano, pondrá al Sr. Fernández en situación de descanso o de retiro (in)voluntario.

Porque si es cierto que “el problema que tiene el gobierno de Macri es una combinación de desidia e incapacidad”, como ha declarado el ministro del gabinete nacional por el que más antipatía siento, Amado Boudou (Página/12, 13.12.2010), es incomprensible que el Sr. Fernández no haya cesado en entablar una guerra sin cuartel con un funcionario municipal tan poco digno de su atención y de sus energías.

Si el Sr. alcalde es una nulidad tan comprobada (y efectivamente, suscribiría esa hipótesis), ¿por qué tenerle miedo y declararle la guerra? ¿Es que el Sr. Fernández es incapaz de darse cuenta de que cualquier aspiración electoral a nivel nacional del Sr. Macri ha sido totalmente sepultada precisamente por su desidia, su incapacidad y su irrenunciable tendencia al redículo (así, con e: Freddie Mercury, bigote)? ¿Y tan poco confía en las (cada vez más inmensas y más inmoderadas) capacidades de gobierno de la Sra. Fernández que considera que necesita de sus jueguitos sucios y sus caprichitos para no perder el paso?

Buenos Aires atraviesa uno de los momentos más sombríos de toda su historia porque, siendo al mismo tiempo una ciudad autónoma y sede del gobierno federal, aparece tironeada por dos proyectos que se quieren irreconciliables hasta la muerte (que nunca es la de las partes en combate, sino la de terceros, lo que se llama “daño colateral”).

Por fortuna, el gobierno nacional, “luego de un grave error inicial, ha respondido con sensibilidad e inteligencia” (Horacio Verbitsky en Página/12 el 12.12.10) y ha intervenido en el “descontrol y la ausencia del Estado local y el nacional” (Mario Weinfeld en Página/12 el 12.12.10).

“En menos de dos meses, colmo de colmos, han muerto cinco personas en movilizaciones, lo que habla de una pérdida sensible de eficacia”, señala Mario Weinfeld. Sensible pérdida, también, de inteligencia, de plasticidad política, de imaginación, de capacidad de convivencia.

Por fortuna el gobierno nacional no se agota en las machaconas y pedestres alucinaciones difundidas en los reality-shows de la televisión (que alimenta las conciencias febriles de los actorzuelos de telenovelas) y sabe que su suerte se juega, cada día, en su tendencia a la grandeza y no a la mezquindad. Llegará el momento en el que algún asesor presidencial comprenda que nunca es bueno dispararle cañonazos a los mosquitos: sobrevivirán, aún con la tierra arrasada.

Buenos Aires no es una ciudad cualquiera, sino la sede del gobierno nacional: transformarla en Bosnia no le hace bien a nadie, salvo a los voraces embalsamadores de la dinastía K.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Una familia muy normal

Por Daniel Link para Soy


La casa de Gran Hermano ya abrió las puertas para el ciclo 2011. ¿Todo está igual? No. Han reemplazado las alfombras por pisos flotantes de madera (mucho más higiénico), han agregado una pérgola al costado de la pileta, han introducido reglas de un barroquismo perverso (o de una perversión barroca) que parece que será la tónica de la temporada.

Los participantes (elenco muy ampliado de subnormales) tendrán que compartir lecho. Ya es difícil justificar una semejante cercanía corporal entre personas que han decidido compartir su vida: no se sabe cómo harán estos pobres de espíritu para sobreponerse a la catástrofe del sueño compartido.

Al habitual elenco de pendejos descerebrados y pajeros y trolas dispuestas a ganarse una celebridad de quince minutos a fuerza de petes clandestinos, esta vez los guionistas han decidido introducir en la casa dos especies poco frecuentadas (hasta ahora) por la televisión argentina: una lesbiana confesa y un chico trans. Hay, además, una loca que mejora anteriores presentaciones: es una loca alegre, para nada traumada, “Mister Córdoba Gay”, a la que habría que cortarle el pelo con urgencia (y, previsiblemente, alguna loca tapada que terminará revelando su “secreto” a los demás miembros de la casa y entregando el culo detrás de unos arbustos).

Salvo esas excepciones, el casting ha sido esta vez tan monótono que sería imposible distinguir a un chico “lindo” (con esa belleza que llama al cachetazo) de otro. Entre las chicas, están las muy malas, las insoportables y las taradas a cuerda (alguien de la casa ya reclamó “a ver, una morocha que explique las reglas a las rubias”).

Que esos especímenes, que justifican todo intento extraterrestre por acabar con la especie humana, vayan a exponer sus miserias en público (el concheto de apellido Anchorena, aparentemente, sufre desde que su madre -¿cuál? ¿la conocemos?- huyó con el guardián de seguridad de la garita) no puede inquietar a nadie, y es tan poca la curiosidad que esos iguales a cero pueden despertar en la audiencia (esta vez, ningún villero, ninguna prostituta, ninguna sirvienta: clase única) que se entiende el twist genérico que se introdujo.

Luz Ríos (22 años, bailarina) se confesó lesbiana y durará lo que un suspiro en ese universo de vileza (salvo que los guionistas decidan emparejarla con alguno de los tarambanas de la casa: yo le destinaría, en ese caso, a Cristian Urrizaga, un entrenador de perros de Barracas que es capaz de comerse vivos a todos los participantes, de una sola sentada).

Alejandro Iglesias (26 años, Avellaneda) dijo padecer de “disforia de género”, hace fierros (es super-chongo) y entró en la casa para poder comprarse la prótesis que necesita para cambiar su cuerpo (“nací como mujer”, aclaró). Tan módicos son los otros proyectos (“ser modelo”, “divertirme”, “pasar el verano”), que quién podría negarle el triunfo y el dinero. Como además parece buena gente, es el favorito indiscutido.

Lo que atemoriza (decido que jamás veré las galas) es la sarta de estupideces malintencionadas que saldrán de las bocas de los conductores, esas cloacas.

Que Soy haga la policía de discurso.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ho, ho, ho



Repercusiones en la prensa

Fue primicia de Linkillo:




Fuente: La hoja ("se compra en todos los kioscos pero no se vende"), 2 de diciembre de 2010